PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL PERÚ ESCUELA DE POSGRADO Entre la muerte y el olvido: estrategias de supervivencia de mujeres trans de Lima Metropolitana como respuesta a la crisis sanitaria y social generada por el Covid-19 Tesis para obtener el grado académico de Magistra en Sociología que presenta: Aranxa Pizarro Quiñones ASESORA: Patricia Mariella Ruiz Bravo López LIMA, 2022 Para las compañeras del centro de Lima. [...] no solamente vivimos en medio de un país que vulnera nuestro derecho a la identidad de género, sino que además vulnera nuestro derecho a la educación al no garantizarnos una educación libre de violencia; vulnera nuestro derecho al trabajo al no garantizarnos un trabajo digno, un trabajo formal. Y nos obliga a la precariedad económica, ¿no? Y, bueno, las personas trans tenemos que, bajo toda esa vivencia, encontrar formas de sobrevivir, de poder costear nuestros gastos. Y por eso no es casual que la mayoría de las personas trans cubra sus gastos con la prostitución, ¿no? O sea, la prostitución es el principal… Es una de las más grandes fuentes de financiamiento para las personas trans, porque el Estado les ha fallado, porque la sociedad les ha fallado, porque nuestras familias nos han fallado. (G.) Y lo que ha pasado ya con la pandemia… Si antes de la pandemia las personas trans estaban mal, no encontrábamos trabajo, no terminaban los estudios, eran botadas de casa y teníamos que migrar para poder salvar nuestras vidas, porque en nuestras casas nos violan nuestros hermanos, nuestros padres, nuestros tíos; nos corretean con machetes o simplemente nos asesinan… Surge la necesidad de migrar, ¿no? Estas éramos las personas trans antes de la pandemia. (G.) RESUMEN El objetivo de la tesis es conocer las estrategias de supervivencia desarrolladas por mujeres trans de Lima Metropolitana como respuesta a los factores de vulnerabilidad experimentados durante la crisis sanitaria y social debida al Covid-19. Para ello, se realizaron seis entrevistas a profundidad y dos grupos focales a mujeres trans de Lima Metropolitana. A partir de las entrevistas y de los grupos focales, se identificaron los factores de vulnerabilidad experimentados a lo largo de sus trayectorias de vidas y se los comparó con los factores de vulnerabilidad experimentados durante la pandemia para ver si estos se han modificado, agudizado o se han generado nuevos. Asimismo, se buscó conocer si las estrategias que desarrollan durante este periodo han sido un soporte para la reproducción de sus condiciones de vida. Siguiendo el enfoque del curso de vida, identificamos a las medidas del Estado diseñadas e implementadas para prevenir el contagio del Covid-19 y salvaguardar la vida de todos los peruanos como un factor de vulnerabilidad que las expuso a índices de pobreza, desempleo y precariedad de vivienda aún más altos, además de aumentar la violencia transfóbica y quitarles sus planes de vida futuros. Además, identificamos un discurso transfóbico que permea todos los aspectos de la vida de las entrevistadas y las lleva a vivir en los márgenes sociales. Para comprender la violencia y transfobia que afectan a las mujeres trans entrevistadas, desarrollamos la teoría de la imposición de la realidad y la retórica del engaño sexual de Talia Mae Bettcher. Pasamos de la pregunta por qué se cree que se nace hombre o mujer, a la pregunta por qué se cree que nacemos heterosexuales y cisgéneros. Esto nos llevó del debate sobre las relaciones de género, al debate en torno a la sexualidad y la identidad de género. AGRADECIMIENTOS Quiero comenzar agradeciendo a todas las mujeres trans que fueron parte de la investigación. Les agradezco por su tiempo, su confianza y por compartir conmigo sus experiencias de vida. Ha sido más de un año de visitas frecuentes en las cuales he podido aprender mucho de sus luchas, pero también de su resiliencia para salir adelante. Espero que esta investigación pueda, en alguna medida, poner en evidencia la injusticia, transfobia, violencia y discriminación que ellas experimentan diariamente y, de esta manera, contribuya a su pronta erradicación. Quiero agradecer a mi asesora, Patricia Ruiz Bravo, por su guía, aliento y exigencia constantes. Gracias a ella he aprendido que, si bien escribir una tesis es un proceso solitario, investigar y crear conocimiento es un proceso colectivo. Su confianza en mí y su genuino interés en mi trabajo han sido una gran fuente de motivación. Le agradezco por todo esto y más. Agradezco, también, a Marisol Fernández por sus consejos y recomendaciones durante el desarrollo de la investigación. Su generosidad al compartir su propia experiencia entrevistando mujeres trans ha sido fundamental para el desarrollo del trabajo de campo. Asimismo, le agradezco por su apoyo en el proceso de contactar a algunas de las entrevistadas. Además, quiero agradecer a Robin Cavagnoud por su asesoría en el desarrollo metodológico de la investigación. Su disposición a discutir los problemas planteados y sus sugerencias han sido muy importantes para lograr el producto final. Agradezco también a José Luis Rosales por las conversaciones y lecturas sugeridas y a Julián Mezarina por su apoyo al inicio del trabajo de campo. Finalmente, agradezco a mi familia: a mi hermano Alvaro, a mi cuñada Catalina y a mi sobrina Killa, así como a mi madre y a mi padre, Florencia y Leonardo. Les agradezco por su paciencia y apoyo durante estos años. Agradezco a mis perros, Marvey y Tarski, por su compañía permanente durante la redacción de este trabajo y por su amor incondicional. Quiero terminar agradeciendo especialmente a Eduardo Villanueva Chigne por escucharme y alentarme. Sus preguntas minuciosas y sus cuestionamientos teóricos han sido una gran fuente de reflexión y aprendizaje. Además de su soporte emocional y ejemplo de perseverancia. ÍNDICE Introducción ..................................................................................................................................8 Capítulo 1: Estado del Arte ........................................................................................................14 1.1. Una mirada desde América Latina...............................................................................14 1.2. Contexto peruano........................................................................................................17 Capítulo 2: Marco teórico...........................................................................................................23 2.1. Repensando el género, la identidad y la sexualidad.....................................................23 2.2. Entendiendo la transfobia: la retórica del engaño sexual.............................................31 2.3. Agencia como resistencia............................................................................................33 2.4. El género desde una mirada interseccional..................................................................37 2.5. Enfoque del curso de vida............................................................................................42 Capítulo 3: Diseño metodológico................................................................................................46 3.1. Marco metodológico....................................................................................................46 3.2. Trabajo de campo........................................................................................................48 3.3. Recojo de información.................................................................................................49 3.4. Variables utilizadas.....................................................................................................51 Capítulo 4: Contexto peruano. Estado de Emergencia Nacional por Covid-19.....................53 4.1. Sistema de salud..........................................................................................................54 4.2. Educación....................................................................................................................55 4.3. Violencia intrafamiliar................................................................................................56 4.4. Informalidad y crisis económica..................................................................................57 Capítulo 5: Análisis de resultados cualitativos..........................................................................60 5.1. Perfil de las entrevistadas.............................................................................................60 5.2. Resultados: experiencias previas a la pandemia...........................................................62 5.2.1. Factores de vulnerabilidad previos a la pandemia.........................................62 5.2.2. Dimensión subjetiva de las entrevistas.........................................................98 5.2.3. Agencia y convicción................................................................................105 5.2.4. Estrategias de supervivencia de mujeres trans previas a la pandemia......107 5.3. Resultados: experiencias durante la pandemia...........................................................113 5.3.1. Factores de vulnerabilidad en pandemia....................................................113 5.3.2. Dimensión subjetiva de las entrevistas.......................................................131 5.3.3. Planes de vida: sueños que se quiebran.......................................................133 5.3.4. Estrategias de supervivencia de mujeres trans durante la pandemia............134 Capítulo 6: Discusión de resultados cualitativos.....................................................................140 6.1. Retomando el enfoque del curso de vida: trayectorias de vida de mujeres trans......140 6.2. Factores de vulnerabilidad.........................................................................................143 6.3. Repensando la transfobia en el contexto peruano.....................................................149 6.4. Estrategias de supervivencia de mujeres trans en Lima Metropolitana....................154 Reflexiones finales......................................................................................................................158 Referencias bibliográficas.........................................................................................................166 Anexos.........................................................................................................................................168 Anexo 1: Entrevistas personales, guía de entrevistas........................................................168 Anexo 2: Protocolo de consentimiento informado para entrevistas................................173 8 INTRODUCCIÓN Las mujeres trans en el Perú son uno de los grupos sociales más vulnerables. El estigma, la transfobia y la discriminación que enfrentan al reconocerse pública y socialmente como mujeres trans las lleva a vivir en los márgenes sociales, limitando sus oportunidades y ubicándolas en los estratos socioeconómicos más bajos. La mayoría se ven forzadas de salir de sus hogares desde edades tempranas, precarizando sus posibilidades de terminar los estudios secundarios sin acceso a trabajos con condiciones formales y remuneraciones justas, generándoles mayores dificultades para poder sostenerse económicamente. Esta situación se agrava por la negación de derechos por parte del Estado Peruano, su invisibilidad jurídica, el transfobia institucionalizada y la ignorancia del grueso de la población frente a sus necesidades. Como resultado, un gran grupo de mujeres trans recurre a trabajos con condiciones muy precarias e informales como el trabajo sexual o prostitución (No tengo miedo, 2016). El trabajo sexual las expone significativamente a más episodios de violencia, enfermedades de transmisión sexual, maltrato, abuso sexual e, incluso, la muerte. En la mayoría de los casos, no cuentan con seguro de salud o no confían en el personal médico a la hora de buscar ayuda. Esto responde a la falta de reconocimiento de su identidad de género en el DNI y, en otros casos, a episodios de violencia ejercida por el mismo personal de salud. Además, hay un gran grupo de mujeres trans que migra de la selva a Lima y no tiene DNI, lo cual limita que tengan acceso al Seguro Integral de Salud (SIS) y, en el caso de tener VIH, a retrovirales gratuitos ofrecidos por el Estado. Se trata de una población ignorada por el Estado, por la sociedad civil, por las instituciones sociales y, en varios casos, hasta por la academia. En medio de esta coyuntura, surge la pandemia generada por el covid-19. El 15 de mazo de 2020 inició la cuarentena obligatoria en todo el territorio nacional como resultado de la emergencia sanitaria generada por la pandemia del Covid-19. Esta medida duró más de cien días. Durante la cuarentena obligatoria solo se podía salir del hogar para actividades puntuales como comprar alimentos, medicinas o asistir a algún familiar o adulto mayor con alguna limitación. Los centros comerciales cerraron, las escuelas y universidades suspendieron sus clases mientras iniciaban el proceso de adaptación virtual, la mayoría de las empresas adoptaron la política de suspensión perfecta propuesta por el Estado para no seguir pagando sueldos ni otros 9 costos y poder mantenerse a flote, muchos jóvenes regresaron a sus hogares una vez que se había mudado e independizado, entre otros. La cuarentena obligatoria fue una de las medidas adoptadas para evitar la propagación del coronavirus, pero también se implementaron diversas medidas adicionales como el uso obligatorio de mascarillas y protectores faciales, la distancia social, el uso de gel antibacterial y el lavado de manos frecuente, el quedarse en casa y evitar las reuniones sociales aun cuando la cuarentena obligatoria se acabó. Durante este periodo, el Estado intentó fortalecer un sistema de salud olvidado durante décadas que, sin la infraestructura necesaria y sin ofrecer al personal de salud los debidos cuidados, tuvo que afrontar la hospitalización y muerte desmedida que trajo la primera y segunda ola de contagios. Objetivos En el contexto de la crisis social y sanitaria generada por el Covid-19, analizaremos las estrategias de supervivencia desarrolladas por mujeres trans de Lima a partir de los factores de vulnerabilidad experimentados durante la crisis sanitaria y social debida al Covid-19. Para ello, analizaremos si de los factores de vulnerabilidad experimentados durante la pandemia son los mismos que ellas vienen experimentando a lo largo de sus vidas o si se han modificado, agudizado o se han generado nuevos. Asimismo, buscamos conocer en qué medida las estrategias que desarrollan son un soporte para la reproducción de sus condiciones de vida, las cuales han sido aún más vulneradas durante la pandemia. En esa línea, el objetivo general de la investigación es el siguiente: • Objetivo general: analizar la evolución de las estrategias de supervivencia de mujeres trans en Lima a partir de los factores de vulnerabilidad experimentados durante la crisis sanitaria y social debida al Covid-19. Los objetivos específicos planteados por la investigación son los siguientes: • OE 1: Describir los factores de vulnerabilidad que afectan a mujeres trans previos y posteriores a la crisis sanitaria y social debida al Covid-19. • OE 2: Comparar las experiencias de vulnerabilidad para identificar si se han agudizado, modificado o han surgido nuevas a partir de la crisis sanitaria y social debida al Covid-19. • OE 3: Identificar cómo han evolucionado las estrategias de supervivencia de mujeres trans en Lima frente a la crisis sanitaria y social debida al covid-19. Para llevar a cabo la investigación, se desarrolló una metodología cualitativa que incluyó dos modalidades de entrevistas: entrevistas a personas claves y entrevistas semi-estructuradas. Se 10 utilizó el enfoque del curso de vida y el enfoque de género e interseccionalidad para analizar las trayectorias de vida descritas en las entrevistas. La recolección de información se llevó a cabo durante el 2021 y se utilizó el mecanismo “bola de nieve” para contactarnos con las potenciales entrevistadas y concretar las entrevistas a profundidad. Hipótesis La presente investigación tiene como punto de partida las siguientes hipótesis: (i) Primera hipótesis: la población de mujeres trans en el Perú se encuentra, en su mayoría, en un estrato socioeconómico bajo. La sociedad las ha llevado a vivir en los márgenes, precarizando la reproducción de sus condiciones de vida. Esto se agudiza al ser olvidadas sistemáticamente por el Estado en relación con sus necesidades y problemáticas, lo cual las lleva a la prostitución y a una vida trazada por violencia, discriminación y transfobia. (ii) Segunda hipótesis: los factores de vulnerabilidad experimentados por las mujeres trans durante sus trayectorias de vida se agudizan durante la pandemia. Esto se manifiesta en el aumento de la pobreza, desempleo, desabastecimiento de medicinas y suspensión de controles de salud en el país. Además, la falta de hogares propios o acceso limitado a servicios de vivienda toma una mayor importancia en este periodo al ser la cuarentena obligatoria una de las medidas del Estado más importantes cuando inicia la pandemia. La pandemia no solo agudiza la precariedad en la que viven, sino que revela el olvido sistemático del Estado al no considerarlas en el desarrollo de medidas de protección y cuidado de la población frente al Covid-19. (iii) Tercera hipótesis: las estrategias de supervivencia de mujeres trans incluyen principalmente el apoyo entre otras compañeras como ellas para salir adelante. Tanto antes como durante la pandemia, las estrategias colectivas y entre pares cumplen un rol central. Esto las lleva a desarrollar lazos afectivos que en muchos casos generan familias de pares. Este proceso se da como consecuencia de la unión que genera la pandemia y la sororidad que surge entre ellas. La sororidad se muestra en las ollas comunes que han implementado para alimentar a las chicas que viven en una misma casona, así como la recaudación de donaciones para compartir entre otras. Desarrollo teórico Para llevar a cabo el análisis de las trayectorias de vida de mujeres trans en el marco de la pandemia generada por el Covid-19, el capítulo uno está dedicado a la revisión bibliográfica de investigaciones realizadas en otros países de América Latina, así como las realizadas en el Perú. 11 Esto permite poner en contexto los avances, hallazgos y retos en relación con la población trans para tener un punto de partida en el análisis de sus trayectorias de vida. Como se pone en evidencia, en el Perú predominan las investigaciones cualitativas en relación con las problemas de las mujeres trans. A nivel del Estado peruano, solo ha habido una investigación cuantitativa realizada por el INEI que ha buscado dar cuenta de sus experiencias de vida. El capítulo dos está dedicado al desarrollo teórico que guía y fundamenta la investigación. Este capítulo incluye cinco partes. La primera parte se enfoca en el género como fenómeno social. Para lo cual, se describen las categorías sexo-genéricas desde la teoría feminista y los estudios de género, la teoría queer y los estudios trans. Aquí se la pregunta no es solo por las características binarias que asumimos como categorías de género, sino por la heterosexualidad normalizada que perpetúa esta binariedad. A partir de las propuestas de Monique Wittig (2006), Gayle Salamon (2010), Judith Butler (1990), Theodore Bach (2012), Sally Haslanger (2012), Teresa de Lauretis (2010), Eve Segwick (2022), Talia Bettcher (2007), Giuseppe Campuzano (2007) pasamos de la pregunta por qué crees que se nace hombre o mujer, a la pregunta porqué creemos que nacemos heterosexuales y cisgéneros. Esto nos lleva del debate sobre las relaciones de género, al debate en torno a la sexualidad y la identidad de género. La segunda parte gira en torno la retórica del engaño sexual propuesta por Talia Bettcher (2017) para entender cómo se desarrolla, legitima y reproduce la transfobia. La retórica del engaño sexual sostiene que las personas trans son las culpables de la violencia que se ejerce contra ellas al “engañar” al resto de miembros de la sociedad señalando que son mujeres cuando no son mujeres de verdad; o que son hombres cuando no son hombres de verdad. La retórica del engaño sexual se basa en la diferencia entre la apariencia- entendida como la presentación del género-, y la realidad- entendida como el cuerpo sexuado- (Bettcher, 2007). Luego, pasamos al análisis de la agencia como resistencia. La agencia de las mujeres trans es vital para llevar a cabo sus transiciones y para poder sobrevivir en una sociedad que les cierra las puertas. Siguiendo a Lubbers, Small & García (2020), analizamos las redes o vínculos sociales entre compañeras que se encuentran en una situación similar como mecanismos de supervivencia. Para profundizar en el rol que cumplen los vínculos sociales, retomamos la propuesta de Matthew Desmond (2012) en el texto Disposable Ties and the Urban Poor. Desmond sostiene que las relaciones familiares no son el apoyo crucial que reciben quienes son desalojados de sus hogares. Por el contrario, el apoyo inmediato y fundamental lo ofrecen vecino o conocidos. A estos lazos los denomina lazos descartables. La propuesta de Desmond resulta interesante para nuestra investigación pues las mujeres trans suelen no tener un apoyo familiar sino, más bien, se apoyan fundamentalmente en otras mujeres trans que conocen cuando se mudan a las casonas del centro de Lima. 12 En cuarto lugar, veremos lo que se conoce como interseccionalidad. Esta es una herramienta teórica propuesta por Kimberlé Creshaw (1989) para analizar las desigualdades de género tomando en cuenta distintas variables de discriminación como los son el género, la raza, la orientación sexual, la identidad de género, la clase social, la religión, entre otros. Para comprenderla en mayor medida, desarrollaremos los distintos niveles de análisis, los ámbitos de investigación y la historicidad. Esto lo hacemos a partir de las propuestas de Floya Anthias en el texto Intersectional what? Social divisions, intersectionality, and levels of análisis (2013). Finalmente, caracterizamos el enfoque del curso de vida propuesto por Mercedes Blanco (2011). Este tiene tres conceptos claves y cinco principios fundamentales. Los conceptos claves son los siguientes: (i) trayectoria, (ii) transición y, (iii) turning point. Los cinco principios fundamentales son los siguientes: (1) el principio del desarrollo a lo largo del tiempo, (2) el principio de tiempo y lugar, (3) el principio de timing, (4) el principio de “vidas interconectadas”, y (5) el principio de agencia. Desarrollo metodológico y análisis de data El capítulo tres está dedicado al diseño metodológico de la investigación. La investigación llevó a cabo una metodología cualitativa que incluye dos modalidades de entrevistas y una etapa preliminar de recolección de data a través de fuentes secundarias como periódicos y revistas que muestran la situación de mujeres trans en el Perú y América Latina. El capítulo describe el marco metodológico, los logros, obstáculos y retos del trabajo de campo, las técnicas y herramientas de recojo de información, la data recolectada, así como las variables utilizadas para la elaborar la guía de entrevistas. Como se muestra, se realizaron seis entrevistas personales semi-estructuradas y las dos sesiones colectivas, cuales fueron grabadas y transcritas en su totalidad. El capítulo cuatro ofrece un mirada al contexto peruano en el marco del Estado de Emergencia Nacional por Covid-19. Se detallan las medidas adoptadas por el Estado peruano para prevenir el contagio y la muerte de población peruana, poniendo en evidencia la precariedad de sus servicios y la falta de eficiencia que demostró al poner en práctica las medidas frente al Covid-19. Asimismo, se describen los efectos de la pandemia en cuatro ámbitos centrales de la vida pública: el sistema de salud, la educación, la violencia intrafamiliar e, informalidad y crisis económica. Como se describe, el Perú carecía de la infraestructura necesaria para salvaguardar la vida los y las ciudadans durante la pandemia. Consecuentemente, durante un periodo de la pandemia el Perú llegó a ser el país con la mayor tasa de mortalidad del mundo a causa del Covid-19 en el 2020. El capítulo cinco expone los resultados obtenidos de las entrevistas a profundidad a seis mujeres trans de Lima. Este capítulo se divide en dos grandes grupos: los resultados de la información obtenida de su experiencia previa a la pandemia y la información obtenida de su experiencia una vez iniciada la pandemia. En ambos casos, se describen los factores de vulnerabilidad, la 13 dimensión subjetiva de las entrevistas y las estrategias utilizadas para sobrevivir. Además, se describe la agencia y convicción de las mujeres trans antes de la pandemia y el impacto de esta en sus planes de vida. El capítulo seis retoma y discute los resultados cualitativos. Desde el enfoque del curso de vida, resaltamos algunos momentos claves en las trayectorias de vida de las entrevistadas y ciertas características compartidas que dan cuenta de la precariedad en la que viven. Luego hacemos un balance de los factores de vulnerabilidad identificados antes y durante la pandemia dando cuenta de los factores que han sido agudizados y el surgimiento de un nuevo factor de vulnerabilidad que denominamos “medidas del Estado frente a la pandemia”. Posteriormente, retomamos los mecanismos de discriminación y transfobia en el contexto peruano para, finalmente, reflexionar sobre las estrategias de supervivencia de mujeres trans en Lima Metropolitana. Para cerrar, pasamos a las reflexiones finales. 14 CAPÍTULO 1 ESTADO DEL ARTE 1.1. Una mirada desde América Latina En el texto Familia “entre pares”. Relaciones de solidaridad y vínculos de fraternidad entre travestis y transexuales de la Argentina contemporánea, Mariana Álvarez Broz busca comprender las trayectorias biográficas de travestis y transexuales vinculadas con la prostitución y el trabajo sexual en Argentina. Para ello, se parte de los problemas y consecuencias que implica asumir su identidad de género en el seno familiar. Esto incluye abandonar sus hogares a edades tempranas y crear nuevos hogares y vínculos afectivo-familiares con otras travestis y transexuales. De acuerdo con la autora, estas relaciones se basan en la solidaridad y vínculos fraternos (Álvarez Broz, 2018). El trabajo de campo sobre el cual se basa el artículo inicia en el 2013 y buscar entender las formas, mecanismos y relaciones de (des)igualdad que enfrentan travestis y transexuales relacionadas con el trabajo sexual o prostitución. Su propuesta teórico-metodológica parte de un enfoque biográfico que incluye la noción de trayectoria para dar cuenta de la relación entre la construcción e historia de la subjetividad y el entramado social a partir de entrevistas a profundidad. Las dimensiones contempladas en sus entrevistas son los siguientes: familiar, educativo, laboral, salud y sociabilidad. Como señala la autora, un factor fundamental a considerar es que la mayoría de travestis y transexuales abandonan sus hogares a edades tempranas, lo cual las lleva a pasar de sus familias de origen a desarrollar familias entre pares donde se reconocen y se hermanan con otras como ellas. Este proceso incluye abandonar sus escuelas e iniciarse en la prostitución como medio de subsistencia. No obstante, también incluye el desarrollo de redes de apoyo basadas en la solidaridad que les permiten cuidarse mutuamente y navegar la desventaja social en la que se encuentran y los episodios de discriminación y transfobia que experimentan. En palabras de la autora: Esa diferencia, que es constitutiva de sus procesos de subjetivación trans, las conduce a construir fuertes lazos de solidaridad y fraternidad sumamente significativos y 15 determinantes para el curso de sus vidas. En el tejido de esas redes sociales potenciarán sus recursos y capacidades contribuyendo a mejorar sus condiciones de vida en varios aspectos. (Álvarez Broz, 2018: 143) […] frente al desamparo y la desprotección que experimentan las TyT por la falta de la familia nuclear, sumado a la temprana edad en la que asumen su identidad de género, se reconocen y se hermanan con otras como ellas, construyendo un fuerte vínculo de fraternidad que se va tramando ante la necesidad y la urgencia de acompañamiento, resguardo y reconocimiento. (Álvarez Broz, 2018: 143) Las familias entre pares, como las denomina la autora, presentan tres características centrales: son espacios en los que, (i) se comparten saberes prácticos, los cuales incluyen montar o trucar las partes íntimas de sus cuerpos para disimular sus rasgos masculinos y, a su vez, resaltar los rasgos femeninos; (ii) se aprenden los mecanismos y códigos necesarios para sobrevivir la vida callejera y el ambiente de la transprostitución; (iii) se desarrollan de redes de asistencia y contención entre las travestis y transexuales que conviven, incluyendo el cuidado mutuo en los casos de enfermedad o cuando no tienen los ingresos necesarios para cubrir sus gastos (Álvarez Broz, 2018). En el texto El fantasma de la puta-peluquera: Género, trabajo y estilistas trans en Cali y San Andrés Isla, Colombia, Jeanny Lucero Posso y Ange La Furcia (2016) analizan las trayectorias laborales de estilistas transfemeninas en dos zonas de Colombia desde una mirada interseccional que incluye las variables de género, sexualidad, clase social y etnicidad. Los factores mencionados tienen un gran impacto en la construcción de los sentidos y discursos que se atribuyen a los trabajos asociados a las peluquerías y a la prostitución, como lo sostienen las autoras. Un primer punto que queremos resaltar es la importancia de “no sólo desprenderse del lenguaje patologizador, sino de las definiciones que encapsulan las trayectorias de mujeres trans en una identidad de género pura sin ninguna relación con los demás procesos sociales, culturales y económicos” (Posso y La Furcia, 2016: 177). En otras palabras, se debe evitar homogenizar a la población trans, para lo cual las autoras adoptan una mirada interseccional. Esta mirada permite visibilizar e incorporar los distintos matices de sus experiencias, obstáculos y logros, pero también las diferencias que surgen en sus formas de auto-expresarse e identificarse. Ellas agregan lo siguiente: [...] el material empírico recogido y el trabajo de campo desarrollado muestran cómo las trayectorias de las mujeres trans se intersectan una y otra vez con sus orígenes sociales de clase, con la falta de capitales escolares y culturales, con las discriminaciones sistemáticas, con la pérdida de soportes familiares para la supervivencia económica y el cuidado, y en algunos casos, con la racialización. (Posso y La Furcia, 2016: 180) 16 Un siguiente tema que las autoras desarrollan es lo que llaman la categoría de trabajos transexualizados. Es importante tener en cuenta esta categorización pues supone reconocer la naturalización del trabajo en peluquerías y de la prostitución en el caso de las mujeres trans. Esta categorización se nutre de la propuesta de Nancy Prada en el texto “Trabajos transexualizados: espacios laborales feminizados para las mujeres trans” (2013). La naturalización se refiere a la idea o creencia de que las mujeres trans tienen una disposición y gusto “natural” por ambas formas de trabajo. Sin embargo, Posso y La Furcia argumentan que “esta realidad es producto de la organización social de las relaciones interseccionales” que limita a las mujeres trans a otros espacios laborales por los prejuicios que experimentan las mujeres trans y la falta de oportunidades. En esa línea, la peluquería y el trabajo sexual se vuelven los únicos espacios y ocupaciones en los que las mujeres trans pueden expresarse libremente y, de esa manera, vivir sin reserva su identidad de género (Posso y La Furcia, 2016). La investigación de Posso y La Furcia, además, muestra la diferencia entre la situación de discriminación que experimentan los hombres gays y la que experimentan las mujeres trans en la industria estética. Las mujeres trans, como lo muestra el caso de Cali, tienen una mayor dificultad para ascender socialmente pues la discriminación que experimentan las limita “al trabajo en peluquerías de bajos recursos económicos”. Los hombres gays, por el contrario, experimentan una posición privilegiada al ser aceptados como estilistas para las clases altas. Lo cual incluye mejores sueldos, mayores contactos, y la posibilidad de ascender socialmente. Este es un punto clave pues, de acuerdo con las autoras, la clase social en la que se mueven tiene un efecto fundamental en la forma como se construye la profesión. En esa línea, “la identidad de género trans se construye de forma inseparable del mundo laboral precarizado y limitado en términos de opciones ocupacionales” (Posso y La Furcia, 2016: 208). En el texto Trayectorias trans. Una aproximación antropológica, de Susana Rostagnol y Laura Recalde (2021), las autoras caracterizan los recorridos biográficos o trayectorias de vidas de 10 mujeres trans en Uruguay. Esto las lleva a describir las formas en las que las mujeres trans viven su identidad de género y las estrategias que desarrollan para desenvolverse en una sociedad que las discrimina en los diversos aspectos de sus vidas. Uno de los aspectos de su investigación que queremos resaltar es el vínculo entre las entrevistadas y sus familias, especialmente con sus padres. De acuerdo con las autoras, todas las trayectorias de vida analizadas están marcadas por episodios de violencia. Tanto violencia física, psicológica como sexual. Ellas sostienen que la violencia se da en la medida en que no cumplen con los modelos de identidad de género impuestos socialmente y se manifiesta a lo largo de sus vidas. Sin embargo, las autoras señalan que, según su data, el periodo en el cual la violencia es más frecuente es durante la infancia y la adolescencia y es el resultado de la violencia intrafamiliar. Ellas agregan que esta es ejercida principalmente por sus padres. Para entender la violencia ejercida por los padres, ellas proponen lo que denominan “violencias disciplinadoras” (Rostagnol y Recalde, 2021). 17 Se trata de usar la violencia para corregir los comportamientos, actitudes y deseos del hijo hombre que desde niño se ve como afeminado o más sensible y que, eventualmente, se revela como mujer trans. Es el intento de recordarle a su hijo su lugar en el entramado social y familiar. Ellas encuentran que reconocer a sus hijos como siendo algo distinto de lo esperado provoca mucha intolerancia, lo cual se manifiesta precisamente como violencia. No obstante, enfatizan que la intolerancia es un síntoma de algo más profundo, es la incapacidad que tienen los padres de aceptar que su hijo rechaza su masculinidad para “vestirse de mujer” (Rostagnol y Recalde, 2021). Se trata de un rechazo a la masculinidad hegemónica que presupone el rechazo a un conjunto de privilegios sociales que los padres no pueden aceptar, ni comprender. Asimismo, ellas señalan que el abuso sexual también se da como “una forma de disciplinar el cuerpo” por parte de sus familiares varones. Ellas agregan que esta necesidad de disciplinar sus cuerpos es parte del patriarcado que afecta a las mujeres cis, que promueve el sexismo y privilegia a los hombres que ejercen su masculinidad. Esta violencia marca sus trayectorias de vida y las acompaña como un dolor o vacío constante. Además, condiciona sus procesos de transición y sus formas de vivir su identidad trans pues el rechazo familiar, especialmente del padre, cala en sus subjetividades y en algunos casos las lleva al intento de suicidio. Ser rechazadas por quienes deberían quererlas incondicionalmente deja una herida que no es fácil de sanar. 1.2. Avances en el Perú En el Perú, las investigaciones del Estado enfocadas en las problemáticas relacionadas con las personas LGBTI son escasas. Un primer paso se dio en el 2017 con la aplicación de la Primera Encuesta Virtual para Personas LGBTI en el país. La encuesta surge como iniciativa del despacho del congresista Alberto De Belaúnde y es aplicada por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Se trató de un muestreo no probabilístico, de conveniencia, pues no existía un marco de muestreo que permita identificar y cuantificar a la población LGBTI en el Perú. El muestreo no probabilístico tuvo como finalidad incluir a todas las personas accesibles como parte de la muestra, es decir, a todos aquellos que estaban disponibles a brindar información a la investigación. No obstante, en la medida en que es un muestreo no probabilístico, debe tenerse en cuenta que los resultados no son necesariamente representativos de toda la población LGBTI en el Perú. La encuesta fue respondida por 8630 personas de Lima y regiones a través de la página web del INEI del 17 de mayo al 17 de agosto de 2017. De acuerdo con la data obtenida, el 61.8% de personas encuestadas entre 18 a 29 años reporta que se encuentra trabajando. La mayoría reporta que trabaja empleadas/os (69,5%). Por otra parte, un porcentaje importante declara que se encuentran en condición de trabajadores independientes o por cuenta propia (17,5%), y otro grupo se autodenominó como empleador/a o patrono/a (3,2%). 18 Del total de la población LGBTI que se encuentra trabajando, el 11,5% reveló haber sufrido algún tipo de discriminación y/o violencia en el trabajo, de los cuales el 24,9% reporta haber sido agredidos física, verbal o sexualmente (INEI, 2018: 17). El 56,5% de la población LGBTI entrevistada reporta sentir temor de expresar su orientación sexual y/o identidad de género, principalmente, por miedo a ser discriminado y/o agredido (72%), a perder a la familia (51,5%), a perder el trabajo (44,7) y, a ser rechazado por los amigos (33%). (INEI, 2018: 20). Asimismo, el 63% del grupo de personas entrevistadas reportan haber sido víctimas de algún acto de discriminación y/o violencia. Estos actos se llevaron a cabo, en su mayoría, en espacios públicos (65,6%), en el ámbito educativo (57,6%), en los medios de transporte (42%) y en los espacios comerciales y de ocio (41%) (INEI, 2018: 22). De acuerdo con la data obtenida, los agresores están compuestos por compañeras/os de escuela y sus padres (55,8%), por líderes religiosos (43%), por funcionarios públicos (33%), por miembros de sus familias (28%) y por el personal administrativo de algún servicio público (22%), además de la agresión que sufren por parte de jefes y compañeros de trabajo (17,4%) y por el personal de los servicios de salud (15.4%) (INEI, 2018: 22). En relación con la violencia sexual, 18% de participantes en el estudio reporta haber sufrido actos de violencia sexual y el 15% señala haber experimentado acciones que muestran que no respetan su identificación de género (INEI, 2018: 21). Asimismo, ocho de cada diez personas del grupo encuestado señala que el tipo de agresión y/o acto de violencia que ha sufrido está compuesto por gritos, amenazas y/o hostigamiento; y más de la cuarta parte señaló que fueron obligados a cambiar de apariencia y el 18% reveló que los expulsaron o negaron la entrada a un espacio público (INEI, 2018: 21). Además, la encuesta señala que nueve de cada diez personas entrevistadas que reportan haber sido víctimas de actos discriminatorios, han generado sentimientos negativos y otras dificultades como consecuencia de las agresiones sufridas. Entre estas aparecen en primer lugar los sentimientos de exclusión/ aislamiento social (70%); seguidos por sentimientos de culpa, inutilidad y/o impotencia (64%), otra reacción ha sido la fatiga y falta de energía, estrés e irritabilidad (51%), entre las más relevantes (INEI, 2018: 23). Ahora bien, la encuesta tuvo ciertos problemas pues, al ser virtual y auto aplicada, muchas personas estuvieron limitadas en responderla por falta de acceso a internet o a computadoras. Esta situación fue más común en la población LGBTI que se encontraba fuera Lima pues no solo tienen las barreas personales de por falta de acceso a internet o a computadoras, sino que en muchas regiones el acceso a internet es de por sí más limitado. Por ello, si bien fue una encuesta a nivel nacional, los resultados tienen un mayor índice de respuesta de miembros de la población LGBT que radican 19 en Lima y de sectores socioeconómicos más elevados pues son quienes tienen medios económicos para acceder a internet o computadoras. Desde la academia, los colectivos y las organizaciones no gubernamentales encontramos una mayor cantidad de investigaciones sobre las problemáticas de las personas LGBT en el país. Un primer estudio que quisiéramos resaltar fue desarrollado por el colectivo No Tengo Miedo en el 2016. Uno de los grandes aportes de este diagnóstico ha sido visibilizar la situación de las personas LGBT que viven en regiones distintas a Lima. La data obtenida muestra que la mayoría de las personas LGBT en el país ha sufrido algún tipo de violencia/discriminación en sus vidas (el 87,7% de la muestra). También muestra, sin embargo, que esta violencia no es denunciada a pesar de su frecuencia (el 87,6% de afectadxs no realizó denuncia alguna), solo una de cada diez personas la denuncia los hechos de violencia. Como resultado, se pone en evidencia un contexto en el que la violencia ha sido no solo tolerada, sino naturalizada (No tengo miedo, 2016). Además de la naturalización de la violencia, también podría hablarse de una resignación frente a ella por la ausencia de canales para obtener justicia a la que se enfrentan constantemente las personas LGBT. Ahora bien, de acuerdo con el diagnóstico, aun cuando hay situaciones de violencia estructural que impactan al conjunto de miembros de la comunidad LGBTIQ en el Perú, más allá de la región en la que se encuentren, la data muestra “variantes y matices regionales atravesados por las identidades sexo-genéricas así como por los distintos marcadores sociales que condicionan la vida de las personas” (No tengo miedo, 2016: 17). Asimismo, se observan las diferencias entre los diversos miembros de la comunidad LGBT, permitiendo visibilizar la frecuencia e impacto de la violencia en el caso de las mujeres trans. La información recogida muestra que la situación de las mujeres trans en Lima y regiones es mucho más crítica que la del resto de miembros de la comunidad LGBT, volviéndolas la población “más marginalizada en términos de acceso y garantía de sus derechos” (No tengo miedo, 2016: 99). En términos educativos, solo una de cada dos mujeres trans acaba la formación escolar (No tengo miedo, 2016). En el caso de la salud, “Loreto reporta el mayor índice de personas que manifiestan vivir con VIH: el 14,0% del total de entrevistadxs. Nuevamente, son las mujeres trans las más afectadas con un 22,6%” (No tengo miedo, 2016: 17). Si pasamos a las experiencias de violencia de las mujeres trans (n=118), vemos que el 95,8% señaló haber experimentado episodios de violencia en algún momento de sus vidas. Es importante señalar que, dentro de los principales agresores identificados (n=112), están primero los agresores desconocidos (50,0% de los casos), luego la PNP, el Serenazgo y el Personal de Seguridad (38,4%), y en tercer lugar están los agresores de su familia nuclear (25,9%). Adicionalmente, la data muestra que las mujeres trans en Lima y regiones presentan una mayor vulneración de sus 20 derechos (n=117) que la población lesbiana, gay y bisexual, especialmente, en lo referente a la vulneración al derecho a la identidad (65,0%) (No tengo miedo 2016). En el caso de la violencia sexual, se sugiere lo siguiente: “Es fundamental recalcar que las mujeres trans son el segundo grupo con mayor prevalencia de violencia sexual, presente en el 11,1% de los casos. Muchas de ellas se encuentran en una situación de alto riesgo ante este tipo de violencia al ejercer el trabajo sexual en un contexto donde las regulaciones son insatisfactorias y la PNP, Serenazgo y agentes del orden actúan de forma extremadamente hostil y violenta.” (No tengo miedo, 2016: 101) Dentro de los resultados obtenidos, quisiéramos agregar que las mujeres trans son quienes han sufrido el mayor porcentaje de casos de abuso de poder (35,9%) y el mayor porcentaje de violencia ejercida por partes del Estado Peruano (22,2%). El diagnóstico señala, además, que este porcentaje supera los porcentajes de violencia que el resto de las identidades sexo-genéricas del estudio reporta haber experimentado por parte del Estado. Finalmente, la data señala que las mujeres trans son quienes sufren una mayor vulneración de necesidades básicas (38,5%). Pasemos, ahora, al texto de María Soledad Férnandez titulado ¿Experiencias trans o narrativa médica? Hacia dónde mirar para la adopción de políticas públicas en el Perú. (2020). En él, Férnandez analiza los procesos de construcción de las identidades trans en el Perú tomando en cuenta las variables de género, raza y clase. El propósito de la autora es mostrar la complejidad y diversidad de las identidades trans en Lima y regiones como respuesta a la mirada homogenizadora responsable de la falta de políticas y acciones adoptadas por el estado peruano frente a las mujeres trans. Férnandez sostiene que este es el resultado de la asimilación por parte del Estado de la narrativa médica sobre las personas trans, la cual se ha centrado en “la disforia o sufrimiento por habitar un cuerpo que se rechaza” (Fernández, 2020: 1). El análisis de la autora se basa en tres aspectos o momentos de la vida de las mujeres trans que ha entrevistado como parte de su investigación. Un primero momento es la afirmación como personas trans en el seno familiar. Aquí queremos resaltar la importancia de las creencias religiosas en la naturalización del orden de género que promueve la discriminación hacia las mujeres trans por parte de sus familias. La autora agrega que esta incluye “mecanismos de disciplinamiento que van, desde esconder todo lo que podría significar feminizante, hasta intervenir en la psiquis aparentemente poseída por el mal”. Un siguiente momento clave es el que refiere a la autodefinición, las intervenciones sobre el cuerpo y la necesidad de un Documento Nacional de Identidad que los refleje. De acuerdo con su investigación, Fernández identifica el uso del cuerpo como “la materia prima en la que se van inscribiendo sus definiciones identitarias” (Fernández, 2020: 13). Las prácticas corporales 21 incluyen el uso de hormonas, mutilaciones y/o implantes. La autora señala que su uso depende de la visión que se tenga de la feminidad y de la corporalidad, la cual está mediada por un conjunto de narrativas y simbolismos mediados por la clase, raza, género, entre otras (Fernández, 2020). Finalmente, otro aspecto que identifica como central para entender la complejidad de la construcción de las identidades de mujeres trans son las alternativas ocupacionales. De acuerdo con su investigación, las ocupaciones más frecuentes son: el trabajo sexual, la peluquería, la consejería en VIH y las actividades artísticas. Fernández encuentra que “las ocupaciones laborales de las mujeres trans están marcadas no solo por las condiciones de precariedad derivadas, ya sea de la posición social que ocupan y de la desvinculación familiar que les quita soporte económico, sino que también por los prejuicios que pesan sobre ellas” (Fernández, 2020: 15). Para entender los diversos prejuicios que afectan las vidas de las mujeres trans, como señala la autora, debe adoptarse una aproximación interseccional. En el texto Violencias y contra-dominación: notas etnográficas sobre el espacio social de la prostitución travesti en un barrio marginal de Lima (2014), Robin Cavagnoud analiza la relación entre los diversos actores que participan directa o indirectamente en una zona de prostitución travesti ubicada a las afueras de Lima entre los distritos de Villa María del Triunfo y de Villa el Salvador. Como señala el autor, su trabajo ofrece una mirada de cerca al ejercicio de la prostitución no solo como transacción económica entre los travestis y los clientes, sino como un espacio de trasgresión que permite el desarrollo de la subjetividad y de la orientación sexual de los adolescentes y jóvenes que participan de la prostitución (Cavagnoud, 2014). De acuerdo con el autor: La actividad de estos travestis en la prostitución constituye una elección identitaria para vivir su sexualidad homosexual y transformista, consiguiendo simul- táneamente un recurso económico para sobrevivir. Frente a la gran precariedad de las zonas marginales de Lima donde residen, su decisión de adoptar una sexuali- dad transgresiva en relación con las representaciones patriarcales dominantes, se asemeja a una estrategia para escaparse de su condición social. (Cavagnoud, 2014: 168) Queremos agregar que, además, Cavagnoud identifica y describe la configuración de las redes de poder y el ejercicio de la violencia, incluyendo las prácticas que les travestis desarrollan para responder a la violencia que se ejerce contra ellos, enfatizando su agencia individual y colectiva. Este es un punto clave pues, tradicionalmente, se ha caracterizado al conjunto de travestis desde la trasgresión y desde la mirada médica que ha enfatizado las enfermedades de trasmisión sexual y el VIH. Además de, durante mucho tiempo, patologizar sus identidades y orientación sexual. 22 Para efectos de nuestra investigación, nos interesa enfatizar dos puntos que el autor desarrolla: la violencia ejercida contra les travestis por diversos actores incluyendo a la Política Nacional y a los pandilleros, y las técnicas de resistencia que han desarrollado frente a esta situación. Como señala Cavagnoud, “el uso de la fuerza por parte de instituciones reconocidas como legítimas como la policía (nacional y municipal) sobre las personas identificadas como desviantes por su actividad prostitucional en la homosexualidad ocasiona una práctica de la violencia cuyos efectos implican estrategias específicas de parte de las personas concernidas” (Cavagnoud, 2014: 152). Al hablar de violencia es necesario mencionar las diversas formas que esta toma en la zona de prostitución analizada por el autor. Un primer acercamiento a la violencia se da entre los miembros del mismo grupo de travestis pues la persona que manda exige una cuota diaria por ejercer la prostitución en su zona y, si no se paga, el travesti puede ser excluido de la zona o puede recibir alguna reprimenda física. Un segundo acercamiento a la violencia se da por parte de las pandillas de jóvenes que les roban y les pegan y, en algunos casos, los violan. Aquí los travestis suelen perder todos sus ingresos de la noche. Un tercer tipo de violencia es la ejercida por la policía a través de sus batidas. Por un lado, Cavagnoud señala que ciertos policías negocian la libertad de los travestis por favores sexuales- abusando de su poder-, y en otros casos los persiguen, detienen y llevan a playas desoladas de Lima quitándoles, en algunos casos, su vestimenta. En cuanto a las técnicas de resistencia o, como las llama Cavagnoud, de contra-dominación, hay que notar que, como señala el autor, les permiten “salvar su capital físico y acumular un ingreso de supervivencia” (Cavagnoud, 2014: 165). En esa línea, una de las técnicas las más notorias es el robo a los clientes. Los robos suelen suceder durante la relación sexual pues el goce del cliente les permite revisar sus bolsillos y coger el dinero sin que se den cuenta. Esta situación se facilita, además, porque muchos de los clientes están en estado de embriaguez. Ahora bien, hay casos en los que varios travestis le roban al cliente pues la relación sexual sucede en la calle. Las técnicas de resistencia incluyen, además, simulaciones del acto sexual o formas que han desarrollado para fingir la penetración, pero que mantienen la satisfacción sexual en el cliente. Para cerrar, un último punto que quisiéramos retomar es la distinción entre los factores externos y los internos que impactan las decisiones de los travestis. De acuerdo con Cavagnoud, “el cuerpo del joven que se entrega a la prostitución se convierte en un espacio de enfrentamiento entre lo colectivo (las presiones económicas, los valores de la sociedad masculina) y lo individual (la búsqueda de estrategias, la toma de decisiones, la violencia entre travestis)” (Cavagnoud, 2014: 168-169). Las variables colectivas e individuales cambian pues dependen de las condiciones de vida de cada travesti, del nivel de pobreza en el que se encuentran, la manera como entienden la violencia y la forma como se auto perciben, entre otros (Cavagnoud, 2014). Según el autor, si bien sus condiciones de vida y factores colectivos son precarias e incluyen niveles altos de violencia y una gran desigualdad social, como individuos han logrado desarrollar una gran capacidad de negociación y supervivencia en su vida. 23 CAPÍTULO 2 MARCO TEÓRICO 2.1. Repensando el género, la identidad y la sexualidad Para efectos de la presente investigación, buscamos identificar los mecanismos que posibilitan, justifican, naturalizan y promueven las diversas formas de discriminación hacia las mujeres trans, específicamente, la transfobia. Para ello, vamos a retomar los debates académicos en torno a las categorías sexo-genéricas, las críticas desde la teoría queer, los modelos hegeónicos que han buscado dar cuenta de las categorías de transgénero o trans y una breve reflexión en torno a lo tavesti en el Perú. Esto nos dará las bases para retomar la transfobia desde la propuesta de Bettcher y lo que denomina “la retórica del engaño sexual”. Categorías sexo-genéricas La teoría feminista y los estudios de género han buscado mostrar que la relación entre hombres y mujeres es una relación cuya existencia responde a criterios puramente contingentes que carecen de una esencia que los determine. Al hacerlo, han buscado explicar por qué creemos tan firmemente que los seres humanos son creados como mujeres u hombres y las consecuencias que se siguen de asumir como naturales estas categorías. En el caso de la teoría queer y los estudios LGTBIQ+, su propósito ha ido más allá. En estos casos, la pregunta no es solo por las características binarias que asumimos como categorías de género, sino por la heterosexualidad normalizada que perpetúa esta binariedad. Por lo cual, la pregunta ya no es, por qué crees que se nace hombre o mujer, sino porqué creemos que nacemos heterosexuales y cisgéneros. Esto nos lleva del debate sobre las relaciones de género, al debate en torno a la sexualidad y la identidad de género. Para comprender estos debates, vamos a comenzar analizando las categorías sexo-genéricas. En La categoría del sexo (2006), Monique Wittig resalta que las categorías de género son relacionales. Es decir, no hay hombres sin mujeres, ni mujeres sin hombres. Ambas categorías se construyen en contraposición en el sistema binario que caracteriza las relaciones de género en nuestra sociedad. Aquí Wittig sugiere no solo que las categorías de sexo no existen de forma independiente a la 24 realidad social en la que se enmarcan, sino que no tienen un realidad esencial que se mantenga si se las abstrae de este entorno. Veamos la siguiente cita: […] no existen mujeres sin hombres. La ideología de la diferencia sexual opera en nuestra cultura como una censura, en la medida en que oculta la oposición que existe en el plano social entre los hombres y las mujeres poniendo a la naturaleza como su causa. Masculino/femenino, macho/hembra son categorías que sirven para disimular el hecho de que las diferencias sociales implican siempre un orden económico, político e ideológico. Todo sistema de dominación crea divisiones en el plano material y en el económico. (Wittig, 2006: 22) Como muestra la cita, la autora sostiene que las categorías sexo-genéricas son jerárquicas y, en ese sentido, presuponen siempre relaciones asimétricas que se manifiestan en diversos espacios de la vida humana, tales como lo son la política y la economía. Además, argumenta que las desigualdades inmersas en las categorías de sexo han sido parte de un proceso de socialización que las ha naturalizado. Wittig agrega, “no se trata de una cuestión de ser, sino de relaciones (ya que las mujeres y los hombres son el resultado de relaciones) aunque los dos aspectos son confundidos siempre cuando se discuten” (Wittig, 2006: 26). Pasemos, ahora, a la fuerza opresiva que las categorías sexo-genéricas naturalizan. Wittig sostiene lo siguiente: Y es que la categoría de sexo es una categoría totalitaria que para probar su existencia tiene sus inquisidores, su justicia, sus tribunales, su conjunto de leyes, sus terrores, sus torturas, sus mutilaciones, sus ejecuciones, su policía. Forma el espíritu y el cuerpo, porque controla toda la producción mental. Posee nuestros espíritus de tal manera que no podemos pensar fuera de ella. (Wittig, 2006: 28) Como nos señala Wittig, la sociedad está organizada de forma tal que, sin que seamos conscientes de ello, nuestras vivencias diarias se encargan de que interioricemos inconscientemente no solo las normas y roles que acompañan a las categorías de sexo, sino que favorezcamos los mecanismos que han sido institucionalizados para su control y reproducción. Por ejemplo, en el Perú, el matrimonio es solo posible para personas de sexos diferentes pues la sociedad está organizada binaria y homofóbicamente. En este caso, el sistema legislativo reproduce la creencia de que las categorías de sexo son solo dos y que ellas son excluyentes entre sí, es decir, que las relaciones afectivas deben de darse solo entre sexos diferentes. Wittig nos recuerda, “la categoría de sexo es una categoría política que funda la sociedad en cuanto heterosexual” (Wittig, 2006: 26). Frente a esta situación, diversos teóricxs han buscado reinterpretar y re-apropiarse de las categorías sexo-genéicas sosteniendo cómo deberíamos de entenderlas, a diferencia de cómo se han entendido históricamente. Un criterio de apropiación ha sido la experiencia (Scott, 2001). Al sostener que las categorías sexo-genéricas son socialmente construidas y que, por lo tanto, entenderlas depende del 25 horizonte de interpretación en el que nos encontremos, la experiencia individual se vuelve fuente de conocimiento, en primera persona, de género como experimentada por cada uno. Estos intentos han dado paso a la contraposición entre el género real y el género teorizado, como lo especifica Gayle Salamon. De acuerdo con Salamon: Este es un llamado a la vuelta al género real, en contraposición al género meramente teorizado, que establece una distinción entre el género tal y como se conceptualiza y el género tal y como se vive, donde se piensa que el segundo expone de alguna manera al primero como una conjetura utópica sin esperanza o— lo que es peor— decidido en disolver la realidad del género tal y como se encarna.1 (Salamon, 2010: 71) Una de las grandes críticas al género teórico, es que sus postulados muchas veces responden a una generalización idealizada de lo que entendemos por mujer u hombre, más que a la forma como vivimos los géneros diariamente. Esta crítica, nutrida en las diversas experiencias que tenemos del género, refuerza la idea del olvido del cuerpo en los desarrollos teóricos que teorizan las categorías sexo-genéricas. Como señala Salamon, es el cuerpo donde las categorías sexo-genéricas se experimentan en toda su extensión. Adicionalmente, Salamon señala que la sobre-teorización del género, paradójicamente, limita no solo nuestra comprensión, sino que reprime nuestras experiencia de él. En ese sentido, la reapropiación del género mediante la teoría pareciera no ser suficiente pues desemboca en un sesgo académico que termina sirviendo como mecanismo social opresivo. La autora lo dice de la siguiente forma: Ofrecer la categoría de género real en un intento de disciplinar lo que se percibe como los excesos del género teórico es domesticar el género tal y como se vive y negar su considerable complejidad, que a menudo supera nuestro lenguaje para describirlo. (Salamon, 2010: 72). No obstante, Salamon argumenta que la solución no es solamente reapropiarnos de las categorías sexo-genéricas mediante la experiencia basada en nuestras vivencias corporales, sino a partir de la dialéctica que surge entre la teorización y la experiencia del cuerpo. Salamon agrega que, “teorizar sobre el género, preguntarse por las formas en que los cuerpos habitan los diferentes sexos y géneros y por las estructuras sociales que hacen posible esos habitáculos, no es sugerir que ninguna de esas categorías sea fortuita o carezca de sentido”2 (Salamon, 2010: 71). Como nos muestra la cita, para la autora, teorizar sobre el género no debería de limitar su comprensión sino, más bien, potenciarlo. Por otro lado, autoras como Judith Butler sostienen que el problema no radica en encontrar las categorías adecuadas o los nombres apropiados, sino en deconstruir y resistir todo intento de 1 Traducción propia. 2 Traducción propia. 26 categorizar y nombrar los géneros. De acuerdo con ella, cualquier intento de caracterizar y esencializar las categorías sexo-genéricas como los debates en torno a qué se entiende por ser mujer o cuál es la propiedad de ser mujer que unifica al conjunto de mujeres como mujeres, va a terminar privilegiando a un sector y marginando a otro, en tanto que las categorías sexo-genéricas son siempre normativas y, por esa razón, prescriptivas y excluyentes (Butler, 1990). Por ello, Butler sostiene que la teoría feminista no debería de agotarse buscando las propiedades o características que definen las categorías sexo-genéricas sino, más bien, eliminar esta búsqueda para poder vivir los géneros de forma verdaderamente libre. Frente a esta postura, autores con Theodore Bach (2012) y Sally Haslanger (2012) sostiene que las categorías de género son recursos políticos y, como tales, permiten reivindicar luchas, exigir derechos y visibilizar modos de opresión. Para ellos, la teoría feminista y la teoría queer deben de seguir apostando por la importancia de tener categorías de género, bajo un esquema que evite los esencialismos y las descripciones cerradas. Ahora bien, es importante notar que los debates en torno a las categorías sexo-genéricas han sido tradicionalmente asociados con las categorías de hombre y mujer. No obstante, conforme la teoría feminista y los estudios de género han incorporado otras voces, se ha ampliado el debate y se han integrado nuevas categorías incluyen, entre otras, categorías identitarias como ser queer o ser tansgénero. En los debates lationamericanos, se habla de lo que supone ser una persona trans, transgénero o tansexual, sino travesti. Comprender estas categorías es fundamental para el análisis que realizaremos en torno a la transfobia y sus efectos en la población trans. Entendiendo lo queer Pues bien, veamos ahora qué pasa con el término queer o lo que llamaremos en algunos momentos la propiedad de ser queer. Esto nos lleva a analizar su contraste con las categorías tradicionales de lesbiana y gay. Una forma de entender lo queer es como un esfuerzo de establecer cierta distancia frente a la carga histórica que presuponen las categorías de lesbiana y gay pues, históricamente, estas fueron asociadas con la muerte, la enfermedad, lo marginal y lo trasgresor (De Lauretis, 2010). Como resultado, la homosexualidad no puede seguir siendo contrapuesta a la (hetero)sexualidad dominante ya que, mientras lo sea, seguirá siendo infravalorada y patologizada. Por ello, De Lauretis sostiene que la homosexualidad y, con ella, las categorías de lesbiana y gay necesitan “ser reconceptualizadas como formas culturales y sociales por su propio derecho, aunque emergentes y por tanto todavía vagamente definidas, no codificadas o dependientes discursivamente de formas más establecidas” (De Lauretis, 2010: 22). De acuerdo con De Lauretis, una opción sería que las categorías “lesbiana y gay puedan ser entendidas y representadas como formas de resistencia ante la homogeneización cultural, contrarrestando los discursos dominantes con otras construcciones del sujeto en la cultura” (De Lauretis, 2010: 23). Otro camino sería, sin embargo, el de replantear nuestras sexualidades para, a 27 partir de ahí, “construir otro horizonte discursivo, otra forma de pensar lo sexual” (De Lauretis, 2010: 23). En el ensayo Teoría queer: sexualidades lesbiana y gay, De Lauretis propone repensar las categorías de lesbiana y gay a partir del término queer. En palabras de la autora: En un sentido, el término queer theory llegó en un esfuerzo por evitar todas estas distinciones tan finas en nuestros protocolos discursivos, para no adherir algunos de los términos dados y no asumir sus deudas ideológicas, sino para transgredidas y al mismo tiempo trascenderlas- por lo menos problematizarlas. (De Lauretis, 2010: 23). Siguiendo la cita, pareciera que para De Lauretis el término queer o, en nuestras palabras, la propiedad de ser queer permite una reapropiación de la experiencia lesbiana y gay que se aleja de las características peyorativas que se les han asociado y la tradición discursiva en la que se han inscrito. Asimismo, pasar de la propiedad de ser lesbiana y la propiedad de ser gay a la propiedad de ser queer le abre paso a diversas sexualidades que las categorías homosexuales tradicionales no contemplaban. En este caso, a diferencia de lo que se propone en el caso de la propiedad de ser mujer, la propiedad de ser queer permite una mayor amplitud teórica que posibilita incluir sexualidades diversas que se distancian de la heterosexualidad. No solo eso, sino que permite caracterizar el vínculo entre estas sexualidades y otros ejes sociales tales como la raza. En la misma línea que De Lauretis, Eve Segwick se pregunta en el texto (A)queer y ahora “¿qué es ser queer?” (Segwick, 2002: 34). De acuerdo con Segwick, lo queer puede referir a dos fenómenos diferentes. El primero refiere, en términos muy generales, a cualquier expresión homoerótica que se inscriba en las categorías de lesbiana y gay. Esto incluye a quienes no se han sentido representados por las características que tradicionalmente se le han asociado a las categorías de lesbiana y gay (Segwick, 2002). Segwick lo describe de la siguiente forma: […] uno de los fenómenos a los que «queer» puede referirse: el amplio amasijo de posibilidades, huecos, solapamientos, disonancias y resonancias, lapsos y excesos de significado que hallamos cuando los elementos constitutivos del género o de la sexualidad de cualquier persona no están hechos para (o no se les puede hacer) significar de forma monolítica. (Segwick, 2002: 37) En segundo lugar, como lo describen trabajos recientes en torno a lo queer, “desvían el significado del término hacia dimensiones que la sexualidad y el género no pueden abarcar en absoluto” (Segwick, 2002: 38). En otras palabras, la propiedad de ser queer permite crear nuevas herramientas discursivas para comprender las identidades que surgen a partir de la intersección entre la sexualidad y otros factores tales como la “raza, la etnia y la nacionalidad postcolonial” (Segwick, 2002: 38), fenómenos que no habían sido teorizados previamente. 28 Por ejemplo, “los intelectuales y artistas de color cuya propia definición de identidad incluye lo queer – […] -utilizan la plataforma queer para hacer una nueva clase de justicia a las intricadas complejidades del lenguaje, de la piel, de la emigración y del Estado” (Segwick, 2002: 38). Como muestra el ejemplo mencionado, lo queer no solo permite repensar la sexualidad como sexualidades sino como sexualidades situadas en contextos determinados por factores que las median. En esa línea, el término queer pueda variar semánticamente dependiendo de la persona que lo describe. Así, por lo mismo que el término queer es, no solo relacional, sino personal y, como tal, contextual, este: [...] parece depender mucho más radical y explícitamente del particular esfuerzo de una persona, de sus actos performativos experimentales de autopercepción y afiliación. He aquí una hipótesis que vale la pena explicitar: en muchos e importantes sentidos queer puede denotar únicamente cuando va asociado a la primera persona. (Segwick, 2002: 39) Como vemos, ser queer o lo queer no tiene un significa específico ni características estables, más bien, es un término dinámico que ofrece una mayor amplitud teórica recoge las experiencias de todos aquellos que se identifican de esa manera. Esta postura, no obstante, también ha tenido críticas pues diversxs teóricos sostienen que es necesario reivindicar categorías como ser lesbiana o gay, en vez de replantear nuevas categorías que las remplacen. Se trata no solo de darle una connotación positiva a categorías que han sido desprestigiadas por el sistema binario, heterosexista y homofóbico, sino reclamar públicamente su importancia, valor, igualdad en derechos, entre otros. Entre dos relatos: el modelo del cuerpo equivocado y el modelo más allá del binario Talia Bettcher describe dos relatos hegemónicos para entender la identidad trans. El primer modelo el que denomina el modelo del cuerpo-equivocado (Bettcher, 2014). De acuerdo con este modelo, la transexualidad involucraría un desajuste entre la identidad de género y el cuerpo sexuado (Bettcher, 2014). Este modelo se nutre de la psiquiatría, medicina, sexología. Bettcher agrega que este modelo tiene dos versiones, la versión débil y la versión fuerte. De acuerdo con la versión débil del modelo del cuerpo-equivocado, “se dice que se nace con la condición médica de la transexualidad y, más tarde, mediante una cirugía de reconstrucción genital, una/o se convierte en una mujer o un hombre (en adecuado alineamiento con una identidad de género innata)”3 (Bettcher, 2014: 383). Por otro lado, según la versión fuerte del modelo, “el sexo real de una está determinado por la identidad de género; sobre la base de esta identidad originaria, una/uno afirma que siempre ha sido realmente la mujer o el hombre que dice ser”4 (Bettcher, 2017: 383). 3 Traducción propia. 4 Traducción propia. 29 En ambos casos, Bettcher considera que se promueve una versión patologizante de las personas trans, promoviendo la violencia transfóbica. Asimismo, este modelo no le da espacio a las personas cuya identificación sexo-genérica no responde a las categorías binarias de hombre y mujer. Además, es un modelo que si se lleva al extremo mantiene la discriminación frente a las personas trans porque el sexo puede entenderse no solo como sexo genital, sino como sexo gonadal, sexo cromosómico o sexo hormonal. Siguiendo estos criterios, las personas trans no podrían ser realmente hombres o mujeres, incluso con la reconstrucción genial y el uso de hormonas, porque les faltarían los otros aspectos sexo cromosómico (Bettcher, 2014). Esto continuaría promoviendo su marginización. El segundo modelo que distingue la autora es el modelo más allá del binario. Este modelo surge a mediados de los años 1990 cuando, por primera vez, “las personas trans estaban teorizando sobre ellas mismas”5 (Bettcher, 2014: 384). Al hacerlo, sostienen que la regulación médica de la transexualidad o lo transexual “es una de las principales maneras en las que la sociedad trata de borrar a la gente transgénero”6 (Bettcher, 2014: 384), promoviendo mecanismos de verificación genital transfóbicos y patologizantes. Frente a este modelo, desarrollan la categoría o concepto transgénero como un concepto paraguas que incluya a las personas cuya identidad sexo-genérica no se circunscriba solamente a la distinción binaria tradicional entre hombre y mujer como, por ejemplo, personas queer, de género no-binario, transexuales, travestido/as, drag queens y drag kings, entre otros (Bettcher, 2014). Además, buscó quitar de la discusión pública el estatus genital que la categoría transexual. Por ello, el modelo más allá del binario permitió una mayor flexibilidad e inclusión de las diversas identidades sexo-genéricas que el modelo cuerpo-equivocado permitía. Bettcher agrega que, sin embargo, el modelo más allá del binario también ha sido sujeto a diversas críticas dentro y fuera del movimiento LGTBIQ+. Por un lado, ha sido criticado por personas transexuales que se han sometido a operaciones de reconstrucción genital pues “se perciben a sí mismas como subsumidas no consensualmente bajo el paraguas transgénero y son equivocadamente asociadas con personas de género no binario (tales como travestidos)”7 (Bettcher, 2014: 385). Por otro lado, si bien el término transgénero fue inicialmente desarrollado para incluir a personas que se identifican más allá de la distinción binaria entre hombres y mujeres, ha terminado agrupando a personas trans que, precisamente, se autoidentifican de forma binaria (Bettcher, 2014). 5 Traducción propia. 6 Traducción propia. 7 Traducción propia. 30 Bettcher sostiene que ni el modelo más allá del binario, ni el modelo del cuerpo-equivocado “ofrecen una vía para teorizar a las mujeres trans como sujetos de la opresión sexual (como mujeres) y a la opresión transfóbica (como trans) de modos que estén plenamente fusionados”8 (Bettcher, 2014: 387). Para la autora, es fundamental entender la violencia transfóbica en el marco de la violencia sexual por dos razones: (i) para ofrecer un fundamento político para las reivindicaciones de las personas trans que se autoidentifican dentro de una categoría binaria tradicional como la de hombre o de mujer, y (ii) para desarrollar un discurso común que permita comprender la opresión trans de forma interelacionada con la opresión de las mujeres (Bettcher, 2014). Lo travesti La terminología o categorías utilizadas para hacer referencia a la comunidad trans han evolucionado con el paso del tiempo y varían dependiendo del contexto sociocultural en el que se encuentran. Además, como mencionamos previamente, estas han variado al incorporar como interlocutoras a personas trans para teorizar desde su experiencia. Esto permitió la incorporación del concepto o categoría “transgénero” al debate, alejándose de la noción de transexualidad propuesta por la medicina y la psiquiatría e incluir a las personas cuya identidad sexo-genérica no se circunscribe solamente a la distinción binaria tradicional entre hombre y mujer. Ahora bien, para el desarrollo de nuestra investigación es importante retomar otro concepto o categoría que ha sido usada y sigue siendo muy usada en América Latina. Esta es la categoría o concepto de travesti. Históricamente, se usaba el concepto de travesti cuando se hacía referencia a alguien que se vestía o se presentaba con prendas y accesorios tradicionalmente asociadas al sexo opuesto. Esto podía darse en el caso de quienes lo hacían para realiza espectáculos o performances, así como en el caso de quienes buscaban expresar su feminidad presentándose con accesorios tradicionalmente asociados mujeres. El travestismo o lo travesti también ha sido entendida como práctica disruptiva que ha puesto en cuestión los roles, estereotipos, atribuciones, características y fluidez del género. En el contexto peruano, siguiendo al colectivo No tengo miedo, lo travesti puede entenderse de la siguiente forma: Persona de sexo masculino que emplea una serie de recursos estéticos (maquillaje, vestimenta) y actitudinales (postura, manera de caminar, tono y timbre de voz) para presentarse de manera femenina. Esta palabra es comúnmente utilizada de manera despectiva, y suele utilizarse para nombrar a personas de escasos recursos económicos y vinculadas al trabajo sexual. También ha sido reapropiada por parte de la comunidad que busca resaltar las experiencias de esta corporalidad. (No tengo miedo, 2016: 14) 8 Traducción propia. 31 Como señala la cita, lo travesti se asocia principalmente con personas de sexo masculino que, a través de distintos mecanismos estéticos y corporales, presentan su feminidad. Los mecanismos estéticos se asocian con factores externos como el maquillaje, las espumas para darle forma a sus cuerpos, las extensiones de pelo, las uñas postizas, entre otras, y no con intervenciones quirúrgicas necesariamente. Este es un punto importante pues hay una asociación entre el “estatus de mujer” o, como lo veremos más adelante, “ser mujer de verdad” con intervenciones quirúrgicas, cuyo objetivo es borrar cualquier rasgo de masculinidad. En este contexto, lo travesti se usa de forma despectiva para referirse a compañeras trans que se presentan de forma femenina, pero cuya masculinidad sigue latente. Es una práctica de discriminación entre ellas denominar a otra mujer trans como “travesti” pues asocian lo travesti con la feminidad masculinizada. Por otro lado, no obstante, Cavagnoud sostiene que definirse como travesti puede entenderse como una elección identitaria que permite vivir la sexualidad homosexual a través de la prostitución (Cavagnoud, 2014). Este es el caso de quienes viven su sexualidad entre los matices de una feminidad trasgresora que mantiene características masculinas. Cavagnoud pareciera sugerir que identificarse como travesti es un mecanismo identitario para vivir su sexualidad, más que para expresar su género. Este es un punto de diferencia entre quienes se identifican como mujeres trans y quienes se identifican como travestis pues identificarse como mujeres trans, incluso en el caso de quienes se dedican a la prostitución, se vincula principalmente con la expresión de su identidad género. Finalmente, desde la academia y los movimientos sociales hay una reapropiación de lo travesti que busca revindicar las diferentes experiencias de la corporalidad por parte de la comunidad LGTB, así como poner en valor la importancia que tiene la trasgresión de los roles y estereotipos asociados al género para la desconstrucción de lo femenino y masculino. Esto se muestra, por ejemplo, en el Museo travesti del Perú de Giuseppe Campuzano. A través de imágenes, iconografía, escritos, piezas históricas, poesía el autor busca repensar lo travesti desde una mirada que le otorga el valor y la importancia que se le ha negado: “Al rescatar el patrimonio travesti, el museo se convierte en herramienta de empoderamiento, no pedido sino demanda de transformación e inclusión social. Del espacio simbólico–colectivo a las libertades individuales” (Campuzano, 2007: 9). 2.2. Entendiendo la transfobia: la retórica del engaño sexual Para entender la transfobia, vamos a desarrollar la propuesta de Bettcher en el texto Trapped in the Wrong Theory: Rethinking Trans Oppression and Resistance (2014). De acuerdo con la autora, cuando hablamos de transfobia hacemos referencia a “cualquier actitud negativa (odio, aversión, rabia o indignación moral) que se albergue hacia las personas trans en base a nuestras representaciones de género”9 (Bettcher, 2007: 46). Estas actitudes están a la base de la violencia contra la población trans por la manera como performan su género. Es decir, por la manera como 9 Traducción propia. 32 presentan públicamente su identidad de género. En esa línea, la autora analiza los mecanismos sociales que se han desarrollado para justificar la violencia transfóbica contra la población trans. De acuerdo con Bettcher, la violencia transfóbica suele justificarse a partir de una retórica del engaño sexual utilizada por quienes ejercen la violencia contra la población trans (Bettcher, 2007). La retórica del engaño sexual sostiene que las personas trans son las culpables de la violencia que se ejerce contra ellas al “engañar” al resto de miembros de la sociedad señalando que son mujeres cuando no son mujeres de verdad; o que son hombres cuando no son hombres de verdad. Bettcher agrega que este descubrimiento genera la rabia que luego termina en acciones transfóbicas, cuya manifestación extrema es el transfeminicidio. De esta forma, se usa la retórica del engaño sexual para quitarle la responsabilidad y la culpa a la persona que ejerce la violencia transfóbica y trasladársela a la víctima de la violencia, las mujeres u hombres trans (Bettcher, 2007). La retórica del engaño sexual se basa en la diferencia entre la apariencia- entendida como la presentación del género-, y la realidad- entendida como el cuerpo sexuado- (Bettcher, 2007). La transfobia surge cuando la presentación del género y el cuerpo sexuado no están alineados a los estándares tradicionales de la sociedad binaria. Para las personas trans, la transfobia es un mecanismo de discriminación estructural. Para entender retórica del engaño sexual, Bettcher agrega lo que denomina la imposición de la realidad a las personas trans. Esto sucede, por ejemplo, cuando una persona trans se presenta como hombre, pero luego otros miembros de la sociedad se refieren a ella como un “chico que se vistió como una mujer”. Es decir, imponen una identidad de género en la persona trans aun cuando esta exprese de forma explícita que esa identidad no la representa. La invalidación de la identidad a partir de la imposición señalada por la autora es una primera característica de la violencia transfóbica (Bettcher, 2014). Bettcher lo explica así: En los casos en los que la presentación pública del género y los genitales privados se construyen como mal alineados, esta relación de representación produce las condiciones para lo que llamaré imposición de la realidad —el tipo básico de transfobia que fundamenta la representación de la persona engañadora—.10 (Bettcher, 2014: 392) Pasemos a la segunda característica de la violencia transfóbica. De acuerdo con Bettcher, es muy frecuente que la distinción entre la apariencia o presentación del género y la realidad o cuerpo sexuado incluya “la visión de que los genitales son los determinantes esenciales del sexo”11 (Bettcher, 2007: 48). Esta ha sido la perspectiva tradicional que ha guiado la comprensión que se tiene de las diferencias entre los sexos y que, en la mayoría de los contextos conservadores, se mantiene. Por ello, cuando se busca exponer a la persona trans como engañadora a la hora de 10 Traducción propia. 11 Traducción propia. 33 presentar su identidad de género, se suele mostrar- mediante la fuerza- los genitales de la persona trans para exponer su realidad y, así, su engaño (Bettcher, 2014). Este mecanismo se basa en la retórica del engaño. Una siguiente característica de la violencia transfóbica es lo que Bettcher denomina la atadura doble de la persona trans como engañadoras o pretendientes (Bettcher, 2014). Siguiendo a la autora, las personas trans suelen verse frente a dos escenarios posibles. En el primer caso, pueden decidir no compartir que son personas trans y solo pressentarse como hombres o como mujeres. En estos casos, se exponen a que les llamen engañadores si se encuentra que son personas trans. Por otro lado, está el escenario en el que la persona sea abiertamente trans. En estos casos, a diferencia del escenario anterior, la persona trans pasa de ser engañadora a ser considerada como pretendiente (Bettcher, 2014). Es decir, a ser considerada como alguien que pretende ser lo que no es realmente. Por ejemplo, cuando se reconoce como mujer trans y la denominan como un hombre vestido de mujer. Una cuarta y última caracteristica de la violencia transfóbica, siguiendo el modelo de la autora, es la verificación genital. En este caso, se ancla la invalidación de la identidad de la persona trans en la noción de los genitales como una suerte de realidad oculta que revela el sexo de la persona. En esta línea, la autora señala que cuando se hace la distinción entre la apariencia o presentación de género y la realidad o cuerpo sexuado, señalada previamente, “los genitales juegan el papel de verdad oculta sobre el sexo de una persona”12 (Bettcher, 2007: 48). Por ello, la verificación genital es uno de los mecanismos más agresivos de la violencia transfóbica. 2.3. Agencia como resistencia Redes como estrategia de supervivencia Cotidianamente, las personas se relacionan con amigos, miembros de familia, compañeros del trabajo y otros conocidos que, en algunos casos, comparten el mismo estrato socioeconómico, mientras que en otros casos no (Lubbers et al., 2020). Estas relaciones sociales pueden ser una fuente de acceso a recursos valiosos, como lo son el dinero y los bienes materiales, además de facilitar la obtención de información, el desarrollo de habilidades, la obtención de consejos. Las relaciones sociales también pueden jugar un rol importante en cuanto a las estrategias que generamos para afrontar las adversidades. Y, también, pueden ser una ayuda para ascender socialmente. Es, a partir de estas relaciones, que se generan redes sociales a través de las cuales se intercambian los recursos necesarios para el desarrollo individual y colectivo. Las redes permiten coordinar acciones para obtener y compartir recursos, lo cual se denomina eficacia colectiva, y para evitar conjuntamente situaciones riesgosas. 12 Traducción propia. 34 Siguiendo a Lubbers et al., “el impacto de las redes no es unidimensional”13 (Lubbers et al.: 2020, p. 9). Por ejemplo, pueden agotar los recursos o limitarlos en un afán por lograr obtener capital social. Esto se da puesto que las relaciones sociales no son solo espacios de apoyo a través de redes y formas de cooperación, sino que también incluyen valoraciones, normas, formas de presión social y control (Lubbers et al., 2020). En esa línea, no todas las redes que se forman se basan en interacciones positivas que promueven el desarrollo mutuo. Hay casos en los que se pueden adoptar estrategias perjudiciales como resultado de formas de presión, chantaje o sesgos sociales aprendidos históricamente. Otro impacto negativo que pueden generar las redes es la violencia estructural. Esta se da en la medida en que las estructuras sociales ponen en desventaja a ciertos grupos en relación con otros generando desigualdades sistemáticas reproducidas y normalizadas cotidianamente (Lubbers et al., 2020). Los autores agregan que, como resultado, las relaciones sociales también tienen un rol importante en el desarrollo de la vergüenza, el estigma, los estereotipos, las burlas y diversas formas de explotación. Por ello, “las redes pueden tener efectos intrincados en el bienestar individual”14 (Lubbers et al.: 2020, p. 10). Lubbers et al. analizan tres propuestas para entender el vínculo entre la pobreza y su relación con las redes sociales: la solidaridad generalizada, el aislamiento generalizado y la solidaridad selectiva. Su análisis es clave para nuestra investigación pues nuestro énfasis está en el rol de las redes sociales como mecanismos de resistencia y supervivencia en las vidas de mujeres trans de baja condición social durante la pandemia generada por el covid-19. Pasemos, ahora, a las tres propuestas señaladas previamente. Comencemos con la solidaridad generalizada. Los autores, retomando diversas investigaciones, la describen de la siguiente forma: Las personas en situación de pobreza utilizan sistemáticamente extensas redes de parentesco (a menudo matrifocal) y otras relaciones estrechas, sobre todo con personas en condiciones económicas similares, para compensar la falta de recursos, adoptando sistemas de reciprocidad generalizada15. (Lubbers et al.: 2020, p. 13). Como lo señala la cita, la solidaridad generalizada supone el apoyo en diversos ámbitos de la vida a través de redes sociales que pueden incluir miembros de la familia, amigos y parejas. Lo positivo de este tipo de redes es que permiten cubrir las ausencias del Estado, de las instituciones, del sistema de salud, entre otros, además de la falta de recursos, carencia de empleo y necesidades económicas. Si bien esto les permite la supervivencia y subsistencia, también puede tener efectos negativos como limitar la movilidad social y generar exigencias u obligaciones con otros miembros familiares (Lubbers et al., 2020). 13 Traducción propia. 14 Traducción propia. 15 Traducción propia. 35 Pasemos al aislamiento generalizado. De acuerdo con las investigaciones analizadas, existen académicos que no están de acuerdo con la idea de que las personas de bajos recursos se apoyen en redes familiares para sobrevivir. En la misma línea, las investigaciones descritas sugieren que “los pobres no pueden confiar en sus redes para obtener apoyo de la misma manera que los más acomodados, debido al acceso restringido a la red y a los rendimientos”16 (Lubbers et al.: 2020, p. 15). Por ello, puede ser el caso que el apoyo termine por “exacerbar las vulnerabilidades y crear vergüenza y desconfianza, animando a las personas a hacer frente a la adversidad sobre todo de forma individual”17 (Lubbers et al.: 2020, p. 15). Además, sugiere que la relación entre pobreza y redes sociales puede terminar contribuyendo con la acumulación de desventajas, agudizando la situación de pobreza. Finalmente, tenemos la solidaridad selectiva. Esta perspectiva surge a partir de la información tan diversa y hasta contradictoria en los estudios sobre redes y pobreza. Como vimos anteriormente, en algunos casos los investigadores les dan un rol positivo y, en otros, pareciera que agudizan la situación de pobreza. Lubbers et al. sostienen que, si bien son propuestas que contrastan, también pueden verse como parcialmente complementarias. Las diferencias pueden ser el resultado de diversos factores, incluyendo el tipo de metodología usada, el grupo humano analizado o, en palabras de los autores, las condiciones a nivel macro en las que se desarrolló el estudio (Lubbers et al., 2020). Ahora bien, ¿qué se entiende por solidaridad selectiva? Siguiendo a Raudenbush (2016), la solidaridad selectiva supone la distinción entre solidaridad y desconfianza en las relaciones y conformación de redes entres diversos individuos. Ambas formas de relacionarse pueden ser adoptadas por la misma persona, pero aplicada en distintos momentos y con personas diferentes (Lubbers et al., 2020). Un punto adicional es que la solidaria se da selectivamente en la medida en que las relaciones familiares no son siempre de apoyo y reciprocidad. En muchos casos, las familias son fuente de conflicto, desconfianza e, incluso, violencia. Lazos descartables como mecanismo para sobrellevar la pobreza En el texto Disposable Ties and the Urban Poor, Desmond desarrolla una nueva explicación que busca entender las estrategias de supervivencia en los casos de personas de bajos recursos en zonas urbanas. Desmond argumenta a favor de la importancia de los lazos descartables formados entre extraños para poder satisfacer sus necesidades más apremiantes. Agrega que las familias desalojadas que analiza resultaron confiar más en las nuevas personas que conocen, que en sus propios parientes (Desmond, 2012). La investigación se centra, como se ha sugerido, en un grupo de inquilinos que son desalojados de sus casas por falta de recursos y, a través de los lazos descartables, logran sobrevivir el día a día. Desmond señala lo siguiente: 16 Traducción propia. 17 Traducción propia. 36 Para comprender mejor algunas de las estrategias de supervivencia de los pobres urbanos, realicé un estudio etnográfico de un año de duración, en el que viví en dos barrios de Milwaukee con bajos ingresos -un parque de caravanas de mayoría blanca y un barrio urbano de mayoría negra- y seguí a los inquilinos desalojados de sus apartamentos18. (Desmond, 2010: p. 1296) De acuerdo con la data obtenida por Desmond, las personas que fueron desalojadas buscaron el apoyo familiar en un inicio, pero encontraron diversas barreras en el proceso. Esta situación es la que los lleva a apoyarse en sus conocidos y formar lo que el autor denomina lazos descartables. Estos lazos se dan en contraposición a los lazos familiares o de parentesco, los cuales se asumen como lazos prolongados en el tiempo mientras que los lazos descartables tienen un corto periodo de vida. Durante el corto periodo de tiempo en el que se apoyan en los lazos descartables para sobrevivir el día a día, la intimidad entre los conocidos se da como mucha rapidez, así como los vínculos sociales entre ambos (Desmond, 2010). No obstante, hay casos en los que sí se apoyan en sus familiares y tienen experiencias positivas que les ayudan a salir adelante, aun cuando esta no es la norma. Otro de sus hallazgos fue que ninguna de las personas que fue desalojada salió adelante de forma individual. En todos los casos hubo un apoyo externo que resultó clave para lograr salir adelante. Siguiendo a Desmond, es posible identificar el apoyo de conocidos como más inmediato para cubrir las necesidades básicas del momento, mientras que el apoyo familiar podría entender más como una suerte de asistencia para cosas puntuales (Desmond, 2010). Esta es una de las razones por las cuales los lazos descartables se vuelven tan importantes. Para describir su noción de lazos descartables, Desmond menciona lo siguiente: Por lazos descartables, me refiero a las relaciones entre nuevos conocidos que se caracterizan por una intimidad acelerada y simulada, una gran cantidad de copresencia física (tiempo que pasan juntos), un intercambio de recursos recíproco o semirecíproco y (normalmente) una duración relativamente corta19. (Desmond, 2010: p. 1311) Es importante mencionar que, siguiendo a Desmond, los lazos descartables no se dan únicamente en el caso de personas de bajos recursos. Estos se dan, a su vez, en personas de mayores recursos, pero cumplen otra función. Como lo hemos mencionado, en el caso de las personas de bajos recursos su función es lograr su supervivencia. Por otro lado, en el caso de personas de estratos socioeconómicos medio o altos, los lazos descartables tienen como fin el “avance social, las transacciones financieras, los servicios, el sexo, y una variedad de otras cosas”20 (Desmond, 2010: p. 1312). 18 Traducción propia. 19 Traducción propia. 20 Traducción propia. 37 Ahora bien, estos lazos también traen ciertas consecuencias negativas como inestabilidad y recelo entre conocidos. Si bien la estrategia de crear, utilizar y quemar lazos descartables permitió a las familias que se encontraban en una situación pasar de un día a otro (Desmond, 2010), también generó inestabilidad puesto que estos lazos ayudan en el corto plazo, solucionando necesidades inmediatas, pero no son una solución definitiva. Además, como señala Desmond, generan recelo entre los compañeros. Esta situación se da, por ejemplo, cuando la personas que aloja a quienes fueron botados de su casa se da cuenta que se están aprovechando de su generosidad o comienzan a tener dinero y no lo comparten. El autor menciona el caso de una persona que recibe un cheque por discapacidad mientras se estaba quedando con un conocido y gasta una buena parte invitándolos a cenar, en vez de usarlo para cubrir sus necesidades. Si bien la motivación de invitarlos a comer como agradecimiento es buena puede generar frustración no ver que la persona desalojada reorganice sus gastos en base a sus necesidades diarias (Desmond, 2010). 2.4. El género desde una mirada interseccional La noción de interseccionalidad es desarrollada inicialmente por la teórica Kimberlé Crenshaw en el texto Demarginalizing the Intersection of Race and Sex: A Black Feminist Critique of Antidiscrimination Doctrine, Feminist Theory and Antiracist Politics publicado en 1989. Crenshaw desarrolla esta noción pues al analizar las experiencias de las mujeres afroamericanas encuentra que el género y la raza no deben entenderse como categorías de experiencia y análisis mutuamente excluyentes. Por el contrario, deben entenderse en conjunto pues ello permite evidenciar la multidimensionalidad de la discriminación que experimentan la diversidad de mujeres. Crenshaw agrega: Con las mujeres negras como punto de partida, se hace más evidente cómo las concepciones dominantes de la discriminación nos condicionan a pensar en la subordinación como una desventaja que se produce a lo largo de un único eje categórico. Quiero sugerir además que este marco de eje único borra a las mujeres negras en la conceptualización, la identificación y la reparación de la discriminación racial y sexual, al limitar la investigación a las experiencias de los miembros del grupo que, por lo demás, son privilegiados.21 (Crenshaw, 1989: 140) Ahora bien, durante mucho tiempo la teoría feminista ha utilizado un marco conceptual basado en un solo eje de discriminación para analizar las vivencias de las mujeres, ocultando otras formas y experiencias de discriminación (Crenshaw, 1989). Otra consecuencia del uso de este marco conceptual ha sido el desarrollo de una “análisis distorsionado del racismo y el sexismo porque las 21 Traducción propia. 38 concepciones operativas de raza y sexo se basan en experiencias que en realidad representan sólo un subconjunto de un fenómeno mucho más complejo”22 (Crenshaw, 1989: 140). Siguiendo a Crenshaw, la noción de interseccionalidad puede entenderse como una herramienta teórica que permite analizar la discriminación de género desde un marco conceptual multidimensional que incluye a las mujeres en su diversidad. Si bien ella la utiliza para analizar las experiencias de las mujeres afroamericanas, en la actualidad este enfoque se utiliza para analizar la discriminación de género en relación con otros ejes de discriminación como lo son la orientación sexual, la identidad de género, la religión, la edad, la discapacidad, entre otros. En esa línea, Crenshaw sostiene que el análisis y comprensión del sexismo y la discriminación por género deben replantearse desde una mirada interseccional. Esto no significa analizar el sexismo y discriminación como la suma de las variables mencionadas, sino que busca replantear los conceptos y marcos conceptuales existentes para que la comprensión inicial ya sea desde una mirada distinta. En el texto, Intersectional what? Social divisions, intersectionality, and levels of analysis, Floya Anthias desarrolla un marco teórico que analiza los diferentes niveles de análisis que identifica en el enfoque interseccional. Los tres niveles que desarrolla son los siguientes: ontologías sociales (primer nivel), categorías sociales como categorías de la práctica discursiva en la creación de límites y jerarquías (segundo nivel), y relaciones sociales concretas (tercer nivel). La autora busca, a partir de los niveles analíticos señalados, mostrar que identificarlos y agregarlos es clave para el desarrollo del marco teórico en cuestión por la complejidad e interdependencia mutua de las divisiones sociales. Ahora bien, de acuerdo con la autora, los niveles de análisis deben darse en relación con la siguiente pregunta: ¿a qué se está haciendo referencia (categorías sociales o relaciones concretas) la investigación? (Anthias, 2012). Anthias distingue dos dimensiones adicionales que deben considerarse al hablar de la noción de interseccionalidad: los ámbitos de investigación (organizativo, representativo, intersubjetivo y experiencial) e historicidad (procesos y resultados) (Anthias, 2012). A partir de lo señalado, su análisis busca contribuir con el debate actual en torno a la interseccionalidad como herramienta teórica enfatizando la importancia de las relaciones de poder y la jerarquía social, además del contexto socio-histórico. La autora agrega, no obstante, que debemos “más allá de un enfoque de categorías interseccionales y observar el panorama social más amplio del poder y la jerarquía”23 (Anthias, 2012: p.14). Esto incluye retomar una mirada individual a las categorías en sí mismas y no solo desde su intersección. Este punto quedará más claro en lo que sigue del presente trabajo. Niveles de análisis 22 Traducción propia. 23 Traducción propia. 39 Anthias distingue tres niveles de análisis. El primero corresponde al de ontologías sociales. Este es el nivel de análisis más abstracto y general. Por ontologías sociales, la autora se refiere “a las concepciones sobre los distintos ámbitos del mundo o las formas de organización del mismo”24 (Anthias, 2012: p.6). Estas concepciones se relacionan con el género, la etnia, la “raza”, la clase, entre otros, en la medida en que éstos actúan como mapas que permiten identificar dónde se sitúan los conjuntos de relaciones, cómo así se manifiestan en categorías y de qué forma se materializan en relaciones concretas. De acuerdo con la autora, “lo que genera las categorías de género, etnia, ‘raza’ y clase (así como sexualidad, edad, discapacidad y otras) es precisamente la comprensión de estos ámbitos como ontológicamente separados”25 (Anthias, 2012: p.6). La autora agrega que hablar de ontologías sociales no es hablar de las personas por sí mismas, “esta es la función de las categorías sociales, que proporcionan criterios para especificar cómo se clasifica o coloca a las personas”26 (Anthias, 2012: p.6). Esto nos da paso al segundo nivel. El segundo nivel corresponde a las categorías sociales como categorías de la práctica discursiva en la creación de límites y jerarquías. Siguiendo a la autora, las categorías sociales construyen criterios particulares que ordenan a las personas en distintas categorías. Son formas abstractas de categorización que varían según los criterios que se manejan y no son mutuamente excluyentes. Asimismo, pueden ser distintas de la forma como las personas se auto-categorizan en la vida social. Anthias agrega que esto “simplemente indica que clasificar a las personas en categorías implica un ejercicio de ordenación que puede hacerse de diferentes maneras, y que, de hecho, las propias personas no siempre actúan o se identifican de la manera indicada por estas”27 (Anthias, 2012: p.7). En el caso de las categorías de género, etnicidad, “raza”, clase, entre otros, es posible señalar que estas comparten ciertos parámetros que los diferencian y que, incluso cuando no son equivalentes, ni comparten una base histórica similar, comparten ciertas características en términos de “procesos de delimitación y jerarquización”28 (Anthias, 2012: p.7). Es importante señalar que estos límites han venido dándose de forma binaria, a pesar de que en la actualidad este binarismo cada vez sea más cuestionado. Es, a partir de ellas, que se categoriza a las personas y, como resultado, se les atribuye un conjunto de propiedades comunes. Estas pueden cambiar con el paso del tiempo y el contexto en el que se dan. Luego, la autora retoma un punto clave de la propuesta de Patricia Hill Collins (1990). De acuerdo con Hill, las categorías de género, género, “raza” y clase se construyen discursivamente a partir del ejercicio del poder. Este es un punto clave pues, si este es el caso, “la interseccionalidad no 24 Traducción propia. 25 Tradución propia. 26 Traducción propia. 27 Traducción propia. 28 Traducción propia. 40 puede proceder sólo con el axioma de la constitución mutua de las categorías por excelencia, sino que tiene que ocuparse también del funcionamiento de las categorías por separado como aspectos destacados del discurso y la práctica”29 (Anthias, 2012: p.8). En esa línea, Anthias agrega que “la separación de las categorías de género, etnia, ‘raza’ y clase (entre otras) es necesaria como primer paso hacia un encuadre que atienda a su articulación”30 (Anthias, 2012: p.8). ¿Qué quiere decir? La idea es que estas categorías son irreductibles, es decir, no se pueden subsumir unas a las otra o entenderlas como la suma de todas o algunas de ellas. Tampoco significa que operan de forma individual. Se las puede entender como formas de construir límites entre grupos de personas que, a su vez, les otorga valoraciones sociales. Anthias agrega lo siguiente: Además, las categorizaciones, por muy destacadas que sean, no pueden traducirse inmediatamente en términos de las relaciones concretas en las que se encuentran las personas. No se trata sólo de la relevancia de estas categorizaciones, sino de sus intersecciones y de su inserción en un complejo conjunto de relaciones sociales, situadas en diferentes ámbitos de la vida social y en contextos temporales y espaciales31. (Anthias, 2012: p.8) Pasemos ahora a las relaciones sociales concretas que, siguiendo a la autora, corresponden al tercer nivel de análisis. Las relaciones sociales concretas incorporan relaciones sociales de jerarquía. Usualmente, para un grupo oprimido, hay un grupo opresor. Hay ocasiones en las que uno es categorizado de cierta forma, lo cual supone ser parte de un conjunto de relaciones concretas con las que uno se puede identificar, pero también puede pasar lo contrario. Por ejemplo, una persona con ciertas características anatómicas puede ser categorizada como mujer y, por ello, ser situada en el conjunto las relaciones sociales como mujer y sentirse identificada. Puede darse el caso, también, que aún cuando una persona sea identificada de esa forma, la rechace y se sienta oprimida por ello. Es importante notar que este proceso va más allá de tipos de agrupaciones, tiene que ver como formas de identificación y pertenencia. Estos se dan a partir de patrones de interacción y coordinación. Anthias hace la siguiente aclaración: Las relaciones concretas de jerarquía existen como resultados del funcionamiento del poder, sustentadas en categorías sociales que naturalizan, colectivizan y esencializan las relaciones sociales, y a través del funcionamiento de los procesos de inferiorización (estigmatización, asco, desvalorización, falta de respeto), explotación (mercantilización de las personas y derivación de intereses y beneficios del ejercicio del poder sobre ellas como extensión del término marxista) y asignación desigual de recursos (que conlleva múltiples formas de desigualdad de acceso y desigualdad de resultados)32. (Anthias, 2012: p.10) 29 Traducción propia. 30 Traducción propia. 31 Traducción propia. 32 Traducción propia. 41 Ámbitos de investigación de la interseccionalidad Anthias distingue cuatro ámbitos de investigación: organizacional (posición estructural), representacional (discursos), intersubjetivo (prácticas) y experiencial (narrativas). En primer lugar, el ámbito que denomina organizacional se enfoca en la forma en la que se organizan las categorías dentro de los marcos institucionales (Anthias, 2012). Por ejemplo, “las estructuras y redes familiares, los sistemas educativos, los sistemas políticos y jurídicos, el aparato estatal y el sistema policial y de vigilancia”33 (Anthias, 2012: p.11). Luego está el ámbito representacional. Este se enfoca en lo simbólico, es decir, en las imágenes, textos, documentos y otras formas de transmitir información que pasa a través de las divisiones sociales que se dan en los marcos institucionales mencionados (Anthias, 2012). En tercer lugar, está el ámbito intersubjetivo. Este se enfoca en las prácticas que se realizan en relación con un tercero. Este puede ser otra persona o personas, así como actores no personalizados como el sistema judicial o ministerio de salud. Finalmente, está el ámbito experiencial. Este se vincula con las narrativas que construyen el significado de lo que se da en el espacio social, así como lo relacionado con lo afectivo, emociones, cuerpos, entre otros. Historicidad de la interseccionalidad de los ámbitos de investigación Anthias señala que al hablar de historicidad tenemos que considerar los procesos sociales y los resultados que éstos han generado (Anthias, 2012). Agrega que esto es crucial en la medida en que las divisiones sociales se dan de forma distinta dependiendo del momento histórico en el que se encuentran. La autora señala que “es necesario desentrañar los resultados (sincrónicos, como las imágenes fijas, por ejemplo, el desempleo en un momento determinado o como tendencia en un momento determinado) y los procesos (diacrónicos, como una película en movimiento, por ejemplo, la racialización y sus pautas a lo largo del tiempo)”34 (Anthias, 2012: p.12). Esto significa que deben entenderse desde un contexto de tiempo y de espacio geográfico concretos. La diferencia entre los procesos y resultados dependen del foco de la investigación, es decir, el fin del estudio determina el objeto de estudio y la forma de aproximarse. Ahora bien, hablar de procesos y resultados cuando queremos investigar fenómenos como el sexismo o el racismo muestran que no se pueden entender de forma aislada. Es decir, no puedes solo enfocarte en el género y la división sexual del trabajo como proceso si quieres entender el sexismo como resultado. Como sostiene la autora, “Esta es una de las ideas importantes de los marcos interseccionales que se encuentran tanto en las primeras versiones de la interseccionalidad como en las contribuciones más recientes. Esto me lleva a seguir considerando la noción de intersección, que considero el principio axiomático clave del marco de interseccionalidad”35 (Anthias, 2012: p.12). Esto la lleva a la pregunta por el proceso de intersección o de intersectar. 33 Traducción propia. 34 Traducción propia. 35 Traducción propia. 42 Este es un tema complejo que la autora desarrolla de forma más extensa, pero lo que queremos resaltar es la siguiente. La noción de interseccionalidad debe: [...] se centran en las dimensiones dinámicas y localizadas de la desigualdad y la división en términos de relaciones entre sí. Por lo tanto, la intersección no denota lugares específicos ocupados por individuos o grupos (por ejemplo, mujeres negras de clase trabajadora). Es un proceso; por ejemplo, la “clase” adquiere inflexiones racializadas o de género para personas concretas en lugares y tiempos específicos dentro de los ámbitos de la organización, la representación, la intersubjetividad y la experiencia36. (Anthias, 2012: p.13) A partir de todo lo señalado, Anthias menciona que su postura es que “las formas de distinción y desigualdad social se producen en complejas combinaciones de localización social en su sentido más amplio, forjadas a través de múltiples lugares”37 (Anthias, 2012: p.13). Asimismo, las relaciones de jerarquía que determinan las divisiones sociales surgen de las contingencias históricas que dependen de diversas formas de relaciones y mecanismos de poder que se dan en diferentes momentos de la historia y espacios sociales (Anthias, 2012). Como resultado, no todos los posicionamientos sociales son iguales o tienen valoraciones similares. Por ello, es fundamentar ser sensible a las relaciones que pueden surgir entre las categorías sociales en vez de presuponerlas (Anthias, 2012). 2.5. Enfoque del curso de vida El enfoque del curso de vida tiene tres conceptos claves y cinco principios básicos. Estos conceptos y principios pueden entenderse como herramientas teóricas y metodológicas que permiten una aproximación más completa al análisis de las trayectorias de vida. En nuestro caso, de mujeres trans de bajo recursos. Conceptos claves Los tres conceptos claves son los siguientes: (i) trayectoria, (ii) transición y, (iii) turning point. Para comenzar, la trayectoria refiere a “a una línea de vida o carrera, a un camino a lo largo de toda la vida, que puede variar y cambiar en dirección, grado y proporción” (Elder, 1991: 63). La trayectoria de una persona implica el reconocimiento del impacto del tiempo en la gestión y desarrollo de sus acciones y decisiones. Cada individuo avanza a su propio paso, trazando así su propia trayectoria. Las trayectorias implican la interdependencia de diversos ámbitos. Entre estos destacan el trabajo, la educación, la familia, la migración, etc. (Blanco, 2011: 12). De acuerdo con Mercedes Blanco, “el análisis del entrelazamiento de las trayectorias vitales tanto en un mismo 36 Traducción propia. 37 Traducción propia. 43 individuo como en su relación con otros individuos o conglomerados (de manera muy importante, con la familia de origen y procreación) es central para el enfoque del curso de vida” (Blanco, 2011: 12). En segundo lugar, está la transición. La “transición hace referencia a cambios de estado, posición o situación, no necesariamente predeterminados o absolutamente previsibles” (Blanco, 2011: 13). Ahora bien, existen ciertas transiciones que suelen darse con más frecuencia que otras pues responden a exigencias relativas a la edad. Para el enfoque del curso de vida, es importante destacar que las transiciones que tienen lugar en la vida de los individuos no son estáticas, ni inalterables. Por el contrario, pueden presentarse sin haberse anticipado y en situaciones muy diversas. Asimismo, puede ocurrir más de una transición al mismo tiempo pues una misma persona puede graduarse de la universidad a la par que consigue un nuevo trabajo y entra al mercado laboral. En este sentido, las transiciones implican la adopción de nuevos roles y nuevas normas culturales, así como nuevas narrativas socioculturales. Para entender las transiciones, es necesario enmarcarlas siempre en las trayectorias de vida pues son estas las que “les dan forma y sentido” (Blanco, 2011: 13). Su descripción implica el reconocimiento del periodo de vida en el que se dan, la etapa que los antecede y su duración. Pasemos al tercer y último concepto que desarrollaremos. Este es el de turning-point o, en la traducción que estamos utilizando, punto de inflexión. De acuerdo con el enfoque del curso de vida, el punto de inflexión en la vida de los individuos refiere a “eventos que provocan fuertes modificaciones que, a su vez, se traducen en virajes en la dirección del curso de vida” (Blanco, 2011: 13). Estos cambios de rumbo pueden ser el resultado de diversos factores, tanto positivos como negativos. Por ejemplo, pueden deberse a la muerte de un ser querido, la obtención de una beca de estudios o a una conversión religiosa. De acuerdo con Blanco, los puntos de inflexión se diferencian de las trayectorias y las transiciones en tanto que su aparición resulta, muchas veces, inédita. Como ya lo mencionamos, en el caso de las trayectorias y transiciones, es posible anticiparlos con mayor facilidad por las expectativas sociales que se asocian a ciertas edades y roles sociales. Mientras que los puntos de inflexión, solo se ven de forma retrospectiva (Blanco, 2011: 13). Principios fundamentales Pasemos, ahora, a sus cinco principios fundamentales. Estos principios son los siguientes: (1) el principio del desarrollo a lo largo del tiempo, (2) el principio de tiempo y lugar, (3) el principio de timing, (4) el principio de “vidas interconectadas”, y (5) el principio de agencia. Para comenzar, el principio del desarrollo a lo largo del tiempo refiere a “la necesidad de tener una perspectiva de largo plazo en la investigación y el análisis, ya que el desarrollo humano es un proceso que abarca del nacimiento a la muerte” (Blanco, 2011: 14). Asimismo, destaca la 44 importancia de relacionar los eventos y/o etapas específicas que se buscan conocer con los sucesos previos que les dieron cabida. En este sentido, el principio del desarrollo a lo largo del tiempo permite ver de manera global las vivencias de los individuos para conocer sus causas y consecuencias y, adicionalmente, ver como se relacionan con los cambios sociales (Blanco, 2011: 14). El segundo principio es el principio de tiempo y lugar. De acuerdo con Blanco, este “principio apunta directamente a la importancia de lo contextual” (Blanco, 2011: 14). Lo contextual hace referencia al espacio sociocultural en el que se mueven los individuos, el cual se nutre de una historia y un lenguaje particular. De acuerdo con este principio, el curso de vida se desarrolla siempre en contextos determinados y en lugares particulares que median e influencia las experiencias de las personas. Ahora bien, aún cuando todos los individuos que conforman un mismo grupo social estén en el mismo lugar y compartan la misma historia, sus diferencias de raza, género, etnia, clase social, sexualidad, entre otras, generan variaciones en estas vivencias (Blanco, 2011). Según la argumentación de Blanco, el tercer principio es el principio del timing. Este principio refiere al periodo de la vida de las personas en el cual sucede un evento. Este evento suele ser parte de las expectativas sociales que se le atribuyen a los individuos, y suele ser compartido por grupos humanos con características similares como lo son, por ejemplo, la edad y filiación religiosa. Asimismo, es importante señalar que los eventos repercuten de forma distinta en la vida de los diversos individuos. La muerte de un padre para una persona puede significar la pérdida de sus pertenencias, mientras que para otra el ascenso a ser rey. Por ello, no solo se pone énfasis en el evento mismo, sino en la etapa de vida en la que se lleva a cabo. Por ejemplo, el embarazo infantil tendrá consecuencias muy diferentes que el embarazo de una mujer casada con una carrera profesional. Los efectos de ambos embarazos impactaran de forma muy diversas tanta a la madre, como al bebé y al entorno familiar y social. Estas diferencias pueden derivar en la acumulación de desventajas por parte de unos, y en la acumulación de ventajas por parte de otros (Blanco, 2011). De acuerdo con Blanco, el principio de vidas interconectadas es el cuarto principio. Este principio “afirma que las vidas humanas siempre se viven en interdependencia, o sea, en redes de relaciones compartidas, y que es precisamente en estas redes donde se expresan las influencias histórico- sociales (Elder, 2002)” (Blanco, 2011: 15). En este sentido, este principio motiva el reconocimiento de la interdependencia entre las trayectorias de un mismo sujeto y las de otras personas y otros grupos. Esta interdependencia suele implicar que las transiciones personales tengan impactos en las transiciones de otras personas. Por ejemplo, amigos, familia, compañeros de trabajo, entre otros. Finalmente, el quinto principio es el principio de agencia. De acuerdo con Blanco, este principio se nutre del debate entre lo particular y lo universal, es decir, entre lo individual y lo estructural. 45 La idea es que la agencia del individuo le permite no solo obrar para sí mismo, sino que estas obras tienen efectos en su entorno cultural y social. Asimismo, recalcar la agencia de los individuos presupone dejar de lado la creencia de que las personas son entes pasivos que se dejan llevar sin capacidad de decisión y acción. No obstante, Blanco señala que estas elecciones, al enmarcarse en espacios socioculturales específicos, también implican diversas limitaciones (Blanco, 2011). 46 CAPÍTULO 3 DISEÑO METODOLÓGICO 3.1. Marco metodológico El objetivo principal de la investigación ha sido analizar la evolución de las estrategias de supervivencia de mujeres trans en Lima a partir de los factores de vulnerabilidad presentes durante la crisis sanitaria y social debida al Covid-19. Para ello, identificamos los factores de vulnerabilidad que afectan las trayectorias de vida de mujeres trans previos y posteriores a la crisis sanitaria y social debida al Covid-19. Esto permitió realizar una comparación donde identificamos los factores de vulnerabilidad que fueron agudizados y modificados por la pandemia, así como los nuevos que surgieron con ella. Para el desarrollo de la investigación, se desarrolló una metodología cualitativa que incluyó dos modalidades de entrevistas y una etapa preliminar de recolección de data a través de fuentes secundarias como periódicos y revistas que muestran la situación de mujeres trans en el Perú y América Latina. La información secundaria fue insumo para el desarrollo de las preguntas que compusieron la guía de entrevistas. Las dos modalidades de entrevistas han sido las siguientes: entrevistas a personas clave y entrevistas semi-estructuradas. Detallamos a continuación algunas de las fuentes para la recolección de data: • Fuentes secundarias Recojo de información a través de fuentes secundarias (internet) Fuentes secundarias Archivos artísticos Exposición "Lima Intrarrosa" (2012- 3) y "Triunfadoras" (2017-18) de Teresa Bracamonte Museo travesti del Perú de Giuseppe Campuzano (2008) Archivos de organizaciones internacionales ONU Mujeres Amnistía Internacional 47 UNFPA WOLA - Washington Office on Latin America Observatorio de Personas Trans Asesinadas (TMM) CEPAL OXFAM Archivo de organizaciones peruanas PROMSEX Féminas Perú Diversidades Trans Masculinas Perú Más Igualdad Perú Movimiento Homosexual de Lima - MHOL Presente Fuentes de noticias Ojo público Diario Gestión VICE News El Comercio La Diaria Feminismos BBC News Mundo Fuente: Elaboración propia • Fuentes primarias Recojo de información a través entrevistas a personas clave y entrevistas semiestructuradas. El propósito de las entrevistas a personas clave fue tener una mirada inicial del contexto en el que la población de mujeres trans en Lima se viene desarrollando, explorar las problemáticas histórico- sociales que vienen experimentando e identificar referentes claves en el movimiento LGBTIQ peruano. Entrevistas a personas clave (etapa preliminar) Fecha Modalidad Duración 23.07.2021 Entrevistas a personas clave 1 - K. 45 minutos 24.08.2021 Entrevistas a personas clave 2 – C. 50 minutos 25.09.2021 Entrevistas a personas clave 3 - R. 1 hora y 30 minutos 05.10.2021 Entrevistas a personas clave 4 - R. 1 hora 10.05.2021 Entrevistas a personas clave 5 - M. 1 hora y 15 minutos Fuente: Elaboración propia 48 Una vez concluida esta primera fase, pasamos a las entrevistas semi-estructuradas. Las entrevistas semi-estructuradas fueron realizadas a mujeres trans de Lima Metropolitana de forma presencial. Es importante notar que las mujeres trans del Centro de Lima entrevistadas son personas de bajos recursos que se dedican principalmente a la prostitución. Por ello, la variable socioeconómica es trasversal a la investigación y al análisis de la información. Entrevistas a profundidad y sesiones colectivas Fecha Modalidad Duración 21.08.2021 Grupo focal 1 98 minutos 04.09.2021 Entrevista personal 1 – Da. 56 minutos 11.09.2021 Entrevista personal 2 – St. 76 minutos 18.09.2021 Grupo focal 2 57 minutos 06.10.2021 Entrevista personal 3 – Ga. 118 minutos 08.10.2021 Entrevista personal 4 – Ki. 52 minutos 08.10.2021 Entrevista personal 5 – Lu. 70 minutos 16.10.2021 Entrevista personal 6 – Sal. 62 minutos Fuente: Elaboración propia A partir de las entrevistas buscamos conocer las trayectorias de vida de mujeres trans de Lima Metropolitana antes y durante la pandemia generada por el Covid-19. Esto ha supuesto conocer sus condiciones de vida, sus problemáticas, sus relaciones sociales y redes, así como sus estrategias de supervivencia para salir adelante. Nuestra unidad de análisis son las estrategias de resistencia de mujeres trans de Lima y la unidad de observación son las mujeres trans de Lima Metropolitana de bajos recursos. En este marco, los objetivos específicos planteados por la investigación son los siguientes: • OE 1: Describir los factores de vulnerabilidad que afectan a mujeres trans previos y posteriores a la crisis sanitaria y social debida al Covid-19. • OE 2: Comparar las experiencias de vulnerabilidad para identificar si se han agudizado, modificado o han surgido nuevas a partir de la crisis sanitaria y social debida al Covid-19. • OE 3: Identificar cómo han evolucionado las estrategias de resistencia de mujeres trans en Lima con la crisis sanitaria y social debida al Covid-19. 3.2. Trabajo de campo Iniciamos la investigación con las entrevistas a personas clave. Éstas incluyeron cinco sesiones a tres personas diferentes. Se trató de conversaciones informales exploratorias para tener una primera aproximación al contexto en el que la población de mujeres trans en Lima se encuentra, 49 las problemáticas más resaltantes y algunos referentes en el movimiento LGBTIQ peruano. Se realizaron tres conversaciones por teléfono y dos vías la plataforma zoom. Una vez que acabamos con esta primera fase, iniciamos el trabajo de campo. Luego, el trabajo de campo se realizó entre los meses de agosto, setiembre y octubre de 2021. Éste incluyó un total de seis entrevistas personales semi-estructuradas y dos sesiones colectivas. Todas las sesiones fueron grabadas, transcriptas y procesadas con el programa Atlas.ti. Es importante señalar que el inicio del trabajo de campo se pensó realizar las entrevistas a distancia a través de medios digitales dado que el índice de contagio de covid-19 en el Perú estaba muy alto y era peligroso salir de casa. Sin embargo, no fue posible realizarlas a distancia por un conjunto de barreras que hemos agrupado las barreras en tres categorías: (i) barreras por actores, (ii) barreras cualitativas, y (iii) barreras personales. En primer lugar, están las barreras por actores. Estas refieren al acceso a aparatos electrónicos e internet por parte de las personas que iban a ser entrevistadas. En segundo lugar, entrevistar a través de la pantalla o por teléfono dificulta el vínculo con lxs entrevistadxs y no permite desarrollar la confianza para poder contar sus experiencias de vida. A estas las hemos llamado barreras cualitativas. Esto es especialmente importante cuando los temas que a tratarse en las entrevistas incluyen situaciones complejas, de violencia y dolor personal. Considerando estas barreras, se decidió realizar las entrevistas de manera presencial. No obstante, el inicio de las entrevistas presenciales también demoró, principalmente, por las barreras denominadas barreras personales. Al vivir con dos adultas mayores, se tuvo que posponer el inicio del campo hasta que pasaron los 21 días de la segunda dosis de la vacuna de cada una de las adultas mayores. Una vez que el tiempo necesario pasó, inició el trabajo de campo en agosto de 2021. 3.3. Recojo de información El periodo de recojo de información fue de agosto de 2021 a octubre de 2021. Fueron tres meses de visitas quincenales a una de las nueve casonas del Centro de Lima donde viven mujeres trans. La técnica que utilizamos para contactar a quienes aceptaron ser entrevistadas es lo que se conoce como “bola de nieve” (Rostagnol y Recalde, 2021). Tuvimos un contacto inicial vía telefónica con la lideresa de la casona a través del cual nos presentamos y coordinamos una primera visita presencial. Durante esa primera visita conocimos a la lideresa y a cinco compañeras de la casona con quienes tuvimos un primer grupo focal. Una vez que acabó el primer grupo focal, se acordó que la siguiente visita sería para iniciar las entrevistas individuales. Notamos que fue clave para ellas conocernos antes de aceptar realizar las entrevistas a profundidad pues tienen una gran desconfianza a las personas que vienen de afuera. 50 En el pasado, han sido utilizadas para proyectos de investigación sin habérseles reconocido su aporte, ni valorado económicamente. Se realizaron un total de seis entrevistas a profundidad, de las cuales cinco fueron a las compañeras de la casona del Centro de Lima, y una adicional a una compañera que ya no vive en esa zona. Además, realizamos dos sesiones colectivas. Por cada visita, las entrevistadas esperaban algo a cambio, pero no se especificó algo concreto. Por ello, se llevaron víveres, ropa, y mantas que fueron divididas entre las entrevistadas y, en algunos casos, entre sus otras compañeras. La lideresa que contactamos inicialmente fue la primera de ellas en ser entrevistada. A las demás compañeras las conocimos durante el grupo focal y ahí aceptaron ser parte del estudio. Además de las cinco entrevistadas realizadas a las compañeras del Centro de Lima, se realizó una entrevista adicional a una mujer trans que ya no vive en el Centro de Lima. A ella se la contactó a través de un colega de la universidad quien nos puso en contacto desde un inicio, pero demoramos en concretar la reunión. La entrevistada ha salido del trabajo sexual y de las calles, y en la actualidad es una líder trans, activista. La conversación que tuvimos con ella fue muy importante pues ofreció la mirada de una persona que logra salir de las calles, pero mantiene las heridas que esa vida le causó. Para el recojo de información, utilizamos una guía de entrevistas y una grabadora que nos permitió grabar todas las entrevistas y sesiones colectivas. La guía de entrevistas estuvo organizada en función de las trayectorias de vida. Su objetivo fue poder comprender sus vidas, obstáculos, deseos, logros, metas, entre otros, desde una mirada amplia para distinguir las distintas dimensiones que tiene el proceso de autoconocimiento y transición en una sociedad machista, conservadora y transfóbica como la peruana. Se trató de conocer los recorridos que han realizado para poner en contexto sus decisiones, opciones laborales, dificultades, pero también su capacidad de agencia, autonomía y estrategias de supervivencia. Asimismo, el uso de las trayectorias de vida como herramienta conceptual nos permitió identificar hitos, luchas y episodios violentos en sus relatos para poder contrastarlos. Además del enfoque del curso de vida, utilizamos el enfoque de género desde una perspectiva interseccional para hacer la guía, llevar a cabo las entrevistas y analizar la data. La perspectiva interseccional permitió reconocer y tener en cuenta durante todo el proceso de la investigación que cuando hablamos de mujeres trans no hablamos de una población homogénea. El género se vive de múltiples maneras, además de que las condiciones de vida de cada una son únicas aun cuando puedan compartir el mismo espacio social en la actualidad. A continuación, se detallan las fechas, modalidad y duración de las entrevistas personales semi-estruturadas y las sesiones colectivas realizadas. Se modificaron los nombres para preservar la confidencialidad. 51 Entrevistas a profundidad y sesiones colectivas Fecha Modalidad Duración 21.08.2021 Grupo focal 1 98 minutos 04.09.2021 Entrevista personal 1 – Da. 56 minutos 11.09.2021 Entrevista personal 2 – St. 76 minutos 18.09.2021 Grupo focal 2 57 minutos 06.10.2021 Entrevista personal 3 – Ga. 118 minutos 08.10.2021 Entrevista personal 4 – Ki. 52 minutos 08.10.2021 Entrevista personal 5 – Lu. 70 minutos 16.10.2021 Entrevista personal 6 – Sal. 62 minutos Fuente: Elaboración propia Las seis entrevistas personales semi-estructuradas y las dos sesiones colectivas realizadas fueron grabadas y transcritas en su totalidad. Las transcripciones se realizaron con el programa Microsoft Word. Una vez que se realizaron las transcripciones, la data fue analizada y procesada como historias de vida. El análisis de la data puso en evidencia un conjunto de factores de vulnerabilidad previos y posteriores a la pandemia, la dimensión subjetiva de las entrevistas, la importancia de la agencia y convicción de las entrevistadas, el impacto del covid-19 en sus planes de vida y el conjunto de estrategias de supervivencia que vienen llevando a cabo. Las citas fueron etiquetadas para poder distinguirlas y posteriormente agrupadas a partir de las etiquetas utilizadas. Las herramientas de análisis incluyeron el enfoque de género e interseccionalidad y enfoque del curso de vida. 3.4. Variables utilizadas A continuación detallamos las variables dependientes e independientes utilizadas en la investigación, incluyendo la guía de entrevistas y el procesamiento de la data: • Variables dependientes (y): - Estrategias de resistencia: conformación y fortalecimiento redes de apoyo entre mujeres trans, incluyendo la organización de la limpieza, compras de comida y actividades de cuidado en familias de pares. Considerar la agencia individual y colectiva en este proceso. • Variables independientes (x): - Relaciones familiares: desintegración de familia nuclear, relaciones con familia elegida, conformación de familia de pares, etc. 52 - Migración: desplazamiento geográfico de personas o grupos por causas económicas, laborales, sociales, familiares, entre otras. - Situación laboral: estatus (empleo vs desempleo), tipos de empleo (trabajo sexual, peluquerías, etc.), nuevos empleos o mayor precarización de los empleos anteriores, economía personal (presupuesto personal, restricciones, sacrificar gastos). - Acciones del Estado: falta de reconocimiento de la identidad de género, ausencia de apoyo durante la crisis del covid-19, carencia de seguro de salud, etc. - Salud sexual y reproductiva: enfermedad de trasmisión sexual, anticonceptivos (frecuencia, tipos, usos), VIH, pareja (actividad sexual sin protección). - Violencia: psicológica, sexual, económica/patrimonial, verbal. - Transición: cuidado corporal, transfobia, comprensión de identidad trans, apoyo/ crítica por parte de familia y amigos durante transición, etc. - Crisis generada por el covid-19: enfermedad infecciosa que inicia a fines del 2019 y se esparce a nivel internacional generando una pandemia que sigue en el 2021. Incluir las acciones del Estado, sistema de salud, aumento de la violencia sexual y el desempleo. También la enfermedad, falta de medicinas y estigma, restricciones, cuarentena y aislamiento, miedo y salud mental, mayor vulnerabilidad a muerte y menor visibilidad en medios. 53 CAPÍTULO 4 CONTEXTO PERUANO: ESTADO DE EMERGENCIA NACIONAL POR COVID-19 El presidente de la República, Martín Vizcarra, confirmó el primer caso de coronavirus en el Perú el 06 de marzo de 2020. Frente a esta situación, se comenzó la implementación del “Plan nacional de preparación y respuesta frente al riesgo de introducción del Coronavirus 2019-nCoV”. Luego, el 11 de marzo- una vez que la OMS declaró el Covid-19 como pandemia mundial-, el gobierno peruano recién declaró la Emergencia Sanitaria Nacional. En el marco de la emergencia sanitaria, el 15 de mazo de 2020 inició la cuarentena obligatoria en todo el territorio nacional. La cuarentena obligatoria se implementó conjuntamente en todas las regiones del país entre el 15 de marzo de 2020 y el 30 de junio de 2020. Durante este periodo, solo podían salir a trabajar quienes realizaban actividades de primera necesidad, todo el resto de la población peruana tuvo que quedarse en sus hogares sin poder salir durante todo el periodo que duró la cuarentana obligatoria. La cuarentena obligatoria duró más de cien días. Una vez que se levantó la cuarentena obligatoria a nivel nacional, se pasó a lo que se denominó "cuarentena focalizada" por regiones. Según el índice de contagios y número de muertes, el Estado clasificó el nivel de riesgo de cada uno de los departamentos y, a partir de esa escala de clasificación, determinó las medidas de prevención que aplicaban para cada departamento. Ahora bien, durante la cuarentena obligatoria, todo aquél que no trabajaba en actividades de primera necesidad solo tenía permitido salir del hogar para actividades puntuales como comprar alimentos, medicinas o asistir a algún familiar o adulto mayor con alguna limitación. Los centros comerciales cerraron, las escuelas y universidades suspendieron sus clases mientras iniciaban el proceso de adaptación virtual, la mayoría de las empresas adoptaron la política de suspensión perfecta propuesta por el Estado para no seguir pagando sueldos ni otros costos y poder mantenerse a flote, muchos jóvenes regresaron a sus hogares una vez que se había mudado e independizado, entre otros. La cuarentena obligatoria fue una de las medidas adoptadas para evitar la propagación del coronavirus, pero también se implementaron otras medidas como, por ejemplo, el uso obligatorio 54 de mascarillas y protectores faciales, la distancia social, el uso de gel antibacterial y el lavado de manos frecuente, y el quedarse en casa y evitar las reuniones sociales aun cuando la cuarentena obligatoria se acabó. Además, el Estado implementó el toque de queda y las restricciones de movilidad en fechas importantes en las cuales suele haber mayores reuniones sociales como el día de la madre, navidad, año nuevo, entre otros. 4.1. Sistema de salud Desde el inicio de la pandemia, el Estado peruano intentó fortalecer un sistema de salud olvidado durante décadas que, sin la infraestructura necesaria y sin ofrecer al personal de salud los debidos cuidados, tuvo que afrontar la hospitalización y muerte desmedida que trajo la primera y segunda ola de contagios de Covid-19. Cuando comenzó la pandemia, en marzo de 2020, el Seguro Social de Salud (EsSalud) sólo tenía 122 camas UCI en un país con más de 30 millones de habitantes. Por ello, el Estado- a través del Ministerio de Salud- comenzó la ardua tarea de implementar más camas UCI, puntos de toma de pruebas, lugares para aislar y atender pacientes con Covid-19. Inicialmente, se destinó el Hospital Lima Este de Vitarte para la atención especializada de los pacientes graves infectados con Covid-19 que necesitaban estar en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Para los pacientes considerados no graves- es decir, que no necesitan oxígeno o que necesitan oxígeno y observación médica, pero no necesitan camas UCI-, se implementó en la Villa Panamericana un conjunto de pabellones aptos para recibirlos. La capacidad total en la Villa Panamericana fue para 3mil personas. En el Hospital Rebagliati EsSalud, por ejemplo, se implementó un área para la toma de pruebas y para aislar y atender en un primer momento a pacientes infectados para luego derivarlos a la Villa Panamericana o al Hospital Lima Este de Vitarte, mencionados previamente. Estas medidas se llevaron a cabo en la ciudad de Lima. A nivel nacional, las medidas fueron más lentas y menos efectivas. Si bien el Estado tiene la obligación de proporcionar las mismas oportunidades para todo el conjunto de peruanos, esto está muy lejos de suceder en la práctica. Esta realidad responde a la aguda centralización del Perú, la cual es evidente en la precarización de las distintas áreas que el Estado debería cubrir. Estas incluyen la educación, salud, transporte, infraestructura, entre otros. En lo que refiere a la pandemia, las medidas de salud implementadas en los diversos departamentos del país fueron tardías y aún más precarias. Además de la casi inexistente infraestructura del sistema de salud previo a la pandemia, el personal médico no contaba con las medicinas, apoyo necesario, equipos médicos, entre otros, para tratar al volumen de pacientes que el sistema nacional de salud cubre. Encima, las remuneraciones al personal médico eran y siguen siendo sistemáticamente más bajas cuando se trata del sistema de salud pública en comparación con el sistema de salud privado. A esta situación se le suman la falta de protocolos, vestimenta, mascarillas N95 y otros recursos necesarios para que el personal de 55 salud pueda trabajar en hospitales y clínicas evitando el contagio y, en muchos casos, la muerte. Dado que, durante la mayor parte del 2020 no había vacunas, no solo el personal médico, sino todo el personal de primera línea trabajó para salvar la vida del resto de la población arriesgando la suya. La propagación del virus fue tal que el Perú terminó siendo el país con la mayor tasa de mortalidad del mundo a causa del COVID-19 en el 2020. Frente al alto índice de contagios y la escasez de camas UCI, de oxígeno y de respiradores artificiales, muchas personas fallecieron en salas de espera en la emergencia de las clínicas, en sus casas e, incluso, en la calle. La escasez fue tal que ni teniendo un seguro de salud privado, era posible encontrar cama en los hospitales y clínicas. Todo estaba sobrepasado de capacidad y, sin embargo, los casos no dejaban de aumentar y las muertes diarias cada día subían más. 4.2. Educación El 12 de marzo de 2020 el presidente de la República, Martín Vizcarra, anunció la suspensión de clases en todo el territorio nacional. La suspensión de clases incluyó la educación primaria, secundaria, institutos técnicos superiores y universidades. Inicialmente, la suspensión de clases duraría dos semanas. En este momento, se hablaba de suspensión de clases en términos generales pues era incierto si se iba a poder volver a las aulas. Sin embargo, una vez que las autoridades se dan cuenta que la pandemia iba a empeorar, suspenden las clases presenciales y les piden a los centros educativos que inicien el periodo de virtualización. Así, las clases virtuales inician el 06 de abril de 2020. La suspensión completa de clases presenciales trajo consigo diversos retos que, a través de la educación a distancia, se intentaron enfrentar. La virtualización del contenido académico y la implementación de plataformas virtuales para llevar a cabo las clases a distancia fue un tremendo reto para los colegios, institutos técnicos superiores y universidades. En el sector privado el reto fue un poco menor por las facilidades que docentes y estudiantes podían tener como poseer computadoras, celulares, internet, etc. Esto no significa que haya sido fácil. Muchos estudiantes y docentes necesitaron apoyo para tener un internet estable que les permita conectarse a las plataformas virtuales y en varios casos necesitaron comprarse aparatos digitales pues no todos tenían computadoras o celulares de buena calidad. Sin embargo, en varios casos se contó con el apoyo de las instituciones privadas o con sus propios recursos. En el sector público, no obstante, el reto fue sobrehumano. Especialmente, en el área rural. Al vivir en un país donde la educación pública no ha sido prioritaria para las autoridades, el intento de virtualizar las clases no solo fue difícil a nivel de los y las docentes que tuvieron que adaptar sus cursos a un nuevo formato, sino por la falta de infraestructura generalizada. La mayoría de docentes y estudiantes no contaban con un buen internet para poder estar en las plataformas 56 virtuales, no tenían aparatos para conectarse como computadoras o, incluso, celulares, y, en muchos casos, tuvieron que apoyar económicamente a sus padres por la profunda crisis económica en la que el país cayó, perdiendo tiempo que antes usaban para estudiar. Esta situación agudizó, aún más, las diferencias educativas entre el sector privado y el sector público. En el caso de los colegios públicos, el Ministerio de Educación implementó la estrategia “Aprendo en casa”. Esta estrategia consistió en la elaboración de un programa educativo trasmitido por televisión nacional para niños y niñas de colegios públicos. Esta iniciativa buscó ser una salida para que niños y niñas sin acceso a internet puedan seguir aprendiendo mientras las clases presenciales estaban suspendidas. Se apuesta por el uso de la señal televisiva pues se identifica que la mayoría de estos niños no contaba con internet y/o aparatos electrónicos, aún cuando también era posible acceder al programa virtualmente. En el área rural, sin embargo, no todos los niños contaban con televisión para poder ver los programas. Por ello, el sector rural fue uno de los ejes prioritarios una vez que inició el proceso de vacunación y se comenzó con la propuesta de retornar a las aulas. Ahora bien, con la llegada de las vacunas al Perú en el 2021 y con el inicio del proceso de vacunación, se implementaron algunas actividades en los colegios urbanos como, por ejemplo, actividades deportivas- pero siempre por periodos muy cortos de tiempo y pocos días a la semana. A nivel de los institutos técnicos superiores y universidades, se implementó el ingreso al campus para estudiantes cuyas carreras requerían el uso de laboratorios, instrumentos de grabación u otras necesidades materiales que solo el campus podía ofrecer. En esa línea, el 2021 fue un año en el que se comenzaron a definir los protocolos para el regreso a clases presenciales, pero recién en marzo de 2022 es que los niñxs en zonas urbanas están volviendo a las aulas para la jornada completa. A diferencia de los colegios, no obstante, el plan de retorno a los institutos técnicos superiores y universidades en el 2022 sigue siendo lento y diverso. 4.3. Violencia intrafamiliar Ahora bien, debido a la escasa infraestructura del sistema de salud mencionada y a la rapidez del contagio, quedarse en casa parecía la mejor solución. Sin embargo, para un gran grupo de mujeres, niños y miembros de la comunidad LGTBIQ+, el confinamiento, lejos de garantizar su salud y seguridad, la ha vulnerado como consecuencia del aumento de la violencia sexual, violencia intrafamiliar y violencia física, entre otras manifestaciones de violencia, abuso y maltrato. Para fines de julio de 2020, un poco más de un mes luego de finalizada la cuarentena obligatoria, el Centro de Emergencia Mujer registró más de 1600 casos de violación sexual y 73 casos de feminicidio en todo el país. Además, las llamadas atendidas por la línea 100, línea de atención a personas en riesgo del Gobierno, se han incrementado significativamente en relación con las recibidas en el 2019. Hasta julio de 2020, se recibieron más de 130 mil llamadas para denunciar la 57 violencia sexual, mientras que en 2019 el número total de llamadas recibidas durante todo el año alcanzó las 119 mil 786 llamadas. Es decir, se recibieron más llamadas por violencia en 07 meses del 2020, que durante los 12 meses del 2019. Las estadísticas mencionadas ponen en evidencia que si bien permanecer en el hogar parecía la medida necesaria para evitar la propagación del virus, esto significó la vulneración de muchas mujeres, niños y personas LGTBIQ+ que no se encontraban segurxs en sus hogares, sino, más bien, eran espacio de conflicto, miedo, violencia y abuso. Otros elementos que agravan aún más los conflictos intrafamiliares en los cuales las mujeres suelen ser las víctimas y las parejas los victimarios, es la pérdida de empleos. En el caso de las mujeres, las hace aún más dependientes de sus parejas y les dificulta escapar de las relaciones abusivas y de la violencia doméstica. Mientras que, en el caso de los hombres, la pérdida de empleo aumenta su irritabilidad, frustración y comportamientos destructivos como el abuso del alcohol. Estos suelen ser factores coadyuvantes para el desarrollo de episodios de violencia (MIMP, 2022). Estas condiciones han hecho más difícil que las mujeres denuncien, pidan ayuda o salgan del ciclo de la violencia. Además, quedarse en el hogar ha significado la pérdida de redes sociales de apoyo y ayuda en casos de violencia doméstica, muchas veces claves para evitar que dichas situaciones escalen. Previamente a la pandemia, el Estado peruano- a través del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables -ha desarrollado estrategias para prevenir, atender y contener la violencia sexual en el marco del programa Aurora. Estas incluyen albergues temporales, equipos de emergencia itinerantes y servicios de atención de emergencia. Sin embargo, el número de refugios, equipos de emergencia itinerantes y servicios de atención de emergencia no eran suficiente antes del inicio de la pandemia. Con el incremento sustancial de casos, estas medidas son aún más insuficientes. Por ejemplo, para el 2020 sólo había 14 refugios temporales en todo el país. 4.4. Informalidad y crisis económica Otro de los grandes efectos de la pandemia en el Perú ha sido la crisis económica. La crisis económica ha sido potenciada por la informalidad en el sector privado. Estamos hablando de un país donde el 70% de trabajadores son informales. Es decir, el 70% de trabajadores peruanos viven de lo que generan diariamente y carecen de mecanismos de soporte en caso de no poder trabajar como CTS, línea de crédito, ahorros, indemnización si se quedan sin trabajo, AFP, entre otros. Esto significa que dependen diariamente de lo que generan al salir a trabajar. Por ello, cuando inició la cuarentena obligatoria tuvimos a un 70% de la población que de un día a otro se quedó sin ingresos. Esto generó un gran retroceso en la economía nacional que ha tenido ramificaciones en diversos sectores como lo son la educación, turismo, inmuebles, restaurantes, centros comerciales, ventas, bolsa de valores, etc. 58 La informalidad, a su vez, se suele asociar con una menor calificación para realizar los diversos trabajos, creando otra dificultad para quienes están en el sector informal. No solo esto supone menores ingresos, sino una recuperación más lenta una vez que el sistema económico comenzó a reactivarse. Esta situación exacerba, aún más, las desigualdades entre el sector formal e informal, así como las desigualdades en la región. Además, la informalidad suele incluir una mayor precarización del trabajo dado que las condiciones de trabajo no son reguladas y no hay garantías en cuanto a la duración de los empleos y del aumento disminución de los salarios. Este es un punto clave pues no solo tenemos un 70% de la población que se quedó sin trabajo durante la cuarentena obligatoria, sino que este 70% tampoco tuvo una proyección de si fuesen a tener trabajo una vez que pase la cuarentena y si ese trabajo les permitiría ganar lo suficiente para subsistir. El gobierno ha desarrollado un conjunto de estrategias y medidas complementarias durante los dos años desde que inició la pandemia. Inicialmente, estas buscaron amortizar el impacto económico durante la cuarentana obligatoria, pero una vez que la cuarentena acabó el gobierno buscó desarrollar medidas para reactivar la economía. Dentro de las medidas implementadas durante la cuarentena tenemos las siguientes. El Estado, a través del Ministerio de Economía y Finanzas, implementó un conjunto de medidas que buscaron ser un soporte para quienes perdieron el empleo durante la cuarentana obligatoria. Entre estas medidas, se autorizó al Programa Nacional de Asistencia Solidaria Pensión 65 y al Programa Nacional de Entrega de la Pensión no Contributiva a Personas con Discapacidad Severa en Situación de Pobreza (Contigo) a adelantar transferencias monetarias a usuarios para periodos de marzo-abril y mayo-junio. Además, el Estado, a través del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, creó el bono 'Yo me quedo en casa' con la suma de S/ 380 para hogares en condiciones de pobreza o pobreza extrema. Este bono luego lo expanden para personas independientes que viven del día a día y se volvió a entregar por segunda vez. Asimismo, el Poder Ejecutivo crea el fondo de apoyo empresarial a las mypes (Decreto de Urgencia Nº 029-2020) con el objetivo de mantener el desarrollo productivo y económico de las micro y pequeñas empresas del Perú. Las mypes peruanas podrán acceder a préstamos de hasta S/ 30,000 para poder amortiguar el impacto de la crisis económica en sus micro y pequeñas empresas. El préstamo tuvo un periodo de gracia de seis meses antes de que las mypes tenga que iniciar los pagos de la deuda. Otro mecanismo implementado por el gobierno fue trabajar con los bancos para reprogramar el pago de préstamos y deudas durante la cuarentena. A estas medidas se suma a autorización para retirar hasta S/2400 soles de la CTS, medida que solo aplica para trabajadores formales. En el caso de las AFPs, se aprobó la suspensión temporal del aporte mensual durante la cuarentena y se aprobó el retiro de hasta S/2000 soles quienes no han estado en planilla en los últimos 12 meses y a quienes no han aportado en los últimos 6 meses. Otra medida aprobada por el Gobierno ha sido dar un subsidio de 35 % de la planilla a las empresas por cada trabajador que gane hasta 1,500 soles. 59 Además de las medidas mencionadas, gobierno buscó desarrollar medidas para reactivar la economía luego de que acaba la cuarentena obligatoria, la cual duró más de 100 días. Estas incluyen el bono de apoyo familiar Yanapay Perú, incorporar el GLP al Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) para disminuir los precios, iniciar nuevas obras públicas para impulsar la economía del país, entre otros. Aun así, el Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (IEDEP) señala que la economía no crecerá lo suficiente en el 2022. Según sus proyecciones, el PBI peruano aumentará este año en 3,1%, lo cual no es suficiente para poder reducir la pobreza que afecta al 30,1% de la población peruana. Antes de la pandemia, los índices de pobreza rodeaban el 20,2%, sin embargo, la pandemia incrementó los niveles de pobreza llegando en el 2020 a 30,1%. Frente a esta situación, el Perú se encuentra en un momento muy complicado que afecta, principalmente, a quienes trabajan en el sector informal. 60 CAPÍTULO 5 ANÁLISIS DE RESULTADOS CUALITATIVOS A lo largo de esta sección presentaremos los resultados de las entrevistas a profundidad realizadas entre agosto y octubre del 2021. El análisis de la información obtenida en las entrevistas, la agrupación de los factores de vulnerabilidad, la identificación de sus estrategias y los criterios desarrollados para comprender sus trayectorias de vida han sido guiados por los conceptos y los principios del enfoque del curso de vida. Estos han sido trasversales a nuestro análisis y nos han permitido identificar los diversos matices que sus relatos revelan en relación con los eventos ocurridos antes del inicio de la pandemia y los eventos ocurridos una vez que inició la pandemia en marzo de 2020. Buscamos conocer, a través de sus relatos, si sus condiciones de vida han variado con el desarrollo de la pandemia generada por el Covid-19. Concretamente, si los factores de vulnerabilidad que vienen afectado sus vidas se han agudizado, modificado o han surgido nuevos con la pandemia y cómo han evolucionado sus estrategias de supervivencia. En esa línea, primero elaboraremos el perfil de las seis entrevistadas, luego pasaremos a los resultados de lo ocurrido antes del inicio de la pandemia y finalmente haremos referencia a los eventos ocurridos una vez que inició la pandemia en marzo de 2020. 5.1. Perfil de las entrevistadas Caso D.: En sus veintes – 24 años. Creció en el Callao. Huérfana de madre a los 13 años. No tuvo padre. Se identifica como una hija no deseada. Madre se dedicó a la mala vida. Su mamá no la quiso tener. Cuando se murió su mamá, se mudó con su abuela y cuidó de sus hermanos. Tiene cuatro hermanos menores, ella es la mayor. Siente un gran vacío y mucho dolor por el abandono de su madre. Pasó por el psiquiatra, psicólogo, y el proceso de hormonización. Describe la casa como en la que vivó como un lugar cómodo, humilde. Salió de casa a los 17 años. A esa edad comienza su transición y conoce las calles. 61 Actualmente tiene 24 años y desde entonces se dedica a la prostitución. Es creyente en Dios. Se encomienda cada noche que sale a las calles a trabajar. Caso S.: Originaria de Venezuela. Nació y vivió ahí hasta que llegó a sus veintes. Migró a Perú caminando desde Venezuela. Se demoró varios meses en llegar y recuerda haberla pasado muy mal en el recorrido. Viene de una familia pobre y no terminó la secundaria. Fue rechazada por su padre y se fue a vivir con su madre. No ha tomado hormonas porque no quiere perder lo que ganaría si luego interrumpe su tratamiento. Su cuerpo es muy delgado y femenino. Inició su vida laboral en una peluquería. Aprendió mientras limpiaba y comenzó a trabajar en ese rubro. Cuando inició su transición fue rechaza por su padre y tuvo que ir al psicólogo. Es creyente en Dios. Antes de pandemia, estaba ahorrando para comprar herramientas de peluquería para hacer trabajos por su cuenta. Perdió todos su ahorros durante la cuarentena obligatoria. Actualmente tiene 25 años y se dedica a la prostitución en las calles del centro de Lima. Caso G.: Originaria de Ica. Tiene padres campesinos y creció en una zona rural. Sus padres han sido líderes, activistas. Ella lo heredó de sus padres y desde pequeña buscó la justicia social yendo a protestas y apoyando diversas causa. Acabó los estudios superiores, pero no se recibió. La universidad no le permitió sacar su título con su nombre actual. Migró a Lima en búsqueda de mejores oportunidades para ella como mujer trans. Ejerció la prostitución cuando no encontró otras opciones laborales. Reconoce la importancia del feminismo y sororidad para salir de las calles. Actualmente tiene 29 años y es líder de izquierda y activista política. Caso K.: Originaria de Piura. Migró del norte cuando era pequeña en compañía de su familia. Trabajó durante mucho tiempo en la prostitución, pero logró un puesto momentáneo en la municipalidad cuando una persona conocida tuvo una posición de poder. Actualmente está en sus cuarentas y ha vuelto a las calles. Desde pequeña ha tenido aptitudes de liderazgo, sin embargo, tiene un carácter dominante que la vuelve temida por las demás chicas de la casona. Se inició en la prostitución cuando acabó la secundaria y comenzó a transicionar. Tiene 17 años en el trabajo sexual. No tiene pareja, ni ha tenido en los últimos tiempos por su carácter fuerte. Vive en un cuarto pequeño y en la actualidad no tiene buena relación con sus compañeras. Caso Sa.: 62 Originaria de Iquitos. Migró de la selva a Lima hace 20 años. Ella migró a Lima con la ilusión de tener mejores oportunidades de vida una vez que inició su transición, pero al llegar se inició en la prostitución. Actualmente, tiene 43 años y sigue trabajando en las calles. Ha intentado salir de las calles, pero no ha podido. Dejó de trabajar en las calles por un periodo de tiempo, pero se mantuvo trabajando en cuartos. Este cambio se dio como resultado de la pareja que tuvo en ese periodo tiempo. En otro momento intentó poner un negocio y no funcionó. Antes de la pandemia estuvo ahorrando para volver a su tierra y poner una bodega, pero perdió sus ahorros para sobrevivir durante la cuarentena. Ella vive en un cuarto más grande que el del resto con el apoyo de su pareja y tiene un perro. Las compañeras de la casona confían en ella por su honestidad. Es una persona directa que dice las cosas como son. Caso L.: Originaria de Iquitos. Cuando era pequeña, su familia tenía una bodega que les permitía vivir, pero luego el papá los abandona y se quedan sin ingresos. Su mamá trabajaba en el mercado y bebía en exceso. Luego falleció. Migró a Lima en búsqueda de mejores oportunidades. Antes de llegar a Lima, viajó a Pucallpa. Ella decidió migrar cuando inició de su transición, pero no logró generar ingresos en Pucallpa. En Lima comienza trabajando en una peluquería, pero gana muy poco y eso la lleva a la prostitución. Vive en un cuarto muy pequeño compartido con una compañera. 5.2. Resultados: experiencias previas a la pandemia Comenzaremos describiendo los resultados de las entrevistas a profundidad en lo que refiere a las trayectorias de vida de las mujeres trans antes de la pandemia iniciada en marzo de 2022. Los hemos dividido en cuatro secciones: (6.2.1.) Factores de vulnerabilidad previos a la pandemia, (6.2.2.) Dimensión subjetiva, (6.2.3.) Agencia y convicción, y (6.2.4) Estrategias de supervivencia previas a la pandemia. 5.2.1. Factores de vulnerabilidad previos a la pandemia Siguiendo las entrevistas realizadas, hemos identificado 10 factores de vulnerabilidad que, desde antes del inicio de la pandemia, vienen afectando a una gran cantidad de mujeres trans. Estos factores son los siguientes: (i) Desvinculación familiar temprana y migración, (ii) Deserción escolar y ausencia de estudios superiores, (iii) Precariedad laboral, (iv) No reconocimiento de su identidad de género, (v) Salud precaria y VIH, (vi) Violencia y discriminación, (vii) Acceso limitado a servicios, (viii) Tecnología de los cuerpos en el proceso de transición, (ix) Vínculos sociales precarios y (x) Vínculos afectivos precarios. (i) Desvinculación familiar temprana y migración 63 Un primer factor de vulnerabilidad que hemos identificado es la desvinculación familiar temprana y migración. En la mayoría de los casos, la desvinculación familiar temprana se da cuando comienzan a transicionar. Esto sucede, en la mayoría de los casos, cuando acaban la secundaria y comienzan a dejarse el pelo largo y manifestar su feminidad. Las entrevistadas mencionan que algunas son expulsadas de sus hogares por el rechazo visceral que sienten sus familias, especialmente, sus padres o familiares varones. No, por mi nombre me dice, no más de hombre, pero como te digo no hablamos mucho [con mi papá]. Y si habla conmigo es en mí misma casa, ahí no más hablamos y ya, pero no me abraza, me da la mano así como si fuera un hombre, así no más, así me trata él, no me abraza como a un hijo así, porque es mi papá pues, no, nada, me echa la bendición así pero cuando está con gente, ni me mira, y eso a veces me da cólera, porque así como es él en la casa entonces no me hables, si no me quieres hablar entonces no me hables nunca, pero más daño me hace así cuando me desprecia en la calle, y eso es lo que me hace más daño a mí, porque me siento mal... por eso le digo a él "yo prefiero mil veces que ya no me hables más nunca", y yo por eso trato de no chocármelo ni nada, no, ni pregunta por mí. Sabiendo que estoy acá ni ha preguntado por mí, ¿dónde está?, no, entonces yo ya siento que no me quiere. (S.) Estos sentimientos de rechazo hacia ellas afloran cuando comienzan a transicionar. Este rechazo trae consigo una carencia afectiva muy fuerte por la ausencia del padre en su vida. Ellas terminan experimentando una suerte de orfandad por la pérdida de sus vínculos familiares y, en muchos casos, de sus vínculos amicales. Esto las deja solas, sin redes de apoyo e, incluso, sin un techo donde dormir en las noches. Tienen que comenzar de nuevo. No fui aceptada por mi papá. Con mi mamá, sí; pero con mi papá nunca fui aceptada. Llego a salir de mi casa, porque no era aceptada por mi papá. Al salir de mi casa ya empiezo esta vida. Tocaba puertas de oportunidades para trabajo, pero no me lo querían dar, no me lo daban. Entonces, yo ¿qué decía?: “¿Qué más me queda? Estoy en la calle, estoy sola. Si he salido de mi casa es para superarme: no es para de nuevo llegar y llegar igual”. ¿Qué más me quedó, pues? Pararme en las esquinas y empezar trabajo sexual. Pero realmente yo no quería este trabajo. Y creo yo que varias de las chicas no somos felices al dar este tipo de trabajo. Porque no somos felices, pues. Estar parada… No sabemos qué persona va a salir. Uno sale de nuestro cuarto y no sabemos si de nuevo regresamos bien a nuestras habitaciones. Una está expuesta a lo que nos pueda pasar en las calles. (K.) La falta de aceptación, en muchos casos, va de la mano con episodios de violencia intrafamiliar. Como relatan la mayoría de las entrevistadas, la violencia suele ser, en su mayoría, ejercida por el padre. Suele ser el padre el que más se avergüenza cuando comienzan el periodo de transición, lo 64 cual va de la mano con el rechazo tanto público como privado, así como casos en los que pasan a ser ignoradas por completo por su familia paterna. Ya, ya, pelo largo, pero con el tema del colegio, yo seguía en la nocturna, pero mi papá un día me dijo que… nunca me aceptaba mi papá, nunca, nunca, me decía varón varón… y un día mi cabello estaba largo, y yo vivía en la… teníamos otra casa… mi mamá… mi papá había comprado una casa pues, y este… y yo me fui a la discoteca, me gustaba ir a fiestas, vine pues y mi papá me había cortado el cabello, me lo dejó chiquitito. (L.) Sí, varios conflictos [con mi papá]. Sí. Porque incluso llegó varias veces a ponerme la mano, pues. Me decía “Si tú eres varón, tienes que ser varón. No tienes por qué…”. Ya yo me empecé a depilar. “¿Por qué tienes que depilarte? ¿Acaso quieres ser maricón? ¿Por qué haces eso? Mis amigos están que me dicen que tú eres maricón, que esto que el otro. Yo no quiero tener un hijo así”. Y así, pues. Varias cosas así me decían. (K.) Varias de las entrevistadas relatan episodios de violencia física por parte de sus padres. Recuerdan ser golpeadas y violentadas. Las paleaban y las reñían especialmente cuando comenzaron a dejarse el pelo largo volviéndose más evidente su transición. En varios casos cuentan que sus padres querían introducirlas a trabajos rudos, bruscos con la idea de que se “vuelvan hombres”. Ya un poco, que ya sí pues, pero ya tiene su edad también, pero él, él antes por ser a la antigua no me aceptaba, me pegaba bastante, me paleaba como dicen, ¿no? Pero mi mamá sí me aceptaba, todo todo mis cosas, a veces mis amigas venían, no le gustaba a mi mamá que me visiten, porque “¿qué vas a invitar a tus amigas?”, venían a visitar, no le gustaba pues, se molestaba mi mamá. (L.) De todas formas, o sea yo no lo he experimentado, pero lo veo. Machismo en casa, que viene desde casa, desde hogar. “No puedes agarrar un… no puedes jugar vóley porque tú eres hombre, no puedes agarrar una pelota porque tú eres mujer, no puedes jugar partido tú eres mujer, no puedes llorar tú eres hombre”, o sea ¿dónde? Todos somos seres humanos, todos sentimos, a eso me voy. (D.) Me regañaba, me decía "compórtate como hombre, así hacen las niñas" me decía "quítate el short, los shorts así pegaditos son para mujeres" pero yo me sentía bien así, y yo agarraba mi short y más me ponía más cortito, y él me decía "¿por qué haces eso? eso es de mujer" yo no le hacía caso... me iba a comprar ropa y me compraba la ropa ancha él, y yo por eso tenía unos problemas porque yo no quería usar esa ropa, y yo no quería agarrar esa ropa, y quería pegarme pues en ese entonces, pero no, no me dejaba pegar tampoco me salía corriendo, y ya pues, se le pasaba su bravura y ya pues, dejaba las cosas así... pero sí con él sí tuve un poco de roches. (S.) 65 Las madres, por el contrario, les ofrecen una mayor aceptación y, aun cuando se van de sus casas, mantienen una relación con ellas. En algunos casos, es recién cuando muere el padre que ellas retoman el contacto con sus familias. Hasta los 12 ya, pero yo me fui con él a vivir, yo iba un día sí un día no, me iba donde mi mamá me iba donde mi papá, pero más me gustaba estar con ellos, con mi abuelita, más la acompañaba más a mi abuelita, pero ya me había adaptado así, porque mi abuelita también me quería mucho, después de esto yo siento que ya no me quiere, pero no fue por mí, no fue por ella, fue por mi papá, porque mi abuelita no quería que yo me fuera, ella decía "no, déjalo quieto acá no más" y ella me tenía querer ahí igualito así fuera como fuera pero ahí, pero mi papá ya me quería poner al trabajo brusco pues, quería ponerme a hacer cosas que yo no quería, entonces yo no, yo dije "me voy". (S.) Yo sí lo quiero abrazar, lo quiero abrazar porque es mi papá pues, uno necesita a veces un abrazo de un papá, pero por eso yo evito, no abrazarlo pues, porque yo ya me di cuenta de que él se cohíbe. Él estaba en una reunión que había bastante gente, y yo llego, él se cohíbe, él se va a otro lado, se hace como que no me hubiera visto. Y eso está mal pues, porque no le tiene que dar pena a uno, ya todo el vecindario y toda la gente sabe que él es mi papá, ¿qué va a hablar la gente?, no puede decir nada, porque él es mi papá, verdad no puede, o sea es lo que yo dijo a él, no le veo el esmero de que él me desprecie, él lo hace porque él quiere por el machismo. Pero yo lo dejo que haga lo que quiera, no me importa, si no me quiere no me quiere no me interesa, qué le voy a hacer. A mí no me importa, a mí la única que me importa es mi mamá, ella sí me importa porque ella es la que está ahí, sale conmigo pa acá, pa allá, jode, y es con la que yo vivo. Y mi mamá nunca se ha apenado de mí, no... empezando sí se apenaba, empezando, pero ya después regia, ya ahorita uf. (S.) [Cuando fallece mi papá] Ya regreso a mi casa de nuevo a retomar mi vida familiar con mi mamá, mis hermanas y todo. Y ahí sí ya mi vida fue tranquila, creo yo, porque ya no hay nadie que me decía “¿Por qué eres así? ¿Por qué haces eso?”, sino que ya fue mi vida normal. (K.) Por otro lado, hay quienes relatan que deciden irse de sus hogares y pueblos cuando transicionan para comenzar de nuevo. A veces por falta de aceptación, pero a veces con la intención de iniciar sus vidas nuevamente como realmente se sienten cómodas sin tener que dar explicaciones. Es aquí donde se observa el vínculo entre la desvinculación familiar temprana y el proceso de migración. Algunas migran a otras ciudades, mientras que otras migran a otros países. En el primer caso, la mayoría suele migrar a Lima. La mayoría de las mujeres trans entrevistadas que han migrado a Lima relatan que, inicialmente, pensaban que Lima sería la tierra de las oportunidades y, sin embargo, cuando llegan se encuentran con una realidad más dura y difícil de la que pensaban. 66 En la mayoría de los casos, observamos que la desvinculación familiar temprana las lleva a vivir en las calles y, en ese proceso, se inician en el trabajo sexual. De acuerdo con sus relatos, esto se da porque al salir de sus casas tempranamente no tienen ahorros, ni estudios superiores que les permitan integrarse al mundo laboral. Además, al estar en proceso de transición, sus rasgos masculinos suelen ser más agudos y ellos las vuelven más susceptibles a ser víctimas de transfobia y discriminación por su apariencia física. Como lo mencionamos previamente, todo esto va acompañado de una suerte de orfandad por la pérdida de sus vínculos familiares y amicales que, al no tener redes de apoyo que las acompañen durante este proceso de transición, la lleva al trabajo sexual como la única opción posible para sobrevivir. Otra consecuencia de la desvinculación familiar temprana es la pérdida de sueños y planes de vida. El abandono de sus planes de vida es algo muy importante que les afecta y acompaña a lo largo del tiempo. Varias de las entrevistadas relatan que, al irse de sus hogares, sus planes de vida son atropellados y terminan en el olvido. Estos a veces eran acabar la secundaria e ingresar a instituciones de educación superior o a institutos de belleza. Podemos observar que al desvincularse de sus familias e irse de sus hogares, pasan a modo supervivencia donde el énfasis está en conseguir un lugar donde dormir para no vivir en las calles y algo que comer para no morir de hambre. Es aquí donde, como ya lo mencionamos, entra el trabajo sexual. (ii) Deserción escolar y ausencia de estudios superiores Un segundo factor de vulnerabilidad que hemos identificado es la deserción escolar y ausencia de estudios superiores. En varios casos, las mujeres trans entrevistadas relatan haber sido violentadas o haber sufrido bullying en la escuela. Los espacios más comunes donde se daba esta violencia eran los baños y los recreos. En ambos casos, notamos que se trata de espacios en los que no hay una autoridad adulta presente. Una de las entrevistadas recuerda aguantarse las ganas de miccionar diariamente para evitar usar los baños del colegio luego de haber sido violada por sus compañeros. “El recreo era un espacio violento para mí. Mis compañeros y compañeras ejercían violencia contra mí, sobre todo los niños. Tampoco iba al baño. Me aguantaba ir al baño porque a mí me violaron el primer año de primaria y tenía mucho miedo de eso. Cuando fui creciendo también tuve intentos de abuso sexual, de violencia sexual en los baños de la escuela, así que yo aprendí a aguantarme el orín todos los días de la escuela. Entonces, durante todo ese proceso, después de haber intentado ser quien soy y darme cuenta de que quien era me traía problemas… Y en ese entonces yo pensaba que la culpable era yo. Yo comencé a tomar las noches para poder rogarle a diosito Diosito, por favor, vuélveme hombre. Quiero ser como el resto de chicos. Pero nunca pasó.” (G.) 67 Asimismo, recuerda que los recreos eran espacios donde proliferaba el bullying y la burla, en vez de ser momentos de diversión y confraternidad como lo era para la mayoría de niños y niñas: “Me comenzaban así a querer molestar, pero yo no tanto, yo me alejaba pues, al otro sí le hacían más bullying al compañerito, mi compañero que era así pues…” (L.). No pues, normal así… pero tenía otro compañerito igual que yo también, él era así, éramos hombrecitos así… y ya pues... sí nuestros compañeros, porque éramos… había sección costura pues, y normalmente las mujeres estaban en costura, y los hombres carpintería, y a nosotros nos pusieron en carpintería, y a veces los profesores sabían y nos dejaban con llave pues no, pero todo era así, se miraban, comenzaban a molestar pues, eran bien fregados mis compañeros, eran bien fregados eran esos compañeros. (L.) No era que me hacían daño, me pegaban, no, solo de palabras, palabras y eran bien... me jodían por acá, me jodían por allá, pero siempre quería ir al colegio, nunca me quitaban las ganas de ir al colegio, siempre me gustaba el estudio, a mí siempre me ha gustado estudiar. (S.) Además, las entrevistadas relatan que, mientras los niños las trataban mal y se burlaban de ellas, encontraban amigas y confidentes en las niñas. Muchas de ellas recuerdan haber visto cómo se vestían y cómo se arreglaban sus amigas y pensar que ellas también querían verse así pues no se sentían identificadas con la ropa masculina que sus familias y el colegio las obligaban a usar. No, bonito, bonito, mi colegio fue bonito, siempre me lo pasaba con las chicas, mis amigas todas eran chicas, inclusive mi mejor amiga está acá en Perú, del colegio, y siempre me acuerda cómo éramos nosotras, porque ella era mi confidente pues, ella sabía todo de mí, pero nunca me delató tampoco, sabía todo y era buena amiga, inclusive aquí está ahorita en Perú ella también se vino, y siempre me escribe a mi WhatsApp, "¿cómo estás?" ya, ella era mi mejor amiguita del colegio, o sea que dejé de estudiar y ya... (S.) La entrevistada señala que el colegio fue bonito y, sin embargo, ella misma luego señala lo siguiente: Ah sí, los niños, los niños son los más odiosos, ellos sí me jodían, pero ya no le paraba, siempre me decían "maricón" así, cosas así, allá en Venezuela son bien así, y me jodían pero yo no les paraba, yo con mis amigas, pero siempre he estado con mis amigas pues, nunca he tenido amigos hombres, nunca, todas éramos mujeres con mis amigas, y yo veía que mis amigas se ponías sus falditas, sus botas, y yo decía "yo también quiero ponerme así", cuando nos graduamos yo quería ponerme con mis amigas y tuve que ponerme con los niños pues, y yo quería ponerme mi faldita, mis botas hasta acá, así como mis amigas pues, ya yo veía yo quería el pelo largo así, pero bueno, ya gracias a Dios ahora ya sí puedo 68 ponerme lo que yo quiera, me siento reina, por eso le digo a mi mamá "yo ahorita me siento feliz, y soy feliz como soy, y no me importa lo que digan los demás". (S.) Como resultado de la violencia y el bullying, algunas de las entrevistadas relatan haberse salido del colegio o haberse cambiado a otra modalidad de estudios. Por ejemplo, pasarse al horario nocturno donde había más flexibilidad para ir vestidas como ellas realmente querían sin encontrarse con el resto de chicos que conocían desde pequeñas. Sí, dejé el primer año dejé, el segundo año ya yo no quería estudiar, en la tarde, me puse a estudiar nocturna, y en la nocturna era un poquito ya liberado, como dicen, ¿no? Ya puedes ir como tú quieras, pintada, tu pelo largo, normal. Claro, en Iquitos, pero así normal pues, con tu pantalón así, con tus sandalias así, yo me iba maquillada, en la nocturna ya tercer año, cuarto, hasta que terminé mi quinto año. Con mi cabello suelto me iba. (L.) También están quienes relatan haberse salido del colegio para comenzar a trabajar por necesidades económicas o porque sentían que nunca llegarían a la educación superior, sentían que nunca serían aceptadas en las profesiones que les gustaban. En ese sentido, pensaban que no tenía mucho sentido acabar el colegio, sino- más bien- aprender alguna habilidad práctica como peluquería para mantenerse. Sí, ya dejé de estudiar [la secundaria], no fui a estudiar más, yo dije "no, no voy a estudiar" porque las carreras que yo quería no me iban a dar en la universidad, no me iban a aceptar... "hasta ahí nomás" dije yo, no voy a estudiar más, voy a trabajar no más. Y me puse ahí con el amigo a estudiar y a estudiar y a estudiar hasta que gracias a Dios aprendí, aprendí, él me ponía en el salón a barrer y a esto, pero me veía esmero que quería aprender ya pues me puso a hacer todo y a los 2 o 3 años ya me ascendió a ser peluquera pues. Y bueno ahí empecé yo mi salón y empecé a comprar mis cosas, porque yo era muy ahorrativa, entonces me empecé a comprar ropa, me dijeron, empecé a cambiar el esto, el cabello me dejé crecer, un montón de cosas... y yo estaba feliz, y mi mamá tenía miedo "que no, que no lo hiciera" cuando empecé la primera vez como que se traumó, he tenido que ir al psicólogo y todo. (S.) Ahora bien, la mayoría de las entrevistadas relatan haber podido terminar sus estudios escolares, pero casi todas relatan no haber podido seguir con los estudios superiores. Como lo mencionamos previamente, la mayoría de ellas inicia el proceso de transición y salen de sus hogares al concluir la secundaria, lo cual las obliga a conseguir trabajos precarios para sobrevivir y las excluye casi por completo de la posibilidad de realizar estudios superiores. Principalmente, por falta de medios económicos y redes de apoyo. Algunas de las mujeres trans entrevistadas, la minoría, relata haber podido llevar algunos cursos de estética o similares financiados por el trabajo sexual, es decir, una vez que ya están trabajando en las calles. Estos estudios suelen ser técnicos y de periodos cortos. 69 Bueno y entonces empecé a trabajar, empecé a meterme en un salón de belleza. Le dije a mi mamá "yo voy a trabajar para que ninguno, ni mi papá ni tú me mantengan, yo solito voy a buscar la manera de revolucionar mis cosas" y empecé pues a ir a hacer mi curso, conocí a un amigo que era él gay, era profesional y me llevó a su salón y me dice "ya yo te voy a enseñar" y empezó a enseñarme a enseñarme yo le puse esmero, dejé de estudiar también, así dejé de estudiar. (S.) De las seis mujeres trans entrevistadas, solo una tuvo acceso a estudios superiores. A diferencia del resto, su transición no inició cuando acabó el colegio, sino durante su trayecto en la universidad. Ella relata cómo su proceso de transición fue de la mano con una pérdida total de privilegios que tenía cuando todavía navegaba el mundo como hombre. Como es posible de observar en su testimonio, en el momento en el que su transición se vuelve pública y evidente para el resto, la transfobia comienza a agudizarse y se le cierran las puertas. Veamos su relato: Yo continué en la segunda mitad de la universidad ya transicionando, empezando a dejarme crecer el cabello, empezando a vestir un polito de mujer, luego una faldita y así, ¿no? Yo terminé la universidad ya transicionada. Pero hubo un momento en el que yo pensaba dejar la universidad. Porque yo en ese momento, cuando empecé a transicionar, yo trabajaba. Entonces, yo dije a mi familia “Los quiero, pero no voy a dejar de estudiar por ustedes”. Estaba con mucha cólera. Además, tengo mis ingresos, ¿no? Porque yo trabajaba, tenía mi sueldo en un estudio jurídico, en un bufete. […] Para mí, como estudiante, era suficiente, ¿no? Así que decía, dentro de mí, “No necesito a mi familia”. Sin embargo, cuando fui transicionando me botaron del estudio jurídico. El doctor que estaba a mi cargo, con otra doctora, comenzaron a llamar a todos los estudios. No logré conseguir chamba. Intenté tocar un montón de puertas. Fui a restaurantes, fui a hoteles, fui a empresas privadas, volví a ir a los fundos, a las agroexportadoras. Y siempre había algo de por medio: la violencia sexual. (G.) (iii) Precariedad laboral Un tercer factor de vulnerabilidad es la precariedad laboral. De acuerdo con los testimonios de las mujeres trans entrevistadas, ellas suelen tener solo tres opciones de trabajo: estética, animación de eventos y trabajo sexual. Todos son trabajos informales donde la remuneración varía diariamente, no siempre se logra obtener y suele ser bastante baja. Veamos el siguiente testimonio: “En la mayoría de nuestros casos, nuestras familias, al enterarse de que somos personas trans, nos echan de casa. Nos quedamos sin ese recurso para poder continuar nuestros planes de vida. Nuestros planes de vida son atropellados y tenemos que reaccionar en función de las pocas oportunidades económicas que tenemos, que normalmente son como 70 tres bloques. El primero es el rubro de la estética. La mayoría de las personas trans se dedican al estilismo, a la manicure, la pedicure y distintas actividades relacionadas a la belleza. Lo segundo es los eventos, la animación. Y lo tercero ya es… Ah, y lo segundo es los eventos, la decoración, la animación. Y lo tercero es la prostitución, que viene a ser la más grande fuente de financiamiento. Pero en todas, en las tres, terminamos entregando nuestra vida por un poco de dinero para la satisfacción de alguien más.” (G.) Como señala una de las entrevistadas, en el rubro de la estética están quienes se dedican a la manicure, pedicure, cosmetología, estilismo, entre otros. El problema con este rubro es que los horarios de trabajo son muy largos y la remuneración muy baja. Esto hace que varias se salgan de las peluquerías y terminen ejerciendo el trabajo sexual. Algunas reportan utilizar parte de lo que ganan ejerciendo la prostitución para comprar sus propios accesorios de peluquería para poder atender clientas de forma particular. Es importante mencionar que es común en sus relatos ver que se han aprovechado de ellas cuando les han ofrecido trabajo en peluquerías. Como la cita revela, el abuso laboral del que son víctimas y cómo este se sustenta en la precariedad personal y social. [...] bueno y llegué, trabajando, conocí, él me presenta a una amiga de él, que ella tiene su salón, y la chica estaba que quería una chica para que le trabajara, la chica hablaba conmigo, pero yo ya estaba hasta acá de mi amiga esa con la que vivía, que yo le digo a la chica "sí, me voy contigo, me voy" no me importó nada de mi amiga, salí y me fui... "me voy, me voy" le digo. Entonces bueno agarré mis cosas y me fui con la chica, la chica tiene un salón acá en Breña, yo trabajé acá en Breña con ella, pero eso fue mi peor error también. Bueno, pero es que estaba loca, desesperada pues, a la vez fue mi peor, error, pero a la vez fue mi suerte. Entonces ya llegué a trabajar en su cuarto, viví en su cuarto, entonces ella empezó que lo que yo le trabajaba en su salón que era porque yo estaba en su cuarto y la comida. [...] Pero no me iba a pagar nada, y me ponía a trabajar como burra, a trabajar y a trabajar y a trabajar y a trabajar, nunca me daba nada, y trabajaba como burra, todos los trabajos me los pasaba a mi ¡ay no! estaba cansada. (S.) Esta cita revela el abuso laboral del que son víctimas y cómo este se sustenta en la precariedad personal y social. Pasemos al segundo rubro: la animación de eventos. De acuerdo con los relatos, las mujeres trans son contratadas para ser la burla de la gente que va al evento. Se vuelven objeto de mofa del resto para, así, lograr una remuneración a costa de su propia alienación. Como señala una de ellas, terminan entregando su vida por un poco de dinero para la satisfacción de alguien más. Estos eventos nos recuerdan los programas de televisión donde se burlaban de los hombres homosexuales con chistes groseros y manerismos exagerados. “Por ejemplo, si hablamos del rubro de animar eventos, nos contratan para ser la burla de la gente que va al evento, ¿no? Y terminan atándonos a eso. O cuando una compañera trans va a poder maquillar a una novia que se va a casar… Porque nosotras nunca nos casamos, 71 ¿no? O cuando una compañera trans va a, no sé, decorar un quinceañero; sin embargo, ninguna de nosotras pudo vivir un quinceañero, ¿no?” (G.) El tercer rubro y la más grande fuente de financiamiento para mujeres trans es el trabajo sexual. El trabajo sexual, de acuerdo con las personas entrevistadas, se da en las calles y/o por páginas web. Según relatan quienes trabajan en las calles, ellas sufren mucho frío por la ropa tan pequeña que se ponen y, como resultado, muchas veces se enferman por aguantar ese frío. Además, la calle las expone a las pirañas que les roban y golpean, a los mismos policías y serenazgo que las persiguen, encierran en la comisaría e, incluso, las violan. Una de ellas comenta lo siguiente: No quizás plata, pero sí nos tenían ahí por las puras, 2, 3 horas por gusto, ahí sentadas. Pero lo que hacíamos antes… cuando nos juntaban 70, 80 chicas, y nos tenían una hora, aguantábamos una hora, y si no nos hacían caso abríamos el portón y todas salíamos corriendo, toditas, toditas, las que se quedaban ya pues, de tontas. Pero salíamos así, parecía cuando abren el corral y sale el ganado *risas* toditas corriendo. Hasta los carros pasaban *risas*. Varias reportan haber sido encerradas en la comisaría durante varias horas con otras chicas y haber tenido que busca mecanismos para salir. También reportan veces en las que los policías que se las han llevado en sus carros para violarlas y luego dejarlas abandonadas a la mitad de la pista sin ropa o sin plata. Además, el trabajo sexual las expone a las pugnas entre las mafias que cobran cupos y que las asesinan si no cumplen. Este tema lo retomaremos cuando veamos el sexto factor de vulnerabilidad denominado violencia y discriminación. En ambos casos- trabajando en las calles o en páginas web-, se exponen a que los clientes les roben, violen, golpeen, etc. La mayoría de las mujeres entrevistadas reportan episodios de violencia en los cuales han temido por sus vidas. Por ejemplo, haber sido amenazadas con cuchillos, pistolas, raptadas en carros de los cuales han tenido que lanzarse, entre otros. Los clientes mismos a veces te quieren robar, uno tiene también que saber mirar bien con quien se va, porque a veces hay clientes que te llevan a otra parte, por un poco más de cosas te llevan a otra parte. Y una a veces ve la situación que está difícil, no hay plata, y una va, accede a eso y va... Pero bueno gracias a Dios hasta el momento a mí no me ha tocado malas experiencias, sí me ha pasado que me han robado, sí, pero clientes no, sino chicos rateros, pero de ahí clientes no, siempre me han tocado personas como quien dice caídos del cielo que me han dado la mano. (D.) El trabajo sexual las expone, además, a enfermedades de trasmisión sexual y VIH. La frecuencia de mujeres trans infectadas con VIH es sumamente alta. Esto se da por diversas razones, siendo la principal el que los propios clientes les pidan tener relaciones sexuales sin preservativo. Muchas 72 relatan haber tenido que aceptar tener sexo sin preservativo porque la cantidad de trabajadoras sexuales ha incrementado, bajando los precios y aumentando la competencia. Especialmente, la competencia de chicas que se inician en el trabajo sexual muy jóvenes. Otras relatan haber sido violentadas por no aceptar tener relaciones sexuales sin preservativo. El trabajo sexual las expone a enfermedades respiratorias por el frío y la humedad del invierno en Lima. Como la mayoría salen en las noches y madrugadas, reportan muchos resfríos, dolores de garganta, resfríos, entre otros. Una de ellas nos comenta lo siguiente: “Por trabajar: sí, la garganta, la garraspera, estás con la nariz que te destila, te quiere dar gripe, te quiere dar síntomas de la gripe. Y también estás gastando en comprar la pastilla”. Además de salir en las noches, la mayoría sale con ropa muy pequeña para poder jalar clientes. Ellas reportan morirse de frío al salir así en invierno. No, salgo no más calatita no más, así con mi mallera, es que así trabajo pues, a veces me voy bien arropada y no hago nada, lo que hago es perder mi día pues, y eso es lo que no quiero pues, yo lo que quiero es jalar porque necesito plata, entonces prefiero irme con mallitas así, cositas así para provocar al hombre pues...Me funciona más, es mi forma de trabajar, siento que con la ropa tapada no llamo la atención así del hombre tanto que como la malla, la malla me ayuda un poco más para trabajar, y por eso salgo con mis mallas, así... me cala el frío, no lo aguanto, pero ahí bien me lo soporto... lo tengo que soportar, pero es mi forma de trabajar. (S.) Me ponía y gracias a Dios yo siempre he tenido mi suerte de que algo me haga, salía y me hacía mis 80, mis 100 soles, la guerreaba toda la noche, con ese frío de loco que tenía, pero ahí la guerreaba, y me exponía pues, subiéndome en carros que yo no conocía, porque me iba a la avenida, yo misma caminando me la buscaba, y que no me quedaba decía yo, pero sí cerquita y ya era ochentita, ciencito, a veces así como así, de a poquito a poquito juntaba, [...]. (S.) Otra de ellas señala lo siguiente: Porque a veces sales todos los días por gusto, a veces no hay nada… A veces una tiene una edad ya, que ya no tienes 20 años ni 30 años, también los huesos te duelen y el frío es horrible afuera…(Sa.). Pero, aún con estos malestares, siguen en las calles porque si no consiguen clientes ese día, al día siguiente no tienen para comer: “A veces uno se quiere entrar, pero no puede, así sean unos 20, 30, hay que hacerse algo porque… ¿mañana qué comemos? (X)”. En algunos casos, cambian sus horarios de trabajo para evitar el frío de Lima en invierno: Bueno mi horario [de trabajo sexual] lo he cambiado yo sí yo ahora trabajo de día ya no de noche porque en la noche como que el frío es un poco fuerte y eso te choca también porque una a veces tiene que estar con poca ropa y en el frío de la noche te choca. (D.) 73 Otro tema recurrente cuando hablamos del trabajo sexual son los sentimientos de vergüenza, culpa y asco que las mujeres trans entrevistadas reportan. La mayoría señala haberlas sentido cuando recién se estaban iniciando en la prostitución y que, con el paso del tiempo, se les fueron yendo. Relatan, además, que es a través del proceso de acostumbrarse al trabajo sexual que estos sentimientos van desapareciendo. No obstante, la mayoría señala que, aun cuando ya se les pasó la vergüenza o culpa inicial, igual no son felices realizando el trabajo sexual y que si pudieran conseguir otra actividad remunerada, lo harían. Se puede ampliar esto? (iv) No reconocimiento de su identidad de género Un cuarto factor de vulnerabilidad es el no reconocimiento de su identidad de género. El no reconocimiento de su identidad de género se plasma en distintos espacios de sus vidas, pero el que reportan como el más importante es la falta de reconocimiento de su identidad de género en el Documento nacional de identidad (DNI). De acuerdo con los relatos recogidos, la falta de reconocimiento de su identidad de género en el DNI les genera consecuencias negativas en casi todos los aspectos de sus vidas. Siempre temen el contraste entre cómo se ven y se presentan al mundo, y la información que está en su DNI: Bueno porque bueno... me ven como me ven me tratan como señorita ¿no?, pero ya cuando ven mi documento pues se sorprenden. (D.) Me siento bien así, ya mi nombre de cuando era chico ya no me gusta pues. Solo está en mi cédula, pero bueno no me gusta, pero me siento bien cuando me dicen Stephanie. (S.) Ahora bien, no solo no reconocen su nombre femenino en su DNI, sino que hay casos en lo que no quieren emitir el DNI porque su apariencia física- de mujer trans- no corresponde con su nombre masculino: Al principio cuando me fui a hacerme el DNI no me querían aceptar primero, me dijeron no, felizmente me tocó una chica pues, y ya chica medio que no… me ha visto pues que estoy yendo normal, pero no maquillarme mucho pues, no quería ella…Que voy a viajar… le comencé a hablar bonito… y ya pues, un poco que no quería aceptar la señorita. (L.) En algunos casos relatan no poder abrir cuentas de banco pues al acercarse y mostrar su DNI con nombre masculino, pero con apariencia femenina, les piden que regresen cuando “se vean de acuerdo con la información en su DNI”. En otro caso, la entrevistada reporta no poder sacar su título de abogada por la misma razón: porque su aspecto no coincide con la información del DNI. Esto se repite constantemente. 74 “Por ejemplo, en mi caso, yo he terminado de estudiar Derecho, he terminado de estudiar Administración en la Universidad San Luis Gonzaga de Ica; sin embargo, a pesar de yo haber tramitado mi bachiller con todos mis compañeros y entregado mi fólder con todos los requisitos, igual que ellos, yo soy la única de mi promoción que no tiene su bachiller. Todos mis compañeros y compañeras de aula ya tienen su bachiller, su título, algunas tienen un diplomado, otros tienen una maestría, alguno ya por un doctorado, y la Universidad, en mi caso, no me ha querido dar mi documento, porque quiere que le presente una foto con el pelo corto… O sea, eso es totalmente discriminatorio.” (G.) Además de negarles explícitamente servicios como abrir una cuenta de banco o sacar un título académico, también reportan que cuando van a hacer trámites o, por ejemplo, a la clínica, ellas piden que las llamen por su apellido para evitar situaciones de transfobia, pero en muchos casos usan el nombre masculino que está en el DNI para referirse a ellas y, por vergüenza, terminan yéndose de la clínica sin ser tratadas. Lo mismo sucede cuando han intentado conseguir trabajos distintos al trabajo sexual, de estética o de animación. Porque tengo que llevar mi hoja de referencia y pa que me lo sellen el papel… sino con eso no me atendían, no me dan mi ficha para que pueda pasar mi control ahí en el Loayza… y también cuando me fui a entregar ahí para que me dieran preservativos, me anoté “señorita, ¿Dónde me puedo anotar?” le dije, pero ni siquiera… ahí hay un letrero pero ni siquiera ahí dicen los nombres, te dan 3 papeles pues, hay un papel blanco… “joven ahí está”… pero no me debe decir de hombre, porque me dijo joven, y me ve bien así pintado mi ceja y me dice joven todavía… no estoy vestido de hombre para que me diga joven… a mí también cuando me voy a la calle me dicen señorita o señora. (L.) Esta la cita revela la importancia de ser nombrada como mujer. Lo mismo ocurre con sus familias. La negación de su identidad se reproduce cada vez que sus familias insisten en seguir usando su nombre masculino: “Mi hijo”, me llama por el nombre de que soy... Ahora cuando estábamos en tiempo de... en la calle, ella para que yo no pase pena y me dice "César" por allá para evitarme pena también en la calle así con la gente burlando de uno, pero a ella le cuesta, pero a ella sí le acepto que me llame lo que ella quiera porque ella fue la que me trajo al mundo, ella sabe lo que parió pues. (S.) Mis tías a veces les cuesta, pero también, primos también ya me llaman Stephanie ya, ahora mi mamá sí es la única que ya me dice el nombre que es pues. Ella me dice "¿y tú no te molestas?", "no, ¿por qué me voy a molestar? si tú eres la que me trajiste al mundo, tú tienes derecho a llamarme como tú quieras, ahora cuando vayamos en la calle sí trata de 75 llamarme o tócame no más pues", "¿para qué?", "para que la gente no murmure pues porque la gente está pendiente de murmurar, del chisme" ... Pero ahora sí gracias a Dios ya me llevo bien con mi mamá y así pues... (S.) Además, relatan que incluso cuando mueren les siguen imponiendo el nombre masculino al escribirlo en la cruz o placa donde entierran sus cuerpos. Les niegan el reconocimiento de su identidad de género incluso en la muerte imponiendo un nombre asignado al nacer con el que no se identifican y no las representa. “Y no nos dejan tranquilas ni siquiera después de muertas, porque después de muertas nos ponen en una cruz un nombre impuesto. No nos ponen nuestros nombres. Porque el Estado no ha sido capaz de garantizar un DNI que reconozca la identidad de género de las personas trans. Nos sigue imponiendo un nombre asignado al nacer, cuando es algo que no nos representa.” (G.) Las mujeres trans entrevistadas relatan que este no reconocimiento de la identidad de género las hace sentir como “marginadas sociales”. Ellas señalan que el miedo, angustia y vergüenza que les genera ser llamadas por su nombre masculino las acontece diariamente y esto se vuelve una barrera en su día a día. Aquí vemos que la falta de reconocimiento de su identidad de género en el DNI termina siendo la base sobre la cual se ancla la constante discriminación y transfobia que se dan en la sociedad peruana. Como muestran sus relatos, el desarrollo legal es fundamental para su desarrollo social. (v) Salud precaria y VIH Un quinto factor de vulnerabilidad es la salud precaria y VIH. Dentro de las enfermedades reportadas por las entrevistadas, están las causadas por las condiciones del trabajo sexual, incluyendo las enfermedades de trasmisión sexual y VIH, pero también las enfermedades que surgen como consecuencia de los procedimientos estéticos que se hacen para modificar sus cuerpos. Todo esto además de las enfermedades más comunes que a ellas, por falta de acceso a centros de salud, las afectan mucho más. Comencemos con las enfermedades las causadas por las condiciones del trabajo sexual como las enfermedades de trasmisión sexual y VIH: “No, la gran mayoría se va por el VIH. No se cuidan, se desarregla su vida. Pero cada quien ya ve su vida como llevarla, ¿no? Cada una tiene que ver su vida. (Sa.)”. Durante las entrevistas, son pocas las que profundizan sobre el VIH cuando se toca ese tema. La mayoría comenta conocer a muchas chicas trans que son VIH positivas, pero ellas no necesariamente se describen de esa forma. Solo una de las entrevistadas declaró ser VIH positiva y nos mostró sus retrovirales. Ella también nos contó sobre el proceso en el que ella se enteró y cómo lo manejó con sus clientes y con su pareja. Sin embargo, por lo que se conversó, quedó claro 76 que la mayoría son positivas, pero no se habla al respecto. Como vemos, ser VIH positivos sigue siendo un estigma en nuestro país. Según relatan las entrevistadas, la fuente principal de contagio es en su mayoría el trabajo sexual. Esto se da por la falta de uso de preservativos durante las relaciones sexuales. Ellas nos cuentan que muchos clientes pagan más por sexo sin preservativos y por eso aceptan. En los momentos de mayor precariedad económica, suelen verse casi obligadas a aceptar pues no encuentran otra forma de ganar plata. Varias reportan haber pasado días sin comer y no haber encontrado otra alternativa más que aceptar no usar preservativos para trabajar. Otras señalan que con sus clientes frecuentes tampoco usan condones. Una de ellas señala lo siguiente: “Yo sí a veces [uso condón]. Dependiendo. Con mis clientes de años no, algunos sí.” No usar preservativos también las vuelve más susceptibles a otras enfermedades de trasmisión sexual, pero la mayoría de ellas las menciona refiriéndose a otras compañeras. Son pocas las que han relatado ser VIH positivas durante las entrevistas o haber tenido otras enfermedades de trasmisión sexual. Es importante señalar que la vergüenza de tocar estos temas no se da solo durante las entrevistas, sino entre ellas también. Una de las entrevistadas comenta que ella era parte de un proyecto donde solo podían ir las chicas que no están infectadas, como ellas se refieren a quienes son VIH positivas, pero ahora que se infectó no quiere comentarlo con sus compañeras. Aun así, ella relata que la gran mayoría de chicas de la casa son positivas y toman retrovirales. En la casona del costado, por el contrario, muchas de las chicas no tienen DNI porque vienen de la selva profunda por lo que no pueden acceder a los retrovirales, aun cuando casi todas están infectadas. Las entrevistadas relatan haber contraído enfermedades respiratorias al salir a trabajar de noche, especialmente, en los meses de frío. Una de ellas relata haber tenido plétora en los pulmones y casi haberse muerto, así como varias reportan haberse resfriado o sentir dolor de huesos por el frío. De acuerdo con sus relatos, el frío de la noche y de la madrugada no solo es feroz, sino que se agudiza al usar ropa muy pequeña, como la que utilizan para “jalar” clientes. Como consecuencia, muchas de ellas tienen enfermedades de carácter respiratorio que se complican cuando, además, son VIH positivas o tienen alguna otra condición médica. Eso lo tomé porque comencé con una tía me decía "tómate estas pastillas, son hormonas, son hormonas para mujer, tómatelas, eso te va a apoyar bastante", ahí comencé a tomar, pero también fui a un doctor, al doctor "mira así, así, así, ¿qué puedo hacer?" le digo. Y el doctor me fue diciendo "no, esta pastilla sí, esta pastilla no” y así fui tomando fui tomando fui tomando hasta que bueno, hasta el momento en que me dio pleura... por lo mismo que me mataba acá en las noches el frío, la humedad, me entró agua a los pulmones, y me dio pleura. Al darme pleura ya caigo en cama, estuve mal y estuve grave, estuve grave, estuve a punto de irme ya, agradezco bastante a Dios que me apoyó me dio una segunda 77 oportunidad y por eso trato de cuidarme bastante, por eso que cambió también mi rol de trabajo y trabajo más en el día que en la noche, en la noche trato de guardarme un poco, ahí quieta, porque de verdad que el frío está fuerte. (D.) Otra causa de enfermedades muy común entre las personas entrevistadas se da como consecuencia del uso de materiales impropios para modificar sus cuerpos. Todas las entrevistadas relatan haberse puesto silicón o, como también lo llaman, aceite de avión para “darle forma femenina” a sus cuerpos. Se la ponen, especialmente, en las caderas, glúteos y senos. Ellas relatan que el aceite de avión es la forma más económica de modificar y feminizar sus cuerpos pues la silicona y los implantes son bastante más caros y, por las remuneraciones que logran trabajando, a la mayoría solo le alcanza para el aceite de avión. Su uso tiene diversas consecuencias. Muchas relatan una sensación de ardor en los lugares donde se inyectaron durante varios meses, incluso años, luego de habérselos puesto. Varias relatan, incluso, que no se les ha ido desde que se lo inyectaron hasta la fecha. Además, relatan que les molesta o duele cuando se apoyan en los logares donde se inyectaron. Por ejemplo, en los senos si se echan boca-abajo para dormir o en los glúteos si se sientan encima de ellos. Por otro lado, en ciertos casos el silicón termina generando gangrena en las zonas donde fue inyectado y, en algunas ocasiones, las lleva a la muerte. Adicionalmente, relatan que una vez que se han inyectado silicón en los glúteos ya no pueden ponerse inyecciones intramusculares en esa zona. Esto se vuelve un problema cuando tienen otras condiciones o enfermedades que necesitan esas inyecciones o cuando las ingresan a la emergencia y los médicos no están al tanto de esta información. (vi) Violencia y discriminación Un sexto factor de vulnerabilidad es la violencia y discriminación. Los relatos de las entrevistadas muestran que la violencia es un factor trasversal en su experiencia de vida. La sufren diaria y constantemente. Son tan altos los niveles de violencia a los que están expuestas que muchas han normalizado como parte de su vida diversas expresiones de violencia. En los relatos identificamos que cuando ellas hablan de episodios de violencia esta usualmente refieres a la violencia física, sin embargo, cuando profundizamos más sobre sus relaciones interpersonales y sus experiencias diarias vemos que hay muchas expresiones de violencia que ellas viven, pero no reconocen como tal. La primera manifestación de violencia que la mayoría experimenta es la violencia intrafamiliar. Esta es ejercida, en la mayoría de los casos, por los padres. Siguiendo los relatos observamos que los episodios de violencia por parte de los padres suelen iniciar cuando ellas comienzan a mostrar su lado femenino. Es verdad que en la mayoría de los casos inician cuando ellas comienzan a transicionar, sin embargo, varias reportan haber sido víctimas de violencia por parte de sus padres cuando los tíos o amigos comienzan a notar una mayor feminización en sus comportamientos. 78 Usualmente en este periodo se asumen que son “maricones” y no mujeres trans. Sigue existiendo la creencia de que con golpes se endereza a los niños, especialmente a los niños considerados “más delicados” o “más débiles”. Otra manifestación de la violencia puesta en evidencia por sus relatos es la violencia verbal. Esta se manifiesta, especialmente, con sus parejas. Muchas de las entrevistadas cuentan que sus parejas las insultan, las maltratan verbalmente y las amenazan con matarlas. En la mayoría de los casos, la violencia verbal viene de la mano con la violencia física. Muchas de las entrevistadas relatan haber sido o seguir siendo golpeadas por sus parejas. Por ellos, varias sienten tranquilidad cuando sus parejas dejan de golpearlas, pero las siguen insultando y maltratando verbalmente. Como vemos, los índices de violencia experimentada son tan elevados que pasar de la violencia física a la violencia verbal es para ellas “mejora” a la situación previa. Además, relatan ser víctimas de burlas, chistes e insultos mientras trabajan en las calles o cuando caminan durante el día en busca de víveres, compras o simplemente dando la vuelta. Estos usualmente se dan por su apariencia física o por ejercer la prostitución. Relatan, por ejemplo, experimentar insultos por parte de las personas que pasan mientras ellas están buscando clientes en las calles, así como críticas por prostituirse y por usar vestimentas cortas y apretadas: “Nada, cuando estamos trabajando, cuando estoy trabajando a veces me insultan. Mujeres… A veces hombres. Pasan varios y te insultan” (Sa.). Relatan, a su vez, escuchar las críticas de otras mujeres cisgénero cuando salen a las calles durante el día, no necesariamente para trabajar. Mencionan que suelen ser las mujeres las que se ríen y murmuran, mientras que suelen ser los hombres los que las insultan explícitamente: “Las mujeres son las que a veces murmuran y se empiezan a reír, y comienzan a insultar los hombres. Porque pasan con mujeres, pues” (Sa.). Sí, porque sí se tiene que pagar, un gasto otro gasto, a veces las personas no saben lo que uno pasa...es fácil juzgar mirar y decir "mira pucha, cómo están que se prostituyen en la esquina", a veces veo personas que pasan con su carro y te quedan mirando y comienzan a hablar y yo les leo los labios, y digo o sea en vez de decir "voy a tratar de buscar una ayuda, un apoyo" o hablar quizás o preguntar “¿por qué motivo estás así?", simplemente te juzgan te critican te dicen "mira cómo está que se prostituye mira cómo tiene que ponerse esa faldita y enseñar su cuerpo", o te insultan simplemente. (D.) Sí, sí he tenido, en algunas partes siempre la gente es muy murmurosa, criticadora, y yo soy una persona que soy bien respondona, yo con quien sea me lincho pero no me importa si me van a pegar, yo me defiendo como sea, yo soy muy volada así, no me gusta que me digan cosas porque yo estoy pasando tranquila... y sí he tenido roches en algunas partes empiezan a murmurar, pero un murmureo raro hacen acá pues, casi yo no entiendo pero sí sé que están murmurando de mí, porque empiezan a reírse y empiezan a mirar, pero como acá tienen dejos diferentes, pero sí algunos yo me sé ya más o menos cuáles son. Entonces 79 voy a pasar y empieza la gente a fastidiar, los hombres más que todo cuando están en grupo que tienen que estar murmurando, porque son hombres piensa que una se va a dejar, yo no, yo los parcho de una vez, si quieren pelear conmigo peleen pues, o qué cosa quieren conmigo porque yo no me estoy metiendo con nadie yo siempre donde voy, voy tranquila pues, paso normal, si es a la tienda voy a comprar, pero acá en el centro no es tanto la homofobia más en otros lados. (S.) Otra manifestación de violencia que relatan experimentar con mucha regularidad es la violencia física. Esta la experimentan con clientes, policías y serenazgo, pandillas, parejas e, incluso, con otras mujeres trans. Muchas relatan haber sido violentadas por los mismos clientes: golpeadas, cortadas o amenazadas de muerte por no querer tener sexo sin preservativo o por querer robarles; apuntadas con pistolas, cuchillos, botellas o gillete, o haber sido víctimas de posibles transfeminicidios: “Dos veces casito me matan. Me estaban ahorcando. Pero pude gritar” (Sa.). Sí, pero pensaba que me iban a matar, pensaba que me iban a matar, porque si yo no me botaba del carro quien sabe qué me iba a pasar en ese carro…. Y ese día yo nunca pensaba que… me puse bien triste, como te digo, te lo juro que Diosito no habrá sido mi hora, yo gritaba, pedía auxilio, y un carro me seguía para que me auxilie, yo me tenía que volver… y estaba en el Agustino yo, me boté del carro, y lloré… mis pies estaban feos pues, porque yo raspaba así pues, yo me quería botar, pero no iba tan veloz, veía un poco veloz, ¿no? Me boté del carro, pero el que manejaba también se prestaba para eso. (L.) [Experiencias en la calle] Malas y buenas también. Buenas, que a veces te pagaban los clientes muy bien tan solo por acompañarlos a tomar o de repente porque nos cuenten sus historias y te pagaban bien. Malos, porque a veces… En dos oportunidades me pusieron pistola en la cabeza por no atender clientes, por no hacer el amor sin preservativo. Feo, feo. Es como un a favor y contra, porque hay clientes que te pagan muy bien, como clientes que te roban, te pegan o te hacen daño, te cortan, te ponen pistola en la cabeza y todas esas cosas. (K.) O sea, por más que uno tenga miedo, yo con una pistola en la cabeza, por más de que yo me moría de miedo, trataba de ser fría, de decirle al hombre “¿Sabes qué? Si quieres matarme, mátame. Dispárame. ¿Por qué no me disparas? Hazlo”. Pero sí por dentro me moría de miedo. Y el hombre me quedaba mirando y me dice “Es la primera vez que alguien me dice eso. Porque otras se me arrodillan, me piden perdón y me dicen que no las mate. Pero tú eres la primera que me dice que te dispare”. “Pero dispárame. ¿Por qué no lo haces?” Y lo empujaba y se caía al piso. (K.) 80 Con cuchillo, con botella, con gilette también. […] No sé quién… Alguien creo que me cuidaba. Un ángel habrá sido o qué sé yo, pero de todas, de todas me he salido que no me han hecho daño. (K.) La de la pistola. Porque yo lo vi todo negro. Yo dije “No, esta es mi muerte. Este ya es mi fin”. Pero yo dije… Al toque pensé “No, voy a hacer lo contrario a lo que él quiere”. Y le dije eso y al chico lo bajé absolutamente. Me lo bajé. De lo que estaba histérico, me lo bajé en una. Y lo empujé. Se cayó y me salí. (K.) Sí, y esa es la vida de mí, porque yo decía "por ser lo que soy" y la gente me vaya a pegar, me vayan a hacer maldades, pero un solo roche que ahí sí fue porque nos iban a robar, y ahí sí nos querían matar pues, pero a todos, no era por puro a mí, no, a todos, y ahí sí yo dije yo "hasta aquí llegué pues, ¿qué vamos a hacer?" te suben y te ponen una cosa acá ¿qué vas a hacer? y esos hombres no tienen piedad, a los que les gusta robar no tienen piedad con nadie, ya pues... pero no gracias a Dios, se pudo resolver ese problemita y gracias a Dios pude llegar acá. (S.) La violencia transfóbica es muy común en sus trayectorias de vida. Esta se da, por ejemplo, cuando los clientes se dan cuenta de que “no son mujeres de verdad”, como ellas mismas lo relatan. Veamos los siguientes testimonios: Clientes, sí, pero a veces, pero no pues por plata, que no te quieren pagar o algo. Cuando piensan que eres mujer y no, también te insultan. (Sa.) Había uno, un señor, que yo ya estaba en el hotel con él, ya me había pagado todo, y pensaba que era mujer. Cuando ya le dije, no ha querido. Le decía en la recepción que llame a la Policía, que llame a una Fénix, que “Él no es mujer”. Es lo más fuerte que me acuerdo, con ese señor... De ahí, no. (Sa.) La violencia también la han experimentado como robo por parte de sus clientes. Una de ellas relata lo siguiente: Sí, una vez [me robó un cliente]. Varias veces me han robado plata de mi bolsillito. De mi casaca me llevaron mi carterita. Me han quitado mi cartera cuando usaba cartera grandecita, con mi celular y mi plata. Varias veces. Por eso yo ahora ya no uso cartera. Uso carterita chiquita no más en mi casaca, nada más. (Sa.) Además, está la violencia sexual. Varias de las entrevistadas relatan haber experimentado violencia sexual por parte de los clientes o cuando han buscado otros trabajos, antes de iniciarse en el trabajo sexual. Una de ella nos cuenta que entre varios clientes la subieron a un carro para violarla. La 81 violencia sexual la experimentan muchas veces de la mano de la violencia física. Veamos los siguientes testimonios: Sí, porque un pata que quería tener relaciones conmigo, y yo no quise pues, me fui, como tenía su eso grande, yo tenía miedo pues, era más chibola, me agarró y con su de acá me metió un puñete, con el anillo, por acá me rajó… y mi mamá comenzó a llorar “¿qué tanto quieres en la calle?” en la casa y yo “ay madre, mamá” le decía no más, llore y llore estaba ahí, me quedé a dormir llorando, todo golpeado por acá, sí me sentía un poquito así, la agresión de aquel tiempo. (L.) Sí, cuando ya trabajaba así ya, una vez, me llevaron un pata, en un carro pues, y yo no sé dónde me estaba llevando y querían tener relaciones en el carro, y yo le digo “no” era más chibola no tenía todavía nalga… me han jalado de los pelos, el otro manejaba y el otro estaba en mi atrás pues, estaba queriendo hacer que le haga sexo oral en el carro, ahí todo tenía que tirar para poder correr, y en eso de la nada me botó del carro, y me raspé todas las piernas, mis dedos bien ensangrentados, como una pelota he caído al piso. (L.) Intenté tocar un montón de puertas. Fui a restaurantes, fui a hoteles, fui a empresas privadas, volví a ir a los fundos, a las agroexportadoras. Y siempre había algo de por medio: la violencia sexual. Siempre había ese ánimo de querer… De los hombres, de rechazarme en público y de buscarme a escondidas para poder ocupar mi cuerpo, ¿no? Yo estaba harta de todo eso. Y siempre… Después del rechazo, venía… ¡Siempre! Era como una constante en todos los trabajos. Cuando rechazaba a quien estaba yo a su cargo, me terminaban botando sin pagarme o pagándome menos de lo que debían. Siempre. No duraba ni siquiera cuatro, cinco días en un trabajo, porque, apenas se iban, terminaban encerrándome en un cuarto para, bueno, ya sabemos qué. Entonces, no lograba conseguir trabajo. (G.) A su vez, relatan haber experimentado violencia física por parte de policías y serenazgo. En estos casos, la violencia física suele estar acompañada de violencia sexual. Por ejemplo, relatan haber sido obligadas por la policía a tener sexo para evitar que se las lleven a la comisaría. También recuerdan haber sido agarradas durante las batidas por el serenazgo y haber sido llevadas a zonas alejadas como ríos, playas, o zonas despejabas para ser robadas por el mismo serenazgo y luego haber sido abandonadas a la mitad de la calle sin nada. También relatan haber sido tiradas a la vereda en lugares lejanos luego de tener sexo con la policía por chantaje. X: Porque antes era el verdadero operativo, nos correteaban, nos botaban por las playas, por los ríos, en zonas lejísimas, y nos dejaban así sin nada. Por los Pantanos de Villa. E: ¿O sea las subían en el carro y las llevaban? X: Por los Pantanos de Villa nos botaban, nos quitaban lo que teníamos, y nos dejaban a nuestra suerte. 82 Los del Serenazgo nos botaban, nos agarraban cuando había la batida, nos llevaban a todas, nos llevaban a los ríos, a las playas, a zonas despejabas. Ahí se llevaban nuestro dinero, nos dejaban sin cartera, sin nada y nos dejaban ahí botadas. Lejos. O sea, de acá, lejos. Ya de ahí veníamos caminando o en taxis que pedíamos que nos ayuden para que nos retornen acá. Pero varias veces nos ha pasado eso. A la comisaría nos llevaban igual también para que nos tengan dos, tres horas en la comisaría, para que nos tengan ahí. Ya después una por una nos iban sacando, sacando y sacando. (K.) Eran dos, justo el policía me dijo “de repente tú le habrás hecho algo, o de repente tú le has hecho algo al pata y en venganza te…” y yo le digo “no, yo soy tranquila” le digo pero también los policías como son… como nosotras estamos mal vistas… que le he robado y en venganza han venido… pero sí me ayudó un poco la policía pues, ¿no? porque yo me fui caminando así, me llamó un taxi, y llegué a la casa pues, con el pie todo mal estaba. (L.) Otra causa de violencia se da a través de los cupos. De acuerdo con algunos relatos, han sido golpeadas al no querer o no poder pagar cupo por las pandillas o mafias. Además de pagar el cupo, una de ellas recuerda que la obligaban a comprar droga. Cuando no podía, nuevamente le pegaban. También relatan que muchas veces las pandillas o “pirañitas” han intentado robarles, pero varias de ellas comentan no tenerles miedo y encararlos cuando las han ido a molestar. Finalmente, relatan haber experimentado episodios de violencia con las mismas compañeras trans con las que viven. Algunas de ellas, como comentan, usan la violencia física para amenazar o intimidar en ciertas situaciones donde, usualmente, hay recursos económicos o de otro tipo en juego. Esta forma de violencia es menos común pues varias reportan que, desde que toman hormonas, se sienten menos “masculinas” como para agarrarse a golpes. Aun así, hay algunas que sí siguen usando la fuerza para ejercer dominio. (vii) Acceso limitado a servicios Un séptimo factor de vulnerabilidad identificado es el acceso limitado a servicios. Entre los servicios, destacan los servicios de salud, servicios de vivienda y servicios de educación. En el caso de los servicios de salud hacen referencia a los retrovirales gratuitos ofrecidos por el MINSA, al seguro de salud SIS y al trato discriminatorio que experimentan cuando van a las clínicas u hospitales. Por el lado del acceso limitado a servicios de vivienda, ellas reportan vivir en cuartos alquilados en casonas del Centro de Lima por la cercanía a su trabajo, pero también porque no son aceptadas con facilidad cuando buscan alquilar en otros lugares. 83 El acceso limitado a los servicios de salud es un tema especialmente importante pues la gran mayoría de entrevistadas reporta tener compañeras que viven con VIH. El tratamiento para el VIH es muy caro, por lo que la única opción que tienen las entrevistadas es acceder a los retrovirales que ofrece gratuitamente el MINSA. Sin retrovirales, el VIH progresa y en la mayoría de los casos terminan muriendo de SIDA. Ahora bien, para recibir retrovirales de forma gratuita en los establecimientos de salud del MINSA se necesita tener DNI y, lamentablemente, muchas chicas trans no tienen DNI. Según los relatos obtenidos, esta situación es más frecuente entre las chicas que vienen de la “selva profunda”. Muchas migran a Lima sin haber podido sacar DNI pensando que acá encontrarán mejores opciones laborales y mejores condiciones de vida, pero la mayoría termina ejerciendo la prostitución antes de la mayoría de edad y contagiándose de VIH. Acá al frente hay casonas que son migrantes, son de la selva, son de la selva olvidada. Las chicas no saben leer ni escribir, mucho menos tienen DNI ni partida de nacimiento. Tienen lo que es nada. Y esas niñas trabajan acá al frente. Viven al frente, pues. Sí hay varias chicas que son así. Y de verdad que la mayoría de esas chicas vive con el VIH. Casi el 90% salen reactivas esas niñas. Pero como no tienen ningún documento de identidad, no pueden tomar el tratamiento rápido, porque no tienen cómo identificarse las chicas. (K.) Otro problema con los retrovirales es que, quienes sí tienen acceso a ellos, relatan que los centros de salud a veces están desabastecidos o no siempre cuentan con todos los medicamentos necesarios. En estos casos, pierden sus tratamientos pues no tienen los medios económicos para realizarlos de forma privada. “Eso [que los retrovirales son para todas las personas] es una verdad a medias, porque hay muchos casos de compañeras trans que van a pedir su [retrovirales]… que van a iniciar sus tratamientos y los centros de salud están desabastecidos, no cuentan con medicamentos, con tratamiento, o las terminan tratando con prejuicios, con “Ay, ahí nomás. No te acerques”, ¿no? O terminan ejerciendo violencia transfóbica. Entonces, al recibir un trato transfóbico, pues ya las compañeras dejan de ir, ¿no? Hay varios casos de mujeres trans o personas trans, transmasculinos, trans no binaries, que han acudido a centros de salud y han recibido tratos transfóbicos. Entonces, para evitarte ese trato, prefieres aguantar el dolor, ¿no? Y no debería ser así.” (G.) La carencia de DNI, además de limitar el acceso a los retrovirales, también limita el acceso al Seguro Integral de Salud (SIS). Son pocas las que reportan estar inscritas en el SIS. Para las mujeres trans que se dedican al trabajo sexual y cuentan con pocos ingresos, el SIS es la única opción viable para poder tener cobertura médica en caso de enfermedades. Este seguro, al ser público y gratuito, debería ser de acceso libre para todas las personas. Sin embargo, como relatan 84 las entrevistadas, es necesario tener DNI para tener SIS y, nuevamente, muchas compañeras trans no lo tienen. Otras relatan haber intentado sacarlo, pero haber encontrado obstáculos en el proceso. Yo fui a averiguar [sobre el SIS], pero sí me ha durado bastante tiempo, como 6 meses 5 meses me paseaban así, me decían “ya vengo ya vengo”, ya voy a ir, “ya te voy a mandar” me decían “tal día ven”… me han demorado… así de repente tanta gente que se va, no me han mandado así no más, me han demorado. (L.) De acuerdo con sus relatos, las chicas que vienen de la “selva profunda” sin DNI tienen muchos problemas para poder sacarlo en la capital porque no cuenta con su partida de nacimiento, ni con fondos privados para conseguir apoyo legal para navegar la burocracia del Estado. Esta situación revela el acceso limitado no solo a servicios de salud, sino a otros servicios del Estado como los que debería ofrecer la RENIEC para toda la población. No te pueden dar el tratamiento, porque eso es lo que te pide el hospital o los encargados del Ministerio de Salud: tener un documento de identidad que indique que se le está dando el tratamiento a la persona que lo necesita, pues. Y sin un DNI, no te pueden dar nada. Y hay varias chicas al frente que necesitan, pues, eso. No saben ni leer ni escribir, no saben nada. Por eso hablé con el regidor y le dije que cómo pueden hacer esas chicas para que tengan al menos su partida de nacimiento, para que al menos puedan tener su tratamiento, y me dijo que sí, que estaban tratando de solucionar ese problema para las chicas. (K.) Otro factor que limita el acceso a los servicios de salud, de vivienda, así como a otros servicios del Estado son los tratos discriminatorios, específicamente, la transfobia. Por ejemplo, haber sido referidas por su nombre masculino o haber sido referidas como “joven” o “chico” mientras hacían sus trámites. Una de ellas reporta, incluso, no haber sido atendida por el personal de salud por ser mujer trans. Al ser discriminadas y víctimas de violencia transfóbica, muchas relatan preferir no buscar ayuda médica, sino tomar medicinas recomendadas por otras compañeras o usar métodos naturales. Lamentablemente, varias relatan tener amigas que han fallecido por no tener la medicina adecuada a la mano o no haber recibido un diagnóstico claro como una compañera que tenía apendicitis y murió por no operarse a tiempo. Porque tengo que llevar mi hoja de referencia y pa que me lo sellen el papel… sino con eso no me atendían, no me dan mi ficha para que pueda pasar mi control ahí en el Loayza… y también cuando me fui a entregar ahí para que me dieran preservativos, me anoté “señorita, ¿Dónde me puedo anotar?” le dije, pero ni siquiera… ahí hay un letrero pero ni siquiera ahí dicen los nombres, te dan 3 papeles pues, hay un papel blanco… “joven ahí está”… pero no me debe decir de hombre, porque me dijo joven, y me ve bien así pintado mi ceja y me dice joven todavía… no estoy vestido de hombre para que me diga joven… a mí también cuando me voy a la calle me dicen señorita o señora. (L.) 85 “No, al hospital nunca he ido. Para una enfermedad, nunca. Pero sí he ido a ver a chicas que están malitas, para poderla apoyar, hacer así cualquier actividad para poder cubrir. A ellas las tratan feo. Bueno, a mí me dijo Melissa que las tratan feo. Una chica falleció ahí en el hospital Loayza y me dijo que la trataban feo… Le hicimos como 2, 3 actividades, polladas, para cubrir sus gastos, porque a veces había medicamentos que no había ahí, y no tenían cómo comprarle pues. Hicimos actividades, actividades, pero no… fue en vano porque la chica falleció. Pero sí nos contaba que la trataban mal. Debe ser por su opción sexual.” Es importante mencionar el rol que cumplen las postas en la vida de las entrevistadas. La gran mayoría relata hacerse sus chequeos cada tres o seis meses en postas, más no en los hospitales. En la mayoría de los casos van a postas que quedan bastante lejos de donde ellas viven. Una reporta que se va a la posta de Huachipa cuando vive en el Centro de Lima, mientras que otra señala que se va a la posta que queda en El Callao. Cuando profundizamos en este tema pudimos identificar que en muchos casos vuelven a las postas en las que fueron tratadas correctamente desde el inicio. Este trato es el que les da la confianza de volver porque saben que es un lugar seguro donde no serán discriminadas. Una de ellas relata lo siguiente: Eso sí, gracias a Dios que, sin papeles, sin nada [me aceptaron en la posta]. He ido con mi cédula, tengo mi historia ya y todo. Gracias a Dios eso sí no he tenido problemas. Muy bueno, es lo que más me ha gustado. Me ha gustado. Ahorita sí me gusta ir a chequearme. Yo voy cada mes, cada mes voy. Me dan mis preservativos, todo. (S.) Tuve mi (min 03:43) de loca, pero aprendí de la vida, que la vida no es así pues, no es loquera y loquera, y de loquear no queda nada, y ahora ya no, ahora 100 por ciento me cuido, estoy yéndome a posta cada mes, cada mes me dan mi caja de preservativo, en las postas son espectaculares conmigo, no tengo queja de las postas, me tratan espectacular, lo más lindo, las doctoras son más lindas, conmigo siempre chévere... ya tengo allá casi un año y medio creo, creo, un poco más, dos años, antes de pandemia. (S.) Por medio de la Kiara, de una amiga que vino acá una vez y me hizo unos exámenes, lo hicieron acá que venían así a las casas, y de ahí me hice amiga de este amigo, y de ahí fue que tuve unas cositas ahí, y ahí tuve que ir a la posta ahí en persona, y desde ahí empecé a ir... y ya exclusivo he llevado amigas también a la posta, porque tratan bonito pues, te tienen cariño, no porque tú eres venezolano, tampoco traemos cada caso, no. […] Todos por igual, hasta más cariño creo que le dan a uno, lindo pues, lindo, lindo, las doctoras son lindas conmigo, y las otras doctoras me dicen "Stephanie, te has cuidado bien, porque gracias a Dios estás limpiecita" le digo "sí doctora, ya no" ... salir al trabajo 100 por ciento con condón, nada de sin preservativo, no, no quiero nada. (S.) 86 De parte mía bueno en la posta sí a mí me dan mis preservativos, me hacen mi chequeo primero, me sacan sangre para ver si tengo algo, ¿no? y bueno gracias a Dios no... tranquila, me dan mi caja de 120 condones creo y bueno. (D.) Además de los servicios de salud mencionados, están los servicios de salud mental. Muchas reportan periodos de depresión, angustia, maltrato familiar, entre otros, donde han necesitado ayuda profesional y no la han recibido. Esto se debe a la falta de medios económicos o discriminación a la hora de solicitar ayuda, pero también al estigma que se asocia los temas de salud mental. Algunas cuentan que, cuando comenzaron su transición, fueron llevadas a terapia por sus padres pues no entendían por qué eran mujeres trans. Una de ellas recuerda que fue la psicóloga la que le explicó a su mamá que ella era trans porque así había nacido y que ser trans no es un problema. Sin embargo, casos con este son la excepción entre las entrevistadas. Sí, a mí me llevaron hasta al psicólogo todo porque a mi mamá no le cabía en la cabeza por qué yo era así y bueno. La psicóloga le explicó a mi mamá que yo tenía más hormonas que eran de mujer, que menos de masculino. Son pocos rasgos de esa lectura de la psicóloga a mi mamá... entonces mi mamá entendió, bueno, se tranquilizó. (S.) Finalmente, están los servicios educativos. Como lo hemos mencionado anteriormente, las mujeres trans entrevistadas tienen un acceso limitado a los servicios educativos desde la etapa de secundaria hasta los estudios superiores. Si bien todas reportan haber podido ingresar a la primaria y secundaria, no todas reportan haber podido acabar la secundaria y solo una reporta haber podido acceder a estudios superiores. Que exista la educación gratuita en el Perú no garantiza que todas las personas que la necesiten puedan acceder a ella pues para costear los gastos de vivienda, luz, agua y alimentación durante el periodo de estudios es necesario tener medios económicos, sino es imposible poder estudiar incluso si la educación es gratuita. (viii) Tecnología de los cuerpos en el proceso de transición Un octavo factor de vulnerabilidad es lo que denominamos la tecnología de los cuerpos en el proceso de transición. El proceso de transición no es uniforme y cada una lo lleva a su manera, pero todas relatan la importancia que tiene para ellas llevar a cabo ese proceso. En muchos casos, ellas primero “salen del clóset” como “maricones” y, luego de un tiempo, “salen del clóset” por segunda vez y se presentan como mujeres trans. Esto se da por varias razones. En algunos casos es porque la figura de la mujer trans es desconocida para ellas y no saben cómo autodenominarse más que como maricones, la cual es una figura más común en los diversos lugares del país. En otros casos, se debe a que ellas saben que ser maricón es más aceptado que ser mujer 87 trans. También están quienes se sienten maricones en un primer momento y recién luego se aceptan como trans. Están, a su vez, quienes desde un inicio salen como mujeres trans. Ahora bien, el proceso de transición tiene distintos aspectos, siendo uno de ellos la modificación física de los cuerpos. Se trata de feminizar sus cuerpos para asemejarse lo más posible a los cánones de belleza de lo que ellas denominan “mujeres de verdad”. Siguiendo sus relatos, esta imagen de la mujer incluye pelo largo, caderas pronunciadas, ser delgadas, delicadas, verse femeninas, mostrar sus curvas, entre otros. “El deseo de aceptación que, como consecuencia de toda la violencia que recibimos, nos lleva a una búsqueda de belleza. Y, bueno, hay una belleza impuesta, ¿no? Hay un canon impuesto. Tienes que ser alta, blanca, 90-60-90, delgada. Y eso hace que la mayoría de las mujeres trans —que es donde hay un mayor número de cambios o búsqueda de cambios, seguido de las personas transmasculinas— recurramos a ciertos cambios, ¿no?” (G.) Sí, me siento más tranquila, me sentiría más realizada como yo quiero pues. Ahorita quisiera hacer eso [ponerme tetas] porque con eso me siento más tranquila, más realizada. Así como cuando no tenía poto, no tenía poto, yo quería. [...] Claro me puse un poquito no más, pero me siento bien pues, me siento mujercita así... ya me pongo mis cosas tranquilas, ahora quiero mi pecho. (S.) Sí, yo quisiera, o sea mi nariz no es que es tan fea, pero sí quisiera un poquito pues, más que todo quisiera mi nariz y mis senos, más mis senos y mi nariz, ya de ahí no más, porque mi cara no me quiero cambiar. (S.) Para ellas, dejarse crecer el pelo es un momento muy importante en el proceso de transición porque es cuando se vuelve público que son mujeres trans. Este es el periodo en el que suelen comenzar los problemas con sus familias, amigos y vecinos. Para evitar estos conflictos, la mayoría relata haber esperado a terminar el colegio para recién dejarse crecer el pelo. Sí, ahí sí me estaba dejando crecer mi cabello normal, porque mi jefe me dijo "si tú quieres ser mujer te tienes que dejar crecer el cabello"... Y empecé pues, pero yo también trabajando compraba extensiones pues, para el cabello así, y tenía guardado eso pues, ahí también decía yo cualquier cosa no me crece el pelo me meto así postizo no me importa... pero ya quiero ser mujer porque quiero vestirme de mujer y así... Y así empezó mi vida, yo empecé desde los 17 años. (S.) Otro rasgo del proceso de transición es el uso de almohadillas o espuma para darle forma a sus cuerpos. Las entrevistadas relatan haber usado almohadillas o espuma para feminizar sus cuerpos antes de haberse puesto implantes, silicón o aceite de avión. En algunos casos, se inyectan silicón 88 en los glúteos y caderas, pero siguen usando espuma en los senos pues los implantes en esa zona son más costosos. Veamos los siguientes testimonios: “Hay, por ejemplo, clínicas que ofrecen prótesis para los senos, para las tetas. Pero ¿cuántas personas trans pueden acceder a esas prótesis? Además de las prótesis, hay silicona, aceite de avión y muchas otras sustancias. Además, cada una de ellas tiene un precio. La más cara es las prótesis. La más cara, pero también la más segura. No son 100% seguras, pero, en el orden, son las más seguras. Luego siguen las siliconas, luego el aceite de avión y muchas otras sustancias más. Y pues las personas trans accedemos, en la mayoría de los casos, de acuerdo con lo que tenemos en el bolsillo. Haciendo malabares, además, porque hay chicas trans que se prestan, trabajan, juntan, dejan de comer. Y terminan cediendo: “Como no me alcanza para esto, opto por esto. Como no me alcanza para la prótesis, me pongo silicona. Pero no tengo ni siquiera para la silicona, me pongo aceite de avión. Ay, pero ni siquiera para eso. Ya, con Fulanita me pongo tal cosita”. Y eso termina con serias consecuencias, en la mayoría de los casos.” (G.) Sí pues así, como tenía amigas ahí por ahí por la cuadra, por mis vecinos habían 2… y ahí como dice mi madre… había uno que me hacía las cejas, me hacía los peinados, me ponía por acá algodones, me ponían acá, me hacían mis sostenes así con almohaditas, me quedaba bien pues, me hacía mis tacos. (L.) Sí, me siento más tranquila, me sentiría más realizada como yo quiero pues. Ahorita quisiera hacer eso [ponerme tetas] porque con eso me siento más tranquila, más realizada. Así como cuando no tenía poto, no tenía poto, yo quería. [...] Claro me puse un poquito no más, pero me siento bien pues, me siento mujercita así... ya me pongo mis cosas tranquilas, ahora quiero mi pecho. (S.) Y yo le digo a mi mamá, “y todos los años que yo pasé por acá también, gracias a Dios yo estoy haciendo lo que quiero, de poquito a poquito me estoy consiguiendo lo que yo quiero” y ya que me faltan mis tetas, pero cuando Dios me las mande será sino bueno, poco a poco se hacen las cosas. (S.) A través de los relatos hemos identificado que un tema muy difícil y recurrente para ellas es la visibilidad de sus barbas. Ellas cuentan que durante su proceso de transición la barba es uno de los marcadores más visibles de que son chicas trans: “O sino empiezan a murmurarte ah, esa es una traca, porque se le ve la barba te dicen y uno ya sabe que es con uno, porque una está acostumbrada”. Por ello, ellas hacen de todo para poder esconder sus barbas mientras que no tienen los medios suficientes para poder hacerse láser y, así, evitar que siga creciendo. Además de afeitarse, todas se ponen base encima para evitar que se vea. Pero, sin embargo, algunas tienen barbas muy frondosas o les crecen muy rápido, incluso de un día al otro. Eso hace que su piel se 89 irrite mucho más al tener que rasurarse con tanta frecuencia y que gasten más de lo que pueden pagar en productos como bases y polvos para esconder sus barbas. Una de ellas nos cuenta lo siguiente: “Cuando salía yo a la discoteca, a fiestas, no puede faltar en mi cartera mi prestobarba, yo siempre lo metía… Y cuando amanecía en la mañana, me iba rapidito al baño y me daba los golpasos para quitarme *risas* Porque ya amanecía y yo me quería seguir tomando. Yo: “no jodas”, me iba rapidito a lavar mi cara, a rasurar y vuelta maquillaje… Así hacía yo, es un trauma, por eso te digo, es un trauma.” Para la feminización de sus cuerpos, la mayoría de las entrevistadas relata usar o haber usado hormonas en el proceso de transición. Sin embargo, la mayoría relata haberlas usado sin supervisión y sin regulación médica. Incluso, relatan no solo haber tomado hormonas, sino haberse inyectado hormonas sin receta con la ilusión de que les salgan senos o que sus cuerpos se vuelvan más delicados. Otras relatan, incluso, haberles robado hormonas a sus compañeras para poder tomarlas. Son pocas las que relatan nunca haber sentido la necesidad de usar hormonas, el cual es el caso de una de las entrevistadas. Ella señala nunca haberlas necesitado pues no ha sentido que su cuerpo sea tosco. No, las que quieran pues, o sea las que toman el cuerpo se les pone más bonito y bueno ya es más femenino... las que no toman algunos tienen su cuerpo tosco, pero algunas no tenemos el cuerpo tosco pues, yo lo menos yo no he tomado hormonas, y mi cuerpo yo no lo siento tosco así de macho, no, mi cuerpo yo no lo veo tosco, así lo veo suavecito pues. (S.) Las entrevistadas también relatan haber comenzado a tomar hormonas por consejos de alguna amiga o persona cercana que las incentivó. Otras relatan haberlo hecho durante un tiempo, pero haberlas dejado posteriormente por ciertos efectos secundarios como hipersensibilidad o por creencias tales como que “harán menos efectos porque comieron ají, limón o consumieron alcohol”. Por una amiga que trabaja en una clínica y me dijo “¿Por qué no vienes acá? Esa ampolla es buenaza. Tú que eres trabajadora sexual, te va a ayudar bastante”. Y me animé y estoy bien. Y ahí ya empecé el tratamiento hormonal. En el transcurso de la ampolla, ya hablé con el doctor. Ahí empecé con él. (K.) Las hormonas, en estos casos, al usarse con poca o sin supervisión médica se pueden volver peligrosas para su salud y para su bienestar. Además, en los casos en los que ellas mismas tienen que financiar su proceso hormonal se ven expuestas a la toma irregular pues no siempre tienen los medios económicos para comprarlas. Según las entrevistadas, la toma no supervisada de hormonas 90 genera problemas en el hígado y mal olor en la boca. Se puede sentir el mal aliento entre sus compañeras. Otro problema de las hormonas que cuando se dejan de tomar, todo desaparece. Eso es lo que no les gusta a muchas de ellas: “De por vida tienes que chupar la pastilla, la verga esa”. Otro mecanismo para modificar sus cuerpos es inyectarse productos tóxicos como aceite de avión y/o silicón para ponerse caderas, glúteos, labios, mentón, busto, entre otros lugares. El aceite de avión o silicón, como ellas lo llaman, es la forma más económica de hacerse estas modificaciones, pero también la más peligrosa. No es peligrosa solo por el producto mismo como lo hemos visto anteriormente, sino por las condiciones del proceso y la falta de regulación. Sí, pero ya me voy a poner también con mi amiga también, mi amiga fue la que como ella se puso, su amiga fue la que le puso a ella pues, tiene que ser con confianza pues, porque cualquiera no te puede poner eso... tú no sabes qué te va a poner, esas cosas no, de confianza ya pues. Cuando mi amiga también operó ella, mi amiga es completa, mi amiga sí es completa, todo, tetas, todo, nariz, todo. (S.) En la mayoría de los casos, la persona que lo inyecta lo hace en espacios poco salubres, sin ningún tipo de preparación médica para realizar las inyecciones y sin ninguna garantía de la calidad del producto. Es cierto que es el silicón es en sí mismo tremendamente tóxico para los cuerpos, pero hay productos que pueden, incluso, aumentar su toxicidad. Además, algunas se ponen más de lo que sus cuerpos aguantar con la intención de verse lo más femeninas posibles. Esto genera dolores, ardores, fastidio, problemas físicos irreparables, gangrena, infecciones y, en muchos casos, la muerte. “O muchas compañeras que han muerto en el olvido, muchas compañeras que tuvieron que someterse a cirugías para complacer los cánones occidentales, coloniales, que nos impone la sociedad, que han terminado con sus cirugías con el cuerpo moreteado, con el cuerpo podrido con las cirugías, que han terminado con problemas físicos irreparables, con daños secundarios que han agravado su vida hasta la muerte.” (G.) Así han muerto bastantes [compañeras] por todo el silicón que se ponen se fallecen pues. Porque ya tienen bastante cuerpo y quieren más… ya no resiste tu cuerpo, qué será pues. (L.) Asimismo, quienes se han puesto aceite de avión en los glúteos ya no pueden, en ninguna circunstancia, ponerse inyecciones intramusculares en esa zona. Las entrevistadas relatan que, además, se realizan diversos procedimientos para feminizar sus cuerpos que incluyen la operación de nariz para que esta se vea más delgada, la depilación láser para eliminar el vello facial, ponerse labios, usar uñas postizas, entre otros. Se trata de verse delicadas para asemejarse a los cánones de belleza que han aprendido e interiorizado. Esto las lleva, además, a desarrollar casos de bulimia y 91 anorexia para tener cuerpos más delgados y delicados y lograr las medidas 90-60-90 asociadas con el cuerpo femenino. Otra manera de modificar sus cuerpos es realizándose una vaginoplastia. Este es un procedimiento tremendamente costoso que, además, requiere mucho tiempo de recuperación y no se realiza en todos los países. Ninguna de las entrevistadas reporta haberse realizado esta operación, pero sí lo mencionan como parte de los procedimientos para estar “completas”. Además de las modificaciones físicas que se realizan, ellas relatan la importancia de la ropa, los zapatos, los accesorios, el maquillaje, y todo lo que usan para presentarse socialmente como mujeres, así como para sentirse ellas mismas femeninas. Una de ellas, por ejemplo, le da mucha importancia al uso de tacones por cómo la hacen sentir cuando se los pone. Veamos su testimonio: Siempre, eso me fascina el taco, y todos los días estoy con tacos, incluso la Kiara me regaló, una vez que hubo donaciones de taco, mi amiga me regaló bastantes tacos, y tengo gracias a Dios sí tengo varios taquitos ahí, y me gustan los tacos, a mí sí me gustan, me fascinan... (S.) Tanto el uso de hormonas, productos tóxicos, cirugías, vestimenta, tacos, y todas las modificaciones físicas que se realizan, así como sus percepciones sobre la delicadeza del cuerpo femenino son el resultado de cánones de belleza impuestos por una sociedad heterosexista que, además, ha sobrevalorado la feminidad tradicional y las ha relegado a vivir en los márgenes de la sociedad peruana. (ix) Vínculos sociales precarios Familiares Un noveno factor de vulnerabilidad identificado a través de las entrevistas son los vínculos sociales precarios. Estos incluyen los vínculos familiares y los vínculos con amistades. En el caso de sus vínculos familiares, a través de las entrevistas hemos podido identificar estos vínculos son muy complejos y, en la mayoría de los casos, una fuente de dolor pues se vinculan con el rechazo que muchas de sus familias sienten frente a ellas cuando deciden comenzar con el proceso de transición y se autoidentifican como mujeres trans. Son los padres, en la gran mayoría de los casos, quienes tienen un mayor rechazo hacia ellas. Llevando este rechazo a la violencia física, en muchos de los casos. Este rechazo puede agruparse en dos grupos. Están los padres cuyo rechazo se manifiesta queriendo “mantenerlas como hombres” y les cortan el pelo, las obligan a usar ropa suelta y las amenazan con no vestirse de mujer. Mientras que, por otro lado, están los padres cuyo rechazo radica en echarlas de sus hogares o cortar el vínculo afectivo que tienen con ellas desde un inicio. Es importante señalar que muchas veces cuando los padres intentan “mantenerlas como hombres” 92 y fracasan, pasan a la segunda forma de rechazo y cortan el vínculo con ellas. Ellas relatan el dolor y la pena que sienten por el rechazo de sus padres y por el vacío que han dejado en sus vidas. El no ser aceptadas por sus padres tiene un costo emocional muy grande. Les genera mucho dolor. Además del rechazo, las relaciones con sus padres suelen verse atravesadas por diversos tipos de violencia. Esta violencia se materializa como golpes, insultos, maltrato, etc., pero también cuando se rehúsan a llamarlas por su nombre femenino e insisten en usar sus nombres masculinos. Nótese que no en todos los casos es una violencia explícita o que ellas mismas identifican como violencia. Es común que los episodios de violencia escalen en los casos en los cuales sus padres o madres tienen algún problema o vicio como las drogas o el alcohol. Ya, ya, pelo largo, pero con el tema del colegio, yo seguía en la nocturna, pero mi papá un día me dijo que… nunca me aceptaba mi papá, nunca, nunca, me decía varón varón… y un día mi cabello estaba largo, y yo vivía en la… teníamos otra casa… mi mamá… mi papá había comprado una casa pues, y este… y yo me fui a la discoteca, me gustaba ir a fiestas, vine pues y mi papá me había cortado el cabello, me lo dejó chiquitito. (L.) Sus vínculos familiares también se ven influenciados por el costo social que trae a sus familias ser mujeres trans. Lo que piensan los vecinos, amigos, familiares se vuelve parte de la preocupación y la vergüenza familiar. Los murmuros, lo que dicen a sus espaldas, todo eso suma a la tensión entre ellas y, especialmente, sus padres. Una de ellas nos cuenta: “Mamá lloraba, pero aceptaba. Se daban cuenta, pues. La gente también de mi barrio le hablaba.” Otra dice lo siguiente: “¿Por qué tienes que depilarte? ¿Acaso quieres ser maricón? ¿Por qué haces eso? Mis amigos están que me dicen que tú eres maricón, que esto que el otro. Yo no quiero tener un hijo así”. Otro rasgo de sus vínculos familiares es que en la mayoría de los casos en los que los padres están juntos, por no tener problemas matrimoniales, las madres siguen la decisión de sus maridos. Por ello, hay casos en los que cuando se muere el papá o cuando la mamá se separa del papá, es que la mamá se acerca nuevamente a su hija trans. También están las familias que retoman el vínculo cuando ellas comienzan a trabajar y a ganar algo de plata y les piden apoyo. Muchas de las entrevistadas relatan que, hasta que inició la pandemia, les enviaban dinero a sus familias para apoyarlas. En algunos casos, estos vínculos se perdieron cuando dejaron de enviar dinero. Además de enviarle dinero a sus familias, varias de las que tienen familias en Lima relatan ayudarlos con la cocina, con la limpieza o cuidando a sus sobrinos. Siempre pareciera haber una función que cumplen cuando pasan tiempo en familia. Siguiendo sus relatos, pareciera que necesitan ganarse constantemente el afecto de sus familias. Lo cual puede deberse al rechazo inicial que sintieron al presentarse como chicas trans o al vacío que les dejó distanciarse de sus familias durante los años iniciales de su transición cuando se vieron obligadas a salir de sus hogares. 93 Entre pares Un segundo grupo dentro de los vínculos sociales precarios son los vínculos entre pares. Para entender sus vínculos, es importante entender cómo organizan sus vidas. Se trata de mujeres trans que conviven en espacios precarios donde a su vez trabajan y generan vínculos sociales. Como ya lo hemos mencionado, la mayoría de las chicas trans que viven en el Centro de Lima viven en casonas antiguas donde alquilan cuartos. Las casonas son grandes y tienen muchos cuartos que se encuentran uno al costado del otro. Cuando salen a las calles a trabajar, ellas se paran en la calle que da a la casona en la que viven. Varias, además, entran con los clientes a sus cuartos para atenderlos ahí. Ellas comparten espacios comunes como el baño, el techo de la casona donde a veces se reúnen o tienden su ropa, los pasadizos donde se encuentran y, en algunos casos, un espacio común para cocinar. Si bien señalan que prefieren cocinar en sus cuartos, mencionan que cuando organizaron las ollas comunes usaron el espacio común para cocinar. En las casonas viven muchas chicas, pero no todas son necesariamente cercanas. Una forma de mostrar su cercanía es a través de la confianza, la cual es escasa en el espacio en el que se encuentran. Una de ellas menciona lo siguiente: Acá, empezamos a ser amigas en el trabajo, y siempre como que le parecía bien a ella, y yo me parecía bien, hicimos amigas pues, y ya entramos a confianza y ya pues, ya hay confianza pues, entonces llego a su cuarto y sabe que no soy ladrona, no me gusta nada que no es mío, y ya es confianza pues... saben que no soy ratera, uno sabe también las personas que les gusta robar, y yo no me he acostumbrado a eso, no me gusta. (S.) Ahora bien, mezclar el ámbito laboral y el ámbito privado en un mismo espacio genera mucha competencia y envidia entre ellas. La competencia está por quién jala más clientes, quién gana más, quién tiene marido, quién se ve más femenina, quién es más bella. Recordemos que mientras ellas trabajan en las calles, siguen en el proceso de transición. Por esa razón, parte del éxito que tienen laboralmente lo vinculan con su apariencia física y su semejanza a los estándares occidentales de belleza que ellas tienen. La competencia genera envidia entre ellas. En algunos casos más y en otros casos menos. Esto varía con la edad, la cantidad de tiempo que llevan trabajando en las calles, la personalidad de cada una, entre otros factores. La envidia permea las relaciones que desarrollan entre ellas y las precariza. Las chicas te quieren cortar, porque estás trabajando mal... y si tú te dejas peor. Entonces eso era un bochorno a cada rato conmigo, tenía que estar pendiente, porque las chicas estaban con la envidia. Entraba a trabajar y estaban "¿cuánto te hiciste?, ¿cuánto esto?"... 94 pero como yo me sé el maquineo también de la calle, entonces yo no me dejaba. Entonces yo dije "no, acá no me gusta" no me sentía bien, tranquila en ese ambiente. (S.) La envidia permea las relaciones que desarrollan entre ellas y las precariza. Sin embargo, estas relaciones son en las que luego recaen cuando necesitan ayuda, están en problemas o cuando hay cosas que celebrar. Por eso es común en las entrevistas escucharlas iniciar diciendo que se llevan bien con todas para luego relatar los conflictos que tienen. Esto es sintomático de sus propias experiencias diarias. Veamos el siguiente testimonio: Bueno, todas son chéveres, hasta cierto punto también, pero todas tienen sus cositas, pero cada quien tiene lo suyo, como quien dice, "hay algo de ti que me gusta, hay algo de ti que no me gusta" o sea trato de mezclar y combinar eso... lo que no me gusta de ti lo puedo transferir en otra cosa que sí me gusta de ti, así saco cositas de cada persona... yo soy así psicoanalista, me gusta analizar las personas, ver con qué clase de persona me estoy juntando, no toda persona, como quien dice, no todos somos pepitas de oro para caerte bien, a veces nunca falta la envidia, la cólera que te tienen, por la forma de persona como la cual tú eres, no vives en un mundo alocadamente. Veo tantas amistades aquí... pero bueno me caen chéveres todas acá, para mí, hasta cierto punto hasta que, bueno, todo tiene límite. (D.) Otro factor que precariza aún más sus relaciones sociales es la recepción del apoyo externo. Este se da en forma de víveres, ropa, apoyo económico, juguetes para quienes tienen hijos o hijas, incluso muebles o aparatos de cocina o lavandería. Hay mucha envidia y desconfianza en la separación y distribución de lo que reciben. Esto lleva a conflictos y rajes entre ellas, pero también genera alianzas entre quienes han monopolizado el apoyo externo y quienes quisieran asegurarse en recibir su parte o quisieran recibir más que el resto. Veamos el siguiente testimonio: Cuando voy, salgo, “Hola”, “Hola”, “Hola”. O sea, no tengo malos comentarios de las chicas. Unas que otras, sí, como todos. Hay chicas buenas, chicas malas, chicas que te insultan, chicas que hablan feo de ti, pero eso ya lo sé yo ya, ya lo he pasado, así que normal. Si me hablan bien. Si hablan mal de mí, a mí me da igual, porque a las finales yo sé cómo es mi trabajo, yo sé si apoyo a las chicas. Y basta con eso nada más. (K.) Si ayudas: ¿Por qué ayudas?, si no ayudas: ¿Por qué no ayudas?... Así que yo por eso dije: “Ya no quiero saber nada de las chicas” Porque si una hace algo bueno te hablan de ti, si haces algo malo igual hablan de ti. Entonces… (x) Vínculos afectivos precarios 95 Un décimo factor de vulnerabilidad son los vínculos emocionales precarios. A través de los relatos obtenidos hemos podido identificar que las relaciones entre las entrevistadas y sus parejas son, en la gran mayoría de los casos, jerárquicas, clandestinas, violentas y con una alta tolerancia al maltrato. Además, en sus relatos muestran la necesidad de ser queridas y aceptadas por los hombres. Tanto durante el trabajo sexual, como en sus relaciones amorosas. Sin embargo, como lo comenta una de ellas, muchas veces lo que reciben es rechazo: “Y para que los hombres te vean tienes que ir siquiera con una mini, tienes que mostrar algo, y ni así a veces los hombres ni te quieren” (Sa). Hemos identificado dos categorías de parejas. Por un lado, está la categoría de “pareja o amigo”. Estos suelen ser chicos con quienes se han visto algunas veces o las visitan de vez en cuando, pero con quienes no pasan tanto tiempo o tienen encuentros ocasionales. En algunos casos vemos que los amigos se vuelven maridos, pero no necesariamente. Por otro lado, el “marido” es con quien conviven o pasan la mayor parte de su tiempo. Usualmente el marido es su pareja oficial, con quien conviven cuando las visitan y en quien invierten su tiempo y recursos. A: ¿Y después has tenido otra pareja, durante este año? S: Sí, él chico que estaba enantes acá. Como una pareja, digamos. Viene a veces a dormir, a veces no. Pero él es soltero. Marido es cuando vives y estás con él siempre. (Sa.) En algunos casos, ellas mantienen a los maridos cuando los ven dándoles comida, comprándoles cosas que les piden u otra cosa que necesiten. En otros casos, son estos maridos las que las sacan del trabajo sexual y, mientras estén con ellas, las mantienen. En estos casos, ellas suelen encargarse de las labores del hogar, de cuidarlos y de satisfacerlos. Muchas comentan que los maridos las celan y muchas veces les pegan, como resultado. Un poquito así miraba, así miraba un poquito porque a veces estaba trabajando y a veces me tocaba la puerta, le decía “estoy un poquito ocupada” le decía, sino que él me he alejado porque mucho celaba también. (L.) Como lo hemos mencionado, un primer rasgo de sus relaciones de pareja es que son relaciones jerárquicas. Es decir, son relaciones en las que las parejas masculinas suelen tener poder de decisión y acción sobre ellas y sobre el curso mismo de la relación. En varios casos esto sucede porque los mismos clientes se vuelven sus parejas. Entonces las relaciones nacen en una situación de desigualdad donde la pauta la marca la transacción económica-sexual entre ellos. También están quienes conocen fuera del trabajo sexual, pero son la minoría. Las entrevistadas relatan que el tiempo que pasan con sus parejas suele darse cuando ellos las visitan en sus cuartos y duran el tiempo que ellos decidan pues son ellos quienes van y vienen a verlas. Ellas también cuentan que cuando sus parejas las visitan ellas los atienden, les cocinan, 96 satisfacen sus necesidades, los cuidan y hasta usan sus ahorros para comprarles cosas que ellos les piden como, por ejemplo, zapatillas, ropa o, incluso, una de ellas relata haberle comprado un futón al hijo de su pareja luego de que él le dijo que no tenía los medios para comprarlo: “Sí [el chico con el que salía], a veces los sábados, me traía frutas, vendía fruta pues, pero mayormente yo trabajaba, cocinaba todos los días para él, para él y su perrito” (L.). Son estas situaciones las que muestran que ellas viven constantemente “ganándose” no solo su afecto, sino manteniéndolos interesados en ellas. Ellas viven en constante temor de ser abandonadas y olvidadas, aun cuando no todas lo reconozcan desde un inicio. Desde ese día ya… Pero no estábamos todavía, sino que se había hecho mi amigo… Tú sabes, toda maricona, desde el primer día ya tenía relaciones con los hombres. Porque es mentira que no. Ninguna mujer trans va a decir que no. Todas nosotras lo primero que buscamos es el sexo en el hombre. Y los hombres igual. Una mujer no va a buscar primero en el hombre eso. El hombre primero te enamora… A las que son mujeres, obviamente. No va a decir de frente “sexo”. Ya no lo veo. No sé qué será de su vida. (Sa.) Otro rasgo que resalta de sus relaciones amorosas es la clandestinidad. Varias de las entrevistadas señalan ser o haber sido la amante de su pareja. De acuerdo con sus relatos, varios de los hombres con los que los que están, están casados o tienen a otra mujer como su pareja principal. Por ello, estas relaciones se mantienen en la clandestinidad de sus cuartos donde pasan la mayor cantidad de tiempo cuando sus parejas las visitan. Una de ellas recuerda lo siguiente: “El rey es el hombre de mi vida. Un año no lo veo al rey. Un año y un día hoy día, que ya no lo veo. Con él he estado tres años casi. Pero siempre he sido la amante, pues. Porque siempre he sabido que tenía su mujer. Desde el primer día me ha dicho que tenía su mujer.” (Sa.). Ellas no relatan salir a pasear o conocer a sus amigos o familiares, sino pasar tiempo juntos cuando el hombre decide ir a visitarlas. Sus cuartos se vuelven el espacio donde trabajan y llevan a sus clientes, pero también son el espacio primario donde se desarrollan sus relaciones amorosas. No, no es que no le guste [que haga trabajo sexual]. Simplemente que a veces viene, me visita, estamos acá y se va a su casa. Ya no voy a salir a trabajar si estoy con él. Hay que darle su lugar también, pues, también para que venga y esté conmigo. Para que se sientan, pues, bien, ¿no? Para que no te digan cosas malas. Esa es mi manera de pensar de mí. No sé si todos pensarán igual. Lo dudo, porque todas van a salir. Además, ya no salgo tanto porque no hay plata, pues. Es una pérdida de tiempo. Salía y no hay nadie. ¿Para qué voy a salir? (Sa.) En varios casos relatan esperar a que sus parejas se vayan para poder salir a trabajar porque necesitan tener los cuartos libres o estar trabajando cuando su pareja llegó a verlas: “Sí le 97 cocinaba… sí venía, comía, comía con él, comía con él y almorzábamos con él, cenábamos, yo cenaba con él porque el trabajaba todo el día pues. Todo el día, ya en la noche venía ya, a las 9 ya, tenía que meterme sí o sí, trabaje o no trabaje, porque como trabajo en mi cuarto, y venía…” (L.). Además, relatan que es muchos casos han terminado sus relaciones porque la pareja dejó de ir a visitarlas, consiguió a otra chica, dejó de contestar el teléfono o, incluso, de un día a otro cambió su número. [El sillón] Es nuevo. Va a tener un año ya, o menos de un año, unos días para un año debe tener esto. Porque, así como esos días, me había llamado diciendo que su hijito estaba más grande, que el colchón donde está no alcanza con su mujer, y yo sabía, ¿no? Y ya pues. Me fui a comprar con una amiga eso. Para que les pueda durar, para que les pueda servir de cama y de sofá... Pero ya nunca más supe de él. Me pidió eso y ya nunca más supe de él hasta el día de hoy. No sé qué habrá pasado con él. Porque la verdad quisiera saber qué le ha pasado o dónde estará. Bloqueó ese número. No tiene ese número ya. Cuando yo conocí su número de nuevo, de su Face… Porque de su Face también me bloqueó y no me acordaba… Porque era difícil su Face… Pero llegué a encontrar su Face y no entra a su Face ya, que él tiene. Y he entrado al Instagram ¿para qué te voy a engañar? de su hijito. Ahí le veo con fotos de hace… Ya será un año, de diciembre del año pasado. Pero a él no puedo entrar a su Instagram, porque está privado. Ni de su mujer, ni de su hermano. Y no puedo verlo, pues. En su foto sí le veo que está ahí con su hijito. Pero muy poco le veo… A la mujer sola. Con su hijito mayormente le veo a su mujer. Pero a él no tanto. (Sa.) No sé, me dijeron que estaba abajo, como me sacó la vuelta con otra menor que yo, ella le habló cosas, pestes de mí, decía “¿qué haces con ella? conmigo vas a conseguir más”… como digamos que ella lo va a apoyar, que los dos van a salir adelante… porque él de su boca de él mismo salió pues, y eso fue ilusionándose pues con ella… vino dice mareado, y… porque primero me tocó la puerta y me dijeron que “estaba buscando no sé si a ti, te estaba buscando tu marido", pero a mí no sí él no me conversa, porque un día, no sé, intercambio de palabras pues, ¿no? Porque un día pasó ya no me habló, dice que vino a buscar a la chica a la otra no sé… Pero ese día me conversó, vino acá durmió ese día ahí en mi cuarto, dormimos, y estábamos pues, almorzamos, estábamos ahí conversando, y se fue, almuerzo se fue ya, a las 5 de la tarde. (L.) Un siguiente rasgo que hemos podido identificar es que la gran mayoría son relaciones violentas. Es muy común en sus relatos escuchar que sus parejas les pegaban o golpeaban. Algunas relatan recibir los golpes pasivamente, mientras que otras señalan no haberse dejado y haber de vuelto el golpe. Una de ellas relata, incluso, haber necesitado una operación de nariz luego de que su pareja la desfiguró. Además de la violencia física, la frecuencia de la violencia emocional es muy alta. Una de ellas relata, por ejemplo, que su pareja ya no le pega como antes, pero la insulta. Esta situación es muy común entre ellas y sus parejas. 98 He tenido parejas peores, o sea con él me siento tranquila ¿por qué? porque no es uno de los chicos como con los que conviví, con los que sí en la casa de mi abuela me... me enamoré de este chico, porque es un chico sencillo, muy humilde... si de un plato de comida comemos los dos él tranquilo... mis anteriores parejas tenían plata pero eran pegalones, eran celosos... no era feliz, sufría, pero obviamente delante de mi abuela tenía que ser una persona feliz y contenta, el martirio lo vivía por dentro pero por fuera tenía que sonreír.... (D.) La violencia se vincula con el siguiente rasgo que hemos señalado: la alta tolerancia al maltrato. Este es un rasgo recurrente en todos los relatos. Una de las entrevistadas señala lo siguiente: “Con él me pegaba antes, pero ya cambió bastante. Ahora solamente me insulta. Ya no me pega. (Sa.)”. Se trata de relaciones amorosas basadas en la capacidad de ejercer poder y control sobre la otra persona, volviéndose relaciones tóxicas. Una de las entrevistadas relata que su marido constantemente la amenaza con matarla, pero aun así no lo deja. Ella señala que tiene la posibilidad de irse a vivir fuera para ejercer el trabajar sexual, lo que le permitiría salir de su relación sin ser lastimada. Por ello, se iría sin decirle para evitar que le haga daño: “Sí, pero me amenaza. Hasta ahora me amenaza que me va a matar. Pero ya, pues. Yo le doy tiempo al tiempo. No sé. Es que no sabe él que yo tengo una prima que está en Italia y va a venir. El otro mes viene mi prima. Y creo que me voy a ir con él, con mi primo. Pero él no sabe. (Sa.)” Ahora bien, dentro de la precariedad de sus relaciones amorosas, ellas encuentran experiencias positivas. La compañía y el afecto que les dan con importantes para ellas, aunque sea por periodos cortos de tiempo o aunque estos se mezcle con violencia y abuso. 5.2.2. Dimensión subjetiva Queremos pasar ahora al componente subjetivo de las entrevistas. A lo largo de sus relatos, ellas expresan un conjunto de emociones que las acompañan a lo largo de su vida. Conocerlas es importante para entender mejor los factores de vulnerabilidad caracterizados previamente, así como para conocer sus propios deseos, necesidades, sueños, vacío, entre otros. Para ello vamos a presentar las emociones que ellas mismas identifican y mencionan durante las entrevistas, así como las emociones menos explícitas que hemos podido identificar a través de sus relatos y su tono de voz. Las hemos dividido en tres grupos. Esta agrupación responde a los tres momentos más importantes en sus trayectorias de vidas: sus relaciones familiares, su proceso de transición y el trabajo sexual. Relaciones familiares 99 Los relatos ponen en evidencia el sufrimiento, dolor y vacío que les causa el rechazo familiar. Específicamente, el rechazo del padre. Este tiene un impacto bastante elevado en sus vidas no solo por la carencia afectiva que les genera ausencia de aprobación y afecto de sus padres, sino porque los padres ocupan un lugar central en sus familias y dan la pauta para el restos de miembros familiares. Como resultado, el rechazo de sus padres trae consigo el rechazo de tíos, hermanos e, incluso, de sus madres aun cuando muchas de ellas reconocen que no quisieron hacerlo. Este rechazo suele darse cuando inician a mostrar rasgos de feminidad. En algunos casos, se da cuando algunas personas del entorno hacen bromas al respecto o resaltan esas características femeninas de forma negativa. En otros casos, el rechazo inicia cuando ellas comienzan su proceso de transición. Este es un momento clave o, siguiendo a Blanco, un “turning point” en sus vidas pues se vuelve evidente para sus familias y su entorno que son mujeres trans. Veamos el siguiente testimonio: Bueno, [mi papá] fue y habló con mi mamá, le dijo a mi mamá [que estaba con otro niño], entonces mi mamá le dijo “yo lo parí, es mi hijo, tráemelo a mi casa”. Yo no quería porque yo estaba acostumbrado a vivir con mi abuela, con mi papá, no es que mi mamá era mala no, sino que ya me había acostumbrado con ellos “ay bueno yo dije” porque mi papá me quería poner a hacer trabajos rudos, de hombre, y yo no quería eso, porque me iba a poner a esforzarme, no. Yo dije “no, me voy pa donde mi mamá”, y de ahí entonces empecé a vivir donde mi mamá... donde mi mamá sí fue diferente, a mi mamá le pegó, sí, le pegó... Mi mamá creía que era... primero pensando que era chico así gay, pero no que me vistiera de mujer, porque ella le tenía miedo a la sociedad, que me fuera a hacer la gente, me iba a discriminar, y ella tenía miedo, pero yo le digo a mi mamá “yo no me siento bien siendo chico, poniéndome ropa de chico, no me siento bien”. Y como somos de bajos recursos no podíamos, yo no podía tampoco darme ese lujo de vestirme de mujer ni nada de eso entonces... (S.) Este rechazo se da en algunos casos de forma más cortante, como en el caso que acabamos de mostrar, pero en otros casos se da de forma más solapada, a medias. En el testimonio que detallamos a continuación vemos una familia que la acepta mientras sea “maricona”, pero sin que se vista como mujer. Ahí, comienza el rechazo. Veamos su testimonio: O sea, hubo ciertas condiciones, ¿no? Porque en mi familia… O sea, nadie… Yo he crecido en una zona rural, campesina, entonces nadie conoce a las personas trans allá, no saben de ese término. Para allá todos son maricones. Los hombres que les gustan los hombres… Las personas que fueron asignadas hombres al nacer que les gustan los hombres son maricones, y las personas que fueron asignadas al nacer mujer y les gustan las mujeres son marimachas. Así. Entonces, mis padres me aceptaron, pero me decían “Pero no te vas a 100 vestir como mujer”, “Pero vas a estudiar”, “Pero no vas a caminar así”. Y yo, en ese momento de miedo, decía sí a todo. “Sí, sí, sí”. (G.) Como vemos en el testimonio, la entrevistada recuerda haber sentido miedo de ser rechazada por su familia. Por ello, ella inicialmente se presenta como “maricón” pues sabe que si se presenta como mujer trans será rechazada inmediatamente. Este miedo al rechazo tiene una carga muy importante en su desarrollo posterior pues, como nos cuentan, conforme inician su transición el rechazo las acompaña en su día a día. Esto se muestra como rechazo social, rechazo afectivo por sus parejas, rechazo laboral, entre otros. No obstante, si bien la transición supone cortar con una parte de su vida muy importante para poder vivir su identidad libremente, en la mayoría de los casos vemos que cuando ellas comienzan a ganar plata y pueden enviarles dinero a sus familias, se da una suerte de re-vinculación entre ellos. Ellas reconocen que en muchos casos retoman el vínculo familiar por conveniencia ya que todas vienen de hogares de bajos recursos. Esta re-vinculación también sucede cuando el padre fallece o se separa de la madre pues es la presencia del padre la que, en la mayoría de los casos, limita el vínculo afectivo con las entrevistadas. Ellas muestran el dolor que les causa saber que sus relaciones familiares están trazadas por el rechazo y la conveniencia no solo con sus comentarios, sino con el tono de voz que usan. Es común notar nostalgia en su voz, pero también resignación. Veamos la siguiente cita: Yo no tengo problema con mi familia. Mi papá sí se apena conmigo, no lo voy a negar, sí me habla así “hola” y ya, pero se apena, pero a mí no me importa porque no me interesa. Pero mi mamá, mis hermanos, todos me quieren, yo estoy bien en mi casa. (S.) Además del rechazo, las mujeres trans son víctimas de una constante negación de su identidad. Esto se da en espacios públicos, pero también con sus familiares y amigos. Es muy común encontrar en sus relatos que las personas cercanas que las conocieron antes de transicionar las sigan llamando por su nombre masculino o les dicen “tíos” o “hijos” en masculino. Veamos uno de sus testimonios: Mi hijo, [mi mamá] me llama por el nombre de que soy... Ahora cuando estábamos en tiempo de... en la calle, ella para que yo no pase pena y me dice “César” por allá para evitarme pena también en la calle así con la gente burlando de uno, pero a ella le cuesta, pero a ella sí le acepto que me llame lo que ella quiera porque ella fue la que me trajo al mundo, ella sabe lo que parió pues. (S.) Cuando leemos sus relatos, es posible encontrar una suerte de resignación en estos casos. Sin embargo, notamos que en ciertos casos ellas toleran y aceptan la negación de su identidad porque sienten que no viene con malas intenciones. Por ejemplo, en el caso de sus madres. La mayoría de 101 ellas tiene una buena relación con sus madres y se sienten queridas y aceptadas por ellas, aun cuando las siguen llamando por su nombre masculino. Proceso de transición Las emociones durante el proceso de transición son diversas y complejas. Estas varían según el contexto particular de cada una de ellas y según la etapa de transición en la que se encuentran. En todos los casos, el proceso de transición va de la mano con la salida de sus hogares y el inicio en el trabajo sexual. Siguiendo sus relatos vemos que, si bien vienen de distintos contextos, el proceso de transición en todos los casos predomina una lucha interna por no querer aceptarse como mujeres trans y la vergüenza que esta lucha trae consigo durante el proceso de transición. Veamos los siguientes testimonios: “O sea, yo misma me cerraba. Incluso yo intentaba meterme a la cabeza que tenía que ser una persona normal y que tenía que… Entre comillas, “normal” ... Que tenía que ser hombre… Yo no pude vivir un proceso de enamoramiento como el resto de los adolescentes, ni descubrí mi sexualidad ni nada, por eso, ¿no? Es más, me asumí como gay, porque no sabía que existían las personas trans. Tenía muchísimo miedo. Era como que sola, escondida, terminaba mirándome al espejo, imaginándome de otra manera. Ya volví a recurrir a diosito y pedirle que esta vez por favor al otro día despierte como mujer, que por favor me permita volver a nacer. Y ninguna de estas cosas funcionaron, así que entré en una crisis, a depresión, a intentos de suicidio, a querer desaparecer. Porque ya era demasiado, ¿no? Ya era demasiado.” (G.) “El recreo era un espacio violento para mí. Mis compañeros y compañeras ejercían violencia contra mí, sobre todo los niños. Tampoco iba al baño. Me aguantaba ir al baño porque a mí me violaron el primer año de primaria y tenía mucho miedo de eso. Cuando fui creciendo también tuve intentos de abuso sexual, de violencia sexual en los baños de la escuela, así que yo aprendí a aguantarme el orín todos los días de la escuela. Entonces, durante todo ese proceso, después de haber intentado ser quien soy y darme cuenta de que quien era me traía problemas… Y en ese entonces yo pensaba que la culpable era yo. Yo comencé a tomar las noches para poder rogarle a diosito Diosito, por favor, vuélveme hombre. Quiero ser como el resto de chicos. Pero nunca pasó.” (G.) Como muestran las citas, la lucha interna por no querer aceptarse como mujeres trans y la vergüenza que esta lucha trae consigo durante el proceso de transición genera sentimientos de suicidio, depresión, miedo, culpa. Es importante reconocer estos sentimientos pues tienen un impacto directo en su aceptación personal y desarrollo social. Parte de su proceso de transición incluye no solo ser aceptadas por su entorno, sino aceptarse a ellas mismas 102 Sí, decía que en Iquitos no voy a poder [ser yo]. Me daba vergüenza también, por la gente y todo eso. No eres libre. Pero ahora, cuando voy, ya normal soy tal y como soy. Pero creo que, si hubiese estado ahí, no hubiese podido…(Sa.) “Y ya en ese momento intenté reprimir. Tuve una etapa de poder reprimir quien soy. Intenté cuidar cómo me reía, cuidar cómo caminaba, cuidar cómo vestía. Intenté auto limitarme a mí misma, ¿no? Y eso como que me permitía esquivar violencias transfóbicas, pero, al mismo tiempo, era como una persona vacía, que terminaba haciendo lo que el resto quería, sin poder sonreír, únicamente haciendo las tareas, cumpliendo lo que mi mamá quiere, lo que los profesores quieren, lo que los adultos quieren.” (G.) A través de sus relatos también podemos ver el precio emocional que tiene la pérdida de oportunidades y privilegios que experimentan conforme avanzan en el proceso de transición. Vemos que la discriminación en sus espacios laborales, así como sus espacios sociales se vuelve cada vez más explícita. A continuación, vemos cómo esta situación ha sido relatada por dos de las entrevistadas: Sin embargo, cuando fui transcicionando me botaron del estudio jurídico. El doctor que estaba a mi cargo, con otra doctora, comenzaron a llamar a todos los estudios. No logré conseguir chamba. Intenté tocar un montón de puertas. Fui a restaurantes, fui a hoteles, fui a empresas privadas, volví a ir a los fundos, a las agroexportadoras. Y siempre había algo de por medio: la violencia sexual. Siempre había ese ánimo de querer… De los hombres, de rechazarme en público y de buscarme a escondidas para poder ocupar mi cuerpo, ¿no? Yo estaba harta de todo eso. Y siempre… Después del rechazo, venía… ¡Siempre! Era como una constante en todos los trabajos. Cuando rechazaba a quien estaba yo a su cargo, me terminaban botando sin pagarme o pagándome menos de lo que debían. Siempre. No duraba ni siquiera cuatro, cinco días en un trabajo, porque, apenas se iban, terminaban encerrándome en un cuarto para, bueno, ya sabemos qué. Entonces, no lograba conseguir trabajo. (G.) Además de las emociones y sentimientos negativos que sienten al transicionar por el rechazo que experimentan, ellas relatan lo importante que poder transicionar y sentirse bien consigo mismas, con su cuerpo y con su identidad. Para ellas, transicionar es un proceso de liberación luego de años de sentirse diferentes- en muchos casos sin entender por qué- y de estar siempre cuidándose de cómo eran percibidas o lo que decían de ellas a sus espaldas. Una de ellas señala lo siguiente: “Y así yo le dije ‘bueno yo me siento bien, así como estoy, yo no quiero vivir como hombre, yo como hombre no quiero vivir, yo quiero ser una chica, yo cuando tenga mi plata yo quisiera operarme’ yo le dije a mi mamá ‘yo sí quiero cambiar mi vida’.” Trabajo sexual 103 El trabajo sexual ocupa un espacio central en la vida de las mujeres trans entrevistadas. Se vuelve el medio de supervivencia económica, espacio de socialización a través de la violencia, fuente de enfermedades de trasmisión sexual y VIH, lugar en el que conocen a varias de sus parejas. Dado a que muchas atienden en sus cuartos, el trabajo sexual permea la privacidad de sus habitaciones que, en todos los casos, son el espacio en el que viven diariamente. Se trata de una actividad que va más allá de sus horarios laborales. Es una actividad que estructura sus vidas. Previamente hemos descrito sus impresiones en torno al trabajo sexual como actividad, ahora pasaremos a describir las emociones que han sentido realizando este trabajo. Entre las emociones que describen destacan la vergüenza, el miedo, la incomodidad y la culpa. El miedo es la emoción que más resalta en sus relatos. El miedo se manifiesta cuando comienzan a ejercer la prostitución: No, yo recién comencé a trabajar a los 26 años en esto. A los 26 años. Ahorita tengo 43… Cuando vine, trabajaba en Wong. De ahí, trabajé en unas tiendas. De ahí ya no… Tenía una prima también que es igual que yo, que está en Italia. Vivía con ella y me decía para trabajar así, hasta que un día me animé. El primer día tuve miedo y de ahí ahora ya estoy acostumbrada ya. Ya no... (Sa) Sí, porque un pata que quería tener relaciones conmigo, y yo no quise pues, me fui, como tenía su eso grande, yo tenía miedo pues, era más chibola, me agarró y con su de acá me metió un puñete, con el anillo, por acá me rajó… y mi mamá comenzó a llorar “¿qué tanto quieres en la calle?” en la casa y yo “ay madre, mamá” le decía no más, llore y llore estaba ahí, me quedé a dormir llorando, todo golpeado por acá, sí me sentía un poquito así, la agresión de aquel tiempo. (L.) Sí, me vine, conocí a una amiga, en la discoteca, y ella me llevó a su cuarto pues… no me acostumbré… no sé, me sentía incómoda en un cuarto, vivía en una casona también así… no sé, me sentía incómoda, “ay no” digo, miraba gente así, vivía en un cuarto, creo que pagaban 5 soles, no sé cuánto pagaban, 10 soles creo, un cuarto vivían así… de ahí me fui y viví con una amiguita pues en un cuarto, pero ahí sacábamos las cosas, la otra sacaban sus cosas, un poco me incomodaba…de ahí me fui a vivir con otra chica, y también para qué ella bien buena, pero yo nunca trabajaba, porque me daba miedo trabajar en eso pues, ¿no? Y poco a poco así ya, no me acostumbré mucho, porque mi familia de mí no sabía nada, mi familia pensaba que yo había fallecido. (L.) El miedo también predomina cuando experimentan episodios de violencia con clientes, policías o serenazgo. Estos episodios van desde golpes y violaciones sexuales, hasta intentos de transfeminicidios con pistolas y cuchillos. Veamos sus testimonios: 104 O sea, por más que uno tenga miedo, yo con una pistola en la cabeza, por más de que yo me moría de miedo, trataba de ser fría, de decirle al hombre “¿Sabes qué? Si quieres matarme, mátame. Dispárame. ¿Por qué no me disparas? Hazlo”. Pero sí por dentro me moría de miedo. Y el hombre me quedaba mirando y me dice “Es la primera vez que alguien me dice eso. Porque otras se me arrodillan, me piden perdón y me dicen que no las mate. Pero tú eres la primera que me dice que te dispare”. “Pero dispárame. ¿Por qué no lo haces?” Y lo empujaba y se caía al piso. (K.) Violencia, violencia, violencia… sí, cuando viajé a Yurimaguas sí, me acuerdo un pata que ahí tuve una violencia… en Pucallpa sí no. En Yurimaguas sí cuando viajé sí. Sí, antes de ir a Pucallpa, ahí sí tenía una agresión de un pata que me pegó, me llevó a su casa, quería tener relaciones, y me acusó que yo le había robado, y yo no he sido, yo era más chibola, no sabía nada. Y me golpeó feo pues, por acá me golpeó la ceja, y yo me corrí pues de miedo, corrí corrí, me fui a la casa de una señora, llegué, ahí sí pues es lo que he recibido agresión… En Iquitos también…(L.) Además del miedo, la vergüenza y la culpa son dos emociones que predominan en los relatos cuando hablan del trabajo sexual: Tenía mucha vergüenza y mucho sentimiento de culpa al inicio. Después ya yo me venía a Lima incluso a ejercer. Primero en la calle, luego en las páginas. Porque en la calle, pucha, me golpearon varias veces. Había tipos que venían y no te querían pagar, había tipos que venían entre varios y te subían a un taxi, te violaban. O la misma Policía venía y te obligaba a tener sexo para no molestarte. Cuando yo estuve ejerciendo prostitución, cobraban cupos. Si no querías pagar, también venían y te golpeaban, te obligaban a comprar drogas. Yo nunca consumí, pero igual tenía que comprar porque era lo que te imponían, ¿no? Así que apenas pude dejé las calles, dejé de prostituirme en las calles. Pasé a las páginas, a atender en cuarto, ya no a salir a la calle. Y, bueno, ya perdí la vergüenza y la culpa, pero al mismo tiempo también quería salir de ese círculo, ¿no? O sea, no tenía vergüenza ni culpa, pero tampoco me sentía cómoda. Intentaba ver otras formas de ingreso, ¿no? (G.) Las propuestas que yo recibía eran de Facebook. Y era gente que conocía, con la que me veía, pero que no era capaz de decírmelo así, sino que usaba una red social y a veces con cuentas anónimas. Y me ofrecían cosas, ¿no? Yo decía “No, no, no”. Pero un día estuve como que cuatro o cinco días sin comer. Tenía tanta hambre…. No tenía ni un puto sol. Porque, además, había sobrevivido muchos días… Yo me compraba mi avena, hacía mi avena y con eso pasaba mi día, ¿no? Pero ya no tenía ni siquiera para comprarme una bolsa de avena de 80 céntimos, que en ese tiempo costaba. Me daba una rabia. Y en ese momento me escribió un tipo y me dice “Te llevo a comer”. Yo ya sabía obviamente qué implicaba eso, ¿no? Y lo acepté. Lo acepté por hambre, porque mis tripas estaban vacías, por 105 necesidad, ¿no? Y, bueno, de ahí perdí como que la vergüenza de eso. Pero no perdí el sentimiento de culpa, ¿no? Seguía sintiendo mucha culpa. (G.) Dentro del conjunto de entrevistadas hemos tenido mujeres entre 20 y 50 años. En el caso de las mayores, las sensaciones que priman son el aburrimiento y cansancio luego de tener tantos años ejerciendo el trabajo sexual. Una de ellas tiene 43 años y lo ejerce desde los 16. Ella señala lo siguiente: “Es que eso es por mi edad señorita, por mi edad yo me canso. Me canso, me aburro, te lo juro que me aburro salir” (Sa.). Ella está buscando formas de mejorar su calidad de vida, pero- lamentablemente-la única opción que se le ha presentado es migrar a Italia con una prima para seguir ejerciendo la prostitución. O quizás me vaya yo. No sé, la verdad. Es que tengo que hablar con mi primo y decirle la verdad, pues. Él tiene que saber que… Él sabe, pero me dice que ya no me hormonée ni nada de ahí. Él no quiere que me hormonée y todo eso. Por eso quiero conversar con ella, pues. Puedo trabajar… Porque ella me ha dicho “Si no vas a ser activo, vas a tener que robar” me dice. Pero yo sé robar también, pues, pero me da miedo allá pues no sé. Allá les pegan, dice peor. A una les dejan en coma. No es como acá, pues. Allá dice te buscan cuando robas. En cambio, a ella nunca le han hecho nada, porque ella siempre ha trabajado legal. (Sa.) Como lo vemos en la cita, uno de los problemas que presenta esta situación es que ella toma hormonas y, con hormonas, dejan de tener erecciones. Aquí es importante resaltar que para ella dejar de tomar hormonas no es un proceso fácil pues parte de la feminización de su cuerpo se ha dado a través de las hormonas. Al dejar de tomarlas, perdería lo ganado. Esto le genera inseguridad, preocupación, frustración. Hay que recordar que perder los rasgos femeninos que las hormonas le han proporcionado es perder parte de sí misma porque ella se reconoce en esa feminidad. Esta incertidumbre también le genera pues ve el trabajo sexual como su única fuente de trabajo. 5.2.3. Agencia y convicción Al conocer sus trayectorias de vidas, hemos identificado no solo el conjunto de factores de vulnerabilidad mencionados, sino la importancia que tiene el uso de su agencia y convicción para salir adelante. Durante las entrevistas ellas relatan la importancia de ser económicamente independientes y no una carga familiar. Es recurrente la idea de no ser una carga, sino personas económicamente solventes. Algunas de ellas buscaron tener sus propias herramientas de trabajo como, por ejemplo, aprender el trabajo en peluquerías. Veamos la siguiente cita: Bueno y entonces empecé a trabajar, empecé a meterme en un salón de belleza. Le dije a mi mamá "yo voy a trabajar para que ninguno, ni mi papá ni tú me mantengan, yo solito voy a buscar la manera de revolucionar mis cosas" y empecé pues a ir a hacer mi curso, 106 conocí a un amigo que era él gay, era profesional y me llevó a su salón y me dice "ya yo te voy a enseñar" y empezó a enseñarme a enseñarme yo le puse esmero, dejé de estudiar también, así dejé de estudiar. (S.) Y me puse ahí con el amigo a estudiar y a estudiar y a estudiar hasta que gracias a Dios aprendí, aprendí, él me ponía en el salón a barrer y a esto, pero me veía esmero que quería aprender ya pues me puso a hacer todo y a los 2 o 3 años ya me ascendió a ser peluquera pues. Y bueno ahí empecé yo mi salón y empecé a comprar mis cosas, porque yo era muy ahorrativa, entonces me empecé a comprar ropa, me dijeron, empecé a cambiar el esto, el cabello me dejé crecer, un montón de cosas... y yo estaba feliz, y mi mamá tenía miedo "que no, que no lo hiciera" cuando empecé la primera vez como que se traumó, he tenido que ir al psicólogo y todo. (S.) Su agencia y convicción también se manifiestan en su capacidad para adaptarse y aprender de forma no convencional. Como en la cita que acabamos demostrar, ellas aprenden, en la mayoría de los casos, con la misma práctica porque no tienen fondos para pagar cursos o estudios superiores. Aprenden a animar fiestas, aprenden actividades relacionadas con la estética, así como aprenden a sobrevivir en el ambiente tan hostil y peligroso como es el mundo de la prostitución y el trabajo en las calles. Como digo yo ya no me muero de hambre, porque yo sé cortar, yo sé hacer todo de cabello, sé tinturar, sé hacer mechas, todo eso yo aprendí, y yo con lo que sé yo me ayudo con eso, sino tengo abajo es porque (min 36:20) con eso como, por eso es que yo digo gracias a mi Diosito, por eso es bueno estudiar y quiero aprender más salón, quiero especializarme más de salón, pero esos cursos están muy caros. (S.) Asimismo, sus relatos señalan la importancia que tiene para ellas mostrarse como personas autónomas que aportan a la sociedad, no solo como carentes y en situación de vulnerabilidad. Una de las entrevistadas, por ejemplo, relata lo importante que es para ella poder hacer colectas para apoyar a niños en situación de pobreza extrema. Señala sentir mucha gratificación no solo por ayudar, sino porque eso promueve que dejen de percibirla a ella y a otras mujeres trans como “payasas, unas locas, unas dementes, de lo peor”. Veamos su cita: Yo creo que llevar un enfoque más de que nosotras, las mujeres, no tan solo que nos vean que somos unas payasas, unas locas, unas dementes, de lo peor, sino que también pensamos en las demás personas. O sea, que vean que nosotras podemos ayudar a la gente, sobre todo a los niños, que son los que más lo necesitan. Y por eso yo el año pasado, cuando llevé, llevé para 150 niñitos, regalos, chocolates, golosinas, y 50 canastas para las mamás, pues, ¿no? Y me sentía bien que me miraban, como mujer trans, repartir estas cosas. Me sentía 107 bien, me sentía muy bien. Y este año mi meta es 500 juguetes y 500 canastas, para llevar a los caseríos, que son donde yo nací y otros más. Por eso estoy enfocada en esto. (K.) Durante el proceso de transición su agencia y convicción son claves para seguir adelante. La modificación de sus cuerpos es un acto de autonomía que revindica sus identidades aun cuando sus familias, amigos y a la sociedad en general las discrimine. Sin embargo, es un proceso complejo y largo que tiene muchos costos tanto familiares, sociales como afectivos y laborales. Sin bien ellas tienen la convicción de seguir con su transición, también reconocen los privilegios que pierden en el proceso y las dificultades que eso trae. Veamos el siguiente testimonio: Mientras más transicionaba, mientras más expresaba mi identidad de género de forma física, más oportunidades perdía. Yo he visto perder mis privilegios delante de mis ojos de manera muy rápida, conforme dejaba crecer mi cabello, conforme me ponía tacos. Y llegué a un punto en el que ya no logré conseguir trabajo en ningún lado. (G.) Asimismo, su agencia y convicción se muestran en sus planes de vida. Ellas ven el trabajo sexual como un medio para ahorrar y poder cambiar a otro trabajo que les permita trabajar en algo diferente con lo que puedan realizarse. Esto es clave pues su actitud frente al trabajo sexual no es de resignación en todos los casos, sino de adaptación para lograr algo mejor. Veamos las siguientes citas: Quiero hacer de barbería, no sé de barbería, de hombre sí no sé nada, y yo quiero aprender, pero los cursos están carísimos, no hay cómo meterme a un curso. Pero yo sí quiero aprender, sí me gustaría aprender, curso de esto, de belleza sí, porque a mí la belleza me encanta, y eso es mi sueño es lo que tengo en mi casa pues. Cuando yo llego a Venezuela yo quiero llegar tranquila y estando en mi casa pues trabajando. (S.) O sea aparte yo quiero comprar mis cosas yo misma, pero para trabajar yo independiente, no le quiero trabajar a otros, aparte en la noche salir es trabajar por mi cuenta. Yo ahorita ya reuní me compré una buena plancha que yo quería, ahora quiero reunir para comprarme un secador, un secador, pero bueno, profesional, yo me compré una plancha ya profesional, ahora me falta un secador profesional, o sea quiero comprar mis cosas así, mis productitos así tenerlo que si una amiga me llama tener mis cosas y voy, pero no trabajarle a otra persona no quiero, porque en la calle por lo menos una se hace algo y ya voy a estar tranquila y no me voy a matar doble trabajo. (S.) 5.2.4. Estrategias de supervivencia de mujeres trans previas a la pandemia A través de sus relatos, hemos identificado tres tipos de estrategias que vienen utilizando para poder salir adelante. Estas son las siguientes: estrategias individuales, estrategias entre pares, y 108 articulación con organizaciones sociales. Además, hemos identificado lo que llamaremos solidaridad por parte de personas desconocidas, como un mecanismo que cumple un rol importante entre el momento que salen de sus hogares y el inicio del trabajo sexual. Estrategias individuales En primer lugar, están las estrategias individuales. Siguiendo los relatos, estas son estrategias que desarrollan para sobrevivir en circunstancias en las que no tienen ningún tipo de ayuda externa. En primer lugar, hemos categorizado como estrategia individual a la capacidad de crear vínculos con personas que, eventualmente, las terminan ayudando. Hemos catalogado la capacidad de lograr estos vínculos como estrategia individual porque, para crear vínculos, se necesita la capacidad de escucha, de exponerse, de confiar, entre otros. Esto se ve cuando, por ejemplo, están con clientas en los salones de peluquería y escuchan sus experiencias y empatizan con ellas. En segundo lugar, la mayoría de las entrevistadas relatan haber estado en situaciones tan extremas que han tenido que robar para poder alimentarse o pagar sus cuartos. Esta práctica suele realizarse con los mismos clientes, por ejemplo, cuando los clientes van intoxicados a sus habitaciones para que los atiendan y ellas aprovechan para robarles dinero. Esto no es algo que todas reporten realizar, pero sí ha sido mencionado por todas como una práctica que a veces realizan. Veamos el siguiente testimonio: Cuando traía que estaban mareados, que les robaba, algunos se daban cuenta, pues. A algunos les devolvía, pero agarraba mi martillo y les decía que se larguen. Y se iban, pues. Porque tienes que devolver cuando te pillan a veces, pues. Cuando son, así, bien violentos, tienes que devolver y que se vayan. Pero a algunos les devuelves y te quieren golpear. Ahí es donde yo agarro mi martillo y les boto. Pero hay algunos que se dan cuenta y te dicen “Sí, tú has robado”, pero no les dices nada y se van tranquilos. Yo agarro mi martillo y se van tranquilos. Pero hay otros que no, que son picones y te quieren golpear. Aparte que les devuelves, te quieren golpear. (Sa.) Además de robarle a los clientes, también relatan robarse entre ellas. Por ejemplo, robarse hormonas o productos de limpieza o comida. Cuando lo comentan, se ríen y miran de lado a todo pues ninguna quiere aceptar que lo hace, pero todas lo describen como una práctica que a veces realizan. Se trata de una realidad en la que la confianza mutua es escasa pues siempre están mirando por detrás de sus espaldas. Este es el resultado de la precariedad, falta de oportunidades y marginación social en el que se encuentran. Ahora bien, así como ellas a veces les roban a los clientes, los clientes muchas veces les roban a ellas. Por ello, ellas han tenido que desarrollar estrategias para defenderse cuando son violentadas. Por ejemplo, varias tienen en sus cuartos -ya que la mayoría atiende ahí- martillos u otros artefactos 109 que pueden usar para defenderse. Otras relatan ser más vocales. Las estrategias que desarrollan para defenderse las aplican no solo con sus clientes, sino cuando se ven en situaciones de discriminación o transfobia en las calles, en los centros de salud, en el transporte público, entre otros. No obstante, algunas prefieren mantener un perfil bajo y quedarse en silencio y evitar problemas, mientras que otras afrontan a la persona que genera el problema y, en algunos casos, se van a los golpes. Una cuarta estrategia individual es el ahorro. Es importante reconocerla pues es, a través de sus ahorros, que buscan mejorar sus condiciones de vida. Por ejemplo, algunas de las chicas relatan tener conocimientos de estética que quisieran usar para ganar dinero, pero para ello necesitan ahorrar para comprar sus propias herramientas como secadora de pelo, plancha, ruleros, etc. O, también, están quienes han pensado volver a sus ciudades de origen una vez que hayan ahorrado lo suficiente para salir del trabajo sexual y poner una tienda o un negocio propio. En estos casos, el trabajo sexual es un medio para ahorrar y poder cambiar de vida. Finalmente, hemos denominado estrategia individual a la migración. De las cinco entrevistadas, cuatro son migrantes. Para todas migrar fue necesario cuando decidieron iniciar su transición. Viajaron sin dinero y sin contactos, pero lo hicieron como estrategia para salir adelante porque no veían posibilidades laborales en sus ciudades de origen. En el caso de una de las entrevistadas que nos relató su viaje de Venezuela a Perú, vemos que, sin dinero, ni ningún apoyo se embarca en un viaje largo y sin garantías de llegar a su destino. Ella camina desde Venezuela hasta Perú, tomando algunos transportes públicos y tirando dedo, pero el viaje inicia caminando y se mantiene de esa forma durante una buena parte del trayecto. Es importante señalar que, en todos los casos de migración, las chicas no pensaron que terminarían ejerciendo la prostitución en las calles. Esta realidad nace de la falta de oportunidades que encuentran al llegar a la capital. Estrategias entre pares En segundo lugar, están las estrategias entre pares. Esta es su fuente más importante de apoyo. Caracterizar la ayuda entre pares y las estrategias que surgen de ahí es complejo pues esta tiene muchas dimensiones. A través de las entrevistas hemos identificado que la ayuda entre pares puede agruparse de la siguiente forma: ayuda por parte de pares que recién conocen, ayuda por parte de compañeras con quienes viven, pero no necesariamente son amigas a largo plazo, y ayuda por parte de amigas cercanas que consideran una segunda familia. Comencemos con el primer grupo. Todas las entrevistadas relatan haber tenido ayuda por parte de pares que recién conocen, especialmente, cuando salieron de sus casas por primera vez. Es importante recordar que el inicio de la transición suele coincidir al momento en que salen de sus casas y comienzan a buscarse la vida por sí mismas. Se trata de un momento de extrema vulnerabilidad porque suelen no tener medios económicos de ningún tipo, ni apoyo de nadie para 110 salir adelante. Es en esa coyuntura que relatan haber conocido a otras chicas que ejercían el trabajo sexual y que las iniciaron en él. Son estos primeros contactos con el mundo trans del centro de Lima que las sitúa en este nuevo espacio donde la mayoría se muda con una conocida hasta que ahorra para pasarse a un cuarto individual. Veamos los siguientes testimonios: Sí, me vine, conocí a una amiga, en la discoteca, y ella me llevó a su cuarto pues… no me acostumbré… no sé, me sentía incómoda en un cuarto, vivía en una casona también así… no sé, me sentía incómoda, “ay no” digo, miraba gente así, vivía en un cuarto, creo que pagaban 5 soles, no sé cuánto pagaban, 10 soles creo, un cuarto vivían así… de ahí me fui y viví con una amiguita pues en un cuarto, pero ahí sacábamos las cosas, la otra sacaban sus cosas, un poco me incomodaba… de ahí me fui a vivir con otra chica, y también para qué ella bien buena, pero yo nunca trabajaba, porque me daba miedo trabajar en eso pues, ¿no? Y poco a poco así ya, no me acostumbré mucho, porque mi familia de mí no sabía nada, mi familia pensaba que yo había fallecido. (L.) Sí, claro, trabajaba en el salón pues… y de ahí ya conocí, le conocí a… y no, un día me llevan a una discoteca, las amigas de ahí, por acá por el Centro, ya pues me dijeron…. No sé un día vine sola yo, así vine sola… estaban las señoras de donde trabajaba en la peluquería, la dueña me llevó a un cumpleaños, se hizo mi amiga, le hice su peinado y ya pues me llevó a Ventanilla y estaba media picadita pues, y em picadez no sé me acordé de la discoteca, me fui a conocer, y conocí a una amiga que estaba parada así, prostituyéndose po… y ella me dijo “yo trabajo acá, pero pago cupo” me dice ella “si quieres ven a trabajar”, “sí pues yo estoy trabajando en la peluquería pero no gano, gano poco, no gano mucho… estoy aprendiendo poco a poco, no tengo muchos clientes” le digo… y así pues poco a poco, trabajar trabajar… de ahí un día así de la nada me vine. (L.) Estos vínculos también se dan cuando recién migran y necesitan un contacto inicial para tener dónde caer. Muchas veces estos contactos suelen ser amigas de sus amigas o conocidas que han sido referidas por personas que han conocido en el camino. Por ello, son contactos que les dan un pie para poder iniciar, pero no necesariamente mantienen esa relación una vez que pasa el tiempo. Y bueno llegué acá a Perú. Acá en Perú tenía una amiga que yo la ayude en Colombia, ella también estaba de migrante, yo la llamo le digo “amiga para que me recibas”, “¡ya!” me dice “¿dónde estás?” Yo estaba por Plaza Norte, ahí me dejaron a mí. Y bueno, llegué ahí a Plaza Norte, y mi amiga me dijo “pide un colectivo, yo te voy a esperar en Lurigancho”, San Juan de Lurigancho, algo así, era no sé, para allá. Y bueno empecé a preguntar a la gente, y preguntando, preguntando llegué, mi amiga me estaba esperando, regio. (S.) [...] bueno y llegué, trabajando, conocí, él me presenta a una amiga de él, que ella tiene su salón, y la chica estaba que quería una chica para que le trabajara, la chica hablaba 111 conmigo, pero yo ya estaba hasta acá de mi amiga esa con la que vivía, que yo le digo a la chica "sí, me voy contigo, me voy" no me importó nada de mi amiga, salí y me fui... "me voy, me voy" le digo. Entonces bueno agarré mis cosas y me fui con la chica, la chica tiene un salón acá en Breña, yo trabajé acá en Breña con ella, pero eso fue mi peor error también. Bueno, pero es que estaba loca, desesperada pues, a la vez fue mi peor, error, pero a la vez fue mi suerte. Entonces ya llegué a trabajar en su cuarto, viví en su cuarto, entonces ella empezó que lo que yo le trabajaba en su salón que era porque yo estaba en su cuarto y la comida. [...] Pero no me iba a pagar nada, y me ponía a trabajar como burra, a trabajar y a trabajar y a trabajar y a trabajar, nunca me daba nada, y trabajaba como burra, todos los trabajos me los pasaba a mi ¡ay no! estaba cansada. (S.) El segundo grupo incluye la ayuda por parte de compañeras con quienes viven, pero no necesariamente son amigas a largo plazo. Aquí están las consideradas amigas ocasionales. Ellas son las que, por ejemplo, ofrecen un cuarto siempre y cuando ayuden a pagar la renta o trabajen en su salón de belleza o limpieza. Estos acuerdos suelen duran poco tiempo pues no son tan rentables. Suelen ser un momento de transición en el proceso de pasar de sus hogares al mundo del trabajo sexual. También están los casos en los que tienen ayuda de otra compañera trans para tener un techo o comida cuando todavía no tienen ingresos propios. En estos casos no esperan una retribución directa por el vínculo de amistad que tienen, pero no suelen ser soluciones a largo plazo pues muchas de ellas usan sus cuartos para atender clientes. Veamos el siguiente testimonio: Bueno ahora que convivo, como te digo a Kiara la conozco de tiempo, pero claro que convivo recién, claro. Y sí, super chévere, muy buena onda, muy buena gente, no tengo malas palabras de ella, siempre voy a hablar bien de ella, porque ella me brinda un techo, estoy con ella, compartimos, estamos ahí las dos. (D.) Este grupo usualmente incluye a las amigas que las orientan en el proceso de modificación de sus cuerpos. Suelen ser amigas que ya pasaron por el proceso y les pasan sus contactos para los implantes, procedimientos cosméticos, compra de ropa, toma de hormonas, tratamientos, entre otros. Estas son amistades de mediana duración cuyo apoyo es fundamental para la transición de las mujeres trans entrevistadas y para su desarrollo en el trabajo sexual. Ahora bien, esto no significa que lleguen al trabajo sexual por influencia de estas compañeras, sino que llegan al trabajo sexual porque todas las demás puertas las encuentran cerradas y esta termina siendo la única opción viable para trabajar. Veamos el siguiente testimonio: Clínica, una clínica, ella se fue a una clínica, no así como hacen las cosas botox así no, sí es una clínica, clínica y ella se hizo bonito, se hizo su nariz, o sea ella es la que me puede guiar, sobre de ella he aprendido muchas cosas porque ella es la que me guía, cómo buscar dinero, cómo esto, cómo aquello, bueno es mi amiga. (S.) 112 Finalmente, está la ayuda por parte de amigas cercanas que consideran una segunda familia. Estos son los casos menos comunes pues, de acuerdo con los relatos, la vida de las mujeres trans suele variar con frecuencia. Esto se da porque alquilan cuartos y los alquileres a veces suben de precio y muchas veces no pueden pagarlos, así que se van, o porque baja la cantidad de clientes de la zona y se mudan a otro lugar para ver si tienen más oportunidades o, en otros casos, porque se mueren jóvenes. Veamos el siguiente testimonio: [...] por ella estoy acá po, por ella estoy acá, yo he llegado por ella, porque ella también en ese aspecto es madre, me trajo y he estado acá, después la otra yo conocía, he preguntado si hay cuarto y me decían que no hay, los que me conocen de vista, y ahora que yo les conozco ya pues. (L.) Articulación con organizaciones sociales En tercer lugar, están la articulación con organizaciones sociales. Algunas de las entrevistadas relatan haber tenido apoyo de ciertas organizaciones desde que comenzaron a ejercer la prostitución, aunque esta ayuda ha sido muy ocasional y no ha tenido tanto impacto. Dentro de las organizaciones que las han ayudado resaltan las organizaciones trans como la ONG Féminas - creada y gestionada por mujeres trans-, grupos feministas y algunas donaciones ocasionales realizadas por personas diversas. Estas donaciones han sido de distinta índole incluyendo ropa, comida, accesorios de cocina, entre otros, y se han dado de forma puntual, es decir, en momentos concretos como navidad o fiestas patrias. Ahora bien, el problema con estas ayudas es que no llegan a todas y generan conflictos puesto que hay algunas que buscan monopolizar las donaciones para dárselas solo a sus compañeras más cercanas o para tener poder sobre las demás chicas. Varias de las entrevistadas relatan que esto es muy común entre las compañeras que viven en la misma casona donde alquilan cuartos. De acuerdo con sus testimonios, hay muchas ocasiones en las que las donaciones son acaparadas por ciertas chicas y, por ello, la ayuda no llega a todas. El malestar que genera esta situación se traslada en conflictos interpersonales, desconfianza e, incluso, violencia. La violencia se da no tanto como violencia explícita, pero como la posibilidad de ser agredida por una compañera más grande o fuerte si es que hay quejas o reclamos. Solidaridad por parte de personas desconocidas Finalmente, tenemos la ayuda que reciben a través de la solidaridad por parte de personas desconocidas. Si bien la solidaridad que reciben no cuenta como una estrategia per se, la hemos agregado pues ocupa un rol importante en el inicio de su transición y su paso por las calles. A veces lo reciben aspecto físico, por ejemplo, cuando han viajado sin poder bañarse o comer y alguna personas las ve y les ofrece ayuda, pero en otras ocasiones se da cuando ellas comparten 113 sus experiencias de vida con clientas en las peluquerías o personas que conocen accidentalmente. Usualmente, la solidaridad recibida es el resultado de una muestra de vulnerabilidad por parte de las chicas entrevistadas que genera empatía por la persona desconocida. Por ejemplo, más de una de ellas relata no haber tenido dinero para costear sus alimentos y movilidad cuando recién migró a Lima y fue gracias a la ayuda de algunas personas desconocidas que le regalaron comida y plata para poder costear la movilidad para llegar a su destino. Este tipo de situaciones es muy común en sus relatos. Otro caso bastante común es haberse hecho amigas de las clientas en el salón de belleza y haber recibido ayuda de ellas. En algunos casos, relatan haber recibido refugio y alimentación en retribución por trabajar en el salón de belleza o haber conocido a alguien en el salón de belleza que les dio techo y comida por un corto tiempo mientras buscaban un trabajo- el cual en todos los casos terminó siendo el trabajo sexual-. Otra forma de conseguir apoyo ha sido a través de personas conocidas que las recomiendan a personas desconocidas para ellas. Por ejemplo, la amiga de la amiga tiene una conocida en Lima que puede recibirla si llega a la capital. Estas personas suelen ser ayudas momentáneas que les permiten un pequeño refugio para seguir adelante con sus planes. Suelen darles techo momentáneo y, en algunos casos, les presentan personas con las que terminan vinculándose más adelante. Así es como, en varios casos, han conocido otras compañeras que ejercían la prostitución y las han iniciado en ese negocio. 5.3. Resultados: experiencias durante la pandemia Ahora pasaremos a describir los resultados obtenidos de las entrevistas a profundidad en lo que refiere a la vida de las mujeres trans una vez iniciada la pandemia en marzo de 2022. Estos han sido divididos en cuatro secciones: (6.3.1.) Factores de vulnerabilidad en pandemia, (6.3.2.) Dimensión subjetiva (6.3.3.) Planes de vida, (6.3.4.) Estrategias de supervivencia de mujeres trans durante la pandemia. 5.3.1. Factores de vulnerabilidad en pandemia Siguiendo las entrevistas, hemos identificado seis factores de vulnerabilidad en el marco de la pandemia causada por el Covid-19: (i) Precariedad laboral: pérdida de ingresos y oportunidades laborales, (ii) La pérdida de tratamientos y desabastecimiento, (iii) Violencia y discriminación, (iv) Menos ingresos, viviendas más precarias, (v) Tecnología de los cuerpos en el proceso de transición, (vi) Medidas del estado frente a la pandemia. (i) Precariedad laboral: Pérdida de ingresos y oportunidades laborales 114 Un primer factor de vulnerabilidad en pandemia es la precariedad laboral. La precariedad laboral ha sido un factor de vulnerabilidad clave en la vida de las mujeres trans desde antes de la pandemia pues casi todas las entrevistadas se dedican al trabajo sexual. Solo una de entrevistadas relata haber podido salir del trabajo sexual. Ella comenzó su transición una vez que ya estaba realizando estudios superiores, lo cual le permitió tener el apoyo de sus padres por más tiempo que en caso de las otras chicas que comenzaron su transición cuando salieron el colegio. Sin embargo, no recibió su título puesto que las autoridades de la universidad no quieren reconocer su identidad de género. Esto la llevó al trabajo sexual hasta que con ayuda de otras personas que conoció en el camino pudo salir de las calles. En el caso de todas las demás entrevistadas, su vida laboral es centra en el trabajo sexual. Esta actividad, como ya lo hemos mencionado en la sección anterior, las expone a mayores índices de violencia, muertes, contagio de enfermedades de trasmisión sexual y VIH, además de ser el espacio de socialización donde conocen clientes que muchas veces se vuelven parejas y comparten con otras chicas que se vuelven sus compañeras de casa o cuarto. Desde que inició la pandemia, podemos identificar dos momentos en los cuales las condiciones del trabajo sexual cambiaron. Se trata de la diferencia entre el confinamiento obligatorio y los meses posteriores cuando se pudo salir a las calles nuevamente, pero todavía los contagios y muertes seguían elevadas. Ya no es como antes [de la pandemia], antes salía así, podía hacer dinero po, y yo nunca he tenido problemas de mi cuarto, yo siempre he pagado puntal, y ahora sí tengo un poquito de problemas porque ya como no tengo un trabajo estable que puedo trabajar en otra cosa, ya eso me estresa pues un poquito porque ya la señora está cobrando. (L.) No pagábamos [la renta de los cuartos], porque a la señora le dijimos que nadie está trabajando pues, nadie está trabajando y nadie puede salir a trabajar, porque estaba prohibido, porque había bastante contagio… todos tenían miedo de pararse abajo, y que nos de esa enfermedad po, y la calle silencio, ¿quién va a salir? Y la gente, los clientes no se te van a acercar porque tienen miedo, era bien horrible, nadie salía, todos estaban metidos. (L.) Un primer momento se dio durante el confinamiento obligatorio, donde no se podía salir a las calles a menos que sea para comprar víveres o por alguna emergencia. Por ello, durante todo el periodo que duró el confinamiento obligatorio las chicas trans no pudieron salir a trabajar. Ni quienes se dedicaban al trabajo sexual, ni quienes se dedicaban a la estética o animación de eventos. Fueron tres meses en los que no tuvieron ingresos pues ellas viven de lo que ganan día a día. En ese periodo ellas no pudieron pagar sus cuartos, por lo que en algunos casos las botaron a las calles y en otros casos les dieron facilidades para pagar una vez que se acabó el confinamiento obligatorio. 115 “No ha habido ninguna ayuda directa del Estado, a pesar de que las personas trans están ausentes de las planillas, de los trabajos formales. Por el contrario, se ha impedido que las personas salgan de sus casas, cuando la principal fuente de financiación de las personas trans ha sido la prostitución. Eso creo que se ha complejizado, porque la mayoría de las fuentes de financiamiento de las personas trans estaban relacionadas justamente con salir. No solo la prostitución, sino también la animación de eventos, por ejemplo. ¿Qué eventos van a poder animar si ya no hay eventos por las medidas de seguridad? Por ejemplo, tampoco había peluquerías, no había centros de manicure, de pedicure, porque todo esto se suspendió. O sea, se nos suspendió todas nuestras formas de ingreso y no se nos garantizó una vivienda, un espacio para poder pasar la pandemia; no se nos garantizó un financiamiento directo para poder costear nuestros gastos.” (G.) Un segundo momento inicia cuando acaba el confinamiento obligatorio y las personas pueden salir de sus casas nuevamente. Inicialmente, se mantuvieron la mayoría de las restricciones del gobierno pues seguían los contagios y las muertes, pero conforme se fue avanzando en el proceso de vacunación y los contagios y muertes por Covid-19 bajaron, las restricciones fueron disminuyendo: “Después ya [de la cuarente obligatoria], después, pero ya un poco, no era como antes pues, totalmente bajó [el trabajos sexual], totalmente” (L.). Durante este periodo vemos tres factores que jugaron un rol clave en la precariedad laboral de las mujeres entrevistadas: el toque de queda, el miedo al contagio y a la muerte, y la crisis económica. El toque de queda limitó los horarios en los que podrían salir a trabajar durante el día y restringió por completo el trabajo por las noches. Esto tuvo un gran impacto en las mujeres trans que se dedican al trabajo sexual pues la mayoría de los clientes vienen durante la tarde y durante la noche. Por la pandemia, ya no se puede salir, así como antes ya, que era toda la noche, y ya no hay clientela como antes tampoco, ya los hombres no vienen como antes, no, entonces por las puras amanecerse afuera porque no hay nada... hay que aprovechar por eso tempranito así de 6 a 10 de la noche que hay más o menos gente, ya de ahí no hay ya. (S.) Sí, y ahora ya también tengo todo, tengo gente que le debo 120 de mi cuarto, ahora tengo que salir a buscar [clientes], y a veces yo también… no es como antes que tú salías y trabajabas, ahora salgo a trabajar no me hago nada, estoy parada de frío ¡ay no! Y la señora no espera pues, porque el dueño le exige, tienes que pagarle, y ahora tengo que pagarle a la señora, me ha venido a cobrar hoy día mi cuarto, y yo tengo que pagarle como sea pero tengo que darle. (L.) Asimismo, un siguiente factor que ha incidido en la precariedad laboral una vez que acaba el confinamiento obligatorio es el miedo al contagio y a la muerte por Covid-19. Este factor afectó mucho el trabajo sexual ya que éste supone proximidad entre las chicas y los clientes, lo cual 116 aumenta la probabilidad de contagio. Recordemos que en un momento el Perú llegó a ser el país con mayor índice de muertes por Covid-19. Ellas mencionan que durante ese periodo siempre usaban mascarillas o, cuando necesitaban quitársela, le pedían al cliente que se la pongan para cuidarse del Covid-19. Aun así, relatan que sus clientes tenían miedo y por eso iban muy pocos durante los meses posteriores al confinamiento obligatorio. Veamos los testimonios: Los clientes tenían miedo mayormente del coronavirus, no se acercaban mucho, todos los días había muertes, contagios y no se acercaban mucho pues, tenían miedo de subir, de todo, más se cuidaban. No, no ha vuelto, no ha vuelto a subir [la clientela]… a veces los clientes tienen miedo también de venir, atenderse, así. (L.) No había mucha gente [durante la pandemia]. Trabajaba no más un rato. No se podía trabajar tanto tiempo, por la misma enfermedad. No había tantos clientes. (Sa.) No pagábamos [la renta de los cuartos], porque a la señora le dijimos que nadie está trabajando pues, nadie está trabajando y nadie puede salir a trabajar, porque estaba prohibido, porque había bastante contagio… todos tenían miedo de pararse abajo, y que nos de esa enfermedad po, y la calle silencio, ¿quién va a salir? Y la gente, los clientes no se te van a acercar porque tienen miedo, era bien horrible, nadie salía, todos estaban metidos. (L.) En tercer lugar, tenemos a la crisis económica como un factor que ha incidido en la precariedad laboral de las entrevistadas. Como resultado del Covid-19 y el confinamiento obligatorio, muchas personas a nivel nacional perdieron sus empleos, subió el índice de pobreza y se acabaron los ahorros: “Y la verdad que la pandemia yo la pasé en mi casa también en mi casa no salía para nada, ahí como que también se gastan los ahorros, se gasta todo lo que uno tiene guardado y ya como que ya no te queda y tienes que salir otra vuelta” (D.). En el caso del trabajo sexual, no solo disminuyó la cantidad diaria de clientes, sino que en la medida en que la oferta subió y la demanda bajó, los precios también bajaron. Veamos el siguiente testimonio: Sí, lo mismo, sino que ahorita está bien bajo por la pandemia, esto ya ha dañado mucho, pero a una la ha dañado, ya no se hace lo mismo que lo de antes pues, ahorita te haces solo para pagar cuarto y para comida, a veces tú sales y no te haces nada, a veces ni porque andes en mallita, nada, solo pregunta y pregunta, y quiere que le cobre baratito pues, y tú tampoco puedes cobrar bajo porque es estar afuera, estar afuera pasando frío no es fácil... entonces tampoco pues, tampoco uno no se va a regalar por diez soles, no, no, yo no soy 117 así pues... uno tiene que agarrar lo justo pues... porque esos hombres la acostumbran a una así y van a querer pagar esa sonsera, aunque yo sé que no come no paga, todo se necesita. (K.) Sí, y ahora ya también tengo todo, tengo gente que le debo 120 de mi cuarto, ahora tengo que salir a buscar [clientes], y a veces yo también… no es como antes que tú salías y trabajabas, ahora salgo a trabajar no me hago nada, estoy parada de frío ¡ay no! Y la señora no espera pues, porque el dueño le exige, tienes que pagarle, y ahora tengo que pagarle a la señora, me ha venido a cobrar hoy día mi cuarto, y yo tengo que pagarle como sea pero tengo que darle. (L.) Además de la disminución de clientes, las entrevistadas relatan que los que iban nuevamente a atenderse con ellas ya no iban mareados ni con plata extra, como iban antes de la pandemia. Como lo mencionamos en la sección anterior, algunas relatan haberles robado a sus clientes cuando los llevaban a sus cuartos y los veían mareados. Esta era una estrategia de supervivencia en un mundo en el que les ofrecían muy poco por su trabajo, el cual es muy sacrificado y precarizado. Veamos los testimonios: Ajá, los clientes [me han golpeado], cuando se daban cuenta de que les robaba. Estaba robándoles y se habían dado cuenta. Les he robado a varios, a varios. Pero ahora ya no, porque no se puede. Porque los clientes ya no vienen mareados, y no traen plata como antes... Antes traían plata. Por la pandemia. Creo yo. No vienen con plata, ni vienen mareados... Ya tiempos que no robo nada. (Sa.) A los clientes no más se les robaba. Pero, como le digo, ahora ya no se puede robar, porque no vienen así mareados y vienen pelados. Vienen, pero con 50 soles. Ya no vienen como antes ya. (Sa.) Ahora sí ya no me interesa ya porque esta vida, este mundo, este puterío no vale. Ya no sirve como antes. Antes tú te podías quedar porque sabías que podías robar, sabías que podías hacer un poquito más de dinero. Ahora ¿qué te quedas?, ¿vas a matarte de frío? A veces me quedo por gusto, hasta las 9:30 por gusto. (Sa.) Una de las consecuencias principales de la precariedad laboral que inicia con el confinamiento y sigue durante los meses posteriores ha sido la falta de medios económicos para pagar sus cuartos. Este ha sido un tema crucial para ellas pues muchas fueron botadas a las calles o tuvieron que mudarse a cuartos más pequeños compartidos. Esto lo retomaremos más adelante. (ii) La pérdida de tratamientos y desabastecimiento 118 El segundo factor de vulnerabilidad que hemos identificado durante la pandemia es la salud precaria y VIH. Las mujeres trans antes de la pandemia, como lo mencionamos previamente, gozaban de un acceso muy limitado a los servicios de salud teniendo, sin embargo, los índices de VIH más altos del país. Muchas de ellas recurrían a las postas para sus chequeos y retrovirales, mientras que pocas de ellas iban al hospital. Lamentablemente, para tener tratamiento médico y recibir retrovirales es necesario tener DNI y muchas chicas trans que vienen de la selva no lo tienen. Siguiendo los relatos obtenidos, vemos que la pandemia ha precarizado aún más la salud de las mujeres trans por la falta de acceso a los servicios de salud y por pérdida de tratamientos de hominización y retrovirales por el desabastecimiento de Estado. Primero, el poco acceso que tienen las mujeres trans a los hospitales y servicios de salud cuando se enferman, necesitan ser operadas o son violentadas y necesitan ayuda médica, se vio aún más limitado durante no solo el periodo de confinamiento, sino durante todo el primer año de pandemia. Este es un tema central porque muchas de ellas acudían a las postas para hacerse controles de salud y pruebas de VIH antes del inicio de la pandemia. En el caso de las que están contagiadas, los controles médicos son necesarios y, en el caso de las que no estaban contagiadas, las pruebas de descarte son muy importante ya que muchas ejercen la prostitución sin preservativo. En segundo lugar, el desabastecimiento de retrovirales y la falta de acceso a ellos por quienes tienen VIH, pero no cuentan con DNI, ha vulnerado aún más su salud ya que el VIH debe tratarse para mantenerse controlado y evitar que se desarrolle la enfermedad conocida como el sida. Asimismo, de acuerdo con la OMS, “las personas con VIH pueden tener una mayor prevalencia de los factores de riesgo conocidos para contraer la COVID-19”. Esto se agudiza en los casos en los que no toman retrovirales pues el VIH necesita de los retrovirales para estar controlado. (iii) Violencia y discriminación Un tercer factor de vulnerabilidad que hemos identificado durante la pandemia es la violencia y discriminación. Siguiendo sus relatos, es posible identificar que durante la pandemia la violencia y discriminación experimentadas por parte del Estado se ha agudizado. Primero, porque había mucho más control en las calles para salir a comprar víveres durante los meses de confinamiento. El control incluye la revisión de DNI, lo cual- como ya lo hemos mencionado- es una gran fuente de angustia para ellas: “Sí, por haber salido a buscar mis víveres… que yo no tenía permiso, cómo salir… pero yo les digo si no salgo me muero del hambre … pero tú sabes cómo son los policías, más cuando uno es así…”. Además del constante temor de ser víctimas de violencia y discriminación al salir a comprar sus víveres, salió la Ley de Pico y placa de género. La Ley de Pico y placa de género incrementó 119 sustancialmente la violencia y discriminación en el caso de las mujeres trans y vulneró aún más su dignidad e integridad física y mental. Si bien duró muy poco, se cometieron muchos abusos contra las mujeres trans que han quedado impunes. Circularon en redes sociales videos de mujeres trans siendo abusadas, detenidas y obligadas a realizar ejercicios físicos contra su voluntad. Veamos el siguiente testimonio: “En relación con las personas trans, yo creo que la violencia transfóbica no solamente se ha evidenciado, sino también se ha profundizado en pandemia. Si no, recordemos la Ley de Pico y placa de género, que fue una de las primeras medidas del gobierno [....] durante el primer trimestre o el segundo trimestre de la pandemia. Y esa medida de Pico y placa de género evidenció y agudizó la violencia transfóbica por parte de los efectivos de la Policía, de los agentes de seguridad hacia las personas trans. No solamente nos insultaban y se burlaban de nosotras, sino que además nos grababan para poder hacer… O sea, era como si… O sea, no hay vergüenza. No hay ningún cargo de consciencia por parte de ellos por la transfobia que ejercen.” (G.) Como señala la cita, la transfobia ejercida por los agentes de seguridad, policías, serenazgos hacia las mujeres trans tomó una forma pública, descarada y desvergonzada. Estos actos de transfobia fueron grabados, compartidos, celebrados, posteados en redes sociales y pasados por televisión. No solo promovieron la transfobia, sino que le dieron una plataforma pública para ser legitimada una vez más. Todo esto afecta el bienestar de las mujeres trans entrevistadas pues, como ellas señalan, salir al espacio público es un acto de valentía por el miedo a ser reconocidas como trans y, por ello, víctimas de violencia, transfobia y discriminación. Esto lo experimentan diariamente y en cada aspecto de sus vidas. (iv) Menos ingresos, viviendas más precarias Un cuarto factor de vulnerabilidad que identificamos previo a la pandemia y que, a través de los relatos, vemos que se ha agudizado es el acceso limitado a servicios de vivienda. Como lo hemos mencionado, la población trans es uno de los grupos más discriminados, vulnerados e invisibilizados en el país. Su promedio de vida está por debajo de los 40 años, la gran mayoría se dedica al trabajo sexual y casi ninguna tiene ni ha tenido una viviendo propia. Por lo cual, cuando el Estado inicia el confinamiento obligatorio y les pide a todas las personas que se queden en sus hogares sin salir a trabajar durante más de 100 días, no considera a quienes no tienen hogares propios y sin salir a trabajar no pueden seguir costeando sus alquileres. Este fue el caso de la mayoría de población trans en el país. Una de las entrevistadas lo relata de la siguiente forma: “Ahora, con la pandemia, todo esto se ha agravado, porque muchas de las personas trans o la mayoría de las personas trans no tienen un domicilio propio: viven en lugares alquilados. Sin embargo, las medidas tomadas en la pandemia no han sido pensadas en las personas 120 trans o en la diversidad de personas que componen la ciudadanía, sino ha sido pensada en las personas que tienen un terreno propio, una casita propia en la que puedan venir y quedarse. ¿Qué fue lo primero que se dijo en pandemia? “Quédate en tu casa”. ¿En qué casa, si las personas trans no tenemos casa? ¿Qué distancia social, si la mayoría de las personas trans vivimos tugurizadas? Vivimos en casonas abandonadas en las que se nos cobra mucho y se nos ofrece muy poco, porque son los únicos espacios en los que se nos permite tener un alquiler. Entonces, por eso, esto creo que debería hacernos reflexionar. Estas medidas, en vez de cuidar a las personas trans, nos han seguido exponiendo a la muerte, a la violencia, al peligro.” (G.) Las mujeres trans entrevistadas viven en una casona en el Centro de Lima donde alquilan cuartos de forma individual o compartida, dependiendo de sus medios económicos. El pago de los cuartos es mensual y no se aceptan prórrogas o pagos fuera de fecha. Antes de la pandemia, como lo hemos mencionado previamente, las chicas salían a trabajar y podían pagar sus alquileres. Los cuartos de las casonas son antiguos, poco cuidados y el tamaño varía según lo que cada una pueda pagar. El baño es compartido y tienen un espacio común donde pueden cocinar, pero todas prefieren cocinar en sus cuartos. Si bien varias chicas relatan no sentirse tan a gusto por el estado de los cuartos, valoran su cercanía al trabajo por la practicidad y la seguridad ya que ellas se paran en las calles que dan a la puerta de sus casonas y varias, además, atienden en sus cuartos. La seguridad radica, principalmente, en no tener que trasladarse en las noches o madrugadas con ropa apretada en el transporte público para poder llegar a la zona en la que trabajan. Una de ellas menciona lo siguiente: “Sí, así no más... a mí casi vivir acá como que no me gusta, no me gusta porque las casas son muy viejas, pero es tranquila una pues, y está el trabajo es cerca, que es lo más seguro pues (S.)”. Sin embargo, con la pandemia el trabajo sexual ha sido inviable por las restricciones del gobierno y las chicas trans se han quedado sin fuentes de ingresos. Para ellas, eso ha significado no poder pagar sus alquileres y quedarse sin vivienda: “Muchas compañeras, compañeros y compañeres trans tuvieron que dejar sus casas porque no tenían con qué pagar el alquiler. Fueron echadas, fueron botadas en medio de toda la pandemia” (G.). Muchas chicas trans fueron echadas de sus cuartos por no poder pagar los alquileres desde el inicio de la cuarentena obligatoria. En algunas casonas les dieron prórroga para realizar los pagos dado que todas las chicas estaban sin trabajo y hubiesen tenido que echarlas a todas. Veamos el siguiente testimonio: Sí, tengo que salir pero no quiero, tengo que salir a veces a las 5 de la mañana otro turno, a veces no hay nada… trabajar es horrible pues trabajar en eso ¿no?, otras veces se trabaja solamente para la comida, también feo pues... y yo tengo que pagarle a la señora, la señora me está cobrando, mi cuarto era para pagarle de este mes, ya se han pasado varios días ya, hay otras personas que no recibe, así que tengo que darle, ayer, hoy día me ha tocado la 121 puerta, que tengo que pagarle, sí o sí, “hasta mañana me das, siquiera dame algo” me dice, y le digo “ya madre, es porque no tengo” le digo, no le voy a decir que no, el dueño no espera, tienes que pagar, tienes que pagar, en todos lados es así ¿sí o no? Tienes que pagar puntual, yo digo para no tener problemas voy a juntar voy a juntar y no voy a tener ese problema, porque si no va a llegar a fin de mes y voy a tener ese problema, voy a salir y voy a estar así como loca, desesperada, como ahorita ¿no?, estaba pensando ¡ay no! Por eso tengo que pagar no más el cuarto, no es mucho pues 120 no más pago por el cuarto. (L.) Cuando acabó el confinamiento, las demás restricciones del gobierno, el miedo al contagio y a la muerte, y la crisis económica tuvieron un efecto directo en la disminución de clientes. Durante todo el primer año, las entrevistadas reportan que el trabajo estaba bajo, casi no tenían clientes y los que había, les exigían precios menores a los precios rebajados que de por sí ofrecían. Ellos comenzaron a imponer las condiciones ya que había más oferta que demanda. Asimismo, la crisis económica tuvo un impacto en algunas personas que ayudaban a las entrevistadas. En algunos casos alguna amiga o miembro de sus familiares, en otros casos personas que conocieron y ofrecieron ayudarlas al verlas en situación de precariedad. Este es el caso de una de las entrevistadas quien estaba viviendo en El Agustino cuando inició la pandemia. Ella vivía ahí gracias a la ayuda de una clienta que conoció trabajando en una peluquería que le ofreció pagarle el cuarto. Con la pandemia, ya no pude seguirla apoyando y eventualmente tuvo que volver a las calles y se mudó al Centro de Lima. E: Pero y entonces en esta época de pandemia, ¿en el Agustino te seguía ayudando la señora con tu cuarto? S: No, el cuarto también fue su desastre, me fue aplazando los meses, ya cuando tenía casi los tres meses ya me iba a sacar la dueña, porque yo no tenía plata para pagarle E: Ah, ¿y la señora no lo iba a pagar? S: No, ahí sí no tenía plata para pagar, entonces yo ¿qué tuve que hacer? yo tenía el número de unos clientes, y yo me arriesgué, yo decía "Diosito cuídame que no me vaya a dar Covid ni nada de eso" que no me toque, qué me voy a hacer, y llamé a unos amiguitos, un amiguito me acuerdo que me dio 150, me hacía atenderlo a él, me pagó 150, después fui con otro, me regaló 100, después otro me depositó 50, y mi amiga la de la que me pasé allá me regaló el resto, y ya pagué el cuarto los tres meses que tenía porque la señora me iba a botar. (S.) En la actualidad, a más de dos años del inicio de la pandemia, las entrevistadas relatan que las calles siguen difíciles, la clientela no ha subido y la oferta sigue siendo mayor que la demanda. A eso se suman las guerras por los territorios del Centro de Lima ocasionadas por las diversas mafias que buscan apropiarse de las calles. Estas guerras incrementan la violencia y reducen la aún más clientela. Además, en la primera mitad del 2022 las guerras entre mafias hicieron que las 122 autoridades cierren las calles momentáneamente y prohiban que las trabajadoras sexuales, trans y cis, salgan a las calles a trabajar. (v) Tecnología de los cuerpos: discontinuidad en los tratamientos Un quinto factor de vulnerabilidad que identificamos previo a la pandemia y que, a través de los relatos, vemos que se ha agudizado es la tecnología de los cuerpos. Como lo vimos anteriormente, las mujeres trans entrevistadas al ser de bajos recursos, tienen un acceso muy limitado a procedimientos estéticos, hormonales y quirúrgicos. Una de sus fuentes de acceso ha sido el Estado, especialmente en lo relativo a las terapias de reemplazo hormonal. Es importante notar, sin embargo, que las terapias de reemplazo hormonal ofrecidas por el Estado muy deficientes y no soy accesibles para todas. Quienes no tienen DNI, como ya se mencionó, no tienen acceso. Con el desarrollo de la pandemia, las terapias de reemplazo hormonal ofrecidas por el Estado fueron descontinuadas pues las hormonas estuvieron desabastecidas en muchos hospitales. Veamos las siguientes citas: Todo esto se ha visto afectado en pandemia porque muchas de las personas trans que venían recibiendo terapias de reemplazo hormonal ya no podían continuarlas. Se estancaron en la pandemia, como se estancaron también nuestras posibilidades de sobrevivir. Por eso, no es casual que muchas personas trans hayan muerto en el olvido, algunas por COVID y otras víctimas de transfeminicidios, como es el caso de Gina, que asesinaron de dos puñaladas en el Callao hace poco más de una semana. (G.) Creo que en el Loayza creo que he escuchado [que dan hormonas gratuitas]. Que estaban dando, pero ahora no como está la pandemia, ya un poquito que no sé cómo estará hecho quizás eso de ahí, ella también ha hecho el proceso, análisis, todo. (L.) Descontinuar la terapia de reemplazo hormonal supone un retroceso en el proceso de transición para muchas de ellas. Vuelve la vellosidad corporal y facial, los pechos que aumentaron por las hormonas se pierden, las caderas que comenzaron a formarse vuelven a su forma previa, entre otros. Todo esto repercute en su bienestar, salud mental, trato y reconocimiento social, además de en su espacio laboral que es el trabajo sexual. Entre las entrevistadas, tenemos un grupo que no toma hormonas precisamente por miedo a perder el avance en el proceso de transición cuando ya no tengan los medios para comprarlas o pierdan el beneficio del Estado. En estos casos predominan las intervenciones físicas en las que se inyectan silicón en las caderas, poto y pechos, entre otros. Estas intervenciones las financian con lo que ganan trabajando en las calles o, en algunos casos, por ayuda directa de un familiar o de una pareja. Con la pandemia, sin embargo, muchas de ellas perdieron los ahorros que tenían para seguir con su proceso de transición en el pago de alquileres o comida. Más de una relata haber estado 123 ahorrando para ponerse pechos o para ponerse silicón en alguna parte de su cuerpo y haber perdido sus ahorros por la pandemia. (vi) Vínculos sociales precarios Un sexto factor de vulnerabilidad identificado son los vínculos sociales precarios. A través de los relatos, hemos podido identificar que los vínculos sociales que predominan en las vidas de las mujeres trans entrevistadas son los vínculos que tienen con otras mujeres trans y, en muchos casos, los vínculos que desarrollan con sus clientes. Como hemos visto en la sección previa a la pandemia, muchos de los clientes terminan siendo sus parejas. Ahora bien, lo que sucedió durante la pandemia es que el trabajo sexual estuvo suspendido durante toda la cuarentena obligatoria y se retomó con mucha lentitud durante los meses posteriores, con lo cual las relaciones sociales que predominaron en las vidas de las mujeres entrevistadas fueron las relaciones con otras chicas trans, especialmente, con chicas con las que vivían. Si bien es cierto que, como veremos en la sección de estrategias, la pandemia promovió la unión de las chicas trans que vivían en la misma casona para poder salir adelante al no tener fuentes de ingreso durante la mayor parte del primer año de pandemia, también tuvo efectos negativos en sus relaciones. Estos se dieron, principalmente, en relación con las donaciones y los apoyos recibidos durante el primer año de pandemia. Por un lado, frente a la escases y precariedad comienza la sospecha de que hay preferencias entre quienes reciben las donaciones y algunas de las chicas de las casonas. Esto genera resentimiento, malestar y una gran desconfianza entre ellas. Por otro lado, en sus relatos podemos identificar que hay mucha sospecha por el uso de bienes públicos en pandemia. Entre ellas se observan para ver a quién le ha tocado más y a quién le ha tocado menos pues muchas de ellas sospechan que algunas monopolizan los recursos recibidos para su propio bienestar y para el de su familia. Sucede que algunas chicas trans contribuyen con sus familias mensualmente y, por la pandemia, muchas dejaron de hacerlo. Esta contribución económica sirve como puente para relacionarse y ser aceptadas por sus familias de sangre. Por lo que, en varios casos, cuando ellas dejan de aportar a sus familias, éstas las marginan nuevamente. En esa línea, se da la sospecha del uso de bienes públicos no solo para algunas chicas por sus vínculos con quienes organizan las campañas de donación, sino para sus familias. Esta situación genera alianzas entre algunas chicas con las que organizan las donaciones pues este se vuelve un mecanismo para recibir más que las demás compañeras, aun cuando en el fondo no se toleran o no se llevan bien. En sus relatos también es común escucharlas referirse a las “engreídas” o “protegidas” por parte de quienes reciben las donaciones- las líderes de las casonas-, quienes asumen que reciben más donaciones que el resto. Esta desconfianza nos hace pensar que en procesos de precarización los lazos son más difíciles de mantener, pero, sin embargo, son los únicos lazos que la mayoría de 124 ellas tiene. Esto genera relaciones complejas llenas de sospecha, resentimiento, conveniencias, pero también violencia. Varias de las entrevistadas mencionan que entre las chicas de la casona se han peleado a golpes por robos entre ellas o como mecanismo para establecer jerarquías. Por ejemplo, cuando llega ayuda externa canalizada a través de una de las chicas que no ha sido parte de las que monopolizaban los recursos recibidos durante la pandemia, ella se ve expuesta a golpes o maltrato por parte de quienes tienen el monopolio de donaciones. Como vemos, la ayuda genera conflictos, relaciones tóxicas y lazos sociales precarios. (vii) Medidas del estado frente a la pandemia Un nuevo factor de vulnerabilidad que ha surgido con la pandemia generada por el Covid-19 es lo que denominamos medidas del Estado. Lo peculiar de este caso es que el propósito de las medidas de Estado fue proteger a los y las ciudadanas para evitar el contagio y las muertes por el Covid- 19. Sin embargo, como hemos podido ver a través de los relatos de las entrevistadas, estas medidas vulneraron aún más la situación de desventaja y precariedad que las mujeres trans experimentaban diariamente. A continuación, nos enfocamos en el confinamiento, el toque de queda, los bonos, la vacunación, el pico y placa, y el uso de mascarillas. Confinamiento Una de las primeras medidas del gobierno una vez que inició la pandemia fue la cuarentena obligatoria, la cual duró más de 100 días. Durante la cuarentana obligatoria, todas las personas en el territorio nacional tuvieron que estar en sus hogares sin la posibilidad de salir a menos que se les haya presentado una emergencia, tengan que comprar productos de necesidades básicas o para cuidar a personas mayores. El confinamiento parecía una medida efectiva para evitar el contagio dado que, si las personas no se ven, no tienen cómo contagiarse. Sin embargo, cuando el gobierno decide iniciar el periodo de confinamiento y establece que todas las personas deben quedarse en sus casas, no toma en consideración a las personas que no tienen casas propias, sino que alquilan cuartos o espacios para vivir que pagan con lo que ganan diariamente. En el caso de las entrevistadas, ellas relatan que quedarse en casa no fue algo fácil pues ninguna tenía un hogar propio y, sin poder salir a trabajar, no tenían cómo pagar sus alquileres y eso las exponía a situaciones de mucha angustia, inestabilidad e incertidumbre. Estaban a merced de los dueños de las casonas en las que viven y de la tolerancia que les daban o no al no pagar sus alquileres. Varias reportan no haber podido pagar los tres meses de cuarentena y haber tenido mucho miedo de ser botadas a las calles. Otras reportan que, al no poder pagar sus cuartos, tuvieron que volver a las casas de sus familias donde anteriormente han sido discriminadas y, en varios casos, violentadas. 125 “Muchas compañeras, compañeros y compañeres trans tuvieron que dejar sus casas porque no tenían con qué pagar el alquiler. Fueron echadas, fueron botadas en medio de toda la pandemia.” (G.) “Ahora, con la pandemia, todo esto se ha agravado, porque muchas de las personas trans o la mayoría de las personas trans no tienen un domicilio propio: viven en lugares alquilados. Sin embargo, las medidas tomadas en la pandemia no han sido pensadas en las personas trans o en la diversidad de personas que componen la ciudadanía, sino ha sido pensada en las personas que tienen un terreno propio, una casita propia en la que puedan venir y quedarse. ¿Qué fue lo primero que se dijo en pandemia? “Quédate en tu casa”. ¿En qué casa, si las personas trans no tenemos casa? ¿Qué distancia social, si la mayoría de las personas trans vivimos tugurizadas? Vivimos en casonas abandonadas en las que se nos cobra mucho y se nos ofrece muy poco, porque son los únicos espacios en los que se nos permite tener un alquiler. Entonces, por eso, esto creo que debería hacernos reflexionar. Estas medidas, en vez de cuidar a las personas trans, nos han seguido exponiendo a la muerte, a la violencia, al peligro.” (G.) La cosa es pagar acá porque todos los meses te cobran te cobran, y si no pagas te dicen de frente que tienes que retirarte. (Sa.) Además, las mujeres trans del centro de lima viven, en su gran mayoría, en lugares no solo alquilados, sino lugares donde viven muchas personas en espacios pequeños donde los pasadizos entre cuarto y cuarto son angostos. Ellas viven en cuartos que están uno al costado del otro y todas las chicas de la misma casona comparten un mismo baño. Algunas, incluso, compartían cuartos muy pequeños. Por ello, mantener la distancia social para evitar el contagio, tal y como el gobierno lo solicitó, no era viable en su caso. Muchas vieron cómo se enfermaban sus compañeras y, en algunos casos, cómo morían de Covid-19 en cuartos cercanos a los suyos. Es importante recordar que, como lo vimos en la sección previa a la pandemia, muchas de ellas se han contagiado de VIH, por lo que la angustia de contagiarse de Covid-19 es aún mayor. Toque de queda Otra de las medidas del gobierno durante la emergencia sanitaria fue implementar el toque de queda. Una vez que acabó la cuarenta obligatoria, el gobierno mantuvo el toque de queda en todo el territorio nacional. Los horarios específicos variaban según el índice de contagios de cada departamento, así como la duración de esta medida en cada uno de estos lugares. En Lima, el toque de queda duró durante más de un año luego de haber acabado la cuarentana. Si bien los horarios fueron ampliándose según la pandemia se iba controlando, durante varios meses posteriores al confinamiento tuvimos horarios de toque de queda muy estrictos. Esta medida tuvo consecuencias negativas para muchas personas cuyas actividades laborales se realizaban en las noches o 126 madrugadas. Este fue el caso de las mujeres trans del centro de lima que se dedicaban al trabajo sexual. Por la pandemia, ya no se puede salir, así como antes ya, que era toda la noche, y ya no hay clientela como antes tampoco, ya los hombres no vienen como antes, no, entonces por las puras amanecerse afuera porque no hay nada... hay que aprovechar por eso tempranito así de 6 a 10 de la noche que hay más o menos gente, ya de ahí no hay ya. (S.) Otra de sus consecuencias del periodo en el que duró el toque de queda fue que aumentaron los policías y serenazgos en la ciudad para regular la cantidad de gente que podría salir y en los horarios en los que estaba permitido. Como parte de sus funciones, comenzaron a revisar quiénes salían pidiendo el DNI. Para las mujeres trans, este es un tema complicado porque cada vez que alguien ve su DNI es una situación potencialmente vulnerable para ellas porque nunca saben cuándo las otras personas le harán algún problema al darse cuenta de que son mujeres trans. Una de ellas comenta lo siguiente: El día que salían los hombres [salió a la calle]. Porque justo yo iba a hacer mi parrillada. Yo he salido un día con mi primo al mercado. Y la policía me ha parado. Una chica. “Señora, usted no puede salir”, me dice. “No”, le digo, “Soy mujer trans”. Le he hecho ver mi DNI. Todo el mundo me miraba, pues. Claro, pues. Es que allá en Iquitos no dejaban salir. Yo decía “Si me voy en mujeres, ¿qué tal si me mandan o me hacen algo? Mejor no”. Yo me iba normal. Me iba vestido como mujer. Con mi short y mi polito así normal. Pero pensaban que no debería estar en la calle. (Sa.) Las entrevistadas relatan que cuando acabó la cuarenta y quisieron volver a trabajar no pudieron porque no había clientes en las calles. Por un lado, el miedo al contagio hizo que muchos de los clientes que siempre iban al centro de lima dejen de ir, pero por otro lado el toque de queda evitó que vayan los clientes al estar prohibido circular durante la noche. Recordemos que la prostitución suele asociarse con la oscuridad por el estigma que se le asocia. Además, están quienes buscan trabajadoras sexuales aun estando casados, por lo cual no suelen ir durante el día cuando es más fácil identificarlos. Bonos Una siguiente medida del gobierno del presidente Vizcarra fueron los bonos para personas en pobreza o pobreza extrema. De todas las entrevistadas, más de la mitad reporta haber recibido por lo menos un bono. Las percepciones de los bonos son distintas pues no todas viven en las mismas condiciones. Algunas son más jóvenes y viven en cuartos más pequeños, mientras que otras son mayores y viven en cuartos más grandes pues tienen más tiempo viviendo en la misma casona, lo cual supone un costo mayor. 127 Entre las que recibieron los bonos, tenemos a quienes cuentan que, si bien fueron una ayuda considerando que durante ese periodo no tenían ningún tipo de ingreso, eran insuficientes porque no les alcanzaban ni para pagar su alquiler mensual. Además, varias apoyan a sus familias mandándoles dinero. Por lo que la falta de ingresos no las afectó solo a ellas, sino a las familias a las que apoyaban. Sí, pero con lo que te pagan [del bono] no te alcanza nada señorita, ni vivir un mes. Mira de esos 250, de esos 250, ¿qué vas a hacer con 250?... Está bien ¿no? No te alcanza ni para que pagues tu cuarto, y ¿qué vas a comer?... No, el gobierno ha estado muy mal. Para una de las entrevistadas, no obstante, los bonos sí fueron un gran ayuda pues le permitieron iniciar su depilación láser para quitarse la barba. En su caso, ella compartía una habitación muy pequeña con otra compañera, aligerando sus gastos mensuales. Ella nos comenta: “Sí, he tenido dos [bonos]. También es una gran ayuda también pues ese bono para mí *risas*”. (L.). Esta fue una gran ayuda pues, según los relatos de las compañeras trans, la barba es uno de los rasgos faciales masculinos que más ansiedad, desagrado y molestia les genera. Por ello, ellas sienten que quitarse la barba con depilación láser es fundamental para su proceso de transición, para su propia autoestima y para sentirse más cómodas socialmente. Eso lo hice [depilación laser de los vellos faciales] cuando recibí mi bono. Sí, porque eso cuesta pues, y mensualmente pagaba 200, 200 pagaba mensual, y de mi poto aparte, ya con poto bonito puedo estarme comprando ropita, cositas pues, ¿no? (L.) Sí, he tenido dos [bonos]. También es una gran ayuda también pues ese bono para mí *risas*. (L.) Vacunación La vacunación ha sido uno de los mecanismos más importantes para detener el contagio y evitar las muertes por Covid-19. Para recibir las dosis correspondientes, uno debe llegar al centro de vacunación con su DNI, lo cual es un tema sensible para las entrevistadas. Como lo hemos mencionado anteriormente, cada vez que tienen que hacer un trámite que supone mostrar su DNI les entra la angustia de ser tratadas como hombres ya que su DNI todavía tiene su nombre masculino. En el caso de la vacunación, parte de su angustia es que las llamen por su nombre masculino en frente de las demás personas o que no las dejen vacunarse por no verse como hombres. Una de las entrevistadas señala lo siguiente: Por ejemplo, te voy a contar... el día que he ido a vacunarme, acá en el mercado, el chico me dice “Señorita, siéntate allá. Su DNI”. Le doy mi DNI… “Pero acá dice ‘José 128 Antonio’”. Después se acercó y me dice… ¿Por qué dice ‘José Antonio’?”, me dice. “No, soy mujer trans”. No me ha dicho nada más. De ahí, le ha dicho a la chica que, cuando me van a poner mi vacuna, que me llamen por mi apellido. “¡Díaz!”, me han dicho. (Sa.)” Es muy importante reconocer los sentimientos de angustia y miedo que experimentan las entrevistadas pues, aun cuando la experiencia en el centro de vacunación no sea necesariamente negativa, es la anticipación de poder ser discriminadas que las limita y evita que vayan. Siguiendo sus relatos, vemos que todas tuvieron un primer momento en el que tuvieron que explicar que eran mujeres trans cuando presentaron su DNI. En algunos casos, no tuvieron problemas y procedieron a llamarlas por su apellido. En otros casos, sí hubo un momento de confusión por parte de la persona que las recibió y, al ver su DNI, les pidió que la esperan mientras consultaba. En ambos casos, les permitieron vacunarse y las llamaron por su apellido. Ahora bien, en sus cartillas de vacunación sí pusieron sus nombres masculinos, siguiendo la información que está en el DNI. Una de las entrevistadas, no obstante, logró que pongan su nombre femenino. Ella señala lo siguiente: En el caso de la vacunación, yo no tengo conocimiento. De repente sí. Puede que me equivoque. Pero, hasta donde yo sé, no ha habido ningún proceso de concientización hacia las personas que están involucradas en la vacunación. […] O sea, yo, cuando me dieron la cartilla de vacunación para poder llenarla y me dieron la hoja para poder rellenar mis datos, intenté llenarlo con el nombre de Gahela Tseneg Cari Contreras, con mi nombre, y la señorita me dijo que no podía hacer eso, que tenía que llenarlo como estaba en el DNI, porque esto y porque el otro. Y yo le dije que no. Agarré y busqué en mi celular la norma técnica que obliga a todos los profesionales de la salud a respetar la identidad de género de las mujeres trans, y a tratarnos en femenino, y a tramitar nuestros historiales clínicos, nuestros procesos de atención en femenino, en el caso de las mujeres trans. Y, bueno, ella no lo entendía, tenía muchas dudas. Al principio se negó. Y luego le dije Si usted me obliga a poner mi DNI, el nombre que está en el DNI, el nombre impuesto en la cartilla de vacunación, yo no pienso vacunarme. Y ella se asustó, llamó a otros profesionales de la salud. Vinieron como cuatro, cinco. Luego llamaron a una persona que creo que era la encargada del área legal. Yo conversé con él y al final yo les dije que no iba a levantar ningún acto de incidencia, pero que quería que respeten mi identidad de género. Que, si no, eso era un acto de discriminación, y que la discriminación es delito. Y, bueno, pusieron mis datos. Catalina, que estaba atrás, también hizo respetar su identidad de género. Mi cartilla dice Gahela. (G.) Como vemos en el testimonio, la entrevistada logró que pongan su número de DNI porque conocía la norma técnica que obliga a todos los profesionales de la salud a respetar la identidad de género de las mujeres trans, sin embargo, ella es una de las pocas que la conocen y que ha logrado que pongan su nombre ya que estudió derecho y tiene experiencia en el sector público. Esta situación muestra que el personal de salud debe ser capacitado para no solo darle una atención adecuada a 129 las mujeres trans, sino para respetar su identidad de género en el proceso. La entevistada señala, además, haber usado sus redes sociales para dar a conocer a otras chicas trans su experiencia en el centro de vacunación para que ellas también puedan exigir que pongan su nombre femenino. Este caso es, sin embargo, la excepción. “Lo bueno de todo esto es que yo colgué esta experiencia en las redes sociales, en Twitter, en Instagram, en Facebook, y varias compañeras no se habían inscrito. Con dudas, para saber cuál era la norma técnica, cómo proceder… Y ha habido un promedio de 10 mujeres trans que han hecho respetar… Que nos han escrito, nos han mandado y han hecho respetar su identidad de género. Muchas de ellas, incluso, tres o cuatro, tres de ellas decidieron no vacunarse y cerrarse. No me vas a respetar mi identidad de género como dice esta norma, entonces no me vacuno. Y las han llamado al otro día para que se vacunen, y han respetado su identidad de género.” (G.) Pico y placa Una de las medidas que menos duró, pero que más dio de qué hablar fue la Ley de Pico y placa de género. Con la intención de controlar que menos personas salgan el mismo día a hacer compras, Ley de Pico y placa de género estableció que las mujeres y los hombres saldrían en días diferentes e intercalados. Como lo relatan las entrevistadas, esta medida fue sumamente problemática para la comunidad trans pues dio pie a actos de violencia y transfobia realizados por los efectivos de la Policía y los agentes de seguridad. Estos actos incluyeron insultos, burlas, abuso e, incluso, grabaciones mientras las humillaban. “En relación con las personas trans, yo creo que la violencia transfóbica no solamente se ha evidenciado, sino también se ha profundizado en pandemia. Si no, recordemos la Ley de Pico y placa de género, que fue una de las primeras medidas del gobierno del corrupto de Vizcarra durante el primer trimestre o el segundo trimestre de la pandemia. Y esa medida de Pico y placa de género evidenció y agudizó la violencia transfóbica por parte de los efectivos de la Policía, de los agentes de seguridad hacia las personas trans. No solamente nos insultaban y se burlaban de nosotras, sino que además nos grababan para poder hacer… O sea, era como si… O sea, no hay vergüenza. No hay ningún cargo de conciencia por parte de ellos por la transfobia que ejercen.” (G.) “Les han hecho hacer ejercicio [a las travestis]. Les decían que vayan a sus casas si son hombres, que qué van a estar saliendo en el día de mujeres. Porque las mujeres trans salían los días de mujeres, y los policías… Un montón había virales que salían en Face, que hacían ver lo que les hacían a las pobres. ¿Para qué voy a salir yo? ¿Para que me hagan lo mismo? No. Prefiero irme y decir que soy mujer trans, y ya no me van a decir nada. No se pueden burlar ni nada, porque estoy en el día que supuestamente tengo que salir. Pero acá 130 las mujeres… Yo veía en el internet que se burlaban, porque salían día de mujer. “Usted, señor, es hombre. Por más que estés vestida de mujer, eres hombre”, les decían los mismos policías. Varias han habido de eso, que les han hecho así.” Algunas de las entrevistadas relatan no haber salido, mientras que otras relatan haber salido en los días en los que les tocaba a los hombres pues en su DNI siguen con sexo masculino. No obstante, ellas señalan haber salido como ellas se presentan: con ropa femenina, maquilladas, con las cejas arregladas y pelo largo. Ellas relatan que, cuando las paraban y les decían que era el día de hombres, ellas mostraban su DNI e informaban a los policías o agentes de seguridad que eran mujeres trans para que las dejen pasar. Ellas señalan haberse sentido más tranquilas saliendo en el día que les tocaba a los hombres porque si salían en el día que les tocaba a las mujeres y les pedían DNI, temían que sería burladas, abusadas o maltratadas por tener el sexo masculino en su DNI. Es importante mencionar que, si bien las dejaban pasar cuando mostraban su DNI con sexo masculino, las entrevistadas reportan haber sentido vergüenza porque la gente de su alrededor las miraba mientras revisaban su DNI, además de haber sentido mucha angustia por la inseguridad que sentía de poder ser violentadas. Yo he salido un día con mi primo al mercado. Y la policía me ha parado. Una chica. “Señora, usted no puede salir”, me dice. “No”, le digo, “Soy mujer trans”. Le he hecho ver mi DNI. Todo el mundo me miraba, pues. Claro, pues. Es que allá en Iquitos no dejaban salir. Yo decía “Si me voy en mujeres, ¿qué tal si me mandan o me hacen algo? Mejor no”. Yo me iba normal. Me iba vestido como mujer. Con mi short y mi polito así normal. Pero pensaban que no debería estar en la calle. (Sa.) Uso de mascarillas El uso obligatorio de mascarillas fue una de las primeras medidas a nivel internacional contra el Covid-19. El tipo y material de las mascarillas fue variando conforme salieron nuevos estudios, pero el uso general de mascarillas ha durado en el Perú por más de 2 años. Recién desde el 01 de mayo de 2022 es que se puede estar en espacios públicos sin mascarilla, pero en espacios cerrados sí se mantiene su uso. Si bien esta medida fue muy incómoda para muchas personas pues cubrirse la nariz y la boca era algo a lo que nos estábamos acostumbrado, también trajo algunas consecuencias positivas para las mujeres trans entrevistadas. Como lo hemos mencionado previamente, la barba es uno de los marcadores de masculinidad más evidentes y difíciles de cubrir cuando no se tienen los medios necesarios para el procedimiento láser. Como también lo mencionamos, muchas de ellas tienen barbas frondosas que les crecen muy rápido. Esta situación se vuelve muy difícil para ellas porque afeitarse diariamente a veces no les es suficiente y, en algunos casos, afeitarse tan seguido les genera irritación. Por ejemplo, cuando viajan o se trasnochan, la barba se vuelve visible pues ya pasaron más de 24 horas y la vergüenza 131 aumenta. Una de ellas señala: “Usaban un montón de base para salir a trabajar antes de pandemia. Tres kilos de base, tres kilos de polvo *risas*”. Es importante recalcar que la visibilidad de la barba no es algo que solo las afecta cuando trabajan por la angustia de que sus clientes sepan que son mujeres trans, sino que es algo que las acecha en todos los momentos del día que salen de sus cuartos al espacio público. Es el miedo constante de ser “reconocidas” como travestis. En este contexto, la mascarilla se volvió un aliado para ellas pues les permitía esconder sus barbas tanto durante el día, como durante la noche con sus clientes. Una de ellas señala que “[La mascarilla] nos ha ayudado bastante”, a lo cual otra agrega lo siguiente: “Ya nos cubre pues. Yo cuando estaba con mi barba, me sacaba con pinza, me demoraba cuatro días para que me salga bien, yo salía trabajar con mi barba. Pero con esto me tapaba pues mi barba y no me dejaba ver mi cara. Les decía a los hombres que no me lo podía quitar por la culpa del COVID, y entendían pues. Pero sino decía que no, no puedo salir a trabajar. Por eso decidí ya hacerme ese tratamiento [láser]. Para que me bote un poco de pelo...” (Sa.) Sí, sí, igualito ahorita, yo igualito, y si yo me la quito [la mascarilla] le digo al chico "póntela tú", así no más, y yo no doy beso, yo no doy nada, no me gusta dar beso, yo no doy beso nada, yo no más con mi mascarilla no más. (S.) 5.3.2. Dimensión subjetiva de las entrevistas Queremos pasar ahora al componente subjetivo de las entrevistas en lo que refiere a sus trayectorias de vida posteriores a la pandemia. Para ello, vamos a presentar las emociones que más se repiten en sus relatos y que más impacto han tenido en ellas. Es importante notar que una vez que inicia la pandemia, la mayoría de sus reflexiones y emociones tienen que ver con el Covid-19, mientras que antes de la pandemia identificamos más factores a cuáles prestar atención. A través de los relatos, identificamos que el miedo es la emoción que más resalta y a la que hacen referencia con mayor frecuencia. El miedo al contagio, a morir, a estar solas, a no ver de nuevo a sus familias, a no tener quién las cuide si se enferman. Una de ellas relata lo siguiente: Sí, me dio bastante miedo porque yo estaba sola acá y todo estaban muriendo yo tenía un pánico y decía "señor no me puedo morir acá" decía yo... ya ahora no tengo tanto miedo, porque yo dijo "bueno Dios sabrá lo que hace pues" pero trato de cuidarme igual, Diosito sabe lo que hace pero yo tengo miedo de enfermarme acá porque yo estoy sola, es mi miedo, mi familia está lejos, y mi familia no tiene plata como para venir a buscarme acá, y yo soy la que más me cuido de acá... gracias a Dios no me he enfermado así gracias a Dios no, una recaída mala así no. (S.) 132 Yo soy muy poco de enfermarme, gracias a mi Diosito, muy poco, y por eso cuando hice covid yo tenía miedo, yo decía no, no, no, pero decían que cuando te da con las defensas buenas no te pasa nada, yo digo que debo tener mis defensas buenas, yo como bastante mis cosas así mis menestras, yo me como todo, gracias a Dios no me dio tan fuerte... inclusive que ahí donde yo vivía en la casona estaba una chica que tenía eso. (S.) En otro de los relatos resalta la ansiedad que le generó el miedo al contagio y a desarrollar los síntomas del Covid-19. Esta ansiedad generaba problemas para dormir, intranquilidad y preocupación. Veamos la cita: Y yo he visto eso de ahí en el Face que son creo síntomas, pero no vomito, porque ahí uno dice que tienes que vomitar. Después no sé qué más. Ahora no sé si debo tener ansiedad, no sé, pero no puedo dormir. A veces puedo dormir a las 5 de la mañana… pero algo siento en mi cuerpo, algo que no sé. Es importante notar que, si bien muchos miembros de la población nacional sintieron una tremenda angustia frente a la posibilidad de contagiarse del Covid-19, en el caso de las mujeres trans esta angustia es vivida de forma diferente por la situación marginal en la que se encuentran. La mayoría no tiene seguro de salud, ni conocidos que se dediquen a la medicina a quienes puedan acceder para tener consejos cuando se sienten mal o cuando creen tener síntomas de Covid-19. Las que tienen acceso, solo acceden a la posta en la cual les ofrecen paracetamol de forma general para cualquier malestar, pero la gran mayoría o no tiene acceso o le genera temor acercarse por miedo a ser discriminadas. Al miedo al contagio y al Covid-19, se suma el miedo a salir a las calles por víveres. El miedo a salir a la calle por víveres va de la mano con el miedo por la Ley de Pico y placa de género, y el miedo por ser abusadas por efectivos de seguridad. En algunos casos, se suma el miedo por ser migrantes. Este es el caso de una de las chicas entrevistadas que migró desde Venezuela a pie hasta Perú. Durante la pandemia, ella tenía miedo a salir a la calle porque en esa época se incrementó mucho el control a quienes salían a comprar y lo primero que pedían los efectivos de seguridad, era el DNI. En una de sus salidas por víveres, fue parada por un policía y al no tener DNI, hasta la fecha sigue con problemas de migración. Yo con miedo venía igualito, a veces me hacían chongo por eso. Inclusive tengo un problema todavía ahorita por eso, porque los policías me agarraron una vez cuando yo venía a buscar mis víveres y por ahí tengo un problemón ahorita que mi cabeza la tengo atormentada con eso. Pero gracias a Dios sí, mi amiga sí me ha ayudado pues, y ahí solucioné de mi cuarto, me prestaron una plata… Y ya después me tocó salir a trabajar, porque no me tocó de otra, sino me moría del hambre, entonces ¿qué me toca hacer? Salir 133 a trabajar así no más. Como ella señala en la cita, salir a la calle la ayudó para conseguir víveres y obtener plata prestada para solucionar las deudas que tenía de su cuarto. Sin embargo, le generó el problema con su estatus migratorio el cual, hasta ahora, intenta solucionar para poder residir en el Perú. Mientras soluciona su estatus migratorio, sigue saliendo a las calles a trabajar para poder costear los gastos. 5.3.3. Planes de vida: sueños que se quiebran A partir de las entrevistas realizadas, hemos encontrado que la pandemia ha tenido consecuencias importantes en los planes de vida de las mujeres trans que participaron de la investigación. Una de las consecuencias más frecuentes ha sido la pérdida de los ahorros que tenían guardados para poder salirse del trabajo sexual o, en otros casos, para dedicarle menos tiempo y poder desarrollar otra actividad económica en paralelo. Las entrevistadas reportan haber tenido que usar sus ahorros para sobrevivir y, al hacerlo, perder los planes de vida que tenían desde antes de que llegue la pandemia y, con ella, la crisis económica. Veamos el siguiente testimonio: Y la verdad que la pandemia yo la pasé en mi casa también en mi casa no salía para nada, ahí como que también se gastan los ahorros, se gasta todo lo que uno tiene guardado y ya como que ya no te queda y tienes que salir otra vuelta. (D.) Durante todo el periodo de la cuarentena que duró más de 100 días, las entrevistadas reportan no haber podido trabajar ni haber ganado ninguna remuneración. Adicionalmente, las entrevistadas relatan que, una vez que se acabó la cuarentena obligatoria, el trabajo sexual fue casi inexistente pues los clientes seguían con miedo de contagiarse. Recién al año de haber iniciado la pandemia, aproximadamente, es que reportan un incremento en la clientela. Sin embargo, resaltan que ese incremento no llega a los niveles previos a la pandemia. Por ello, el uso de sus ahorros de inevitable para subsistir. Una de las entrevistadas relata, por ejemplo, haber estado ahorrando para poder viajar a otro país con un familiar que le ha ofrecido ayudarla a conseguir más oportunidades laborales. Sin embargo, con la crisis tuvo que usar los ahorros guardados para el viaje para poder pagar su cuarto y comida durante la cuarentena y se quedó sin la posibilidad de viajar: “Pensaba irme a Buenos Aires a ver a mi hermana, a visitarla. A visitar y si me dice que está bien por ahí el trabajo ya me quedaba, allá vive mi hermana po. Pero con la pandemia no me fui po. Me quedé acá” (L.). Lo mismo le pasó a otra compañera que relata haber estado ahorrado durante un buen tiempo con el objetivo de poder regresar a su ciudad de origen y poner una bodega. Como nos cuenta, para ella es importante dejar el trabajo sexual una vez que regrese a su ciudad de origen. Por ello, estaba 134 ahorrando con la idea de poner un negocio propio como una bodega que le permita vivir sin tener que salir a las calles nuevamente. Veamos su testimonio: Es que mis planes eran para otra cosa. Quería irme… Yo no pensaba que fuese a haber la pandemia. Yo tenía mi plata ahorrada, pero todo gasté. Yo no quería trabajar ya. Yo quería irme a mi casa a poner mi negocio. Por eso había comprado todas esas cosas de la Kiara. He comprado eso, he comprado mi tele grande para poner en mi sala, para hacer mi negocio. Pero no, pues. Vino la pandemia, gasté, gasté y gasté. Ya no tengo plata ya. (Sa.) Otra de las entrevistadas relata haber ahorrado para poder comprar productos de belleza y herramientas de peluquería -como una secadora y plancha profesional- para poder tener sus propias clientas y trabajar de forma independiente en este rubro. Las herramientas de peluquería son costosas, por lo cual, relata haber estado ahorrando durante un buen tiempo para poder comprarlas y poder salir del trabajo sexual. Ella nos hace notar su frustración al tener que usar sus ahorros para sobrevivir durante la pandemia no solo por el retraso que esto supone en sus planes de vida, sino por la dificultad que encuentra en poder ahorrar nuevamente dada la coyuntura en la que nos encontramos en el país. La pandemia también tuvo un impacto en sus planes colectivos. Una de las entrevistadas relata que, antes del inicio de la pandemia, las compañeras de la casona en la que vive estaban planeando crear una organización de mujeres trans del centro de lima para poder recibir y canalizar donaciones: […] quisimos hacer una organización de nosotras, de mujeres trans, ya ser validada, pero no se llegó a concretar por esto de la pandemia. Empoderadxs se iba a llamar la organización, pero como ya no teníamos ya acceso a hacer los trámites, ya lo dejamos ahí nomás. Pero me dice [el regidor] que cuando pase todo eso, empezamos ya nuevamente para formar una organización para mujeres trans de aquí del Centro. (K.) Ya tener nuestro recibo de RUC, tener todo lo que tienen las organizaciones, tener todo en regla para que nos venga ayuda, para que quizás otros países nos den ayuda para las mujeres trans, ya sea en cualquier cosa que las chicas puedan desempeñarse: unas terminar sus estudios, otras tener nuestro DNI, tener acceso a un trabajo, eso. (K.) Se trataba de ser validadas y de poder gestionar en mejor medida las donaciones que les llegaban. Además, teniendo una organización pueden recibir donaciones de organismos o países extranjeros y de esa forma tener la oportunidad de ayudar a más mujeres trans que viven en condiciones muy precarias y, en su mayoría, se dedican al trabajo sexual. 5.3.4. Estrategias de supervivencia de mujeres trans durante la pandemia 135 A diferencia de las estrategias identificadas previas a la pandemia, encontramos que desde que inicia la cuarentena obligatoria y durante los meses posteriores las estrategias utilizadas por las entrevistadas incluyen principalmente estrategias entre pares, estrategias colectivas, y articulación con organizaciones sociales. A continuación, caracterizaremos a cada una de ellas a partir de los testimonios obtenidos en las entrevistas. Estrategias entre pares Las estrategias o ayuda entre pares incluye la ayuda por parte de compañeras con quienes viven, pero no necesariamente son amigas a largo plazo, y la ayuda por parte de amigas cercanas que consideran una segunda familia. Para comenzar, tenemos la ayuda por parte de compañeras con quienes viven, pero no necesariamente son amigas a largo plazo. Una de ellas cuenta que, durante la cuarentena, no tenía fondos para comprar un balón de gas para su cocina y que fue una de sus compañeras quien le regaló el balón de gas y, además, le dio algunos víveres para que pueda prepararse comida. Otra de las entrevistadas relata haber obtenido ayuda por parte de su vecina en un momento en el que no tenía cómo mantenerse. Ella no podía comprar comida propia ya que no tenía posibilidades laborales ni ahorros. En esa época, recuerda, que solo comía una vez al día. Veamos la siguiente cita: Y ella por más que le daban sus víveres, me ayudó con un balón de gas, sí me ayudó, yo no tengo quejas de eso, porque sí me ayudó cuando más lo necesité. Porque para mí fueron tres meses que para mí fueron terribles, que yo no tengo familia acá, yo no tengo a nadie pues, solo mis amistades. Y bueno gracias a ella, me llamaba, yo no sabía nada de esto, entonces ella me decía “baja a comer”, pero a mí me daba miedo salir, porque me decían del COVID, los vecinos me decían que si salía no se iban a juntar conmigo porque yo les llevaba COVID, y pues me tenían atormentada. Bueno, entonces una vez ya me aloqué porque ya no aguantaba más, y tenía que pagar tres meses de la casa del alquiler, sino la señora me iba a botar. Sí o sí me iba a botar, ya me había dicho, y yo la llamé a mi amiga, y me dice “vente que yo te voy a ayudar” … no tenía cocina, no tenía balón, y ella hizo y me ayudaron ese mismo día con mi balón y mi cocina… y me daba víveres, ya mi amiga me solucionó eso, no tenía víveres. Yo la llamaba y me decía “ven a buscar”. En segundo lugar, está la ayuda por parte de amigas cercanas que consideran una segunda familia. Estas son amigas muy cercanas en quienes confían más y con quienes tienen mayores vínculos. Una de ellas relata, por ejemplo, relata que su amiga le daba víveres y plata para ayudarla en los momentos más difíciles de la pandemia. Es importante notar que recibir dinero de una compañera es un gesto que denota mucha confianza y estima pues, de acuerdo con sus relatos, éste no es un acto común entre ellas. Veamos la siguiente cita: 136 […] todas son mis amigas las quiero, pero siempre uno tiene una que es con la que más confiamos creo, como que ya tú le tienes confianza, cariño, y es ella, esa es mi amiga, yo ya le doy hasta mi plata para que me guarde así, cuando tengo le digo "amiga guárdame esto, amiga vamos esto" o sea yo la siento como una hermana, como un familiar así, algo así la siento yo pues. Y ella me ayudó también cuando estaba en pandemia, mucho me ayudó también ella, me daba plata porque yo no trabajaba, no estaba trabajando en pandemia. (S.) Y yo no venía para acá ni nada, pero tan siquiera yo le pedía a ella y ella me regalaba, lo poquito que ella podía me daba dinero también me daba víveres, y ella me decía “yo te ayudo normal, yo te entiendo” me decía... sí, por eso yo la quiero mucho, yo le tengo un cariño, como yo he sido peluquera también, yo a ella le pinto su cabello, yo le hago todo. (S.) Estrategias colectivas Dentro de las estrategias colectivas tenemos las ollas comunes, las campañas de recaudación de fondos, entre otros. De acuerdo con las entrevistadas, una de las estrategias colectivas más importantes durante la cuarentena obligatoria y los meses posteriores ha sido el desarrollo de ollas comunes: “Sí, buen tiempito fue que estuvimos con la olla común. [...] Fue un año y tres, cuatro meses. Y fue para todas las nueve casonas de acá del Centro. (K.)”. Varias cuentan que la porción diaria que les tocaba era la única fuente de alimento que tenían, comiendo solo una vez al día. Todas relatan haberse beneficiado de ellas ya que no tenían ingresos durante ese periodo. Para el desarrollo de las ollas comunes, las chicas que vivían en la misma casa se organizaron para poder comprar la comida, cocinarla, repartirla y lavar los trastes. Este era un trabajo diario, por lo cual, fue muy importante la organización del trabajo colectivo y el apoyo mutuo. Eran 130 menús diarios aproximadamente. Veamos el siguiente testimonio: Cuando yo estuve en la olla común, venían. Ahí son más de la selva. Pero en esa casa eran aproximadamente 40 chicas. Pero venían, hacían la cola acá afuera, nosotras repartíamos menú y eran la mayoría de la selva. Y acá en el Centro la mayoría son de la selva. Casi un 80% son de la selva. (K.) Otra estrategia colectiva fue el desarrollo de campañas de recaudación de fondos y la distribución de víveres donados por organizaciones sociales. En algunos casos eran las mismas organizaciones que donaban las que repartían los víveres, sin embargo, también hubo ayudas que fueron centralizadas y requirieron ser distribuidas. Ahora, no todas fueron parte de la iniciativa, algunas participaron más que otras pues algunas sentían que no todo lo recaudado llegaba a todas las 137 compañeras trans de centro de Lima. Conforme fue pasando el tiempo, sin embargo, las campañas de recaudación de fondos se perdieron. Veamos los testimonios: “Lo que pasa es que también ha habido varias campañas de recaudación de fondos, y ya la gente también ya no podía colaborar, porque también todos la estaban pasando mal, ¿no? Y, bueno, ya no estaban resultando. Creo que por eso se frenó un poco eso. Pero, o sea, existe la necesidad de ayuda. Sí existen los problemas, solo que ya las campañas de recolección de fondos no están funcionando.” (G.) Ya no teníamos más comunicación como antes, ¿no? Antes sí llamaban a estas chicas: “¿Qué es lo que necesitan? ¿Cómo van con sus ollas comunes?”. Pero, a raíz de que se acaba lo que es olla común de acá de las mujeres, ya también se acaba el contacto, ya no preguntan por estas chicas ni nada. Ni organización, ni colectivo, ni regidores, ni congresistas. Nadie. (K.) Articulación con organizaciones sociales Las entrevistadas relatan haber tenido apoyo de ciertas organizaciones sociales durante la pandemia. Estas ayudas iniciaron durante la cuarenta obligatoria y duraron, aproximadamente, todo el primer año de pandemia. Conforme la vida fue volviendo a la normalidad, dentro de lo posible, las ayudas de las organizaciones sociales fueron disipándose y quedaron solo algunas ayudas muy ocasionales. De acuerdo con los relatos, una de las organizaciones que más ayuda les ofreció fue Féminas. Durante el periodo señalado, Féminas le dio víveres y vales de 50 soles para comprar comida a cada una de las chicas trans del Centro de Lima -las cuales suman alrededor de 130 chicas-. Féminas es un espacio de mujeres trans autogestionado que ofrece a su comunidad un lugar seguro para encontrarse, reconocerse y sentirse protegidas. Ellas hacen diversas actividades que incluyen charlas informativas sobre sus derechos y actividades de empoderamiento e incidencia política a favor de las mujeres trans. Leyla Huertas es actualmente la directora de Féminas. Veamos los testimonios: Solo Féminas que, bueno, nos apoyó Leyla Huertas, que en varias oportunidades vino a apoyarnos también, a dejarnos lo que son víveres, vales que nos dieron también… Bueno, ella se contactó con otras organizaciones y gracias a ella también nos dieron vales de 50 soles para cada una de las chicas de todo el Centro de Lima. Con Féminas nos aliamos también en un momento. De ahí, colectivos, colectivos del movimiento LGTBI; y regidores y congresistas, gracias a Manuel, que son sus amistades. (K.) 138 “Eran solo para víveres, nada más. Pero eso sí nos dieron a cada una un vale, para cada chica. Sí, y de ahí nos trajeron lo que son verduras, pollo, que nos trajeron una vez. Cuando hicimos la olla común, nos trajeron cantidades de pollo, papa, zanahoria, todo lo que son verduras, gracias al grupo de Féminas que nos apoyó también en varias oportunidades. Otra organización no se ha comunicado con nosotras.” (K.) Además de Féminas, las entrevistadas reportan haber recibido ayuda del regidor Manuel Siccha. Él es el primer regidor metropolitano que pertenece a la comunidad LGTBIQ+. La ayuda que recibieron de su parte fue principalmente para las ollas comunes que realizaron en el primer año de la pandemia para apoyar a las chicas trans del centro de Lima. Ellas eran aproximadamente 130 chicas viviendo en nueve casonas. Asimismo, una de las entrevistadas relata que gracias al regidor Manuel Siccha tuvieron ayuda de otras organizaciones sociales, colectivos y congresistas para las ollas comunes mencionadas. Veamos su testimonio: “Sí, al principio, cuando yo empecé mi primera casona de la olla común, sí fui de la mano con el regidor Manuel Siccha, que él me puso a hacer ollas comunes para las demás chicas, para las demás casonas. Ya con él ya trabajamos de la mano con varias organizaciones, con varios colectivos, y ya solicitábamos ayuda, que hacíamos ayuda trans, que ya pedíamos a organizaciones, a congresistas, a regidores, a la Municipalidad de Lima, a colectivos, para que nos puedan apoyar. Pero sí yo trabajé mucho con Manuel Siccha, con el regidor que es de la Municipalidad de Lima.” (K.) Las ollas comunes se volvieron una fuente indispensable de alimentación para todas las chicas trans, lo cual fue muy importante pues varias relatan que la porción que les tocaba era lo único que comían en todo el día ya que no tenían ingresos durante ese periodo. Sin embargo, si bien a través de estas donaciones tuvieron los insumos para las ollas comunes, fueron las mismas chicas trans quienes se organizaron para cocinar, entregar las porciones y lavar los trastos sucios. Ha habido compañeras que decían “Pucha, necesitamos para poder cubrir nuestros gastos. Al menos para la comida. Nos están botando de casa”. Y ahí ha habido algunas respuestas. Ha habido algunas ollas comunes trans, ha habido algunas campañas para poder recaudar fondos, llevar las canastas de víveres, alcanzar unos pequeños…(G.) Es importante mencionar que algunas de las entrevistadas relatan que, si bien participaron de las ollas comunes y las consideraron claves sobrevivir la cuarenta obligatoria y los meses posteriores, hubo cierta irregularidad con el apoyo a las chicas trans del centro de Lima. Hemos identificado que la monopolización de recursos le da poder y estatus a la persona que los gestiona. Esta situación genera mucha desconfianza y competencia entre las demás chicas pues para beneficiarse tienen que caerle bien a esta persona. Esta situación, no obstante, se daba específicamente cuando 139 las donaciones no eran entregadas de forma individual. Por ejemplo, los vales de 50 soles para comida fueron entregados de manera personal, evitando su monopolización. Adicionalmente, una de la entrevistadas relata que desde algunas organizaciones sociales como Más Igualdad, Féminas, Diversidades Trans Masculinas (DTM), entre otras, intentaron hacer un padrón de las mujeres trans para poder pedir más ayuda. Entre estas organizaciones intentaron recabar información, pero resultó no ser una tarea fácil pues hay mucha desconfianza por parte de la comunidad de mujeres trans que vive en el centro de Lima, además de la dificultad de acceder a todas ellas pues la recolección de información tenía que ser presencial ya que el acceso a internet en sus comunidades es limitado. Veamos el siguiente testimonio: Cuando inició la pandemia, intentamos hacer un registro, un padrón, para poder pedir ayuda. Y Más Igualdad, yo, Féminas, DTM, no me acuerdo qué otras organizaciones, comenzamos a recabar información, así que tenemos un pequeño padrón. Pero no refleja el número total de personas trans, sino las que nosotras hemos podido averiguar con Fulanita, con Menganita, con mi amiga, con la otra amiga. “Oye, pásale la voz a todas las personas trans que conozcas”, ¿no? Entonces, tenemos un pequeño padrón ahí. Y también hay un padrón que ha arrojado el Censo de Mujeres Trans que hizo Leyla Huerta. Entiendo que DTM también estaba pidiendo un… DTM estaba haciendo un formulario, pero no estoy segura. Pero Féminas ha hecho uno. Y estamos a la espera de que el Estado asuma su responsabilidad de poder desarrollar un censo trans, un censo LGTBI, para que nos permita saber cuántos somos, cuáles son nuestras problemáticas, cuáles son nuestras limitaciones, nuestros obstáculos. Es sumamente necesario saber dónde nos encontramos, por qué estamos donde estamos. Eso ayudaría muchísimo a generar políticas públicas. Y lamentablemente el INEI y el Estado en general no ha sido capaz de generar esos datos oficiales, ¿no? (G.) 140 CAPÍTULO 6 DISCUSIÓN DE RESULTADOS CUALITATIVOS 6.1. Retomando el enfoque del curso de vida: trayectorias de vida de mujeres trans Las trayectorias de vida de las entrevistadas son complejas, únicas y diversas. Sin embargo, comparten ciertas características que quisiéramos comentar. Para ello, retomaremos algunos de los conceptos y principios del enfoque del curso de vida. Estos incluyen el turning point, las transiciones, las relaciones familiares y la agencia. En primer lugar, como ha sido puesto en evidencia en la sección anterior, en todos los casos salir de sus hogares puede identificase como lo que Blanco denomina un turning point en sus vidas. Se trata de un evento que ha generado un cambio de rumbo o viraje en sus trayectorias de vidas. Como revelan sus relatos, este ha sido un cambio negativo en sus vidas pues ha tenido como consecuencia que se terminen dedicando al trabajo sexual. Una de las razones por las que consideramos que salir de sus hogares es un turning point en sus vidas es porque salir de sus hogares sin ahorros, oportunidades laborales o ayuda alguna para poder sobrevivir las lleva a las calles. Es, cuando llegan a las calles, que se insertan en una realidad completamente precaria de la cual les es casi imposible salir. Estar en las calles las lleva, en algunos casos, a mendigar por comida y por abrigo y, en otros, a vincularse con personas desconocidas para poder saltar de lugar en lugar hasta que logran establecerse. Además, muchas migran en busca de oportunidades, pero se encuentran con un muro transfóbico que les cierra las puertas y, en todos los casos, las lleva a iniciarse en la prostitución. Un segundo momento que consideramos un turning point en sus trayectorias de vidas es precisamente iniciarse en la prostitución. Ninguna de ellas relata haber considerado la prostitución como una posible fuente de ingresos cuando salen de sus hogares. Más bien, es algo que a lo que no anticiparon llegar. Como revelan sus relatos, cuando se inician en la prostitución ellas sienten asco, culpa, miedo y en varios casos intentar no volver a ella. Sin embargo, se enfrentan con la cruda realidad en la que sus oportunidades son ínfimas y sus necesidades básicas crecen con el paso de los días y necesitan poder alimentarse y tener un techo donde estar. 141 Ahora bien, ¿por qué consideramos el iniciarse en la prostitución un turning point y no solo un momento de transición en sus trayectorias de vida? Siguiendo nuestro análisis, iniciarse en la prostitución puede considerase como un turning point puesto que desde que se inician en la prostitución podemos observar que esta termina estructurando sus vidas, permea los distintos ámbitos en los que se encuentran y se vuelve muy difícil de dejar. Como muestran sus relatos, la prostitución se vuelve algo más que una actividad económica o de supervivencia, se vuelve un eje central en sus vidas. Sus relaciones sociales, amorosas, redes, contactos, hogares, expectativa de vida terminan estando influenciadas por el mundo de la prostitución en el centro de Lima. En segundo lugar, queremos retomar las transiciones que experimenta a lo largo de sus trayectorias de vida. Las transiciones, como señala Blanco, implican la adopción de nuevos roles y nuevas normas culturales pues son las que les dan forma y sentido al periodo de vida en el que se dan y a lo que se experimenta en ese periodo. Ahora bien, las transiciones son posibles en la medida en que uno crece, pero también en la medida en que uno tiene oportunidades. Las oportunidades suelen abrir nuevas posibilidades y experiencias de vida. En el caso de las entrevistadas, sin embargo, vemos que estas oportunidades suelen agotarse cuando se inician en la prostitución. La gran mayoría no logra salir de las calles y pasa muchos años en el mismo lugar. En algunos casos, tienen más de 20 años viviendo en el centro de Lima ejerciendo la prostitución. Por ello, hemos podido observar que las transiciones en sus vidas las experimentan con mayor frecuencia desde que inicia su crecimiento hasta que se involucran en el trabajo sexual. No obstante, uno de los factores que influye en las transiciones y experiencias nuevas de vida que tienen luego de iniciarse en el trabajo sexual es el tener pareja. Algunas relatan haber dejado de trabajar al tener marido, pero haber tenido que volver a las calles cuando las dejó. Ahora bien, no solo la prostitución limita sus oportunidades, sino que vivir en el clóset -como resultado de la transfobia que permea la sociedad peruana- durante sus años de juventud también lo ha hecho. Como señalan varias de las entrevistadas, ellas no han podido vivir un enamoramiento como sus compañeras de colegio y/o no han podido celebrar sus quince años con un quinceañero y un vestido largo. Una vez que salen del clóset y se autoidentifican como mujeres trans, es la sociedad la que continúa limitando sus oportunidades. Por ejemplo, una de ellas recuerda con nostalgia que trabajando en la peluquería veía a las mujeres que se iban a casar mientras que ella sabía que nunca podría hacerlo. El muro transfóbico limita sus oportunidades y posibilidades de vida y las lleva a vivir en los márgenes sociales de los cuales les es muy difícil salir. Solo una de las entrevistadas relata haber podido salir de las calles y dedicarse en la actualidad al activismo como actividad remunerada, pero- como lo hemos podido observar- ella es una excepción. Ellas nos cuenta que esto fue posible al conocer mujeres feministas que la acogieron y le dieron las oportunidades que la sociedad le venía negando sistemáticamente. Sin su apoyo, no 142 hubiese podido salir de las calles y seguiría ejerciendo la prostitución. Es importante mencionar que ella las conoció a partir de su activismo, el cual hacía a la par que ejercía la prostitución. En ese momento, no era una actividad remunerada para ella pero- como nos cuenta-, el activismo ha sido parte de su vida desde que era joven. En tercer lugar, queremos hacer algunas acotaciones sobre el profundo impacto que tienen las relaciones familiares en sus trayectorias de vida. Consideramos que estas son las relaciones que más influencia tienen a lo largo de sus vidas por las consecuencias materiales, emocionales y sociales que generan tanto a corto, mediano como largo plazo. Se trata de consecuencias en su mayoría negativas que les afectan en distinta proporción. Estas consecuencias se dan por el rechazo que experimentan en el seno familiar, el cual inicia desde que son pequeñas y sigue por muchos años. En algunos casos, por toda su vida. Este rechazo incluye el momento en el que salen de sus hogares -tanto cuando las echan, como cuando ellas deciden irse-, pues en todos los casos lo hacen porque sus familias no las aceptan como mujeres trans. Las consecuencias emocionales son el resultado del rechazo familiar, especialmente del rechazo paterno. En algunos casos inicia desde su infancia cuando las personas cercanas comentan que son más “femeninas” o más “sensibles” para ser niños o adolescentes y los padres intentan corregir su “falta” de masculinidad violentándolas, obligándolas a realizar trabajos rudos, amenazándolas, entre otros. Ellas sienten este rechazo durante sus años formativos. Al venir de hogares tradicionalmente machistas, se observa que las actitudes y decisiones de la figura paterna determina las actitudes y decisiones de los demás miembros de las familias. Por ello, cuando los padres las rechazan, los demás miembros de la familia tienen que aceptarlo. Incluso cuando sus madres han querido aceptarlas, recién lo han podido hacer cuando sus maridos han fallecido o se han mudado de la casa. Este rechazo paternal genera un gran vacío. En sus relatos podemos identificar la pena, nostalgia y frustración que sienten frente a ello. La falta de amor, aceptación y de reconocimiento permea sus vidas teniendo consecuencias durante años después de haber salido de sus casas. Muchas sienten una suerte de orfandad que intentan llenar con la figura de la “madre trans” o con sus relaciones amorosas, pero -como nos cuentan- estas relaciones no son solamente afectivas, sino violentas y abusivas. Además de las consecuencias emocionales que trae el rechazo familiar, están las consecuencias materiales. Estas se basan en la precariedad económica que resulta del trabajo sexual. Las consecuencias materiales incluyen la falta de un hogar propio, transporte privado, medicinas, internet, aparatos electrónicos, comida, entre otros. Como lo hemos descrito, salir de sus hogares sin ahorros, oportunidades, apoyo o estudios superiores terminan llevándolas a las calles donde se inician en la prostitución. Con la prostitución viven el día a día, de forma muy limitada e incierta, pero es la única opción que la mayoría tiene y que les permite no vivir en las calles. 143 Finalmente, queremos hacer algunas acotaciones sobre la importancia que tiene la agencia en sus trayectorias de vida. La agencia tiene efectos en el entorno cultural y social, así como en el rumbo que cada trayectoria de vida toma. La agencia puede entenderse de forma individual o colectiva. Como lo revelan sus relatos, antes de la pandemia eran más frecuentes las estrategias individuales donde su agencia se manifestaba en las acciones que realizaban para transicionar, salir de sus hogares, conseguir un techo y una cama donde vivir, mantenerse, crear nuevas amistades y vínculos sociales, migrar, etc. Una vez que inicia la pandemia, como lo hemos descrito, toman un lugar central las estrategias entre pares y colecticas, además de la articulación con organizaciones sociales. Aquí ha sido clave la agencia colectiva pues la pandemia fue un periodo en el que se necesitaban entre ellas para sobrevivir. Además, vivir en el mismo lugar cumplió un rol importante pues la cercanía les permitió desarrollar estrategias conjuntas. Ahora bien, lo que buscamos resaltar aquí es que su agencia va más allá de las estrategias que han desarrollado en sus trayectorias de vida. Su agencia y su capacidad de actuar son fundamentales pues ellas encarnan todo lo que la sociedad peruana discrimina y busca erradicar. Ser ellas mismas es el máximo acto de agencia que pueden realizar porque están activamente poniendo en cuestión los estándares heteronormativos, sexistas y binarios que esta sociedad impone, naturaliza y defiende. Ser ellas mismas es un acto subversivo en sí mismo, no necesariamente conscientemente subversivo, pero ser ellas mismas y llevar a cabo su transición tiene efectos disruptivos en su entorno social, familiar, cultural, etc. 6.2. Factores de vulnerabilidad Hasta el momento hemos descrito los factores de vulnerabilidad que han afectado a las mujeres trans en la etapa previa y durante la crisis sanitaria y social debida al Covid-19. Éstos han sido identificados a través de las trayectorias de vida de seis mujeres trans de Lima Metropolitana. A lo largo de esta sección, haremos un balance sobre los factores mencionados para determinar si, con la pandemia, se han modificado, agudizado o se han generado nuevos. A continuación detallamos los 10 factores de vulnerabilidad identificados previos a la pandemia: Factores de vulnerabilidad previos a la pandemia 1 Desvinculación familiar temprana y migración 2 Deserción escolar y ausencia de estudios superiores 3 Precariedad laboral 4 No reconocimiento de su identidad de género 5 Salud precaria y VIH 6 Violencia y discriminación 7 Acceso limitado a servicios 8 Tecnología de los cuerpos 9 Vínculos sociales precarios 144 10 Vínculos afectivos precarios Fuente: elaboración propia Con el desarrollo de la crisis sanitaria y social debida al Covid-19, seis de los factores de vulnerabilidad identificados anteriormente se han mantenido, mientras que cuatro han pasado a segundo plano. Adicionalmente, ha surgido un nuevo factor de vulnerabilidad que denominamos medidas del estado frente a la pandemia. Los detallamos a continuación: Factores de vulnerabilidad durante la pandemia 1 Precariedad laboral 2 Salud precaria y VIH: la pérdida de tratamientos y desabastecimiento 3 Violencia y discriminación 4 Acceso limitado a servicios: Menos ingresos, viviendas más precarias 5 Tecnología de los cuerpos y proceso de transición, 6 Vínculos sociales precarios 7 Medidas del estado frente a la pandemia Fuente: elaboración propia Si comparamos los factores identificados previos y durante la pandemia, observamos que la precariedad laboral, la salud precaria y VIH, la tecnología de los cuerpos, y la violencia y discriminación son factores de vulnerabilidad que han sido agudizados con la pandemia. Por otro lado, vemos que la pandemia ha creado un nuevo factor de vulnerabilidad que denominamos medidas del estado frente a la pandemia. Finalmente, identificamos dos factores de vulnerabilidad que han sido modificados con el desarrollo de la pandemia. Estos son el acceso a servicios de vivienda y los vínculos sociales precarios. Además, estos factores ponen en evidencia las emociones que han experimentado en este periodo, especialmente, el miedo, la angustia, la frustración por perder sus planes de vida, entre otros. Factores de vulnerabilidad agudizados con la pandemia La precariedad laboral es una constante en las trayectorias de vida de las entrevistadas. El trabajo sexual, como lo relatan las entrevistadas, las expone a diversos episodios de violencia, maltrato, intento de transfeminicidio, enfermedades de trasmisión sexual y VIH, al frío de la noche y enfermedades respiratorias, inestabilidad laboral, sentimientos de culpa, vergüenza y asco, entre otros. Se trata de un trabajo que se da en condiciones muy precarias en el cual exponen su vida cada vez que lo realizan. Ahora bien, durante la pandemia, como lo hemos mencionado, el trabajo sexual fue suspendido durante los más de 100 días de confinamiento obligatorio. No se podía salir a las calles, por lo cual 145 no podían atender clientes. Una vez que acaba el confinamiento obligatorio, el toque de queda, la crisis económica y el miedo al contagio limitan significativamente el retorno y frecuencia de los clientes. Como resultado, la oferta se vuelve sustancialmente mayor que la demanda, bajando aún más los costos. No solo bajan los costos, sino que los clientes se aprovechan de que hay menos demanda, para conseguir tener sexo sin preservativo. Como hay menos potenciales clientes, ellos saben que muchas chicas terminan aceptando porque, sino no tienen cómo pagar sus alquileres o comer durante esa semana. Consideramos que tanto la disminución de los precios, como las nuevas exigencias que se generan por la disminución de la demanda han precarizado aún más el trabajo sexual. De la mano de la precariedad laboral, está la salud precaria y VIH. Como lo acabamos de mencionar, los clientes se aprovechan de que hay menos demanda para conseguir tener sexo sin preservativo. El no usar preservativo facilita el contagio de enfermedades de trasmisión sexual y VIH, precarizando aún más su salud. Muchas de ellas se vienen cuidando para evitar infectarse y es como resultado de las nuevas condiciones impuestas por los clientes que se terminan infectando, o terminan ellas mismas contagiando a los clientes que luego tienen sexo sin preservativo con una compañera que no estaba infectada poniendo en riesgo su salud. Otra variable que ha agudizado la salud precaria y VIH durante la pandemia es el desabastecimiento de retrovirales en los establecimientos de salud del Estado. Para quienes están infectadas de VIH, dejar de tomar retrovirales significa estar más expuestas a desarrollar la enfermedad del SIDA y eventualmente morir. Además, baja sus defensas y debilita su sistema inmune volviéndolas más proclives a contagiarse de otras enfermedades incluyendo el Covid-19. Adicionalmente, dejaron de ir las postas donde se hacían sus análisis y recibían sus preservativos. Estos chequeos los realizan cada 3 meses especialmente las que se encuentran infectadas de VIH. Otro factor agudizado con la pandemia ha sido la tecnología de los cuerpos en el proceso de transición. Una primera variable que considerar ha sido la pérdida de sus tratamientos de hominización como resultado del desabastecimiento del Estado o, quienes las compran personalmente, por no tener recursos para seguir comprándolas. Dejar de tomarlas significa un retroceso en su proceso de transición pues comienzan a perder sus bustos, les vuelve la vellosidad, etc. Esto tiene efectos en su subjetividad, en su confianza en ellas mismas, en su desarrollo personal, en su seguridad, entre otros aspectos. A esto se suma que muchas de ellas perdieron los ahorros que tenían para continuar con su proceso de transición durante la cuarentena. Más de una relata haber estado ahorrando para ponerse pechos y haber perdido sus ahorros por la pandemia, así como quienes estaban ahorrando para arreglarse la nariz o para ponerse silicón en algún lugar de sus cuerpos. Esta es una segunda variable que ha precarizado aún más sus procesos de transición. Recordemos que para ellas estos procedimientos 146 estéticos son fundamentales pues les permiten no solo sentirse bien con ellas mismas, sino sentirse como ellas mismas. De acuerdo con los relatos obtenidos, observamos que la violencia y discriminación se agudizaron durante la pandemia. Una de las causas fue el aumento de control y vigilancia por parte de agentes de seguridad, policías, serenazgos de quienes transitaban por las calles durante la cuarenta obligatoria y posteriormente durante el primer año de pandemia. Esto generó dos consecuencias importantes. Por un lado, el aumento de control en las calles se volvió una fuente constante de angustia para las mujeres trans por el miedo de ser discriminadas cuando se les pide el DNI o simplemente se las observa como diferentes. Esta angustia de ser potencialmente agredidas las acompaña diariamente. Por otro lado, la Ley de Pico y Placa que sacó el gobierno del presidente Vizcarra les dio a los agentes de seguridad una excusa para poder violentarlas. Esta Ley, si bien tuvo una corta duración, permitió que se ejerza violencia transfóbica contra las mujeres trans de forma pública, descarada y desvergonzada. Los policías tuvieron la libertad de abusar de las mujeres trans cuando revisaban sus DNI y decidían que habían salido a las calles a comprar víveres durante el día equivocado. Las hacían hacer ejercicios físicos, las violentaban y todo esto era grabado y circulado por redes sociales promoviendo la burla, el menosprecio, el odio, la transfobia de forma pública y sin consecuencias, agudizando la violencia y discriminación que ellas sufren histórica y sistemáticamente. Nuevo factor de vulnerabilidad generado por la pandemia Durante la pandemia ha surgido un nuevo factor de vulnerabilidad que denominamos medidas del estado frente a la pandemia. Puede parecer paradigmático que las medidas del Estado diseñadas e implementadas con el objetivo de prevenir el contagio y salvaguardar la vida de todos los peruanos se hayan convertido en un factor de vulnerabilidad para las mujeres trans. Sin embargo, como muestran sus relatos, estas medidas vulneraron aún más la situación de desventaja y precariedad que ellas venían experimentando antes de la pandemia. En primer lugar, pasar más de 100 días confinadas sin poder salir a trabajar aumentó sus niveles de pobreza y los índices de desempleo. Al trabajar informalmente, no tenían un sueldo fijo, AFP, CTS o ahorros suficientes cuando inició la pandemia. El poco margen de ahorro que tenían lo guardaban para poder continuar con sus procesos de transición, los cuales tuvieron que usar para pagar sus cuartos y alimentarse mientras fue posible. Asimismo, a diferencia de otras personas que se quedaron sin trabajo durante el confinamiento e incursionaron en otros rubros para salir adelante, ellas no tienen otra opción que no sea el trabajo sexual pues la sociedad las ha marginado a vivir en los límites donde sus opciones solo incluyen 147 el trabajo en peluquería, animación de eventos y prostitución. Siendo la prostitución el trabajo que más remuneración les genera, aun cuando esta remuneración siga siendo bastante menor. Por ello, ellas no han tenido otras opciones a donde incursionar, solo les quedó esperar a que abran las calles para volver a salir a buscar clientes. Una vez que acaba el confinamiento obligatorio y abren las calles, se implementa el toque de queda. Éste cumple un rol importante en la agudización de la precariedad laboral pues, a diferencia de quienes salen a las calles y retoman sus trabajos, el de ellas depende de los clientes que van a buscarlas. Estos suelen ir en las tardes o en las noches, usualmente cuando se oscurece, pues la prostitución se asocia con la infidelidad, lo prohibido, la clandestinidad. El toque de queda limitó los horarios de trabajo durante todo el primer año posterior al confinamiento pues las calles estuvieron cerradas durante las noches y las madrugadas durante un buen tiempo. A esto se le agrega que, de por sí, había mucho menos clientes por el miedo al contagio. Como vemos, en su caso, su trabajo siguió siendo afectado aún después de que se levanta el confinamiento obligatorio. Otra variable que considerar es que en el caso de la mayoría de los peruanos que perdieron sus trabajos como consecuencia del confinamiento o dejaron de generar ingresos por no poder salir a las calles, las redes familiares jugaron un rol importante para sostenerse durante ese periodo. Muchos jóvenes volvieron a sus hogares familiares o entre parientes decidieron mudarse juntos para poder sobrellevar el confinamiento sin generar ingresos. En el caso de las mujeres trans, sin embargo, ellas no tienen apoyo familiar ni un hogar a donde regresar cuando se quedan sin trabajo y sin posibilidades de pagar sus cuartos. La mayoría tampoco tiene amigos o conocidos que las puedan recibir sin se quedan sin un techo dónde vivir. Aquí vemos que la pobreza se intersecta con la discriminación por identidad de género y orientación sexual, que son las razones por las cuales sus familias y conocidos las rechazan. Factores de vulnerabilidad modificados con la pandemia Pasemos a los factores de vulnerabilidad que se han modificado con la pandemia. Estos incluyen el acceso limitado a servicios y los vínculos sociales precarios. Antes de la pandemia, el acceso limitado a servicios incluía los servicios de salud y salud mental, servicios de vivienda y servicios de educación. Con la pandemia, sin embargo, la vivienda ocupa un rol central en la precarización de las condiciones de vida de las mujeres trans. Si bien antes de la pandemia ya había un acceso limitado a los servicios de vivienda, el desalojo aumentó con la pandemia pues no podían pagar sus alquileres porque no podían salir a trabajar. Si no pagaban sus alquileres a tiempo, eran echadas a las calles. Ellas no tenían familiares o conocidos que las alojen mientras retomaban su actividad laboral una vez que acabó el confinamiento obligatorio, por lo cual el servicio de vivienda resulta indispensable para su vida. 148 Es importante mencionar que una de las medidas centrales del Estado para combatir la pandemia fue el confinamiento obligatorio. Como lo hemos señalado, este duró más de 100 días y durante ese periodo solo podía salirse a las calles para emergencias o por víveres o productos de primera necesidad. Durante el confinamiento, el Estado no tuvo en consideración a las personas que no tenían una viviendo propia dónde estar cuando establecieron como medida obligatoria el quedarse en sus casa. Quienes pagaban alquileres a partir de lo que ganaban día a día y no tenían ahorros o mecanismos de pago alternativos, estuvieron en situaciones muy frágiles. El Estado exigía que se queden en sus hogares sin considerar que carecían de las condiciones materiales y económicas para hacerlo. El segundo factor de vulnerabilidad que se ha modificado con el inicio de la pandemia es lo que denominamos vínculos sociales precarios. A través de sus trayectorias de vida observamos que cuando se inician en el trabajo sexual y se mudan a las casonas del centro de Lima, sus vínculos sociales se circunscriben a las compañeras trans con las que conviven, a los clientes que conocen -quienes muchas veces se vuelven sus parejas-, y en algunos casos muy limitados, a miembros de sus familias. Para conocer los cambios en los vínculos sociales precarios, comencemos con los efectos de la pandemia en sus relaciones con las compañeras trans. Antes de la pandemia, los vínculos con las compañeras trans con las que conviven estaban teñidos de desconfianza y recelo. Predominaba la competencia por quién era más bonita, se veía más femenina o tenía más clientes. Con la pandemia, la desconfianza y el recelo aumentaron a partir de las donaciones que recibieron y las campañas de recaudación de fondos que se llevaron a cabo. La monopolización de lo recibido por algunas de las chicas de la casona y la desconfianza en relación con su justa o injusta distribución, generaron nuevos conflictos entre ellas. Como lo hemos mencionado antes, aun cuando sus vínculos sociales estuvieron sujetos a estos conflictos, siguieron siendo su fuente principal de soporte, tolerando la desconfianza y recelo que se tienen. En el caso de los vínculos con sus clientes, estos se perdieron durante el confinamiento obligatorio ya que durante más de 100 días no pudieron salir a las calles a trabajar. Una vez que acabó la cuarentena, muy pocos clientes volvieron al centro de Lima por el miedo al contagio y a la muerte, además de las restricciones del toque de queda que se mantuvieron. Sin clientes, dejaron de tener ingresos y medios de subsistencia. Además, los vínculos con los clientes en ocasiones generaban relaciones de pareja entre ellos. Aquí vemos que los vínculos emocionales entre las entrevistadas y sus clientes recién se retomaron cuando las medidas del Estado disminuyeron, se implementaron las vacunas y los índices de contagio y muertes bajaron. Adicionalmente, observamos que los vínculos con sus familias también han cambiado. Antes de la pandemia, era común que las entrevistadas relaten realizar actividades domésticas o enviar dinero a sus familias. Hacerlo les daba un canal para retomar sus vínculos familiares pues, en todos los casos, relatan haberlos perdidos cuando iniciaron su transición. Retomar el contacto y el cariño 149 de sus familias ha estado condicionado, en la mayoría de los casos, a algo que ellas puedan proporcionar a cambio, algo que le genere beneficios a sus familias para que les abran las puertas. Se trata de relaciones familiares mediadas por la conveniencia por parte de las familias y la carencia de afecto por parte de las entrevistadas. Por ello, cuando inicia la pandemia y se quedan sin medios económicos para apoyar a sus familias, estas les cierran las puertas. 6.3. Repensando la transfobia en el contexto peruano Los relatos revelan los altos índices de transfobia a los que viven expuestas las entrevistadas. La experimentan en sus hogares, con sus familias y amigos, caminando por la calle, en los colegios, cuando buscan trabajo, cuando van a comprar a la bodega, cuando ejercen el trabajo sexual, cuando buscan ayuda médica en hospitales y clínicas, etc. A su vez, sus relatos han puesto en evidencia la institucionalización de la transfobia en las diversas instancias del Estado peruano. Ellas no pueden cambiar su nombre en el DNI, tienen dificultades abriendo cuentas de banco, no todas tienen acceso a seguro de salud, etc. Sus relatos también revelan el impacto que tienen los altos índices de transfobia a los que están expuestas en sus relaciones sociales, condiciones materiales y planes de vida. Asimismo, revelan que la transfobia permea su auto-compresión como mujeres. Cuando ellas se refieren a sí mismas, suelen marcar la diferencia entre lo que llaman “mujeres de verdad” y mujeres trans. En la mayoría de los casos, se asumen como imitaciones o mujeres incompletas que a través de un conjunto de procedimientos aspiran llegar a ser “mujeres de verdad”. Se trata de una imagen de lo que supone ser mujer determinada por un conjunto de características, principalmente físicas, que han interiorizado como necesarias para ser realmente mujeres. Estas características responden a una visión heteronormativa y sexista de lo que socialmente se asocia al ser mujer. Veamos uno de los testimonios al respecto: Yo me refiero como mujer, así como mujer trans, me gusta ser lo que soy, porque tampoco voy a decir “soy una mujer completa” porque no, a la mujer hay que respetarla, ¿no? Somos imitaciones de una mujer, pero nos sentimos mujeres también pues, somos mujeres como seremos pero nos sentimos mujeres también, somos femeninas, se sabe que uno a la mujer la respeta por mujeres, pero uno también se siente mujer, se siente linda, tengamos lo que tengamos nos sentimos mujer, bueno ese es mi estado... seré como seré pero yo me siento, y yo sé que el cuerpo (min 13:32) para parecerme más a una mujer, no imitar a mujeres no, por eso es que la mujer es mujer, pero sí para sentirme yo misma tranquila y sentirme bella yo, no por dar el gusto a una gente no, yo quiero y yo me quiero sentir bien, yo quiero sentir mis pechos así, quiero estar pues, como le digo a mi mamá “yo quiero estar así”. (S.) En la cita podemos observar que la entrevistada resalta que ella se siente bien, cómoda, tranquila, linda como mujer, pero a la misma vez marca la diferencia entre ella como mujer trans y lo que 150 denomina “mujer completa”. Cada vez que señala algo bueno sobre ella como mujer hace la salvedad de que no es realmente mujer. Es como si anticipara que va a ser discriminada y quisiera evitarlo haciendo esa distinción desde el inicio. Es importante notar, además, que cuando hace esta distinción siempre ser mujer trans está subordinado o en segundo plano. Es decir, la distinción que hace entre ser mujer de verdad y ser mujer trans presupone una jerarquía entre ambas. Esto se muestra cuando usa palabras como “imitaciones”, o a la “mujer se le respeta”. Veamos cuatro momentos en los que la entrevistada hace esta distinción: Yo me refiero como mujer, así como mujer trans, me gusta ser lo que soy, porque tampoco voy a decir “soy una mujer completa” porque no, a la mujer hay que respetarla, ¿no? Somos imitaciones de una mujer, pero nos sentimos mujeres también pues [...]. [...] se sabe que uno a la mujer la respeta por mujeres, pero uno también se siente mujer, se siente linda, tengamos lo que tengamos nos sentimos mujer [...]. [...] seré como seré, pero yo me siento, y yo sé que el cuerpo (min 13:32) para parecerme más a una mujer, no imitar a mujeres no, por eso es que la mujer es mujer [...]. Como vemos, pareciera que ella estuviese anticipando que va a ser discriminada y, para evitarlo, hace la distinción entre las mujeres trans y las “mujeres completas”. De alguna manera se está cuidando de las reacciones que podría suscitar llamarse a sí misma mujer. Es importante recordar que la discriminación que experimentan en estos casos es muy amplia, puede variar entre violencia verbal e intento de feminicidio. Veamos el testimonio de otra de las entrevistadas que hace la misma distinción, pero en relación con los vínculos afectivos y las relaciones sexuales entre hombres, mujeres y mujeres trans: Tú sabes, toda maricona, desde el primer día ya tenía relaciones con los hombres. Porque es mentira que no. Ninguna mujer trans va a decir que no. Todas nosotras lo primero que buscamos es el sexo en el hombre. Y los hombres igual. Una mujer no va a buscar primero en el hombre eso. El hombre primero te enamora… A las que son mujeres, obviamente. No va a decir de frente “sexo”. (Sa.) La distinción entre ser mujer trans y “mujer completa” la tienen tan interiorizada, que casi todas señalan que para ser mujeres necesitan haberse realizado todos los procedimientos necesarios, incluyendo la vaginosplastia. Este suele ser el último procedimiento a realizarse porque es el más caro, complejo y de difícil acceso pues en el Perú no hay desarrollos suficentes en esta área. Muchas de las mujeres que logran realizarse la vaginoplastia como Javiera Arnillas, modelo y activista por los derechos de las mujeres trans, viajan a Tailandia u a otro país para poder realizarlo. Para las mujeres trans del Centro de Lima que se dedican al trabajo sexual, es un procedimiento 151 casi inalcanzable. Como resultado, navegan sus vidas con una identidad que pareciera fracturada o dividida entre su autoreconocimiento como mujeres y su autocuestionamiento de si realmente lo son al no poder realizarse los procedimientos que han interiorizado como necesarios. Para legitimar, justificar y promover la discrminación, violencia y transfobia hacia las mujeres y hombres trans, Bettcher desarrolla lo que denomina la retórica del engaño sexual. La retórica del engaño sexual sostiene que son las personas trans las culpables de la violencia que se ejerce contra ellas por supuestamente engañar al resto de miembros de la sociedad señalando que son mujeres cuando no son mujeres de verdad. Como vimos en la sección anterior, muchas de las entrevistadas relatan haber sido agredidas por sus clientes cuando se dieron cuentan que eran chicas trans o haber sido discriminadas cuando han ido a la clínica o al banco y al ver su nombre masculino en el DNI, han negado su identidad de género. Veamos el siguiente testimonio: Había uno, un señor, que yo ya estaba en el hotel con él, ya me había pagado todo, y pensaba que era mujer. Cuando ya le dije, no ha querido. Le decía en la recepción que llame a la Policía, que llame a una Fénix, que “Él no es mujer”. Es lo más fuerte que me acuerdo, con ese señor. (Sa.) Bettcher explica la retórica del engaño sexual a partir del modelo del cuerpo-equivocado. El modelo del cuerpo-equivocado se basa en el supuesto desajuste entre la identidad de género y el cuerpo sexuado. Entenderlo permite explicar no solo los mecanismos de violencia transfóbica, sino también nos permitirá comprender la distinción jerárquica entre ser mujer de verdad y ser mujer trans plasmada en sus discursos. Se trata de una comprensión de la identidad de género heteronormativa y binaria que oprime a quienes se salen de los parámetros socialmente establecidos, como ellas. El modelo del cuerpo-equivocado tiene dos versiones: la versión débil y la versión fuerte. En ambos casos, se basan en un desajuste entre la identidad de género y el cuerpo sexuado. La sociedad peruana, en su mayoría, ha asimilado en su imaginario el modelo del cuerpo-equivocado para entender las distinciones de género. La mayoría asume que ser mujer o ser hombre está definido por un conjunto de características físicas cuya máxima expresión son los genitales. Al darle tanta importancia a los marcadores físicos para definir el género de las personas, las mujeres trans entrevistadas relatan vivir bajo la presión constante de modificar su apariencia física para ser aceptadas como mujeres y evitar la tansfobia y discmrinación que experimentan. Cada vez que salen al domonio público, salen con la angustia de no ser aceptadas como mujeres y ser llamadas por su nombre masculino, o con pronombres o etiquetas masculinas como “joven”, “chico”, etc. Veamos el siguiente testimonio: El deseo de aceptación que, como consecuencia de toda la violencia que recibimos, nos lleva a una búsqueda de belleza. Y, bueno, hay una belleza impuesta, ¿no? Hay un canon 152 impuesto. Tienes que ser alta, blanca, 90-60-90, delgada. Y eso hace que la mayoría de las mujeres trans —que es donde hay un mayor número de cambios o búsqueda de cambios, seguido de las personas transmasculinas— recurramos a ciertos cambios, ¿no? (G.) Ahora bien, el modelo del cuerpo-equivocado no se encuentra solo en el imaginario colectivo de la sociedad peruana, sino que ha sido naturalizado en los mismos relatos de las mujeres trans entrevistadas. Ellas han adoptado el modelo del cuerpo-equivocado en sus propios discursos. Podemos observar que para ser “mujeres de verdad” ellas se someten a diversos procedimientos estéticos, a la toma de hormonas, a inyecciones de silicón en distintos lugares de sus cuerpos, al uso de maquillaje, pelucas y ropa apretada, entre otros. Todo esto lo hacen para lograr corregir el supuesto desajuste entre su identidad de género y su cuerpo sexuado. Se trata de borrar sus rasgos masculinos tanto visibles, como privados, para lograr que su identidad de género como mujeres y su cuerpo sexuado estén alineados. Para ellas, esta alineación es fundamental para poder finalmente ser “mujeres de verdad”. El proceso para lograr la alineación entre la identidad de género y el cuerpo sexuado sigue los cánones de belleza impuestos por la sociedad. Estos cánones se nutren de una visión heteronormativa de lo que supone ser mujer. Lo cual incluye ser femenina, delicada, tener curvas, pelo largo, entre otros. Los cánones de belleza actúan como un ideal normativo que determina y limita quiénes pueden ser categorizadas como mujeres y quiénes no. Son los estereotipos que se asocian a lo femenino y al ser mujer que nutren este ideal normativo. Veamos el siguiente testimonio: Las compañeras trans, por alcanzar esos cánones de belleza, se ven obligadas a recurrir a la bulimia, a la anorexia, a problemas alimenticios, a problemas en su salud mental, pero también a problemas físicos: el no comer, el perseguir reemplazos hormonales, el no vernos conformes con esos reemplazos hormonales, porque no alcanzamos los cánones estéticos que esta sociedad nos impone. Nos obligan a dar otro paso y otro paso. Y no lo hacemos por vanidad. Lo hacemos porque la sociedad termina imponiéndonos ciertos cánones. Con el anhelo de ser validadas, de ser reconocidas como mujeres en el caso de las transfemeninas, o como hombres en el caso de los transmasculinos, pues terminamos sumergiéndonos en abismos, gracias a los mandatos sociales que nos impone la sociedad, que nos impone el país y que el Estado no ha hecho nada por cambiar. (G.) Como lo muestra la cita, los cánones de belleza a los que aspiran las mujeres trans se vuelven una fuente de opresión continua. Ellas se ven obligadas a modificar sus cuerpos para alcanzar estos cánones de belleza con la intención de ser aceptadas y validadas como mujeres en una sociedad cuya imagen de la mujer responde a patrones socioculturales conservadores y heteroxistas. Como lo señala la entrevistada, “Lo hacemos porque la sociedad termina imponiéndonos ciertos cánones. Con el anhelo de ser validadas, de ser reconocidas como mujeres en el caso de las transfemeninas 153 […]”. Son estos cánones de belleza los que nutren y refuerzan el ideal normativo de la feminidad al cual aspiran no solo las mujeres trans, sino la mayoría de mujeres cis. Ahora bien, los cánones de belleza no son solo estereotipos que se asocian a lo femenino o a los masculino en el imaginario colectivo, sino que están inmersos en la misma constitución social y material de la sociedad. En la televisión, por ejemplo, durante muchos años solo mostraban modelos o actrices con ciertos rasgos. Usualmente eran delgadas, femeninas, delicadas, se vestían con ropa que acentuaba sus curvas y, en su mayoría, blancas y heterosexuales. Ha habido y sigue habiendo una falta de representación de las mujeres trans en los medios de comunicación, así como en otras áreas de la sociedad. Queremos enfatizar que no solo los estereotipos que se asocian a lo femenino o a los masculino están institucionalizados, sino que la comprensión binaria del género está sedimentada en la educación, en el sistema de salud, en las instituciones de Estado, en los baños, en las tiendas de ropa, entre otros. Estamos constantemente expuestos a información codificada en términos binarios de género. En la mayoría de los casos, no somos conscientes de ellos ya que es parte de los patrones de aprendizaje que adoptamos desde la infancia. Sin embargo, en el caso de las mujeres trans, lo que ocurre es que deben adecuarse a los estándares sociales de feminidad no solo para sentirse aceptadas, sino para evitar ser violentadas en su día a día. Finalmente, queremos señalar que una de las entrevistadas, la única que ha podido salir de las calles y del trabajo sexual, sí reconoce los cánones y estándares de feminidad impuestos socialmente. Ella relata que cuando comenzó su transición, su sueño era hacerse la vaginoplastia. Sin embargo, luego de haber conocido el feminismo y hacerse iniciado en el activismo transfeminista, ella relata haber cambiado de opinión. Veamos lo que dice: El feminismo también me ha permitido permitirme a mí misma cuestionar mi proceso de transición. Como te decía hace un momento, al inicio yo decía “Ay, quiero esto, quiero el otro, quiero hacerme esto”. Soñaba con hacerme una vaginoplastia. Pero dialogando, investigando, cuestionando, yo ya no quiero una vaginoplastia, ya no quiero darle el gusto la sociedad. Quiero finalmente expresar quién soy yo aquí en mi corazón, en mis entrañas, sin que eso signifique necesariamente gustarle al resto. Le guste o no al resto, yo soy así. Mi cuerpo no tiene que ser una condicional para que me respeten. Todo lo contrario. Las personas trans merecemos respeto. Las personas en general merecemos respeto, sin importar si somos altas, chatas, gordas, feas, si tenemos senos grandes, pequeños, si no los tenemos, sin importar nuestro tono de piel. (G.) Como vemos, la entrevistada relata haber pasado por un proceso de autorreflexión que le permitió cuestionarse su propio proceso de transición. No obstante, llegar a esa autorreflexión no fue fácil. Fue, como ella señala, “dialogando, investigando, cuestionando” que ella cambia sus aspiraciones 154 y deja de lado la idea de hacerse una vaginoplastia. En su caso, juega un rol clave el salir de las calles y conocer mujeres feministas que la invitan a cuestionarse y repensarse como mujer. En el caso de las demás entrevistadas, este proceso de autorreflexión se percibe bastante lejano. 6.4. Estrategias de supervivencia de mujeres trans en Lima Metropolitana Relaciones sociales y redes Como lo vimos previamente, Lubbers et al. distinguen tres propuestas para entender la relación entre la pobreza y las redes sociales. Estas son las siguientes: la solidaridad generalizada, el aislamiento generalizado y la solidaridad selectiva (Lubbers et al., 2020). A partir de las entrevistas, observamos que en el caso de las mujeres trans del Centro de Lima lo que predomina en sus relaciones sociales y en la conformación de redes es la solidaridad selectiva. Como mencionamos, la solidaridad selectiva distingue entre la solidaridad y la desconfianza para explicar los matices de las relaciones sociales y las redes en el caso de personas de bajos recursos como lo son las mujeres trans del Centro de Lima. Tanto la solidaridad, como la desconfianza son adoptadas por las entrevistadas, pero aplicadas en distintos contextos y con distintas personas. Asimismo, hay ocasiones en las que la solidaridad y la desconfianza se dan en conjunto, esto ha sido evidente cuando narran su relación con las chicas con las que conviven en la misma casona. Como vemos, se trata de relaciones sociales y redes que surgen precisamente de la tensión entre la solidaridad y la desconfianza pues necesitan desarrollar redes de beneficio mutuo, aun cuando desconfían de las intenciones y acciones de las demás. Sus relatos también revelan que si bien sus relaciones sociales incluyen en su mayoría a otras compañeras trans, algunos miembros de sus familias y clientes; sus redes incluyen principalmente a otras mujeres trans que viven en la misma casona o en una casona cercana del Centro de Lima. Esto sucede ya que, como señalan Lubbers et al., muchas veces las relaciones sociales no traen consigo aspectos positivos, sino aspectos negativos. Este es el caso de la mayoría de las relaciones sociales que tienen con sus familias y clientes. Incluso en los casos en los que los clientes se vuelven sus parejas, observamos que son relaciones son desiguales, jerárquicas y, en muchos casos, violentas. Es importante notar que también hay aspectos negativos en las redes que tienen con sus compañeras trans, sin embargo, hay una mayor tolerancia entre ellas a lo negativo ya que reconocen que, a fin de cuentas, son las mismas compañeras trans las que van a ayudarlas si les pasa algo o si necesitan ayuda. La tensión entre lo negativo y positivo en sus relaciones sociales y redes entre las mujeres trans del centro de Lima se manifiesta, a su vez, en sus discursos. Tanto durante las entrevistas, como durante las demás interacciones que se tuvo con ellas, recibimos comentarios tanto negativos como positivos sobre su convivencia. Inicialmente, cuando recién nos conocimos y comenzamos con las 155 entrevistas, sus comentarios eran más positivos. Mencionaban que si bien no todas eran tan cercanas, sí se llevaban bien y se apreciaban. Resaltaban lo bueno que veían en sus compañeras y la ayuda que han recibido por parte de ellas, especialmente, durante el periodo de pandemia. Sin embargo, conforme fue pasando el tiempo y ellas fueron sintieron mayor confianza, comenzaron a contar los aspectos negativos de sus relaciones y a identificar a las compañeras con las que se llevan mejor y peor. Además, no solo compartieron episodios violentos que han tenidos entre las mismas chicas de la casona. Asimismo, sus relatos comenzaron a dar a notar la envidia y desconfianza que permea sus relaciones sociales. Esto se agudizó durante la pandemia por las donaciones y gran ayuda económica que recibieron. Su distribución generó mucha envidia y mucha desconfianza entre quienes vivían en la casona. Desconfían de que quien reparte sea transparente y que, más bien, se guarde más para sí misma o le entregue más sus “protegidas” o amigas más cercanas. Entre ellas encuentran ciertas forman de regular sus prácticas para poder desarrollar estrategias conjuntas. Una de estas prácticas es, por ejemplo, pedir que quienes dan donaciones repartan directa e individualmente lo que llevan para que no quede duda de que la lideresa o quien sea elegida en la casona para recibir las donaciones reparta inequitativamente. Lo mismo con las demás ayudas que han recibido. Por ejemplo, cuando han llevado ropa o apoyo para cubrir sus alquileres, todas acordaron reunirse en el mismo sitio con quien llevó las donaciones para ver que todas reciban la misma cantidad de ropa o ver que los fondos fueron utilizados para cubrir todos los alquileres y que no haya quedado ninguna fuera. Ahora bien, ¿por qué es importante el desarrollo de elaciones sociales y redes entre ellas? Reproducción de condiciones de vida Las relaciones sociales y las redes pueden ser mecanismos esenciales para la reproducción de condiciones de vida y la supervivencia, pero también pueden exacerbar el riesgo de ser excluidas socialmente. Su impacto depende de la población en cuestión, las condiciones en las que viven, los factores que contribuyen con su situación de vulnerabilidad y pobreza, entre otros (Lubbers et al., 2020). En el caso de las mujeres trans, nuestra data muestra que las relaciones sociales y las redes son fundamentales para la reproducción de sus condiciones de vida por tres razones principales. En primer lugar, las relaciones sociales y las redes entre ellas se vuelven fundamentales para la reproducción de sus condiciones de vida por la precariedad laboral, social, afectiva en la que viven, además de la discriminación y transfobia a la que está expuestas diariamente. Desde antes del inicio de la pandemia, ellas reportan no haber tenido prácticamente ningún tipo de apoyo ni familiar ni de amigos o amigas cercanas cuando comenzaron a transicionar y salieron de sus hogares. Varias reportan haber vivido en las calles sin dinero, sin cobija y sin oportunidades 156 laborales. Otras reportan haber tenido ayuda de algún conocido que inicialmente les ofreció un cuarto, pero luego les terminó exigiendo algo a cambio como, por ejemplo, limpiar su casa o trabajar en su peluquería sin remuneración. Es recién cuando conocen a otra chica trans que se inician en el trabajo sexual y logran independizarse. Se suelen conocer en discotecas, en las calles, o paseando por el centro de Lima. Lamentablemente, el trabajo sexual se vuelve la única oportunidad laboral para ellas. Muchas reportan no haber querido hacerlo o haber sentido vergüenza, asco, culpa durante las primeras veces, pero reconocen que no tenían más oportunidades y necesitaban ganar algo para poder comer y tener un techo. Una de las entrevistadas relata lo siguiente: Acá se sufre bastante, y más que todas nosotras, mujeres trans, vinimos en este mundo que somos discriminadas ante la sociedad, ¿no? [...] Tienen que trabajar sí o sí para que tengan un alimento en su día a día. Pagar las habitaciones, pagar nuestros alimentos, quizás apoyar a tu familia. Pero no nos dan oportunidades, pues, ¿no? ¿A qué más nos empuja la sociedad? A pararnos en una esquina, que varias chicas no queremos hacer eso, pero no tenemos de otra. No tenemos de otra, así que nos dedicamos al trabajo sexual. ¿Por qué? Porque no nos dan la oportunidad que realmente quisiera que nos den, ya sea de limpieza, de cualquier cosa, pero que nos den un trabajo en la sociedad, pero no nos dan. Basta con que te vean así y no te dan nada de trabajo. Por eso creo que la mayoría de las chicas quisiéramos un trabajo, pues, bien, para estar tranquilas, no estar pensando “Ya tengo que pagar mi habitación. No he trabajado para mis alimentos. Pero sí uno tuviera un trabajo estable, no nos preparamos, creo yo, en estar pensando en “Tengo que pagar esto. Tengo que comprar esto”. Pero como no tenemos, tenemos que pararnos en las calles, pues, ¿no? A estar expuestas a cualquier cosa que nos pueda pasar.” (K.) Con el desarrollo de la pandemia generada por el Covid-19, su nivel de pobreza se ha agudizado y sus condiciones de vida se han precarizado aún más. Esto es el resultado de la ausencia, casi inexistencia, de fuentes de remuneración y opciones laborales. La mayoría de las mujeres trans que viven en el Centro de Lima se dedican al trabajo sexual, el cual estuvo prohibido durante la cuarentena y luego de que se pudo volver a las calles bajó exponencialmente por el miedo al contagio y el impacto económico de la crisis en los clientes, además del horario de toque en las noches. Durante este periodo, las relaciones sociales y redes con otras mujeres trans les permitieron desarrollar estrategias colectivas para sobrevivir la pandemia. En la siguiente sección retomaremos este punto. En segundo lugar, los testimonios nos muestran que gracias a las relaciones sociales y las redes que forman es que han logrado alimentarse durante periodos de necesidad como la pandemia. Esto permitió el desarrollo de ollas comunes con comida donada por la municipalidad y otras organizaciones, además de personas particulares que donaron dinero. Como nos cuentan, comían 157 una vez al día pues las donaciones no alcanzaban para más, pero esa comida diaria las mantenía en pie. Finalmente, identificamos en los procesos de transición y enfermedad una tercera razón que muestra la importancia de las relaciones sociales y redes entre ellas. En los procesos de transición, como lo relevan sus relatos, son las amigas y compañeras trans las que las contactan y recomienda con quién ponerse silicón, hacerse procedimientos estéticos o les prestan ropa, maquillaje o tacones para poder arreglarse. Asimismo, en el caso de las enfermedades la mayoría prefiere no ir a las clínicas por miedo al estigma, maltrato y, hasta, humillación. Por esa razón, muchas de ellas se han cuidado mutuamente durante sus procesos de enfermedad, incluyendo los que han experimentado durante el Covid-19. 158 REFLEXIONES FINALES Factores de vulnerabilidad • Hemos identificado diez factores de vulnerabilidad que afectan las trayectorias de vida de las mujeres trans previas a la pandemia. Estos son los siguientes: (i) Desvinculación familiar temprana y migración, (ii) Deserción escolar y ausencia de estudios superiores, (iii) Precariedad laboral, (iv) No reconocimiento de su identidad de género, (v) Salud precaria y VIH, (vi) Violencia y discriminación, (vii) Acceso limitado a servicios, (viii) Tecnología de los cuerpos en el proceso de transición, (ix) Vínculos sociales precarios y (x) Vínculos afectivos precarios. • En el marco de la pandemia causada por el Covid-19, hemos identificado un cambio en algunos de los factores de vulnerabilidad. Por un lado, cinco de los factores de vulnerabilidad identificados previamente se han agudizado, mientras que cuatro han pasado a segundo plazo. Los factores agudizados son los siguientes: (i) Precariedad laboral, (ii) La pérdida de tratamientos y desabastecimiento, (iii) Violencia y discriminación, (iv) Menos ingresos, viviendas más precarias, (v) Tecnología de los cuerpos y proceso de transición. Por otro lado, ha surgido un nuevo factor de vulnerabilidad que denominamos (vi) Medidas del estado frente a la pandemia. • Las medidas del Estado diseñadas e implementadas tuvieron el objetivo de prevenir el contagio y salvaguardar la vida de todos los peruanos, sin embargo, se convirtieron en un factor de vulnerabilidad para las mujeres trans. Estas medidas vulneraron y precarizaron aún más sus vidas, agudizando sus niveles de pobreza y transfobia. • La pandemia también tuvo efectos en sus vínculos familiares: antes de la pandemia era común que las entrevistadas relaten realizar actividades domésticas o enviar dinero a sus familias como un medio para retomar sus vínculos familiares luego de haberlos perdido. Cuando inicia la pandemia, sin embargo, se quedan sin medios económicos para apoyar a sus familias y estas les cierran las puertas. 159 • Durante el confinamiento obligatorio el Estado no consideró a las personas que no tenían una vivienda propia. Quienes pagaban alquileres a partir de lo que ganaban día a día estuvieron en situaciones muy frágiles, que en muchos casos resultaron en la pérdida de sus cuartos y en pasar a las calles como en el caso de la población trans. Se trató de una medida que dejó de lado a quienes viven en los márgenes y tienen la menor cantidad de recursos. • El confinamiento obligatorio y la pandemia tuvieron efectos en los vínculos entre las compañeras trans que conviven en las casonas del centro de Lima. La desconfianza y recelo en sus vínculos antes de la pandemia se agudizaron. Antes predominaba la competencia por quién era más bonita, se veía más femenina o tenía más clientes, pero con la pandemia la desconfianza y el recelo aumentaron con la monopolización de las donaciones recibidas por algunas de las chicas de la casona y la desconfianza en relación con su justa o injusta distribución. Estado peruano • El objetivo de las medidas del Estado frente a la crisis sanitaria y social generada por el Covid-19 fue proteger a la población del contagio y muerte por el virus. Se trató de medidas cuya función fue evitar que las personas que habitan el país sean víctimas del Covid-19 y logren sobrevivir la pandemia. Sin embargo, estas medidas se volvieron un nuevo factor de vulnerabilidad para la población de mujeres trans. Las expuso a índices de pobreza, desempleo y precariedad de vivienda más altos, aumentó la violencia transfóbica y tuvo un impacto directo en sus planes de vida futuros. • Si bien los mecanismos del Estado para combatir la pandemia han sido catalogados como un factor de vulnerabilidad que afectó negativamente a las mujeres trans, hubo un mecanismo que tuvo un impacto positivo en la población trans: el uso de mascarillas. El uso de mascarillas tuvo como efecto colateral cubrir el crecimiento de la barba de las mujeres trans, la cual es una de las fuentes de mayor estrés cuando se presentan socialmente ya que es un indicador explícito de la masculidad que buscan cubrir. • Existe una inmensa deuda del Estado peruano por la indefensión de la población trans, vulneración de sus derechos e invisibilidad jurídica que data de mucho tiempo atrás. Las mujeres trans, antes del inicio de la pandemia, eran víctimas de violencia, transfobia y exclusión por parte de Estado y de sus instituciones. No podían y siguen sin poder ejercer su ciudadanía en la medida en que no son reconocidas por el Estado y el primer paso para serlo, es reconocer su identidad de género en el DNI. 160 Viviendo en los márgenes • Los relatos revelan un muro transfóbico que las lleva a vivir en los márgenes sociales, limitando sus oportunidades y posibilidades de vida. Son excluidas de sus familias, de su entorno social y de la ciudadanía. Carecen de hogares, cuentas de banco, servicios de vivienda, salud y educación. Se les niega el derecho a la identidad y se las invalida cuando se presentan como mujeres. • Las entrevistadas vienen de una condición socioeconómica baja y, con el trabajo sexual, esta se agudiza. La pobreza se intersecta con la discriminación por identidad de género y orientación sexual, que son las razones por las cuales sus familias, conocidos y la sociedad en general las rechazan. • La violencia intrafamiliar es ejercida predominantemente por figuras masculinas, siendo el padre quien ejerce la mayor cantidad de violencia durante su infancia y adolescencia. Sus familias desarrollan tolerancia al maltrato y violencia que ejercen contra ellas sus padres o figuras masculinas, incluso justificando esta violencia. Al ser rechazadas por sus padres, son rechazadas por toda la familia. • La muerte de sus padres o figuras paternas trae una segunda oportunidad a sus relaciones familiares. Su muerte libera a las familias a retomar el contacto si así lo desean. En los casos en los que retoman el contacto, este está mediado por actitudes y relaciones de conveniencia en la que las mujeres trans se ganan el afecto de sus familias a través del dinero que les envían, el apoyo que les ofrecen para limpiar sus casas o cuidar a sus hijos, los regalos que les piden o comida que les llevan. • La organización de la sociedad peruana limita las oportunidades y opciones de las mujeres trans en todos los ámbitos. En los espacios laborales, los prejuicios que experimentan las llevan a la animación, la peluquería o al trabajo sexual. Estos vuelven los únicos espacios y ocupaciones en los que las mujeres trans pueden expresarse libremente y, de esa manera, vivir sin reserva su identidad de género. • Los límites y parámetros de comparación de sus experiencias el resto de las personas es otro. Ellas se comparan con la muerte y las violaciones que ven al lado cuando reflexionan sobre sus relaciones, sus miedos, sus experiencias de violencia. Cuando indagamos vemos que son más agudas de lo que inicialmente dieron a notar. Transfobia 161 • El proceso de disciplinamiento se utiliza para corregir la identidad de género de las mujeres trans apelando a la creencia tradicional de que la identidad de género debe corresponder con los genitales. Se trata de disciplinar sus cuerpos para que dejen de comportarse como mujeres y se comporten como los hombres que “nacieron”. Este proceso invalida sus identidades y vulnera sus derechos, siendo una de las formas más explícitas y violentas de transfobia. • El proceso de disciplinamiento de sus cuerpos inicia en el seno familiar y continúa durante su vida escolar. En sus hogares, sus padres o figuras masculinas ejercen violencia transfóbica para corregir su falta de masculinidad, eliminando cualquier muestra de feminidad que puedan tener. Se trata de un rechazo visceral por parte de los padres que se manifiesta a través de la violencia física, verbal, sexual y psicológica. En sus colegios, se evidencian violaciones, golpes, bullying por parte de otros niños. • El proceso de disciplinamiento continúa como una amenaza constante durante sus trayectorias de vida. Cada vez que se presentan como mujeres tienen miedo de ser violentadas por quienes justifican la violencia transfóbica acusándolas de presentarse con una identidad de género que “no les corresponde”. Lo experimentan con clientes, policías y serenazgo, caminando por la calle, en los colegios, cuando buscan trabajo, cuando van a comprar a la bodega, cuando ejercen el trabajo sexual, cuando buscan ayuda médica en hospitales y clínicas, etc. • La transfobia no solo se manifiesta como actitudes y comportamientos que vulneran a las mujeres trans por parte de la sociedad peruana, sino que está institucionalizada en las diversas instancias del Estado peruano. Ellas no pueden cambiar su nombre en el DNI, tienen dificultades abriendo cuentas de banco, no todas tienen acceso a seguro de salud, etc. • La transfobia no solo tiene un impacto externo, sino que sus relatos revelan que esta permea la auto-compresión que ellas tienen de sí mismas como mujeres. Esto muestra que no solo los estereotipos que se asocian a lo femenino o a los masculino están institucionalizados y sedimentados en el imaginario colectivo, sino que la comprensión binaria del género está anclada en la educación, en el sistema de salud, en las instituciones del Estado, en los baños, en las tiendas de ropa, entre otros, que refuerzan la mirada transfóbica que excluye a las mujeres trans del grupo de mujeres y promueve la distinción entre “mujeres de verdad” y mujeres trans que vemos en sus relatos. Se trata de una imagen heteronormativa y sexista de lo que supone ser mujer. Entre la desconfianza y la necesidad 162 • Los índices de transfobia y violencia a los que están expuestas son tan elevados y constantes, que han desarrollado un umbral de tolerancia al maltrato extremadamente alto. Se trata de una violencia que ha sido normalizada en sus interacciones diarias y las lleva a aceptar relaciones amorosas, familiares y amicales violentas. • Las relaciones sociales y redes entre mujeres trans surgen ente la necesidad de apoyarse mutuamente y la desconfianza. Se trata de relaciones sociales y redes que surgen de la tensión entre la solidaridad y la desconfianza pues necesitan desarrollar redes de beneficio mutuo, aun cuando desconfían de las intenciones y acciones de las demás. Esto lo denominamos solidaridad selectiva. • Con la pandemia, la desconfianza y el recelo en sus relaciones aumentaron a partir de la monopolización de las donaciones recibidas por algunas de las chicas de la casona y la desconfianza en relación con su justa o injusta distribución generaron nuevos conflictos entre ellas. Para poder lograr estrategias conjuntas, han desarrollado ciertas formas de regular sus prácticas y generar mecanismos de confianza momentánea. Enfoque del curso de vida • Salir de sus hogares es un turning point en sus vidas. Se trata de un evento que ha generado un cambio de rumbo o viraje en sus trayectorias de vida, negativamente en su mayoría pues ha tenido como consecuencia que se terminen dedicando al trabajo sexual. • Un segundo momento que consideramos un turning point en sus trayectorias de vida es iniciarse en la prostitución. Se enfrentan con un muro transfóbico que limita sus oportunidades, mientras que sus necesidades básicas crecen y necesitan poder satisfacerlas. La prostitución termina estructurando sus vidas, permea los distintos ámbitos en los que se encuentran y se vuelve muy difícil de dejar. • Sus oportunidades se agotan cuando se inician en la prostitución y se quedan detrás del muro transfóbico que no les deja avanzar. Se quedan sin oportunidades y se cierran nuevas posibilidades y experiencias de vida. • No solo la prostitución limita sus oportunidades, sino que vivir en el clóset durante sus años de juventud también lo ha hecho. Ellas no han podido vivir experiencias que se asumen como parte de la edad y de crecer. Una vez que salen del clóset y se autoidentifican como mujeres trans, es la sociedad la que limita sus oportunidades y las lleva a vivir en los márgenes sociales de los cuales no pueden salir. 163 • Las relaciones familiares tienen muchos efectos en sus trayectorias de vida. Estas son las relaciones que más influencia tienen a lo largo de sus vidas por las consecuencias materiales, emocionales y sociales que generan tanto a corto, mediano como largo plazo. • El rechazo paterno tiene un profundo impacto en sus trayectorias de vida y su desarrollo emocional. Al venir de hogares tradicionalmente machistas, las actitudes y decisiones de la figura paterna determinan las actitudes y decisiones de los demás miembros de las familias. Como consecuencia, cuando los padres las rechazan, los demás miembros de la familia también lo hacen. • Su agencia va más allá de las estrategias que han desarrollado en sus trayectorias de vida. Ser ellas mismas es el máximo acto de agencia que pueden realizar porque están activamente poniendo en cuestión los estándares heteronormativos, sexistas y binarios que esta sociedad impone, naturaliza y defiende. Ser ellas mismas es un acto subversivo en sí mismo. Consecuencias del Covid-19 en las trayectorias de vida • Una consecuencia positiva no pensada ha sido el uso de la mascarilla para tapar sus barbas. La barba es uno de los marcadores más explícitos de masculidad y una de las características que más les afectan cuando se presentan socialmente como mujeres trans. Algunas tienen barbas frondosas que crecen con mucha rapidez y que tienen que afeitar diariamente. Afeitarse tan frecuentemente les genera consecuencias en la piel y todo eso les genera disgusto y mayor rechazo de ellas a sí mismas. • El Covid-19 ha frustrado sus planes de vida. Perdieron los ahorros que tenían guardados para poder salirse del trabajo sexual y/o para dedicarle menos tiempo y poder desarrollar otra actividad económica para salir paulatinamente del trabajo sexual. El Covid-19 también ha frustrado sus planes colectivos. Suspendió sus planes para crear una organización de mujeres trans del centro de lima para poder recibir y canalizar donaciones. • La pandemia tuvo consecuencias negativas en su subjetividad. La angustia y el miedo al contagio, a morir, a estar solas, a no ver de nuevo a sus familias, a no tener quién las cuide si se enferman son algunos de los efectos negativos en su salud mental. La angustia y el miedo son experimentadas de forma más aguda por la situación marginal en la que se encuentran. • Detallamos tres factores que jugaron un rol clave en la precariedad laboral de las mujeres trans entrevistadas durante la pandemia: el toque de queda, el miedo al contagio y a la muerte, y la crisis económica. Las consecuencias incluyeron la disminución en la cantidad 164 diaria de clientes, lo cual hizo que la oferta suba y la demanda baje, disminuyendo aún más los precios del trabajo sexual. • La pandemia precarizó aún más la salud de las mujeres trans por la falta de acceso a los servicios de salud y por pérdida de tratamientos de horminización y retrovirales por el desabastecimiento de Estado. También perdieron sus controles médicos, pruebas de descarte de VIH y condones que les daban en las postas. Asimismo, descontinuar la terapia de reemplazo hormonal supone un retroceso en el proceso de transición para muchas de ellas, lo cual repercute en su bienestar, salud mental, trato y reconocimiento social, además de en su espacio laboral que es el trabajo sexual. • La pandemia agudizó la violencia y discriminación ejercidas por parte del Estado. Especialmente, la transfobia ejercida por los agentes de seguridad, policías, serenazgos hacia las mujeres trans tomó una forma pública, descarada y desvergonzada con la Ley de Pico y Placa. Esta medida dio pie a la burla colectiva, a la violencia explícita y maltrato ciudadano. • El acceso a servicios de vivienda se agudizó con el confinamiento obligatorio y durante el año posterior de la pandemia. Menos ingresos significó no poder pagar el alquiler de los cuartos donde vivían y los cuartos que alquilaban para ejercer la prostitución. Muchas chicas trans fueron echadas de sus cuartos por no poder pagar los alquileres, mientras que otras pocas volvieron a sus casas. En algunas casonas les dieron prórroga para realizar los pagos ya que todas estaban sin trabajo. Estrategias de supervivencia • Antes de la pandemia encontramos que predominaban las estrategias de supervivencia individuales y entre pares. La pandemia, por el contrario, promueve las estrategias colectivas para sobrevivir este periodo. Las estrategias colectivas son posibles porque viven en la misma casona y esa proximidad sirve de base para compartir sus experiencias y pensar en formas de salir adelante. Además, como están sujetas a los mismos problemas como pagar sus alquileres o la falta de trabajo, encuentran que unirse resulta beneficioso para todas. • Tanto antes como después de la pandemia observamos la articulación con organizaciones sociales. Esta ayuda es ocasional e incrementa en momentos de necesidad como durante la cuarentena obligatoria, pero se pierde cuando ellas vuelven al trabajo en las calles. Observamos que una de las dificultades para obtener ayuda de las organizaciones sociales es la falta de articulación entre ellas. Para que la ayuda sea efectiva, debe ser entregada de 165 forma individual y personal. Así se evita la monopolización de recursos y el conflicto entre ellas. • Los vínculos entre ellas y las estrategias que desarrollan son dependientes del contexto. Vemos que no se desarrollaron las familias de pares que inicialmente pensamos que se generarían a partir de la unión que tuvieron en la pandemia. Encontramos que lo que tuvo lugar fue la solidaridad selectiva. Por el contrario, vemos que las familias de pares están compuestas por dos o tres amigas como máximo con quienes tienen confianza previamente a la pandemia. • Un componente importante que previene que sigan las estrategias colectivas y articulaciones con organizaciones sociales es la desconfianza entre ellas y, particularmente, el abuso de las donaciones por parte de ciertas personas que se autodenominan e imponen como lideresas. Se necesita de un liderazgo articulado y avalado por todas las compañeras de la misma casona para que puedan realizar estrategias colectivas a largo plazo. Este es un reto que sigue pendiente pues la precarización de sus relaciones sociales tiene efectos negativos en la confianza entre ellas y la disposición de trabajar en equipo. 166 REFERENCIAS BIBLIOGÁFICAS Álvarez Broz, M. (2018). Familia “entre pares”. Relaciones de solidaridad y vínculos de fraternidad entre travestis y transexuales de la Argentina contemporánea. Revista Punto Género, (09), 128-146. Anthias, F. (2013). Intersectional what? Social divisions, intersectionality, and levels of analysis. Ethnicities, 13(1), 3-19. Bach, T., 2012, “Gender is a Natural Kind with a Historical Essence”, Ethics, 122: 231–272. Bettcher, T. M. (2007). Evil deceivers and make‐believers: On transphobic violence and the politics of illusion. Hypatia, 22(3), 43-65. Bettcher, T. M. (2014). Trapped in the wrong theory: Rethinking trans oppression and resistance. Signs: Journal of Women in Culture and Society, 39(2), 383-406. Bettcher, T. M. (2014). Transphobia. 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Estoy haciendo una investigación sobre población trans y los efectos de la pandemia. Se trata de conocer cómo han hecho para sobrellevar los retos de la pandemia y cómo se han organizado. Toda la información que compartas conmigo será confidencial y solo será utilizada en el marco de mi investigación. La entrevista será grabada y transcrita manteniendo la confidencialidad. Con esto en cuenta, quisiera saber si puedo usar la información que me brindes de forma anónima en mi investigación. Una vez que responda afirmativamente, inicia la grabación. 1. Información general de la entrevista Para comenzar la entrevista, quisiera pedirte alguna información general. 1. ¿Cuál es tu nombre? 5. ¿En qué ciudad-distrito vives actualmente? 2. ¿Cómo te gustaría que me refiera a ti? 6. Fecha de la entrevista (yo lo escribo sin preguntar) 3. ¿Cuántos años tienes? 12. Lugar de la entrevista (yo lo escribo sin preguntar) 4. ¿En qué ciudad- distrito naciste? 2. Relaciones familiares y migración 169 - Bueno, para seguir con la entrevista me gustaría que me cuentes un poco sobre tu infancia. Dónde naciste, cuántos hermanos eran y cómo fue la relación con tus padres, dónde vivían, a qué se dedicaban tus padres. (respuesta) - Ahora me gustaría que me cuentes cómo se organizaban en tu casa cuando eras chica. Qué tareas te tocaba realizar a ti y cómo te sentías. (respuesta) - Muchas gracias por compartir estos recuerdos. Y conversando sobre tu vida familiar, quisiera preguntarte en qué momento decidiste o cómo así te mudaste de tu casa. - Y para ti, ¿este periodo de vida familiar ha tenido algún impacto? ¿Estos recuerdos? (respuesta) - En la actualidad, sigues en contacto con tu familia, se ven o tal vez la relación ha cambiado con el tiempo. (respuesta) 3. Situación laboral - Ahora quisiera preguntarte un poco sobre la edad en la que comenzaste a trabajar y los trabajos que has ido realizando a través del tiempo. ¿Cuáles han sido los principales problemas que has tenido que enfrentar? (respuesta) - Y dentro de tu entorno actual, tus amigas, amigos y gente que conoces, cuáles dirías que son los trabajos más frecuentes o que más realizan. (respuesta) - Ahora quisiera pasar a preguntarte en qué estabas trabajando antes de que inicie la pandemia en el 2020. Si me pudieras contar un poco sobre tu trabajo, sobre las personas con las que trabajabas. ¿Cómo era el ambiente de trabajo? (respuesta) - Y, en la actualidad, ¿te encuentras trabajando? ¿En qué? ¿Tal vez en lo mismo o en algo diferente? (respuesta) 4. Transición - Bueno, ahora que hemos conversado un poco sobre tu familia y sobre tu situación laboral, quisiera que me cuentes un poco sobre tu proceso de transición. Cómo fue, cuándo inició. (respuesta) 170 - Ahora me gustaría preguntarte si consideras si alguna situación o situaciones en especial han tenido algún impacto en tu transición. Tal vez obstáculos que hayas experimentado o tal vez algo que te haya ayudado con el proceso. (respuesta) - Para conocer un poco más sobre tu experiencia, cómo describirías las reacciones con tus familiares y amigos durante el periodo de transición. ¿Consideras que su relación ha cambiado a partir de este proceso? (respuesta) - En la actualidad, cuando te acuerdas de ti antes del proceso de transición, cómo te sientes, qué recuerdos trae. ¿Cómo lo viviste? (respuesta) 5. Salud sexual y reproductiva Ahora quisiera pasar a temas de relaciones de pareja y salud. - Tienes actualmente pareja y, si la tienes, que me cuentes un poco sobre su relación. (respuesta) - ¿Qué piensas sobre el uso de anticonceptivos? Te parece que sirven, que se deben usar o no, con qué frecuencia consideras que se deben usar. (respuesta) - Y, ¿qué piensas sobre las ETS, te cuidas? ¿Te dan miedo, por ejemplo, el VIH? Y si, tal vez, conoces a alguien o tienes algún amigo o amiga infectado y cómo te sientes al respecto. (respuesta) - ¿Tú te has enfermado alguna vez? ¿Cómo te has sentido? ¿Cómo has enfrentado el tema? ¿Cómo ha sido la atención que has recibido y si has encontrado algún obstáculo por ser una mujer trans? (respuesta) 7. Violencia - Ahora, me podrías contar sobre situaciones incómodas o de violencia que puedas haber experimentado. (respuesta) - Y, ¿sientes que estas situaciones han tenido consecuencias en tu vida? (respuesta) 6. Acciones del Estado - Pasando a otro tema, quisiera preguntarte por las acciones del Ministerio de la Mujer y del Ministerio de Salud. ¿Consideras que están actuando para apoyar a la población trans? 171 (respuesta) - Y que acciones crees que ambos [el Ministerio de la Mujer o el Ministerio de Salud] deberían incluir para mejorar la situación actual de las mujeres trans. (respuesta) 8. Crisis generada por el covid-19 - Ahora quisiera preguntarte un poco por tu vida en los últimos meses. Cómo te ha ido desde que inició la pandemia, has podido seguir trabajando, cómo has estado. (respuesta) - Entre tus amigas, amigos, personas cercanas, ha habido alguien que se haya enfermado o se haya puesto grave. Me podrías contar cómo lo has llevado. (respuesta) - Me imagino que, como para muchas personas, la pandemia ha empeorado algunas situaciones de salud o enfermedades previas. Quería saber si en el caso de tus conocidos o tuya, cómo te ha afectado. (respuesta) - Recordando la cuarentena obligatoria del 2020, quería saber si me podrías contar un poco cómo te afectó esa situación. (respuesta) - ¿Esta situación te ha afectado emocionalmente? Tal vez me puedes contar un poco al respecto. (respuesta) 9. Estrategias de resistencia - Luego de conversar sobre le época de la pandemia, quería preguntarte cómo se han organizado para salir adelante durante la cuarentena. Con quiénes vivías, cómo se repartían las responsabilidades cuando no se podía salir. (respuesta) - Retomando las experiencias que mencionaste sobre tus amigas que se contagiaron, cómo fue su cuidado, cómo te cuidaste tú en esos momentos. (respuesta) - Me imagino que, como muchos, durante la pandemia has podido experimentar alguna otra enfermedad o problema. Cómo la has experimentado, has tenido acceso a medicinas o personal de salud. (respuesta) 172 - ¿Cómo ves tu vida ahora comparándola con la que vivías antes de la pandemia? ¿Qué logros has tenido y cuáles han sido los problemas principales? (respuesta) 10. Reflexiones finales - Y, para ir terminando, ¿hay algo más que quisieras agregar o que quisieras volver a mencionar? (respuesta) - Si quisiéramos conversar con alguna compañera, ¿a quién podríamos contactar? (respuesta) ¡Muchas gracias! 173 Anexo 2: Protocolo de consentimiento informado para entrevistas PROTOCOLO DE CONSENTIMIENTO INFORMADO PARA ENTREVISTAS Estimada participante, Le pedimos su apoyo en la realización de una investigación conducida por Aranxa Pizarro, la cual busca conocer los efectos de la pandemia en la población de mujeres trans. Se trata de conocer cómo han hecho para sobrellevar los retos de la pandemia, cómo se han organizado y sus consecuencias en sus vidas. - La entrevista durará aproximadamente una hora y todo lo que usted diga será tratado de manera confidencial, es decir, su identidad será protegida a través de un pseudónimo. - Toda la información que comparta conmigo será confidencial y solo será utilizada en el marco de la investigación. - Su participación es totalmente voluntaria. Usted puede detener su participación en cualquier momento sin que eso le afecte, así como dejar de responder alguna pregunta que le incomode. - Nosotros guardaremos su información con códigos y no con nombres. Si los resultados de este trabajo son publicados, no se mostrará ninguna información que permita la identificación de las personas que participaron en este estudio. - Si tiene alguna pregunta sobre la investigación, puede hacerla en el momento que mejor le parezca. - Una copia de este consentimiento informado le será entregada. DECLARACIÓN Y/O CONSENTIMIENTO (ORAL) - Acepto voluntariamente participar en este estudio, comprendo de las actividades en las que participaré si decido ingresar al estudio, también entiendo que puedo decidir no participar y que puedo retirarme del estudio en cualquier momento. Firma: Fecha: ¡Muchas gracias!