PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL PERÚ FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES Agrobiodiversidad y Agricultura Familiar en el distrito de Quisqui, Huánuco Tesis para optar el título de licenciada en Antropología Adriana Melgar Gómez Asesor: Alejandro Diez Hurtado Noviembre, 2018 2 RESUMEN Tomando como marco la declaración de la primera Zona de Agrobiodiversidad del país en dos comunidades del distrito de Quisqui: San Pedro de Cani y Tres de Mayo de Huayllacayán, esta investigación busca explorar la tensión entre la agrobiodiversidad conceptualizada desde un enfoque teórico y la forma de experimentarla y aprovecharla desde la práctica de las familias agricultoras. A partir de enfocarme en los nuevos procesos de cambios y transformaciones que caracterizan a la sociedad rural contemporánea, busco trascender las miradas parciales de los proyectos de conservación de la agrobiodiversidad, que larga data tienen en el distrito Quisqui, y explorar las nuevas oportunidades y trayectorias familiares que muchas veces exceden el ámbito de la agrobiodiversidad, así como las narrativas y distintas formas de valoración que se generan alrededor de la misma. Este tipo de intervenciones, al no ubicar a las familias dentro de un contexto mayor, terminan por reducir el espacio rural únicamente al ámbito de la conservación y contribuyen así a crear una narrativa romántica y despolitizada de la situación de las familias rurales de la zona. 3 ÍNDICE INTRODUCCIÓN ....................................................................................................... 5 1. APROXIMACIONES TEÓRICAS: AGROBIODIVERSIDAD Y AGRICULTURA FAMILIAR ................................................................................................................ 10 1.1 Estado de la cuestión ............................................................................................. 11 La agrobiodiversidad desde la antropología ................................................................ 11 Agrobiodiversidad y productores ................................................................................. 23 1.2 Marco Teórico .......................................................................................................... 25 Agrobiodiversidad........................................................................................................ 26 Agricultura Familiar ..................................................................................................... 28 Estrategias Familiares ................................................................................................. 32 Balance ....................................................................................................................... 35 1.3 Lugar de estudio: San Pedro de Cani y Tres de Mayo de Huayllacayán ............. 36 2. PROYECTOS Y DISCURSOS DE AGROBIODIVERSIDAD ............................ 44 2.1 Historia de la conservación de la agrobiodiversidad ........................................... 44 2.1.1 Constitución de los discursos técnicos de la conservación ................................. 47 2.2 Perú: Promoción de la diversidad .......................................................................... 50 2.2.1 Fortalecimiento de la conservación de la agrobiodiversidad ............................... 52 2.2.2 Los proyectos en el distrito de Quisqui ............................................................... 54 2.2.3 Las Zonas de Agrobiodiversidad ........................................................................ 61 2.3 Agricultura Familiar y Agrobiodiversidad ............................................................. 63 3. AGRICULTURA Y ESTRATEGIAS FAMILIARES EN EL DISTRITO DE QUISQUI .................................................................................................................. 65 3.1 Caracterización de la Agricultura Familiar ............................................................ 65 3.2 Características productivas ................................................................................... 67 3.3 Contexto externo y principales problemas ........................................................... 71 3.4 Familias productoras .............................................................................................. 75 3.5 Estrategias familiares: más allá de la agrobiodiversidad ..................................... 86 3.6 Balance .................................................................................................................... 92 Tendencias generales ................................................................................................. 98 Los proyectos ............................................................................................................ 101 4. NARRATIVAS Y VALORES DE LA AGROBIODIVERISDAD ....................... 106 4 4.1 Narrativas locales y formas de valoración de la agrobiodiversidad .................. 106 4.1.1 Coincidencias y semejanzas ............................................................................ 117 4.1.2 Tensiones y encuentros ................................................................................... 118 4.2 Desafíos del discurso de la conservación........................................................... 121 4.3 Balance .................................................................................................................. 123 5. CONCLUSIONES ........................................................................................... 125 6. BIBLIOGRAFÍA .............................................................................................. 133 7. ANEXOS ......................................................................................................... 143 5 INTRODUCCIÓN Esta tesis trata sobre el contraste entre la agrobiodiversidad conceptualizada desde una enfoque teórico y la que se promueve desde la práctica de las familias agricultoras. En la última década, la diversidad de la agricultura se ha convertido en un tema que ha captado la atención de los gobiernos y organismos internacionales. Fenómenos globales como el cambio climático, la instauración de un sistema agrícola industrial y la sobreexplotación de los recursos naturales han acentuado la paulatina pérdida de esta diversidad. En un contexto en el que el crecimiento poblacional, la urbanización y el aumento de los ingresos incrementan considerablemente la demanda de alimentos, el depender de pocas variedades acarrea serios problemas para el logro de la seguridad alimentaria del planeta (FAO, 2017). Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), de los 30 cultivos principales sobre los que se basa la seguridad alimentaria del planeta, solo cuatro: arroz, trigo, maíz y papa, constituyen el 60% del aporte calórico a la dieta. En este contexto, la conservación de la agrobiodiversidad se vuelve un fenómeno global que requiere una atención prioritaria. Particularmente en nuestro país, la discusión en materia de agrobiodiversidad se enmarca en un proceso mayor de revalorización de la diversidad que inició en la década del noventa (Oliart, 2004) y sentó las bases para la consolidación de un discurso nacional que se reconoce y celebra como país mega diverso 1 . Específicamente en el aspecto agrícola, Perú es un reconocido centro de origen y diversificación de cultivos importantes para la alimentación y la agricultura a nivel mundial (Ruiz, 2009). Por ello, no ha sido ajeno a las diversas iniciativas propias de esta tendencia mundial que busca preservar la riqueza agrícola del planeta. 1 El Perú es considerado uno de los diez países megadiversos del mundo. Cuenta con una enorme diversidad biológica, lo que incluye ecosistemas, especies y recursos genéticos (Comisión Nacional de Diversidad Biológica, CONADIB). [http://www.sernanp.gob.pe/documents/10181/88081/Peru-+Pais+Megadiverso.pdf/4f361370-434d-405f-986e- 2b4052219abf] 6 Una de las propuestas que más renombre ha logrado es la creación de las “Zonas de Agrobiodiversidad”, designadas a identificar las áreas que concentran una alta diversidad de cultivos, así como un sistema sociocultural organizado alrededor de ella y a promover medidas que favorezcan a la conservación y contribuyan a la implementación de políticas en beneficio de las familias agricultoras de la zona. El 2015, la superficie compuesta por tres comunidades del distrito de Quisqui: Tres de Mayo de Huayllacayán, Santa Rosa de Monte Azul y San Pedro de Cani, fue declarada la primera Zona de Agrobiodiversidad de país2. Esto fue resultado del esfuerzo de una serie de intervenciones que sensibilizaron el tema de la conservación y el aprovechamiento sostenible de la enorme riqueza agrícola que caracteriza al distrito. Estos proyectos, sin embargo, usualmente operan a partir de una determinada forma de concebir y conceptualizar la agrobiodiversidad, que no necesariamente se encuentra alineada con las concepciones locales y no siempre coincide con las prácticas y los objetivos que las familias productoras se plantean. Es por ello que el objetivo de esta tesis es explorar cómo se practica y valora la agrobiodiversidad desde los agricultores familiares del distrito de Quisqui, tomando como gran marco contextual los nuevos procesos que caracterizan al escenario rural contemporáneo. Para ello, planteo tres ejes centrales. Primero, analizo el contexto general y los procesos que conllevaron a la implementación de intervenciones en pro de la conservación de la agrobiodiversidad en el distrito y describo las características del discurso técnico de los proyectos de conservación. Luego, presento las estrategias que las familias agricultoras realizan en un contexto reconocido por su vasta diversidad agrícola, y las analizo en función a las nuevas oportunidades que el nuevo panorama rural ofrece. Finalmente, expongo las percepciones y valoraciones locales que existen alrededor de la agrobiodiversidad y analizo qué tanto dialogan con el discurso técnico del proyecto. El ubicar a las familias dentro de un contexto mayor y cambiante permite trascender las miradas parciales de los proyectos que reducen la agricultura familiar al ámbito de la conservación de la agrobiodiversidad y explorar los nuevos objetivos y oportunidades a las que estas acceden. 2 Ver Anexo Nº 1. 7 El concebir la agrobiodiversidad como una condición per se y, por tanto, la conservación de la misma como una práctica aislada, deja de lado aspectos históricos, políticos, sociales y económicos importantes que configuran la vida de los pequeños agricultores. Es imprescindible aterrizar las nociones románticas de los proyectos y deconstruir esas formas rígidas de pensar la agricultura y, en última instancia, la ruralidad. Lo central descansa en ir más allá de la visión simplista que enaltece solo ciertos aspectos de nuestra riqueza agrícola y enfocar la atención en las verdaderas preocupaciones y prácticas de las personas que conviven con ella. Este punto es central sobre todo teniendo en cuenta que Huánuco, a pesar de poseer una alta diversidad agrícola y condiciones favorables para el desarrollo de la agricultura, se encuentra entre los cinco departamentos con mayor índice de pobreza y pobreza extrema del país3, situación que invita a reflexionar sobre la paradoja que vincula la riqueza agrícola y la pobreza monetaria. A partir de ello es pertinente preguntarse, ¿las bondades agrobiodiversas del territorio están generando realmente beneficios significativos para los agricultores? ¿Es realmente favorable vivir en un espacio caracterizado por la riqueza agrícola? Las implicancias del discurso que resalta y celebra una diversidad que aparentemente está dada y le atribuye valoraciones solemnes y esencialistas a las prácticas campesinas, contribuye a seguir valorando el pasado sin pensar en el presente y alimenta y refuerza una narrativa romántica, positiva y despolitizada de la situación de las familias rurales andinas. En este sentido, tomando como gran contexto la declaración de la Zona de Agrobiodiversidad, lo que busco es mostrar la tensión que existe entre la agrobiodiversidad teórica y la agrobiodiversidad práctica. A partir de enfocarme en las actividades concretas de las familias, discuto la mirada parcial y reduccionista de los proyectos que solo se enfoca en la conservación sin ubicar a las familias integralmente en un contexto mayor. Por el contrario, propongo ampliar la mirada al considerar otro tipo de factores que permean las decisiones de las familias. 3 Instituto Nacional de Estadística e Informática (2017). 8 La información presentada en esta tesis es producto de un trabajo de campo de dos meses en dos comunidades de la Zona de Agrobiodiversidad: San Pedro de Cani y Tres de Mayo de Huayllacayán. En términos generales, desarrollé un enfoque metodológico de corte etnográfico que prioriza el recojo de información a partir de fuentes primarias. Las técnicas que implementé para la recopilación de la información fueron las entrevistas semi-estructuradas, las conservaciones informales y la observación participante; esta última fue central durante todo el trabajo de campo. De manera complementaria, la revisión de fuentes secundarias (archivos, mapas, fichas técnicas, etc.) me permitieron acceder a datos y aspectos institucionales de la agricultura en el distrito. En total, realicé 30 entrevistas semi-estructuradas a pequeños agricultores (14), agricultores conservacionistas (6), funcionarios del estado (5) y miembros de la organización IDMA4 (5). Específicamente en el caso de los agricultores, complemente la información obtenida con inventarios de los cultivos y activos de las diez familias que tome como muestra base para el análisis de las prácticas y estrategias. No obstante, sostuve conversaciones informales con un número mayor de agricultores, técnica que prioricé obtener información sobre las narrativas y valoraciones locales. Esta tesis está dividida en cinco partes. La primera corresponde a la presentación de las principales corrientes y estudios que abordan el tema de la agrobiodiversidad desde la antropología y disciplinas afines. En ella también defino el marco conceptual de la investigación. Luego de esto, en la segunda parte realizo un recuento de los principales procesos que confluyeron en la revalorización y conservación de la agrobiodiversidad, que, en última instancia, conllevaron a la declaración de la Zona de Agrobiodiversidad en el distrito. En esta misma línea, analizo también la constitución del discurso técnico que determina y permea el accionar de los proyectos y cierro esta sección con un balance que muestra los nexos entre la agrobiodiversidad y la agricultura familiar, que es útil para introducir lo abordado en la tercera y cuarta sección: las prácticas y valoraciones de los pequeños agricultores, respectivamente. 4 Instituto del Desarrollo y Medio Ambiente. 9 El foco de atención en la tercera parte son las estrategias y prácticas que las familias desarrollan. Para ello, presento una breve caracterización de la agricultura familiar en el distrito, lo que incluye la descripción de las prácticas agrícolas y los principales problemas a los que se enfrentan los pequeños agricultores. A partir de ello, realizo un balance sobre la diversidad estrategias (campesinas y no campesinas) de las familias rurales. En el cuarto capítulo me enfoco en el tema de las narrativas y valoraciones que se generan alrededor de la agrobiodiversidad. De esta manera, contrasto los discursos locales con los técnicos y presento los límites del discurso de la conversación. Por último, las conclusiones hacen un balance de los principales ejes temáticos y concluyo con una reflexión respecto a las vinculaciones entre la conservación de la agrobiodiversidad, las prácticas de las familias y los cambios en el escenario rural. 10 1. APROXIMACIONES TEÓRICAS: AGROBIODIVERSIDAD Y AGRICULTURA FAMILIAR El desarrollo teórico revisa la literatura relevante sobre las principales corrientes en las que se agrupan los estudios antropológicos sobre la agrobiodiversidad. No obstante, dado el carácter amplio del término, algunas de las investigaciones realizadas son de carácter interdisciplinario, por tanto, ciertos trabajos integran la antropología con otras disciplinas, tales como la agronomía, la agroecología, la economía o la biología. Asimismo, en coherencia con los fines de la investigación, la revisión se limita a los estudios que abordan el tema de los recursos fitogenéticos5 aprovechados, específicamente, para la alimentación y la agricultura. A partir de esto, elaboro un balance en base a los estudios y corrientes que centran la atención en el punto de vista de los agricultores. En la siguiente sección, presento y describo los tres conceptos que enmarcan teóricamente la investigación. Primero, a partir de la literatura presentada, acoto y defino el término de agrobiodiversidad; luego, describo el concepto de agricultura familiar y lo contextualizo de acuerdo al panorama local; finalmente, presento el concepto de estrategias familiares y realizo un balance entorno a la relación de estos tres conceptos. Por último, elaboro una descripción de las comunidades donde realicé la investigación y describo brevemente los cambios y procesos actuales en los que se enmarcan. 5 Término que incluye la diversidad de variedades cultivadas y no cultivadas. 11 1.1 Estado de la cuestión La agrobiodiversidad desde la antropología Si la biodiversidad hace referencia a la variedad y variabilidad de organismos vivos y a los ecosistemas de los cuales forman parte (PNUMA, 1993), la agrobiodiversidad6 puede ser entendida como la biodiversidad cultivada; es decir, intervenida y manejada para el provecho humano (FAO, 1998). Al referirse el concepto a las especies que han sido domesticadas, el factor humano resulta fundamental en la definición. Es por ello que la antropología no ha sido ajena al estudio de la agrobiodiversidad; "las variedades locales son manejadas y dependientes de la actividad humana y por tanto un foco de investigación antropológica7” (Orlove y Brush, 1996, p. 339). A continuación, presento un recuentro de las principales corrientes de estudio e investigaciones antropológicas en torno al tema de la agrobiodiversidad. Las primeras aproximaciones al estudio de la agrobiodiversidad desde la antropología se pueden dividir en dos grandes fases. La primera, influenciada por la etnobiología y la segunda, por la etnoecología. Durante el siglo diecinueve y comienzos del veinte, la antropología estuvo ligada al mundo de las ciencias naturales. Uno de los nexos en los que esta disciplina se encontraba con el mundo natural era en la etnobiología, definida como “la utilización de la vida animal y vegetal por los pueblos primitivos8” (Castetter, 1994 en Berlin 1992, p. 4). Los estudios de esta fase se enfocaban en identificar los procesos de domesticación de los cultivos por parte de dichas sociedades y reconstruir así la evolución de los mismos (Orlove y Brush, 1996). En 1947, influenciado por la 6 A lo largo del texto utilizaré los términos agricultura biodiversa, recursos fitogenéticos, variedad de cultivos y diversidad agrícola para referirme a lo mismo. 7 Traducción propia. 8 Traducción propia. 12 propuesta de Franz Boas de la “etnografía de rescate9”, J. P. Harrington10 se propuso identificar las plantas y los usos económicos de dichas sociedades antes de que estas desaparezcan, implantando así un sesgo económico que marcaría los estudios de esta primera fase (Ellen, 2006). La trascendencia de los enfoques económicos y materialistas es lo que marca el quiebre entre la primera y la segunda fase, el cual se ve materializado en la publicación del antropólogo Harold Conklin (1954), quien, a partir de su experiencia con los Hanunóo estudiando el uso e identificación de más de 92 variedades de arroz, afirmó que las sociedades indígenas poseen un entendimiento detallado y complejo de la agrobiodiversidad con la que conviven. Así, los estudios de la segunda fase, ubicados dentro del marco de la etnoecología11, no se enfocaban únicamente en el registro y clasificación, sino que buscaban comprender cómo los seres humanos conceptualizan y clasifican el mundo en el que viven, prestándole especial atención a las percepciones locales (Ellen, 2006). Durante este periodo, a mediados del siglo veinte, surge en la antropología la corriente de la ecología cultural, cuyos principales exponentes fueron Julian H. Steward y Leslie White. Esta corriente buscaba comprender la relación entre el comportamiento humano y el ambiente al enfocarse en los procesos por los cuales un grupo humano se adapta socioculturalmente a su entorno (Orlove y Brush, 1996). Respecto al tema de la agrobiodiversidad, estudios como los de Bellon (1991), Brush (1992) y Dennis (1987) se han enfocado en analizar la relación entre el comportamiento de los agricultores y las variedades locales, poniendo énfasis en la determinación del medio. Cleveland y Murray (1997) constatan otra entrada teórica para el estudio de la agrobiodiversidad: la antropología aplicada. Por un lado, un grupo de estudios de esta corriente se encuentra dentro del marco de los proyectos de desarrollo, donde el trabajo con las sociedades campesinas tiene como fin facilitar las intervenciones. En 9 Propuesta que buscaba registrar las prácticas de las sociedades “primitivas” antes de que estas se extingan como resultado de la expansión de la modernización (Diccionario de las Ciencias Sociales, 2002). 10 Lingüista y etnólogo estadounidense autor de “Tobacco among the Karuk Indians of California” (1932). 11 Disciplina que explora cómo la naturaleza es visualizada y clasificada por los distintos grupos humanos (La Enciclopedia de Antropología, capítulo: Etnoecología, 2006). 13 estos casos, los antropólogos forman parte de un equipo técnico interdisciplinario y su labor reside en recoger las concepciones locales e identificar las prácticas agrícolas de los campesinos con el fin de garantizar el logro de los objetivos del proyecto de desarrollo. Por otro lado, están los estudios que adoptan una mirada más crítica y se enfocan en debatir sobre los aspectos éticos de la incorporación del conocimiento local en dichos proyectos. En esta línea, Sillitoe (1998) cuestiona la manera de aproximarse y estudiar la realidad por parte de las diversas disciplinas, entre ellas la antropología, y debate acerca de la validez del conocimiento experto y los desencuentros a la hora de trabajar con poblaciones locales. En el mundo de las intervenciones para la conservación de la agrobiodiversidad interactúan diversos actores: agencias estales, ONGs, la cooperación internacional y las familias campesinas. Todas ellas con diversas formas de aproximarse a la agrobiodiversidad, lo que la convierte en un campo en constate disputa donde cada grupo la defiende desde parámetros y praxis propias (Acosta- Naranjo y Rodríguez-Franco, 2013). Particularmente en Perú, el estudio de Vargas (2014) analiza las experiencias de manejo de agrobiodiversidad con enfoque de interculturalidad implementadas por el Programa BioAndes en la provincia de Canchis, Cusco e invita a reflexionar sobre las tensiones entre los saberes locales y el conocimiento experto en los Andes, en un contexto en el que la recuperación de los conocimientos locales se considera fundamental para la conservación de la agrobiodiversidad. Por otro lado, desde la ecología política y la economía rural se han realizado investigaciones que se enfocan en las lógicas productivas de las familias campesinas (Kervyn, 1987; Mayer, 2004; Figueroa, 1981; Fonseca, 1972). Estos estudios posibilitan una mirada práctica y concreta del manejo de los recursos medioambientales por parte de las poblaciones locales. Al centrarse en los aspectos productivos, se alejan de las visiones estáticas y muchas veces románticas de estudios previos que se enfocan, más bien, en los conocimientos locales. Si bien ninguno de estos estudios aborda directamente el tema de la agrobiodiversidad como tal, sino como diversidad de cultivos, son útiles en la medida que analizan el desarrollo de un sistema agrícola en un territorio geográficamente accidentado como lo es el espacio andino. Así, indagan en temas como la verticalidad, el barbecho sectorial y 14 los pisos ecológicos (Murra, 1975; Golte, 1980), la zona de producción y la diversidad de cultivos (Mayer, 2004; Fonseca y Mayer, 1988) y la aversión al riesgo (Earls, 1991; Figueroa, 1981). Además de las entradas teóricas expuestas, Veteto y Skarbo (2009) han identificado nueve áreas de investigación en las cuales se pueden catalogar los estudios antropológicos de la agrobiodiversidad. Las cuatro primeras son áreas más tradicionales, mientras que las demás están relacionadas a aspectos contemporáneos. Dentro de los estudios tradicionales, el primer gran tema que identifican integra los estudios que comprenden la corriente de la (1) conservación de la agrobiodiversidad, área que surge a partir de las advertencias científicas sobre los peligros de la erosión genética12. Según Harlan y Martini (1936), en 1930 los primeros científicos empezaron el proceso de recolección, conservación y crianza de materia vegetal de diferentes partes del mundo (Hawkes, 1983). Como consecuencia de la Revolución Verde, la pérdida y degradación de las variedades continuó y se incrementó por los siguientes treinta años. Esta estimuló la industrialización de la producción agrícola, introdujo nuevas tecnologías y reemplazó los cultivos tradicionales por variedades modernas con el fin de aumentar la producción (Evenson y Gollin, 2003), con lo cual reforzó la paulatina subutilización de los cultivos no comerciales. Es en este contexto de temor porque el desmesurado uso de agroquímicos, la estandarización y la mecanización de la agricultura acreciente la pérdida de la diversidad genética y afecte negativamente la alimentación mundial que se reforzaron las prácticas de conservación ex situ13 . En este proceso, los bancos de germoplasma cumplieron un rol central en la tarea de conservar y asegurar la disponibilidad de los recursos fitogenéticos en caso de que alguna catástrofe ocurriese (FAO, 1996). Según cifras de la FAO (1998), para el año 1996, los bancos de genes poseían más de 6 millones de cultivos, y para el 2010, estos habían aumentado a 7.4 millones. 12 Término que hace referencia a la pérdida de diversidad biológica. 13 Método de conservación de los recursos genéticos fuera de sus hábitats naturales. Durante años se consideró la forma ideal para conservar los cultivos (FAO, 1996). 15 La conservación ex situ fue el paradigma de conservación hasta fines de los ochentas, momento en que se demostró que la agrobiodiversidad se conservaba mejor “en el entorno donde han desarrollado sus propiedades distintivas14” (PNUMA, Convención de Diversidad Biológica, 1993, artículo 2). Así, surgió la propuesta de conservación in situ, que se ha posicionado hasta la fecha como el paradigma deseable de conservación (Maxted et al., 1997). La lógica que se sigue es que ante cualquier alteración climática, las variedades son más resilientes y se conservan mejor en el medio en el que habitan. En esta modalidad de conservación, los agricultores cumplen un rol fundamental, puesto que es a partir del manejo y uso cotidiano de la agrobiodiversidad que estas variedades se conservan (Brush, 2000). Según Veteto y Skarbo, el término diversidad biocultural describe la relación existente entre la diversidad biológica y la diversidad cultural “y refleja no solo que la biodiversidad ha sostenido a todas las culturas del mundo, sino también que los agricultores han cultivado el desarrollo de la plétora mundial de variedades de cultivos a través de sus prácticas culturales15” (2009, p. 77). En este sentido, los estudios que se inscriben en el ámbito de la conservación parten de la idea de que si se afecta las variedades locales, indiscutiblemente se va a alterar la vida social y cultural organizada alrededor de la agrobiodiversidad. Así, mientras que las intervenciones apuntan a conservar la diversidad de cultivos, los antropólogos buscan estudiar y asegurar la persistencia de los sistemas socioculturales que se forman alrededor de la diversidad agrícola (Anderson et al., 1987; Nazarea, 1998; Brush, 1992; Bellon, 1991, 2004). Orlove y Brush (1996) sostienen que el trabajo antropológico en el ámbito de los proyectos y estudios de conservación es de trascendental importancia en la medida que en estos simbolizan un encuentro entre la población local con agentes externos. En estos casos, la intervención antropológica no solo contribuye a documentar el conocimiento local y caracterizar las prácticas locales que influencian y determinan la selección y conservación de las variedades de los cultivos, sino también a mediar el diálogo entre las comunidades y las organizaciones. 14 Traducción propia. 15 Traducción propia. 16 La segunda trayectoria de estudios es la que hace referencia a la (2) toma de decisiones de los agricultores y el mantenimiento de la agrobiodiversidad (Farmer Decision Making). Esta corriente se enfoca en estudiar los motivos por los cuáles los productores escogen mantener las variedades locales, incluso cuando las presiones sociales y económicas amenazan su continuidad (Veteto y Skarbo, 2009). Para ello, buscan acceder a las motivaciones de los agricultores y a los factores que los llevan a tomar decisiones. Los hallazgos evidencian que las razones del mantenimiento de determinadas variedades son múltiples; van desde la capacidad de adaptación de algunas de ellas a las condiciones agroecológicas de la localidad (Perales et al., 2003) hasta la influencia de las presiones del mercado (Brush y Meng, 1998). Otros se inclinan por explicaciones culturalistas: Rhoades (1984), por ejemplo, muestra cómo los aspectos culinarios son determinantes a la hora de decidir sobre qué variedades cultivar y cuáles destinar al consumo o al mercado; Perrault (2005), en cambio, encuentra dos explicación respecto a las decisiones sobre el manejo de los cultivos: por un lado, ligadas a la seguridad alimentaria familiar y, por otro, a la importancia simbólica de los productos locales como marcadores de la identidad cultural. Con esto contradicen la noción generalizada de que las decisiones están condicionadas únicamente por factores ecológicos o económicos. Esta corriente de estudios se enmarca dentro del paradigma de la racionalidad, pues, en última instancia, busca demostrar cómo “el mantenimiento de la diversidad de variedades autóctonas responde a una estrategia racional de los pequeños agricultores16” (Skarbo, 2012, p. 6). Ante esto, Brush objeta que “en estos análisis de rational choice, la cultura se vuelve un factor residual usado para explicar la diversidad que no ha sido explicada por las decisiones individuales17” (2004, p. 258). Con esto propone que estudios de esta línea deberían ser complementados con los abordan el tema de la identidad cultural, aspecto que considera juega un rol fundamental en la toma de decisiones. Es en base a esta discusión que Nazarea (1995, 1998) 16 Traducción propia. 17 Traducción propia. 17 argumenta que las decisiones de los agricultores respecto a qué cultivar no responden únicamente a una lógica racional, sino también a recuerdos y valores culturales. Es así como surge la trayectoria de investigación (3) memoria cultural y bancos de memoria. Los estudios de esta área desarrollan la idea de que la memoria cultural cumple un rol primordial en el proceso de selección y manejo de la agrobiodiversidad (Nazarea, 2006). En concreto, la lógica que se sigue es que los agricultores, al mantener una estrecha relación con los productos que cultivan, poseen una memoria multifacética de los mismos, que se caracteriza por un entendimiento minucioso de los códigos genéticos y propiedades de las semillas. Este conocimiento técnico, desarrollado a partir de la convivencia con los cultivos a lo largo de los años, combinado con los aprendizajes individuales de los agricultores respecto a su experiencia particular y social, es lo que permite el desarrollo de una memoria cultural que asegura la conservación de la agrobiodiversidad (Nazarea, 1998). “Esta memoria cultural es una combinación de la experiencia, encarnación sensorial en el aprendizaje social18” (Skarbo, 2006, p. 7). A partir de este razonamiento Nazarea desarrolló la estrategia de los “bancos de memoria”, que busca recolectar información cultural y agroecológica sobre, por ejemplo, el conocimiento aplicado, las creencias, los rituales, las tecnologías y las prácticas productivas, a través de diversos métodos como las historias de vida, encuestas socioeconómicas o entrevistas (Nazarea, 1998; Valladolid y Apffel-Marglin, 2001). Si bien no tuvo gran acogida, si “fue muy exitosa en agregar un fuerte componente cultural a los proyectos de agrobiodiversidad tanto en espacios locales como regionales” (Veteto y Skarbo, 2009, p. 76). La última área que compone las trayectorias clásicas son los estudios de los (4) huertos familiares o jardines de casa (homegardens). Desde la literatura (Eyzaguirre y Linares, 2004; Cleveland y Soleri, 1987; Tapia y De la Torre, 1998), estos han sido definidos como espacios socialmente construidos dentro de una unidad familiar que son manejados por los miembros que la integran para asegurar la subsistencia y la producción para la venta. Así, además de proveer diversas 18 Traducción propia. 18 variedades de cultivos, contribuyen a la reproducción de la identidad cultural (Eyzaguirre y Linares, 2004). Desde la antropología, estos estudios se han abordado a partir de diversas entradas. Por ejemplo, estudios como el de Angel-Pérez (2004) enfatizan el rol que cumplen los jardines como una estrategia de subsistencia y manejo de los recursos naturales. En la misma línea, Cleveland y Soleri (1987) evidencian la importancia de los huertos caseros para generar estrategias de desarrollo sustentable, argumentando que estos contribuyen a mejorar la calidad nutricional, los ingresos y la producción de alimentos. Por último, estudios que han adoptado un enfoque de género se centran en la importancia del trabajo femenino en el mantenimiento, tanto material como simbólico, de los huertos (Tapia y De la Torre, 1998). En cuanto a las trayectorias contemporáneas, Veteto y Skarbo (2009) identifican cinco: (5) Agrobiodiversidad y Cambio Climático, (6) Migración y Agrobiodiversidad, (7) Agrobiodiversidad y Alimentación, (8) Agrobiodiversidad en el Norte Global y (9) Agrobiodiversidad y Sostenibilidad. Respecto al primer tema, existe una amplia gama de autores que se han aproximado al fenómeno del cambio climático desde la antropología (Vedwan y Rhoades, 2001; Orlove, 2005; Magistro y Roncoli, 2001). No obstante, a pesar de los contantes llamados de atención respecto a los efectos de las alteraciones climáticas sobre la diversidad agrícola, las investigaciones antropológicas son aún escasas. La premisa que aboga por la producción de más estudios que vinculen ambos temas es que la agrobiodiversidad es fundamental para la adaptación al cambio climático, pues mientras mayor es la variedad de cultivos, más posibilidades existen de que alguno de ellos sobreviva ante cualquier fenómeno climático. El rol de la antropología en estos casos, estaría en trabajar con las poblaciones que manejan los cultivos, pues se asume que los sistemas agrícolas tradicionales pueden proveer una diversidad de respuestas de adaptación al cambio climático (Kotschi, 2007). Además, estudios que conecten el cambio climático, la agrobiodiversidad y la antropología son importantes debido a que se centran en casos particulares y se preocupan por entender la variación climática a nivel comunitario, tomando en cuenta percepciones e indicadores locales, lo que contribuye a complementar la información obtenida por los estudios científicos a gran escala. 19 Del mismo modo, lo estudios sobre migración y agrobiodiversidad son también escasos. No obstante, las pocas investigaciones de esta área ponen en evidencia la influencia del fenómeno migratorio en la pérdida o persistencia de las variedades locales (Veteto y Skarbo, 2009). Analizan no solo el intercambio biológico, sino el factor cultural que está ligado al traslado de los cultivos de una localidad a otra (Airriess y Clawson, 1994). Por ejemplo, Nguyen (2003) estudia cómo los huertos de los inmigrantes recrean los paisajes de sus centros natales al incorporar cultivos locales a sus nuevos hogares. Vogl y otros (2002), en cambio, analizan el caso contrario y evidencian la pérdida de diversidad en los casos de emigración. Si bien esta trayectoria no ha tenido mucho reconocimiento, Veteto y Skarbo afirman que “la aplicación de los estudios de la agrobiodiversidad en las poblaciones de migrantes en un contexto de un mundo globalizado es un paso necesario para el entendimiento de la pérdida o conservación de la biodiversidad de cultivos19” (2009, p. 78). La tercera trayectoria contemporánea de estudios antropológicos sobre la agrobiodiversidad es la relacionada a la alimentación. A diferencia de las dos anteriores, la literatura antropológica sobre la alimentación, comida y culturas culinarias es amplia y variada (Weismantel, 1988; Paulson, 2006; Mintz y DuBois, 2002; Phillips, 2006). Particularmente estudios como los de Graham (2003), Camacho (2005) y Skarbo (2005) se han concentrado en localidades andinas. Si bien los estudios clásicos de esta área no se concentran específicamente en la agrobiodiversidad, sí ponen en evidencia la importancia de los sistemas y cultura alimentaria y su relación con la diversidad agrícola. La relación entre la agrobiodiversidad y la cultura alimentaria local es constatada en diversos estudios. Por ejemplo, Smale y otros (1998) muestran cómo en México las múltiples variedades de maíz se mantienen debido a la existencia de platos culinarios que requieren de la diversidad de este producto para sus preparaciones. Por otro lado, Yon (2015) vincula la pérdida de los cultivos con los cambios en los patrones alimenticios debido a la entrada de productos industriales a las comunidades. En cambio, estudios como los de Brush (2004) y Zimmerer (1996) 19 Traducción propia. 20 muestran cómo a pesar de los cambios producidos por la articulación de las comunidades al mercado y por la transformación de los sistemas productivos, las culturas alimentarias no se ven afectadas; pero esto no se traduce necesariamente en el mantenimiento de la variedad de cultivos. La dos últimas áreas de investigación antropológica, Agrobiodiversidad en el Norte Global y Agrobiodiversidad y Sostenibilidad, son las más recientes y menos estudiadas. La primera surge como una respuesta a las visiones que sostenían que en los llamados países desarrollados las variedades locales habían sido reemplazadas por cultivos modernos como consecuencia de la instauración del sistema agrícola industrial (Pollan, 2017; McDonald, 2001). Bajo esta lógica, los estudios debían enfocarse en la agrobiodiversidad de los países del hemisferio sur, donde aún persisten los cultivos y variedades locales. Los antropólogos que deciden realizar sus investigaciones en el hemisferio norte trabajan en las áreas que no han sido alcanzadas por el modelo de la agricultura industrial; por ejemplo, con poblaciones como los Amish, Hopi, Nativos Americanos y Appalachians (Veteto, 2008). Por último, la otra corriente se encuentra ligada al surgimiento de los movimientos ecologistas alrededor del mundo. Específicamente a movimientos y programas de agricultura orgánica y agroecología20. En la década de los ochentas y noventas se consolidó una corriente académica orientada a los estudios de a de agroecología 21 (SOCLA, 2015), cuestión que promovió la incorporación de la producción sostenible en las agendas de diversas ONGs22 . En este proceso, la antropología fue una de las disciplinas que mostro interés por los temas relacionados a las prácticas sostenibles. Por ejemplo, existen diversos trabajos que se concentran en estudiar las redes de apoyo comunitario para la mejora de la agricultura y el acercamiento entre la población urbana y la rural (Durrenberger, 2002), las estrategias de los mercados orgánicos (Andreatta y Wickliffe, 2002) y los mercados campesinos y su relación con la agricultura sostenible (Andreatta, 2000). No obstante, 20 MAELA (Movimiento Agroecológico LatinoAmericano), CLADES (Consorcio LatinoAmericano de Agroecología y Desarrollo), IFOAM (Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Ecológica). 21 Consolidada gracias a la creación de la Sociedad Científica LatinoAmericana de Agroecología (SOCLA). 22 CET (Centro de Educación y Tecnologías), Centro IDEAS, CIED (Centro de Investigación y Desarrollo). 21 “a pesar de la relevancia de la agricultura sostenible como un tema antropológico, poco se ha hecho para investigar la importancia y desafíos de incorporar la agrobiodiversidad a sistemas alternativos y sustentables23” (Veteto y Skarbo, 2009, p. 81). Si bien estas son las grandes áreas en las que se catalogan los estudios, existen una serie de discusiones teóricas que contribuyen al debate académico sobre la agrobiodiversidad en las ciencias sociales. Por ejemplo, Acosta-Naranjo y Rodríguez-Franco (2013), en un estudio realizado en Andalucía, analizan y discuten la interacción entre los actores sociales, los sistemas expertos y las instituciones alrededor del tema del manejo de la diversidad agrícola. Tomando como contexto el paradigma de la Nueva Ruralidad en España, se enfocan en identificar los intereses de los actores que interactúan alrededor de la agrobiodiversidad y sus estrategias en cuanto a la recuperación de variedades locales en un contexto de redefinición de los los territorios y espacios rurales. En cuanto al panorama nacional, la ponencia de Patricia Oliart (2004) en el Sepia X, aborda el tema de los desafíos políticos, sociales y científicos de ser un país megadiverso. Específicamente, discute la idea generalizada de aprovechar económicamente nuestros recursos naturales basándose en las implicancias que trae consigo pensar la diversidad con un activo para generar únicamente un beneficio económico. Lo interesante del análisis que realiza es que vincula la biodiversidad (que incluye a la agrobiodiversidad) con el discurso neoliberal sobre el desarrollo, fundamentado en la idea de aprovechar nuestras ventajas comparativas. “Si bien es cierto que ser un país megadiverso constituye una ventaja comparativa en el mercado internacional, promover la apreciación de la biodiversidad partiendo del valor monetario que otros le darán puede conducir a la depredación de esos recursos antes que a su manejo adecuado y proyectado hacia el futuro” (2004, p. 428). De igual manera, Pulgar-Vidal (2002), también se encuentra entre quienes advierten sobre los peligros de guiar nuestras prácticas aspirando únicamente al crecimiento económico. En el Sepia IX, hizo un llamado a reflexionar sobre la paradoja que existe alrededor 23 Traducción propia. 22 del tema de la diversidad, donde las localidades que más riqueza agrícola poseen, son las que más marginadas han estado históricamente. Esta reflexión guarda relación con la teoría que sostiene que la agrobiodiversidad se encuentra en los márgenes; es decir, en áreas históricamente marginadas que escapan a los sistemas alimentarios basados en largas escalas y grandes distancias (Nazarea 2005; Ellen y Platen, 2011). En Perú, María Scurrah (2012), evidencia la correlación existente entre agrobiodiversidad y pobreza al analizar los índices de desnutrición crónica del país, donde, paradójicamente, son las áreas que albergan una enorme diversidad de cultivos las que presentan los índices más elevados de pobreza y pobreza extrema. En esta misma línea, Claverías y Quispe (2002) reflexionan sobre los procesos históricos que influyeron en la reducción de los cultivos, haciendo énfasis en los grandes cambios que vivió el país en la década del 90, específicamente en relación al crecimiento económico. Al prestarle atención a aspectos políticos y económicos, discuten la idea de atribuirle únicamente la responsabilidad de la erosión de variedades a factores ambientales. En suma, la literatura revisada muestra que los estudios antropológicos sobre la agrobiodiversidad abordan el tema desde distintas entradas teóricas, que van desde las acciones y decisiones de los agricultores sobre los cultivos, los proyectos de conservación o la influencia del cambio climático sobre la agrobiodiversidad, hasta el estudio de los sistemas alimentarios locales para el mantenimiento de la agrobiodiversidad, los cambios en los cultivos como efecto de los flujos migratorios o la importancia de las memorias culturales que se forjan alrededor de las variedades cultivadas. De las trayectorias presentadas, sin embargo, son solo algunos los estudios que buscan comprender el punto de vista y resaltar la agencia de los agricultores. 23 Agrobiodiversidad y productores De las nueve áreas presentadas, la referente a la toma de decisiones de los agricultores es la que más resalta la agencia de los campesinos. Por ejemplo, estudios como el realizado por de Ellen y Platen (2011), al enfocarse en las redes de semillas, pone en evidencia las acciones de los productores en cuanto al mejoramiento de semillas y selección genética y los colocan como impulsores de la diversificación y el mantenimiento, desmintiendo así la noción de que el mejoramiento es una práctica dirigida únicamente por expertos. Asimismo, si bien muchas veces las investigaciones de esta área (Rhoades 1984; Perreault 2005; Brush, 2004) forman parte del repertorio mayor de ciertas organizaciones, tales como el Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR) o el Centro Internacional de la Papa (CIP), son significativas en cuanto a su reflexión sobre los diversos aspectos que moldean e intervienen en la toma de decisiones y en resaltar la importancia de vincular estas decisiones a contextos mayores. Por otro lado, los estudios que se enmarcan dentro del paradigma de la conservación in situ se caracterizan por documentar el conocimiento y caracterizar las prácticas y definiciones locales. Un ejemplo de esto son los estudios de PRATEC24, que buscan incorporar la mirada de los campesinos. Uno de los trabajos que se ha publicado en la serie Kawsay Mama (Madre Semilla) es el realizado por Julio Valladolid, quien plantea un enfoque alternativo que denomina “ayllucéntrico”, empleado para referirse a “la vivencia campesina y parte de sus saberes y secretos de crianza, su organicidad comunitaria y, más ampliamente, de su cosmovisión” (2003, p. 10). El problema de esta área de estudios es que se encuentra estrechamente ligada a los proyectos de conservación y, por tanto, se inscribe dentro de un determinado paradigma, lo que ocasiona que su manera de operar esté mediada por los mecanismos institucionales y formales de los proyectos de desarrollo. Es un hecho que los antropólogos que trabajan en esta área han contribuido a visibilizar las 24 Proyecto Andino de Tecnologías Campesinas. 24 conceptualizaciones locales de la agrobiodiversidad (Orlove y Brush, 1996). No obstante, usualmente limitan sus hallazgos al ámbito de lo técnico, que los encasilla dentro de los parámetros muchas veces cerrados y de carácter direccionado de las intervenciones de desarrollo. Con esto, se corre el riesgo de producir un tipo de conocimiento acorde con los cánones predeterminados de la tecnocracia y de imponer categorías occidentales de pensamiento sin dar lugar a espacios que permitan el surgimiento de otro tipo de narrativas. El uso de términos como “conocimientos ancestrales”, “cultura de conservación” y “sistema sociocultural de conocimiento” pone en evidencia el carácter cerrado de estas intervenciones. Al buscar incorporar las concepciones locales bajo un marco pre establecido caen en el error de idealizar y esencializar a los campesinos y campesinas. Esto contribuye a ensalzar la imagen romántica de los agricultores y los reduce únicamente a su rol productivo, específicamente a la tarea de conservación. Con esto se pierde de vista otras dimensiones que son igual de importantes en la vida de los agricultores. Por ejemplo, el peso de las actividades no agrícolas y su importancia en las economías del hogar, las estrategias migratorios, entre otros. Al no tomar en cuenta otros aspectos de la vida de las familias productoras, se les concibe con aisladas y sin relación alguna con las dinámicas mayores. Estos términos, además de esencializar y exagerar el vínculo de los productores con la tierra, generalizan al tratar a los agricultores como un todo sin tomar en cuenta las particularidades y acciones individuales. Apuestas como las de PRATEC ejemplifican cómo los sesgos ideológicos pueden llegar a distorsionar la realidad y generar una distancia entre esta y las intervenciones. “El problema es que en su afán por afirmar las diferencias y particularidades culturales, y por comunicar las visiones del mundo y prácticas de los pobladores quechuas y aimaras, terminan por presentar un mundo cerrado, sin fisuras, monolítico, evidentemente distinto de las propias expresiones de la gente, cuyos testimonios felizmente integran de modo extenso en sus publicaciones” (Oliart, 2004, p. 460). Un claro ejemplo de este problema es la utilización del enfoque que denominan “ayucéntrico”, el cual refleja no solo una idealización de las comunidades campesinas, sino también la negación de los cambios y del estrecho vínculo de interdependencia que estas tienen con la sociedad mayor. 25 Este tipo de aproximaciones enfatizan y romantizan ciertas formas de conocimientos locales. Es por ello que los estudios realizados desde la economía campesina (Mayer, 2004; Golte, 1980; Kervyn, 1987) son importantes, pues marcan un quiebre y aterrizan este tipo de nociones al enfocarse en temas más concretos como las lógicas productivas de las familias campesinas. Con esto, sientan las bases para una posterior generación de estudios más acorde con la realidad rural (Fuenzalida et al., 1982; Long y Roberts, 1984 De Janvry y Sadoulet, 1995). Estos trabajos rompen con la idea de localidades auto contenidas y estudian las interconexiones existentes con los contextos mayores. Si bien fueron realizados hace más de una década y no abordan directamente el tema de la agrobiodiversidad, son significativos en la medida que marcan un quiebre respecto a cómo pensar y estudiar las sociedades agrarias desde las ciencias sociales. En concreto, si bien existe una buena cantidad de literatura antropológica que ha abordado el tema de la agrobiodiversidad, no todas las investigaciones centran la atención en el punto de vista de los productores ni es las acciones de los mismos. Existe un déficit en estudios que integren tanto la perspectiva de los agricultores sobre la agrobiodiversidad como las prácticas concretas de los mismos, y que tomen en cuenta las dinámicas y procesos específicos en los que se enmarcan. Al colocar a las familias agricultoras como eje central de la investigación, e integrar un análisis de las prácticas y percepciones, busco tomar distancia de los marcos de los proyectos. Me enfoco, más bien, en reconocer los nexos entre la agrobiodiversidad y los factores externos, así como en la agencia de las familias al ubicarlas dentro de un nuevo contexto rural. 1.2 Marco Teórico En esta sección presento los conceptos que permiten enmarcar teóricamente lo planteado en esta investigación. Primero, desarrollo el concepto de 26 agrobiodiversidad y acoto el término en función a los intereses antropológicos de la tesis. Luego, presento las características generales del concepto de agricultura familiar y delimito las particularidades de este sector en la zona de estudio. Por último, desarrollo el concepto de estrategias familiares y resalto los aspectos relevantes para la investigación. Agrobiodiversidad El término agrobiodiversidad no es un concepto propiamente antropológico; son múltiples las disciplinas que trabajan con él, pero cada una lo define de acuerdo a su enfoque de estudio. Antes de delimitar la definición del concepto que compete a la disciplina antropológica, es pertinente presentar la definición general, la cual ha sido resumida por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La diversidad biológica agrícola, también conocida como agrobiodiversidad, incluye la variedad y variabilidad de animales, plantas y micro-organismos que son utilizados directa o indirectamente para el provecho humano (alimentación, agricultura, fibra, combustible, productos farmacéuticos), lo cual comprende a los cultivos, el ganado, los peces y los recursos no domesticados (especies no cosechadas) que habitan en los diversos ecosistemas (campos, bosques, pastizales), tales como los micro organismos del suelo, depredadores y polinizadores (abejas, lombrices de tierra, moscas) (FAO, 2004). “La agrobiodiversidad es el resultado de la interacción entre el ambiente, los recursos genéticos y el manejo cultural de sistemas y prácticas de diversas poblaciones”. En otras palabras, es producto “de procesos de selección naturales y la cuidadosa selección y desarrollo inventivo de los agricultores, pastores y pescadores durante milenios […] Por lo tanto, el conocimiento y la cultura local pueden considerarse partes integrantes de la agrobiodiversidad, porque es la actividad humana de la agricultura la que forma y conserva esta biodiversidad25” (FAO, 2004, p. 1). 25 Traducción propia. 27 Según Santilli (2012), la agrobiodiversidad incluye las relaciones entre sociedades humanas, plantas cultivadas, parientes silvestes 26 , animales domesticados y los ecosistemas en los que estos interactúan. Por ello, es considerada “una característica principal de los sistemas agrícolas alrededor del mundo” (Thrupp, 2006, p. 266). Asimismo, los antropólogos que trabajan el tema de la agrobiodiversidad (Meilleur, 1994; Moock y Rhoades, 1992; Nabhan, 1989) consideran oportuno que el conocimiento humano se incluya como un factor importante en materia de recursos fitogenéticos, pues es un factor fundamental en la manipulación y domesticación de los mismos (Orlove y Brush, 1996). Más allá de si el conocimiento se incorpora o no en la definición general, el hecho de que se reconozca que el factor humano cumple un rol esencial en el manejo de la agrobiodiversidad justifica las aproximaciones antropológicas. Los estudios antropológicos sobre el tema se enfocan en las sociedades que conviven y se organizan alrededor de la diversidad agrícola, haciendo énfasis en el componente social de la definición general. De esta forma, buscan vincular la biodiversidad agrícola con aspectos como la nutrición, seguridad alimentaria, sostenibilidad ambiental, equidad social, entre otros (Santilli, 2012). Dicho esto, en esta investigación entiendo la agrobiodiversidad como la diversidad de cultivos que los productores manejan para la alimentación y la agricultura. Si bien el concepto comprende también las otras maneras de aprovechar los recursos genéticos (forraje, fibra, combustible, entre otros), para los fines de esta tesis tomaré en cuenta únicamente la utilización destinada a la alimentación y la agricultura. Específicamente, lo que interesa es la configuración de dinámicas particulares en un contexto altamente diverso en términos agrícolas. Un autor que realiza una acotación interesante sobre el tema de la agrobiodiversidad es Zimmerer (1996), quien estudia la pérdida de la diversidad de los cultivos agrícolas andinos en Paucartambo. Al incorporar en su investigación un enfoque histórico y procesal, rompe con la idea de pensar la diversidad agrícola como 26 Término que hace referencia a las variedades no domesticadas. 28 una condición per se; es decir, como si se encontrara en la localidad exclusivamente debido a factores ambientales. Ante esto, plantea que se deben tomar en cuenta los aspectos históricos y políticos que moldean y condicionan las prácticas agrícolas y la presencia de los cultivos en la zona, así como la acción de las personas que los trabajan. Este trabajo es significativo, puesto que muchos estudios que tratan el tema de los cultivos agrícolas se enfocan únicamente en los factores ambientales y ecológicos como los causantes de la erosión genética y pierden de vista otros tipos de procesos que contribuyen a este deterioro. En suma, estas acotaciones son útiles para evitar tratar el tema de la agrobiodiversidad como un fenómeno aislado, sino más bien contextualizarlo dentro de las dinámicas mayores que tienen efectos sobre ella. Agricultura Familiar El concepto de Agricultura Familiar varía en relación a las características particulares de cada país e incluso dentro del mismo. La realidad que pretende abarcar es sumamente compleja y heterogénea, puesto que hace referencia a un grupo con una gran diversidad de recursos físicos, financieros, humanos y sociales (Janvry y Sadoulet, 2001). A pesar de esta amplia heterogeneidad, es posible identificar ciertas características comunes. El estudio del IICA27 (2007) destaca que para este sector “la actividad agrícola o pecuaria es la más importante del predio y se reconoce que la familia y la unidad productiva son vistas y operan de forma integrada en las decisiones económicas y sociales” (p. 5). Asimismo, generalmente existe una cercanía entre el espacio en el que se desarrolla la actividad productiva y el lugar de vivienda de la familia (FAO, 2011). En 2014, la FAO propuso una definición genérica en el marco del Año Internacional de la Agricultura Familiar (AIAF): 27 Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura. 29 “La agricultura familiar incluye todas las actividades agrícolas de base familiar y está relacionada con varios ámbitos del desarrollo rural. La agricultura familiar es una forma de clasificar la producción agrícola, forestal, pesquera, pastoril y acuícola gestionada y operada por una familia y que depende principalmente de la mano de obra familiar, incluyendo tanto a mujeres como a hombres” (AIAF, 2014). Estas definiciones estándar, si bien sirven como referente, evocan a características que tradicionalmente se le han adjudicado a este sector. Es importante tomar en cuenta las particularidades internas y “reconocer a la Agricultura Familiar como un universo de hogares estratificados en términos de ingreso y acceso a los recursos productivos y en constante movimiento entre los estratos inferiores y superiores” (FAO, 2011, p. 5). Para esta investigación, tomo como base la definición genérica de Agricultura Familiar, pero adapto el concepto al contexto la zona de estudio y le presto especial atención a las transformaciones y procesos actuales en los que se enmarcan las familias. Si bien es cierto que la chacra y la actividad agrícola a grandes rasgos continua siendo un elemento importante para las familias campesinas, en la actualidad la interrelación que existe entre los espacios rurales y urbanos es más estrecha, fenómeno que ha redoblado el panorama de oportunidades y el repertorio de actividades de los pobladores rurales (Diez, 2014). Expresiones propias de este nuevo contexto, tales como la pluriactividad28, la alta movilidad y desplazamiento constante de los miembros de las familias y las variaciones en la composición clásica de las mismas demandan, en última instancia, una nueva forma de pensar la Agricultura Familiar. La pequeña agricultura se ha transformado y, dadas las potencialidades del sector, se viene abriendo un espacio trascendental en la configuración de las sociedades contemporáneas. La importancia de concebir a la Agricultura Familiar como una institución que tiene la capacidad de transformarse y reaccionar a los contextos mayores, es lo que permite analizar las nuevas formas, patrones e identidades que surgen en el espacio rural-urbano actual, por ejemplo, la del empresario agricultor (Van Der Ploeg, 2010). 28 Se refiere la multiplicación de actividades de subsistencia, producción y acumulación de las familias rurales, experimentadas en el campo y otros espacios rurales latinoamericanos en las dos últimas décadas (Diez, 2014). 30 Dicho esto, “lo más importante para recordar es que la realidad de la agricultura familiar es mucho más rica que los dos aspectos individuales que se usan más comúnmente para describirla: que la familia es propietaria de la finca y que el trabajo es realizado por los miembros de la familia” (Van der Ploeg en LEISA, 2014, p.6). Por el contrario, se la debe pensar como una institución que maneja una lógica interna y hace uso de los recursos que posee para adaptarse y producir en un entorno capitalista que le es adverso. Es precisamente el evitar concebir el concepto de Agricultura Familiar de una manera estática lo que permite comprender las transformaciones de dicho sector, que, lejos de desaparecer, continua siendo un siendo de suma importancia dentro de la estructura agraria del país. De hecho, el año 2014 fue declarado el “Año Internacional de la Agricultura Familiar” (AIAF)29, lo cual tuvo como objetivo reconocer la importancia global de la pequeña agricultura y sus aportes a temas relevantes como la erradicación de la pobreza, la seguridad alimentaria y la conservación de la agrobiodiversidad. Fernando Eguren (2013) sintetiza en un párrafo la posición que ocupa ahora la agricultura familiar en el contexto global actual, en el que es concebida como parte de la solución a muchos de los problemas contemporáneos. Así, a la pregunta ¿solución de qué?, responde: “De todo: de la inseguridad alimentaria (de la falta de soberanía alimentaria); de la crisis energética; de la mala relación con la naturaleza; de la persistencia de la pobreza; de la falta de desarrollo descentralizado; del irrespeto a las culturas. No era así hace algunos años cuando la agricultura familiar, o pequeña agricultura, era percibida como un problema social; como una de las razones del atraso del mundo rural; como un factor de mantenimiento de la pobreza y de la ignorancia, al que había que encontrar una salida” (p. 8). Esta importancia se evidencia también en cifras concretas. Según datos de la FAO, el 70% de los alimentos producidos a nivel mundial provienen de las chacras de pequeños agricultores familiares y ese porcentaje aumenta al 77,5% si es que se toma en cuenta los pequeños agricultores urbanos (FAO, 2017). Si esto se lee en números concretos se puede decir que 1600 millones de personas son agricultores 29 El 21 de diciembre de 2011 la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la resolución 66/222 proclamó al 2014 como el Año Internacional de la Agricultura Familiar (AIAF). 31 familiares y en términos de fincas y pequeñas parcelas estás son más de 500 millones (COEECI, 2014). En el Perú, la composición de la estructura agraria nacional advierte que el 97% de las fincas corresponden a pequeños agricultores (FAO, 2017), que son quienes se encargan de velar por la seguridad alimentaria a nivel nacional. Según datos del IV Censo Nacional Agropecuario del 2012, de los 3.8 millones de trabajadores que laboran en el sector agrícola, más de 3 millones (83%) son agricultores familiares. A pesar de la importancia del sector, la pequeña agricultura en el país ha sido históricamente marginada, especialmente en los últimos años en pro de la agro exportación, sector que es prioritario dentro de la estructura agraria nacional. Esto se expresa en la falta de políticas agrarias adecuadas que respondan a las necesidades y demandas de los pequeños agricultores. “La única política agraria que en el Perú puede afirmarse que es de Estado es, desde la década de 1990, el apoyo a la agricultura de exportación, particularmente a aquella que es conducida por las grandes empresas, que son verdaderos neolatifundios” (Eguren, 2015, p.7). Tomando en cuenta las cifras y la composición del agro a nivel nacional es imposible concebir algún tipo de desarrollo rural que no pase por priorizar a este sector. A pesar de ello, desde el Estado se vienen realizando recientes esfuerzos para apoyar la Agricultura Familiar. Una de ellas es la Estrategia Nacional de Seguridad Alimentaria 2013 - 2021 – aprobada en el 2013 –, que resalta en su primer eje la importancia de desarrollar este sector como factor trascendental para alcanzar la seguridad alimentaria nacional. En esta misma línea, en el 2015, se aprobó la Ley de Desarrollo y Promoción de la Agricultura Familiar, que tiene como fin establecer las responsabilidades del Estado en la promoción del sector con la finalidad de mejorar la calidad de vida de las familias, teniendo como marco un enfoque de sostenibilidad (El Peruano, 2015). Asimismo, aprobada en el 2016, la Política Nacional Agraria destaca también la importancia del sector en el espacio rural. De hecho, desde hace ya algunos años, el Ministerio de Agricultura y Riego viene empleando diversas acciones para apoyar al sector de la Agricultura Familiar. Las más importantes son la 32 implementación de la Estrategia Nacional de Agricultura Familiar30 y la aprobación de la Ley 30355 de Promoción y Desarrollo de la Agricultura Familiar, así como también la creación de programas tales como el programa Agrorural, el Fondo Agroperú y el centro Investigación e Innovación Agraria (INIA). No obstante, a falta de respaldo presupuestal, estos esfuerzos aún no se han cristalizado en beneficios concretos que supongan una mejora significativa para el sector. “La Estrategia Nacional de Agricultura Familiar requiere poner en ejecución y articular mecanismos intersectoriales e interregionales a fin de que se logre una implementación adecuada en todo el ámbito nacional, todo lo cual exige importantes incrementos presupuestales” (Loli, 2018, p. 19). Estrategias Familiares El concepto de estrategias de vida ha pasado por una serie de evoluciones. En un primer momento era empleado bajo el nombre de estrategias de supervivencia, y buscaba caracterizar las condiciones y formas de vida de las familias que se encontraban en una condición de pobreza, haciendo énfasis en las acciones que estas realizaban para persistir y mantenerse. Sin embargo, dicho enfoque fue trascendido bajo el argumento de que contribuía a crear “la impresión de que se trata solamente de “sobrevivir”; se desconoce que se puede igualmente tratar de un mejoramiento de la situación” (Zoomers, 1999, p. 14). De esta forma, en 1987, la Comisión Mundial del Desarrollo y Medio Ambiente (WCED, por sus siglas en inglés) propuso el término sustainable livelihood security31 , introduciendo con ello la idea de empezar a pensar en función al stock y los activos que las familias poseen para alcanzar las necesidades básicas. En 1991, Conway y Chambers modifican el concepto propuesto por la WCED y plantean una definición más integral, que tomo como punto de partida para acotar 30 Aprobada en el 2015. 31 No existe una traducción clara al español; no obstante, a grandes rasgos, se refiere a la seguridad y sostenibilidad de las unidades familiares. 33 el concepto a los objetivos de la investigación. Así, definen estrategias de vida o medios de vida sostenibles (sustainable livelihoods) de la siguiente manera: “Comprenden las capacidades, los activos […] y las actividades necesarias para asegurar los medios de vida: un medio de vida es sostenible cuando puede hacer frente y recuperarse del estrés y las crisis [shocks], mantener o mejorar sus capacidades y activos, y proporcionar oportunidades de medios de vida sostenibles para la próxima generación32” (1991, p. 6). El enfoque que presentan propone tomar como punto de partida los activos o capitales (naturales, físicos, humanos, financieros o sociales) que poseen las familias, el acceso a recursos y medios de producción y las actividades que realizan en función a las opciones y oportunidades que disponen. En cuanto al uso en del término sostenibles, este busca resaltar la capacidad de las familias de mantenerse en el tiempo. Así, una estrategia de vida se desagrega en un conjunto de diversas actividades; es decir, prácticas concretas orientadas a un fin que tienen, por tanto, un resultado directo (Scoones, 2009). El centrar la atención en lo que hacen las familias facilita el análisis de las lógicas que subyacen a dichas acciones, tales como lógicas de supervivencia, acumulación de activos o reducción de riesgos, procesos de inserción al mercado o de superación de la pobreza, lógicas capitalistas o lógicas de defensa o de elaboración de seguros frente a riesgos, entre otras (Diez, 2014). A partir de esta sistematización del concepto que realizan Conway y Chambers (1991), diversos autores elaboran algunas ideas y acotaciones. Para los fines de esta tesis, tomaré en cuenta las anotaciones realizadas por Zoomers y Scoones. Si bien la nueva conceptualización incorpora aspectos relacionados a la adaptación de las familias a contextos y entornos particulares (Singh y Kalala, 1995), Scoones (1998, 2009) resalta la importancia de reconocer las dinámicas y los contextos más amplios en el que se encuentran la familias. Por ejemplo, sostiene que es fundamental considerar aspectos relevantes como los efectos de la globalización en la localidad, el fenómeno del cambio climático y las repercusiones que tiene a nivel local, la relación con la política y economía nacional, entre otros. En otras palabras, insiste en trascender el enfoque puramente económico y tomar en consideración los 32 Traducción propia. 34 aspectos políticos, sociales e históricos en los que se enmarcan las estrategias de vida, puesto que el enfoque clásico deja de lado “un análisis político y de equilibrios entre las posibilidades de acción restringidas de las familias en un ambiente que la literatura clásica llamaría “de dominación” (Diez, 2014, p. 49). Esto es coherente con la propuesta de la investigación de no perder de vista las transformaciones en el espacio rural del país y su influencia sustancial en la vida económica y social de los pequeños agricultores. No fue sino hasta mediados de los ochenta que estos grandes procesos empezaron a incorporarse como una variable a considerar a la hora de estudiar los contextos de los llamados países en vías de desarrollo; la globalización económica, el crecimiento poblacional, el alcance de las nuevas tecnologías de transporte y comunicación y la actividad comercial que dinamiza la movilidad entre espacios rurales y urbanos son solo algunos de los factores que configuran el contexto externo en el que se enmarcan las estrategias de las familias (Macías, 2013). En el caso estudiado, por ejemplo, existe una estrecha relación entre el reciente crecimiento económico y poblacional de la ciudad de Huánuco y las estrategias de migración de las familias campesinas. En esta línea, el autor enfatiza en la forma en cómo los procesos institucionales moldean también las estrategias de las familias. La presencia del Estado en la localidad, en forma de servicios o programas, es un factor importante que cumple un rol central dentro del repertorio de actividades que las familias desarrollan. Zoomers (1998, 2002) puntualiza también sobre el rol de las instituciones, pero coloca el énfasis en los proyectos de desarrollo. En este caso, vale la pena preguntarse en qué medida la declaración de la Zona de Agrobiodiversidad influye o no las estrategias de las familias. En el libro Estrategias campesinas en el Sur Andino de Bolivia (Zoomers et. al 1998), la autora divide y nombra las estrategias en función a una serie de actividades relacionadas que la componen. Identifica cuatro grupos de estrategias: de acumulación, que se refieren a las actividades que las familias realizan para, a partir de los recursos mínimos que poseen, acumular activos; de consolidación, las cuales se desarrollan después de las de acumulación y mantienen la lógica de obtención de 35 tierras o capitales; de compensación, las cuales son implementadas frente a eventos críticos relacionados tanto a aspectos externos, como un shock económico, o locales, como la pérdida de las cosechas, con el fin de superar la condición de vulnerabilidad en la que se encuentra la familia; y de seguridad, que se “refieren a las diversas medidas adaptativas a las condiciones de producción existentes en el medio de trabajo y corresponden a una serie de prácticas que garantizan niveles mínimos de logro (diversificación de cultivos, multiparcelas, etc.)” (Diez, 2014, p. 50). Estos grandes tipos sirven de referencia a la hora de analizar las actividades de las familias. Por último, la autora resalta la importancia de considerar el contexto interno, tales como el patrón de residencia, la composición familiar, la disponibilidad de la tierra y la fuerza de trabajo, puesto que dichas particularidades también determinan el tipo de estrategia que las familias desarrollan. El prestarle atención a las condiciones particulares de cada familia permite contemplar la heterogeneidad de casos y evitar las grandes generalizaciones. “Cada familia tiene un punto de partida diferente; algunas se encuentran en situaciones de infrasubsistencia, otra subsisten o se encuentran ya en situaciones de producción excedentaria” (1998, p. 32). Esta propuesta de Zoomers es coherente con la metodología de la investigación, que plantea la realización de una tipología de las familias rurales en base a los recursos que poseen y el ciclo demográfico en el que se encuentran. En definitiva, entiendo las estrategias familiares como un conjunto de decisiones y acciones que las familias realizan con cierta frecuencia en función a las opciones y oportunidades que acceden y a las limitaciones que enfrentan, tomando en consideración tanto el contexto externo como la disponibilidad de recursos a nivel familiar. Balance En función a lo señalado, la definición presentada de agrobiodiversidad ha sido adaptada y delimitada a los fines antropológicos de este trabajo. Delimitar el término 36 es importante porque, como presento en el siguiente capítulo, existen una serie de prácticas y líneas de acción que se desarrollan a partir de este concepto, lo que desemboca en la generación de diversas explicaciones, opiniones y valoraciones respecto al término. El concepto de agricultura familiar es útil para comprender el contexto complejo que caracteriza a este sector en la zona de estudio y presentar las problemáticas que este grupo enfrenta. El no definirlo como un concepto estático permite comprender de manera más adecuada las estrategias que las familias realizan desde su posición individual y dentro del contexto mayor. Las transformaciones del espacio rural, que se encuentran íntimamente ligadas a la difusión del capitalismo en el agro, indudablemente tiene efectos sobre las actividades que realizan las familias campesinas, fenómeno que da lugar a la formación de nuevos tipos de relaciones que acortan las distancias y hacen menos visibles las diferencias entre el campo y la ciudad. Analizar las prácticas de las familias en estos nuevos contextos permite identificar las estrategias familiares contemporáneas de los productores rurales. En suma, la adaptación de estos conceptos a los objetivos de la investigación permite colocar como eje central a las familias sin perder de vista la complejidad de las nuevas dinámicas y relaciones que se generan en un contexto de múltiples transformaciones. 1.3 Lugar de estudio: San Pedro de Cani y Tres de Mayo de Huayllacayán El departamento de Huánuco (250 msnm – 6,632 msnm) se encuentra ubicado en la zona centro oriental del país. Esta región es atravesada por tres cadenas montañosas de los andes septentrionales: la occidental, la central y la oriental, las cuales permiten el surgimiento de los tres ríos principales que dotan de agua a todo el departamento: el Marañón, Huallaga y Pachitea. Estos atraviesan la región de Sur a Norte y crean tres cuencas que llevan el mismo nombre de los ríos. Huánuco está dividido en once provincias y setenta y tres distritos que se encuentran distribuidos a lo largo de las dos macro regiones que componen al departamento: la sierra (22 012 km²) y la selva (14 837 km²) (Informe BCR, 2015). 37 Figura Nº 1: Mapa del departamento de Huánuco Fuente: Gobierno Regional de Huánuco. La región se caracteriza por poseer una geografía diversa y rica; de las ocho regiones naturales que existen en el país, siete se encuentren en Huánuco. Posee también una vasta riqueza en recursos naturales; destacan especialmente sus recursos hídricos y forestales, además de un clima propicio para el desarrollo de la actividad agrícola. Todo esto, además, le permite a la región contar con un fuerte potencial de crecimiento económico. “En efecto, los diversos pisos ecológicos y su clima benigno resultan aptos para el desarrollo de múltiples cultivos, desde frutales tropicales en la zona oriental, hasta los típicamente andinos en la sierra” (Informe BCR, 2015, p. 11). De hecho, la Sierra Central es el área en donde se desarrolla la actividad agrícola más importante del país; sus características agroecológicas colocan al territorio en una posición privilegiada. “Es una de las áreas que tiene la mayor circulación de semillas (rutas de semilla) en el Perú y es famosa por la intensidad de la práctica de la agricultura tradicional. Las especies importantes en este micro- geocentro son la maca, arracacha, papa, yuca, maíz, camote, quinua, granadilla y 38 frijoles. Las especies asociadas más significativas son: la kiwicha, calabaza, oca, olluco, mashua, tomatera y chirimoya” (Ruiz, 2009, p. 46). El distrito de Quisqui (Kichki), creado por la Ley No. 12564 el 26 de enero de 1956, forma parte de uno de los once distritos que componen la provincia de Huánuco. Su capital, Huancapallac, se encuentra a veinte kilómetros de distancia de dicha ciudad y forma parte de las dieciocho comunidades que conforman el distrito, las cuales se encuentran repartidas a lo largo de la sub-cuenca del río Higueras, específicamente en la microcuenca de Mito, territorio que alcanza una altitud que va desde los 2,000 hasta los 4,500 msnm. “En este distrito andino, que forma parte de una de las regiones con los mayores indicadores de desnutrición y pobreza económica; paradójicamente cientos de familias campesinas […] son las poseedoras de uno de los bancos de recursos genéticos conservados en las chacras campesinas más importantes del Perú: 700 variedades de papas nativas, 200 variedades de ocas, 96 variedades de ollucos, 129 variedades de mashuas; 423 variedades de maíces, 26 variedades de habas, 14 variedades de calabazas, 100 variedades de frijoles” (IDMA, 2016, p. 7). Figura Nº 2: Ubicación del distrito de Quisqui en la región Huánuco Fuente: ABISA (IDMA, 2016). 39 La accesibilidad a las comunidades de San Pedro de Cani y Huayllacayán es por medio de la carretera que va en dirección a La Unión, construida en paralelo al río Mito. La siguiente fotografía muestra marcado con azul el camino desde la ciudad de Huánuco hasta la capital del distrito. Desde Huancapallac, la comunidad de San Pedro de Cani se encuentra unida mediante una trocha, cuyo recorrido en auto es de aproximadamente cuarenta minutos. Si se realiza el viaje desde la ciudad de Huánuco el recorrido dura alrededor de una hora y veinte minutos. En cuanto a la comunidad de Huayllacayán, la distancia desde la ciudad de Huánuco es de aproximadamente dos horas en auto. Figura Nº 3: Ruta de la ciudad de Huánuco a Huancapallac, Quisqui Fuente: Google Maps. Si bien ejecuté la mayor parte del trabajo de campo en la comunidad de San Pedro de Cani, puesto que fue allí donde permanecí los dos meses, también realicé visitas constantes a la comunidad de Huayllacayán. Por motivos de tiempo y distancia la comunidad de Monte Azul, a pesar de formar parte del territorio que compone la Zona de Agrobiodiversidad, fue dejada de lado. La decisión de realizar el trabajo de campo en dos comunidades se debió a que ambas se encuentran en altitudes distintas y, por tanto, tienen características agroecológicas y productos diferentes, lo que me permitió abordar una cantidad mayor de cultivos. La comunidad de San Pedro de Cani cuenta con un rango altitudinal que oscila entre los 2340 y los 3400 msnm. Está compuesta por 6 anexos33: el más cercano se 33 San Pablo de Lanjas, Limapampa, Santa Rosa de Shayag, San Antonio de Chonta, San Juan de Collota y Libertad de Santa Ana. 40 encuentra a 30 minutos a pie y el más lejano a tres horas; no obstante, la mayor parte de la población reside en la parte baja, es decir, en la misma comunidad. En esta zona se encuentran concentrados el Centro de Salud, la escuela, la Municipalidad y el polideportivo. Los anexos, en cambio, no cuentan con acceso a servicios básicos; por ejemplo, carecen de alumbrado eléctrico y servicios de saneamiento. La cercanía con la ciudad de Huánuco genera mucho dinamismo y movilidad en la zona. Las familias viajan constantemente a la ciudad para realizar compras, trabajar o vender sus productos en los mercados o ferias. Según datos recogidos en la Municipalidad del distrito, San Pedro de Cani cuenta con 2000 habitantes, aproximadamente 170 familias. Dada la densidad poblacional, la crianza de animales mayores es casi nula o se realiza únicamente en los anexos más altos. La mayoría de personas que residen en la parte baja crían animales menores, tales como cuyes, gallinas o patos. Figura Nº 5: Ruta de Huancapallac a San Pedro de Cani Figura Nº 4: Vista Satelital San Pedro de Cani Fuente: Google Maps. Fuente: Google Maps. 41 Los cultivos característicos de la zona son los cereales y granos, principalmente el maíz, pero en los últimos años la producción del cultivo de papa blanca ha incrementado debido a la creciente demanda del mercado. Asimismo, dada la altitud de la zona, posee las condiciones agroecológicas propicias para la producción de frutas, verduras y hortalizas, tales como las granadillas, duraznos, paltas y rocotos. La comunidad de Huayllacayán, por otro lado, se ubica en la parte alta de la cuenca y cuenta con un rango altitudinal que va desde los 3351 hasta los 3942 msnm. Según cifras de la Municipalidad, viven 360 personas, aproximadamente 50 familias. Esta comunidad cuenta solo con un anexo: San Juan de Tingo, que se encuentra a unas tres horas de distancia a pie y, a diferencia de la parte baja de Huayllacayán, no cuenta con los servicios básicos. Aún así, a diferencia de San Pedro de Cani, Huayllacayán se encuentra en una situación más precaria: la mayoría de familias no tiene acceso a servicios de saneamiento y solo la parte baja cuenta con alumbrado eléctrico. Las fotografías que muestran la vista satelital de ambas comunidades (Nº4 y Nº6) evidencian la diferencia en cuanto a la concentración de la población. Debido a la menor densidad poblacional, Huayllacayán cuenta con mayores áreas para el pastoreo de animales mayores, aunque cada vez son menos las familias que los poseen. Por el contrario, todas cuentan con animales menores para cubrir sus necesidades alimentarias. Asimismo, dadas las condiciones climáticas de la comunidad, los principales cultivos de la zona son los tubérculos andinos, tales como las papas nativas, ocas, ollucos y mashuas de diversas variedades. 42 Figura Nº 6: Vista satelital Huayllacayán Figura Nº 7: Ruta hacia comunidad de Huayllacayán Fuente: Google Maps Fuente: Google Maps Las familias de ambas comunidades se hallan, algunas en mayor medida que otras, integradas al mercado. Además de estas ventas estacionales, en la ciudad de Huánuco todos los sábados, desde hace ya varios años, se realizan dos ferias campesinas: La Feria Campesina de la Chacra a la Olla y la Feria de Productores Ecológicos, donde algunas de las familias de las comunidades venden sus productos. Los circuitos mercantiles en los que participan las familias es un tema que abordo en el capítulo tres. Cambios y procesos actuales Dada la carencia y distancia de los servicios básicos en las zonas más altas de las comunidades, así como el incremento de la inseguridad y el abigeato, la población que vive en los anexos y en zonas de altura, desde hace ya varios años, abandonan sus casas y se establecen en la parte baja. Con esto, no solo cambia la composición de las comunidades, sino que esta movilización tiene efectos directos sobre las prácticas agrícolas. Por ejemplo, como consecuencia de este proceso, las familias dejan de criar animales mayores, pues ya no cuentan con las grandes áreas de pastoreo que proporcionaba la zona de altura. De esta manera, se produce un 43 quiebre en el sistema productivo que ha caracterizado desde siempre a la producción campesina, donde los servicios que brindan este tipo de animales son un elemento crucial para la producción integral. El problema es que la reducción en el uso de abonos animales incrementa la entrada de abonos y fertilizantes externos, cuestión que acelera el proceso de deterioro de la calidad de los suelos. Esto está estrechamente ligado a la expansión del capitalismo, que incide directamente las formas de vida de las familias agricultoras y transforma las lógicas económicas y productivas, en la medida en que se compran productos que antes se producían y la producción se transforma y ajusta a las demandas del mercado. Este es un fenómeno que ocurre a escala nacional y repercute, nuevamente, en el incremento de agroquímicos y cultivos mejorados. Asimismo, el crecimiento económico de la ciudad de Huánuco ha acelerado el fenómeno migratorio, con lo cual se fomenta también el desplazamiento continuo de las familias rurales y se amplía el repertorio de actividades generadoras de ingresos. En líneas generales, es importante ubicar a las familias dentro del contexto mayor de transformaciones y cambios que invita a pensar en una nueva ruralidad34. Este enfoque, que mantengo a lo largo de toda la investigación, es útil para tomar distancia de las visiones con las que tradicionalmente se ha concebido al espacio rural, infundado en una dicotomía que lo aleja de la urbanidad. Por el contrario, la realidad muestra que “la interrelación entre espacios rurales y urbanos es más estrecha y densa; las formas de comunicación e interrelación y la movilidad espacial de las familias (y sus miembros, individualmente) es mucho mayor; se han multiplicado los repertorios de actividades y oportunidades económicas, sociales y políticas de los pobladores rurales” (Diez, 2014, p. 21). Esta perspectiva y forma de entender el contexto macro en el que se enmarcan las familias la mantengo a lo largo de toda la tesis. 34 El concepto de Nueva Ruralidad hace referencia a “la interrelación (múltiple) entre espacios urbanos y rurales que supone y explica una serie de transformaciones del espacio rural” (Diez, 2014, p. 23). 44 2. PROYECTOS Y DISCURSOS DE AGROBIODIVERSIDAD En este capítulo realizo un breve repaso del proceso de revaloración de la agrobiodiversidad. Empiezo describiendo el contexto global que generó las condiciones para que la conservación de la agrobiodiversidad se convierta en un foco de intervención en diversos países, para luego pasar a describir los puntos principales del discurso técnico de la conservación que caracteriza a dichas intervenciones. Luego de esto, abordo el tema de la agrobiodiversidad en el Perú. Concretamente, presento los proyectos y expongo las acciones que devinieron en la creación de la primera Zona de Agrobiodiversidad en el distrito de Quisqui. Finalmente, el capítulo concluye señalando la estrecha relación que existe entre la agrobiodiversidad y la agricultura familiar. 2.1 Historia de la conservación de la agrobiodiversidad La preocupación por la preservación de la agrobiodiversidad se afianza al final de la década del sesenta, momento en el cual, desde las ciencias biológicas (Frankel y Bennett, 1970; Harlan, 1975) se hace un llamado de atención sobre el fenómeno de la “erosión genética”, término que hace referencia a la pérdida de diversidad biológica (FAO, 1996). Existe un gran número de trabajos35 que convienen en que la pérdida de la variabilidad genética es consecuencia de la implantación de un sistema agrícola industrial que se consolidó durante la Revolución Verde (FAO, 1996). No obstante, existen otros factores que confluyen en la pérdida de la diversidad de cultivos (Van de Wouw et al., 2010). La erosión genética también es causada por los efectos de la urbanización y la adaptación de técnicas y prácticas agrícolas modernas, la 35 Ver por ejemplo Rosset, 1997; Montecinos, 1997; Hobbelink, 1999. 45 degradación medio ambiental, los cambios en las preferencias alimenticias de las poblaciones urbanas e incluso los desastres naturales o conflictos humanos (Richards y Ruivenkamp, 1997). Más allá de las causas específicas que ocasionan este fenómeno, la erosión de variedades puede tener repercusiones nefastas para la agricultura y el futuro del planeta. Según datos de la FAO (2017), de las 10.000 especies de plantas de las que históricamente ha dependido la alimentación humana, hoy se producen y distribuyen comercialmente aproximadamente 150. Inclusive, dentro de estas especies que se comercializan, cada vez se utilizan menos variedades. “La erosión de estos recursos priva a la humanidad de medios potenciales para adaptar la agricultura a las nuevas condiciones socioeconómicas y ambientales […] Mantener y utilizar una amplia gama de la diversidad, tanto la diversidad entre las especies como la diversidad genética intraespecífica, significa, pues, mantener la capacidad de responder a los desafíos del futuro” (FAO, 2016, p. 1). A pesar de las diversas explicaciones respecto a la erosión, es innegable que la Revolución Verde marca un hito en la historia agrícola, puesto que no solo aceleró el proceso de implementación de variedades modernas y supuso nuevas prácticas productivas, sino que también terminó por consolidar una determinada forma de relacionarse con la tierra y los cultivos agrícolas, fundamentada en una racionalidad científica occidental que coloca al ser humano en una posición de superioridad respecto a los demás seres vivos. Bajo esta lógica, el sometimiento de la naturaleza y la explotación de sus recursos para el beneficio y rentabilidad del ser humano es un imperativo (Rosset, 1997). Esta forma de ver el mundo, aplicada al terreno de la agricultura, se tradujo en la búsqueda de la productividad máxima de la tierra a través de la expansión de los campos de cultivos y la introducción de insumos químicos para el aumento y optimización de la producción. Todo esto devino en “el deterioro de los agroecosistemas, manifestado como rebrotes de plagas en muchos sistemas de cultivo y también en forma de salinización, erosión del suelo, contaminación de aguas, etc.” (Gonzáles, 2006, p. 163). Estos cambios, además, confluyeron en la transformación de la vida rural y en una cada vez mayor dependencia económica y tecnológica de las transnacionales de la agricultura y los sistemas alimentarios industriales. Los costos ambientales del modelo agrícola industrial son perjudiciales 46 para la salud de la tierra. El desmesurado uso de agroquímicos y la promoción del monocultivo no solo conlleva a la pérdida de los recursos genéticos vegetales, sino que tiene consecuencias directas sobre la seguridad alimentaria36 de los países, la conservación de los suelos y la contaminación del planeta (FAO, 1996). En oposición a esto y regidos por una ideología diametralmente opuesta, empezaron a surgir diversas propuestas que buscaban la consolidación de un modelo de producción sostenible37. En este contexto, la agroecología emerge como una propuesta llamativa que se distancia del modelo productivo de la agricultura mecanizada, pues propone, entre otras cosas, suplantar el principio de rentabilidad, central en el paradigma de la agricultura moderna, por el de la sostenibilidad (Altieri, 1982). “La agroecología es ante todo una respuesta a los impactos económicos, sociales y ecológicos negativos de la agricultura industrial y un intento de proteger la autonomía de las agriculturas campesinas de su creciente influencia” (Oxfam, 2015, p. 13). El carácter multifacético de la agroecología, al consolidarse como ciencia, enfoque agrícola y movimiento social a la vez, es lo que la hace llamativa para las ONGs que buscan un nuevo paradigma de desarrollo agrícola (Oxfam, 2015). En la década de los ochentas y noventas, la consolidación del Movimiento Agroecológico LatinoAmericano (MAELA) y el Consorcio LatinoAmericano de Agroecología y Desarrollo (CLADES) constituyeron el gran marco que integró las propuestas de las ONGs 38 pioneras que promovían diversos proyectos de investigación y capacitación orientados a impartir las técnicas de producción sostenible y los principios agroecológicos entre los campesinos (Altieri, 1982). Estos esfuerzos por evitar la desaparición de variedades locales a partir de promover un modelo sostenible de desarrollo agrícola no tardó en insertarse en las agendas políticas. Un elemento que marca un hito en este proceso es el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), firmado en 1992 en el marco de la Declaración de Río 36 Según la FAO, la seguridad alimentaria hace referencia a un estado en el que las personas gozan de acceso permanente a los alimentos que necesitan para vivir de manera óptima y alcanzar un estado de bienestar general. 37 Según la FAO, hace referencia a un tipo de producción que satisfice las necesidades humanas y garantiza un equilibrio entre la salud del medio ambiente, la equidad social y económica y la rentabilidad. 38 Entre ellas se encuentran el Centro de Educación y Tecnología (CET), el Centro IDEAS, el Centro de Investigación, Educación y Desarrollo (CIED), el Instituto Mayor Campesino y la Fundación para la Aplicación y Enseñanza de las Ciencias (FUNDAEC). 47 sobre el Medio Ambiente y Desarrollo 39 . Este documento marcó las pautas internacionales que los países debían seguir en torno al manejo y protección de la biodiversidad en general. Un documento central en este proceso, titulado “Nuestra diversidad creativa” (1996) y publicado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sintetizó los esfuerzos de diversos actores que reivindicaban la inmensa diversidad del planeta al plantear una nueva ética global que promueva la revaloración y aprovechamiento sostenible de los recursos. A pesar de los esfuerzos, no fue hasta después de la publicación de dicho documento que los gobiernos empezaron a tomar acciones concretas en torno al manejo y conservación de la agrobiodiversidad. “En efecto, el mantenimiento de la biodiversidad es uno de los objetivos clave en las agendas políticas, desde Río hasta Nagoya. Pero la biodiversidad hasta hace poco era considerada exclusivamente en su dimensión silvestre, desatendiendo la importancia clave que la biodiversidad cultivada tiene para el futuro de los ecosistemas y de la alimentación de la humanidad” (Acosta-Naranjo y Rodríguez-Franco, 2013, p. 116). Antes de pasar a describir los esfuerzos concretos en torno a la conservación de la agrobiodiversidad en el país, resulta pertinente explicar el discurso que caracteriza a los proyectos de conservación. 2.1.1 Constitución de los discursos técnicos de la conservación Las intervenciones para la conservación de la agrobiodiversidad comparten un lenguaje común que supone, en última instancia, una determinada manera de aproximarse al espacio agrícola. Esta aproximación parte de un distanciamiento entre los agentes que la estudian y la agrobiodiversidad misma, que motiva un acercamiento a partir de marcos conceptuales avalados en los conocimientos 39 La Declaración sobre el medio ambiente y desarrollo se aprobó durante la Cumbre de Río de Janeiro en 1992. Esta Declaración tiene como fin impulsar la responsabilidad de los Estados en la preservación del medio ambiente. En esta misma línea, en 2010, se aprobó el Protocolo de Nagoya (Japón), el cual busca frenar la biopiratería al regular el uso y acceso de los recursos genéticos. 48 técnicos que poseen. En otras palabras, el relato técnico de las intervenciones supone una determinada manera de conceptualizar y relacionarse con la agrobiodiversidad. En esta aproximación, la separación dicotómica entre el conocimiento experto y el conocimiento local es central dentro del discurso. Desde la teoría (Negev y Teschner, 2013; Agrawal, 1995), el conocimiento local es definido como el entendimiento que se produce a partir de la experimentación empírica y cotidiana de la realidad en un contexto determinado. La observación y las prácticas cotidianas que los sujetos realizan en el medio en el que viven genera un tipo de conocimiento informal que se configura como el gran marco interpretativo de la realidad (Ballard et al., 2008). El conocimiento científico, por el contrario, no se enraíza necesariamente a un contexto en particular, sino que puede aplicarse a diversas problemáticas dado el nivel de abstracción que lo caracteriza (Agrawal, 1995). A diferencia del conocimiento local, este se basa en evidencia recogida por profesionales técnicos con un bagaje teórico y sustento académico, que es, entre otras cosas, lo que le otorga un carácter “neutral” y, por tanto, superior (Foucault, 2002). Específicamente, en el mundo de las intervenciones de desarrollo se ha generado una asociación entre lo científico y lo técnico, dando lugar a lo que se conoce ahora como el conocimiento técnico-científico (Yanow, 2003). En breve, las intervenciones para la conservación de la agrobiodiversidad suponen esfuerzos de agentes externos para evitar la erosión. Para ello, equipos compuestos por profesionales de distintas disciplinas (agrónomos, antropólogos, biólogos), expertos en la materia, abordan el fenómeno a partir del conocimiento técnico-científico proporcionado por sus propias disciplinas. Esto, por ejemplo, se manifiesta en los términos que emplean para referirse a la realidad que estudian, tales como variabilidad genética, erosión, especies vegetales, parientes silvestres, entre otros, que ponen en evidencia el sesgo cientificista de la intervención. Para evitar la erosión de variedades, estas intervenciones promueven un modelo de producción alternativo, donde ciertos aspectos de la agroecología y la producción sostenible son centrales. Tanto el paradigma de la agroecología como el del desarrollo sostenible se caracterizan por una “recuperación” de los llamados saberes agrícolas tradicionales, lo que hace llamativos a los pequeños agricultores. 49 Lo que plantean estas corrientes es un regreso a la producción sostenible que tradicionalmente ha caracterizado a las prácticas agrícolas campesinas. Así, en el relato técnico de las intervenciones de conservación se elabora una narrativa que valora y presenta como centrales el rol de los campesinos en el proceso de recuperación y conservación de variedades, donde los conocimientos que estos poseen sobre los cultivos le estarían dando una especie de valor agregado a lo local. Esta ancestralidad y prácticas tradicionales se vuelen prioritarias en el discurso, precisamente porque calzan con el ideal de producción sostenible que se requiere para lograr la conservación de las variedades. No obstante, esta forma de resaltar e integrar ciertos aspectos de lo local refuerza la dicotomía al incorporar estos conocimientos como complementarios al científico. El uso de términos como “conocimiento tradicional”, “cultura local” y “recuperación de saberes” posiciona al mundo de los agricultores en un determinada posición dentro del discurso, hecho que evidencia la naturaleza jerárquica que determina la relación de ambos tipos de conocimiento. En este sentido, en esta diferenciación dicotómica que caracteriza al discurso lo nativo, local y tradicional es concebido como opuesto al conocimiento científico, neutral y moderno. En resumidas cuentas, la conservación de la agrobiodiversidad como relato técnico parte de una serie de presupuestos que a la hora de llevarse al terreno de lo práctico y articularse con teorías agrícolas locales generan tensiones entre los distintos actores y sus distintas formas de producción de conocimiento. El discurso de conservación de la agrobiodiversidad implica una determinada visión de desarrollo rural que está permeado por formas específicas de concebir la agrobiodiversidad y el espacio agrícola a grandes rasgos, situación que es problemática a la hora de realizar las intervenciones. A estos problemas y tensiones me voy a referir en el capítulo cuatro. 50 2.2 Perú: Promoción de la diversidad La atención en el cuidado y protección de la agrobiodiversidad se enmarca en un proceso global de revalorización de la diversidad en general, del cual el país no estuvo exento. No obstante, este es un fenómeno relativamente reciente, pues, desde el gobierno históricamente se ha percibido y tratado “la diversidad más como un problema que como una ventaja. La variedad de regiones geográficas ha sido abordada, hasta la segunda mitad del siglo XX inclusive, como ventaja sí, pero para el ejercicio abusivo del poder y la dominación en las zonas rurales, y como un escollo para la integración nacional en el discurso político” (Oliart, 2004, p. 429). El clima de cambios y transformaciones que caracterizó a la década del noventa en la región, sentó las bases para que, al menos en el discurso, la relación con la diversidad empiece a cambiar. Específicamente en el país, el modelo neoliberal se consolidó con las reformas estructurales aplicadas durante el gobierno de Fujimori. La privatización de empresas estatales, la flexibilización laboral y la liberalización de las fronteras al capital extranjero fueron algunas de las medidas que se implementaron con la finalidad de sacar al país de la crisis y reinsertarlo en el sistema financiero internacional. Si bien el discurso de desarrollo que caracteriza al modelo neoliberal está impregnado de un fuerte sesgo economicista, la reinserción no se buscó únicamente por la vía económica. Para obtener nuevamente la aprobación internacional – estropeada durante la época de crisis – se exploraron vías alternas. Así, el tema ambiental, que cada vez iba ganando más fuerza en las discusiones globales, se posicionó como la opción adecuada para obtener dicha aceptación. Es así que el gobierno de Fujimori sentó las bases para el ingreso de los temas ambientales a la discusión política y para el posterior desarrollo de una política ambiental. “La habilidad política de los grupos vinculados con estos intereses en diversas partes del mundo se conjugó en el Perú con la necesidad del régimen de Fujimori de garantizar su reingreso al sistema internacional, y se lograron avances significativos, al menos en lo formal, en cuanto a los compromisos sociales y ambientales asumidos por el Estado peruano” (Oliart, 2004, p. 432). 51 A raíz de ello, en la década del 90 se empezó a “hablar desde el Estado acerca de la biodiversidad con un lenguaje que, al menos en el discurso, promueve una relación diferente con ella” (Oliart, 2004, p. 430). No obstante, dadas las características del modelo neoliberal en las que la búsqueda del progreso está marcado por un fuerte sesgo económico, la promoción de la inversión privada y la explotación de nuestros recursos naturales; la valoración de la biodiversidad estaba permeada por la idea de aprovechar nuestras ventajas comparativas, donde la ganancia económica prevalece sobre la sostenibilidad (Pulgar-Vidal, 2002). Esto deja entrever la inconsistencia de los compromisos ambientales adquiridos durante el gobierno de Fujimori. Un ejemplo de esto es el incumplimiento de las condiciones de sostenibilidad sugeridas por la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo, donde se estipula que “el crecimiento económico debe estar articulado a políticas de protección ambiental y equidad o justicia social” (Oliart, 2004, p. 436). Específicamente respecto a la biodiversidad, la primera herramienta legal que se implementó fue el Código del Medio Ambiente y los Recursos Naturales40. No obstante, es en 1993, año en el que el país ratifica y entra en vigor el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), que se empieza a incorporar el concepto de “biodiversidad” y sus derivados dentro de las políticas y normativas. “Es posible identificar claramente un antes y un después en cuanto a políticas públicas y legislación sobre conservación y uso sostenible de los recursos naturales (incluyendo la biodiversidad y la agrobiodiversidad), a partir de la entrada en vigor del CDB” (Ruiz, 2009, p. 25). Una entidad que congregó estos esfuerzos fue la Comisión Nacional de Diversidad Biológica (CONADIB)41, creada con la finalidad de hacer cumplir el CDB a través de la promoción de políticas públicas y normas relacionadas a la biodiversidad. La CONADIB se posicionó como la plataforma aglutinadora que vinculaba los diversos intereses en materia de biodiversidad, integrando así a los distintos sectores 40 Decreto Legislativo 613, año 1990. 41 Creada originalmente mediante el Decreto Supremo 022-93-AG, año 1993. 52 que están vinculados, directa o indirectamente, al manejo y cuidado de la misma42. “Se definen las posiciones nacionales en las negociaciones internacionales, se proponen medidas de carácter político y técnico y se apoya en la definición de las políticas nacionales en materia de conservación y uso sostenible de la diversidad biológica” (Ruiz, 2009, p. 26). En este contexto en el que el tema ambiental se abría paso dentro del terreno político es que se crea, en 1994, el Consejo Nacional del Ambiente43 (CONAM), institución que cumple la función de ser el ente rector de la política ambiental nacional. Así, la CONADIB pasó a ser presidida por el CONAM, punto focal nacional para el CDB (Ruiz, 2009). Si bien entre los principales temas que se negocian en el CDB se incluyen los referentes a los recursos genéticos, los llamados conocimientos tradicionales, la conservación de la biodiversidad y la propiedad intelectual, existen medidas y organizaciones específicas que se enfocan en la agrobiodiversidad. 2.2.1 Fortalecimiento de la conservación de la agrobiodiversidad El tema de la importancia de los recursos genéticos para la conservación de la agrobiodiversidad, así como el de los denominados conocimientos tradicionales, se empezó a tratar a profundidad en 1993, año en que se negoció en el ámbito sub- regional andino de la Comunidad Andina un régimen legal en torno a las variedades vegetales, el acceso a los recursos genéticos y los temas de propiedad intelectual (Ruiz, 2009). A nivel nacional, el proceso de concientización y sensibilización respecto a los temas relacionados a la agrobiodiversidad ha sido promovido por diversas instituciones, entre las cuales destaca la participación de la el Instituto Nacional de 42 Ministerio de Agricultura, Ministerio de Pesquería, Ministerio de la Presidencia, Ministerio de Economía y Finanzas, Instituto Nacional de Recursos Naturales, Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonía Peruana, Instituto del Mar del Perú, Sistema Nacional de Hidrología y Meteorología, Fundación Peruana para la Conservación de la Naturaleza, PROTERRA, Sociedad Pachamama, Sociedad Peruana de Derecho Ambiental y Consejo Andino de Manejo Ecológico. 43 Ley 26410, año 1994. 53 Recursos Naturales (IRENA), el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) y el Consejo Nacional del Ambiente (CONAM) y el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y la Propiedad Intelectual (INDECOPI). Durante este primer periodo de sensibilización, la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA), la Confederación de Nacionalidades Amazónicas del Perú (CONAP) y la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Amazonía Peruana (AIDESEP) cumplieron un rol destacado en términos de llevar la discusión al los terrenos políticos y legales. Asimismo, el Seminario Permanente de Investigación Agraria (SEPIA) contribuyó también a extender la discusión a otros espacios y buscar, desde un posición académica, fomentar la discusión política y el debate técnico. “En este contexto, es posible afirmar que hay instituciones que han asumido seriamente los retos planteados en relación al reconocimiento de la agrobiodiversidad como un elemento con implicancias sociales, culturales, políticas y hasta económicas. Si bien aún no se ha generalizado el interés de la totalidad de instituciones que tienen competencias, mandatos o responsabilidades en estas materias, los progresos son notorios” (Ruiz, 2009, p. 41). Vale la pena destacar que, en este proceso, entidades como el Ministerio del Ambiente, el Ministerio de Cultura, Ministerio de Agricultura y Riego y PromPerú44 han tenido una participación notoria y activa. Como consecuencia de estos esfuerzos, en el año 2001 se publicó el Reglamento de la Ley sobre Conservación y Aprovechamiento Sostenible de la Diversidad Biológica45, donde se creó la figura de la “Zona de Agrobiodiversidad”, con la finalidad de proteger los cultivos y ecosistemas agrícolas particularmente ricos en diversidad genética, así como el sistema sociocultural que se desarrolla alrededor de la misma. En Perú, esta figura es central, dada la existencia de áreas que concentran una “alta diversidad genética, que hace de estos lugares particularmente interesantes e importantes desde un punto de vista cultural, social, ecológico, económico y científico. Son lo que podrían denominarse “zonas o áreas de especialización” en materia de diversificación genética” (Ruiz, 2009, p. 34). 44 Comisión de Promoción del Perú para la Exportación y el Turismo. 45 El Reglamento fue aprobado por del Decreto Supremo 068-2001-PCM. 54 A nivel regional, una organización que ha venido realizando constantes intervenciones en materia de agrobiodiversidad es el Instituto de Desarrollo y Medio Ambiente (IDMA). Desde 1989, el IDMA viene trabajando con comunidades del departamento Huánuco a partir de tres ejes centrales: la producción sostenible de la pequeña agricultura familiar, la agroecología y la conservación in situ de la agrobiodiversidad. Con apoyo de instituciones estatales y privadas aliadas46 realizan talleres, cursos, intercambios de semillas, ferias y capacitaciones relacionados a las líneas de acción que plantean. Como parte del repertorio de la ONG se han gestionado diversos proyectos en torno al “desarrollo rural sostenible, agricultura ecológica, seguridad alimentaria, educación ambiental, mercados agroecológicos y la conservación de la agrobiodiversidad” (IDMA, 2016, p. 12). El proceso de promoción y fortalecimiento de la agrobiodiversidad en Huánuco se cristaliza en diversos proyectos que se han llevado a cabo en la región. Sin embargo, para este trabajo, me enfoco únicamente en dos grandes proyectos que se implementaron en el distrito de Quisqui. Por un lado, el Proyecto de Conservación In Situ de Cultivos Nativos y sus Parientes Silvestres y, por otro, el Proyecto Modelos de Gestión de la Agrobiodiversidad que promueven la Soberanía Alimentaria (ABISA). Si bien ambas intervenciones ya habían finalizado durante los meses del trabajo de campo, son importantes puesto que sentaron las bases para la declaración de la primera Zona de Agrobiodiversidad del país en las tres comunidades del distrito. 2.2.2 Los proyectos en el distrito de Quisqui El Proyecto In Situ fue una propuesta financiada por el Fondo Mundial del Medio Ambiente (FMAM), administrado por el Programa de Nacionales Unidas para el Desarrollo (PNUD) e implementada por el Instituto de Investigaciones de la Amazonía (IIAP) entre los años 2001 y 2005 (IDMA, 2002). Se llevó a cabo a nivel 46 Por ejemplo, el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA), la Universidad Nacional Hermilio Valdizán, la Dirección Regional de Agricultura y la Gerencia Regional de Recursos Naturales y Medio Ambiente. 55 nacional en alianza con seis instituciones locales 47 y se desarrolló en en 12 departamentos, 32 provincias y 52 distritos del país. Trabajó con 131 comunidades al país, lo que suma un total de 6253 familias campesinas, de las cuales 417 fueron catalogadas como conservacionistas. El término conservacionista es aplicado a campesinos “que no son agricultores solamente sino que adicionalmente a sus labores agrícolas típicas, realizan actividades de conservación, mantenimiento, desarrollo, caracterización de sus variedades nativas […] a nivel de familias determinadas e incluso individuos específicos” (Ruiz, 2009, p. 33). En Huánuco, la intervención fue liderada por la Coordinadora de Ciencia y Tecnología de los Andes (CCTA), organización sin fines de lucro que tuvo también como ámbito de acción los departamentos de Piura, Cajamarca y Huancavelica, donde actuó en alianza con organizaciones locales. En el caso de Huánuco, el proyecto fue llevado a cabo en coordinación con la organización IDMA. En el distrito de Quisqui se trabajó con un total de 52 agricultores; tanto la comunidad de San Pedro de Cani como Huayllacayán participaron parte del proyecto48. El objetivo principal consistió en asegurar la conservación in situ de los cultivos nativos que se priorizaron49 y sus variedades silvestres en los lugares en los que se identificó una alta concentración de diversidad genética (CCTA, 2006). Este proyecto sentó las bases para el fortalecimiento de la conservación a nivel nacional y reforzó la capacidad de las organizaciones para “determinar las áreas de mayor concentración de estas especies y lograr dispositivos legales y de consenso que permitan su conservación en beneficio de la población actual y sus descendientes” (CCTA, 2006, p. 5). La inclusión de los parientes silvestres es fundamental dado el contexto de erosión genética, puesto que estas especies “guardan importantes genes para ciertas características que las domesticadas habían perdido, tales como la resistencia a enfermedades, insectos, tolerancia a extremos climáticos o condiciones específicas del suelo. Por ello, estas especies afines, o parientes silvestres de los 47 Instituto Nacional de Investigación y Extención Agraria (INIEA), Proyecto Andino de Tecnologías (PRATEC), Instituto de Desarrollo y Medio Ambiente (IDMA), Centro de Servicios Agropecuarios (CESA), Coordinadora de Ciencia y Tecnología de los Andes (CCTA) y ARARIWA. 48 Las comunidades de Santa Rosa de Monte Azul y San Alejandro de Callancas también formaron parte del proyecto. 49 Papa, maíz, frijol y camote. 56 cultivos, en muchos casos son nuevamente utilizadas para recuperar dichos beneficios” (MINAM, 2014, p.4). Paralelamente, buscaron producir datos científicos y técnicos sobre las variedades para después crear un registro de los cultivos nativos y sus parientes silvestres de cada zona, así como también uno de los conocimientos y prácticas tradicionales en torno a sistemas de cultivo, las prácticas agronómicas y los sistemas de clasificación. “Es un proyecto que llamamos extractivo: solamente para recoger conocimiento. Consistía en eso el proyecto: en recoger información. Solamente eran puros talleres y también íbamos a las cosechas para registrar las variedades. Los talleres eran para… hacíamos una descripción de sus tecnologías, registrábamos qué variedades tenían, etc… Se quería saber qué variedades existen, cuáles estaban registradas… para después promocionar políticas que los beneficien” (Facilitador del proyecto In Situ, 11/04). Bajo el marco del proyecto, las chacras eran concebidas como centros de experimentación. Las familias que decidieron involucrarse, se comprometieron a cultivar y conservar variedades de los cultivos de la zona: papa, calabaza, maíz, arracacha, entre otros. La conservación también se promovió a partir del cruce de los cultivos para lograr el incremento de variedades. Para ello, el proyecto brindó “capacitaciones en tema de agrobiodiversidad, orientación en técnicas o prácticas que podían ayudar a la conservación, para eso tenían que capacitarse: conservación de suelos o reforestación que tenía que hacerse en las zonas de producción para dar condiciones a los cultivos, las pasantías, participación en ferias, en fin” (Facilitador del proyecto In Situ, 08/04). Una de las consecuencias del Proyecto In Situ fue la implementación de la Feria de la Agrobiodiversidad de Quisqui en el año 200250. También conocida como el “Muru Raymi” o “Fiesta de las Semillas”. Este evento busca exponer las diversas variedades de los productos agrícolas, promover los intercambio de semillas entre los agricultores de todas partes del país y reconocer el trabajo de los conservacionistas en cuanto a la recuperación, mantenimiento y revaloración de los cultivos nativos y 50 Ver Anexo Nº 2. 57 sus variedades silvestres (IDMA, 2016). “Esto ha ido ayudando a los campesinos, para que puedan seguir incrementando variedades, porque en cada feria, cada año que se hacía, lo que sucedía era que intercambiaban semillas. Eso ha ido incrementando la gran diversidad de variedades que ahora existe en la cuenca del río mito” (Facilitador del proyecto In Situ, 08/04). Esta feria fue institucionalizada el 2015 por el Gobierno Regional de Huánuco y es considerada como la feria más importante a nivel de la región. Una expresión simbólica del rol activo que esta entidad cumplió, es la incorporación de elementos relacionados a la agrobiodiversidad en el escudo distrital. En las entrevistas realizadas al personal de la ONG IDMA, los entrevistados coinciden y celebran el rol activo de la Municipalidad; sin embargo, convienen en que la participación y el presupuesto se han reducido significativamente en los últimos años. “Inicialmente los beneficios eran los premios. Y se daban buenos premios. A parte los que no ganaban ya se llevaban sus sacos de granja también. Ahora siguen promocionando la feria, pero no se han preocupado por qué beneficios van a obtener los agricultores. Ya los premios son más bajos… En realidad se debería haber avanzado y aprovechar esta feria para ir vendiendo ya y no se ha logrado” (Facilitador del proyecto In Situ, 11/04). 58 Como parte de los logros del proyecto, en el marco de la Feria de la Agrobiodiversidad, los agricultores conservacionistas obtuvieron un reconocimiento especial por parte de entidades estatales. “Es importante destacar que los productores conservacionistas de la agrobiodiversidad de Quisqui, han sido reconocidos con dos Resoluciones Ministeriales por el Ministerio de Cultura, como “Personas Meritorias de la Cultura”, asimismo han recibido reconocimientos de la Dirección Regional de Agricultura, del INIA, del Ministerio de Agricultura y en eventos nacionales como Mistura e internacionales como los ELAO (Encuentro Latinoamericano de Agricultura Orgánica)” (IDMA, 2016, p. 12). Según el informe del proyecto (2006), específicamente en el ámbito de intervención de la CCTA, “ningún campesino se retiró, todos mantuvieron su actividad de conservadores y mantuvieron la variabilidad de su agrobiodiversidad entre el 63 y 100%. Las disminuciones estuvieron asociadas a las características de cada una de las campañas (clima, plagas, periodicidad de la semilla), pero nunca bajaron su presencia a menos de 60%” (p. 23). Asimismo, se mantuvieron y registraron las variedades silvestres y se estableció una línea de base de estas de las prácticas tradicionales. “El Proyecto culmina habiendo generado todo un espacio para que la conservación in situ en el Perú tenga condiciones favorables para su sostenibilidad al haber remarcado su accionar en lo que se ha considerado el 59 actor principal de la conservación in situ: la familia conservadora, seguido de la preocupación por la variabilidad genética de los cultivos andinos nativos y la diversidad específica de los parientes silvestres a través de la conservación del entorno mayor: el ambiente”. (CCTA, 2006, p. 10). Particularmente en Quisqui, el Proyecto In Situ creó las condiciones para desarrollar una segunda intervención que buscaba, entre otras cosas, continuar fortaleciendo la conservación en las chacras. El proyecto ABISA se implementó en Huánuco, Lima, Loreto y Cusco entre los años 2012 y 2015. Fue producto de un trabajo conjunto del Instituto de Desarrollo y Medio Ambiente (IDMA), la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) y la Asociación ARARIWA, con el apoyo financiero de la Unión Europea y Welthungerhilfe. A diferencia del primer proyecto, este tuvo un carácter más práctico y participativo, pues la metodología propuesta involucró a las familias campesinas como los protagonistas de la conservación. Estas constituyeron el grupo destinatario directo de las “capacitaciones, intercambios de experiencias y acciones diversas orientadas a fortalecer sus capacidades de conservación de cultivos nativos en las zonas de agrobiodiversidad y mejorar sus niveles de alimentación y nutrición con los productos alimenticios locales” (IDMA, 2016, p. 24). Entre las comunidades del distrito de Quisqui se trabajó con 100 familias conservacionistas. Como parte del proceso continuo de sensibilización de los productores y autoridades locales respecto a la importancia de la conservación de la agrobiodiversidad, se implementaron una serie de capacitaciones y se brindó asistencia técnica relacionada a la producción agroecológica y a la conservación, con lo cual se buscó fortalecer “la cultura de la crianza de la agrobiodiversidad (tecnologías tradicionales, rituales, danzas, saberes ancestrales)” (IDMA, 2016, p. 23). De manera complementaria, se fortalecieron también los intercambios de semillas, tanto a nivel local como nacional, a partir de la realización de ferias regionales y nacionales. 60 Figura Nº 8: Ruta de las semillas nativas en la región Huánuco Fuente: IDMA (2016). En cuanto a los aspectos prácticos, el proyecto se enfocó en la búsqueda de mercados y canales de comercialización para este tipo de productos diferenciados con un sello ecológico. En este proceso, la implementación del SGP (Sistema de Garantía Participativo), mecanismo alternativo que certifica la producción agroecológica, es uno de los principales logros del proyecto, en la medida que permitió la incorporación diferenciada de productos a las ferias y logró darle visibilidad a la producción orgánica, a partir de trabajar en el fortalecimiento del aspecto organizacional de los productores y los espacios de difusión de información sobre este tipo de productos. Otro logro alcanzado por el proyecto es el aumento de la diversidad de cultivos, hecho que ha contribuido a reforzar la seguridad alimentaria de las familias. Al analizar la data de calidad de impacto del informe destaca la recuperación de semillas nativas como consecuencia de los quince años de fortalecimiento que se vienen promoviendo desde proyectos previos. El proyecto ABISA evidencia el trabajo de 61 recuperación al actualizar el registro físico de los cultivos principales51. Evidencian, por ejemplo, que para los años noventa, los productores contaban con alrededor de 80 variedades de papa; para el 2002, estas subieron a 200 y en el periodo del 2001 al 2015, como consecuencia de las Ferias de Agrobiodiversidad, se registraron 699 variedades. Asimismo, el informe recalca que “las comunidades de Huánuco (principalmente del distrito de Quisqui) han revalorado y fortalecido su cultura de la producción, selección y conservación de semillas; sustentada en la acumulación de saberes y tecnologías ancestrales apropiadas al mundo campesino; y de respeto y amor a la tierra, en armonía con la naturaleza” (IDMA, 2016, p. 51). 2.2.3 Las Zonas de Agrobiodiversidad Como consecuencia de todos estos años de trabajo y sensibilización en torno al tema de la agrobiodiversidad, el 22 de julio del 2014, se reconoció al territorio constituido por las comunidades Tres de Mayo de Huayllacayán, Santa Rosa de Monte Azul y San Pedro de Cani como la primera Zona de Agrobiodiversidad del país. La Ordenanza del Gobierno Regional de Huánuco52, publicada en el diario El Peruano el 8 de enero del 2015, coloca como el objetivo general de esta declaración el “ofrecer una opción de bienestar humano, fortaleciendo y consolidando la conservación, uso sostenible y gestión local de la agrobiodiversidad a partir del reconocimiento social de las comunidades campesinas y sus miembros” (p. 2). En este sentido, mientras que el Proyecto In Situ, al aplicarse a nivel nacional, contribuyó a resaltar la importancia de estas áreas y llevó el tema al terreno político al proponer la figura de las Zonas de Agrobiodiversidad en la normativa nacional, el proyecto ABISA impulsó el reconocimiento de la primera declaración en el distrito de Quisqui. Como parte del proceso de revaloración ecológica, cultural y económica de la agrobiodiversidad, el repertorio del proyecto ABISA incluyó la elaboración del 51 En el 2015 se actualizó el registro de variedades de los principales cultivos de la microcuenca de Mito (principalmente las comunidades de Huayllacayán, Santa Rosa de Monte Azul y San Pedro de Cani). Se registran 699 variedades de papas nativas, 423 de maíces, 200 de ocas, 129 de mashuas, 100 de frijol, 96 de ollucos, 26 de habas, 14 de calabazas, entre otros cultivos (IDMA, 2016). 52 Ver Anexo 1. 62 Expediente Técnico que se presentó al Gobierno Regional de Huánuco para el reconocimiento de la Zona de Agrobiodiversidad en el distrito. Este fue estudiado por a Gerencia de Recursos Naturales y Medio Ambiente y Asesoría Legal y pasó al Consejo Regional de Huánuco, instancia que aprobó el reconocimiento. La declaración de la Zona de Agrobiodiversidad en el distrito de Quisqui cristalizó los esfuerzos por reconocer el trabajo de las familias en materia de conservación de las variedades domesticadas en la zona y creó el terreno para dar a conocer a nivel nacional la importancia de la producción campesina en el proceso de manteamiento de la agrobiodiversidad para el país. La Zona de Agrobiodiversidad no apunta solo a un reconocimiento simbólico, sino que pretende promover programas y proyectos que fomenten la producción, comercialización y uso sostenible de la agrobiodiversidad y que contribuyan de esta manera a la revalorización económica, ecológica y social de la misma. “Una zona de agrobiodiversidad te da espacio para que se generen un montón de puertas: turismo vivencial, espacios de estudio, se genera todo un circuito económico, se dinamiza la economía. Desde el momento que alguien de acá va a almorzar a Huayllacayán o a San Pedro de Cani, está dejando dinero. No es solamente incrementar la producción, sino saber explotar la riqueza que se tiene con diferentes actividades. Por ejemplo, la región de Huánuco, el Gobierno Regional, podría sacar un letrero bien grande, cada 15 días, poner un bus: salidas a conocer la zona de agrobiodiversidad y conversar con los productores” (Promotor del IDMA, 22/03). Más allá de los logros atribuidos por los proyectos y de los beneficios que en teoría trae consigo esta declaración, vale la pena preguntarse sobre lo que realmente ha significado la declaración de la Zona de Agrobiodiversidad para los agricultores de las comunidades. Este planteamiento es central en los capítulos que siguen. No obstante, antes de pasar a presentar a las familias productoras, es útil refrescar los nexos que existen entre la agricultura familiar y la agrobiodiversidad y la importancia que esta cumple en la conservación de la misma. 63 2.3 Agricultura Familiar y Agrobiodiversidad El Perú es considerado uno de los diez países más vulnerables al cambio climático (MINAM, 2015) y sus efectos constituyen una amenaza para el sector agrícola y, específicamente, para la conservación de las variedades. No obstante, las características de la pequeña producción campesina presentan la potencialidad de mitigar algunas de las consecuencias de este fenómeno, puesto que esta “desarrolla una actividad agrícola diversificada que garantiza la sostenibilidad del medio ambiente y la conservación de la biodiversidad” (Eguren, 2018). “En pleno proceso de cambio climático, a nivel local, nacional y global; cada día existe mayor consenso que, en un país megadiverso de las características del Perú –“con 84 zonas de vida de las 117 que hay en el planeta”-; la diversidad de culturas constituye una extraordinaria reserva y potencial generador de diversificación productiva que requiere ser debidamente valorada y difundida” (IDMA, 2016, p. 9). Diversas investigaciones (Cepal, 2016; Comunidad Andina, 2011; Van Der Ploeg, 2010) reconocen la importancia de la agricultura familiar para la conservación de la agrobiodiversidad. “Durante miles de años, no solo adaptaron sus sistemas productivos al medioambiente y las variaciones climáticas, sino también criaron una agrobiodiversidad extraordinaria: la variedad de fuentes de alimentos de las que se nutren las comunidades campesinas en el mundo suman siete mil cultivos, muchos más que los de la agroindustria” (CCOEECI, 2014, p. 18). Incluso la Ley de Promoción y Desarrollo de la Agricultura Familiar, reconoce como central el peso que tiene la pequeña agricultura en la conservación de la diversidad agrícola. “La presente ley tiene por objeto establecer las responsabilidades del estado en la promoción y desarrollo de la agricultura familiar, a partir del reconocimiento de la agricultura familiar, así como la importancia de su rol en la seguridad alimentaria, en la conservación de la agrobiodiversidad, en el uso sostenible de los recursos naturales, en la dinamización de las economías locales, en la contribución al empleo rural y la vigencia de las comunidades, mediante la implementación de las políticas de estado” (El Peruano, 2015, Artículo 1). 64 La relación entre la agrobiodiversidad y la agricultura familiar reside fundamentalmente en la importancia ambiental de la segunda. “La agricultura familiar practica un manejo cuidadoso de los recursos naturales de los que depende: agua, suelos y biodiversidad. Las terrazas, los sistemas sofisticados de riego y la gestión del agua son ejemplos bien conocidos” (COEECI, 2014, p. 18). A lo largo del territorio nacional coexisten diversos pisos ecológicos que determinan las características y la forma de producir, así como los cultivos de cada zona. “La integración de varios pisos altitudinales y zonas de vida es un hecho cotidiano también en el nivel de cada productor, ya que muchos de ellos explotan tierras situadas en diferentes climas, a diferente altura, y con características y formas de uso de la tierra radicalmente distintas entre sí” (FAO, 2017, p. 6). Las características productivas de la pequeña agricultura, los servicios ambientales que brinda y el manejo adecuado del entorno, incluso frente a situaciones adversas, permite posicionarlos ante los proyectos e intervenciones como agentes que cumplen un rol central dentro del ámbito de la conservación. En un país tan diverso y con múltiples pisos ecológicos y regiones geográficas como es el Perú, la vinculación entre el mantenimiento, manejo y aprovechamiento sostenible de la agrobiodiversidad por parte de los pequeños agricultores es fundamental para la conservación de la misma. Así, no es sorprendente que en una zona que concentre una riqueza agrícola tan grande, existan proyectos que busquen trabajar directamente con los pequeños agricultores para lograr sus objetivos. Con este panorama descrito, paso a presentar a los productores familiares de las comunidades que conforman la Zona de Agrobiodiversidad en Quisqui. 65 3. AGRICULTURA Y ESTRATEGIAS FAMILIARES EN EL DISTRITO DE QUISQUI Si el discurso de conservación implica una determinada forma de pensar el espacio rural, es necesario comprender que los proyectos se enmarcan en actores en concreto y, a grandes rasgos, en un espacio que está marcado por el cambio, situación que amplía el abanico de oportunidades de las familias. Este capítulo enfoca y caracteriza la pequeña agricultura en el distrito. Inicio con una breve descripción del estado de la agricultura familiar, donde describo las principales características de las prácticas agrícolas de las familias y puntualizo los principales problemas que este sector enfrenta. Luego de esta contextualización, presento a las familias productoras y las clasifico en determinados tipos que son útiles para el posterior análisis de las estrategias. La información presentada está basada en datos recogidos por el último Censo Nacional Agropecuario (2012) y en las entrevistas realizadas a funcionarios de la Dirección Regional de Agricultura de Huánuco, al personal de la ONG IDMA y sobre todo a los pequeños productores. Como parte del acuerdo de confidencialidad, no utilizo los nombres reales de los informantes; cada familia es representada por un apellido adjudicado a modo de seudónimo. 3.1 Caracterización de la Agricultura Familiar Como mencioné, las características agroecológicas de la Sierra Central propician la generación de un gran dinamismo en el sector agrícola. Específicamente, Huánuco es una región eminentemente agrícola, donde la agricultura familiar está consolidada como la principal actividad económica de la región. “Según los datos del valor agregado bruto regional publicados por el INEI se aprecia que entre los años 66 2007 y 201453 la agricultura es la principal actividad generadora de riqueza en la región, representando el 22 por ciento del valor agregado bruto en el periodo indicado; asimismo, ésta es la actividad que concentra el mayor porcentaje de la PEA de esta región (una de cada dos personas según datos del 2014)” (Informe BCR, 2015, p. 97). El grueso del sector agrícola de la provincia está compuesto por fincas de pequeños agricultores no capitalizados. De las 106,356 unidades agropecuarias de la región, 104,194 (98%) corresponden al sector de la agricultura familiar. A pesar del elevado número de fincas familiares, la productividad es baja en comparación a otras provincias. Esto se encuentra directamente relacionado al reducido tamaño de las unidades agropecuarias (Informe BCR, 2015). Según datos recogidos por el IV Censo Nacional Agropecuario (2012), el 72% del total de unidades agropecuarias corresponde a fincas menores a 5 has. La baja productividad del sector se encuentra también relacionada al débil nivel de asociatividad que existe entre los pequeños productores, donde solo un 5% forma parte de alguna asociación (Informe BCR, 2015). No obstante, dadas las privilegiadas características climáticas y ecológicas del territorio huanuqueño, la producción agropecuaria es altamente diversa y se producen cultivos importantes para la alimentación nacional, tales como la papa, la arveja, el trigo y las habas, pero también productos de bio comercio54, como el café, el cacao o el aguaymanto. Después de Puno, Huánuco es el segundo productor de papa a nivel nacional, lo que equivale al 14% de la producción nacional. Además, dada su céntrica ubicación, es el primer abastecedor del mercado de Lima. “Huánuco es la segunda región productora de papa, después de Puno. Puno tiene más de 50 mil hectáreas de papa que siembran. Pero de Huánuco hemos terminado con 45 mil hectáreas y tenemos mayor volumen de producción que Puno, tenemos mayor rendimiento. En promedio, estamos sobre los 17 toneladas. En cambio Puno está entre 11, 12. Nosotros con 45 mil, multiplica 17, llegamos a más de 700 mil toneladas de papa” (Funcionario de la Dirección de Agricultura, 23/02). Las principales provincias en las que destaca la producción de papa son Ambo, Huánuco y Pachitea, donde, además 53 La información corresponde a la estructura productiva medida con el año base 2007 y para el período 2007- 2014. 54 El biocomercio busca fomentar el comercio de productos de biodiversidad bajo criterios de sostenibilidad. 67 de papa blanca, se producen diversos tipos de variedades, entre las cuales destaca la papa amarilla Tumbay, que viene siendo reconocida y solicitada como consecuencia del boom gastronómico que se vive desde hace unos años en el país, situación que genera una alta demanda y precios relativamente estables (Informe BCR, 2015). “Huánuco es una de las regionales que produce dos veces al año la papa y es una de las regiones que abastece al mercado nacional todo el año. Aquí todo el año se está produciendo, por su mismo clima. Las demás regiones son estacionarios porque tienen helada, etc. En cambio acá no tenemos eso, muy rara vez ha caído granizo, pero no… Por eso Huánuco es el segundo en sembrar papa, primero es Puno, pero en producción Huánuco es primero. Le digo con cifras del Ministerio de Agricultura” (Agricultor conservacionista, Huayllacayán, 23/03). 3.2 Características productivas En las comunidades del distrito de Quisqui se practica fundamentalmente la pequeña agricultura. Según los datos producidos por el proyecto ABISA (2016), el promedio del tamaño de las parcelas de los productores es de 1,5 ha. Si bien este suele ser similar en ambas comunidades, en Huayllacayán la producción se realiza en pequeñas parcelas separadas entre sí y las prácticas siguen el sistema de barbecho sectorial. En las chacras que se encuentran en las zonas bajas de San Pedro de Cani se suelen sembrar todos los cultivos en una misma parcela. “En Huayllacayán y San Juan de Tingo todavía tenía la tecnología tradicional de rotación de terreno, en las zonas bajas de Cani se vuelve a sembrar sobre lo mismo” (Facilitador del proyecto ABISA, 26/03). Puesto que el terreno no siempre descansa una cantidad de años adecuada, el uso de fertilizantes es mayor en esta comunidad. Esto se debe también a los diferentes contextos agroecológicos de ambas comunidades, donde las plagas y enfermedades suelen producirse sobre todo en la parte baja, lo que afecta en mayor medida a los cultivos de San Pedro de Cani. Durante la época de verano el uso de fertilizantes en las partes altas es mínimo, puesto que las ranchas no atacan los cultivos. 68 El distrito de Quisqui destaca por su alta concentración de especies y variedades de cultivos agrícolas, hecho que ha sido reconocido por la declaración de la Zona de Agrobiodiversidad. El siguiente cuadro muestra un registro de variedades de especies cultivadas de los principales cultivos de la zona. Figura Nº 9: Registro de variedades. Fuente: ABISA, IDMA (2016). 69 Además de esto, destaca también por las características sostenibles de la producción. “En caso de las comunidades del distrito de Quisqui se nota claramente que aún se conserva el suelo, los recursos naturales, comparado con algunas otras zonas en Huánuco: Pachitea, Panao, esas zonas meten abundante agroquímico, de forma indiscriminada” (Promotor del IDMA, 22/03). Esto, sin embargo, no significa que no se utilicen agroquímicos, sino que estos no se emplean en grandes cantidades. Como consecuencia de esto, el rendimiento no es tan elevado. “Al margen de que es muy cercano a la capital de la provincia, es como cualquier otra zona alto andina, su desarrollo no es tan fuerte, no es como esta parte de acá del Valle, de Churubamba, de Pillao, en cuanto a lo que es rendimiento de los cultivos” (Funcionario de la Dirección de Agricultura, 23/02). Es precisamente por este prestigio del que goza el distrito en cuanto a la cantidad de variedades y el carácter sostenible de la producción, que tanto la Municipalidad distrital y el Gobierno Regional, así como la ONG IDMA han buscado conservar la riqueza del suelo al promover intervenciones para fortalecer la producción agroecológica y sostenible en las comunidades y así frenar la entrada de paquetes tecnológicos que los promotores de la agricultura convencional ofrecen en la ciudad, puesto que estos presentan una amenaza para la agrobiodiversidad. No obstante, a pesar de que existan características sostenibles en la producción es importante considerar que los conservacionistas son una pequeña parte del conjunto de agricultores. “Por ejemplo, por un promotor de desarrollo rural promoviendo agroecología, por su tras hay diez que van promoviendo lo que es agricultura convencional. ahora la papa nativa me está dando 12 toneladas por hectárea y el que lleva paquete técnico de fertilización les hace probar y le produce más porque es químico, es una alimentación para el cultivo artificial, lo natural te va a seguir saliendo 12 o 13, aquí te va a subir a 20. Entonces el campesino opta por aplicar fertilización alta, pesticida, entonces va perdiendo todo su conocimiento, hace que se pierda todo su conocimiento de guaneo, de las prácticas ancestrales que ellos manejan, descanso de terreno como que se va perdiendo. El técnico que va con un paquete nuevo le dice para qué haces descansar estás perdiendo plata. El descanso es la práctica que ellos conocen y cuando va alguien con una nueva tecnología, se rompe y el campesino al final cuando la papa o el cultivo baja, pierde todo el capital y como que se va hundiendo en su mejora de sus condiciones” (Facilitador del proyecto In Situ, 08/04). 70 A pesar los esfuerzos para promover las técnicas agroecológicas, estas, en gran medida, no han logrado calar entre los agricultores de la zona por diversos motivos. En primer lugar, este tipo de proyectos se aplican a pequeña escala y, por tanto, llegan a un número reducido de agricultores. En segundo lugar, muchas veces los productos orgánicos, tales como el compost o el biol55, si bien son menos costosos que los agroquímicos, requieren más tiempo de preparación, así como el conocimiento y los recursos para prepararlos, por ejemplo, un depósito para que se descomponga la comida o productos que solo se consiguen fuera de la comunidad, cuestiones que muchas veces terminan siendo engorrosas para los agricultores. “Hay técnicas o actividades agroecológicas que se orientan al campesino, al final no lo hacen. Termina el programa o proyecto, ya no está el técnico para hacer acompañamiento o para seguir haciendo el humus o los bioles. El campesino dice esto lo hizo el IDMA o el técnico, pero yo no lo hago porque no encuentro insumos porque ellos trajeron, entonces yo tengo que ir a hasta Huánuco a comprar estos insumos para seguir haciendo el biol o esto…” (Facilitador del proyecto In Situ, 08/04). Más allá de si las técnicas agroecológicas se incorporan o no, la producción resalta por el bajo nivel de agroquímicos y la fertilidad de los suelos. No obstante, queda abierta la pregunta sobre el carácter sostenible que se le atribuye. Esta no 55 Abono elaborado a partir de estiércol de animales. 71 necesariamente se debe a una cuestión de decisiones y de prioridades, sino que podría estar determinada por necesidades materiales y económicas que restringen el acceso a otro tipo de productos, como fertilizantes y remedios químicos, que son más costosos. “Siempre el agricultor tiene su chacrita y tiene sus animalitos y la mayor parte como no tienen así dinero para comprar sus fertilizantes, ellos aplican lo que es la agroecología, la aplicación de fertilizantes orgánicos de sus estiércoles, para preparar su compost, para preparar su biol… Lo ideal sería que tuvieran una mayor cantidad, porque a veces dicen nuestros rendimientos son bajos, pero qué le podemos exigir a nuestra tierra si también le aplicamos un saquito, dos saquitos de estiércol y sabemos que los estiércoles no tienen un nivel de fertilidad óptimo que se podría sacar con los químicos” (Funcionario de la Dirección de Agricultura, 23/02). En líneas generales, la producción responde cada vez más a las demandas y exigencias del mercado, lo cual puede ser problemático no solo para la fertilidad de los suelos, sino que también deja expuesto a los agricultores a los requerimientos de los intermediarios. En la siguiente sección profundizo en los principales problemas que enfrenta la pequeña agricultura en el distrito. 3.3 Contexto externo y principales problemas Entre los meses de diciembre, enero y febrero del 2018 el sector agropecuario captó la atención nacional debido a las huelgas realizadas por los agricultores de las zonas paperas del país por los precios bajos de la papa. Huánuco, al ser el segundo productor de papa a nivel nacional, no fue ajeno a estas protestas. Me refiero a este suceso no solo porque evidencia un fenómeno recurrente que aqueja al sector de la agricultura familiar en el país: las crisis productivas, sino porque fue también el evento coyuntural que posibilitó un acercamiento a un contexto agrícola altamente politizado que me permitió acceder y esbozar una idea de los principales problemas que aquejan al sector de la pequeña agricultura desde la perspectiva de los entrevistados, principalmente agricultores, pero también funcionarios de la Dirección Regional de Agricultura. 72 Como mencioné, no es la primera vez que ocurren este tipo de protestas; la reincidencia se debe a que responden a una dinámica particular que hasta ahora no ha sido solucionada. “Este proceso cíclico ocurre de la siguiente manera: un año de buenos precios de papa anima a más agricultores a producirla, o a ampliar las áreas destinadas a este cultivo. El resultado suele ser una sobreproducción y una consiguiente reducción de los precios. Al siguiente año, menos agricultores se animan a producir papa, o reducen el área dedicado a este cultivo. Esta menor producción causa que los precios suban. Y así continúa el ciclo” (Eguren, 2018). Esto no hace más que poner en evidencia la precariedad de la estructura agraria estatal que tenemos en el país y la posición rezagada que ocupan los pequeños agricultores dentro de ella. La mayoría de los productores entrevistados participó de las huelgas. Respecto a la sobre producción de papa, la explicación compartida le adjudicaba la culpabilidad al gobierno de turno por implementar el Tratado de Libre Comercio (TLC), que permite la entrada de papas pre fritas al mercado nacional, cuestión que estaría ocasionando la baja de precios. No obstante, si se revisan cifras concretas, la importación de papas pre fritas equivale al 0.7% de la producción nacional, por tanto no afecta la oferta total de papa (Eguren, 2018). La razón de la desinformación de los agricultores se debe a diversos factores, entre los cuales se encuentra la manipulación de los dirigentes departamentales que refuerzan y esparcen estas ideas para favorecerse políticamente. El verdadero motivo, sin embargo, es la falta de una estructura agraria eficiente que mantenga informados a los productores respecto al estado de las siembras y cosechas en el país. “Es indispensable que los agricultores accedan a información suficiente, válida y oportuna para tomar decisiones de qué cultivar, y qué cultivos evitar. Recoger y difundir esta información es una responsabilidad del ministerio de Agricultura y Riego. El MINAGRI debe orientar a los productores para que éstos puedan tomar decisiones económicas adecuadas” (Eguren, 2018). El hecho de que no exista un Estado que regule y vele por los intereses de los pequeños productores se manifiesta en la dependencia de este sector de los precios fluctuantes del mercado, lo que los coloca en una posición de vulnerabilidad y los obliga a aceptar los precios de un mercado inestable. Para los agricultores de Quisqui, 73 esta situación los deja expuestos a las voluntades e intereses de los intermediarios, quienes, al no enfrentarse a ningún tipo de regulación, tienen control total sobre los precios de los productos. “Ahí en Huánuco, en el mercado Puelles, al costado del Plaza Vea es un abuso, si vieras ahí. El primero que llega a agarrar tu camión ya es el dueño de tu carga. Él ya te puso el precio y ya los demás calladitos se quedan” (Pequeño agricultor, San Pedro de Cani, 28/02). Esto es consecuencia de los malos canales de comercialización, la falta de una infraestructura adecuada que permita a los productores llevar y almacenar sus productos en la ciudad y la poca regulación que existe respecto a la compra y venta de la producción campesina, que deja el terreno libre para que los intermediarios terminen colocando el precio que desean. Tal como lo expresa un agricultor de San Pedro de Cani: “La agricultura más que nada el problema que tenemos es con el precio. Ese es el único. Lo que nos falta a nosotros es… claro se puede producir cantidad y variedad de la papa, pero el precio es que no se puede cómo solucionar… Intermediarios, precio bajo y no hay un mercado fijo, por ejemplo, para esas papas” (Pequeño agricultor, San Pedro de Cani, 03/03). Estos intermediarios, además, no solo determinan el precio de los productos, sino que también exigen ciertas medidas y características que estos deben alcanzar, por ejemplo, un determinado tamaño, lo que obliga a los productores a aumentar el uso de agroquímicos. Otro problema que enfrenta la pequeña agricultura en la zona está relacionado al bajo nivel organizacional de los pequeños productores. Si bien este es un problema que compete a todo el país, los funcionarios de la Dirección Regional de Agricultura y el personal de la ONG IDMA aseguran que es particularmente grave en Huánuco. Específicamente en la zona de Quisqui, es notoria la reducida presencia de asociaciones de productores. La organización que más renombre tiene es la de Productores Ecológicos de Papa Nativa, la cual tiene inscritos alrededor de 45 agricultores; sin embargo, el presidente de la organización asegura que activamente solo participan 10. Los productores que pertenecen a alguna organización sostienen que los hacen fundamentalmente para no perder el título de agricultores reconocidos, pues, salvo escasas excepciones, la mayoría no logra obtener beneficios concretos de estas. Por ello, en el caso ambas comunidades, el patrón organizativo es fundamentalmente a nivel familiar y entre socios, lo que implica que uno pone el 74 capital y el otro la fuerza de trabajo. Esto no solo no se ajusta a los parámetros organizativos que propone el Estado, que reconoce a una asociación cuando esta está compuesta por un mínimo de 25 productores; sino que tampoco permite a los agricultores crecer y acceder a contratos que supongan mayores beneficios. Por otro lado, la inexistencia de un buen programa que ofrezca asistencia técnica a los pequeños agricultores, así como la falta de alternativas para promover acceso al crédito no permite a los productores expandir sus posibilidades y obtener mayor rentabilidad de sus productos. “En Huánuco tenemos más de 106,000 productores que se dedican a la actividad agropecuaria. De esos solamente 5 mil reciben asistencia técnica, casi nada. Entonces el Estado el año pasado buscó tener una mayor intervención y propuso una estrategia que era Agro Próspero. Con Agro Próspero se unían varias plataformas de servicios como eran Sierra Sur, Agro Banco, Banco germoplasma, Agro Joven, pero todas esas cositas no se intensifican. No se ven los resultados” (Funcionario de la Dirección de Agricultura, 01/04). Según funcionarios de la Dirección Regional de Agricultura, esto se debe al escaso presupuesto que se destina al sector de la agricultura familiar. “No se puede salir, estamos limitados. En cada provincia hay un Agencia Agraria, pero con dos profesionales. La Dirección Regional de Agricultura en Huánuco abraca 11 provincias, pero nuestra intervención es limitada porque no podemos tener la cantidad suficiente de personal y la parte logística para estar en todo sitio o tener las condiciones para hacer capacitaciones en el momento determinado y darle buenas condiciones a los productores” (Funcionario de la Dirección de Agricultura, 01/04). Aun así, gracias a las intervenciones de los proyectos y el apoyo de la Municipalidad de Quisqui, se han realizado acciones destinadas específicamente a promover la comercialización de productos orgánicos. Un resultado de esto es la Feria Ecológica que se realiza todos los sábados en Huánuco, donde las familias que han obtenido certificación venden sus productos. No obstante, esta feria se realiza en la misma avenida que la feria convencional (De la Chacra a la Olla), lo que ocasiona que no se genere un espacio diferenciado para los productos que cuentan con un sello ecológico y se terminan vendiendo al mismo precio que los que no. “Tú te vas al mercado, los sábados hay una feria 75 ecológica y también feria de las comunidades campesinas, de la Chacra a la Olla. Al público no le interesa que sea convencional o no. Entonces, los productores ecológicos, con tal de vender casi están al nivel de los otros. Ni si quiera 10 céntimos, lo elevan y la gente por esos 10 céntimos se va a comprar a la otra feria” (Promotor del IDMA, 22/03). En cuanto a los factores externos que afectan a la pequeña agricultura, las alteraciones climáticas son percibidas como un fenómeno que está teniendo consecuencias directas sobre la producción. La migración de las variedades a zonas más altas, fuerza a los agricultores a aplicar nuevas técnicas, introducir cultivos mejorados e incrementar la utilización agroquímicos. Como consecuencia de ello, algunos optan por abandonar sus chacras y migrar a las ciudades. Durante los dos meses de estadía en la comunidad, tres familias se mudaron a la ciudad, dos a Lima y una a Huancayo. La migración a las ciudades es un fenómeno que preocupa a las instituciones que promueven la conservación, puesto que tiene consecuencias directas sobre el mantenimiento de la agrobiodiversidad. Si bien hay diferenciación entre las opiniones, es posible percibir cierta desconfianza hacia las instituciones estatales, dada su falta de apoyo a la pequeña agricultura. En líneas generales, los factores mencionados ponen en evidencia el clima de desencanto y resignación que existe respecto a la agricultura: “La verdad es que acá los agricultores, nosotros estamos abandonados. Nunca nos visita el Ministerio de Agricultura de Huánuco, no nos visita, no nos asesora. Entonces prácticamente los agricultores cualquier cosa que producimos es con nuestro esfuerzo y sin asesoramiento. Si habría un buen asesoramiento más mejor sería” (Pequeño agricultor, Huayllacayán, 26/02). 3.4 Familias productoras El trabajo de análisis de las familias que realizo a continuación tiene dos momentos y dos grandes categorías analizadas: por un lado, las familias a las que realicé un seguimiento estrecho y detallado; con las que desarrollé entrevistas a 76 profundidad y realicé inventarios de los activos que poseen y actividades que realizan. Estas suman un total de diez familias y componen la sub muestra base del análisis. Por otro lado, la otra parte de la muestra está compuesta por un segundo grupo, más general y útil para complementar la información. Esta muestra secundaria está compuesta también por diez familias, con las cuales desarrollé entrevistas cortas y sostuve conversaciones informales; a diferencia de las familias base, no realicé un seguimiento a profundidad. La diferente calidad de data que emerge de estas interacciones de carácter más informal sirve para esbozar una idea más acertada sobre la heterogeneidad y complejidad de la pequeña agricultura en el distrito. Mi muestra total es la suma de ambos grupos56. Aunque no estén contabilizados como parte de la muestra, la información general brindada por integrantes de este último grupo también incluye las conversaciones informales que sostuve con otras personas de la comunidad o ex residentes. Dado que es la base para el análisis, los cuadros siguientes presentan un resumen de las diez familias que componen la sub muestra principal. Abordan dos temas en particular. El primero muestra a las características de las familias en función al activo chacra y el segundo en función a los activos y capitales que estas poseen, así como a la venta y otras actividades que realizan. Esto es importante, puesto que sintetiza las particularidades de cada familia en términos de recursos físicos y sociales, lo que brinda las bases para encontrar patrones y relaciones entre los grupos de familias y las estrategias que realizan. El cuadro expuesto a continuación resume la composición de las familias y las características de sus chacras. La primera columna hace referencia al ciclo vital, donde estas están clasificadas en función a las familias jóvenes (FJ), las familias consolidadas (FC) y las familias adultas (FA); dentro de las cuales se encuentran las familias de adultos mayores (FAM), categorías que describiré más adelante. El cuadro muestra también la composición de la familia en función a la cantidad de miembros y el lugar de residencia de los mismos. En cuanto a la chacra, estas se dividen entre 56 El criterio de selección de los informantes fue partir de un muestreo no probabilístico, que implicó seleccionar a las familias en función a su accesibilidad o a partir de las redes de contacto que fui generando durante el trabajo de campo. 77 las características de la parcela, que incluye el tamaño, la lejanía del lugar de residencia y la ubicación; y el inventario de los cultivos y animales que las familias poseen. Cuadro Nº1: Composición de la familia según características de la chacra El siguiente cuadro resume los activos y capitales que las familias poseen. Estos están divididos en diversos tipos definidos en función a los casos de estudio: los recursos físicos, que hacen referencia a los activos materiales; fuerza de trabajo, que determina cuánta gente trabaja activamente en la chacra; social, que se refiere a 78 las redes y contactos; y económico, registrado únicamente si representa otro ingreso que no sea el excedente que se genera en la actividad agrícola de subsistencia. Siguiendo esta misma lógica, la columna que muestra la venta y el consumo agrupa las actividades que van más allá de la comercialización de los excedentes de la cosecha, común también a la actividad agrícola de subsistencia; se refiere a la venta de cultivos que forma parte de una circuito mercantil más amplio y consistente. Por último, la última columna muestra las actividades no agropecuarias que algunas familias realizan. Cuadro Nº 2: Activos y actividades desarrolladas por las familias 79 Este conjunto de datos proporciona la base del análisis de las estrategias que realizo al final del capítulo. Para ordenar la información y mostrar la diferencia entre los casos, realizo dos tipologías en las que agrupo a las familias que presentan características similares. Para el análisis tomo la base demográfica como punto de partida, puesto que un aspecto central que determina los objetivos y actividades de las familias es el ciclo de vida y la composición de las mismas. La evidencia muestra que las familias que se encuentran en un ciclo vital parecido suelen presentar características similares que finalmente conllevan a que se planteen objetivos semejantes. Para esto, planteo tres categorías que ubican a las familias según su ciclo demográfico: familias jóvenes (FJ), familias consolidadas (FC) y familias adultas (FA), dentro de la cual están las familias de adultos mayores (FAM). Si bien la base demográfica es la que guía el análisis, también tomo en cuenta la variable relacionada a la producción. Esta, vinculada fundamentalmente a la cantidad de tierras que poseen las familias y al tipo de producción que realizan, sirve para ubicarlas dentro de las categorías de pequeños, medianos o grandes agricultores. El tomar en cuenta ambos factores a la hora de realizar el análisis permite obtener un panorama más complejo y real de las estrategias y objetivos de las familias. Cuadro Nº 3: Características del ciclo familiar Ciclo familiar Características Total Familias Familia constituida recientemente, en un ciclo familiar inicial, compuesta por jóvenes (FJ) padres jóvenes e hijos pequeños, donde todos ocupan el mismo lugar de 4 residencia. Familias Familia en un ciclo vital más avanzado, compuesta por padres en una edad consolidadas madura, cuyos hijos mayores y de mediana edad, que pueden vivir dentro o 1 (FC) fuera de la comunidad. Familia compuesta por padres en una edad madura, con hijos mayores y con Familias 3 familias propias que viven fuera de la unidad familiar. adultas (FA) Sub grupo (FAM): Familia compuesta por adultos mayores, dependientes del 2 programas estatales y del cuidado de los hijos, que residen fuera de del hogar. 80 De las diez familias presentadas, cuatro de ellas (Pariona, Jara, Tiburcio y Ponce) conforman la categoría familias jóvenes (FJ); es decir, se encuentran dentro de un ciclo de vida inicial. Los padres de familia son jóvenes y los hijos pequeños y todos viven juntos dentro de la comunidad. En líneas generales, la familia está en proceso de consolidación y búsqueda de estabilización. A pesar de estas características comunes, existen particularidades inherentes a cada familia que definen las dinámicas al interior de las mismas y las estrategias que realizan. Por ejemplo, tanto el caso de la familia Jara como Tiburcio, son los padres quienes trabajan en la chacra, mientras que las madres se dedican al cuidado de los hijos y a las actividades del hogar. Aun así, los ingresos de la familia Jara provienen únicamente de la agricultura y, en casos de crisis, de los animales que poseen, mientras que en el caso de la familia Tiburcio, los ingresos de la agricultura son complementados con empleos estacionales que el padre de familia realiza fuera de la comunidad. Asimismo, ambas viven en comunidades distintas: la familia Jara en Huayllacayán y la familia Tiburcio en San Pedro de Cani, lo cual en cierta medida determina las actividades que estas realizan. Dado que geográficamente San Pedro de Cani tiene mayor cercanía a los centros urbanos, las actividades de la familia Tiburcio no se limitan únicamente al espacio agrícola; la ciudad y las posibilidades que esta ofrece son centrales en las estrategias que realiza. La familia Jara, en cambio, se vincula con el tipo de agricultor clásico que produce fundamentalmente para la subsistencia, cuya relación con el mercado es más bien residual y no se dedica a ninguna otra actividad. Por otro lado, en la familia Pariona el padre es viudo y trabaja con sus dos hijos pequeños en la chacra y en el caso de la familia Ponce, el padre trabaja en la chacra y la madre es 81 maestra en uno de los anexos de la comunidad. Con esto pretendo dar cuenta de que si bien todas estas familias se encuentran dentro del mismo ciclo vital, existen características particulares a cada una que son importantes tomar en cuenta para entender las estrategias que realizan. En cuanto a la categoría familias consolidadas (FC), esta busca retratar a las familias que se hallan en un ciclo vital más avanzado y que han alcanzado una base relativamente estable, cuyos hijos son ya mayores y pueden vivir o no dentro de la comunidad. Particularmente, la única familia del grupo que pertenece a esta categoría (Ríos), ocupa una posición intermedia, puesto que siete de sus nueve hijos ya se han establecido en diversas ciudades del país, mientras que las dos menores viven aún en la comunidad con los padres. Los objetivos de la familia Ríos apuntan a que, eventualmente, ellas sigan el mismo camino que sus hermanos mayores y culminen sus estudios secundarios fuera de la comunidad, con lo que esta familia pasaría a formar parte del último grupo: familias adultas (FA), donde todos los hijos ya se independizaron y solo residen en la comunidad los padres de familia. Esta categoría es particularmente importante, puesto que representa un fenómeno que es cada vez más común en las familias rurales; no es coincidencia que este último grupo sea el más numeroso. Las cinco familias que lo conforman se dividen en dos sub grupos. Por un lado, se encuentran las familias que, si bien los padres de familia tienen una edad avanzada, no son aun adultos mayores (López, Flores, Cruz). Estas familias se caracterizan por haber alcanzado un nivel de consolidación y bienestar que les permite mandar a sus hijos a estudiar fuera de la comunidad. En la mayoría de los casos, los hijos de estos agricultores no tienen intenciones de regresar a la comunidad. Por el contrario, al culminar sus estudios, encuentran trabajo en la ciudad, por lo general en Lima, Huancayo o Huánuco, donde se establecen y forman sus propias familias. Por otro lado, el segundo sub grupo está compuesto por las familias de adultos mayores (Ramírez y Morales), cuyos hijos residen fuera de la comunidad desde hace muchos años. Lo que diferencia a este sub grupo del anterior, más allá de la edad de los padres, es que estos no trabajan ni apoyan económicamente a sus hijos, puesto 82 que no cuentan con las capacidades físicas para trabajar la tierra ni desempeñarse en otro tipo de empleo. De hecho, son las que menos recursos y activos poseen, los cuales suelen ser insuficientes para cubrir sus necesidades básicas. Debido a ello, dependen económicamente de programas sociales, específicamente de Pensión 65. Estas transferencias suelen ser complementadas con el dinero que envían los hijos. Asimismo, en estos casos, las redes de reciprocidad y ayuda mutua que entablan con los vecinos y parientes son también importantes, sobre todo en términos alimentarios. En cuanto a la tipología que divide a las familias en pequeños, medianos y grandes agricultores, vale la pena recalcar que estas son categorías relativas y relacionales, por tanto es necesario definirlas y contextualizarlas en función a las características particulares de la producción campesina de la zona. Si bien el factor principal a la hora de determinar en qué categoría se encuentra cada familia es la tierra, también entran en juego otro tipo de criterios, tales como los activos físicos y los ingresos. En este sentido, los pequeños agricultores son quienes encajan dentro del tipo que desde la teoría se ha definido como el campesino clásico, cuyo principal objetivo es cubrir las necesidades básicas de la familia antes que la búsqueda de mercado. “Estaría compuesto por aquellos predios en que predomina la producción para el autoconsumo, donde los recursos y renta monetaria son insuficientes para garantizar la reproducción de las familias; lo que constantemente las conduciría a recurrir a diferentes formas de empleo parcial fuera del predio” (Schneider y Escher, 2014, p. 29). Para el caso de estudio, la extensión de las tierras de los agricultores que pertenecen a esta categoría se encuentra dentro de un rango que va desde las 0,5 a las 4 hectáreas. Esto hace referencia al tamaño del terreno, mas no implica necesariamente que toda el área esté cultivada. La mayoría de agricultores que pertenece a esta categoría apuesta por la producción de papa blanca como el cultivo principal del que depende la economía del hogar, puesto que no poseen los medios ni recursos para diversificar e innovar la producción, por ejemplo, un terreno adecuado, capital o un sistema de riego. Este grupo, precisamente porque depende principalmente de un solo cultivo, es particularmente vulnerable a la fluctuación de los precios y las crisis productivas. 83 Además, como consecuencia de sus escasos recursos y alternativas, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo y trabajar como peones en las chacras de los medianos y grandes agricultores. En el caso de los medianos agricultores, estos están más asociados a la categoría de pequeños productores que a la del campesino que produce para la subsistencia, en la medida que participan activamente en las dinámicas mercantiles y el tamaño de sus operaciones económicas productivas es mayor. En este sentido, poseen más capital que los agricultores del primer grupo y gozan por ello de mayores posibilidades de acceder a un crédito que permita la continua acumulación de capital. Respecto al área de cultivo, la extensión de sus terrenos oscila entre las 4 y 10 hectáreas, y, a diferencia de los del primer grupo, presentan una producción más diversa y no dependen económicamente de un solo cultivo. La diversificación de su producción está relacionada a la ubicación de sus chacras, que se encuentran en espacios con características agroecológicas distintas; generalmente una en la parte baja y otra en la parte alta. Asimismo, los agricultores de este grupo suelen contratar mano de obra para trabajar la chacra, que son generalmente agricultores del primer grupo, a quienes se les paga veinte soles el jornal. Por último, los grandes agricultores son quienes se vinculan con la categoría de farmers57; es decir, se encuentran más cerca de la condición de empresarios que de agricultores, pues se enfocan en la comercialización de su propia producción o de la de otros pequeños agricultores. Estos productores se identifican “como un agricultor familiar que realmente producía a partir del mercado (utilizando mercancías compradas fuera de la propiedad) y para el mercado (vendiendo la producción obtenida)” (Schneider y Escher, 2014, p. 35). Las tierras que poseen generalmente exceden las 30 hectáreas y para trabajarlas contratan también mano de obra. De la muestra base, solo un agricultor (Flores) forma parte de este grupo, fenómeno que es representativo de la realidad, pues esta categoría es la menos común. El siguiente cuadro muestra la ubicación de las diez familias según las dos variables descritas: la base demográfica y el tipo de agricultor. En líneas generales, 57 Agricultor empresario que se guía por una lógica puramente mercantil. 84 siete de ellas son pequeños agricultores y todas las familias que se encuentran en un ciclo de vida inicial (F7, F8, F9 y F10) están dentro de esta categoría, así como también las dos familias de adultos mayores (F4 y F5). La otra familia que compone este grupo es la que ocupa una posición intermedia (F6). En cuanto a los medianos (F1 y F3) y grandes (F2) agricultores, solo están compuestos por familias adultas, cuestión que es razonable, puesto que son las que se encuentran en una posición más estable, a diferencia de las familias jóvenes y de adultos mayores. Cuadro Nº 4: Tipo de familia según ciclo de vida y modo de producción Agricultores Agricultores Agricultores pequeños medianos grandes Tiburcio (F7) Familias jóvenes Pariona (F8) (FJ) Jara (F9) Ponce (F10) Familias consolidadas Ríos (F6) (FC) Familias adultas Ramírez (F4) López (F1) Flores (F2) (FA) Morales (F5) Cruz (F3) Como mencioné, los casos tratados a profundidad son parte de un conjunto mayor. La segunda mitad que completa la muestra corresponde a un tipo de agricultor que no se identifica con el tipo de agricultor clásico, sino que desarrolla la actividad agrícola como parte de una estrategia más amplia. En este sentido, agrupa a las familias que realizan la agricultura como una actividad secundaria, cuestión que es significativo retratar, puesto que representa a un tipo de agricultor que hay cada vez más en el país. Esto es útil para brindar una visión más completa de la pequeña agricultura en la zona, caracterizada por la creciente tendencia a la diversificación de actividades generadoras de ingresos. 85 Si bien hay matices y diferencias dentro del grupo; para algunos la chacra juega un papel más importante dentro de la economía del hogar que para otros, en todos los casos la agricultura es una actividad secundaria. Por ejemplo, dentro de este grupo se encuentran quienes forman parte de la asociación de transportistas de San Pedro de Cani, que son quienes manejan los colectivos que van de la comunidad a la ciudad de Huánuco todos los días. Los miembros de este grupo trabajan de manera interdiaria y en sus días libres se dedican a sus chacras, como parte de una estrategia de seguridad o como una actividad que permite generar un ingreso extra. Este grupo lo compone también, por ejemplo, hijos de agricultores adultos que residen en la ciudad; sin embargo, aprovechan el terreno de sus padres para invertir en campañas de algún cultivo con la finalidad de obtener un beneficio económico. El siguiente cuadro muestra el conjunto total de agricultores: las familias que se dedican a la agricultura como actividad principal y los que son agricultores secundarios o desarrollan cada vez menos la actividad agrícola. Cuadro Nº 5: Muestra total de agricultores Muestra total Muestra base Muestra secundaria (F7) Tiburcio (F11) Taxista 1 (F8) Pariona (F12) Taxista 2 (FJ) (F9) Jara (F13) Dirigente distrital (F10) Ponce (F14) Joven Huayllacayán (FC) (F6) Ríos (F15) Ex agricultor (F1) López (F16) Agricultora anexo Cani (F2) Flores (F17) Ferista 1 (FA)/ (F3) Cruz (F18) Ferista 2 (FAM) (F4) Ramírez (F19) Conservacionista 1 (F5) Morales (F20) Conservacionista 2 Total 10 10 20 86 3.5 Estrategias familiares: más allá de la agrobiodiversidad En base a lo descrito, en esta sección presento las estrategias de las familias de la muestra base. Primero describo los tres grandes tipos de estrategias y las actividades que componen a cada uno y luego las analizo en función al tipo de familia que las realiza. Las estrategias presentadas no pretenden abarcar la totalidad de las actividades realizadas por las familias; el panorama es más complejo y el contexto interno de cada una es dinámico y variable, por tanto, las actividades pueden ser múltiples. Asimismo, el balance que elaboro al final del capítulo no se basa únicamente en el conjunto de actividades de la muestra base de familias, sino que este es complementado con la información recogida a partir de las conversaciones con agricultores del cuarto tipo, casos que refuerzan la existencia de actividades que trascienden el terreno de la agrobiodiversidad. Así, tomando distancia de la mirada de los proyectos, más que circunscribir las estrategias de las familias únicamente al manejo y aprovechamiento de la agrobiodiversidad, le presto atención a las acciones y actividades que estas realizan en un contexto de alta diversidad agrícola. Para ordenar la información tomo como punto de referencia la caracterización de estrategias que realiza Zoomers (1998), aunque con una variante necesaria para adecuarla al contexto del trabajo de campo. Siguiendo lo desarrollado en la sección del marco teórico, las estrategias están orientadas a diferentes fines y guiadas por diversos objetivos que cada familia establece en función a su ciclo de vida y los recursos que posee. Así, Zoomers describe, en primer lugar, (1) las estrategias de acumulación, las cuales suelen estar relacionadas a las familias que han logrado establecer una base mínima de recursos y pueden, por ello, comenzar a acumular bienes y expandirse. En segundo lugar, presenta (2) las estrategias de consolidación y estabilización, que se desarrollan una vez que la familia ya logró alcanzar un nivel de bienestar adecuado y, por tanto, el tipo de actividades que realizan tienen el objetivo de mantener dicho nivel o mejorar la calidad de vida. En tercer lugar, se encuentran (3) las estrategias compensatorias y de supervivencia, las cuales se orientan a superar la pobreza o sobrevivir a la condición de vulnerabilidad en la que se encuentra la familia. Por último, describe las estrategias de seguridad y reducción de riesgos, las cuales están compuestas por las acciones 87 que las familias productoras realizan para atenuar los riesgos que son intrínsecos a la producción campesina en los andes. No obstante, para el caso de estudio, dejo este último grupo de lado, pues considero que las actividades que realizan las familias para buscar seguridad son un factor común a todas y, por tanto, no necesariamente se aplican siguiendo una lógica de estrategia, sino que más bien son acciones inherentes dado el contexto de vulnerabilidad que caracteriza a la agricultura familiar en la zona. Siguiendo esta lógica, no sería pertinente tomar estas acciones como estrategias, sino como prácticas defensivas y de seguridad que son comunes a la producción de alimentos en los andes. Por ejemplo, dados los factores de riesgo que escapan al control de los agricultores, todas las familias emplean técnicas de diversificación de la producción para el autoconsumo con la finalidad de reducir los riesgos. No obstante, como mostraré más adelante, la diversificación, bajo ciertas características y condiciones, sí es catalogada como parte de las estrategias de algunas familias. A continuación, presento tres cuadros que resumen la lista de actividades que conforman los tres grandes tipos de estrategias. Cuadro Nº 6: Lista de actividades según el tipo de estrategia (1) Estrategias de acumulación Sub-estrategias Prácticas y/o actividades Migración temporal - Migración temporal a la selva o ciudad para acumular capital. Adquisición de bienes - Compra de terreno para vivienda (mudanza a zona baja). - Compra de chacras o adquisición por herencia. Otras actividades - Práctica de actividades no agropecuarias ni rurales para la acumulación. Articulación al - Incursión en venta en ferias. mercado - Ventas estacionales de algún producto específico (Ej.: crianza de cuyes). - Asociación en organización de productores. Educación de hijos - Inversión en educación secundaria y superior. Proyectos - Incorporación a proyectos. 88 (2) Estrategias de consolidación y estabilización Sub-estrategias Prácticas y/o actividades Ampliación y mejora - Compra de otros terrenos, chacras o animales. de bienes comunes - Mejora de vivienda. - Compra de vehículo. Doble residencia - Compra de casa (o terreno para vivienda) en la ciudad de Huánuco o Lima. Incursión en negocios - Piscigranja, crianza de cuyes, abastecimiento a restaurantes, comercialización de cultivos alternativos, entre otros. Asociación 1 - Relación de aparcería (contrato de fuerza de trabajo). Diversificación - Especialización en cultivos específicos. (3) Estrategias compensatorias y de sobrevivencia Sub-estrategia Práctica y/o actividad Transferencias - Remesas familiares. - Programas sociales (Juntos, Pensión 65, Qali Warma). Parentesco y - Apoyo familiar en bienes y productos alimenticios. reciprocidad Asociación 2 - Venta de fuerza de trabajo. Como muestran los cuadros, cada grupo de estrategia se desagrega en un conjunto de sub estrategias que están compuestas por una serie de actividades concretas. En este sentido, en el caso de las (1) estrategias de acumulación, una actividad que las familias realizan es la migración temporal a las ciudades. Dada su relativa cercanía, la ciudad de Tingo María, se presenta como una opción adecuada para las familias que buscan expandirse. Las temporadas cortas en las campañas de café, rocoto u otros tipos de cultivos de la Amazonía permite a la familia generar un ingreso extra útil para empezar a acumular. El proceso de acumulación también se realiza a partir de la adquisición de bienes. Por ejemplo, el caso de la familia Ríos (F6), que compró un camión pequeño para transportar carga e iniciar una nueva actividad que permita la incrementación de capital. La realización de otras actividades no agropecuarias por parte de los miembros de la familia son también comunes para generar un ingreso extra. Generalmente son 89 los padres de familia quienes buscan empleos estacionales en la ciudad o fuera de la comunidad. Si bien en el caso de las familias de la muestra base la agricultura representa la principal fuente de ingresos, algunas combinan esta activad con otro tipo de trabajo. “Programo mi fecha. Ahora, por decir, la directora, va a haber un nuevo local para construcción, entonces yo voy a programar mis ocho días, me voy a dedicar a buscar peón para trabajar y terminar rápido la cosecha y con las mismas vuelvo a mi chacra” (Pequeño agricultor, Huayllacayán, 26/02). Otra forma en que la familia continúa expandiéndose es por medio de la articulación al mercado, la cual se realiza principalmente mediante la incursión en ferias. Si bien es cierto que todas las familias están articuladas en mayor o menor medida al mercado, existen casos donde esta venta responde a una lógica de estrategia donde las familias que ya han generado una base relativamente estable se integran, por ejemplo, a la comisión de feristas y buscan generar ingresos semanales llevando sus productos a las ferias sabatinas. Asimismo, un aspecto central dentro de las estrategias de acumulación está relacionado a la educación de los hijos, específicamente la secundaria y superior. En estos casos, la educación de los hijos puede ser entendida como una inversión a largo plazo, donde la familia empieza a acumular en la segunda generación. No obstante, esto solo es posible en familias que se encuentran en una posición acomodada y poseen una determinada cantidad de recursos y activos que les permitan financiar la educación y estadía de sus hijos fuera de la comunidad. Por último, la incorporación a proyectos se presenta también como una opción para las familias que buscan seguir expandiéndose; algunas encuentran en ellos una vía para generar activos y desarrollar capacidades. En cuanto a las (2) estrategias de consolidación y estabilización, las actividades que desarrollan las familias están orientadas a mejorar su calidad de vida. Una manera de hacerlo es a través de la ampliación y mejora de los bienes comunes, como en el caso de la familia López (F1), que expandió y renovó los ambientes de su casa con el fin de hospedar a personas que lleguen de visita. Por otro lado, como indiqué, la diversificación es una actividad inherente a la producción campesina en los andes que no necesariamente se realiza bajo una lógica de estrategia; sin embargo, sí lo es para algunas familias que deciden obtener ganancias a partir de la diversificación de la producción al especializarse en ciertos cultivos que tienen una 90 mayor rentabilidad en el mercado. Un ejemplo es el caso de la familia Cruz (F3), quienes después de varias campañas de papa en las que no obtuvieron ganancia, decidieron expandir el cultivo de hortalizas y especializarse en la producción de rocotos. “Más se dedican a la papa acá, este año ya ha bajado demasiado el precio. Ahora la gente ya está dando cuenta y ya se están dedicando más a las hortalizas: al brócoli, al culantro, al perejil, a la cebolla china. A eso se están dedicando, porque es más rápido pues. Con papa 5, 6 meses tienes que esperar. En cambio estas hortalizas sale cada dos meses ya estás vendiendo al mercado. Yo con los rocotos estoy feliz. Es menos esfuerzo que la papa. Menos inversión. No necesitas mucho abono, mucho remedio. Poco no más” (Agricultor mediano, San Pedro de Cani, 03/03). En estos casos, las ganancias están casi siempre aseguradas, puesto que los cultivos alternativos (frutas o verduras) tienden a tener un precio estable en el mercado. Estas familias, sin embargo, más allá de tener los recursos financieros necesarios para lograr la especialización, también deben contar con una serie de capitales. Por ejemplo, un terreno con las características adecuadas, un buen sistema de riego o el conocimiento y la técnica necesaria para manejar estos cultivos alternativos. Esta actividad suele estar vinculada a la incursión en los negocios, donde las familias buscan incrementar sus ingresos a través de iniciar algún tipo de negocio que presente un ingreso seguro, sea este agropecuario o no. Entre ellos se encuentra, por ejemplo, la crianza de cuyes, el abastecimiento a restaurantes del distrito, la construcción de una piscigranja o la apertura de una tienda de abarrotes dentro de la comunidad. Asimismo, otra actividad que realizan las familias para crecer es la siembra en asociación. Las familias que se asocian como parte de una estrategia compensatoria son las que poseen el capital para contratar fuerza de trabajo y comprar los productos para la siembra y preparación de terreno. En otras palabras, buscan la asociación como una forma de ganar dinero sin realizar todo el trabajo 91 manual. Esto, no obstante, siempre tiene un factor de riesgo, pues está sujeto a las variaciones climáticas o a la fluctuación de los precios, especialmente si es un cultivo como la papa blanca. Por último, la doble residencia es también una característica que está relacionada a las familias consolidadas. Muchas veces la doble residencia es consecuencia del envío de los hijos a culminar sus estudios fuera de la comunidad, lo cual crea familia multi-locales e incrementa el flujo constante entre ambos lugares. “A veces yo estoy ahí en Huánuco. Dos, tres días, vuelta regreso…no puedo dejar la chacra tanto tiempo, pero ya cuando me muera se quedará pues ahí, qué van a volver ellos”. (Agricultora mediana, San Pedro de Cani, 03/03). Para el caso de las familias que aplican (3) estrategias compensatorias y de sobrevivencia, las transferencias son un aspecto central dado el estado de vulnerabilidad en el que algunas se encuentran. Las familias de adultos mayores son quienes más dependen de las transferencias que otorga el Estado para sobrevivir, así como de las remesas que envían los familiares que han migrado. Para las familias que se encuentran en una etapa inicial y cuentan con pocos recursos es también crucial el dinero de programa como JUNTOS y el apoyo alimenticio del programa Qali Warma. En el caso específico de los adultos mayores, las redes de parentesco y reciprocidad presentan un apoyo sustancial, puesto que muchas veces el dinero otorgado por Pensión 65 no es suficiente y no se encuentran en condiciones de trabajar la tierra para cubrir sus necesidades alimentarias, por tanto, en estos casos el soporte de los parientes o vecinos es fundamental. “A veces yo me llevo tocosh a Huánuco, vendo mi tocosh. Así ya con un poquito que gano ya con eso me hago mis compritas. Pensión 65, eso es lo que nos soporta Así vivimos, pues. Cualquier cosa Diosito lindo nos cuida, pues. Algunas personas dan a veces saquitos de papa nativa, habita… No quedamos ni un día sin comer” (Agricultor adulto mayor, San Pedro de Cani, 05/04). Por último, las familias que no necesariamente están compuestas por adultos mayores, pero aun así se encuentran en una posición de vulnerabilidad buscan asociarse con otros agricultores. A diferencia de quienes se asocian como parte de una estrategia de consolidación con la finalidad incrementar sus ingresos, estos lo 92 hacen como una alternativa para sobrevivir, puesto que de otra forma no podrían sembrar. El caso de las familias Pariona (F8) y López (F1) explica la diferencia en la estrategia de sembrar en asociación de acuerdo a los objetivos y posición de cada una. Para la familia López (F1), esto sería parte de una estrategia de consolidación, pues lo que busca es aumentar su capital al invertir en la producción de un cultivo, sin embargo, para la familia Pariona (F8) esta asociación representa la única alternativa para sembrar, así como una forma de insertarse al mercado. Después de una mala campaña de papa como la del 2017, muchas familias de pequeños agricultores que se vieron afectados por la pérdida de la producción buscaban asociarse con alguien que tenga los recursos para invertir y asumir los costos de producción (semillas, fertilizantes, etc.). Las familias que se asocian como parte de una estrategia de seguridad, representan una realidad que es propia de la producción típicamente campesina, donde cada campaña supone una inversión total del capital y no siempre permite la acumulación. Esto evidencia la vulnerabilidad de estas unidades económicas y los riesgos que se asumen en cada campaña, donde no siempre se logra recuperar la inversión. La familia Pariona (F8), por ejemplo, invirtió 6 mil soles en la campaña de papa y obtuvo solo 2 mil. 3.6 Balance Los cuadros que presento a continuación resumen las actividades que realiza cada familia. Estas están organizadas en función a la variable demográfica: familias jóvenes (FJ), familias consolidadas (FC) y familias adultas (FA), (FAM). 93 Cuadros Nº 7: Actividades según tipo de familia F1 F2 F3 F4 F5 F6 F7 F8 F9 F10 Acumulación (FA) (FA) (FA) (FAM) (FAM) (FC) (FJ) (FJ) (FJ) (FJ) Migración temporal x x Adquisición de x x x x bienes Otras actividades x x x x Articulación al x x x x mercado Educación de hijos x x x x Proyectos x x x x F1 F2 F3 F4 F5 F6 F7 F8 F9 F10 Consolidación (FA) (FA) (FA) (FAM) (FAM) (FC) (FJ) (FJ) (FJ) (FJ) Ampliación y mejora de bienes x x x x comunes Doble residencia x x x Incursión en x x x x negocios Asociación 1 x x Diversificación x x x F1 F2 F3 F4 F5 F6 F7 F8 F9 F10 Compensatorias (FA) (FA) (FA) (FAM) (FAM) (FC) (FJ) (FJ) (FJ) (FJ) Transferencias x x x x x x Parentesco y x x reciprocidad Asociación 2 x x 94 Una primera observación es que las tres familias adultas (F1, F2 y F3), así como la que se encuentra en una posición intermedia (F6), realizan estrategias de acumulación y consolidación, mas no compensatorias. Estas cuatro familias presentan trayectorias similares: coinciden en la incursión en los negocios, hecho que refuerza su articulación al mercado y contribuye a mejorar su economía. Esta situación económica relativamente favorable se traduce también en la ampliación y mejora de los bienes comunes y en la posibilidad de costear la educación de sus hijos fuera de la comunidad. La culminación de los estudios en la ciudad, en tres de las cuatro familias (F1, F2 y F3), genera un patrón de doble residencia. El caso de la familia López (F1) pone en evidencia este tendencia: la incursión en el negocio de los duraznos permitió a la familia ampliar la extensión de sus tierras e incursionar en la siembra de otros productos como las paltas, manzanas y granadillas. Con el dinero generado por este negocio, construyeron cuartos de material noble en la comunidad e invirtieron en la creación del negocio familiar que manejan los hijos en Lima. Coincidentemente, estas familias (F1, F2 y F3) han logrado beneficiarse de la actividad agrícola a partir de la diversificación. Las tres se han especializado en cultivos específicos: duraznos, papas nativas y rocotos, respectivamente; lo que se ha traducido en un aumento considerable de sus ingresos y en una mejora en su economía. De hecho, dos de los tres casos (F1 y F2) se encuentran más ligados a la categoría de pequeños empresarios que se enfocan en la comercialización y 95 distribución de sus productos antes que a la de agricultores. En el caso de la familia Ríos (F6) la articulación al mercado ocurre por medio de la venta en ferias, ya que pertenece a la comisión que participa en la Feria Ecológica, pero también es consecuencia de los beneficios que obtiene por ocupar una posición activa en la Asociación de Productores Ecológicos de Papa Nativa. Tanto Flores (F2) como Ríos (F6) forman parte del grupo de productores que abastece de papa nativa al supermercado Tottus de Huánuco, como parte de un convenio establecido con dos empresas de Lima que, además de comprar parte de su producción a un precio fijo y estable, buscan mercados para la comercialización de sus productos. El éxito que obtienen por formar parte de la Asociación está relacionado al capital social que poseen ambos agricultores, pues se han empeñado en diversos cargos dentro de la comunidad y participan constantemente en distintos proyectos que contribuyen a expandir y generar un red de contactos con personas clave. “La feria es un buen sitio de promoción. De promoción, de contactos. Ahí nos contactamos nosotros con Tottus, pues. Llegó un señor y preguntó quién tiene papa y al final el señor era el gerente de frutas y verduras. Y ya nos citó para conversar y ahí estamos con la ingeniera Celi y todo. Hicieron el trato. Ferias son de contacto, de promoción pe. Esta arracacha he comenzado a llevar. La gente no comía, no compraba. Nosotros le explicamos sus bondades, cómo se cocina, todo, ahora la gente lleva. Yo llevo 40 kilos, la gente se lleva 2 kilos, 3, 4, 5 kilos”. (Agricultor conservacionista, Huayllacayán, 23/03). En cuanto a la categoría familias jóvenes, el panorama es diverso; no obstante, todas coinciden en las estrategias compensatorias. En estas familias los programas sociales aparecen como centrales. Si bien las transferencias otorgadas por el programa JUNTOS representan un apoyo significativo para todas las familias, para las que se encuentran en un ciclo de vida inicial estas cumplen un rol particularmente importante dentro de su economía, a tal punto que algunas llegan a ser altamente dependientes de este tipo de apoyo. Asimismo, para estas familias con hijos 96 pequeños, el programa Qali Warma contribuye a reducir significativamente los gastos en alimentación. La otra actividad que forma parte de una estrategia compensatoria es la siembra en asociación, actividad realizada por dos de las cuatro familias (F7 y F8), que venden su fuerza de trabajo para poder sembrar. “Ahora como ha estado bajo, me he tenido que asociar. Nosotros vamos a sembrar, nos dan granja, semillas, todo eso. De ahí la ganancia se reparte mitad, mitad” (Agricultor joven, San Pedro de Cani, 28/02). Ninguna de ellas desarrolla estrategias de consolidación, hecho que es esperable puesto que son familias que aún están tratando de satisfacer las necesidades básicas y generar una base que permita el posterior crecimiento. Las familias que logran desarrollar otro tipo de actividades que no sean únicamente defensivas lo hacen como parte de una estrategia de acumulación. Los casos de las familias Tiburcio (F7) y Ponce (F10) coinciden en las migraciones estacionales y la realización de otras actividades. En ambos casos, la migración se realiza a la ciudad de Tingo María para trabajar en la cosecha de algún cultivo específico. En cuanto a la realización de otras actividades, estas se relacionan al transporte (F7) y a la construcción (F10). Aun así, para ambas familias la agricultura continua siendo la actividad central, los otros empleos representan solo un apoyo estacional. Asimismo, la familia Ponce (F10) es la única que ha logrado acumular a partir de la adquisición de bienes; no obstante, esto es producto de la herencia de un terreno y representa una estrategia a futuro, pues aún no cuentan con los recursos suficientes para aprovecharlo. Por último, la familia Jara (F9) es la única de las familias jóvenes de la muestra base que se incorporó a alguno de los proyectos como parte de una estrategia de acumulación, lo que sugiere que para las familias que se hallan en una etapa inicial, los proyectos no suponen una alternativa prioritaria dentro de sus objetivos. En cuanto a las familias de adultos mayores (F4 y F5), las únicas estrategias que realizan son las de supervivencia. Estas familias, usualmente, ya han vendido la mayor parte de sus activos, ya sea para mandar a sus hijos a estudiar fuera o para solventarse en épocas de crisis. Por ello, son altamente dependientes de las transferencias y de las relaciones de reciprocidad para sobrevivir, pues, así siembren en pequeñas cantidades, no poseen el dinero para comprar fertilizantes y buenas 97 semillas, lo que ocasiona que muchas veces se pierda la producción. Las siguientes citas expresan la situación de estas familias: “Papa nativa ya no siembro, pero cuando voy a la altura, en la altura viven mis sobrinos. Cuando voy me regalan un saco, dos sacos. Yo ya no trabajo, ya mis hijos me atienden. Me traen algunas cosas, yo ya no trabajo. Ya me canse yo ya de sembrar. Siembras, se lo acaba el gusano, le agarra la rancha” (Agricultor adulto mayor, San Pedro de Cani, 05/04). “Ya no cuesta papa, por eso mis hijos también se han ido, pues. Si hubiera costado papa yo creo que mis hijos todavía estuvieran acá. Ahora, él ha sembrado, préstamos de banco, ha perdido, entonces para devolver nosotros hemos vendido ganado, carnero. Más antes ya, 2002, 2003 era eso. Y estamos perjudicándonos, vendiendo nuestros animales. Ya hemos cancelado al banco y él ha dicho ya me voy, yo no siembro aquí. Para estar endeudando aquí, para qué. Por eso se han ido” (Agricultor adulto mayor, San Pedro de Cani, 05/04). El siguiente cuadro resume el número de actividades que desarrolla cada familia en función a los distintos tipos de estrategias. Indica también el tipo de categoría según el ciclo vital. Los números entre paréntesis se refieren a la cantidad de actividades que cada familia desarrolla sobre el total de actividades que pertenecen a ese tipo de estrategia. La última columna indica el total de familias que realiza cada tipo de estrategia. Cuadro Nº 8: Estrategias y total de actividades según tipo de familia Estrategias de acumulación Total F1 F2 F3 F4 F5 F6 F7 F8 F9 F10 (5/6) (4/6) (2/6) (0/6) (0/6) (5/6) (2/6) (0/6) (1/6) (3/6) 7 Familias Familias adultas (FA) Familias adultas (FAM) consolidadas Familias jóvenes (FJ) (FC) Estrategias de consolidación F1 F2 F3 F4 F5 F6 F7 F8 F9 F10 (5/5) (5/5) (4/5) (0/5) (0/5) (2/5) (0/5) (0/5) (0/5) (0/5) 4 Familias Familias adultas (FA) Familias adultas (FAM) consolidadas Familias jóvenes (FJ) (FC) Estrategias compensatorias F1 F2 F3 F4 F5 F6 F7 F8 F9 F10 (0/3) (0/3) (0/3) (2/3) (2/3) (0/3) (2/3) (2/3) (1/3) (1/3) Familias 6 Familias adultas (FA) Familias adultas (FAM) consolidadas Familias jóvenes (FJ) (FC) 98 La evidencia muestra que las familias adultas (FA) y la familia consolidada (FC) se concentran en las actividades de acumulación y consolidación, mientras que las jóvenes (FJ) tienden a desarrollar estrategias compensatorias, al igual que las familias de adultos mayores (FAM). Esto evidencia una regularidad en el desenvolvimiento de las trayectorias familiares; más allá del tipo al que pertenezca cada familia, ciertas tendencias generales se desprenden de los datos recogidos. Tendencias generales Tomando en cuenta las características de las diez familias de la muestra base, una primera observación es que los núcleos familiares dentro de la comunidad son cada vez más pequeños. La composición de las familias evidencia que en todas las familias adultas (F1, F2, F3, F4, F5), solo los padres viven juntos dentro de la comunidad, mientras que los hijos se han establecido fuera. En el caso de la única familia consolidada (F6), siete de los nueve hijos vive fuera, mientras que las dos más pequeñas siguen viviendo en la comunidad, aunque con miras a seguir el mismo camino que sus hermanos mayores. En el caso de las familias jóvenes (F7, F8, F9, F10), los hijos son pequeños y aún viven con los padres dentro de la comunidad, pero todo sugiere que, si la familia logra consolidar una base adecuada de recursos, lo más probable es que suceda lo mismo que con las otras familias. En este sentido, es posible pensar que la composición de las familias rurales está marcada por la eventual separación de sus miembros, lo que incrementa la movilidad y el flujo constante de los mismos entre la comunidad y la ciudad; y, en la mayoría de los casos, conlleva a estrategias migratorias definitivas, en la medida que del total de los hijos que están fuera de la comunidad, hasta la fecha, ninguno ha vuelto. En este proceso en el que se resignifica y cambia la composición clásica de la familia rural, la educación juega un rol central. Un aspecto interesante del concepto de estrategias familiares es que el enfocar la atención en las prácticas de las familias permite también explorar el terreno de los deseos y motivaciones. En este sentido, la inversión en la educación de los hijos refleja la búsqueda de nuevas oportunidades que no necesariamente se encuentren ligadas a la agricultura; por el contrario, la 99 evidencia muestra que los estudios posteriores están direccionados a carreras técnicas o profesionales. Estas oportunidades, al ofrecerse fuera de la comunidad, alientan y propician el hecho de que los hijos no retornen. Si me enfoco en las trayectorias de las familias de la muestra, lo que encuentro es que los hijos tienden a no volver; generalmente se establecen en ciudades, donde se desarrollan familiar y laboralmente. Asimismo, el hecho de que el nivel educativo de los hijos sea mayor, plantea nuevas posibilidades para las familias, tanto en el campo agropecuario, como en otras áreas. Por ejemplo, nuevos negocios familiares, como en el caso de la familia Flores (F2), donde una de las hijas, que es ingeniera agrónoma, trabaja con el padre y contribuye a ampliar el negocio de comercialización de papas nativas, o el de la familia López (F1) y la empresa de comercio que manejan los hijos en Lima. Las tres familias adultas (F1, F2 y F3) y la familia consolidada (F6) son las que mejor reflejan esta tendencia y comparten estas características. Esto está relacionado a que son las familias que están mejor posicionadas. Coincidentemente, las cuatro familias han logrado esta estabilidad a partir del aprovechamiento distintivo de la actividad agrícola. En cambio, tanto las familias de adultos mayores (F4 y F5), como las familias jóvenes (F7, F8, F9, F10), tienden a representar unidades económicas menos estables. Por ello, ambos grupos presentan mayor dependencia de los programas del Estado, ya sea en términos monetarios (Pensión 65 y JUNTOS) o en términos de acceso a alimentos (Qali Warma). En cuanto al aspecto productivo, las familias jóvenes, a diferencia de las otras cuatro mencionadas (F1, F2, F3 y F6), que se benefician económicamente de la actividad agrícola a partir de especializarse en cultivos alternativos, dependen económicamente de un cultivo comercial (generalmente la papa blanca) y su participación en el mercado está condicionada por factores externos o por la cantidad de capital que poseen al momento de invertir en la cosecha. Para estas familias, la actividad agrícola es central así el único cultivo del que dependan no sea muy rentable en el mercado. 100 En líneas generales, en todos los casos de la muestra base la actividad agrícola continua siendo, en mayor o menor medida, la más importante. Asimismo, es posible percibir que en esta actividad el mercado tiene un rol cada vez más importante. Esto se evidencia, por ejemplo, en el hecho de que la mayoría de familias continúen cultivando papa blanca por el entendido de que este producto, más allá de las fluctuaciones en el precio, siempre es demandando por el mercado, lo que constituye una especie de refugio y sostén para las familias. A pesar de esto, cada vez son más las familias que se inclinan o empiezan a considerar el incursionar en un futuro en otro tipo de cultivos que tienen mayor rentabilidad y una creciente demanda en el mercado, por ejemplo, el brócoli o los rocotos. Asimismo, la presencia del mercado en las decisiones productivas se evidencia también en los cambios en el manejo de la producción, por ejemplo, en la introducción progresiva de agroquímicos para obtener productos que se ajusten a las exigencias de la mayoría de consumidores. Sobre todo en la comunidad de San Pedro de Cani, es posible percibir una intensificación de la producción de los cultivos orientados al mercado, lo que conlleva a que se abandone la lógica de rotación de terrenos y descanso. Por otro lado, la producción ecológica puede significar una suerte de seguridad para las familias que la practican y participan activamente de los circuitos feriales diferenciados. No obstante, esas son la minoría, puesto que este circuito es aún muy pequeño y opera a una escala mínima, lo que ocasiona que solo algunas pocas familias puedan realmente beneficiarse de estos cultivos diferenciados, que son generalmente las que tienen clientes fieles en las ferias o un contrato con alguna empresa. Los demás, así produzcan de manera ecológica, al no existir una estructura adecuada que sostenga y haga posible producción y comercialización sostenible, se ven obligados a vender sus productos al mismo precio que los convencionales. Asimismo, los cambios en la actividad productiva de las familias no solo son resultado de las lógicas mercantiles, sino también de los cambios en los patrones climáticos, las cuales influyen en sus decisiones respecto a qué cultivos priorizar. Esto se refleja, por ejemplo, en la introducción de especies que sean más resistentes a las alteraciones climáticas y tengan ciclos agrarios más cortos, por ejemplo, el brócoli o los duraznos. Otras familias optan por buscar alternativas agropecuarias que no estén tan expuestas a los cambios de clima, como la venta de cuyes, la crianza de truchas, 101 entre otros. En suma, en todos los casos, más allá del grado de consolidación y los resultados, se puede percibir una intencionalidad de responder a las particularidades del mercado y a los efectos del cambio climático. Al incluir en el análisis a la otra parte de la muestra, sí es posible identificar una progresiva tendencia a la diversificación de actividades; la presencia del mercado no solo es notoria en la agricultura, sino también en el conjunto de actividades que desarrollan las familias. No obstante, esto no debe entenderse como si el mercado fuese la única vía que garantice el éxito de las familias; los resultados en cuanto a la la diversificación de actividades son diversos. Para las familias en las que la actividad agrícola continúa siendo la más importante, la articulación al mercado a partir de la realización de otras actividades es parte de una estrategia defensiva que no necesariamente permite la acumulación. En cambio, la vinculación de las familias que se dedican a la agricultura como una actividad secundaria, suelen vincularse con más proactividad, por tanto participan más activamente de las dinámicas mercantiles y obtienen mejores resultados Es estos casos, la actividad agrícola suele significar un medio por el cual es posible generar ingresos extras a partir de invertir en campañas específicas. En suma, las trayectorias de las familias son múltiples, no obstante, a grandes rasgos, las actividades que realizan tienden a la búsqueda de generación de ingresos, lo que refleja que la lógica de la acumulación predomina así no se traduzca necesariamente en actividades concretas, pues, en última instancia, estas dependen en gran medida de las posibilidades materiales y sociales de cada una. Esto evidencia una conexión con los procesos socioeconómicos mayores y las actividades que ocurren fuera de la comunidad. Los proyectos Cuatro de las diez familias de la muestra (F1, F2, F6 y F9) formaron parte de alguno de los dos proyectos descritos en el capítulo anterior. Esto como parte de una estrategia de acumulación. Sin embargo, no todas logran el objetivo de acumular: la diferenciación respecto al punto de partida y condiciones de cada familia es 102 significativa a la hora de determinar quiénes son los que obtienen los beneficios. Asimismo, a modo de introducción para el siguiente capítulo, resulta pertinente explorar hasta qué punto las estrategias de las familias tienen que ver o no con la conservación de la agrobiodiversidad. O planteado de otro modo, ¿es la conservación un tema central en las actividades de las familias? Y si lo es, ¿encuentran estas algún beneficio concreto en esta incorporación? El grupo de estas cuatro familias está conformado por dos familias adultas, una consolidada y una joven; no obstante, también tomo en cuenta los datos proporcionados por otros participantes de los proyectos. Coincidentemente, tres de los cuatro agricultores de la muestra (F1, F2 y F6) son las familias que se encuentran en una posición más estable. Si bien los dos primeros cuentan con una mejor base material y sustento económico, los tres son agricultores reconocidos y han ocupado cargos importantes, con lo que no cuentan únicamente con recursos físicos, sino con una serie de capitales que les permiten posicionarse en una posición privilegiada respecto a los otros agricultores. En las siguientes citas uno de ellos expresa sus opiniones respecto al proyecto: “Cada uno a veces no tomamos el empeño. En el caso mío por ejemplo, yo sí me he beneficiado bastante del proyecto. Uno en conservación, otro el comercialización, otro en organización. Justamente por el IDMA yo llego a ser presidente nacional. He ido a diferentes regiones como pasantía y nos hemos conocido con muchos conservacionistas, productores de papa nativa y cuando nos organizamos es ahí que yo llego a ser presidente” (Agricultor conservacionista, Huayllacayán, 23/03). “Yo no me quejo de los proyectos, yo he aprendido mucho de los proyectos y gracias a los proyectos he cambiado y mejorado mi hogar. Por ejemplo, si no me cree yo tengo mis seis hijos. Todos mis hijos son profesionales, uno falta, que está por entrar a la universidad. Todo eso yo lo he hecho de mi chacra, de mi conservación de sembríos nada más… Mucha gente no ha tomado la decisión del seguir. Termina el proyecto y abandona. También es parte de la culpabilidad de nosotros, no podemos echarle la culpa solo a los del proyecto” (Agricultor conservacionista, Huayllacayán, 23/03). 103 La cuarta familia de la muestra (F9) presenta el caso más representativo de los agricultores vinculados a los proyectos: pequeños agricultores y con escasos recursos y capitales. El grueso de estos agricultores no obtuvo ningún beneficio concreto más allá del reconocimiento como conservacionista. La mayoría de opiniones expresan el desencanto hacia los proyectos al no lograr la acumulación a partir de resultados concretos. “Sí estuvimos en el proyecto, pero no hay mercado pues. Nosotros tenemos que buscarnos otras fuentes de ingresos para poder sobrevivir, ¿acaso nosotros no tenemos hijos, no tenemos a quién mantener?... ¿Y de dónde sale? Si nosotros sembramos nuestro producto y no tiene un mercado, ¿cómo podemos solucionar nuestras situaciones económicas? La educación, todas esas cosas, entonces ya pues, dejamos eso a un lado y ya pues a buscar otra fuente de ingresos” (Pequeño agricultor, Huayllacayán, 26/02). 104 Esto es útil para dar cuenta de que efectivamente existen otras variables y características que influyen en el éxito y beneficio que pueda obtener una familia de los proyectos, que van desde aspectos concretos como tener mejores capacidades o recursos materiales y financieros, hasta tener capital social. Mientras más grande y consolidada está la familia, más posibilidades tiene de lograr que efectivamente los proyectos contribuyan a la acumulación. En este sentido, los proyectos de conservación no necesariamente presentan un beneficio concreto para los agricultores, de hecho, en la mayoría de los casos, estos no contribuyen a mejorar su calidad de vida. Los proyectos no afectan las estrategias sino que le proporcionan a algunas familias la posibilidad de una estrategia de acumulación. El que existan familias que sí obtuvieron beneficios concretos da cuenta de que no siempre las estrategias tienen los mismos resultados para todos, sino que funcionan distinto de acuerdo a las condiciones de cada familia, donde algunas, en efecto, logran el objetivo de acumular mientras otras no. En otras palabras, los proyectos no son determinantes; lo que en realidad determina y contribuye a mejorar las condiciones de la familia son otros factores, tales como la cantidad de tierra, las redes de contacto, el acceso a capital o la calidad del terreno. Respecto a la pregunta que quedó suelta, a grandes rasgos, la declaración de la Zona de Agrobiodiversidad no supone ningún cambio significativo en las estrategias de las familias. Sí presenta una potencialidad, en la medida que lo que busca es generar dinamismo y ofrecer alternativas rentables para las familias, sin embargo, mientras no exista un soporte que contemple la realidad integral de las familias, es probable que estas no obtengan ventajas significativas de las bondades del territorio. Aun así, las familias aprovechan, de distintas formas y con distintos resultados, la diversidad agrícola, pero esto es al margen del reconocimiento de su territorio como una zona agrobiodiversa. Si bien hay algunas familias que han logrado mejorar sus ingresos y su calidad de vida a partir de aprovechar la diversidad agrícola del distrito, el grueso de los pequeños agricultores, que generalmente basa su economía en un cultivo comercial, no obtiene mayores beneficios del territorio. Finalmente, en situaciones como esta, cuando el discurso y los alcances reales de los proyectos se encuentran con los intereses de los productores, es que salen a 105 la luz una serie de narrativas y opiniones sobre la agricultura, el manejo de la agrobiodiversidad y la práctica de la conservación, que invitan a reflexionar sobre otras posibles motivaciones en torno de la práctica de conservación más allá de las posibilidades concretas que esta puede representar. En el siguiente capítulo analizo las percepciones de los agricultores sobre la agrobiodiversidad, así como los límites del discurso de la conservación y en qué medida este se relaciona o no con las estrategias que realizan las familias. 106 4. NARRATIVAS Y VALORES DE LA AGROBIODIVERISDAD En este capítulo retomo la pregunta central, pero abordada desde la perspectiva de las narrativas y diversas formas de valoración que se generan alrededor de la agrobiodiversidad. En este sentido, en las páginas siguientes exploro las narrativas locales para luego hacerlas dialogar con el discurso de la conservación que expuse en el primer capítulo, y así presentar las tensiones y puntos de encuentro que existen entre ambos. Al exponer los límites del discurso de la conservación, busco contraponer, por un lado, la visión cerrada y reduccionista que este tiene no solo de la agrobiodiversidad, sino también del espacio rural y; por otro, las perspectivas de las familias productoras. Esto último es posible gracias al análisis de las estrategias y prácticas previamente realizado, dado que estas son centrales para comprender las narrativas y expectativas locales. Finalmente, luego de presentar las distintas retóricas que existen dentro del campo de la diversidad agrícola, el capítulo concluye con un balance que busca dar a conocer los nexos, desencuentros y puntos más importantes entre ambas miradas. 4.1 Narrativas locales y formas de valoración de la agrobiodiversidad Para lograr una aproximación a las distintas categorías del discurso, empleé una metodología que buscó distinguir los discursos formales e informales, para lo cual realicé entrevistas semi-estructuradas y conversaciones informales, respectivamente. No obstante, fueron estas últimas -en contextos diversos- las más relevantes, ya que para lograr profundidad en el terreno de las narrativas y valoraciones, es necesario trascender las dinámicas (en ocasiones algo rígidas y solemnes) y los espacios 107 protocolares que generan las entrevistas, a fin de acceder a los diversos mecanismos en los que emergen los discursos informales, propios de las interacciones cotidianas. Esto se aprecia, por ejemplo, en las respuestas de los productores “conservacionistas” durante las entrevistas semi-estructuradas, las cuales seguían una misma línea narrativa. Esta dejaba entrever una repetición de lo impartido por los proyectos, no solo en el lenguaje de carácter técnico utilizado, sino también en los mensajes y explicaciones ofrecidos respecto a la pérdida de agrobiodiversidad. “Antes por gusto se quemaba el pasto y cuando se quema se malogra todo el medio ambiente y la agrobiodiversidad. Eso también nos han dado charlas, pero muchos de nosotros no captamos eso y a veces nos quejamos. Nos quejamos que por qué hay mucho calor, por qué hay mucha lluvia, de todo eso nos quejamos… pero, ¿quién es el que hace todo ese daño? Nosotros, los seres humanos. Por ejemplo, yo quemo, yo talo y no pensamos en el futuro que van a encontrar la nueva generación que viene. ¿De qué va a vivir la nueva generación, qué va a encontrar?” (Agricultor conservacionista, Huayllacayán, 19/03). La razón de esta retórica utilizada por los conservacionistas es consecuencia de las charlas de sensibilización y capacitaciones que eran parte del repertorio de los proyectos, en las cuales se buscaba familiarizar, a través de diversos mecanismos, a los campesinos con los términos técnicos que impregnan al discurso de las intervenciones, tales como agrobiodiversidad, parientes silvestres, conservación de suelos y erosión genética. “Bueno, hubo varias formas de informar al campesino sobre el término de agrobiodiversidad, porque vino con esos términos el proyecto. Entonces son términos más académicos, técnicos, pero la transmisión ya es un lenguaje más sencillo. Por ejemplo, la agricultura que ellos hacen no es otra cosa que la cultura. Si tu separas agri, de agro, y cultura y los mezclas es agricultura. Entonces, de la misma forma el tema de agro es lo que ellos están haciendo y la biodiversidad es lo que tenían en sus parcelas, no solamente los cultivos, en tema de biodiversidad, o sea de vida y diversidad. Entonces ahí nuestras orientaciones eran interesantes, en campo nosotros no hablábamos ‘agrobiodiversidad consiste en esto, esto, esto’. No, sino era conversar con ellos en sus chacras, y como el proyecto era también en parientes silvestres, encontrábamos papa, gran diversidad de papas y decíamos esta es la diversidad, las diferentes variedades de papa, la diversidad y hablábamos de vida en las parcelas, la vida que existe en sus parcelas, no solamente la papa, están también sus parientes silvestres que están al borde, en el matorral, todo esto, no solamente esto, encontrábamos insectos, controladores naturales…” (Facilitador del proyecto In Situ, 08/04). 108 En el informe del proyecto se explica que, en un primer momento, el problema que encontraron y que justificó la intervención fue la erosión de las variedades, fenómeno causado, entre otros factores como las alteraciones climáticas y la migración, por lo que consideraban malas prácticas de los agricultores, hecho que incentivó las sensibilizaciones. Este discurso alrededor de la conservación de los suelos y su importancia para el mantenimiento de la agrobiodiversidad fue narrado a partir de una retórica determinada que vincula el proceso de erosión genética a una pérdida cultural de la tradición agrícola de la zona. “Cuando llega la Revolución Verde, el agroquímico, ahí es donde te enseñan eso, que mucha gente cambia la forma en cómo venían trabajando ancestralmente, por eso es que los proyectos dicen que se debe seguir trabajando con las costumbres y los trabajos ancestrales” (Agricultor conservacionista, Huayllacayán, 23/03). Todo esto refuerza la retórica que resalta el vínculo de los agricultores con la tierra y contribuye a robustecer la imagen del productor conservacionista ideal y a ensalzar la importancia del rol que estos cumplen para la vida en el planeta, puesto que son quienes deben encargarse de cuidar que semillas de cultivos importantes para la alimentación y la agricultura a nivel mundial no desaparezcan en medio de un contexto de variación y adversidad climática que conlleva, en última instancia, a dicho proceso. En este acto, se le otorga a los agricultores características esencialistas que colocan a la ancestralidad de sus prácticas y conocimientos como un elemento central dentro del discurso. “Las familias conservacionistas de los distritos y comunidades del ámbito de Huánuco (Quisqui, Tomayquichua, Panao) donde existe una alta concentración de recursos genéticos, al mismo tiempo es poseedora una cultura de la conservación (conocimientos, saberes, tecnologías tradicionales, cosmovisión, rituales, costumbres) que se ha creado, recreado, enriquecido y transmitido de generación en generación. En todo este proceso, es evidente, que en las comunidades de Huánuco ha existido y existe una cultura de la producción, selección y conservación de semillas; conservación sustentada en la acumulación de saberes y tecnologías ancestrales apropiadas al mundo campesino; y de respeto y amor a la madre tierra (pachamama), en completa armonía con la naturaleza” (IDMA, 2016, p. 21) . Es a partir de este tipo de capacitaciones que los agricultores más involucrados en los proyectos se reconocen como conservacionistas, adoptando la caracterización 109 que el proyecto propone de esta figura ideal. Así, admiten y asumen el importante rol que se les adjudica en el proceso de conservar la salud y fertilidad de los suelos, donde son las características ideales de las llamadas prácticas tradicionales y, a grandes rasgos, la ancestralidad, lo que otorga el valor agregado necesario para cumplir con el cometido de la conservación. “Los productores conservacionistas, en su mayoría, iniciaron con la herencia que sus abuelos les dejaron; algunos con más variedades que otros, pero el entusiasmo y amor por la agricultura diversificada hace que los guardianes de la agrobiodiversidad continúen recuperando variedades para insertarlas en sus chacras” (IDMA, 2016, p.37). “Ser conservacionista es trabajar con los conocimientos ancestrales. Por ejemplo, con la fase lunar, con la conservación de suelo, el agua, el bosque. Siempre natural, orgánica, siempre con el medio ambiente en concordancia con la conservación de bosques, suelo y agua. ¿Si nosotros no cuidamos esto, entonces de qué van a vivir las ciudades?” (Agricultor conservacionista, Huayllacayán, 19/03). Por otro lado, las entrevistas realizadas a agricultores que no formaron parte de ninguno de los proyectos revelan otras formas de referirse y concebir la agrobiodiversidad. Estas no necesariamente guardan relación con las conceptualizaciones de corte teórico que utilizan los proyectos, sino que más bien apelan a otro tipo de mecanismos explicativos, que se encuentran influenciados por distintas sensibilidades: afectos, emociones, sabores y texturas, por ejemplo. En estos casos, dada la externalidad del término, la mayoría no necesariamente se encuentra familiarizado con el concepto de agrobiodiversidad, y es precisamente esto lo que revela otras formas de comprender y valorar la riqueza agrícola. “Acá hay papa de todo tipo, rojita, con ojos grandes. Papa palta que es negrita con blanquito, de colorcito. Otro sabor tienen. Semita es mitad negro, mitad blanquito, rico es papa, cuando concinas se apachurra y solito se pela” (Agricultor adulto mayor, San Pedro de Cani, 05/04). “Papa nativa así con naturaleza rica es. Rico, rico tiene sabor bastante. Lindo sabor tienen pues. Sabor de otro, otro, otro tienen… de mi mamá, de mis abuelos. En la altura vivían ellos, comían ahí natural” (Agricultora mediana, San Pedro de Cani, 03/03). “Te contaré, porque antes mis padres, por decir, guardaban en la casa su pirwa, guardaban pa que coman, y qué lindo de acá a unos cuatro, cinco meses pasa, qué lindo, dulce la papa, viejita. Con su cafecito pa que tomar, sin agua 110 no pasaba… ahora esa papa viejita ya no hay” (Agricultor adulto, Huayllacayán, 09/04). Incluso a pesar de no haber formado parte del proyecto, algunos de los agricultores de este grupo se consideran conservacionistas; no obstante, entienden y explican el serlo de una manera que se distancia de los términos planteados por el proyecto. Inclusive algunos agricultores que formaron parte de los proyectos, en las entrevistas buscan tomar distancia de los mismos al exponer las visiones críticas que han desarrollado sobre ellos. Así, a diferencia de los agricultores que son percibidos como embajadores de los proyectos, este grupo, más que adaptarse a los términos externos y repetir lo impartido en las capacitaciones, conciben el ser conservacionistas a partir de otro tipo de afectos y explicaciones. “Conservamos porque, uno, es para el consumo; otro, para no perder nuestra biodiversidad, porque la verdad que papa arenosa, wachuy, es lindo y diferentes variedades, tiene sabor. Estamos acostumbrados a comer eso, alimentarnos, por eso no podemos desperdiciar nuestras semillas. Sí o sí cada año tenemos que sembrar, es costumbre” (Agricultor conservacionista, Huayllacayán, 27/03). Al vincular la conservación a otro tipo de sensibilidades que trascienden el ámbito tecnicista de los proyectos, se pone en discusión la idea misma de si este término, y las prácticas asociadas a él, fueron realmente impartidas y arribaron a partir de la intervención de los proyectos: los agricultores mencionados afirman identificarse como conservacionistas incluso desde antes que dichos proyectos se implementaran en la zona y, por tanto, antes de la atribución del término. “Siempre nosotros, la serranía, siempre mantenemos nuestras papas nativas. Antes de que venga el IDMA también sembrábamos así. Por ejemplo mi padre sembraba así con guaneo. Y eso conservamos pues. Porque sabemos que otros pueblos que tienen papa así también usan químicas y ya todo está contaminado” (Agricultor conservacionista, Huayllacayán, 27/03). “Antes, antes sí, todos acá, toditos, mucha gente tiene acá variedades. Es de costumbre, yo a mis padres no puedo dejar. Que la agricultura yo desde mi niñez estoy acostumbrado yo a trabajar la chacra. Yo no puedo dejar. Como te digo yo soy albañil, de construcción sé, soy chofer, soy textilería, lo sé tejer, de todo tengo arte yo… por decirte, la mecánica, cuando yo estudiaba en Huánuco, también he trabajado. Pero a pesar de eso yo no dejo mis variedades” (Pequeño agricultor, Huayllacayán, 26/02). 111 A pesar de esto, en algunos casos, se reconoce y resalta lo impartido por los proyectos: “Por decir la IDMA, un ejemplo, por decir. Yo, como te digo, la agrobiodiversidad, mis variedades las mantengo desde muy antes no solo desde la llegada de IDMA, pero yo no sabía lo que es la conservación de suelo, no sabía las terrazas, pero gracias a IDMA han llegado, nos han enseñado” (Agricultor conservacionista, Huayllacayán, 27/03). “Por ejemplo ahora acá en mi chacra, conservadito. Esto alisos que acá lo ve con IDMA hemos plantado. Esos ayudan a conservar. Eso sí he aprendido: conservación de suelos, las terrazas... Otra parte, nos han dicho los ingenieros, han dado charlas `hermanos, cuiden sus tierras, si ustedes le meten químicos, lo van a matar todito, pobre va a quedar su tierra y para sus hijos, ¿qué va a pasar de acá a unos 10 a 15 años? Entonces todo eso sí nos han enseñado IDMA” (Agricultor conservacionista, Huayllacayán, 27/03). Lo que ocurre es una apropiación y reinterpretación del término “conservacionista”, que trasciende lo propuesto por el proyecto. Esto sucede de dos formas algo distintas; por un lado, se reconoce el conocimiento impartido por este y se le engrana discursivamente con la tradición de las prácticas y valoraciones locales, a fin de mostrarlos como complementarios. Por otro lado, se cuestiona la influencia del IDMA en su identificación como conservacionistas, pues afirman que lo eran desde antes de que este llegara y constituyen así una idea local del conservacionismo en oposición a la propuesta por la ONG. Al margen de si llegaron o no a participar de alguno de los proyectos, ciertos agricultores han desarrollado una mirada crítica hacia este tipo de intervenciones. Esto va más allá de las contraposiciones entre conceptos y valoraciones expuestas en los párrafos anteriores; se relaciona más bien con la tensión mencionada en el capítulo anterior respecto a los beneficios concretos que se esperaban obtener. Esto se manifiesta, por ejemplo, en el rechazo que existe entre un número cada vez mayor de productores hacia la Feria de la Agrobiodiversidad (Muru Raymi) -uno de los resultados mejor logrados por el Proyecto In Situ- en la que se exhiben las diversas variedades que conservan los campesinos, y en donde se les reconoce formalmente como conservacionistas del distrito. “Esa feria para mostrar, nada más, y solamente ellos se hacen ver y yo mismo veo que los señores congresistas, ministros vienen y se toman una buena foto 112 como si fueran ellos los productores o campesinos ahí. Y hacen ver allá acá estamos, hermano, con gente del campo. Estoy segurísimo. Y entonces, ¿cuál es el resultado? Ha venido Jaime Delgado, tantos ingenieros que han estado ahí han venido, los congresistas hasta el mismo chacra han llegado, al fondo, al fondo, hasta allá. Caminando han ido, pero qué resultado nos dan, ¿cuál es el proyecto? Nada han dejado, pues, entonces, ¿de qué sirve esa feria? De nada… Solamente al mismo capital, Huancapallac, al ir nosotros, sí o sí, tenemos que comer de hecho, un pan, algo, tenemos que comer allá, gastar nuestro dinero, pasaje pagar, entonces solamente es movimiento para Huancapallac, no para nosotros. Nosotros vamos a dejar nuestros centavos. De esa manera preferible no voy entonces. Mucha gente de acá próximo año no vamos a ir dice. ¿Y por qué no hace feria acá mismo si acá es la producción, esta zona? ¿Y entonces donde produce por qué no se hace? Realmente el campesinado estamos bien olvidado, engañado” (Pequeño agricultor, Huayllacayán, 16/3). Esto refuerza el hecho de que muchos conciben la conservación de cultivos nativos como un conjunto de prácticas y valoraciones que exceden los circuitos feriales, los proyectos, y el tipo particular de validación que estos otorgan. Esta práctica, forma parte, más bien, de una dinámica productiva de larga data en la agricultura campesina. Por tanto, a pesar de llevar o no sus productos a la feria, para quienes se consideran agricultores conservacionistas, el mantenimiento de las variedades en sus chacras continúa. “Sembramos para no perder nuestras variedades, biodiversidad, para no desperdiciar, porque si este año no siembras, próximo año ya no hay ya, porque la semilla no aguanta pues, se envejece y pudre ahí y ahí queda, desaparece” (Entrevista a agricultor conservacionista, 27/03). “Ah, claro, mi producto no puedo dejarlo yo. Yo a mis hijos les digo, yo tengo dos varones no más, son siete mujeres que tengo y dos varones, les digo, no hijo, tienen que conversar por más que ya me voy y lo que sea, ustedes tienen que seguir. De mis padres, les digo, yo conservo, de mis abuelos. Es también costumbre” (Pequeño agricultor, Huayllacayán, 26/02). Si bien las narrativas son una manera de comprender las diversas concepciones respecto a la agrobiodiversidad, las valoraciones no necesariamente salen a la luz a través del lenguaje verbal, sino que se manifiestan también por medio de otro tipo de acciones. Así, a partir de observar ciertas prácticas que los agricultores realizan en cuanto al manejo de la diversidad agrícola, complementado con información obtenida por medio de conversaciones informales, es posible conocer las múltiples formas que existen de valorar la agrobiodiversidad. 113 Una ejemplo concreto de esto es la diferenciación que se realiza en cuanto al manejo de la producción según los cultivos que se consideran nativos y los que no. A los cultivos nativos -es decir, la mashua, la oca, el olluco, las papas nativas y otros como la arracacha- se les adjudica un mayor valor puesto que se les asocia con lo natural y con una manera de producir propia de una práctica agrícola que se vincula a la historia de la localidad, a los parientes y personas antiguas de las comunidades y que, además, responde y es coherente con un sistema agrícola que se ha desarrollado integral e sistémicamente con las características ecológicas de esa zona andina. Las variedades locales han sido siempre consideradas por las personas que las cultivan como productos símbolos del territorio y ambiente agroecológico en el que se producen. Se utilizan, así, como imagen del territorio (Acosta-Naranjo y Rodríguez-Franco, 2013). De esta manera, se contrapone la producción de papa blanca a la de las papas nativas, las cuales se asocian como un elemento importante de la agrobiodiversidad, no solo por sus propiedades físicas, sino también por su importancia en términos sociales, culturales y simbólicos, donde siempre han tenido un rol central en las dinámicas y relaciones sociales dentro de las comunidades. “La blanca es tan solo para fritos todo, en cambio papa nativa sirve para hacer pachamanca, para hacer sancochados, cualquier comida, son más arenosas, hay más variedad, son más bonitas. La blanca, en cambio, no es puro” (Pequeña agricultora, San Pedro de Cani, 07/04). 114 “La papa nativa bonita, chiquita, sin curar, sin fumigar, sin meter nada pues. Esas cuando guardas no pudre. Nada, no pudre, bonito… aguanta. Puro pachamanca, ni segundo, ni sopa, puro pachamanca. Sano, no tiene ni un cáncer; el estómago está recibiendo natural” (Agricultor adulto, San Pedro de Cani, 17/03). De las conversaciones con los productores de la comunidad de Huayllacayán, donde se produce la mayor cantidad de variedades de papas nativas, es posible concluir que estos productos circulan por una esfera de valor, que si bien se superpone en algunas ocasiones con esferas mercantiles, se les adjudica a estos cultivos una carga simbólica que alude a otro tipo de relaciones que trascienden la mirada económica en términos puramente capitalistas. La papa blanca, por el contrario, es percibida como una mercancía, pues a partir de la producción y comercialización de dicho cultivo es que se obtienen las principales ganancias monetarias, y es el cultivo central del que depende, en la mayoría de los casos, la economía de las familias. Esta distinción en el manejo productivo de ambos cultivos no solo tiene que ver con las esferas y los circuitos de cada producto, sino también con el destino final de cada uno: el mercado o el auto consumo. “La papa nativa es más para consumir uno mismo y aparte de eso esa papa es sagrada. En cambio la blanca va al mercado pues, tienes que de todas maneras un poquito de químico, fertilizante aplicar. A veces ya traes de Huánuco la semilla, compras y ya está mejorada, entonces tienes que seguir echando productos” (Pequeño agricultor, Huayllacayán, 26/02). Esto, sin embargo, no significa que las papas nativas no estén inscritas dentro de un circuito económico. Si bien solo algunas familias logran obtener ganancias monetarias a partir de su comercialización, alrededor de este producto existe una economía de la subsistencia, que no solo se reduce a un sentido alimentario, sino que coexiste con una economía de saberes implicada en estos circuitos no mercantiles: los intercambios de semillas, las técnicas de manejo productivo y las relaciones que se producen a partir de las prácticas agrícolas son cuestiones que evidencian la relación afectiva y refuerzan el tejido social. 115 La papa blanca, en cambio, es el producto que tiene mayor rentabilidad en el mercado y, por tanto, es la base que asegura la economía de la mayoría de las familias. En este caso, la utilización de agroquímicos no solo es consecuencia del valor inferior que se le adjudica a este producto, sino que responde también a las demandas de los consumidores e intermediarios, quienes buscan una producción con características determinadas. “El problema es que los que consumen quieren grande, no quieren chiquitito. Por decirte tú les llevas sin químico, no te reciben. Muy chiquito te dicen, pa qué vale. Entonces la gente prefiere echar químico” (Pequeño agricultor, Huayllacayán, 19/03). No obstante, incluso en la producción de papa blanca existe un manejo diferenciado entre la parte de la producción destinada al auto consumo y la destinada al mercado, donde a la primera se le aplica una cantidad considerablemente menor de fertilizantes. Esto se debe a que, a diferencia de las demandas de la gran mayoría de los consumidores de las ciudades, no se valora el producto por el tamaño, sino por las propiedades, y es precisamente en el acto de aplicar los fertilizantes y químicos que se pierden estas propiedades naturales y el producto pierde su valor alimenticio. “En ciudad no me gusta porque todos los productos son químicos. Acá tú siembras a tu criterio papa. Para comer yo ya sé qué papas comer. La blanca aquí también siembro, pero lo que va a ser para venta yo un poquito le hecho químico, lo que no voy a vender tan solo fumigo. Lo que voy a consumir tan 116 solo hecho pa rancha, solo fumigo unas cuantas veces pa que no pique el gusano, pero químico si no le meto” (Pequeño agricultor, Huayllacayán, 26/02). Esto guarda relación con un aspecto que subyace a muchas de las narraciones, en las que emerge un discurso alrededor de cómo se perciben los alimentos. En este, se contrapone la producción local, asociada con lo natural, a los alimentos contaminados, que serían los que vienen de afuera. Así, se constituye una representación de la ciudad como la antítesis de la chacra; donde los alimentos provenientes de la ciudad ya estarían “contaminados” debido a la manera en la que están siendo producidos. “Por eso en la chacra, más mejor somos. En ciudad más rápido, rápido crecen y después ya están muertos ya. Por eso en la chacra es más natural, más bueno. En ciudad los pollos, a los tres meses ya están comiendo. Puro hormoneado. Le ponen hormona pa que engorde, pa que hinche y ya, de frente a mercado ya. En cambio las gallinas de nosotros acá solo se revienta, le das maíz no más. Pone huevo también natural. Y comes a un año todavía. Un año, no está hormoneado ni nada. Y por eso tiene sabor más rico. Gallina natural, de chacra” (Pequeña agricultora, San Pedro de Cani, 07/04). Un aspecto que es importante recalcar es que la poca o nula utilización de agroquímicos en la producción de cultivos nativos no solo se debe a las valoraciones que existen en torno a estos productos, sino a motivos concretos como el hecho de que no exista un mercado seguro para este tipo de productos, con lo que la producción de estos cultivos está destinada, en su mayor parte y en la mayoría de los casos, al autoconsumo. Asimismo, los cultivos nativos crecen únicamente en chacras que se encuentra por sobre los 3000 o 3200 msnm y a esa altitud el nivel de enfermedades y plagas es mucho menor en comparación a las zonas bajas, sobre todo durante el periodo de verano. En invierno, quienes aplican remedios sintéticos para no correr el riesgo de perder la producción, utilizan únicamente fertilizantes una vez que la planta ya ha crecido para evitar que las plagas ataquen las hojas. No obstante, este rocío se realiza un máximo de tres veces durante toda la campaña. Aun así, a pesar de la existencia de una serie de valoraciones respecto a los diversos cultivos, donde además se evidencia una diferenciación en torno al manejo y técnicas productivas con los que se trabaja la papa blanca y nativa, es pertinente retomar lo discutido en el capítulo anterior respecto a los motivos y factores que condicionan la producción y conservación. En este punto es válido preguntarse si la 117 producción y técnicas de carácter sostenibles continuarían si las familias incrementan su capital al punto que les sea posible costear los paquetes tecnológicos de la agricultura convencional. En suma, el universo de las narrativas y valoraciones locales es inmenso y heterogéneo; en esta sección no he pretendido abarcar la totalidad de los discursos que se generan alrededor de la riqueza agrícola. El objetivo fue mostrar algunas de las opiniones y puntos de vista con la finalidad de contraponerlos al relato técnico de los proyectos en las secciones que siguen. 4.1.1 Coincidencias y semejanzas Antes de pasar a presentar las divergencias entre ambos discursos, es importante reconocer que sí existe un nexo entre las narrativas locales y el discurso que maneja la ONG, y así evitar caer en dicotomías excluyentes entre ambos. Si bien no necesariamente dialogan en los mismos términos, existe un punto de encuentro cuyo retrato es relevante. Tanto en el discurso de la ONG como en las narrativas de los agricultores, lo que se considera como “natural” juega un rol central. Ambos colocan a la producción natural –la apliquen o no, en el caso de los agricultores- como lo prioritario y lo más apreciado. Como muestra el segundo capítulo, un paradigma que está tremendamente arraigado en este tipo de proyectos de manejo y conservación de la agrobiodiversidad es el agroecológico y el del desarrollo sostenible, los cuales buscan el regreso a formas de producción que se desarrollen en armonía con el medio ambiente. En esta misma línea, como se puede apreciar en las narraciones de los agricultores, la búsqueda de un producción natural – al menos en la destinada al auto consumo – es central. A pesar de que las valoraciones locales se construyen pasando por factores que exceden lo meramente técnico o mercantil, y responden en cambio a diversos 118 afectos y explicaciones, ambos lados apuntan a que se preserve la diversidad agrícola de la localidad y reconocen su importancia; no obstante, en el caso de los agricultores, esto no necesariamente se ve reflejado en actitudes y prácticas concretas, precisamente porque los objetivos de las familias están ligados a resultados más inmediatos, por tanto, reaccionan a las exigencias externas que son determinantes en la producción. En esta búsqueda de formas de producción más sostenibles, se resalta y romantiza el pasado como un tiempo en el que la producción de alimentos era más sana y armoniosa con el medio ambiente. Esto se puede percibir tanto en los relatos de los proyectos, impregnado de términos que aluden a la tradición y a la ancestralidad de las prácticas y conocimientos locales, como en las narrativas de los agricultores, donde se hace referencia a tiempos antiguos en los que no existían agroquímicos y la producción era más natural. En el caso de los proyectos, no obstante, estos mecanismos discursivos son particularmente problemáticos en la medida que, al fundarse desde espacios institucionales y formales, el lenguaje que se utilice para referirse a la población con la que se trabaja carga una fuerte responsabilidad. En este caso, el mitificar la producción tradicional y ancestral podría ser peligroso en la medida que crea una narrativa despolitizada que resalta y enaltece el pasado sobre el presente y descuida con esto las características y los procesos de la actividad agrícola actual. 4.1.2 Tensiones y encuentros Esta disparidad evidencia una diferencia estructural entre ambas miradas que tiene que ver con la forma de aproximarse y relacionarse con la agrobiodiversidad. En un caso, es desde la experiencia misma; en el otro, es a partir de una relación externa y determinada por conceptos científicos. Esta diferencia estructural es la que tomo como punto de partida para explicar las divergencias entre ambos discursos. 119 En la etapa de planeamiento y elaboración de esta investigación, esbocé como hipótesis la existencia de diversas formas de pensar y concebir la agrobiodiversidad. Esto, bajo la lógica de que para una familia que ha crecido y vivido en un ambiente en el que la riqueza agrícola es parte de la cotidianeidad, la experiencia de la misma no es igual a cómo la conciben y se relacionan con ella los agentes externos que la han experimentado por otros medios que no son necesariamente vivenciales, sino a través de un marco conceptual propio de una disciplina específica. Es precisamente a partir de esta diferenciación en cuanto a la experimentación del espacio agrícola, que en el caso de los agricultores es el medio de vida, que resulta complicado explicar y expresar en palabras el entramado de afectividades que existen en torno a los cultivos. Es importante, por lo tanto, reconocer desde el inicio esta manera distinta de aproximarse a la diversidad agrícola, ya que, en el caso de los proyectos, es lo que marcará la futura relación y el modo de operar de las intervenciones. Sin embargo, el problema no radica en que exista esta diferencia estructural, sino en que, desde la visión de los proyectos, no se tome consciencia de este punto de partida distinto. Este hecho sale a relucir en las entrevistas realizadas a los proyectistas, quienes, precisamente por no reconocer esta diferenciación, sugieren como problema la existencia de una no valoración de la agrobiodiversidad. “La población lo tomó con mucha expectativa y también la población al saber cuánto valor tenían estos cultivos o esta agrobiodiversidad que tenían ellos y cuánto ellos aportaban a la alimentación local, nacional o a la conservación de la genética para lo que es mejoramiento, más adelante, de los cultivos. Si viniera, por ejemplo, un desastre natural, un fenómeno adverso y que podrían, digamos, desaparecer estos cultivos o estas variedades. Al saber esto, ellos de lo que estaban haciendo prácticas que erosionan las variedades, empezaron a reflexionar y luego a motivarse para seguir manteniendo. Llevamos por ejemplo el tema de que ellos valoren lo que ellos están haciendo” (Facilitador del proyecto In Situ, 08/04). “El valor cultual, el valor genético, tiene un enorme valor. El valor genético por el tema de que, más adelante, tú puedes sacar nuevas variedades con estos porque resisten a la rancha, resisten a la helada, todo lo que es la naturaleza, el tiempo, resisten esas variedades, si viven ahí en forma natural, entonces resisten. En cambio las variedades nuevas que incorporan los productores están susceptibles a enfermedades, a plagas… entonces en esa parte hay un desconocimiento por parte de ellos, entonces como que no lo valoran”. (Facilitador del proyecto In Situ, 11/04). 120 Se genera entonces una tensión entre las concepciones locales y aquella de la ONG: los gestores del proyecto esperan que la agrobiodiversidad se valore de la manera en la que ellos la conciben, mediada por su forma de aproximarse al espacio agrícola, que aborda la problemática desde un enfoque técnico-científico. Por ejemplo, si bien el fenómeno de la erosión genética – central en el discurso del proyecto – efectivamente está ocurriendo y tiene consecuencias fatales sobre la diversidad agrícola, este no implica necesariamente una falta de valoración de la agrobiodiversidad por parte de los campesinos. Para evitar caer en preconceptos, es fundamental reconocer la existencia en otros tipos de valoraciones que se expresan en la práctica, pues surgen a partir de la experiencia misma, y que están más ligadas a otro tipo de sensibilidades (olores, texturas, sabores) o incluso relacionadas a otro tipo de afectos y valores, que se distancian de aquellos promovidos por el discurso cientificista de la ONG. De hecho, en algunas de las entrevistas realizadas, el buen sabor y la buena textura de una papa nativa antigua eran señalados como motivo suficiente para conservarla, cuestión que evidencia los diversos estímulos que guían las motivaciones para la conservación de variedades. En este punto, es primordial comprender el rol central de la experiencia. El haber crecido en un contexto en el que la agrobiodiversidad se experimenta como un fenómeno, paisaje y medio de vida, la vida cotidiana se ha desarrollado con prácticas en las que inevitablemente se tiene que manejar dicha diversidad de alguna forma. No obstante, no por ello esto se debe traducir ni interpretar como ligada únicamente a la conservación. Puede ocurrir que en este manejo cotidiano, la agrobiodiversidad se fomente, amengüe, reduzca, y demás posibilidades; el medio siempre se transforma en función a los objetivos de la familia, dentro de los cuales la conservación no es siempre una prioridad. En otras palabras, el hecho de haber nacido y crecido en un espacio de alta diversidad agrícola no convierte a los agricultores automáticamente en conservacionistas. Es precisamente al no tomar en cuenta las necesidades reales de las familias ni vincularlas a los fenómenos contemporáneos que se viven en el espacio rural que salen a relucir los límites del discurso de la conservación. 121 4.2 Desafíos del discurso de la conservación El problema de reducir el espacio agrícola al ámbito de la conservación de las variedades es que es una forma de negar lo que sucede actualmente en el mundo rural contemporáneo: la migración, doble residencia, pluriactividad de las familias, son solo algunos de los fenómenos actuales. En este proceso, la mirada estática del discurso de la conservación se encuentra con las nuevas necesidades y objetivos de las familias productoras, que, como muestra el capítulo anterior, van más allá de la conservación e incluso, en algunos casos, de actividad agrícola misma. La búsqueda de mercado o la migración a las ciudades, por ejemplo, no necesariamente es sinónimo de una no valoración, pero definitivamente entra en tensión con cómo se concibe el conservacionismo desde la retórica del IDMA. Es por esto que no todas las familias se autodenominan conservacionistas. De las familias que se consideran conservacionistas, son pocas las que realmente se benefician de ello en términos económicos. Por su parte, el grupo reducido de familias que conserva, lo hace por cuestiones afectivas, tradición familiar o por la reducción de costos que esta práctica puede significar en la obtención de su canasta básica. Por otro lado, algunos agricultores reconocen las propiedades de los tubérculos andinos nativos, mas no necesariamente los producen y conservan puesto que choca con sus otros intereses y consideraciones a las cuales están sujetos. De esta forma, las practicas que escapan a la noción más cerrada de conservacionismo, no implican una falta de valoración de la agrobiodiversidad, sino que deben contextualizarse en la complejidad de los procesos rurales y agrícolas de la actualidad. Es precisamente por ello que es importante vincularlo con la lógica de las estrategias, puesto que esto permite centrar la atención en las prioridades concretas de las familias, donde cada vez es más común la combinación de la agricultura con otro tipo de empleos y actividades que empiezan a consolidarse como un elemento viable para el desarrollo de sus objetivos. La pequeña agricultura no debe ser conceptualizada bajo una óptica estática que le adjudique características determinísticas al concebirla como una institución cerrada e inflexible. Si bien para muchas familias la actividad agrícola continúa siendo central, el contexto en el que se 122 enmarcan se ha transformado y esto, invariablemente, repercute sobre los objetivos a futuro que se plantean. El problema está en que el discurso de los proyectos parece pasar por alto o no entender en su totalidad estos procesos contemporáneos que empujan a las familias a tomar otro tipo de medidas y caminos, que generalmente postergan la conservación frente a prioridades más inmediatas. Al no ubicar a las familias dentro del contexto socio político actual del país, se corre el riesgo de negar la agencia de las mismas y operar a partir de una mirada desactualizada y desfasada del sector de la agricultura familiar. “Desconocimiento por el valor que tienen ellos. Ellos piensan, por ejemplo... la preocupación era… Van a mejorar condiciones cuando tengan ingresos… Entonces por mejorar ingresos, por su afán de mejorar ingresos, educar a sus hijos, ¿qué hacen ellos? Solamente siembran una variedad comercial. En papa, la papa blanca o el papa huayro o seleccionan de las nativas una o dos y lo demás como que se arrincona, entonces eso es por desconocimiento. Un desconocimiento de que todas esas variedades tienen un enorme valor”. (Facilitador del proyecto In Situ, 11/04). “Mi preocupación es que cada vez que subo a la zona andina como que veo desierto, como te dije en la conversación, de lo que era 80 familias ahora hay 30, los 50 están en la ciudad de Huánuco, ves lleno de motocares que no te dejan ni caminar por la calle, están aquí o están en Lima o están en algún lugar de la selva. El por qué todavía estamos aún por saber. ¿Por qué la gente migra? ¿Cuál es la razón, cuál es el sentido? Y la pregunta es, ¿en algún momento la gente de acá de la ciudad volverá nuevamente a sus tierras, volverá? Esa es la gran pregunta” (Facilitador del proyecto ABISA, 26/03). Esta forma rígida y determinista de pensar el espacio rural parte de una serie de supuestos que al llevarse al terreno de lo práctico y articularse con otras teorías agrícolas locales de conocimiento y otras formas de producir ruralidad generan tensiones que no hacen más que avivar el círculo de desencanto y frustración que ya existe entre los agricultores respecto a las intervenciones externas. Más allá del fin de los proyectos, si se opera a partir de conceptualizaciones románticas, se corre el riesgo de implementar intervenciones paternalistas que no generen repercusiones positivas sobre los sujetos con los que se trabaje. El tipo de desarrollo rural propuesto por estas intervenciones no hace más que acentuar distancias y perpetuar las desigualdades al invisilizar la situación real de las familias. 123 4.3 Balance En este sentido, para no correr el riesgo de caer en visiones románticas sobre la enorme diversidad agrícola que posee el país, es fundamental realizar las conexiones pertinentes con lo que sucede en la sociedad peruana actual y, específicamente, con la influencia de estos procesos sobre el espacio rural. Como bien sostienen los proyectos, sí es verdad que existe una tecnología propia de la agricultura andina en la que se condensa una tradición agrícola muy rica sobre el manejo de la diversidad de cultivos, y que hay espacios, como lo es el territorio que componen amabas comunidades, que concentran una enorme agrobiodiversidad y un sistema socio cultural desarrollado en relación y alrededor de ella. Sin embargo, esto no necesariamente significa que los campesinos y campesinas que viven y han crecido en este territorio estén condenados a ser los guardianes de la agrobiodiversidad, especialmente si no reciben ningún beneficio concreto de ello, más allá del reconocimiento en las ferias. Mientras el panorama no mejore y no existan los medios ni incentivos para trabajar y vivir únicamente de la producción en la chacra, es entendible y hasta necesario que los agricultores busquen otros medios y desarrollen otras estrategias que trascienden estos espacios puramente agrícolas para salir adelante. A pesar de que en las conversaciones y entrevistas emerjan narrativas que planteen como ideal el permanecer trabajando en las chacras, donde la vida en la ciudad, por lo menos para los adultos, no es una alternativa llamativa, eso no significa que no se responda a los estímulos contemporáneos, que además son coherentes con el clima de desencanto generalizado que existe entre los agricultores respecto a esta actividad, originado en última instancia por el olvido y las promesas incumplidas de parte del Estado y los recurrentes proyectos de entidades externas que no parecen generar rendimientos. Es crucial que desde el gobierno se generen los mecanismos para que la conservación y el aprovechamiento de la agrobiodiversidad puedan ser incluidas dentro de las estrategias de más familias y no sean actividades vistas como excluyentes a los procesos contemporáneos. Las consecuencias políticas de un 124 discurso que pasa por alto estos procesos actuales son peligrosas, pues, en última instancia, se está negando la profunda desigualdad de la estructura de la sociedad nacional, lo que refuerza el círculo de pobreza en el que históricamente se ha visto envuelto el sector de la agricultura familiar. Esta situación dificulta el desarrollo de políticas adecuadas tanto en materia de agrobiodiversidad, como dirigidas al sector de la agricultura familiar a grandes rasgos. 125 5. CONCLUSIONES El mundo de la agrobiodiversidad es complejo y está compuesto por una multiplicidad de discursos que se superponen y dialogan entre sí. En esta tesis busqué mostrar la tensión entre las prácticas y los discursos que existen alrededor de la agrobiodiversidad en un contexto rural caracterizando por el cambio. Concretamente, tomando como gran contexto la declaración de la primera Zona de Agrobiodiversidad en el territorio compuesto ambas comunidades: San Pedro de Cani y Huayllacayán, mi análisis se basó en evidenciar esta contradicción a partir de centrarme en las acciones concretas de las familias productoras y contraponerlas a los miradas parciales o simplistas de los proyectos sobre la agrobiodiversidad y, en última instancia, sobre el espacio agrícola. En la primera parte de la tesis, desarrollé el marco conceptual que me guio a lo largo de la investigación. Los conceptos que utilicé fueron tres: agrobiodiversidad, agricultura familiar y estrategias familiares, los cuales ajusté y vinculé a las nuevas características de la sociedad rural, lo que me permitió enmarcar la investigación en un contexto mayor y abordar el fenómeno estudiado desde una perspectiva más acorde con la realidad contemporánea. Como mencioné, la declaración de la Zona de Agrobiodiversidad es producto de un proceso global de revalorización de la agrobiodiversidad que fue retratado en el segundo capítulo de esta tesis. El enfoque de dicha sección se centró en narrar el proceso por el cual la conservación de la agrobiodiversidad se tornó un fenómeno que captó la atención de diversas entidades y organismos naciones e internacionales. Un punto crítico en esta sección fue el planteamiento del discurso de conservación de la agrobiodiversidad como una manera determinada de aproximarse y relacionarse con el universo que compone la diversidad agrícola: los cultivos nativos, los agricultores –llamados “conservacionistas”- y el espacio agrícola en general. La adopción de este discurso por parte los dos proyectos realizados en la zona no solo se impuso e ignoró 126 las otras formas que existen de relacionarse con la agrobiodiversidad, sino que también provocó el descuido de la multiplicidad de factores que caracterizan a la actividad agrícola en las comunidades y, en última instancia, de los procesos y dinámicas rurales mayores en la que esta se inscribe. En el capítulo tres abordé el tema de las prácticas. Para ello, utilicé el concepto de estrategias familiares, que me permitió acceder a un repertorio mayor de actividades que realizan las familias como respuesta a las nuevas oportunidades. El objetivo fue centrar la atención en las prácticas concretas de las familias en un ambiente caracterizado y reconocido a nivel nacional por su vasta diversidad agrícola. Al analizar la información recogida, tomando como base a diez familias de las comunidades, pero complementando el análisis con nuevos actores que emergen en los espacios rurales, demostré que dichas actividades trascienden el terreno de la agrobiodiversidad, la cual no siempre ocupa una posición central dentro de las estrategias de las familias y, por tanto, tampoco la conservación de la misma; aun en los casos en que la actividad agrícola es central, esta no implica necesariamente un aprovechamiento exitoso de la agrobiodiversidad. Por último, el capítulo final trata el tema de las narrativas y las distintas formas de valoración de la agrobiodiversidad. La intención fue mostrar la existencia de una diferenciación estructural entre la forma de relacionarse y experimentar la agrobiodiversidad desde los agricultores, por un lado, y desde los proyectos y agentes externos, por otro; y la importancia de tenerla en cuenta en la implementación de intervenciones que sean coherentes con la realidad y no terminen por reducir el espacio rural únicamente al ámbito de la conservación. En este punto, resalté nuevamente la importancia de tener una mirada más amplia de los nuevos procesos, donde la conservación es uno de los muchos aspectos que lo componen. Dos conclusiones principales se desprenden de este proceso: primero, la conservación es distinta dependiendo si es que la anuncian los programas, si es que la practican las familias o si es que las familias las explican; segundo, la promesa de la agrobiodiversidad como alterativa económica en realidad no es igual para todos. Finalmente, a modo de cierre, realizo una reflexión general sobre la tensión que muchas veces existe entre los discursos y la realidad. 127 Dimensiones de la conservación La considerable reducción en la práctica de conservación por parte de los agricultores no necesariamente se debe interpretar como en un rechazo a la conservación en sí, sino que debe ser un fenómeno que invite a reflexionar sobre las conexiones entre dicho proceso y el contexto socio político actual, cuestión que suele ser obviada por los proyectos de conservación. A pesar de esto, hay familias que continúan conservando las diversas variedades de los cultivos nativos en sus chacras. Esto evidencia que es una práctica arraigada que excede cualquier tipo de capacitación de los proyectos. No obstante, en los casos en que la práctica de conservación de variedades locales se mantiene, esta no necesariamente se adhiere a las conceptualizaciones externas de conservación, que implican un sesgo en cómo se concibe el espacio agrícola a grandes rasgos. Específicamente, encuentro tres dimensiones de la conservación. Primero, una dimensión propositiva teórica relacionada al marco conceptual del proyecto. Esta mirada está permeada por una visión técnico-científica que descuida ciertos aspectos y procesos importantes que configuran la vida de las familias productoras al asociar el espacio agrícola únicamente a la conservación de la agrobiodiversidad. Este sesgo termina por generar explicaciones que se ajusten a los marcos de entendimiento con los que se interpreta la conservación, donde lo que no encaja, se asocia con una no valoración. Esto se encuentra con la segunda dimensión, que hace referencia a las narrativas y valoraciones locales, que no necesariamente se expresan en el mismo lenguaje que los proyectos priorizan. La agrobiodiversidad para los conservacionistas del distrito es un medio de vida y, muchas veces, la valoración es intrínseca a la práctica, por tanto, no necesariamente se expresa en palabras o conceptos, sino que pasa por otros canales que se rigen por una serie de afectos y sensibilidades que están más relacionadas a la experimentación cotidiana e histórica de la agrobiodiversidad. Por último, encuentro una tercera dimensión práctica, que trasciende los discursos y se enfoca en lo que la gente hace. En esta dimensión la conservación ocupa una posición secundaria, puesto que no siempre supone beneficios concretos. En el terreno de las acciones, las prioridades son otras, lo que sugiere que la discusión sobre la conservación se maneja, principalmente, a un nivel 128 discursivo, en el que entran en juego las subjetividades, la historia y las diversas valoraciones. En este sentido, la conservación es distinta dependiendo desde el punto de vista de dónde se mire. Por ello, los agricultores nunca serán conservacionistas de acuerdo al manual de los proyectos, que los presenta como los guardianes de la agrobiodiversidad que con sus prácticas tradicionales tienen la capacidad de cuidar la riqueza agrícola del país. Por más que en teoría o en el imaginario de muchos agricultores se aprecien y valoren los cultivos nativos, las acciones concretas de las familias, tales como mandar a sus hijos a estudiar fuera de la comunidad o buscar otro tipo de empleos no agro pecuarios, colocan a la conservación en un segundo plano, más ligado a afectos y emociones que a objetivos concretos y materiales. Así, el pequeño agricultor es bio conservador solo en la medida en que esto no afecte su economía y su reproducción social. Y, mientras no se tomen las medidas necesarias para mejorar las condiciones de vida en las comunidades, la conservación nunca será una prioridad dentro de las estrategias de las familias. La agrobiodiversidad como activo El problema central que ocasiona este desfase entre los objetivos de los proyectos y la realidad está relacionado a la visión reduccionista que estos tienen de la situación de las familias agricultoras, que restringe lo agrícola y lo rural a la conservación. A grandes rasgos, cualquier tipo de intervención de desarrollo debe tomar en cuenta la existencia de una agricultura familiar dinámica; que se transforma y reacciona a los cambios macroeconómicos del entorno. La realidad muestra que este sector se aleja cada vez más de la definición del campesinado clásico, que produce para la subsistencia y tiene como único objetivo la reproducción de la unidad familiar; definición que, en definitiva, encaja de manera más adecuada con el conservacionista de manual. La realidad es más compleja y refleja una agricultura familiar en transformación que interactúa constantemente con otros actores y espacios que van más allá de las características que tradicionalmente se le han adjudicado al espacio rural. 129 Este sector, que se adapta y aprovecha las oportunidades que los nuevos contextos ofrecen, entra en tensión con el tipo de agricultor ideal promovido por el discurso conservacionista. Emerge así un sector donde el mercado empieza a tener cada vez más un papel más determinante y protagónico dentro de las estrategias que las familias desarrollan, las cuales no se reducen únicamente al terreno de lo agrícola. Así, al hablar del sector de la agricultura familiar, es fundamental tomar en consideración otro tipo de factores que forman parte del nuevo escenario de las familias; por ejemplo, la educación, el peso de las actividades no agropecuarias o la migración. A pesar de esto, la actividad agrícola continua siendo central para la mayoría de familias, pero esto no supone necesariamente un beneficio en términos de agrobiodiversidad; por el contrario, esta solo forma parte de las estrategias de algunas familias. En otras palabras, vivir en una zona agrobiodiversa no necesariamente se traduce en beneficios significativos concretos obtenidos en torno a esta riqueza. Encuentro tres tipos de situaciones frente a la agrobiodiversidad, que discuten la idea de si esta es o no una medida susceptible de ser realmente adoptada y aprovechada por las familias. Primero, las familias que, en efecto, se han beneficiado; segundo, las que no han logrado obtener ventajas significativas; tercero, las que aprovechan la agrobiodiversidad como una actividad secundaria. La realidad muestra que la diversidad agrícola supone solo un beneficio cuando la familia cumple con una serie de condiciones; las potencialidades y bondades de vivir en un territorio agrobiodiverso no son suficientes para garantizar la mejora económica de las familias. Solo en pocos casos, que cumplen con ciertas condiciones (capital, terreno adecuado, conocimiento, capital social, entre otros), la agrobiodiversidad supone y se presenta como una fuente para obtener beneficios concretos e incrementar los ingresos. Por ejemplo, al implementar un negocio a partir de la comercialización de papas nativas (F2), abastecer a supermercados regionales con productos de agrobiodiversidad (F2 y F6) o distribuir productos alternativos como duraznos y granadillas por diversos puntos del país (F1). Tomando como base los casos de la muestra base, las cuatro familias mejor posicionadas (F1, F2, F3 y F6) son quienes han logrado favorecerse en términos monetarios de la agrobiodiversidad. No 130 obstante, la situación más común corresponde a las otras familias que, al no contar con una base sólida de activos y recursos, tanto físicos como sociales, no logran aprovechar las bondades de vivir en un territorio que presenta las características propicias para la producción de cultivos alternativos o de diversas variedades de un cultivo específico. Este grupo es el más grande y está compuesto por pequeños agricultores que dependen de la producción de un cultivo comercial. En cuanto al último grupo, los recursos que les garantiza la actividad principal a la que se dedican les permite invertir en cultivos específicos y beneficiarse ocasionalmente del territorio agrobiodiverso; no obstante, no es su principal de ingresos, sino una actividad secundaria que pueden desarrollar como consecuencia de las actividades primarias que realizan. En este sentido, la agrobiodiversidad no siempre es una medida susceptible de ser adoptada por las familias. Las que se involucran a los proyectos de conservación lo hacen como parte de una estrategia de acumulación, pero no todas logran cumplir el objetivo. Para quienes no poseen estas condiciones, que son generalmente las que se encuentran en un ciclo vital inicial y las familias de adultos mayores, el vivir en un territorio agrobiodiverso no presenta ningún beneficio significativo. Más allá de si se vinculan a los proyectos o no, la mayoría de familias no aprovecha ni obtiene beneficios de la riqueza agrícola, sino que depende económicamente de la producción de un cultivo comercial (generalmente la papa blanca), situación que intensifica su condición de inestabilidad y vulnerabilidad. Al apostar todo a un solo cultivo que puede tiene baja rentabilidad en el mercado y es propenso a las crisis productivas, se refuerza el círculo de pobreza en el que están envueltas. En este sentido, la vinculación con los proyectos no necesariamente implica una mejora de la situación de las familias, sino que son necesarias ciertas condiciones particulares que no todas las familias poseen. Así, dadas las características actuales de la agricultura familiar en la zona, los proyectos se presentan como una estrategia mínima y, en la mayoría de casos, secundaria dentro del amplio terreno de actividades y movimientos que realizan las familias. 131 Reflexiones generales: discurso y realidad Existe, en las ciencias sociales, un creciente protagonismo de nuevas alternativas de desarrollo que plantean un retorno a las raíces58; es decir, el regreso a formas de vida menos dependientes del sistema capitalista actual, lo que pasa por enfocarse en la sostenibilidad antes que en la productividad. En estas corrientes, donde prima el factor ecológico antes que el económico, este retorno coloca en una posición central y prioritaria a quienes se considera viven una vida más armónica y cercana a la naturaleza, específicamente, los indígenas y los campesinos. En estas perspectivas etnodesarrollistas, las buenas prácticas de estos grupos se presentan como una alternativa a los problemas del mundo moderno. Para el problema de la erosión genética y sus indiscutibles consecuencias sobre el futuro de la alimentación, el discurso de la conservación encuentra en los agricultores familiares a unos aliados estratégicos, dado el carácter sostenible de sus prácticas productivas, para combatir dicho fenómeno. Así, el discurso se centra en las potencialidades ecológicas de estos territorios agrobiodiversos, donde el rol de los guardianes de la agrobiodiversidad o custodios de las semillas se vuelve fundamental. Si bien hay características resaltables de este discurso, por ejemplo, la búsqueda de la sostenibilidad, el problema reside en las características esencialistas que se le adjudican a las prácticas campesinas, que dejan de lado otro tipo de consideraciones y objetivos concretos de las familias. En el caso de la conservación, a pesar de que en las narrativas, imaginarios y valoraciones locales esta sea aún percibida como una práctica importante, la realidad muestra que hay otros factores que cumplen un rol más influyente, donde, termina ser el factor económico el que más determinante. Para lograr el objetivo de conservar la diversidad de cultivos tan importantes para el planeta, no es suficiente un discurso llamativo y una serie de capacitaciones y sensibilizaciones respecto al rol central de los agricultores, sino que debe implicar una serie de reformas de mayor alcance que van desde un cambio en la mentalidad de los consumidores hasta una reorganización de la estructura agraria nacional, que 58 El Buen Vivir y el post-desarrollismo son ejemplos de estas nuevas corrientes. 132 busque mejorar las condiciones del sector entendiéndolo integralmente, de modo que las familias hagan suyo el objetivo de la conservación en la medida que este esté alineado con sus propios objetivos y realidad. Esto supone, en primer lugar, desprenderse de visiones esencialistas y ubicar a las familias productoras dentro de los marcos históricos, políticos y sociales que han configurado sus vidas, donde la discriminación y la desigualdad han sido una constante. Sin esta mirada más profunda y realista, cualquier tipo de intervención de desarrollo va a tender al fracaso o va a seguir generando cambios poco significativos, que se limiten a la superficialidad de los reconocimientos que, en última instancia, no hacen más que mantener el desencanto y la frustración entre la población con la que trabajan. La conservación no debe ser entendida como un hecho aislado, sino dentro de un marco más grande que no sea reacio a las transformaciones y nuevas conceptualizaciones de la sociedad rural. A pesar de las intervenciones, que larga data tienen en el distrito de Quisqui, la situación de las familias no parece haber mejorado sustancialmente. Hasta la fecha, ni el reconocimiento por parte de autoridades del gobierno como personas meritorias de cultura, ni el título de conservacionistas de la agrobiodiversidad, ni la declaración de la primera Zona de Agrobiodiversidad han generado cambios significativos en la mayoría de las familias de las comunidades. Al margen de los proyectos, la agricultura familiar debe ser revalorada desde distintas instancias y por diversos grupos de la sociedad. En este proceso es crucial reconocer la condición de subordinación y marginalidad económica, política y social de este sector como primer paso para generar medidas que permitan crear las condiciones adecuadas para que ser agricultor sea una opción rentable, y deje de ser sinónimo de pobreza y exclusión. Solo bajo estas condiciones, el hablar de una práctica de conservación y del rol de los agricultores en este proceso será apropiado y no producto de visiones distorsionadas o simplistas que les adjudican a los agricultores responsabilidades intrínsecas solo por el hecho de haber nacido en un territorio agrobiodiverso. 133 6. BIBLIOGRAFÍA Acosta-Naranjo, Rufino y Ramón Rodríguez-Franco (2013). La biodiversidad cultivada. Actores sociales y estrategias en el contexto de la nueva ruralidad en España. Agrogerencia 47:115-130. 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