PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL PERÚ FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES “Capaz mejor no luchar”: Respuestas de las y los comuneros de las Comunidades Campesinas Huisa y Alto Huancané frente a la actividad minera en Espinar. Tesis para obtener el título profesional de Licenciada en Sociología presentado por: Pin Alcalde, Carolina Maria Asesor(es): Delgado Pugley, Deborah Lima, 2024 Informe de Similitud Yo, Delgado Pugley, Deborah docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú, asesor(a) de la tesis/el trabajo de investigación titulado “Capaz mejor no luchar”: Respuestas de las y los comuneros de las Comunidades Campesinas Huisa y Alto Huancané frente a la actividad minera en Espinar. del/de la autor (a)/ de los(as) autores(as) Pin Alcalde, Carolina Maria dejo constancia de lo siguiente: - El mencionado documento tiene un índice de puntuación de similitud de 17%. Así lo consigna el reporte de similitud emitido por el software Turnitin el 20/09/2024. - He revisado con detalle dicho reporte y la Tesis o Trabajo de Suficiencia Profesional, y no se advierte indicios de plagio. - Las citas a otros autores y sus respectivas referencias cumplen con las pautas académicas. Lugar y fecha: Lima, 20 de septiembre del 2024 Apellidos y nombres del asesor / de la asesora: Delgado Pugley, Deborah DNI: 42027804 Firma ORCID: 0000-0002-5595-0359 A mi mamama Agradecimientos: Durante los últimos años, esta investigación ha sido una constante en mi vida, persiguiéndome en las diferentes etapas que atravesaba. En algunos momentos, su presencia era más intensa que en otros, pero siempre sentí un anhelo profundo por concluir este proyecto. Quería asegurarme de que las innumerables historias que escuché no quedaran relegadas a archivos inaccesibles en mi computadora. Mi objetivo último ha sido acercarme a la sociología desde una perspectiva que tome acción, con la esperanza de que el mundo académico pueda ejercer influencia en la toma de decisiones y en la visibilización de las historias de injusticia. En este camino, hay muchas personas a las que deseo agradecer por todo lo que he aprendido. En primer lugar, quiero expresar mis eternas gracias a todas las personas de las comunidades de Huisa y Alto Huancané, quienes me abrieron las puertas de sus hogares y compartieron conmigo sus historias de vida. Aceptando reunirse en sus casas, lugares de trabajo, en el mercado e incluso en las calles, brindándome el espacio para escuchar y aprender de sus incansables luchas. Mi agradecimiento hacia ustedes es eterno. A mi mamá, quien siempre me alentó a seguir adelante en este proceso, leyendo cada página escrita y compartiendo reflexiones sobre la importancia de los vínculos y la empatía, los cuales se ven reflejados en estas páginas. Gracias por ser mi guía incondicional. A mi papá, por acompañarme en cada paso y a mi hermana, por siempre estar ahí para escucharme. A Vania Martinez, mi mejor amiga y confidente, gracias por darme la mano y recorrer junto conmigo este emocionante camino. Este texto es el resultado de nuestras innumerables reflexiones, de la compañía constante en el trabajo de campo, de la indignación que compartimos y de nuestras ansias compartidas de que las cosas cambien. A Karen Chauca, por siempre estar en todos mis procesos y por confiar en mi. A Fabi Landaure, por ayudarme a no paralizarme ante los desafios. A todos mis amigos de la carrera y de la vida, que de una forma u otra estuvieron presentes y me acompañaron en el proceso de pensar y repensar este trabajo: Natalia Gonzalez, Rodrigo Muente, Alejandra Caceres, Alejandra Carrasco, Ariela Perez Garreaud, Manuel Masias, Maria Fernanda Yañez. Su confianza y apoyo han sido fundamentales y significativos en este viaje. A Deborah Delgado, mi asesora y amiga, gracias por introducirme al mundo de la justicia ambiental, tus recomendaciones han sido vitales en la elaboración de este trabajo. También quiero agradecer a Maritza Paredes, Robin Cavagnud, José Rosales, Juan Carlos Ruiz y Karem Luque, cuyas sugerencias y apoyo han sido claves en este proceso. A Maria Eugenia Otero, mi terapeuta, quien me instó a dar un cierre a este capítulo de mi vida, gracias por tu insistencia y comprensión. Este trabajo representa un esfuerzo colectivo y un compromiso con la justicia ambiental y social. A su vez, esta investigación ha reforzado mi compromiso con el feminismo y la importancia de incluir y visibilizar a las mujeres y sus historias en nuestros estudios. Mi esperanza es que este estudio contribuya, de alguna manera, a la comprensión y visibilización de las experiencias de sufrimiento ambiental en las comunidades afectadas por la actividad minera, y que las voces que dan cuerpo a este texto sean tomadas en cuenta en la búsqueda de un mundo más justo. Resumen El desarrollo de la actividad minera en la provincia de Espinar, en Cusco, ha producido profundas transformaciones en el territorio y cambios significativos en la vida cotidiana de las y los campesinos que residen en las zonas aledañas a las operaciones. Pese a que diversos estudios resaltan que los impactos de la minería no son neutrales al género, la literatura que toma en cuenta las experiencias y perspectivas de las mujeres en relación a la minería, en Espinar y en general en el Perú es aún escasa y está poco teorizada. La presente investigación busca analizar las respuestas de las y los comuneros de dos comunidades campesinas aledañas a la mina (CC. Alto Huancané y Huisa) ante los cambios inducidos por la actividad minera en sus vidas a través de un enfoque sensible al género. El estudio muestra la manera en la que la degradación, acumulativa y dispersa en el tiempo, del territorio ha llevado a una sobrecarga en las tareas de las mujeres obligándolas a adaptarse a este difícil contexto y en algunos casos a emigrar. Asimismo, describe el sufrimiento ambiental colectivo que se vive en la región, vinculado no solo a los impactos diferenciados de la minería, sino también a las lentas y confusas respuestas del Estado y a las estrategias de relacionamiento comunitario de la empresa. Pese a que, los casos en los que se ha analizado la respuesta de los comuneros ante la presencia de la actividad minera han tendido a enfocarse en la articulación de una acción colectiva por parte de estas, la investigación muestra que más allá de los momentos de resistencia pública, las respuestas de los y las comuneras en la cotidianidad están marcadas por la ambivalencia, el desaliento, la incertidumbre y la frustración. La investigación es de corte cualitativo y consta de tres trabajos de campo a las comunidades de Espinar en las que se realizaron entrevistas semiestructuradas, observación participante, grupos focales y se sostuvieron conversaciones informales con diversos comuneros y comuneras. Palabras clave: industrias extractivas; género; sufrimiento ambiental; violencia lenta Índice de Contenidos: Introducción 1 Capítulo 1: Consideraciones Preliminares 4 1.1 Planteamiento del problema: 4 1.2. Estado del Arte 6 1.3. Objetivos de la investigación: 17 1.4. Metodología: 18 1.5. El caso de Espinar y la selección de comunidades a estudiar: 21 1.6. Marco conceptual: 32 1.6.1. Violencia Lenta 32 1.6.2. Sufrimiento Ambiental 36 1.6.3. Género e interseccionalidad 41 Capítulo 2: “Triste es vivir acá”: Impactos en la vida cotidiana de los y las comuneras de Huisa y Alto Huancané a raíz de la actividad extractiva en Espinar 46 2.1. Cambios en las actividades productivas: 48 2.1.1. Cambios en la Ganadería: 48 2.1.2. Discriminación en la venta de carne y leche en las ciudades: 55 2.1.3. Cambios en la agricultura: 59 2.1.4. Trabajo en la mina: 61 2.2. Cambios en la alimentación: 64 2.3. Impactos en la salud: 69 2.3.1. Evidencias de Metales Pesados en los comuneros: 69 2.3.2. “A veces digo para qué he nacido en este lugar”: Problemas en la salud de las y los pobladores 75 2.3.3. Respuesta del Estado frente a problemas en la salud de los pobladores: 80 2.4. Impactos en las prácticas de cuidado: 84 2.5. ¿Manan Kanchu contaminación? Violencia lenta, género y contaminación: 86 Capítulo 3: “Por sí solo uno se está escapando”: Migración en Huisa y Alto Huancané en Espinar 91 3.1. Migración laboral y feminización del campo: 92 3.2. “Siempre pensamos que en las comunidades no hay vida“ Migración por contaminación: 96 3.3. Mujeres y la vida en la ciudad de Espinar: 98 3.4. Los ancianos quedan: Población mayor y migración 102 3.5. Síntesis: 105 Capítulo 4: Excluidos y desalentados: Resistencia, negociación y sufrimiento ambiental en las comunidades campesinas de Huisa y Alto Huancané 107 4.1. “Prácticamente nuestra lucha no ha servido para nada” Indignación, movilización y protestas: 108 4.1.1. La formación de las organizaciones: 109 4.1.2. “Hecha la ley, hecha la trampa” La vía judicial: 121 4.2. Prácticas de negociación entre la empresa y las comunidades 130 4.2.1. “Mayormente con la mina están” : La negociación individual 131 4.2.2.”Es una división terrible que tenemos” División de las comunidades y sentimiento de vigilancia: 134 4.2.3. “Tu señora habla mucho”: la criminalización de las mujeres 138 4.3. Reflexiones en torno al sufrimiento ambiental y la frustración tóxica 140 Conclusiones: 149 Referencias Bibliográficas: 157 Índice de Figuras Figura 1: Mapa de la provincia de Espinar y sus distritos 22 Figura 2: Mapa de comunidades en el área de influencia ambiental directa del proyecto Antapaccay 25 Figura 3: Mapa del proyecto minero Antapaccay 30 Figura 4: Ubicación de proyecto minero Antapaccay-Expansión Tintaya 30 Figura 5: Oveja muerta, comunera señaló que se debía a la ingesta de agua contaminada 52 Figura 6: Ganado bovino en la CC. Huisa, Espinar 54 Figura 7: Camión de PLACME 56 Figura 8: Rotoplas instalado en una de las casas de la CC. Huisa 67 Figura 9: “Agua verdosa y con mal olor” 78 Figura 10: Tumor en la pierna de una comunera 79 Figura 11: Mujeres en reunión comunal en CC. Huisa (Las caras han sido tapadas para proteger la identidad de las asistentes) 115 Figura 12: La experiencia de la contaminación 147 file://///Users/carolinapin/Documents/Tramite%20Tesis/Tesis%20Final%20-%20Julio%20-%202024.docx%23_Toc174642189 file://///Users/carolinapin/Documents/Tramite%20Tesis/Tesis%20Final%20-%20Julio%20-%202024.docx%23_Toc174642189 Índice de Gráficos Gráfico 1: Impactos de la actividad minera en las actividades cotidianas de la CC. Huisa y Alto Huancané 88 Gráfico 2: Porcentaje de población rural en el distrito de Espinar (1993-2017) 92 Gráfico 3: Último nivel de estudios aprobado según sexo en el área rural en el distrito de Espinar (CENSO 2017) 94 Gráfico 4: Población de 59 años a más que sabe leer y escribir en el área rural del distrito de Espinar (CENSO 2017) 104 Índice de Tablas: Tabla 1: Fechas, herramientas metodológicas y entrevistas realizadas 20 Tabla 2: Resultados de exposición a metales pesados en poblaciones aledañas al proyecto minero Quechua según el Estudio de Línea de Base en Salud de Espinar elaborado por CENSOPAS (2010) 70 Tabla 3: Distribución por género de muestras de orina recogidas en CC. Alto Huancané y Huisa en el marco del “Informe Final Integrado de Monitoreo Sanitario Ambiental Participativo 70 Tabla 4: Distribución por edad de muestras de orina recogidas en CC. Alto Huancané y Huisa en el marco del “Informe Final Integrado de Monitoreo Sanitario Ambiental Participativo de la Provincia de Espinar 2013” 71 Tabla 5: Efectos de los metales pesados en la salud humana 72 1 Introducción El desarrollo de la actividad minera en Espinar ha llamado la atención de la sociedad civil por las graves denuncias de los pobladores frente a la contaminación en la provincia, así como por los constantes conflictos y negociaciones que han marcado la historia de Espinar desde el inicio de dicha actividad. De este modo, se han realizado varias investigaciones académicas para explicar el “caso de Espinar” las cuales se han centrado en estudiar estos conflictos y la política contenciosa en la provincia (Zeisser 2015, De Echave 2009, Pinto 2014, Thorp et Al 2006, Revezs y Diez 2006). Aunque poco visibilizado, algunos estudios han dado luces sobre la situación de las mujeres en la provincia minera (Cuadros 2010, Soria 2017). Estos estudios revelan que los impactos que ha tenido la actividad minera en las comunidades aledañas a la mina en la provincia de Espinar no son neutrales al género y han generado cambios al interior de la familia, en las actividades productivas y en la esfera comunal. Además, han traído mayores asimetrías y profundizado las brechas de género (Cuadros 2011). Pese al gran aporte de estos estudios, la literatura que toma en cuenta las experiencias y respuestas de las mujeres en relación a la minería, en Espinar y en general en el Perú es aún escasa y está poco teorizada (Jenkins 2015). La minería ha sido históricamente vinculada a la masculinidad, lo cual oculta a las mujeres dentro del espectro minero, en este sentido, se vuelve crucial reconocer la agencia de las mujeres en los contextos extractivos. Por ello, la presente investigación busca indagar en el caso de Espinar a través de un enfoque que toma en cuenta el género. La presente investigación busca analizar las respuestas de las y los pobladores de dos comunidades campesinas aledañas a la mina (CC. Alto Huancané y Huisa) ante los cambios inducidos por la actividad minera en sus vidas a través de un enfoque sensible al género. El estudio muestra la manera en la que la destrucción, acumulativa y dispersa en el tiempo, del territorio ha llevado a una sobrecarga en las tareas de las mujeres obligándolas a adaptarse a este difícil contexto y en algunos casos a emigrar. Asimismo, describe el sufrimiento ambiental colectivo que se vive en la región, vinculado no solo a los impactos diferenciados de la minería, sino también a las lentas y confusas respuestas del Estado y a las estrategias de relacionamiento comunitario de la empresa. Pese a que, los casos en los que se ha analizado la respuesta de las 2 mujeres y en general de las comunidades campesinas o indígenas ante la presencia de la actividad minera han tendido a enfocarse en una resistencia firme por parte de estas, la investigación muestra que fuera de aquellos periodos de resistencia pública, las respuestas de las comunidades afectadas están marcadas por la ambivalencia, la contradicción, la incertidumbre y la resignación. La investigación es de corte cualitativo y consta de tres trabajos de campo a las comunidades de Espinar en las que se realizaron entrevistas semiestructuradas, observación participante, grupos focales y se sostuvieron conversaciones informales con diversos comuneros y comuneras. El texto se organiza de la siguiente manera. El primer capítulo presenta el planteamiento del problema el cual incluye una breve contextualización sobre la minería y los estudios en torno a esta en el Perú, el estado del arte y los objetivos de investigación que guían el trabajo. Posterior a esto, se presenta la metodología empleada para llevar a cabo la investigación y una breve sección que explica el caso de Espinar y los criterios en la selección de comunidades. Finalmente se desarrolla el marco conceptual utilizado para analizar el caso. El segundo capítulo analiza los cambios provocados por la minería en la vida cotidiana de los y las comuneras de las CC. Huisa y Alto Huancané. Este capítulo consta de 5 partes: 1) los cambios en las actividades productivas en los cuales se analiza la ganadería, la agricultura y el trabajo ofrecido por la minera; 2) los cambios en la alimentación; 3) los impactos en la salud y 4) los impactos en prácticas de cuidado ejercidas por las mujeres. A través de este capítulo se identifican ciertas prácticas adaptativas que se han ido llevando a cabo en las comunidades estudiadas. Finalmente, se realiza una breve síntesis del capítulo y se llevan a cabo reflexiones en torno a la violencia lenta y el impacto diferenciado por género. El tercer capítulo, se centra en la migración de los pobladores de las comunidades campesinas estudiadas frente a los cambios producidos por la actividad minera, en este marco analiza la migración por trabajo y por contaminación. Además, explora las pocas oportunidades de migración que tienen las mujeres a comparación de sus pares varones y lo que significa para ellas quedarse en el campo. Asimismo, describe las implicancias de emigrar a la ciudades para las mujeres y el incremento en la población de adultos mayores en las comunidades. Por último, a través del cuarto capítulo, se exploran las diferentes maneras en las que los comuneros de Alto Huancané y Huisa han buscado soluciones y respuestas frente a los problemas que los aquejan y retrata la negociación individual que se da 3 entre la empresa y los pobladores de las comunidades según la perspectiva de los entrevistados. Finalmente, se analiza la manera en el que las prácticas y discursos de diversos actores, en específico la de los empleados de la mina y los organismos estatales, influyen en la manera en la que los y las pobladoras responden y viven los diversos cambios que atraviesan. 4 Capítulo 1: Consideraciones Preliminares 1.1 Planteamiento del problema: 1.1.2. Contextualización: La minería como sujeto de estudio de las ciencias sociales en el Perú El Perú, a lo largo de su historia republicana, ha sido un país dependiente de la exportación de recursos naturales, en donde la exportación mineral siempre ha ocupado un rol económico, político y social importante (Arellano- Yanguas, 2011; Thorp y Bertman, 1978; Glave y Kuramoto, 2002). Teniendo periodos marcados por auges y caídas, la década de los ochenta estuvo influenciada por el decrecimiento de las exportaciones mineras, esto debido al precio bajo de los minerales en el extranjero y las políticas anti exportadoras de dicha época (Glave y Kuramoto, 2007, p.148). Estas políticas cambiaron en la década de los noventa, cuando el gobierno de Alberto Fujimori llevó a cabo una reforma neoliberal que implicó la liberalización del mercado en general e instauró una política productiva orientada a la promoción de la inversión privada (Glave y Kuramoto, 2002, p. 529). La reforma de Fujimori llegó al sector minero con el Decreto Legislativo de Promoción de Inversiones en el Sector Minero (D.L 708) del año 1991, en el que se otorgó estabilidad administrativa, tributaria y cambiaria, libertad de envío al exterior de utilidades y libre disponibilidad de moneda extranjera entre otros beneficios a las empresas mineras (Glave y Kuramoto, 2002, p.546). Estas políticas permitieron que la inversión en las industrias extractivas diera buenos resultados a pesar de la caída mundial en los precios de los minerales durante esos años (Li, 2017,p.34). La otra cara de estas reformas fueron las masivas privatizaciones de las operaciones estatales, entre ellas, las empresas mineras. Como consecuencia de ello, se ampliaron y modernizaron muchas operaciones mineras como, por ejemplo, Tintaya en Espinar. En ese caso en particular, se pasó de minería de socavón a minería a tajo abierto (Glave y Kuramoto 2007, p.140). El gobierno de Fujimori acabó en el año 2000, pero el legado de sus reformas políticas y económicas continuaron. Desde el año 2004, las inversiones mineras han crecido exponencialmente (Benavides, 2014). El sector minero en el Perú cumple un rol clave en la economía del país ya que este apalanca exportaciones, compra de insumos, empleos, utilidades y recaudación fiscal mediante impuestos, tributos y 5 regalías (OSINERGMIN 2017, p.224). Para el periodo 2016-2026 se estima una inversión de US $60 mil millones según el Ministerio de Energía y Minas. De hecho, según OSINERGMIN, un aumento del 19% en el precio del cobre produciría un incremento de 1.28% en el PBI y de 0.88% en el resultado fiscal (OSINERGMIN, 2017, p. 22). En el contexto del mercado mundial, el Perú es principalmente un proveedor de recursos naturales. En este sentido, el papel del país en la división internacional del trabajo ha significado que la trayectoria de su desarrollo se condicione a los requisitos políticos y económicos de los países con industrias fuertes del “norte global” (Lust ,2014, p.6). En este marco, el crecimiento de las industrias extractivas en el Perú ha ido acompañado de narrativas que sostienen dicho crecimiento. Por ejemplo, suele argumentarse que el aumento en la inversión minera ayudaría al país a desarrollarse: modernizando a las zonas rurales, generando empleos y acabando con el “retraso” del país (Arellano Yanguas, 2011, p.77). En el lenguaje tecnocrático del Estado peruano, la explotación de los minerales y la promoción de la inversión minera se ve ligada al crecimiento del PBI, el incremento laboral y la mejora en los servicios básicos (Thorp et al, 2014). Sin embargo, la expansión de la minería en el territorio peruano ha generado fuertes resistencias, tema que ha sido ampliamente estudiado por la academia, a continuación, profundizamos en estos. 6 1.2. Estado del Arte Resistencias e industrias extractivas, el foco desde las ciencias sociales Desde las ciencias sociales, la resistencia usualmente se estudia a través de los movimientos sociales o la política contenciosa (Hollander y Einhower, 2004, p. 539). En el caso de las industrias extractivas en el Perú una gran cantidad de estudios han analizado la resistencia a los proyectos extractivos a través de protestas sociales o grandes movilizaciones en torno a la minería o la extracción de hidrocarburos desde un análisis macro (Bebbington 2009, Paredes y De la Puente 2014, Haarstad & Floysand 2007). Los estudios sobre minería y conflictos sociales usualmente identifican diferentes causas que llevan a momentos de estallido y protesta. Entre ellas se encuentra la insatisfacción con la distribución de la renta generada de la minería. Se argumenta que las comunidades aledañas experimentan pocos beneficios de los ingresos mineros, y, si estos ocurren, se viven de forma desigual, mermando anteriores dinámicas de repartición de beneficios a nivel comunitario. Bradshaw (2009) señala que el auge minero en muchos casos ha exacerbado las desigualdades que las poblaciones indígenas y campesinas han experimentado históricamente. A pesar de que las leyes requieren que la mitad de los ingresos mineros vuelvan a las áreas mineras, en la práctica, las comunidades locales ven muy poco de este beneficio (p.6). Pese a que el gobierno peruano, en los últimos años ha transferido más ingresos a los gobiernos locales en provincias y regiones productoras, estos tienen poca capacidad para invertir los fondos de manera productiva. En consecuencia, muchas comunidades se sienten frustradas frente a la falta de mejoras en sus vidas diarias pese a la fuerte presencia de operaciones mineras en sus territorios (Pfeifer y Bradshaw, 2009, p.6). Asimismo, la falta de capacidad del Estado peruano para regular la industria y manejar los conflictos locales ha hecho que muchas comunidades no confíen en el gobierno para abordar sus preocupaciones (Pfeifer y Bradshaw, 2009, p. 7). Por otro lado, y en específico en el contexto andino, diversos investigadores han señalado que la alteración de los medios de vida es una de las causas principales de los conflictos (Bury, 2002; Bebbington y Bury, 2009; Hinojosa et Al, 2008). La minería a tajo abierto, en contraste a la minería de socavón o minería artesanal, se 7 destaca por su impacto negativo en la salud de las personas y los ecosistemas, debido a la gran cantidad de desechos que produce. Estos residuos, acumulados en los relaves mineros, contienen elementos orgánicos e inorgánicos altamente tóxicos, capaces de contaminar de manera rápida y profunda las fuentes de agua y el suelo. Las fugas o vertidos de sustancias como el cianuro y el mercurio, así como la gestión inapropiada de diversos tipos de desechos mineros, pueden tener consecuencias letales para los seres humanos y pueden ocasionar la contaminación de tierras de cultivo y pastoreo (Hargreaves, como se citó en Jenkins, 2014). En este marco, muchas comunidades locales perciben a las empresas mineras como una amenaza directa para su propia existencia, ya que los ecosistemas y los medios de vida de los residentes locales se ven seriamente afectados por los procesos relacionados con la megaminería. Estos procesos incluyen el desagüe de pozos abiertos, el consumo excesivo de agua en las etapas de procesamiento de minerales, entre otros aspectos (Niederberger et al., 2016, p. 65). Aquellas comunidades que dependen tanto de la agricultura como de la ganadería no pueden arriesgar la disponibilidad de recursos esenciales como el agua. Estos incidentes no son eventos aislados, sino más bien un problema sistémico de dimensiones globales (Niederberger et al., 2016, p. 19). En este contexto, las investigaciones académicas realizadas por científicos sociales han puesto especial atención en analizar los grandes momentos de estallido social o protestas, subrayando la figura de sujetos de derechos que se movilizan de manera pública para resolver situaciones de contaminación (Ureta et Al, 2018). Sin embargo, investigaciones como la de Auyero y Switsun (2008), dan luces sobre aquellos procesos en los que no hay de manera continua “una multitud determinada y levantada en armas contra el asalto tóxico” (p.96). La investigación de los referidos autores pone foco en las dudas y las contradicciones que experimentan aquellas personas que viven en un ambiente tóxico y las maneras en las que las respuestas de los organismos estatales, los responsables de la política ambiental y funcionarios de las empresas que operan en el territorio, moldean la cotidianidad y experiencia de la contaminación de los habitantes. En las comunidades campesinas en las que esta investigación se sitúa, Alto Huancané y Huisa, el desarrollo de la megaminería ha traído fuertes cambios en la vida de los pobladores. Sin embargo, un aspecto que emerge a través de esta tesis 8 es que a pesar de que ha existido una movilización política importante por parte de los y las pobladoras hacia la actividad minera a través del tiempo, la resignación, la incertidumbre y la frustración son aspectos que están presentes de manera constante en la vida cotidiana de los comuneros. De este modo, se vuelve importante poder llevar a cabo investigaciones que ahonden en las experiencias cotidianas de las comunidades, más allá de aquellos momentos en los que se produce una acción colectiva. Es este uno de los aportes del presente trabajo. Otro aspecto que resalta en las investigaciones sobre los impactos en los medios de vida, así como en los estudios sobre las movilizaciones en contextos mineros, es que estos pocas veces toman en cuenta el género como categoría analítica. Lahiri-Dutt (2015) argumenta que la minería ha sido históricamente vinculada a la masculinidad, lo cual elimina u oculta a las mujeres dentro del espectro de la minería y devalúa su agencia en una importante actividad económica. Por ello, reconocer la agencia de la mujer en la minería implica ver a las mujeres como actores claves dentro y en relación con la industria, en su estructura, en las protestas frente a ella y como agentes económicos activos en el hogar que sostienen y nutren a las comunidades. La siguiente sección se centra en la literatura que estudia los impactos diferenciados por género de la minería a tajo abierto en el Perú y la manera en la que se han estudiado las respuestas de las mujeres frente a esta actividad en América Latina. Minería y género una vía poco explorada La ecología política feminista hace énfasis en la minería como agente global del capital y subraya la manera en la que esta industria extractiva a gran escala perjudica las mujeres de manera desigual que a los hombres (Banco Mundial, 2009; Li, 2009; Alto Comisionado de las Nacionales Unidas para los Derechos Humanos [ACNUDH], 2017; Cuadros, 2010; Jenkins, 2014). En este sentido, se argumenta que la minería formal, como una industria capitalista con procesos laborales masculinos no puede separarse de sus impactos de género (Lahiri-Dutt,2015, p.527). En este marco, la literatura muestra que pese a que la degradación ambiental que trae consigo la minería a gran escala afecta tanto a hombres como a mujeres que viven en las comunidades aledañas a la mina, estos cambios en el medio ambiente conllevan a una sobrecarga de trabajo para las mujeres (Jenkins, 2014, p.9). 9 El libro del Banco Mundial titulado “Gender dimensions of the extractive industries: mining for equity” señala que cuando las industrias extractivas contaminan el ambiente local, las mujeres y las niñas tienen más dificultades para recolectar agua o conseguir comida. Debido a esto, sus tareas diarias se complican, tomando más tiempo y esfuerzo, lo cual hace que tengan menos tiempo para otras actividades, como el trabajo remunerado o ir a la escuela. Además, la contaminación del agua hace que tareas como lavar la ropa o cocinar se vuelven más arduas, porque las fuentes de agua están contaminadas o porque pueden conllevar a problemas en la salud (Eftimi, A, Heller, K y Strongman, J, 2009,p.18). Las actividades extractivas, a su vez, privilegian la entrada de los hombres en el mercado laboral, dejando a las mujeres al margen de estos procesos (Eftimi, A, Heller, K y Strongman, J, 2009). De por sí, la minería, el gas y el petróleo no generan niveles altos de empleo en América Latina. Sin embargo, a nivel global las mujeres están menos presentes que los hombres en la fuerza de trabajo de la industria extractiva a nivel regional (De La Puente, 2017,p. 45). De La Puente (2017) señala que la distribución sexual del trabajo promueve la permanencia de las mujeres en roles de cuidado y soporte, expresados en el empleo indirecto de la actividad extractiva. En muchas comunidades campesinas rurales en el Perú, las mujeres no acceden a derechos sobre la tierra y la propiedad, tienen menores niveles de educación a comparación de los hombres, trabajan en sectores informales y cargan las responsabilidades del hogar (León, 2019, p.1373). Estos factores influyen en los trabajos a los que acceden las mujeres en contextos mineros. Por ello, son ellas quienes usualmente se quedan en el hogar y deben ocuparse de las tareas en el campo y en muchos casos de los problemas a la salud de los miembros de la familia, traídos por la actividad minera. (Eftimi, A, Heller, K y Strongman, J, 2009; Macdonald y Rowland, 2002). El estudio de caso de Fabiana Li (2009) en Cajamarca, da cuenta de esta situación, donde el desarrollo de la actividad minera ha dado mayores oportunidades laborales a los hombres. Frente a esto, las mujeres se quedan en las comunidades haciéndose cargo del cuidado del hogar y de las actividades productivas como la ganadería y la agricultura. Los trabajos ofrecidos por el sector minero son inestables, por lo que el trabajo de las mujeres en el campo se vuelve fundamental para la economía familiar. Por ejemplo, la venta de leche extraída por las mujeres brinda un ingreso fijo a la unidad doméstica (p, 100-101). 10 En contraste, el estudio de Verdú (2017) en la amazonía ecuatoriana muestra que se ha acentuado la dependencia económica de las mujeres con respecto a los hombres. Esto se debe a que las mujeres anteriormente se dedicaban a la agricultura, pero ya no lo pueden hacer por la escasa fertilidad de la tierra. Esto hace que dependan en mayor medida de los ingresos que proporcionen los hombres, quienes son los que consiguen empleo en la empresa minera (p,13). Ahora bien, un punto en común en las investigaciones de Li y Verdú, es que el impacto en el territorio tras el desarrollo de las operaciones mineras ha hecho que las actividades económicas diarias, como la agricultura y la ganadería sean menos productivas y más arduas para las mujeres, quienes se quedan en el campo cuando sus parejas se van. Asimismo, a medida que los hombres ganan trabajo en las minas, también dejan las actividades tradicionales de subsistencia a las que antes se dedicaban. Esto puede resultar en una sobrecarga de trabajo para las mujeres que se convierten en las únicas responsables de estas actividades (Oxfam, 2009, p.7). León (2019), analiza los impactos de los reasentamientos por parte de los proyectos mineros en Espinar y argumenta que los esquemas de compensación que se dan en estos contextos pueden proporcionar más educación u oportunidades para los jóvenes, pero además, amenazan la base de subsistencia de los ancianos menos educados y de las mujeres cuyas capacidades dependen en mayor medida de la agricultura y cuyas redes económicas y sociales son locales (p.1372) El autor plantea que esto contribuye a una feminización del campo en el que los hombres se mudan a las ciudades o pueblos para trabajar o realizar actividades urbanas y las mujeres se quedan manejando el activo más pobre disponible: la tierra (León, 2019, p.1373). La feminización del campo es un fenómeno global, ligado a la modernización de las economías del “sur global” en base a una industrialización subalterna. La minería a gran escala refuerza este fenómeno en sus áreas de afectación. Esta feminización del campo está presente en otros casos de estudio donde no necesariamente hay reasentamientos por parte de la empresa minera como en el caso estudiado por León (2019) y muestra los potentes efectos en términos de género que tiene la minería. Al igual que León (2019), Pérez, De La Puente y Ugarte (2019) señalan que las vidas de las mujeres que son madres y esposas en comunidades campesinas cerca al complejo minero Las Bambas ha cambiado desde la llegada de este. Su principal causa es la migración de sus parejas e hijos para ocupar puestos de trabajo en centros 11 urbanos mientras que las mujeres se encargan del hogar y la chacra (p,55). Las autoras argumentan que la llegada de la gran minería puede disminuir las oportunidades de mayor independencia económica de las mujeres al recrudecer los roles tradicionales de género y con ello las economías de cuidado que alimentan la provisión local de la gran minería (Pérez, De La Puente y Ugarte, 2019, p.75) En este sentido, plantean que el género acentúa esta inclusión o exclusión en las dinámicas laborales, esto se da no solo en la falta de sueldos dignos sino también debido a que no existen esfuerzos públicos ni privados para dar más oportunidades laborales o acceso a servicios sociales a las mujeres que viven en comunidades del área de influencia (Pérez, De La Puente y Ugarte, 2019, p.75) Además, según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos [OCHR] (2014), la migración laboral externa de hombres que traen las industrias extractivas está relacionada a casos de violencia sexual en las niñas como en mayores de edad. Muchas mujeres son víctimas tanto de violaciones como de trata con fines de prostitución. Por otro lado, está relacionado a un incremento en la ingesta de alcohol, violencia doméstica y enfermedades de transmisión sexual como VIH (Oxfam, 2009, p.7). A pesar de que los impactos de la minería no son neutrales al género, poca atención se ha prestado, desde la investigación académica, a las diferentes formas de resistencia o respuestas de las mujeres frente a estos impactos (Soria, 2017; Jenkins, 2017). Desde la ecología política feminista, se ha buscado enfatizar los roles activos de las mujeres como agentes políticos en las luchas mineras a lo largo del desarrollo histórico de la minería, oponiéndose a la explotación capitalista u ofreciendo importante apoyo a los movimientos de la clase trabajadora (Lahiri-Dutt, 2015,p.525). Sin embargo, es importante resaltar que las mujeres tienen diversas limitaciones para participar en espacios públicos, debido a que los hombres son usualmente los que tienen los títulos de los territorios, son ellos los que reciben compensaciones y negocian con las empresas (Eftimi, A, Heller, K y Strongman, J, 2009, p. 18) Resistencia de las mujeres en contextos mineros Para las mujeres en el Perú el no tener titularidad sobre la tierra, y el poco margen para ejercer su autoridad sobre el territorio en consecuencia, se hace un problema más grande cuando los impactos de la minería afectan la seguridad de 12 conseguir los alimentos1. Son los hombres los que usualmente tienen más legitimidad para negociar con las empresas. Además, las mujeres en muchos casos son excluidas de las asambleas comunales, mesas de negociación o juntas de usuarios. El no tener titularidad sobre la tierra permite y refuerza estas condiciones (Silva Santisteban, 2017, p.31). En los territorios de los pueblos indígenas con propiedad o posesión colectiva, las grandes decisiones sobre territorios son tomadas por apus o dirigentes los cuales son generalmente varones (Silva Santisteban, 2017, p. 32). En este marco, los acuerdos que se realizan entre empresa-comunidad tienden a ser considerados un mecanismo práctico para reconocer los derechos, necesidades y prioridades de las personas afectadas por la minería, para gestionar los impactos y garantizar que se compartan los beneficios derivados de la minería. Sin embargo, según la investigación de Keenan, Kemp y Ramsay (2016) en estos acuerdos la consideración del género a menudo está ausente lo cual exacerba aún más la desigualdad social, la marginación y la exclusión en las oportunidades de desarrollo de las mujeres (p.607). Asimismo, pese a que la desigualdad de género y la marginación de las mujeres se considera uno de los desafíos más persistentes para la perpetuación de la pobreza, no hay estrategias claras por parte de la industria minera para abordar la cuestión género, a pesar de ser un foco central en los debates sobre desarrollo (Kenan, Kemp y Ramsay, 2014, p.609). Las investigaciones latinoamericanas que han analizado las respuestas de las mujeres se enfocan en los casos en los que, frente a los impactos diferenciados en la vida cotidiana, las mujeres se organizan políticamente. Tal es el caso del Frente de Mujeres en Defensa de la Vida del Pangui en Ecuador el cual surgió ante la falta de mecanismos de consulta previa por parte de las industrias extractivas en la amazonía ecuatoriana y los impactos diferenciados en la vida de los comuneros. Esto también se presenta en la región cordillerana de Argentina, en la que las mujeres, a través de su participación en asambleas de vecinos autoconvocados defienden “la territorialidad como forma de vida” (Commeli, 2010). En México, María Belausteguigoitia (2011) señala que las mujeres indígenas y campesinas han sido históricamente vinculadas con la tierra en función de su cultura, 1 Según la Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) existen en el mundo 1600 millones de mujeres campesinas, pero solo el 2% de la tierra es propiedad de ellas y reciben sólo 1% del crédito. En el Perú, de acuerdo con el IV Censo Nacional Agropecuario del 2012, los hombres poseen 79% del total de la superficie agrícola del país, mientras que las mujeres tan solo el 21%. (INEI, 2012, como se citó en Silva Santisteban, 2017, p.31). 13 su cuerpo y la fertilidad, entre otros aspectos. La autora postula que esta vinculación entre cuerpo femenino y territorio en el discurso de las sociedades nacionales surge a partir de un proceso paulatino de empoderamiento por parte de las mujeres en el territorio. En este sentido, se transforma la relación de las mujeres con la tierra, pasando de la veneración y preservación por su cualidad compartida de fuente de nutriente, a una vinculación política, en la que las mujeres se vinculan con el territorio al luchar por sus derechos, tanto los de las tierras como los de ellas mismas. Esto se da ante y delante de los hombres quienes anteriormente no consideraban su participación pública como relevante y muchas veces las relegaba a la invisibilidad. Respecto al caso peruano, Silva Santisteban (2017) señala que las mujeres expresan una resistencia activa, diferentes casos tales como Valle del Tambo, Tacna, Moquegua y otros lugares demuestran esto (p,30). Por otro lado, el estudio de Jenkins (2015) da otras luces sobre la participación de las mujeres en contextos mineros en el Perú. La autora hace un estudio comparativo en Perú (Huancabamba) y Ecuador (Cuenca) y señala que las mujeres han cumplido un rol importante resistiendo a la minería. En ambos casos las mujeres en un inicio participaron con hombres en la resistencia de la industria extractiva, pero recientemente han ido formando grupos específicos de mujeres para coordinar las actividades e incrementar su visibilidad. Jenkins argumenta que las mujeres usan nociones esencialistas de la feminidad para enmarcar su resistencia anti-minera, lo cual también les sirve para legitimar su participación en el espacio político. Se utilizan 3 narrativas interconectadas para explicar el activismo femenino: 1) mujer y agua; 2) discursos relacionados a la conexión entre mujer y medio ambiente (Pachamama); y 3) el salvaguardo de los modos de vida para las generaciones futuras. Estas narrativas se interconectan por la percepción de las mujeres de una conexión natural a la tierra como madres y como mujeres. En este sentido es crucial la manera en que las mujeres han movilizado su sentido de identidad en circunstancias específicas (Jenkins, 2015). Sin embargo, este activismo no se traduce en movilizaciones de gran escala sino más bien se refleja en las experiencias cotidianas. Esta es parte de una lucha constante imbricada en el día a día, lo cual hace que los límites entre prácticas cotidianas y espacios de activismo se difuminan. Entre los tipos de acciones específicas que señala Jenkins se encuentran: no aceptar coimas o regalos de la empresa; revalorizar y promover métodos tradicionales de la agricultura para 14 oponerse al desarrollo que busca imponer la minera; y, resistir la ideas que los espacios andinos son espacios vacíos y listos para ser explotados, entre otros (Jenkins,2017). El aporte de Jenkins está en mirar más allá de los actos abiertos y públicos de resistencia(Jenkins, 2017,p.15). El estudio de Li (2009) también es importante en la literatura sobre la resistencia de las mujeres en contextos extractivos. A pesar de que reconocen que las mujeres cumplen un rol importante en la defensa de los recursos y modos de vida, muestra cómo, en un contexto como el de la minería en Cajamarca, la respuesta de las mujeres hacia la actividad minera con frecuencia están marcadas por la ambivalencia y la contradicción. De este modo, mientras luchan por negociar sus medios de subsistencia, sus relaciones con la compañía minera oscilan entre el antagonismo y la cooperación (p.98). El estudio de Li es clave ya que, aunque se ha prestado mucha atención a explicar el “por qué” de la participación de las mujeres en la resistencia, poco se sabe del "cómo". En efecto, lo que se ignora en los estudios, hasta ahora, es la forma en que las mujeres se involucran con el estado, las empresas mineras, hombres y entre sí, en sus luchas contra el desarrollo extractivo (Deonadan and Tatham, 2016). Estudios de género en Espinar Las investigaciones de Soria (2017) y Cuadros (2011) evidencian la situación de las mujeres en las comunidades aledañas a la mina en Espinar. El caso de Espinar es uno de los casos emblemáticos de movilización política, conflicto y negociación en contextos mineros en el Perú. A su vez, este caso ha llamado la atención debido a las diversas denuncias de los pobladores frente a la contaminación producida por la actividad minera en la provincia. Al igual que los estudios presentados previamente, Cuadros (2011) señala que a raíz de la expropiación de los terrenos a comunidades en Espinar para desarrollar actividades mineras, estas se dedicaron cada vez menos a las actividades agrícolas y ganaderas en las que mujeres y hombres tenían un rol complementario. Esto debido en parte a que, la empresa minera Tintaya asigna un número de puestos de trabajo por un periodo determinado a cada una de las comunidades campesinas aledañas a la minera. La autora señala que el hombre es el que tiene más oportunidades de trabajar en las empresas. Por ello, la mujer deben asumir las tareas del esposo en la 15 chacra, el cuidado de los cultivos, la confección de adobes y simultáneamente realizar sus tareas reproductivas y productivas, cuando la situación es inversa, es decir, cuando la mujer trabaja en la empresa, los hombres no asumen las tareas de la esposa. En este sentido, aumentan sus horas de trabajo y tienen que utilizar los días de descanso para hacer las cosas que no pudieron hacer porque estaba trabajando. Asimismo, las niñas comparten las tareas con las madres, por lo que esta sobrecarga de tareas afecta sus horas de estudio. (p.218) Cuadros afirma que en Espinar se ha dado un cambio en los roles de género y señala que la presencia de empresas mineras en poblaciones rurales trae como consecuencia mayores asimetrías y la profundización de brechas sociales, económicas y de género (Cuadros, 2011, p.236). Asimismo, señala que, en Espinar, debido a que las mujeres son mayoritariamente monolingües y en una gran cantidad de casos analfabetas funcionales, los hombres prefieren que ellas no participen en espacios comunales y públicos por vergüenza. La autora, además, postula que los varones consideran que estas no tienen la capacidad de pensar por cuenta propia y tomar decisiones. Esta situación se encuentra instalada en el sentido común, en este sentido, la participación de las mujeres en este tipo de espacios en general es mínima, excepto en programas sociales o en organizaciones específicas de mujeres como el vaso de leche o el comité de madres. En las asambleas, las mujeres casi no participan, esto en parte porque los varones se burlan de ellas cuando expresan su opinión en estas. Además, las mujeres señalan que ellas no saben expresarse bien por lo que no participaban, sin embargo, participar en talleres les había ayudado a vencer un poco el temor de expresarse en público. (Cuadros, 2011, p. 219) Por otro lado, en una investigación más reciente Soria (2017) señala que las mujeres del distrito de Espinar han tenido una participación activa en los espacios de toma de decisiones alrededor del proyecto. Esto se ve reflejado en la mayor presencia de mujeres campesinas en asambleas generales, así como el uso de la palabra en estas, así como en su mayor participación en espacios mixtos como la Mesa de Diálogo de Tintaya. Sin embargo, esto no significa que las mujeres no tengan que vencer muchas “resistencias “dentro de sus hogares y en las comunidades para poder acceder a estos espacios. Otro gran aporte es la investigación realizada por Derechos Humanos Sin Fronteras [DHSF] (2019) sobre la calidad de vida y la salud mental de las mujeres en las comunidades aledañas al proyecto minero tintaya - antapaccay. Los test 16 psicológicos aplicados por la ONG demuestran que existe un gran número de mujeres con depresión clínica (p,59). La investigación muestra la manera en que el proyecto minero Tintaya- Antapaccay ha reforzado la desintegración de la comunidad y señala que los impactos diferenciados del proyecto generan una serie de emociones negativas en las mujeres. Entre las emociones que se identifican como recurrentes se encuentran 1) la preocupación por sobrevivir debido a la contaminación del agua y aire en sus fuentes de vida 2) El miedo a padecer enfermedades, a las cuales las mujeres se encuentran más expuestas al quedarse en las comunidades y sientan más peso al ser responsables del bienestar familiar 3) La frustración por los ingresos económicos restringidos, dado que la ganadería y agricultura han sido afectados por la contaminación 4) La tristeza y la soledad por la ruptura de lazos familiares y comunales producto de la venta de terrenas 5) La indignación por el no cumplimiento de acuerdos por parte de la empresa minera, 6) La desconfianza dentro de las mismas comunidades y la división dentro de estas y 7) El menosprecio de la mujer por dejar valores a los esperados en las comunidades (DHSF,2019). Tomando en consideración los estudios presentados anteriormente, el objetivo de esta tesis es analizar, a través de un enfoque de género, cómo la actividad minera ha impactado la vida cotidiana de las y los comuneros de dos comunidades campesinas aledañas a las operaciones mineras en Espinar (CC. Huisa y Alto Huancané) y cómo es que estos responden y se involucran con el Estado y la empresa minera frente a estos cambios, más allá de los actos públicos de resistencias. 17 1.3. Objetivos de la investigación: Pregunta General: ¿Cuáles son las respuestas de las y los pobladores de las CC. Huisa y Alto Huancané en Espinar frente a los cambios generados por la actividad minera en su vida cotidiana? Objetivo General: ● Analizar las respuestas de los pobladores de las CC. Huisa y Alto Huancané en Espinar ante los cambios generados por la actividad minera en su vida cotidiana, a través de una perspectiva de género. Objetivos Específicos: ● Describir y analizar el impacto diferenciado por género de la minería en la vida cotidiana de los pobladores de las CC. Alto Huancané y Huisa. ● Identificar y analizar las prácticas adaptativas y de sobrevivencias de las y los comuneros ante estos contextos frente a los impactos de la actividad minera ● Analizar la resistencia de las y los comuneros ante los efectos de la actividad minera en sus comunidades, y la manera en que las prácticas y discursos de los representantes de la empresa minera y de los organismos estatales afectan esta resistencia 18 1.4. Metodología: La estrategia de investigación que se utilizó para llevar a cabo la investigación fue la del estudio de caso. Esta estrategia permite estudiar un fenómeno a profundidad y así descubrir los elementos que lo caracterizan (Della Porta, 2013, p.226). Este tipo de estudio explora las condiciones contextuales en las que se introduce un fenómeno y explica la manera en la que el fenómeno estudiado y el contexto se construyen de manera dialéctica (Yin, 2013, p.13) El estudio de caso de la presente investigación tiene un enfoque cualitativo. Este enfoque fue crucial para poder lograr los objetivos de la investigación ya que dio la posibilidad de conocer a las personas en sus contextos cotidianos y entender la situación en la que vivían (Della Porta, 2008, p.211). Asimismo, este enfoque permite conocer la manera en que un fenómeno es interpretado por quienes participan en él (Weiss, 1995, p.10). En este sentido, la aproximación cualitativa permitió comprender las maneras en las que las comunidades aledañas a la mina responden y se adaptan a estos contextos observando sus prácticas y analizando sus narrativas. Los instrumentos cualitativos que se utilizaron para recopilar información fueron los siguientes: entrevistas semiestructuradas, observación participante, grupos focales y conversaciones informales. Asimismo, se contó con un cuaderno de campo que permitió registrar lo que se escuchaba y observaba en el día a día, y significó un espacio narrativo para reflexionar en torno a ello. Se realizaron tres salidas al campo. La primera salida al campo se realizó en noviembre de 2017 y tuvo como objetivo entender la problemática en Espinar y definir el caso a estudiar. En este marco, se llevaron a cabo entrevistas a profundidad a líderes comunales de Alto Huancané y Huisa. La segunda salida al campo se realizó en enero del 2018 esta fue muy breve ya que tenía como propósito presentarme ante las comunidades y pedir permiso para realizar la investigación en septiembre del mismo año. Por ello, se logró acudir a una asamblea comunal en Alto Huancané dirigida a los jóvenes de la comunidad, con los cuales sostuve algunas conversaciones informales. Acudir a la asamblea de Huisa no fue posible por motivos de tiempo. En esta misma salida al campo, se acudió a la feria agropecuaria en el estado municipal de Espinar, en la cual se pudo observar el importante lugar que ocupa la ganadería en la provincia. 19 La tercera salida al campo se llevó a cabo en septiembre de 2018. Las entrevistas y conversaciones informales se realizaron tanto en las comunidades estudiadas como en los lugares de trabajo de las mujeres que han emigrado de las comunidades, como lo son los puestos en el mercado de Espinar. La estrategia que se utilizó para realizar las entrevistas fue la de ir casa por casa en ambas comunidades así como pedir recomendaciones de contactos a las personas que ya habían sido entrevistadas (técnica de de bola de nieve). A través de las recomendaciones de otras comuneras se llegó a conversar con las integrantes de la Asociación de Mujeres de Espinar y con dos comuneros de Bajo Huancané (otra comunidad aledaña a la mina). Asimismo, se llevaron a cabo dos grupos focales. Uno de estos se aplicó con las integrantes de la asociación de mujeres. Esta herramienta fue clave ya que permitió obtener las opiniones grupales de las mujeres de la asociación. Además, se realizó otro grupo focal con hombres de la comunidad de Alto Huancané, lo que permitió entender los temas que más les preocupaban. A pesar de querer realizar grupos focales en mujeres de la CC. Alto Huancané y de hombres y mujeres de la CC. Huisa esto no fue posible por motivos de tiempo de los pobladores. Con excepción de la hija de una comunera que tenía 26 años, todos los comuneros y comuneras2 de Alto Huancané y Huisa que fueron entrevistados se encuentran en el rango de edad de 30 a 75 años. Son ellos los que han percibido el cambio en sus comunidades a través de los años. Para salvaguardar la identidad de los entrevistados, en un contexto de continua criminalización, se han cambiado los nombres de todos y todas las entrevistadas, además se decidió no brindar datos que pudiesen identificar a los entrevistados, como la edad de estos o el sector donde viven. A continuación, presento una tabla que muestra el tipo de herramientas metodológicas utilizadas, el número de entrevistas, y el género y la comunidad de procedencia de los entrevistados. 2 Utilizamos la definición de "comuneros" de acuerdo con la Ley General de Comunidades Campesinas, Ley N° 24656, Artículo 5, "De los Comuneros", la cual establece que son considerados comuneros aquellos nacidos en la Comunidad, los hijos de comuneros y las personas integradas a la Comunidad. 20 Tabla 1: Fechas, herramientas metodológicas y entrevistas realizadas Fechas, herramientas metodológicas y entrevistas realizadas Fecha del trabajo de campo Tipos de herramientas metodológicas utilizadas Número de entrevistas Entrevistados según género y CC. u organización Primer campo (Noviembre del 2017) Entrevistas semi estructurada 5 CC. Alto Huancané - 4 Mujeres CC. Huisa - 1 Hombre Segundo campo (Enero del 2018) Observación participante Conversaciones informales - - Tercer campo (Setiembre del 2018) Entrevistas semi estructuradas 26 CC. Alto Huancané - 8 Mujeres - 4 Hombres CC. Huisa - 3 Hombres - 7 Mujeres CC. Bajo Huancané - 1 Mujer - 1 Hombre Asociación de Mujeres - 2 integrantes mujeres Grupos focales 2 - 4 integrantes de la asociación de Mujeres en defensa de la tierra y la cultura Kana - 4 comuneros de Alto Huancané Observación participante Conversaciones informales - - Fuente: Elaboración propia Para analizar la información se realizó la transcripción de las grabaciones de las entrevistas, las cuales fueron procesadas en la matriz de operacionalización del estudio. La sistematización de la información permitió analizar esta información y encontrar los patrones de similitud en las narrativas de las y los pobladores. 21 Además de esta información primaria se ha acudido a fuentes secundarias, que pudieran ayudar a entender el caso de Espinar. Asimismo se realizó la revisión de informes como el Informe Final Integrado de Monitoreo Sanitario Ambiental Participativo de la Provincia de Espinar, el Estudio de Línea de base en Salud a las poblaciones aledañas al Proyecto Minero Quechua, los CENSOS nacionales de 2007 y 2017 y los portales virtuales Red Muqui y CONVOCA, entre otros. 1.5. El caso de Espinar y la selección de comunidades a estudiar: A pesar de que existen once comunidades en las zonas de impacto directo de las operaciones del proyecto Antapaccay – Expansión Tintaya, las comunidades campesinas en las que se centra la presente investigación son las de Alto Huancané y Huisa. La historia de Alto Huancané y Huisa está permeada por los eventos que han pasado en la provincia. En este sentido haremos un breve recuento del caso de Espinar desde las primeras exploraciones mineras, para luego mostrar los criterios de la selección de comunidades. Finalmente, se presentan las características sociodemográficas de las comunidades antes mencionadas. El caso de Espinar: Espinar se ubica en la zona sur de la región Cusco, a unos 240 km de la capital de la región. Es parte de las estribaciones altiplánicas de la cordillera de Vilcanota y de la cadena de montañas del Huanzo. Los territorios de la provincia se encuentran en altitudes que varían entre los 3840 y 5170 msnm. Esta posee más de 70 lagunas. Espinar está conformado por ocho distritos: Espinar o Yauri (como le dicen los pobladores), Coporaque, Pichigua, Ocoruro, Pallpata, Condoroma, Suykutambo y Alto Pichigua (Municipalidad Provincial de Espinar, 2017). 22 Figura 1: Mapa de la provincia de Espinar y sus distritos Fuente: DIRESA CUSCO, Recuperado de: http://www.diresacusco.gob.pe/estaditica/modulo3/prov_dist.htm La provincia tiene una larga historia vinculada a la minería, las exploraciones mineras en esta se remontan a 1917. El potencial económico de la zona se encuentra en el distrito de Yauri, donde se ubican yacimientos de cobre y fierro. Las primeras acciones desarrolladas con relación a la operación minera Tintaya en la provincia cusqueña las realizó la empresa estadounidense Andes Exploration of Mine quien determinó la existencia de reservas en la comunidad de Antaycama. En 1952 la empresa Cerro de Pasco Corporation adquirió los derechos para continuar las exploraciones. Sin embargo, la explotación de recursos inició recién en 1971, cuando el gobierno de Velasco Alvarado dio a la empresa pública Minero Perú los derechos para explotar los depósitos de Tintaya. (Zeisser, 2015, p.13) Pese a esto, fue recién en 1980 que se constituyó la Empresa Estatal Minera Asociada Tintaya S.A. En 1981, la empresa estatal expropió 2368 hectáreas mediante una resolución dictatorial del MINEM. (Cuadros, 2011, p.212) Esta expropiación era http://www.diresacusco.gob.pe/estaditica/modulo3/prov_dist.htm http://www.diresacusco.gob.pe/estaditica/modulo3/prov_dist.htm http://www.diresacusco.gob.pe/estaditica/modulo3/prov_dist.htm http://www.diresacusco.gob.pe/estaditica/modulo3/prov_dist.htm http://www.diresacusco.gob.pe/estaditica/modulo3/prov_dist.htm 23 necesaria debido al tipo de minería que se iba a efectuar: minería a tajo abierto. Estas tierras fueron expropiadas de la comunidad campesina de Antaycama3 lo cual afectó principalmente al sector de Tintaya Marquiri. (Cuadros, 2011, p.212) La Empresa Minera Especial de Tintaya comenzó la producción en abril de 1985 y se convirtió en la tercera productora de cobre del Perú en la década de los ochenta. La puesta en marcha de la mina de Tintaya implicó que la provincia de Espinar se convirtiera en la zona minera de Cusco y una de las más importantes del país. (Zeisser, 2015, p.13) De manos públicas a manos privadas: La transferencia de la minera como empresa pública al sector privado se dio iniciada la década de 1990 bajo el impulso de las nuevas políticas y reformas liberales. La compra de la mina Tintaya por la empresa Magma Copper Company se dio en 1994 y el pago por la mina fue de US $276.8 millones. Dos años después Magma fue absorbido por el grupo australiano Broken Hill Proprietary (BHP) y este último se fusionó en 2001 con la empresa Billiton PLC de Inglaterra. Sin embargo, en 2006, luego de una toma de la mina en 2005 por los comuneros de la zona, la empresa fue vendida a la empresa suiza Xstrata Copper (Cuadros, 2011,p.212). En 2013, Glencore adquiere Xstrata formándose Glencore Xstrata PLC. Glencore es una empresa Suiza que opera en Espinar a través de la Compañía Minera Antapaccay S.A. En el 2012, luego de más de 30 años de explotación de cobre y otros metales, la mina Tintaya entró en fase de cierre operativo por el agotamiento de sus reservas en el tramo inicial Glencore puso en marcha un nuevo yacimiento: Antapaccay- Expansión Tintaya. Esta operación minera es aún más grande que la de Tintaya. (Red Sombra Observadores de Glencore, 2017, p. 98-100). El proyecto Antapaccay – Expansión Tintaya es un proyecto minero de extracción de cobre principalmente y en menor medida de plata y oro. Antapaccay se encuentra aproximadamente a 12 km al Oeste de la mina Tintaya. Las comunidades en el área de influencia directa del proyecto comprenden: Alto Huarca, Cala Cala, Huarca, Huisa, Huisa Collana, Anta Collana y Suero y Cama, y las asociaciones de productores independientes de la cuenca del Río Cañipia, y Tintaya Marquiri, Bajo Huancané, Alto Huancané y Huano Huano en la cuenca del río salado. 3 Hasta mediados de la década de 1980 las comunidades campesinas Tintaya Marquiri, Alto Huarca, Alto Huancane, Bajo Huancané y Huano Huano estaban agrupadas en una sola comunidad madre, la de Antaycama. 24 El proyecto minero tiene previsto expandirse aún más en la provincia de Espinar convirtiéndose en la mega –operación Antapaccay-Expansión Tintaya-Integración Coroccohuayco. Actualmente el proyecto “integración Coroccohuayco“ se encuentra en fase de exploración. La operación se desarrolla sobre territorios de las comunidades campesinas Huini Coroccohuayco, Pacopata y Huano Huano cuyas tierras serán compradas en la etapa de construcción (Golder Associates Perú 2010), 25 Fuente: Golder Associates Perú, 2010, p. 12. Desde el inicio de la explotación minera se fueron creando conjuntos de demandas que estuvieron a la base de conflictos importantes. Los temas centrales del conflicto han girado en torno a diversas exigencias de la población tanto urbana como rural en la provincia. Entre los problemas que resaltan están la falta de empleo por parte de la empresa hacia la población espinarense, las pocas obras de infraestructura y servicios básicos y los impactos de la contaminación en el territorio y la salud de los pobladores de la provincia. En este sentido, los pobladores de Espinar han negociado Figura 2: Mapa de comunidades en el área de influencia ambiental directa del proyecto Antapaccay 26 constantemente para que la minería se articule al desarrollo de la provincia (De Echave, 2009). Asimismo, las personas que viven en las comunidades aledañas a las operaciones de Tintaya y Antapaccay se han quejado de los efectos de esta en sus aguas y tierras. Es por ello que, desde el año 2002, las comunidades aledañas a la mina han demandado monitoreo de suelos y aguas. Por ejemplo, en los años 2002, 2005 y 2010, y en el marco de la Mesa de Diálogo entre la empresa Tintaya y seis comunidades aledañas a la mina se realizaron monitoreos participativos de agua y suelo con la finalidad de determinar si existía o no contaminación. Los resultados demostraron que existen puntos que sobrepasan los límites máximos permisibles de algunos parámetros analizados como por ejemplo, el selenio, el hierro, el cobre, el manganeso y el arsénico respecto al agua y al suelo. (CooperAcción et Al, 2016, p.10) Ahora bien, en el año 2010, la empresa privada Minera Quechua encargó al Centro Nacional de Salud Ocupacional y Protección al Medio Ambiente para la Salud (CENSOPAS) realizar un estudio de línea de base a las poblaciones aledañas al proyecto minero el cual se ubicaba en Espinar. El estudio se realizó en las comunidades de Huarca, Huisa Ccollana, Huisa, Hanccollahua, Huano – Huano, Paccopata y Jatarana. En este estudio se evaluó a 506 personas en la provincia de Espinar. Los resultados muestran que el 97.3% de las personas evaluadas tenían plomo en la sangre, 50.2% tenían cadmio, 45.6% tenían mercurio y 65.6% tenían arsénico. (Amnistía Internacional, 2017,p.34) Las muestras ambientales dan indicios de la existencia de arsénico, cadmio, plomo y mercurio en muestras del aire y agua para el consumo humano y suelo superficial.El estudio de línea de base también determinó que las muestras de agua evaluadas presentaron concentraciones mínimas en cadmio, cromo y plomo, encontrándose debajo de los límites de cuantificación del método de análisis del laboratorio y los estándares establecidos. (CENSOPAS et Al 2010, p.70) En 2012, se conocieron los resultados de este estudio. El estudio señaló la necesidad de realizar un monitoreo permanente en la población. La Municipalidad Provincial de Espinar, en este contexto, pidió el diálogo a Representantes del Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental – OEFA, el Ministerio de Energía y Minas, la Presidencia de Consejos de Ministros, el Ministerio del Ambiente y la Defensoría del Pueblo. (Zeisser, 2015, p.22). El 20 de abril del 2012, estos actores se reunieron y acordaron realizar estudios sobre la situación ambiental. Sin embargo, la 27 falta de soluciones inmediatas al problema hizo que el acuerdo no fuera bien recibido (Zeisser et Al, 2015, p.22). Esta fue una de las razones que llevó a un paro indefinido el 21 de mayo de 2012 convocado por el Frente Único de Defensa de los Intereses de Espinar- FUDIE el cual duró ocho días. La movilización dejó a dos pobladores muertos y muchos heridos, daños a la propiedad pública y privada, arrestos, dirigentes sociales criminalizados etc (Pinto, 2015, p.172). Evidencias de exposición a Metales Pesados en comuneros de Alto Huancané y Huisa: Tras las protestas del 2012 y a través de la instauración de la Mesa de Diálogo de la provincia de Espinar – MDE se llevó a cabo un monitoreo sanitario y ambiental participativo en la provincia. A través de este, en enero de 2013, CENSOPAS evaluó 180 muestras de orina de personas de las comunidades campesinas de Alto Huancané y Huisa. Estos estudios evaluaron 17 parámetros, sin embargo solo se informó de 6 parámetros a la población, los que figuran en el informe oficial. Los resultados evidenciaron la presencia de arsénico (100%), cadmio (90%), plomo (100%), manganeso (70%), mercurio (88%) y talio (100%). Asimismo, los límites permisibles han sido superados en 11 de los metales pesados y tres de los metales pesados analizados son considerados como agentes cancerígenos, por lo que existe la posibilidad de que la población monitoreada pueda padecer cáncer. El informe, además, señala que los resultados revelan riesgos para la población asociados con la ingesta de metales a través de agua y coinciden con las evaluaciones realizadas por la Dirección General de Salud Ambiental e Inocuidad Alimentaria (DIGESA) (CooperAcción et Al, 2016) Organización y demandas de Alto Huancané y Huisa Al conocer los resultados, la comunidad campesina de Huisa y tres organizaciones de las comunidades afectadas (La Asociación para la Defensa de Pacpacco Afectada por la Minería, el Comité de Usuarios de Agua Qquetara y el Frente de Defensa de regantes de la Microcuenca Cañipia) interpusieron una demanda de cumplimiento ante el Juzgado Mixto de Espinar en Cusco contra once 28 instituciones estatales que omitieron sus funciones al no velar por la salud de los pobladores afectados. La demanda exige el cumplimiento de las normas legales que obligaban a estos a atender la salud de la población. Los demandados son el Ministerio de Salud, de manera especial el Centro Nacional de Salud Ocupacional y Protección del Ambiente para la Salud (CENSOPAS), la Dirección Regional de Salud del Gobierno Regional (DIRESA) de Cusco, el Ministerio del Ambiente, Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental, el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (SENASA), la Autoridad Nacional del Agua (ANA) (SERVINDI, 2015). A través de la demanda se exige a las instituciones la declaratoria de emergencia sanitaria y ambiental en Espinar. Además, se solicita el cumplimiento de un programa de adecuación sanitaria y un plan de acción de atención inmediata para los afectados, entre otras exigencias. Asimismo, los representantes de las víctimas solicitaron a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que el Estado peruano brinde atención a las víctimas expuestas a metales en la provincia de Espinar y que se realicen exámenes epidemiológicos y toxicológicos a toda la población afectada. Asimismo, que el Estado asigne un presupuesto para los planes de atención integral a las víctimas con metales pesados y que se garantice un servicio de salud adecuado y bien implementado con personal técnico capaz. Además, se pidió que el Estado peruano deje de criminalizar a los dirigentes de las comunidades campesinas por protestar contra la contaminación ambiental. (Red Muqui, 2015) La defensa legal, el apoyo y el acompañamiento de los demandantes está a cargo de varias organizaciones entre las que destacan la Asociación por la Vida y la Dignidad Humana (Aporvidha), Derechos Humanos sin Fronteras (DHSF) de Cusco, el Instituto de Defensa Legal (IDL), CooperAcción, el Instituto de Defensa Legal del Ambiente y el Desarrollo Sostenible (IDLADS) y Solsticio de Lima (SERVINDI, 2015). Tras una larga batalla judicial, el 30 de diciembre de 2020, el poder judicial confirmó la sentencia contenida en la resolución N°61, de fecha 05 de diciembre de 2019 (Instituto de Defensa Legal, 2021). La sentencia establece que en el plazo de 90 días, diseñe e implemente una estrategia de salud pública de emergencia sanitaria, además, se exhorta a la Municipalidad Provincial de Espinar y al Gobierno Regional de Cusco que en coordinación con otros organismos estatales participen en acciones que permitan la protección de la salud de los pobladores de Yauri, Espinar. 29 Criterios para la selección de casos: Tomando en cuenta lo previamente expuesto, la investigación se centra en estas dos comunidades (Huisa y Alto Huancané), ya que a pesar de que se encuentran ubicadas en ríos distintos (Salado y Cañipia), en los pasados años han compartido una historia: tener confirmación por parte del Estado de que están expuestos a metales pesados y haber generado demandas para reclamar al Estado. Debido a que, además de analizar los impactos diferenciados de la actividad minera en las mujeres, la investigación busca analizar las respuestas políticas de estas, se decidió situar la investigación en comunidades donde había, en los últimos años, algún grado de movilización política. A continuación se presentarán las características sociodemográficas de las comunidades campesinas a estudiar. Características sociodemográficas de las comunidades campesinas a estudiar: Las comunidades de Alto Huancané y Huisa se encuentran ubicadas entre los ríos Salado y Cañipia y a pocos metros de las operaciones del proyecto minero Antapaccay. 30 Figura 3: Mapa del proyecto minero Antapaccay Fuente: Convoca, 2015 Figura 4: Ubicación de proyecto minero Antapaccay-Expansión Tintaya Fuente: Convoca, 2015 Alto Huancané fue reconocida como comunidad campesina el 22 de junio de 1990, luego de haberse separado de la comunidad madre Antaycama. La comunidad está dividida en 11 sectores que ocupan un total de 2921 hectáreas. Asimismo limita con otras 5 comunidades y la compañía minera Antapaccay (Solano del Castillo, 2017, 31 p.5). El número de personas que vive en la comunidad permanentemente es menor a sesenta y están conformados por individuos o parejas de alrededor de cincuenta años. Sin embargo, los comuneros más jóvenes visitan regularmente o ven en la comunidad de acuerdo al ciclo agropecuario y laboral para asistir a sus padres o abuelos (Solano del Castillo, 2017, p.5). Alto Huancané pertenece a la cuenca del río Salado y se ubica entre las microcuencas de las quebradas de Camaccmayo y Tintaya (Solano del Castillo, 2017) Además, está en el área de influencia directa del proyecto Tintaya-Antappacay. En las zonas cercanas al río Tintaya se encuentran la planta de óxidos, la planta de sulfuros, el tajo abierto y el botadero de la mina y en el Río Camaccmayo se ubica la presa de relaves. La empresa además gestiona los caudales del río tintaya a través de un sistema propio de control de aguas (IICA - FonDG,
 como se citó en Soria, 2017, p.51). La comunidad campesina de Huisa está dividida en tres sectores los cuales están distribuidos en las 3.000 hectáreas de la comunidad. La comunidad tiene 75 empadronados, 425 habitantes y 381 viviendas. Esta comunidad pertenece a la cuenca del río Cañipia. No cuenta con servicios de agua potable, servicios higiénicos ni posta de salud. Sin embargo, cuenta con un local comunal, una iglesia y una escuela primaria. La comunidad fue incorporada a las Mesas de Diálogo en el año 2006. (IICA - FonDG,
 como se citó en Soria 2017, p. 51) La comunidad limita con las comunidades de Huisa Collana y Alto Huarca. Huisa y está en el área de influencia directa del proyecto Tintaya - expansión Antapaccay. En las zonas cercanas al río cañipia se encuentran no solo las instalaciones de la mina Antapaccay (que cuenta con dos botaderos, dos tajos abiertos y una planta concentradora) sino también la relavera Huinipampa. Asimismo, se prevé que en sus tierras se desarrollará el proyecto minero de la empresa suiza “integración Coroccohuayco” (IICA - FonDG,
 como se citó en Soria 2017, p. 51). 32 1.6. Marco conceptual: Para analizar las diversas respuestas de las mujeres de las comunidades campesinas Alto Huancané y Huisa frente a la actividad minera en Espinar ha sido necesario partir de diferentes enfoques analíticos. En primer lugar, partimos del concepto “violencia lenta”, planteado por Nixon (2011), el cual permite analizar el proceso en el que se da la contaminación y degradación ambiental poniendo énfasis en la variable tiempo. Este foco permite hacer visible la normalización del cambio y la confusión respecto a las fuentes de contaminación. Interrelacionado a este concepto se encuentra el de sufrimiento ambiental. El marco analítico del sufrimiento ambiental, nos permite analizar esos discursos o contextos que se relacionan y dan forma al sufrimiento de los y las pobladoras en Espinar, a través de un análisis que también toma “el tiempo” como variable clave. Este enfoque permite analizar esos espacios “grises” encontrados empíricamente como las ambivalencias, la resignación y la inacción. El tiempo se analiza en dos instancias: 1) el tiempo de exposición a la contaminación (violencia lenta) y (2) el tiempo de “espera” a la cual están sometidos los y las campesinas para encontrar respuestas por parte de grupos de poder, como el Estado y la compañía minera. Finalmente, el género es una variable crítica y transversal a esta investigación, este marco permite subrayar cómo influye el ser mujer en cómo se vive este sufrimiento. 1.6.1. Violencia Lenta Los estudios sobre violencia en las ciencias sociales usualmente han estado ligados a temas como la guerra, el terrorismo, la “limpieza étnica”, la violencia doméstica y los crímenes de odio (Walby, 2012, p.2). De este modo, normalmente concebimos la violencia como un evento o acción inmediata en el tiempo, y debido a su carácter explosivo y espectacular lo percibimos como altamente visible (Nixon, 2011). Sin embargo, esta definición de violencia excluye otros tipos de violencia, por ello, algunos teóricos han buscado extender el concepto. Galtung (1969) acuña el concepto “violencia estructural” y señala que "la violencia está presente cuando los 33 seres humanos están influenciados por ella y esto lleva a que sus realizaciones somáticas y mentales reales estén por debajo de sus realizaciones potenciales" (p.168). En términos más simples la violencia para Galtung es lo que hace que las personas estén menos “bien” de lo que podrían estar. (Vorobej, 2008, p.85) Siguiendo esta línea, la violencia estructural ocurre cuando, por ejemplo, diferentes individuos en una sociedad tienen oportunidades de vida desiguales pero no hay un agente claramente identificable responsable de esto. Así el hecho de que un grupo étnico tenga menos esperanza de vida que otro grupo se considera violencia estructural. Este tipo de violencia difiere de aquella que es inmediata o personal ya que es silenciosa y no se percibe con facilidad. Debido a esta “normalización” de la violencia se hace imperativo nombrar la violencia estructural como un tipo de violencia que puede ser evitable (Galtung, 1969, p.173). Weigert (1999) coincide con Galtung, y define la violencia estructural como el daño potencialmente evitable, el cual se explica a partir de estructuras sociales que producen distribuciones desiguales de poder y recursos y en los cuales no hay un actor identificable. En este sentido, el daño se hace más que nada a la satisfacción de las necesidades básicas de las personas. Nixon (2011), coincide con los teóricos de la violencia estructural al subrayar que ciertas formas de violencia son imperceptibles, sin embargo, critica el hecho de que la violencia estructural sea vista como estática en el tiempo. El autor busca entender otras formas en las que ocurre la violencia y por ello desarrolla el concepto de “violencia lenta”. El autor pone en primer plano las cuestiones del tiempo, el movimiento y el cambio (Nixon, 2011, p.10). Para Nixon, el tiempo afecta la manera en la que percibimos y respondemos a la violencia por lo que es necesario repensar los supuestos que se tienen sobre esta para poder incluir, en su definición, aquella violencia que no es espectacular ni instantánea (Nixon, 2011, p.3). El autor define la violencia lenta como una violencia que se produce gradualmente y fuera de la vista, por lo que implica una destrucción tardía y dispersa en el tiempo y en el espacio. Esta es incremental y sus repercusiones se reproducen en un rango temporal. En este sentido, este tipo de violencia hace que las condiciones de vida se vuelvan crecientemente pero gradualmente degradadas (Nixon, 2011, p. 3) El concepto de Nixon es especialmente relevante en contextos en los que hay desastres ambientales y en el que las consecuencias se esparcen en el tiempo. Es por ello que los casos que el autor estudia son casos de degradación 34 ambiental como por ejemplo la erosión del suelo y la deforestación en Kenya. El autor se refiere a esta violencia como “violencia ambiental lenta”. Rice (2016) señala que el concepto de Nixon tiene tres características esenciales las cuales son la aparición incremental, límites ambiguos y la falta de importancia. La aparición incremental o “incremental onset” hace referencia a la distancia temporal o la brecha entre la exposición y la expresión de las consecuencias adversas, así como el ritmo de cambio. Esto permite la normalización del cambio incremental y la confusión de las relaciones de causa y efectos (p.177). Asimismo, la violencia ambiental lenta puede ser difícil de identificar claramente en términos geográficos y biofísicos por lo que los límites pueden ser ambiguos. Muchas veces cuando hay, por ejemplo, contaminación ambiental, es difícil diagnosticar quienes han estado expuestos (Rice, 2016, p.178). Por último, debido a este “incremental onset” y a los límites ambiguos entre aquellos afectados y aquellos que no, la violencia lenta se hace poco visible, por lo que se vuelve un reto tratar de visibilizarla (Rice 2016, p. 179). Ahora bien, el autor no solo explica lo qué es la violencia lenta sino que profundiza en el segmento de la población que es afectada por esta. Para Nixon, las personas que carecen de recursos son las principales víctimas de la violencia lenta. Nixon argumenta, partiendo de lo señalado Kevin Bale, quien argumenta que algunos ecosistemas son tratados como desechables por el turbo capitalismo, postula que las personas que viven en estos ecosistemas son tratadas como personas desechables o “disposable people” (Nixon, 2011, p.4). Nixon señala que en estos ambientes poco habitables, usualmente hay un desplazamiento sin movimiento, con esto el autor no se refiere a las reubicaciones voluntarias o involuntarias sino a la pérdida de la tierra y los recursos de los que las personas viven, dejando comunidades abandonadas en un lugar desprovisto de las características que lo hicieron habitable (Nixon, 2011, p.17). Nixon señala que para identificar la violencia lenta es necesario involucrarnos en los desafíos representativos, narrativos y estratégicos que plantea la relativa invisibilidad de la violencia lenta. Tales desafíos son críticos pero poco examinados cuando se trata de métodos etnográficos. El libro de Nixon, se basa en textos literarios y conceptos claves de violencia estructural que no provienen de un trabajo de campo. Para Vorbrugg (2019), el desafío es poder desarrollar estrategias representativas que 35 hagan de este tipo de violencia uno más visible tratando de evitar estereotipar y victimizar a los actores (p.6). Vorburgg (2019) plantea que es importante abordar la violencia lenta como un problema a trabajar y no solamente a “encontrar” al aplicar el concepto. En el campo podemos encontrarnos con una desposesión dispersa, no espectacular. Esta implica formas de violencia y sufrimiento que a veces no parecen obvias a los ojos del etnógrafo (p. 3). En el estudio de Vorbugg, los campesinos de la Rusia post-soviética utilizaron las ruinas como “bisagras temporales”. Estos dispositivos heurísticos nos permiten conectar fenómenos a través del tiempo, crear vínculos con un pasado desaparecido que sigue siendo relevante y mapear paisajes complejos. Los campesinos emplearon la “pluritemporalidad de la ruina” para abordar la pluritemporalidad que es parte de la violencia lenta. Las ruinas, en este caso particular, se utilizaron como símbolos de ausencia. Los habitantes detallaron la desintegración de los sistemas de riego, establos y edificios como infraestructuras que habían sido fundamentales para una variedad de actividades productivas y reproductivas. Su desintegración estaba directamente relacionada con la forma en que los habitantes rurales fueron descartados como ciudadanos, trabajadores y seres sociales (Vorbrugg, 2019, p.11-12). En este sentido, las ruinas son símbolos de las conectividades con historias que influyen en el presente pero pueden escapar del escrutinio. Señalan lo que desapareció y lo que persistió, la continuidad y la ruptura. A través de las ruinas se teorizan las circunstancias que habitan. Este tipo de figuras de pensamiento pueden ser aprovechadas por las etnografías de violencia lenta para aprender a pensar, para dar sentido a las temporalidades complejas, las calamidades prolongadas y los legados de los que las personas encuentran difíciles de desenredar (Vorbrugg, 2019, p.12). Vorbugg postula que las etnografías en plural pueden y deben desafiar y animar debates más amplios sobre la violencia lenta. Esto supone reconocer a los sujetos etnográficos no sólo como portadores de experiencias particulares, sino también como productores de contra-conocimientos. Es decir, poseedores de figuras de pensamiento alternativos que pueden desafiar los regímenes de representación y verificación. Un ejemplo de esto son las ruinas como dispositivos heurísticos que capturan temporalidades complejas. Es importante, en la etnografía de la violencia pensar con tales símbolos y teorías para darle sentidos a las temporalidades 36 complejas. A través del trabajo de campo realizado se ha buscado poner en el centro a los sujetos etnográficos así como retratar aquellas dispositivos heurísticos, en términos de Vorbrugg, que remiten a la violencia lenta, prestando atención a las narrativas de los cementerios de ganado, el pasto que ya no es verde, los manantiales que desaparecen entre otros que iremos desarrollando a través de los capítulos. El testimonio de una de las entrevistadas en Espinar señala lo siguiente: “la empresa nos está matando paulatinamente nuestra vida. Ya nuestro padres, hijos, animales, estamos muy graves de salud” (Vilma, CC. Alto Huancané). Los cambios traídos por la empresa no se han dado de un día para el otro. Las muertes de los animales, la contaminación de las fuentes de agua y el territorio y las afectaciones a la salud se han dispersado a través del tiempo. El concepto teórico “violencia lenta” nos ayuda a interpretar estos cambios que atentan contra los medios y modos de vida de los pobladores y constituyen una violencia que debe ser visibilizada en toda su extensión y complejidad. En este sentido, al retratar los impactos y los cambios de la megaminería en las comunidades campesinas de Alto Huancané y Huisa intentaremos subrayar y visibilizar la violencia extendida en el tiempo, así como retratar el impacto diferenciado que esta violencia tiene en las mujeres. 1.6.2. Sufrimiento Ambiental La literatura académica que se ha dedicado a ver temas de contaminación y justicia ambiental ha hecho énfasis en los casos en los que hay un consenso sobre el problema ambiental y la solución de la contaminación seguida por la acción colectiva de la población afectada. En esta línea de pensamiento destaca el trabajo de Joan Martínez Alier y Ramachudra Guha (2009), quienes plantean el “ecologismo de los pobres” o “ecologismo popular”. Los autores argumentan que en los países pobres hay un ecologismo (histórico y actual) construido desde abajo, que busca la conservación del acceso a los recursos naturales. Frente al modelo económico neoliberal, el cual acentúa la presión sobre los recursos y desencadena procesos de degradación ambiental severos, las comunidades afectadas han tomado conciencia de los perjuicios que estos daños ambientales ocasionan y en consecuencia se están organizando y movilizando para defender el medio ambiente (Martínez Alier, 1998, p.21) La tesis del ecologismo de los pobres, se basa en la premisa que la defensa del medio ambiental no siempre está impulsada o motivada por ideas o abstracciones sino 37 que procede de situaciones concretas como la explotación de los recursos naturales y los contextos de degradación y crisis ambiental, en el cual diversos grupos sociales ven amenazado el acceso a los recursos necesarios para su subsistencia, por lo que se oponen, de diversas maneras, a la explotación mercantil de la naturaleza (Folchi, 2001,p.80; Mc Dermott, 2010, p.128). Esta corriente pone énfasis en las experiencias de resistencia popular e indígena contra el avance de las actividades extractivas de empresas multinacionales y resalta cómo en estas resistencias que van en contra del capitalismo, muchas veces las mujeres son las que están delante de estas luchas (Martinez Alier 2005). A diferencia de esta corriente, Auyero y Switsum (2008) indagan en un caso en el que la movilización ha sido escasa a pesar de que el contexto haría esperar una clara determinación de quién o qué es el causante concreto del problema al que se está expuesto. Los autores acuñan el concepto de sufrimiento ambiental a partir de la etnografía realizada en Villa Inflamable, que se encuentra adyacente al polo petroquímico Docksud, a las afueras de Buenos Aires, Argentina. El suelo, el aire y los cursos de agua de ésta están altamente contaminados con plomo, cromo, benceno y otros químicos y son cinco mil los habitantes afectados por las desgracias ambientales, económicas y políticas. Muchos de los habitantes de Inflamable tienen un considerable conocimiento sobre la contaminación. Sin embargo, interpretan esta información de manera diferente y en algunos casos contradictoria (p.26). Los autores recurren a un marco analítico alternativo en el que estos espacios grises, que normalmente son ignorados, como el error, la confusión y la contradicción son puestos en el centro del análisis. Esto permite a los autores estudiar la manera en la que se reproduce la incertidumbre, los malos entendidos, la división y la inacción. El sufrimiento ambiental es definido por Auyero y Switsun (2008) como el estudio de las experiencias y los sentidos atribuidos al sufrimiento. Es un análisis de las voces de quienes padecen, pero también de las narrativas que circulan alrededor de las vidas de quienes lo padecen, es decir, de todos los intentos de darle sentido a este sufrimiento y de las apropiaciones y reconocimientos que son actos profundamente políticos. Los autores plantean que quienes sufren no experimentan su situación aisladamente sino en contextos relacionales y discursivos determinados. Estos dan forma a cómo los actores viven y entienden su dolor (p.37). Se describe el sufrimiento ambiental como “una forma particular de sufrimiento social causado por 38 las acciones contaminantes concretas de actores específicos y en los universos interactivos y discursivos específicos que le dan forma a la experiencia de este sufrimiento” (p.38), En inflamable, los pobladores niegan el riesgo, sienten que la culpa de los problemas de salud los tienen otros miembros de la comunidad por su estrato socioeconómico, entre otros. Para entender las contradicciones en los discursos y la inmovilización de la población local, los autores analizan la experiencia subjetiva del tiempo. El caso de Inflamable tiene una particularidad, la degradación ambiental, no ha sido impuesta de un día para el otro. La contaminación ha sido incubada lentamente desde que el polo y la comunidad existen, digamos que no hay un momento en la historia donde las cosas hayan tomado un giro radical, lo cual ha influido en la habituación y normalización de esta (Auyero y Swistun, 2008, p.83). Este aspecto desarrollado por los autores se relaciona con la teoría de la violencia lenta, pero se enfoca en la manera en que este proceso lento y confuso causa una reacción tardía en los pobladores, influye en la inacción, la negación, confusión y la incertidumbre sobre las fuentes de contaminación. El tiempo también trabaja contra los residentes de Inflamable a través de sus orientaciones futuras. Auyero y Switsum argumentan que los habitantes de inflamable están dominados por las sospechas sobre las acciones de las empresas, por las incertidumbres respecto de la nunca realizada, pero siempre inminente acción de las autoridades locales y una constante espera (p.130). La espera de los vecinos a que los hospitales lleven medicina, las autoridades los relocalicen, los abogados lleven novedades, lleva a que los habitantes experimenten la sumisión a una realidad que los abruma (p.167). La dominación funciona, según los autores, mediante el sometimiento al poder de los otros (abogados, jueces funcionarios) y se experimenta como un tiempo de espera: esperando en una permanente y rápida sucesión de esperanza y desaliento para que otros tomen decisiones sobre sus vidas y se rindan, a la autoridad de los otros. Así, los autores plantean que en Inflamable los residentes perciben en gran medida su realidad contaminada a través de las "categorías de los dominantes" a causa de una espera y confusión que parte de las acciones e inacciones llevadas a cabo por actores económicos, legales, estatales y civiles. 39 Singer (2011) plantea que en casos de sufrimiento ambiental no siempre hay una incertidumbre tóxica, es decir no siempre hay dudas sobre si hay o no hay contaminación como se plantea en el caso de inflamable. En el caso que estudia el autor las personas se sienten seguras de que el medio ambiente no es saludable, y señalan a las grandes compañía como las principales causantes de su sufrimiento ambiental, sin embargo, creen que no hay mucho que puedan hacer al respecto dado su estado socioeconómico y la falta de respuesta del gobierno local o estatal a esto le denomina frustración tóxica (Singer, 2011, p.158) Además, la frustración tóxica no existe aislada de otros aspectos de la experiencia social, sino que es un componente de un sentido más amplio y profundo de desilusión duradera, daño social y marginación política- económica, un patrón que Auyero y Swistun también describen en Inflamable. En la misma línea, Castillo-Gallardo (2016) hace énfasis en cómo la desigualdad influye en el sufrimiento ambiental. Argumenta que vivir en un ambiente libre de contaminación es un bien que se encuentra distribuido desigualmente en las sociedades. La pertenencia étnica/racial, de clase, género, y territorial influyen en que los sujetos se vean expuestos a vivir en un territorio ambientalmente degradado y con altos niveles de contaminación. Este es un eje que ha sido trabajado por los autores que ven temas relacionados al racismo y a la justicia ambiental (Checker, 2005; Cole, 2005; Harvey, 1996; Smith, 2008; Müller y Clayton, 2013). Castillo-Gallardo, en este sentido, resalta el hecho que las variables que determinan que las personas vivan en estos territorios (desigualdades) influyen en que existan nuevas formas de victimización en el marco de la exposición, como por ejemplo, malos tratos en el sistema de salud, invisibilidad de demandas en el espacio público, soluciones eficientes al problema de la contaminación, reubicaciones no consensuadas entre otras. lo cual contribuye al sufrimiento ambiental (Castillo-Gallardo, 2016, p.91). Castillo-Gallardo argumenta que los niveles de información desigual y contradictoria a la que están expuestos los habitantes acrecienta su vulnerabilidad. Esto hace que los habitantes se vuelvan depositarios de la acción de un Estado que los mantiene en una permanente espera. El conocimiento de los expertos se vuelve central en el sentido en que la voz de los actores locales se vuelve relevante en tanto exista una institucionalidad, por ejemplo pruebas médicas, que ratifique la veracidad y pertinencia de sus reclamos (Castillo-Gallardo, 2016, p. 103). En estos contextos, 40 una de las vías para ser escuchados y lograr cambios ha sido la vía judicial, sin embargo, el escaso éxito de las acciones judiciales lleva a la desesperanza y/o la acción individual lo cual impacta en el sufrimiento de los habitantes. Las pruebas médicas, los procesos judiciales determinan quienes son los actores autorizados y legítimos para hablar en estos contextos, enfatizando la desigualdad que sufren los habitantes. Los habitantes deben disputar su visibilidad desde un lugar invisible, la experiencia violenta de vivir en un ambiente degradado se agudiza con la intersección de ejes de desigualdad (Castillo-Gallardo, 2016, p.110). Sarlingo (2013), a través de este marco de análisis, hace énfasis en la “habituación” del no saber en contextos de sufrimiento ambiental, el autor hace énfasis en la confusión que genera no solo la experimentación de los cambios en la cotidianidad sino la inacción estatal y las contradicciones, demoras, e indecisiones de los funcionarios responsables de la política ambiental. En este sentido, Sarlingo concuerda con Auyero y Switsum en que entre el ambiente contaminado y la experiencia subjetiva y colectiva de la cotidianidad envenenada se encuentran diversas mediaciones. Así, el autor postula que esta experiencia está moldeada por las prácticas y discursos de muchos sujetos, que dan forma a lo que se conoce y cómo se interpreta, esto influye en la manera en que diferentes grupos de personas encuadran una realidad confusa, decepcionante, amenazante y no deseada. Esto también puede influir en la inacción o en el sentimiento de que no puede hacerse nada al respecto. Sarlingo enfatiza en que estas experiencias están “activamente creadas por la posición de los sujetos en lo cotidiano, en las redes de negociación de su realidad frente a poderes y a actores de otro nivel y por lo tanto, no son fijas, sino que pueden transformarse” (p.170). Otra investigación que aporta a la discusión sobre sufrimiento ambiental es la de Olmedo y León (2016) El caso de Nonogasta en Chile, muestra como la contaminación ambiental y sus efectos en la vida de los habitantes no genera reacciones en la comunidad, sino más bien una silenciosa habituación a esta. Pone en relieve cómo el silencio de la comunidad local frente a los impactos medioambientales del curtido industrial de cueros tiene que ver con una estrategia de sobrevivencia. Los autores analizan las tramas de poder que limitan sus posibilidades de negociación con actores poderosos como la justicia o el Estado. Los familiares y amigos dependen de los empleos de la industria lo cual los obliga a asumir un pacto 41 de silencio. Parte de este silencio tiene que ver con la sensación de que “todo se escapa de control” (Olmedo y León, 2016, p.59). De esta forma se naturalizan situaciones de sufrimiento. Así como Schell en inflamable, el curtido industrial en nonogasta tiene un impacto directo en el padecimiento de los pobladores. El aporte de este texto, para la discusión sobre el sufrimiento ambiental y esta tesis en particular, es