PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL PERÚ ESCUELA DE POSGRADO Militancia de los jóvenes en partidos políticos que pertenecieron al sistema de partidos colapsado. Casos del Partido Aprista Peruano, Partido Popular Cristiano y Partido Acción Popular Tesis para optar el Grado de Magíster en Ciencia Política y Gobierno CRISTHIAN MOISÉS ROJAS SUÁREZ Asesor: César Enrique Patriau Hildebrandt Lima, noviembre de 2016 1 INDICE INTRODUCCIÓN ........................................................................................................................ 2 CAPÍTULO I – PARTIDOS POLÍTICOS PERUANOS POST COLAPSO DEL SISTEMA ..... 8 1.1. Los partidos políticos .................................................................................................... 8 1.2. Capital político ........................................................................................................... 11 1.3. Partidos políticos peruanos ......................................................................................... 14 a. Partido Aprista Peruano ............................................................................................. 20 b. Partido Acción Popular .............................................................................................. 24 c. Partido Popular Cristiano .......................................................................................... 28 CAPÍTULO II – PARTICIPACIÓN POLÍTICA JUVENIL ...................................................... 32 2.1. Concepto de juventud ................................................................................................. 32 2.2. Participación política .................................................................................................. 35 CAPÍTULO III – MILITANCIA DE LOS JÓVENES EN PARTIDOS POST COLAPSO ...... 38 3.1. Caso del Partido Aprista Peruano, la familia antimperialista ...................................... 41 3.2. Caso del Partido Popular Cristiano, el liderazgo solitario .......................................... 44 3.3. Caso de Acción Popular, entre la tradición y la oportunidad ...................................... 46 CONCLUSIONES ...................................................................................................................... 49 BIBLIOGRAFÍA ........................................................................................................................ 52 ANEXOS .................................................................................................................................... 59 2 INTRODUCCIÓN En el año 2012, la Secretaría Nacional de la Juventud publicó los resultados finales de la “Primera Encuesta Nacional de la Juventud” donde se podía confirmar la alta desconfianza de los jóvenes hacia los partidos políticos, así como el desinterés en participar en ellos. De esta manera, entre los jóvenes el 89.6% confiaba poco o nada en los partidos políticos. Además, a un 36.2% no le interesaba participar en los partidos, mientras que a un 47.7% le interesaba, pero se declaraba independiente (SENAJU 2012). Por otro lado, el Latinobarómetro 2013, donde se indica que el Perú es el tercer país en la región con el nivel más bajo de satisfacción con la democracia (25%), señala que el 36% de los peruanos consideraba que la democracia podía funcionar sin partidos políticos, cifra superior al promedio regional de 31% (Latinobarómetro, 2013: 32). No obstante, a pesar de esta situación de desconfianza y debilidad de las instituciones políticas, la encuesta de SENAJU también indica que existe un grupo minoritario de jóvenes interesados en la actividad política que participa activamente en los partidos políticos. Precisamente ese 1.2% que se declara miembro de alguna agrupación o partido es materia de análisis de la presente investigación. Por ello, se analiza las razones por las que un grupo de jóvenes participa activamente, a través de la militancia, en partidos políticos. En este marco, el foco de atención va hacia las agrupaciones que conformaron el sistema de partidos de los años ochenta, considerado por diversos autores como relativamente estable, y que posteriormente, en los años noventa, colapsó. Debido a la importancia de los partidos políticos como canales válidos de la democracia representativa para el tránsito de las demandas de los ciudadanos, analizar de manera comparativa por qué continúan siendo atractivos para un grupo de jóvenes, a pesar de la situación post colapso que atraviesan y a la primacía de los movimientos locales y regionales en la política nacional, permitirá́ comprender sus aspectos positivos con la finalidad de potenciarlos y contribuir a mejorar la calidad de la democracia en el Perú. Del mismo modo, podrán emprenderse políticas y campañas con la finalidad de reducir el alto nivel de desinterés de los jóvenes frente a la política, así como el reducido nivel de confianza frente a los partidos políticos. 3 Reconociendo que el grupo de jóvenes que participa activamente en política militando en un partido político es una minoría con intereses particulares y diversos, se plantea como pregunta que guía la investigación: ¿Por qué, a pesar de la mala imagen de los partidos políticos, los jóvenes deciden inscribirse y militar en ellos? El objetivo central es conocer los motivos que llevan a un grupo de jóvenes a inscribirse y militar en aquellos partidos nacionales que conformaron un sistema en los años ochenta, pero posteriormente colapsaron, manteniéndose en una situación frágil en la política actual en la que predominan los movimientos con una mirada más local y regional o coaliciones de independientes. Aunque los motivos que se encuentran son diversos entre los distintos jóvenes, es posible conformar discursos unificadores que permitan agrupar las experiencias de los jóvenes militantes por partido político, permitiendo un análisis comparado entre los casos, como un discurso a nivel macro que une a todo el colectivo analizado. Además, entre los objetivos secundarios de la investigación se planteó: • Conocer los factores que atraen a los jóvenes hacia los partidos políticos en situación de post-colapso. • Analizar las bases de la relación entre los jóvenes militantes y sus partidos políticos. • Realizar un análisis comparativo entre los partidos políticos. • Analizar el perfil político de los jóvenes militantes. • Conocer la percepción que tienen los jóvenes militantes de los partidos políticos a los que pertenecen. • Conocer si los jóvenes encuentran obstáculos o facilidades para su desarrollo político en los partidos. La hipótesis que guió el desarrollo de la investigación fue que el acercamiento de los jóvenes a los partidos políticos en situación de post-colapso, se debe a un encuentro entre el previo interés por la actividad política de parte de estos actores y al reconocimiento de aspectos positivos en las instituciones (capital político). De esta manera, liderazgos carismáticos electorales que desarrollaron los partidos políticos en los últimos años y la trayectoria histórica de los mismos, resultan claves para atraer a los jóvenes con un claro interés en la actividad político-social. 4 En base a los conceptos desarrollados se involucró a los actores principales, a través de entrevistas a profundidad, con la finalidad de conocer los motivos por los que decidieron inscribirse y participar en los partidos políticos y, de esta manera, construir con ellos los discursos de la participación política partidaria de la juventud. Como se mencionó anteriormente, para esta investigación se seleccionaron a los tres partidos que conformaron el sistema de los años ochenta y que mantienen inscripción: Partido Aprista Peruano (PAP), Partido Popular Cristiano (PPC) y Partido Acción Popular (AP). En base a información del Jurado Nacional de Elecciones, los partidos políticos analizados en esta investigación cuentan con el siguiente número de afiliados válidos: Cuadro 1: Total de Afiliados en partidos políticos Partido político Total de afiliados Fecha de presentación Acción Popular 195,011 Al 6 de julio del 2015 Partido Aprista Peruano 224,336 Al 31 de marzo de 2010 Partido Popular Cristiano 276,542 Al 16 de octubre del 2015 Fuente: Jurado Nacional de Elecciones. Registro de Organizaciones políticas. Además, según un análisis comparativo en el diario El Comercio, estos tres partidos se encuentran entre aquellos con mayor cantidad de militantes hasta el año 2015 (El Comercio: 04 de octubre de 2015). A partir de ello se seleccionó a un grupo de jóvenes militantes dentro de cada partido con la finalidad de aplicar entrevistas a profundidad y conocer los motivos de su inscripción. Posteriormente, y a partir de la información recolectada, se construyen los discursos sobre los motivos centrales de atracción para la militancia con aspectos comunes unificadores entre los partidos políticos y aspectos diferenciados que permiten un análisis comparado. La selección de estos actores respondió a la técnica del informante clave, definido como fuente experta de información (Marshall 1996: 92). Aquellos, fueron escogidos mediante criterios estratégicos, mas no estadísticos, a partir de la investigación y a su 5 conocimiento sobre el tema analizado. Además, siguiendo el método “bola de nieve” se solicitó a los informantes que propongan nuevos nombres a partir del perfil específico. De esta manera, se desarrollaron 21 entrevistas a jóvenes militantes que ingresaron a los partidos, a través de la inscripción o inicio de militancia entre los 15 y 29 años. Si bien, no se consideraron aspectos de lugar de origen, nivel socioeconómico o nivel académico, al realizar las entrevistas se contactó a jóvenes que tengan una participación activa en su partido y/o un cargo a nivel organizacional. Las entrevistas realizadas se distribuyen de la siguiente manera: 9 corresponden al Partido Popular Cristiano, 7 al Partido Acción Popular y 5 al Partido Aprista Peruano. Es importante resaltar que en el diseño original de investigación se consideró incluir a un partido político de izquierda que representara a la cuarta institución que conformó el sistema de los años ochenta: Izquierda Unida. Para ello, se seleccionó al Partido Comunista del Perú – Patria Roja cuyo liderazgo en los años ochenta “era de clase media, principalmente magisterial, además del SUTEP tenía importante influencia en sectores estudiantiles y en las Rondas Campesinas de algunas regiones” (Guerra 2011: 83). Esta agrupación a pesar de no contar con inscripción formal ante el Registro de Organizaciones Políticas del Jurado Nacional de elecciones, sigue existiendo en la actualidad y cuenta con una juventud activa autodenominada “Jotacé”. Por ello, se realizaron esfuerzos para que sean parte de la investigación, pero por constantes dificultades en coordinaciones de horarios con los jóvenes del partido para aplicar las entrevistas, se decidió no incluirlos en el presente trabajo. No obstante, se considera analizarlo en próximas investigaciones que profundicen sobre la militancia juvenil en partidos políticos. A los jóvenes del PPC, PAP y AP con los que se desarrollaron las entrevistas, se les aplicó un cuestionario desarrollado en base a dos variables: la participación política juvenil y la relación con el partido político, profundizando en el capital político que atrajo el interés de los jóvenes y niveles de identificación. A partir de ello y tomando como referencia la investigación realizada por Vicente Espinoza y Sebastián Madrid sobre militancia de los jóvenes chilenos en partidos políticos, se desplegaron dos bloques de preguntas en el cuestionario: 6 Cuadro 2: Preguntas en cuestionario de investigación Bloque 1 Variable: Participación política juvenil Bloque 2 Variable: Relación con partido político 1. Otros tipos de participación (Asociaciones culturales, estudiantiles, medioambientales, deportivas, etc.) 2. Principal motivación para inscribirse/militar 3. Situación familiar respecto a participación política 4. Participación activa dentro del partido político 5. Relación previa con el partido político 6. Tiempo de vinculación 7. Modo de ingreso al partido (a través de familiares, amigos, vecinos, etc.) 8. Conocimiento de la ideología del partido político 9. Relación con liderazgos en el partido político 10. Beneficios de ser militante 11. Definición política y percepción de la política peruana A continuación se desarrolla la investigación divida en tres secciones. En el primer capítulo, Partidos políticos peruanos post colapso del sistema, se inicia una revisión bibliográfica que analiza a detalle el concepto de partidos políticos, sus características, su importancia para la democracia y los elementos que permiten la conformación de un sistema de partidos. A continuación, como sustento para el análisis de los motivos que llevan a los jóvenes a militar en los partidos políticos peruanos, se analiza el concepto de “capital político”, profundizando en las variables que lo conforman a partir de un diálogo entre Hale y Zavaleta con las propuestas de Maurice Duverger sobre el nivel organizacional de los partidos políticos y Max Weber sobre el análisis de la dominación carismática. En este capítulo, también se realiza un análisis sobre el sistema de partidos peruanos de los años ochenta y su posterior colapso, tomando en cuenta la propuesta teórica sobre este suceso. El capítulo finaliza con el análisis histórico de los partidos políticos que sustentan la investigación, detallando su proceso de formación, ideología, liderazgos, experiencias de gobierno y situación hasta el proceso de elecciones del año 2016. En el segundo capítulo, Participación política juvenil, se continúa con el análisis del proceso de construcción del concepto de juventud a lo largo de la historia occidental así como el desarrollo de este grupo social en el contexto de la historia peruana. 7 Adicionalmente, se presenta las formas de participación e importancia que tuvo el colectivo en la vida política del país. Además, se analiza el concepto de participación política, los niveles y tipos propuestos por los autores, así como los motivos de la militancia en los partidos políticos planteados desde la teoría. Finalmente, en el tercer capítulo, Militancia de los jóvenes en partidos post colapso, se desarrolla un análisis de los motivos por los cuales los jóvenes militan en los tres partidos políticos a pesar de la situación que experimentan luego del quiebre del sistema. Para ello, se utilizan las entrevistas realizadas a los jóvenes y se propone un modelo explicativo de la militancia joven en este tipo de partidos. 8 CAPÍTULO I – PARTIDOS POLÍTICOS PERUANOS POST COLAPSO DEL SISTEMA 1.1. Los partidos políticos Siguiendo la definición de institución planteada por Guy Peters, los partidos políticos son conjuntos que trascienden a los individualismos mediante interacciones predichas por relaciones entre los actores, afectando los comportamientos individuales a través de restricciones formales e informales, tienen estabilidad a través del tiempo e incluyen valores compartidos entre sus miembros (Peters 2003). Estas instituciones fueron definidas por Giovanni Sartori como “cualquier grupo político identificado con una etiqueta oficial que se presenta a las elecciones, y puede sacar en elecciones (libres o no), candidatos a cargos públicos” (Sartori 1980: 91). Sin embargo, a través de un análisis histórico de su definición, Andrés Malamud amplía el enfoque de Sartori y la visión económica del concepto planteada por Schumpeter (1942) y Downs (1957), centrándose en funciones que son asignadas a los partidos políticos: “La función o tarea que se considera habitualmente propia de los partidos es la de fungir como actores de intermediación entre la sociedad y el Estado” (Malamud 2003: 332). Manuel Seifert, en un texto sobre el colapso de los partidos nacionales en el Perú, amplía la definición del concepto: “Podemos incluir que este es una organización política que se encuentra compuesta por miembros que suelen compartir los mismos valores, principios, visiones y/o planes de acción a ser tomadas estando en el gobierno” (Seifert 2014: 12). Además, Malamud agrega que “la actividad que realizan los partidos puede ser resumida en los conceptos de representación (de la sociedad en el Estado) y gobierno (sobre la sociedad por el Estado)” (Malamud 2003: 233). El primer aspecto de los partidos políticos, la representación, está estrechamente ligado al surgimiento de los mismos como “vehículos para negociar, dentro de los márgenes institucionales del sistema político, las conflictivas demandas de diversos grupos sociales movilizados” (Tanaka 1998: 64). 9 En esta línea de definición en base a los objetivos, Josep M. Colomer define a los partidos como “una organización de individuos formada para competir por el poder político y proveer bienes públicos en forma de políticas públicas” (Colomer 2009: 229). La representación adquiere un carácter institucional ya que es el mecanismo mediante el cual el pueblo, titular de la soberanía democrática, traslada la deliberación pública y el poder de tomar decisiones de gobierno a los agentes representantes (Malamud 2003: 322). Este aspecto básico, también implica una división histórica en la ciencia política, pasando de la antigua democracia directa (presente en las ciudades-estado griegas) a la democracia representativa generada debido al aumento de la participación política por el ingreso de nuevos sectores sociales (Malamud 2003: 322). A este último tipo de democracia, Manín llama Democracia de partidos, donde la representación implica un nivel de confianza hacia los partidos políticos, al mismo tiempo que estos tienen un nivel de relativa autonomía para implementar sus propuestas mientras que sus miembros están obligados al partido (Manín 2006). No obstante, el mismo autor señala que en la sociedad actual, este tipo de democracia dio paso a la llamada Democracia de Audiencia, caracterizada por la gran presencia de los medios de comunicación, el creciente poder de los sondeos de opinión, así como el alto personalismo en la política, superando el rol de los partidos políticos, entre otros factores (Manín 2006). Precisamente, respecto a la historia de los partidos, Miro Quesada Rada (2012) postula una clasificación de los mismos en tres tipos a partir de los cambios que experimentaron: La variante más antigua es el partido de cuadros, originado en los comités electorales o clubes políticos del siglo XIX, en el contexto de las luchas entre la aristocracia terrateniente y la burguesía industrial. Debido a representar a los sectores más reducidos de la sociedad contaba con una estructura elitista excluyente de la masa. Posteriormente, con la llegada del siglo XX y el ingreso de más sectores a la actividad política organizada en una sociedad industrial, surge el partido de masas mediante los grupos socialistas. Debido a su carácter inclusivo, su gran tamaño lo lleva a tener una naturaleza burocrática. Además, agrega que su actividad política está guiada por una doctrina o ideología. 10 Finalmente, y como producto de la era posindustrial, surgen los partidos “atrápalo todo” (catch all). En ellos, el obrero es sustituido por el sector terciario como cuadro principal del partido. Miro Quesada los denomina “partidos electoreros” ya que “presentan programas de síntesis que tratan de hegemonizar y armonizar, dentro de lo posible, la diversidad de demandas y grupos” (Miro Quesada 2012: 125). De igual manera, sus líderes se forman en función de los electores y sus necesidades o preferencias. La ideología también es dejada de lado ya que en lugar de militantes, están enfocados en ganar electores. Sobre la dinámica en la que se desenvuelven los partidos políticos y centrándose en su carácter electoral, Malamud menciona: “En lugar de poseer en exclusividad las atribuciones legales de representación, cada partido compite en un espacio más o menos abierto, de acuerdo al marco general del régimen político, por la obtención del voto popular que le otorgue mayor capacidad de influir en la toma de decisiones públicas –Vis à vis los adversarios electorales” (Malamud 2003: 334). Así, las interacciones entre los partidos, basadas en la cooperación y competencia, como mencionan Pennings & Lane (1998) estructuran el sistema de partidos (Malamud 2003: 334). Seifert, se basa en Mainwaring y Scully (1995) para medir el grado de institucionalización de un sistema partidario en base a cuatro características: estabilidad en las reglas y en la naturaleza de la competencia entre partidos, partidos políticos con raíces relativamente estables en la sociedad, legitimidad de los partidos y el proceso electoral por parte de los actores políticos, y el que las organizaciones partidarias tengan importancia y no estén subordinadas a otros intereses (Seifert 2014: 15). Finalmente, para Max Weber, los partidos políticos, donde se resalta el aspecto voluntario y libre de la inscripción de sus integrantes: “pueden ser asociaciones de vida efímera o pensadas para durar. Pueden aparecer en organizaciones de toda índole pueden organizarse de muchas maneras: pueden estar organizados como seguidores de un líder carismático, como un grupo de servidores de carácter tradicional o un grupo de seguidores organizados de acuerdo a un criterio racional. Pueden guiarse más por intereses personales o por fines objetivos” (Abellán 2012: 199-200). 11 1.2. Capital político En su libro sobre coaliciones de independientes, Mauricio Zavaleta analiza la teoría del capital político propuesta por Henry Hale para explicar los motivos que llevan a los políticos a organizarse en partidos políticos de alcance nacional. De esta manera, el capital político se entiende como “cualquier conjunto de activos que puede ser utilizado para generar éxito político” (citado en Zavaleta 2014: 30). El autor además detalla que esta teoría propone dos variables que conforman el capital político de una agrupación: el capital ideacional y el capital administrativo. Cada una de estas variables puede tener niveles altos o bajos, permitiendo la conformación de cuatro tipos de partidos políticos (2014: 30): Cuadro 3: teoría del capital político de Henry Hale (2007) Capital ideacional Capital administrativo alto bajo alto Partidos programáticos Partidos clientelistas bajo Partidos ideacionales Partidos menores Fuente: Zavaleta 2014, 31. Si bien esta propuesta teórica explica la articulación de las agrupaciones políticas como colectivos, en esta investigación se considera que también permite estructurar los motivos por los que los ciudadanos se unen a los partidos políticos. Por un lado, el capital ideacional es identificado como una postura ideológica o una personalidad carismática en la formación de un partido político (Zavaleta 2014: 33). Además, como elementos base de la conformación de una identidad política se reconoce a este capital como “el pegamento partidario por excelencia” (2014: 36). Sobre la postura ideológica, Zavaleta recoge la propuesta de Stephen Hanson (2010), quien detalla que para que los políticos puedan establecer y mantener un compromiso con una agrupación que perdure en el tiempo y supere el alto costo de estar subordinado a una estructura formal, se requiere la presencia de una ideología compartida (2014: 34). “De esta manera, la ideología contribuye a la formación de partidos al permitir a los conversos pensar en términos menos cortoplacistas, lo cual fomenta la 12 colaboración mutua sobre la base de la “promesa” o “visión” de un nuevo orden social. Esta prolongación del horizonte temporal permite la colaboración instrumental de los compañeros de ideología al reducir artificialmente el “grado de descuento” (en el cálculo costo-beneficio de pertenecer a una organización) al elevar los futuros beneficios de la cooperación” (2014: 35). No obstante el relativo carácter instrumental con el que Hanson cubre a la ideología para superar la decisión de cambiar de agrupación política, otros autores también reconocen el papel fundamental que adquiere en el propio concepto del partido político. “La mayor parte de los estudios relativos a los partidos políticos se dedica sobre todo al análisis de sus doctrinas. Esta orientación se deriva de la noción liberal que considera al partido, ante todo, como un grupo ideológico. ‘Un partido es una agrupación de personas que profesa la misma doctrina política’, escribía Benjamin Constant en 1816” (Duverger 2012: 10). Posteriormente, Maurice Duverger, quien concentra su análisis de los partidos políticos en sus estructuras, resalta que si bien otros autores asociaban la ideología a un aspecto inicial de la vida partidaria, en algunos partidos modernos “la doctrina ha tomado un carácter religioso, que les da una influencia totalitaria sobre la vida de sus miembros” (2012: 11). Respecto a la personalidad carismática, Max Weber en Sociología del Poder analiza las formas de dominación con las que clasifica el poder en base al criterio de la legitimidad. Entre las 3 formas de dominación: racional-legal, tradicional y carismática, Weber detalla que la última significa la ruptura con la tradición (costumbre) y, por ende, una situación de excepción (Abellán, 2012: 35). “Por carisma entiende Weber ‘la cualidad de una persona considerada como una cualidad extraordinaria (…) por la que se considera que la persona que la posee está dotada de fuerzas o propiedades extraordinarias, no accesibles a cualquier persona, o que es una persona enviada por Dios o una persona modélica y que, por lo tanto, es un líder” (Abellán, 2012: 45). Un punto importante para el análisis del carisma que plantea Weber es la legitimidad de este tipo de poder: “en la legitimidad propia de la autoridad carismática es decisivo cómo los seguidores valoren el carácter carismático de su líder” (2012: 46). 13 Sin embargo, el reconocimiento del líder carismático no es el motivo de la legitimidad de su poder, sino una consecuencia obvia (y un deber de las personas) por las cualidades extraordinarias que posee. “El líder carismático no busca aceptación, sino que intenta convencer a los demás de su misión por las características excepcionales de la situación histórica, social o religiosa” (2012: 46). Sobre la relación con los dominados en base a una relación carismática, se detalla el carácter voluntario de la misma: “El elemento que determina la efectividad del carisma es el reconocimiento de sus sometidos. Se trata de un reconocimiento libre, nacido de la entrega a la revelación, al culto del héroe, a la confianza en un líder, y garantizado por alguna prueba (…) Desde el punto de vista psicológico, este ‘reconocimiento’ es una devoción totalmente personal, nacida del entusiasmo de la esperanza o del desamparo” (2012: 122). Un punto importante para el análisis del carisma planteado por Weber, es que al ser una situación extraordinaria, no implica el mantenimiento en el largo plazo. Por ello, para el autor es importante transformar este carisma en una estructura estable de dominación (2012: 48-49). Es aquí donde este tipo de dominación requiere de un interés organizativo para poder subsistir. Por otro lado, el capital administrativo y sus recursos “permiten la acción colectiva al establecer un sistema de incentivos selectivos entre sus adherentes” (Zavaleta, 2014: 36). Sin embargo, se reconoce el carácter económico de este tipo de capital político y la posibilidad de que sea utilizado en otro tipo de actividades no partidarias. “En toda democracia existen organizaciones o medios alternativos capaces de proveer de capital administrativo a los candidatos, por lo que las razones por las cuales el mercado electoral permanece abierto y los partidos no se consolidan, sigue irresuelta” (2014: 39). Ante ello, se pone énfasis en analizar a los potenciales sustitutos que limitan a los partidos políticos por ofrecer organizaciones tan o más efectivas. 14 1.3. Partidos políticos peruanos Para Jason Seawright en el Perú de los años ochenta se conformó un sistema de partidos donde identifica tres partidos bajo el concepto de tradicionales: Partido Aprista Peruano, Acción Popular e Izquierda Unida (Seawright, 2012: 47). Según esta definición, los partidos tradicionales son aquellos con la oportunidad de desarrollar una fuerte tradición partidaria dentro de un electorado definido y con la posibilidad real de conformar gobiernos nacionales durante múltiples ciclos electorales (2012: 33). De esta manera, un sistema de partidos tradicional es aquel donde este tipo de partidos domina la competencia electoral (2012: 46). Tomando también el aspecto electoral como base para identificar un sistema de partidos, Fernando Tuesta (1995) lo describe como efectivo frente a una descripción de gobiernos civiles democráticos constantemente interrumpidos por dictaduras militares en la historia del Perú: “Desde 1978 se desarrolló una secuencia electoral como nunca antes en la historia política peruana: elecciones constituyentes en 1978 y 1992, elecciones presidenciales y parlamentarias en 1980, 1985 y 1990 (esta última con dos vueltas electorales), elecciones municipales en 1980, 1985 y 1990 (esta última con dos vueltas electorales), elecciones municipales en 1980, 1983, 1986, 1989 y 1993, elecciones regionales en 1989, y referéndum en 1993 (…) Las elecciones, de esta manera, se convirtieron en origen de poder y canalización de sus resultados” (Tuesta 1995: 39-40). Una de las principales características del sistema que se vivió en los años ochenta, mencionada por Tuesta (1995) es la inclusión de actores que antes, por decisiones de las dictaduras militares, se encontraban excluidos de los procesos electorales y proscritos como el Partido Aprista Peruano y los partidos de izquierda agrupados en la Izquierda Unida (Tanaka 1998: 17). Martín Tanaka, al igual que Seawright, incluye a Acción Popular, pero agrega al Partido Popular Cristiano en el sistema conformado. “Estos cuatro actores concentraron cerca del 90% de los votos entre 1978 y 1986, a lo largo de seis procesos electorales” (1998: 53). 15 A continuación, se presenta un cuadro con los resultados electorales de los partidos que conformaron el sistema confirma el éxito electoral que representaron los cuatro partidos en su conjunto durante la los años ochenta: Cuadro 4: Resultados electorales del sistema de partidos peruano durante los ochenta Procesos electorales AP PAP IU PPC Elecciones presidenciales 1980 45.37% 27.40% - 9.57% 82.34% Elecciones presidenciales 1985 7.26% 53.11% 24.69% 11.89% 96.94% Fuente: Infogob, Observatorio para la gobernabilidad (votos válidos).1 No obstante, Seawright postula que el sistema de partidos peruano de los años ochenta es más débil que el presente en otros países sudamericanos como Venezuela o Argentina. Asegura que si bien los partidos antes mencionados dominaron la competencia electoral, esta no consistió en una lucha rutinaria entre los actores. En su lugar, la competencia se centró entre Acción Popular y el Partido Aprista Peruano en 1980 y entre el segundo e Izquierda Unida en 1985. De esta manera, concluye, tomando en cuenta a Mainwaring y Scully (1995) que el sistema de partidos peruano fue rudimentario (Seawright 2012; 47). Iniciados los años noventa, este sistema de partidos perdió relevancia a nivel electoral a beneficio del movimiento de Alberto Fujimori y otros partidos nuevos: Cuadro 5: Resultados electorales del sistema de partidos peruano durante los noventa Procesos electorales AP PAP IU PPC Elecciones presidenciales 1990 - 22.64% 8.24% 32.62% 63.50% Elecciones presidenciales 1995 1.64% 4.11% 0.57% - 6.33% Fuente: Infogob, Observatorio para la gobernabilidad (votos válidos).2 1 En las elecciones de 1980 aún no se conformaba la alianza Izquierda Unida y se presentaron diversos grupos de izquierda de manera independiente, por lo que no hay un resultado como coalición. Por otro lado, en las elecciones de 1985, el PPC participó bajo la alianza Convergencia Democrática. 2 En las elecciones de 1990 el PPC y AP se unen en la alianza FREDEMO, cuyos votos son considerados en la sección del PPC. Por otro lado, durante las elecciones de 1995 el PPC no presenta candidatura presidencial. 16 Esta debacle electoral se entiende como un resquebrajamiento de la relación fundamental entre los partidos políticos y la ciudadanía debido a factores políticos particulares sumados a las características permisivas del sistema electoral y cálculos estratégicos. De esta manera, se permitió la llegada del outsider Fujimori, quien dio inicio a un cambio estructural con un gran peso de la opinión pública (Tanaka 1998: 241). Por ello, el sistema peruano colapsó “al no lograr (…) sortear el tránsito de una dinámica política cada vez más regida por el principio electoral-movimientista y cada vez más por el electoral-mediático -en el periodo fujimorista-” (1998: 237). Es decir, los partidos políticos existentes no pudieron adaptarse a la democracia de audiencias descrita por Manín, que llegó al Perú en los años noventa y el fujimorismo supo aprovechar. Sobre el colapso de un partido, Noam Lupu asegura que solo la disolución de marcas partidarias combinada con un mal desempeño (en el gobierno) puede provocar el colapso de un partido estable (Lupu 2014: 2), pero, ¿en qué consiste y cómo se diluye una marca partidaria? El autor construye el concepto en base a prototipos que generan los votantes sobre los partidos políticos, basados los dichos y las acciones provenientes de los partidos. Es decir, una marca partidaria parte la identidad política que se le atribuye a la agrupación en comparación con otras (2014: 5). De esta manera, cuando un ciudadano se identifica con una marca partidaria, se estaría fortaleciendo la función de representatividad de los partidos planteada por Malamud anteriormente. Sin embargo, durante los años ochenta y noventa los líderes políticos revirtieron tradiciones partidarias e hicieron borrosas sus diferencias con los competidores en búsqueda de acercarse al votante promedio, es decir, diluyeron sus marcas partidarias afectando el vínculo con su votante tradicional quien ya no se sentía identificado con la agrupación (Lupu 2014: 2). Según esta propuesta, los partidos del sistema habrían visto diluida su marca partidaria y roto los vínculos de representación con sus votantes tradicionales, impulsando su colapso. Esta disolución estaría vinculada al término “partidos tradicionales” con connotación negativa que les dio el régimen fujimorista a todos, asociándolos a casos de corrupción y al caos económico y social que vivió el país durante los años ochenta. Siguiendo la propuesta de disolución de vínculos con los partidos, Seawright considera que la caída sustancial en niveles de identificación con el APRA posterior a 1987 (del 17 50% a menos del 10%), siendo este el partido político tradicional con mayor nivel de identificación, es una variable importante para explicar el colapso del sistema de partidos poco institucional y altamente volátil, como se mencionó anteriormente (2012: 105). Posterior al colapso del sistema de partidos, Zavaleta plantea: “Tanto el APRA, como Acción Popular, los dos principales partidos desde los años setenta, experimentaron un proceso de total hibernación solo comparable a los años de inactividad política durante la dictadura del Gobierno Revolucionarios de las Fuerzas Armadas. De hecho, la organización de Acción Popular se desintegró en su totalidad, y solo gracias al retorno del exilio de su líder carismático, Alan García, el APRA pudo despertar del letargo de la década de 2000” (Zavaleta 2014: 43). Actualmente y posterior al colapso solo se mantienen con inscripción y militantes el PAP, AP y el PPC, mientras que ninguno de los partidos que conformaron la alianza Izquierda Unida cuenta con inscripción. A ello se suma que luego de la caída del fujimorismo y con el regreso de la democracia, “la política electoral en el país se ha mantenido fuertemente desorganizada” (Zavaleta 2014: 139). Henry Pease menciona que luego de 1990 es posible distinguir entre los partidos políticos y los grupos de independientes, que aprovecharon el vacío dejado por los partidos políticos que decidieron no presentarse a las elecciones para la conformación de la Asamblea Constituyente en 1992 (Pease 1999: 67). Analizando este periodo posterior al gobierno fujimorista, Steven Levitsky en “Peru: the challenges of a democracy without parties” detalla que “lejos de haber experimentando un renacimiento en la década de 2000, el sistema de partidos de Perú se descompone en un grado que fue sorprendente incluso para los estándares de América Latina” (Levistky, 2013: 295). Por ello, asegura que la aparente resurrección electoral que experimentaron el Partido Aprista y el Partido Popular Cristiano (este a través de la coalición Unidad Nacional) en 2001 y 2006 se debió al éxito de sus candidatos: Alan García y Lourdes Flores Nano (2013: 294). 18 Cuadro 6: Resultados electorales de los partidos analizados durante la década del 2000 Procesos electorales AP PAP PPC Elecciones presidenciales 2001 - 25.77% 24.30% 50.07% Elecciones presidenciales 2006 5.75% 24.32% 23.81% 53.88% Fuente: Infogob, Observatorio para la gobernabilidad (votos válidos).3 En esa misma línea, con el (re)inicio de las elecciones regionales en el 2002 y a pesar del paso de los años, Mauricio Zavaleta menciona que: “el vacío dejado por los partidos ha permitido el surgimiento de agrupaciones políticas regionales (De Gramont 2010) que han desplazado tanto a los partidos nacionales como a los independientes locales (Tanaka y Guibert 2011, Zavaleta 2010). Estas nuevas agrupaciones han sido descritas por diferentes autores como organizaciones débiles, de corta vida y pobremente institucionalizadas (Barrenechea 2010, De Althaus 2011, Remy 2010, Seifert 2014, Vergara 2009), reproductoras de las propias debilidades de los partidos a escala nacional” (Zavaleta 2014: 19). Por su parte, Seifert menciona que las elecciones regionales del 2006 son claves en la modificación del escenario político y del sistema de partidos peruano, en beneficio de los partidos regionales y en perjuicio de los nacionales (Seifert 2014: 74). La Ley de Partidos Políticos, con mínimas exigencias para los partidos regionales, permitió que estos, con mayor tiempo de preparación que en el año 2002, ganaran 17 presidencias regionales (72% del total) y 92 provincias (47% del total) (2014: 74). Estos resultados se incrementaron hacia el año 2010, donde los partidos regionales consolidaron su superioridad frente a los partidos nacionales, logrando 20 presidencias regionales y 133 provincias (Seifert 2014: 78). Para los procesos electorales de la segunda década del siglo XXI, los partidos políticos en situación de post-colapso, se enfrentaron al resurgimiento del fujimorismo de la mano de Keiko Fujimori, la hija del ex-presidente, y a la popularidad de candidaturas personalistas de distintos estilos políticos como Ollanta Humala, quien ya había 3 En las elecciones de 2001 y 2006 el PPC postula liderando la alianza Unidad Nacional, cuyos votos son considerados en la sección del PPC. Por su parte, Acción Popular no presentó candidato presidencial durante el año 2001, pero sí una lista parlamentaria, mientras que el 2006 postuló encabezando la alianza llamada Frente de centro. 19 participado en las elecciones del 2006, y Pedro Pablo Kuczynski (PPK), ex-ministro del gobierno de Alejandro Toledo. De esta manera, en la campaña presidencial del año 2011 se presentaron dos situaciones. En el primer caso, tanto AP como el PPC recurrieron a alianzas electorales con partidos personalistas. Acción Popular se unió a Perú Posible bajo la candidatura de Alejandro Toledo y el Partido Popular Cristiano integró la Alianza por el Gran Cambio, liderada por PPK. En el segundo caso, el Partido Aprista Peruano optó por no participar en la elección presidencial. Luego de su segundo gobierno (2006-2011) retiró la candidatura presidencial de su ex-ministra Mercedes Aráoz y solo presentó lista al congreso. Mientras que en las recientes elecciones del año 2016, los partidos políticos decidieron emprender candidaturas en solitario o en alianzas entre ellos. De esta situación destaca la conformación de la Alianza Popular liderada por Alan García del PAP y Lourdes Flores del PPC. "Hay una profunda identidad de raíces ideológicas que han encontrado en el tiempo coincidencias y que juntas pueden servir mucho al pueblo peruano y al desarrollo de nuestra patria" (Alan García en La República 2016) Por otro lado, Acción Popular desarrolló una candidatura propia mediante la postulación de Alfredo Barnechea, quien ganó un proceso de elecciones internas. No obstante, los resultados no fueron en su mayoría positivos para estos partidos políticos, si bien mantuvieron sus inscripciones ante el Jurado Nacional de Elecciones, superando la valla electoral y colocando congresistas en el parlamento, no han logrado importantes resultados electorales que los acerquen nuevamente a Palacio de Gobierno. 20 Cuadro 7: Resultados electorales de los partidos analizados durante la década del 2010 Procesos electorales AP PAP PPC Elecciones presidenciales 2001 15.63% 6.426% (*) 18.5% 35.13% Elecciones presidenciales 2006 6.97% 5.83% 12.8% Fuente: Infogob, Observatorio para la gobernabilidad y página web de la ONPE, Oficina Nacional de Procesos Electorales (votos válidos).4 De esta manera, actualmente los partidos colapsados, compiten electoralmente con grupos de independientes, movimientos locales y regionales, así como con nuevos partidos políticos conformados en torno a una figura carismática y claramente personalistas, sin una ideología, lo que les permite presentarse como “partidos atrapalotodo” y con capacidad de desarrollar redes clientelistas. Al mismo tiempo, los partidos nacionales debilitan sus raíces sociales, dependiendo de la lealtad de sus cuadros o de contar con figuras carismáticas propias. A continuación, con la finalidad de conocer a mayor detalle a los partidos analizados en esta investigación, se realiza una breve descripción de su origen, su desarrollo histórico y sus bases ideológicas. a. Partido Aprista Peruano Como señalan Henry Pease y Gonzalo Romero en “La Política del Perú del siglo XX”, los orígenes del aprismo se remontan al oncenio de Leguía (1919-1930), donde “surgieron nuevos partidos políticos que buscaban expresar los pensamientos y deseos de aquellas masas que eran consideradas como oprimidas o excluidas en la sociedad peruana” (Pease et al. 2013: 74). El aprismo fue uno de ellos y surgió con Haya de la Torre, un joven trujillano de clase media, desde el movimiento universitario. Desde la Federación Peruana de Estudiantes 4 En la elección del año 2011, los votos considerados corresponden a los obtenidos por las alianzas de las que formaron parte los partidos políticos analizados, mientras que en el caso del PAP se considera el resultado electoral que obtuvo en la elección parlamentaria por lo que no se suma al total de votos obtenidos por los tres partidos. En el caso de la elección correspondiente al año 2016, se considera la votación obtenida por la Alianza Popular que integraron el PAP y el PPC. 21 (FEP), se iniciaron los procesos de movilización de la clase obrera peruana a través de las Universidades Populares Gonzales Prada y donde se “les permitía a los obreros acceder a la educación que les era negada en otras circunstancias” (2013: 71). Ante ello, el gobierno de Leguía emprendió un proceso de represión. Sin embargo, no es hasta 1923 que Haya de la Torre se vuelve una figura de alta relevancia a nivel nacional con la movilización de obreros y estudiantes ante el intento del presidente Leguía de encomendar la república al Sagrado Corazón, como forma de acercamiento con la Iglesia Católica. Señala Pease que este intento de represión y silenciamiento emprendido por Leguía contra Haya de la Torre y el movimiento estudiantil son contraproducentes ya que le brindan mayor notoriedad al líder juvenil quien llega a ser elegido presidente de la FEP. En este contexto, Leguía envía al exilio a Haya de la Torre, lo que fue clave para formación de su pensamiento político y el surgimiento del APRA (2013: 77). Desde su exilio en México, en 1924, funda la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) que señalaba al imperialismo estadounidense como el principal rival de los pueblos latinoamericanos. Precisamente, este punto es clave para la definición fundacional del aprismo, la lucha contra el imperialismo (Manrique 2009: 27). Este partido, llamado a ser panamericano, también se enfrentaba a las oligarquías ya que consideraba que estas “castas explotadoras” como fueron llamadas por el mismo Haya, tenían una alianza con el imperialismo a fin de controlar a los pueblos (2009: 27). Posteriormente, en “El antiimperialismo y el Apra” (1936) se resume en cinco puntos la ideología de este nuevo partido anti-oligárquico: • Acción contra el imperialismo yanqui • Por la unidad de América Latina • Por a nacionalización de tierras e industrias • Por la internacionalización del Canal de Panamá • Por la solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas del mundo. A partir de estos postulados que los autores antes mencionados señalan que el aprismo pudo atraer a amplios sectores de la sociedad y logró mantenerse alejado del comunismo y no ser absorbido por este. 22 Los años posteriores a la caída del régimen de Leguía fueron difíciles para el aprismo y para los otros movimientos reformistas ya que se conformaría una alianza que mantendría el poder oligárquico hasta mediados del siglo. “Durante las dos décadas anteriores, mientras en otros países de la región se producían intensas transformaciones, el Perú́ vivía un cierre de la coyuntura, tras la derrota de intentos tempranos de acabar con la hegemonía oligárquica. Esto dio lugar a una cerrada alianza de la oligarquía con los militares, bajo la hegemonía de estos; lo que Jorge Basadre ha denominado el «tercer militarismo» (1930-1956)” (Manrique 2009: 18). Durante este periodo se desarrollaron los grandes levantamientos apristas ante la fuerte opresión de los regímenes militares. Señala Manrique que la conocida insurrección de Trujillo de 1932 y, en general, todos los mártires de estos procesos de persecución “suscitaban grandes pasiones populares” (2009: 18). Adicionalmente, la persecución permitió el fortalecimiento de la organización aprista. El partido, desarrolló una organización casi militar, una colectividad basada en el “compañerismo” que casi suprimía las individualidades y un fuerte culto al líder (Pease et al. 2013: 104). Sin embargo, esto debe entenderse en un contexto de persecución y proscripción de la vida política peruana. No obstante, un hecho clave en la historia del aprismo es su proceso paulatino de moderación, o incluso derechización, experimentado desde los años cuarenta en adelante, que incluso continuó luego de los años de persecución experimentados durante la dictadura de Odría. “El APRA, el gran catalizador anti-oligárquico de la coyuntura de la década de 1930, no cumplirá ya ese rol en la nueva coyuntura –el fin de la dictadura de Odría. Dicho partido optó por una alianza directa con la oligarquía para obtener la legalidad que le fuera negada durante más de veinte años. Con ello, el panorama político se tornó más complejo, pues este antiguo partido asumió la opción oligárquica desde 1956, enfrentando al nuevo reformismo, lo que agudizó la pugna política, incluso dentro del bloque de poder” (Pease et al 2013: 158). A través del llamado “Pacto de Monterrico”, cuya existencia niegan los apristas, a cambio de legalidad, el partido aprista peruano selló una alianza con el ex-presidente Prado, a la que se sumó Odría. De esta manera, señala Pease, “no solo consiguió la tan ansiada legitimidad, sino que también logró acercarse a una oligarquía cuyo apoyo 23 consideró necesario para llegar al poder” (2013: 167). Si bien no se confirma la existencia del pacto, sí se evidenció a lo largo de la historia un viraje ideológico del APRA. A pesar de los esfuerzos, el Partido Aprista Peruano no alcanzó la presidencia hasta los años ochenta. Aunque en las elecciones de 1962 Haya de la Torre obtuvo la mayor votación, el diseño electoral le impidió ser declarado presidente, lo que fue seguido de un golpe militar. Posterior a la muerte de Haya de la Torre en 1979 y a las intensas luchas dentro del partido por el vacío en el liderazgo frente a las elecciones de 1980, surgió una figura desde la nueva generación aprista. Alan García Pérez, designado por el mismo Haya en 1977 como secretario de la organización, “fue capaz de unificar a un partido profundamente fracturado e inyectar una nueva fe a los apristas, proyectando hacia el exterior una imagen que lo mostraba como el líder capaz de salir del espíritu de gueto proyectándose hacia el conjunto del país” (Manrique 2009: 411). De esta manera, es en 1985 que el APRA llega al poder con el 45.7% de los votos emitidos, con el presidente más joven de la historia del Perú y con una gran expectativa en la población luego de un difícil segundo gobierno de Fernando Belaúnde (1980- 1985) por una creciente crisis económica y el surgimiento del terrorismo impulsado por Sendero Luminoso y el MRTA. El primer gobierno aprista “dejó de lado la cautela y desarrolló un discurso mas radical, basado en ataques contra aquel imperialismo que Haya de la Torre había olvidado décadas atrás y a favor de las masas más empobrecidas” (Pease et al 2013: 308). No obstante, este gobierno experimentó un incremento de la crisis económica hasta niveles que el Perú no había experimentado desde la guerra con Chile, sumado a un continuo ataque del terrorismo que continuaba cobrando miles de víctimas a nivel nacional. “La creciente inflación, caída de divisas y finalmente, el fracaso de estatizar la banca, hicieron que el gobierno de García abandonara las políticas heterodoxas y volviera a medidas económicas más tradicionales (…) Luego, en setiembre de 1988 se aplica un ‘paquete’ económico destinado a reducir la inflación, terminar con el déficit fiscal y la pérdida de divisas (…) Al final, ‘el impacto más importante de ‘el paquete’ fue la drástica caída de las remuneraciones reales y el empleo (Portocarrero, 2000 p. 1159). Al no cumplir su propósito, el Perú fue 24 declarado país inelegible en marzo de 1989. La crisis había llegado a su clímax” (Pease et al 2013: 315) En esa situación el Partido Aprista Peruano terminó su primer gobierno y a pesar de un importante tercer lugar en las elecciones del año 1990 (Luis Alva Castro obtuvo 22.57% de los votos válidos), experimentó durante los años noventa, como se mencionó anteriormente, el colapso del sistema de partidos del que formó parte. Aunque luego de la caída del fujimorismo el partido experimentó un resurgimiento con el regreso al país de Alan García y conseguir un segundo gobierno entre el 2006-2011, la situación de fragilidad se ha profundizado con el paso de los años. Alberto Vergara afirma que en el partido “todos saben que el compañero presidente –Alan García- divide y reina en el partido (…) Todos saben que García infla y desinfla liderazgos, que contrapone a dirigentes de uno y otro bando para que nadie acumule mucho poder” (2013: 105-106). De esta manera, confirma la fuerte “alanización” del partido de la estrella, una personalización del partido. No obstante, se señala a la vez un distanciamiento entre el liderazgo de Alan García y la organización partidaria. “Para Alan García, los apristas son una carga pesada: escándalos de corrupción, plagios en todas sus generaciones, medianía intelectual en sus innovaciones programáticas” señala Carlos Meléndez (El Comercio, 27 de diciembre de 2016). Esta situación, sumada a las denuncias a casos de corrupción o conflictos sociales durante su segundo gobierno, explicarían el bajo resultado electoral que obtuvo en las elecciones presidenciales del año 2016. Al concentrarse el partido en el liderazgo único de Alan García, asume a la vez todos sus pasivos ante la opinión pública, lo que incrementa el antiaprismo en una situación ya complicada para todos los partidos post- colapso. b. Partido Acción Popular Al igual que el Partido Aprista Peruano, las raíces de Acción Popular se encuentran en el movimiento universitario. El frente de Juventudes Democráticas “buscaba renovar la 25 política peruana y la mayoría de sus miembros eran estudiantes universitarios y profesionales de clase media” (Pease et al 2013: 166). Este movimiento postuló al arquitecto Fernando Belaúnde Terry en las elecciones 1956, pero debido a su postura izquierdista el presidente Odría intentó detener su candidatura utilizando al Jurado Nacional de Elecciones. Ante ello, en el llamado “Ultimátum de la Merced” el movimiento haría una demostración de respaldo que permitiría la aceptación de su candidatura. Si bien en aquella elección Belaúnde no pudo imponerse ante Manuel Prado y Ugarteche, quien contó con el apoyo del aprismo, consiguió el 36.6% de los votos válidos y se posicionó como una figura de cambio en la política nacional. Precisamente, Henry Pease y Gonzalo Romero (2013) incluyen a Acción Popular, junto con la Democracia Cristiana, en lo que denomina el segundo reformismo. Asegura que, ante el acercamiento del aprismo al bloque oligárquico, “Acción Popular (AP), partido formado en 1956, y la Democracia Cristiana (DC), que surgió también en esa coyuntura, constituyeron el núcleo principal del reformismo democrático, encabezado por Fernando Belaúnde” (2013: 158). A través de su obra “La conquista del Perú por los peruanos” (1959), Fernando Belaúnde se basa en el lema “el Perú como doctrina” para sustentar su propuesta ideológica que revaloraba el pasado histórico del país y lo consideraba como un factor clave para la planificación y desarrollo en el que debía emprenderse. Resaltaron propuestas de interconexión, desarrollo de la industria nacional, descentralización, vivienda, sociales y educativas que tenían un estilo progresista para la época (2013: 192). Con este esquema de propuestas Belaúnde llega a las elecciones de 1962, que como se vio anteriormente, no dieron un claro ganador y desembocaron en un golpe de Estado. Es en 1963 que Belaúnde consigue ganar las elecciones a Haya de la Torre y al ex presidente Odría con casi el 40% de los votos válidos (Infogob). La gobernabilidad de su primer gobierno fue muy complicada debido a que dos alianzas se enfrentaron desde posiciones de control en el Poder Ejecutivo y Legislativo respectivamente. Acción Popular en alianza con la Democracia Cristiana (AP-DC) no logró obtener la mayoría en el parlamento, donde la alianza del Partido Aprista y la Unión nacional Odriista 26 (APRA-UNO) controlaba el 50% de la cámara de Senadores y el 61% de la cámara de diputados (2013: 207). “La coalición APRA-UNO había logrado mayoría en el Parlamento y utilizó eficazmente las ambigüedades de la Constitución de 1933 para arrinconar al régimen e impedir las reformas. El conflicto entre los Poderes Ejecutivo y Congreso paralizó al gobierno e impidió hacer la reforma agraria, promesa clave de la alianza de partidos AP-DC gobernante” (Pease et al. 2013: 203) Además de este tipo de conflictos, el gobierno de Acción Popular tuvo que enfrentar un incremento del déficit fiscal, un aumento de la inflación y la fractura de su aliado político, la Democracia Cristiana, que se fraccionó entre sus alas izquierda y derecha (Schmidt 2010: 450). Esta situación, sumada a los hechos relacionados a la página once del “Acta de Talara”5 llevaron al golpe de estado de 1968 encabezado por el General Velazco Alvarado. Aunque, como se ha señalado, Acción Popular lideró un gobierno debilitado entre 1963- 1968 que no pudo concluirse por la intervención de las Fuerzas Armadas, luego de doce años vuelve a través del restablecimiento de la democracia en 1980. De esta manera, luego de culminadas las dos fases del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas (1968-1980) y retornando Belaúnde de su exilio, Acción Popular participó en las elecciones generales de 1980 donde obtuvo el 45.3% de los votos válidos y dio inicio a su segundo gobierno (Pease et al. 2013: 279-281). En este segundo gobierno, AP estableció una alianza con el Partido Popular Cristiano (PPC), controlando, a diferencia de su primer gobierno, ambas cámaras del Parlamento. Sin embargo, nuevamente el gobierno de Belaúnde experimentó problemas serios a nivel económico: “Aunque el gobierno de Belaúnde adoptó algunas medidas políticas orientadas al mercado, hizo pocos progresos en la privatización del abotagado –inflado o hinchado- y deficitario sector público peruano. Además, el ambicioso programa de obras públicas del gobierno, así como su respuesta al desastre causado por El 5 Firmado en 1968 entre el Estado Peruano y la International Petroleum Company (IPC) en referencia a los yacimientos petroleros de La Brea y Pariñas que pasaron a ser explotados por la Empresa Petrolera Fiscal del Perú (EPF). El presidente de esta institución, Carlos Loret de Mola, denunció posteriormente que la página 11 del acuerdo había desaparecido del documento presentado por el gobierno de Belaúnde. Este escándalo generó el rechazo de todos los partidos políticos, los medios de comunicación y las Fuerzas Armadas (Pease et al 2013: 219). 27 Niño en 1983, aumentaron en forma impresionante el gasto público y la deuda externa” (Schmidt 2010: 459). A ello se suma el surgimiento de la época del terror liderada por Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso en 1980, precisamente en el día de las elecciones en las que Belaúnde obtuvo la victoria. Sumado a la aparición del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) y al ingreso de las Fuerzas Armadas buscando detener el avance terrorista, el periodo de violencia vivido durante el segundo gobierno de Acción Popular alcanzó el 35% de las víctimas de todo el periodo de violencia (Comisión de la Verdad y Reconciliación [CVR] 2003: 11, Tomo III). Además del incremento de la actividad terrorista, la CVR registra que durante el segundo gobierno de Fernando Belaúnde la totalidad del territorio estuvo en estado de emergencia durante seis ocasiones y 1984 se registra como el año con la mayor cantidad de muertos y desaparecidos de la época de violencia (2003: 11, Tomo III). Posteriormente a 1985, Acción Popular no tuvo una candidatura sólida hasta la llegada del siglo XXI, aunque en 1990 participó de la mano del PPC y del Movimiento Libertad en el Frente Democrático Moralizador (FREDEMO) que postuló a Mario Vargas Llosa. No es hasta la caída del fujimorismo en noviembre del año 2000 y la censura de Martha Hildebrandt de la presidencia del congreso por el propio pleno, que Acción Popular regresa a la presidencia liderando el gobierno transitorio hacia la democracia (Pease et al. 2013: 387-388). Durante el tercer gobierno de Acción Popular (2000-2001) se inició el proceso de recuperación del Estado de las redes de corrupción construidas durante el régimen fujimorista y se conformó la CVR para analizar a detalle el proceso de violencia. En el año 2006, Valentín Paniagua vuelve a postular a la presidencia por Acción Popular quedando en el quinto lugar de las votaciones. Desde entonces y durante diez años, el partido no logró consolidar un liderazgo claro y potente frente al electorado. Es en el año 2016 que, con la postulación del periodista Alfredo Barnechea, que generó expectativa entre sectores de la población, especialmente los jóvenes, se anuncia el “resurgimiento” del partido (La República, 12 de mayo de 2016). 28 c. Partido Popular Cristiano A diferencia de los dos partidos anteriormente analizados, el surgimiento del Partido Popular Cristiano no es producto de un movimiento de raíces universitarias ni es parte del alguno de los dos movimientos reformistas, propuestos por Pease y Romero (2013), que germinaron en el Perú durante el siglo XX. El PPC, fundado en 1966, es producto de una división dentro del Partido Demócrata Cristiano (DC), debido a que algunos líderes “percibieron una izquierdización de su cúpula que desdibujaba los planteamientos de la Doctrina Social de la Iglesia bajo la cual se inspiraban” (Puémape 2014: 27). Gregory Schmidt, en un análisis sobre la democracia cristiana en el Perú, detalla los enfrentamientos entre las facciones radical, liderada por Héctor Cornejo Chávez, y moderada de la DC, representada en el alcalde de Lima, Luis Bedoya, durante su alianza con Acción Popular: “En el congreso de noviembre de 1966 del PDC, Cornejo recuperó la presidencia del partido, frustrando así las ambiciones políticas de Bedoya, que era mucho más popular entre los votantes (…) En diciembre de 1966, el Tucán – como se le llamaba a Bedoya- y la mayoría de los miembros más distinguidos del PDC lo abandonaron par establecer el Partido Popular Cristiano” (2010: 451). De esta manera, el PPC es un partido que nace en contraste al reformismo planteado por tendencias radicales de la democracia cristiana, rechazando la lucha de clases y la violencia para el cambio social que se postulaba (Puémape 2014: 32). Ante ello, la ideología “pepecista” intenta volver a las raíces de la propuesta doctrina democratacristiana. “La declaración de principios subrayaba sus raíces humanitarias y socialcristianas, reafirmaba la familia como la unidad básica de una sociedad comunitaria en el sentido de que el bien común debe ser; en última instancia, la razón del orden político. La declaración argumentaba que la propiedad privada es un derecho natural, pero no ilimitado (…) El nuevo partido aceptó el término revolución ‘si se refiere a la acción en búsqueda de un rápido cambio estructural’, pero lo rechazó explícitamente como sinónimo de violencia o de lucha de clases” (Schmidt 2010: 451). 29 Si bien hasta el momento el PPC no ha conseguido ganar las elecciones presidenciales, sus participaciones e historia representan momentos claves de la vida política del Perú. Por ello, en una investigación que busca comprender la débil competitividad de este partido, Félix Puémape (2014) divide su historia en tres etapas con características resaltantes marcadas por las políticas emprendidas por la élite partidaria. La primera etapa comprende el periodo entre su formación en 1966 hasta el autogolpe de Alberto Fujimori en 1992. Denominada la etapa programática por el esquema partido-escuela que le permite a la agrupación posicionarse de manera constante apoyando la inversión privada, la defensa de las instituciones, la lucha contra el terrorismo y la defensa de valores tradicionales. Esto se refleja en su clara oposición durante el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas a diferencia de elementos de la Democracia Cristiana que apoyaron y fueron parte del gobierno (Pease et al. 2013: 262). Es a partir de esta formación ideológica marcada que contrasta con los movimientos de izquierda y el aprismo, especialmente durante el periodo 1985-1990, que el PPC conforma una identidad partidaria vinculada a sectores claros de la ciudadanía (Puémape 2014: 55-56). Señala el autor, que este aspecto se suma a la construcción de una organización sólida, a pesar de no sufrir algún tipo de persecución. Sobre la conformación de su militancia en este periodo, Puémape señala: “La adhesión a las ideas posicionadas por el PPC no solo se expresó en un fuerte militantismo. Buena parte de los ciudadanos pertenecieron a la clase media, en un contexto muy polarizado –refiriéndose especialmente a los años ochenta, que como ya se ha visto se caracterizaron por una fuerte crisis económica y violencia-, se identificaron fuertemente con el partido” (2014: 55). En este periodo, el Partido Popular Cristiano, en alianza con Acción Popular terminó el segundo mandato consecutivo de Luis Bedoya Reyes como alcalde de Lima y participó activamente en la transición democrática de fines de los años setenta. De esta manera, el PPC obtuvo la segunda mayor votación en la Asamblea Constituyente de 1978 (24%) y junto al Partido Aprista Peruano aseguraron el trabajo de la asamblea y elaboraron la constitución del año siguiente (Pease et al. 2013: 274). Además, como se mencionó anteriormente, formó parte de la coalición de gobierno con Acción Popular entre 1980- 1985, brindándole mayoría en el parlamento. 30 La segunda etapa de la historia partidaria comprende desde el autogolpe de 1992 hasta las elecciones del año 2001, luego del gobierno de transición de Valentín Paniagua. Denominada la etapa de sobrevivencia debido a una situación crítica que experimentó el partido durante el gobierno fujimorista donde perdió su inscripción ante el Jurado Nacional de Elecciones en el año 1995. Ante esta situación las élites partidarias tuvieron que dejar de lado los aspectos formativos con la finalidad de recuperar la inscripción del partido (Puémape 2014: 64). Esta situación se agravó por el alejamiento de varios cuadros importantes luego de la decisión de participar en el Congreso Constituyente Democrático (CCD) de 1992 convocado por el gobierno fujimorista. Ante ello, en los años noventa, algunos cuadros se mantuvieron en el partido debido a vínculos con personalidades: “Muchos militantes se quedaron, en buena parte, por lealtad a un dirigente. Antero Flores Araoz o Lourdes Flores Nano, por ejemplo, tenían sus grupos de activistas leales que los acompañaban a todas sus actividades. Esto permite constatar como, ante la ausencia de los vínculos programáticos explícitamente desarrollados, los líderes ayudaron en buena parte a mantener con vida a la organización” (Puémape 2014: 73). Llegado el año 2001, Lourdes Flores Nano, congresista durante la época fujimorista y opositora contra este régimen, representó al PPC liderando la alianza electoral Unidad Nacional. Con su candidatura se inicia la etapa electorista. Con ella, durante los procesos electorales del año 2001 y 2006, el partido incrementó sus posibilidades de alcanzar la presidencia de la república. Según el autor, en este periodo el partido “comenzó a desarrollar las características de un partido atrapalotodo, aligerando su contenido programático y buscando adherentes más allá de las clases medias y altas del país” (Puémape 2014: ii). No obstante este incremento del caudal electoral del partido durante el siglo XXI, el autor considera que al no imponerse mayoritariamente en ninguna elección a pesar del gran alcance conseguido y el liderazgo construido, esta época resulta incluso más desfavorable que otras. En este contexto, el PPC incrementa el peso de sus liderazgos para atraer nuevos militantes y mantener a los ya inscritos: 31 “Cuando dejaron de posicionarse de forma clara y permanente en el debate económico, los líderes pepecistas procuraron recobrarla –su identidad institucional- en su versión moralista para atraer a nuevos cuadros y diferenciar al partido de los demás” (Puémape 2014: 100). Específicamente, se señala el peso político de Lourdes Flores en la organización como unificadora y activadora de las bases del partido a pesar de los esfuerzos que ella realiza para que esto no ocurra (2014: 102). Sin embargo, esto se puede apreciar en la cantidad de veces que la lideresa ha postulado, a pedido de las bases, a cargos que implicaban el mantenimiento político del partido: candidata presidencial en los años 2001 y 2006, candidata a la alcaldía de Lima Metropolitana en el año 2010, impulsora de las alianzas electorales con la que participó el PPC en los años 2011 y 2016, en el segundo caso como candidata a la vicepresidencia. Es importante mencionar la situación de fractura que vive el PPC en los últimos años, profundizándose en las elecciones internas del año 2015. Por un lado, Lourdes Flores preside un grupo denominado “reformista”, mientras que Raúl Castro, presidente del partido, lidera un grupo de tendencia más conservadora. Los medios de comunicación han registrado duras acusaciones de fraude en las elecciones internas y agravios entre ambos líderes (El Comercio, 24, 25 y 26 de noviembre). En esta situación la agrupación llegó a la última elección presidencial, donde el Partido Popular Cristiano conformó la Alianza Popular con el Partido Aprista Peruano y en el lanzamiento de la misma, el ex presidente Alan García justificó la creación de dicho acuerdo electoral con la frase: “Solos no podemos” (El Comercio, 31 de diciembre de 2015). Este comentario buscaba expresar la situación por la que atraviesan ambos partidos que les impide generar interés y respaldo en el electorado. Solo cuatro meses luego de la conformación de la misma, la alianza se disolvió al alcanzar solo el 5.84% de los votos (El Comercio, 13 de abril de 2016) y no permitir el ingreso de ningún pepecista al parlamento, aunque mantienen su inscripción y apuntan a las elecciones regionales del 2018. 32 CAPÍTULO II – PARTICIPACIÓN POLÍTICA JUVENIL 2.1. Concepto de juventud A pesar de lo sucedido en épocas anteriores, el término juventud ya no presenta una reducción a un grupo etario. Por el contrario, su definición ha sido ampliada a una condición y construcción social (Grondona et al., 2014: 40). En esta línea, Grondona y Rodríguez, posterior a un análisis histórico de la construcción del término de juventud luego de la sociedad industrial durante el siglo XX, se ubican en la época actual y en el contexto latinoamericano, donde resaltan la conclusión de la Escuela Iberoamericana de Juventudes (2013): “los jóvenes viven una realidad muy compleja y a la vez muy diversa. Las diferencias se explican por lugar de origen, trayectorias de vida, género, nivel socioeconómico, acceso a oportunidades y capacidades” (Grondona y Rodríguez 2014: 45). Sandro Venturo agrega en “ContraJuventud. Ensayos sobre juventud y participación política” que “de allí́ que tenga sentido considerar a la juventud como una categoría social ciertamente heterogénea a su interior. Ya se ha dicho: no existe la juventud sino distintas juventudes” (Venturo, 2001: 23). Este autor, luego de analizar de manera histórica la construcción del concepto de juventud en el Perú, con especial énfasis en la etapa comprendida entre los setenta y ochenta debido a su influencia en el cambio, resalta este aspecto en la definición: “condicionada por los problemas y retos de la época en la que se desenvuelve” (Venturo 2001: 33). De esta manera, “la juventud no es ontológicamente rebelde” (2001: 32), no es una noción que se mantenga sólida a nivel de valores e imaginarios a pesar del paso de los años, sino que necesita ser entendida a partir de la etapa histórica que la precede y en la que se desenvuelve. Con ello, se resalta la importancia de entender a los jóvenes como una construcción social, que además, ha estado sometida a conceptos más amplios como el género, la etnicidad o las clases sociales en diversas etapas de nuestra historia política. (2001: 22). 33 Sandro Venturo, haciendo referencia a cómo se entiende el concepto en la época actual, agrega que: “La juventud de la presente década –inicio del siglo XXI- parece preferir el orden y la estabilidad y no precisamente el cambio y la aventura heroica. Esta juventud displicente y al mismo tiempo convencional: detesta la política y exige cambios objetivos en su realidad social inmediata a imagen y semejanza de los patrones de vida que impone la cultura de masas” (2001: 32). Esta relación del concepto juventud con la actividad política ha sido previamente analizada. No obstante, la mayoría de estudios se centra en los problemas para una relación plena. Jorge Chávez, en un análisis centrado en los jóvenes universitarios peruanos y su participación política durante finales de los años noventa, menciona que uno de los principales problemas para ellos en su relación con la política es que no encuentran líderes que imitar o partidos donde puedan ser alojados (Chávez 1999). Otro punto importante señalado por el autor es que en aquella época, los jóvenes desconocían los canales y mecanismos de la política y la identificaban como un problema o estigma si la practicaban, incluso desde el ámbito universitario. Del mismo modo, los jóvenes consideraban a los partidos políticos como un mal necesario ya que veían en ellos cierta “verticalidad” y un intento de manipularlos para acciones de bajo impacto durante las campañas electorales (Chávez 1999). Es decir, temían que los usen como una especie de mano de obra electoral. Al igual que Chávez, Venturo Schultz muestra la participación política del grupo a partir de su actividad a nivel universitario, resaltando las etapas históricas de mayor movimiento y actividad como lo fue el paso de los movimientos universitarios a la creación de la Federación de Estudiantes del Perú bajo el liderazgo de Víctor Raúl Haya de La Torre (Venturo 2001: 96). Señala que la juventud peruana, representada por el movimiento estudiantil universitario, a partir de inicios de 1900, participó en la política nacional y la construcción de partidos políticos como el APRA. Además, analiza cómo esta participación colapsa junto con los partidos políticos, las ideologías y el populismo, en el marco de la crisis económica de finales de los ochenta y la violencia política desatada por Sendero Luminoso. Sin embargo, asegura que a finales de los años noventa se presenta un resurgimiento los jóvenes, especialmente universitarios, ya que vuelven a 34 ser actores activos de la protesta y sensibilización contra el gobierno fujimorista (Venturo 2001). A partir de los trabajos mencionados, Rosa María Cueto et al. (2014) desarrollan el artículo “Orientación a la dominancia y representaciones sociales de Estado, mercado y política en estudiantes universitarios de Lima, Perú” para el libro “Juventudes y política. Cambios sociopolíticos en América del Sur”. Aquí, los autores recopilan lo desarrollado en el ámbito de participación juvenil en el contexto universitario, con la finalidad de realizar un análisis de psicología política sobre la percepción de los jóvenes sobre la dominancia social y representaciones del mercado y la política. Sin embargo, en su marco teórico avanzan en el estudio de la situación de los jóvenes en la política planteando que: “En la actualidad, el panorama general en el país nos presenta una juventud desideologizada y alejada de la política (…) Pese a lo anterior, en los últimos años, la participación política juvenil se ha incrementado, sobre todo en la población entre 20 a 24 años. La presencia de jóvenes en los espacios de decisión política ha sido promovida por la normatividad electoral que establece una cuota del 20% de jóvenes en las listas de candidatos de las organizaciones políticas (SENAJU, 2012)” (Cueto et al. 2014: 101-102). Como se puede observar, los estudios realizados “no tienen más de dos décadas en el país” (Venturo 2001: 169), y se apoyan en los resultados producidos por la Primera Encuesta Nacional de la Juventud elaborada por la Secretaría Nacional de la Juventud (SENAJU), que resalta la desconfianza de la juventud y su apatía frente a la actividad política. Este estudio, al igual que el realizado por la ONPE, “Los jóvenes y las elecciones generales de 2006: Análisis cuantitativo y cualitativo de la participación de los electores de 18 a 24 años”, muestran cifras oficiales sobre la relación de los jóvenes con la política, los partidos políticos y el voto, así como un análisis breve y ligero sobre la percepción que tienen con estas instituciones. 35 2.2. Participación política Sobre el concepto de participación política y los niveles que implica, Martín Hernández postula: “Desde la politología norteamericana se han elaborado modelos muy amplios de formas de participación política que incluyen ítems tales como contactar con políticos, asistir a manifestaciones, firmar peticiones, trabajar para un partido político o acudir a votar, entre otros (Rosenstone y Hansen, 2003). También ha habido propuestas, ya clásicas, de clasificar dichas formas según la variable convencionales-no convencionales en función de si transcurren por canales institucionales o, por el contrario, se desenvuelven al margen de los mismos.” (Martín Hernández, 2006: 3). Por su parte, Ellen Quintelier en un estudio sobre las diferencias entre participación política de jóvenes y personas mayores, también diferencia el concepto entre tipos de participación formal e informal. Se resalta que ciertos autores afirman un incremento de participación informal como consejos de la juventud, audiencias juveniles, campañas, uso de mensajes de campaña (slogans), o protesta; frente a las actividades formales de participación como votar o militar en un partido; de esta manera, las informales son mucho más atractivas para los jóvenes (Quintelier 2007: 167). Precisamente, en su investigación, la autora confirma que los jóvenes prefieren y se comprometen más con otras formas de participación política (informal), que incluye llevar insignias, firmar peticiones y otras demostraciones. Paul Whiteley, en un análisis sobre el declive de la participación en los partidos políticos del mundo democrático, presenta dos modelos que explican por qué los ciudadanos militan en los partidos (Whiteley 2011): • En el modelo cívico voluntarista la participación está estrechamente vinculada a los recursos individuales. De esta manera, recursos posteriormente definidos como tiempo, dinero y habilidades cívicas, determinan la posibilidad de participar activamente. Como señala el autor, según este modelo es más probable que los individuos altamente educados de alto nivel socioeconómico participen activamente en un partido político. • El modelo cognitivo de compromiso se basa en que la participación política se motiva por la capacidad y voluntad de comprender información sobre la política y la sociedad. De esta forma, el modelo está centrado en la educación y conocimiento de los temas político-sociales. 36 Tanto Sandro Venturo como Rosa María Cueto coinciden en que la situación del alejamiento de los jóvenes se debe a una crisis institucional en el sistema de partidos que se tiene en el país. Si bien, esto puede inferir a que antes del colapso de los partidos había una mayor participación de los jóvenes en política partidaria, no hay un análisis cuantitativo comparado sobre ello. Inicialmente, en el artículo “Jóvenes: actores sociales y cambio generacional. De la acción colectiva al protagonismo individual” publicado en un compendio editado por Julio Cotler en 1995, analiza la situación de cambio que vivía la juventud en los años noventa, posteriores a la época de terrorismo y al cambio de modelo económico hacia uno neoliberal: “Estos "protagonismos" –individuales-, con todo lo dinámicos e intensos, sin embargo, no se expresan con claridad en el terreno público y político, con lo que la presencia juvenil no logra expresión clara, perfilada, lo que tiene como consecuencia la no atención o el soslayamiento de los intereses y demandas de los jóvenes, que son objeto de apelaciones meramente retóricas por parte del Estado y los actores políticos. La no expresión política del protagonismo juvenil a nivel social no tiene por qué entenderse necesariamente como despolitización o desinterés de los jóvenes respecto de las cuestiones políticas o públicas en general (aunque sí del sistema político y sus actores): la ausencia de participación en los jóvenes se explica, para algunos espacios y actividades, más por los costos que implica la acción colectiva, que por ausencia de interés” (Tanaka 1995: 160). De esta manera, se habla de un momento de no expresión política de los jóvenes luego del colapso de los partidos políticos, pero asegura que esta no debe entenderse como una despolitización contundente. Señala que los jóvenes no podrían estar participando en partidos debido a una ruptura de la confianza con ellos y sus líderes, es decir los actores políticos; sin embargo, resalta la permanencia de un interés en la política y los asuntos públicos. Luego del colapso del sistema de partidos, los jóvenes habrían roto su relación con los actores, pero no con la política en general. Esto se vería reflejado en los resultados de la encuesta de SENAJU, antes presentada, donde se expresa la desconfianza en el actor político, pero se mantiene un interés por la política, en todos sus niveles de involucramiento, cercano al 64%. Se ha resaltado la debilidad de los partidos políticos pese al retorno a la democracia luego de la caída del régimen fujimorista, los niveles de insatisfacción con la 37 democracia y el menor grado de afinidad política, que se ven reflejados en el alto nivel de volatilidad electoral (Tanaka 2005). En esa misma línea, se plantea que aunque la población está politizada –a mediados de la primera década del siglo XXI- y sea muy crítica de la situación que vive el país, se opta por salidas no institucionales como las acciones de protestas. Lo que se refleja en que el 22% considere la considere un canal efectivo para generar cambios (Tanaka 2007). En otro escenario, a partir de los resultados de la Encuesta Nacional de la Juventud, en Chile se han desarrollado investigaciones como las lideradas por Rodrigo Asún a través de un artículo, y Vicente Espinoza y Sebastián Madrid en un libro, que buscan analizar las diferencias entre los jóvenes políticamente activos y aquellos que se mantienen alejados de la vida política. Es importante que si bien en este país no se presenta un colapso de partidos, la participación y confianza en los actores políticos tradicionales y el sistema ha descendido (Asún 2004: 13). En especial el texto de Espinoza y Madrid, “Trayectoria y eficacia política de los militantes en juventudes políticas. Estudio de la élite política emergente” presenta un análisis completo sobre la participación juvenil en siete partidos políticos del sistema chileno, analizando la organización de las instituciones, el perfil ideológico de los participantes, los motivos de participación, la trayectoria y la influencia que tienen. Entre sus conclusiones sobre la motivación se encuentra que: “Los jóvenes ingresan a los partidos movidos por un interés por lograr una transformación social. Los partidos aparecen como las herramientas más apropiadas por su cercanía con el poder y la influencia en las decisiones” (Espinoza et al, 2010). 38 CAPÍTULO III – MILITANCIA DE LOS JÓVENES EN PARTIDOS POST COLAPSO Como se mencionó inicialmente, para esta investigación se desarrollaron un grupo de entrevistas a militantes jóvenes de los tres partidos políticos analizados. Esta serie de entrevistas se implementaron antes, durante y posteriormente a la campaña electoral presidencial del año 2016. Por ello, a la vez que resuelven los objetivos de la investigación, los diálogos permiten un acercamiento a las emociones y espectativas de los jóvenes respecto a la situación que vivían sus partidos. Un aspecto común que comparten los militantes jóvenes de los partidos políticos analizados es que muchos ocuparon, ocupan actualmente o planean en el corto plazo postular a un cargo partidario a nivel de juventudes. De esta manera, se comprometen con el desarrollo del partido y se involucran con un tipo de actividad política que no solo depende de las campañas electorales. Además, consideran al partido político como un elemento clave en el desarrollo de su vida política, donde, si bien algunos comentan que no se desarrollan debates interesantes o no se sienten escuchados por los líderes, es un espacio donde podrán continuar aprendiendo a hacer política. Estos jóvenes planean involucrarse aún más con el partido y tener el conocimiento y habilidad suficientes como para postular a cargos de elección popular representando a su marca partidaria. En otros aspectos, los jóvenes están de acuerdo en que al militar en un partido político aportan al desarrollo del país y la sociedad, considerándose buenos ciudadanos. Si bien la militancia en el partido no es un elemento central en su vida, sí es importante para ellos, considerando que sumado a su experiencia académica-profesional podría permitirles seguir mejorando, lo que les brinda la sensación de un status o prestigio. Para analizar el motivo de la militancia, es importante indicar que todos los miembros de los partidos analizados comparten un elemento central y punto de partida para su acercamiento a las agrupaciones: un sólido interés previo por la actividad política. Si bien el rango de compromiso con esta actividad varía dependiendo de cada historia, todos, de alguna u otra manera, salieron en búsqueda del partido. 39 “Por interés propio” afirma un miliante de Acción Popular cuando se le consultó sobre cómo llegó a unas reuniones en el local partidario. De la misma forma, otros jóvenes expresan en sus historias este interés por la actividad política que sirve de base para su posterior acercamiento: “Cuando empecé la universidad me dio curiosidad de leerlo por primea vez –el libro El Antimperialismo y el APRA que tenía su abuela-, pues era conciente que no solo tenía que elegir una carrera sino que tenía que tomar posición sobre algo.” – Entrevista a Miguel Estela (PAP) “Yo intenté acercarme a un partido político que yo pensé que era de mayor afinidad a mi, de izquierda, el MNI, pero vi unos manuales de capacitación política e inmersión y no me gustó para nada (…) Yo busqué partidos.” – Entrevista a Isabel Sosa (AP) “Estaba saliendo de la facultad de derecho de la USMP en La Molina rumbo a mi casa. Ahí un par de chicos me dieron algunos volantes de la campaña de Lourdes Flores, jóvenes por Lourdes, y me dijeron ‘ahí está la dirección, anda un día’. Fui el día que me dijeron, llegué al local de San Isidro y ahí empezó todo.” – Entrevista a Fabrizio Anchorena (PPC) Así como en los tres casos mencionados, son los jóvenes los que buscan formas de acercarse a la política y a los partidos por curiosidad o un interés serio. No obstante, debe entenderse el interés como un elemento activo de la situación previa a la militancia. Por ello, en base a este interés, los jóvenes acuden a reuniones, buscan información sobre una corriente política o partido,se acercan a un político, visitan un local partidario o responden rápidamente ante una invitación. De esta manera, no hay un interés “dormido”, sino un afán de acercamiento. En los casos del Partido Aprista Peruano y el Partido Popular Cristiano en menor medida, el interés basta para impulsar el acercamiento y es el individuo quien se aproxima al partido: “Un día cuando salía de recibir mi constancia de que había ingresado a la universidad, iba a la casa de mi enamorada, me equivoqué de carro por esas casualidades de la vida, y termino en Alfonso Ugarte. Veo la foto de Lourdes y digo ‘voy a aprovechar’.” – Entrevista a Alberto Aragón (PPC) 40 “Un día fui al local del APRA y me quedé. Fui al local de Alfonso Ugarte y había una reunión de lo que es la Juventud Aprista, me dieron la bienvenida y ahí me quedé.” – Entrevista a Jaicec Espinosa (PAP) Frente a ello, en la mayoría de casos del Partido Popular Cristiano y Acción Popular, el interés converge con otro elemento importante, un llamado desde el propio partido a participar. Ya sea a través de un militante jóven o una figura líder, los jóvenes son invitados a ser parte de las reuniones o a visitar el local partidario, donde se establece el primer contacto hacia una relación estable que lleva a la inscripción formal. “Fue por intermedio de un amigo. Yo iba a IPAE porque hacía prácticas ahí y él siempre me hablaba del partido. Poco a poco me fui sumando.” – Entrevista a Kelly Castillo (AP) “Entré entre el 2005 y 2006 para la campaña donde postuló Lourdes Flores. Y eso fue porque una de mis vecinas que es Mónica Saravia me invitó a conocer un poco más sobre el partido.” – Entrevista a Miguel Bernales (PPC) Como menciona Paul Whiteley (2011), el aspecto educativo es importante entre los jóvenes que eligen militar en uno de los partidos. En la mayoría de casos, es durante su época universitaria, ya sea el inicio o el final de la misma, que eligen militar en un partido político. Además, muchos jóvenes participaron previamente en política universitaria a través de colectivos o siendo representantes estudiantiles. Incluso, en algunos casos, dentro de los colectivos políticos universitarios, los jóvenes encontraron invitaciones a ir a charlas o reuniones políticas. De este modo, en los casos analizados, se presenta una combinación de los modelos planteados por Whiteley y previamente detallados en la investigación, el cívico voluntarita y el cognitivo de compromiso. Estos jóvenes cuentan con recursos ya sea de responsabilidad social, tiempo, o nivel educativo que, sumado a la capacidad de comprender lo político y analizar la situación del país, permiten comprender por qué entienden la militancia como necesaria para sus vidas. 41 “La veo –a la política- como un espacio donde mucha gente quiere hacer las cosas bien. La veo como algo serio, con pasión y como un instrumento de cambio para llegar a la gente.” – Entrevista a Yasmín Suarez (PPC) “La política es una responsabilidad tanto social, moral, como cultural.” – Entrevista a Andrea Narvaez (PAP) Sumado al conocimiento, la capacidad y, sobretodo, el interés de los jóvenes por hacer política a través de los partidos, el reconocimiento de aspectos positivos en los partidos políticos que eligieron permite configurar una propuesta de modelo de militancia joven en los partidos políticos. Entendiendo estos aspectos positivos en el marco del capital político, planteado por Henry Hale (2007), los jóvenes reconocen elementos puntuales de los partidos, capital, que se complementa con lo que ellos ya buscaban en política. Este reconocimiento de capital se construye en el relato personal de cada joven, de tal manera que las influencias que tienen a lo largo de su vida lo ayudan a construir una imagen del partido o de un líder político, así como rescatar una cualidad especial que lo llevan a interesarse por la agrupación y comprometerse con ella. Es allí donde cada historia de los casos analizados toma un rumbo particular, pero es posible encontrar elementos comunes por partido político que demuestran qué tipo de capital político reconocen en las agrupaciones y por el que la mayoría decide inscribirse. 3.1. Caso del Partido Aprista Peruano, la familia antiimperialista En el caso de los jóvenes apristas, se presenta una combinación de ambas variables de capital planteadas por Hale (2007): el capital administrativo y el ideacional. Esta convergencia atrae a los jóvenes a la militancia partidaria. En primer lugar, el aspecto organizacional en el partido de la estrella siempre ha sido un elemento fundamental para su supervivencia debido a que, como se señaló en el segundo capítulo, experimentó muchos años de persecución y exclusión de la vida política peruana de parte de las grandes élites. Por ello, la organización aprista, a través de sus “compañeros” se conformó en el partido político más organizado del Perú. 42 Este nivel de organización, permeó en las familias apristas, de tal manera que, como mencionan Pease y Romero (2013), su organización adquirió un carácter religioso. Por ello, el aprismo era, y sigue siendo, un movimiento que se replica en su organización, la que lo expande hacia las nuevas generaciones. Lo antes mencionado, se expresa entre los jóvenes entrevistados, que muestran la importancia que tienen sus familias en inculcarles el aprismo, hablarles de la historia del partido, sobre Haya de la Torre o simplemente debatir sobre política: “Participo activamente desde los 18 años, pero lo hago desde que era chibolo. Mi padre me llevaba a la base. Mi abuelo también era aprista.” – Entrevista a Alan Salinas (PAP) “Yo nací de una familia aprista, de abuelos apristas. Mi abuela fue la primera alcaldesa mujer del APRA en el Perú, entonces de ahí viene la raíz. Mis padres fueron funcionarios y mis tíos en presidentes en regiones así que siempre estuve ligada.” – Entrevista a Andrea Narvaez (PAP) “Yo tengo familia aprista por la línea de mi padre y siempre desde pequeño he escuchado del APRA y de Haya de la Torre. Tengo libros en mi biblioteca y siempre desde muy pequeño me incitaban a que yo fuera parte de las filas de su partido.” – Entrevista a Edward Chávez (PAP) De esta manera, es la influencia de la familia la que en el caso aprista promueve el interés de los jóvenes en unirse a las filas del partido. No obstante, el reconocimiento del factor ideacional permite sellar la relación con la agrupación a través de la militancia. Respecto al capital ideacional que reconocen los jóvenes apristas en su partido, el aspecto vinculado a la ideología y la doctrina tiene mayor solidez a lo largo del tiempo que el relacionado al liderazgo, especialmente con el caso de Alan García. Los jóvenes reconocen la importancia de Alan García como líder del partido y el impacto que tuvo con su regreso al país luego del gobierno de Fujimori como uno de los empujes para iniciar su vida partidaria, pero no sustentan su relación con el partido por él. 43 “A los 12 o 13 años cuando escuché la noticia de que volvía el líder del APRA, me causaba curiosidad, averiguaba y en la familia habían buenas referencias. Era dentro del entorno aprista, una emoción el saber que un líder volvía. Creo que fui contagiada por eso.” - Entrevista a Andrea Narvaez (PAP) “Al poco tiempo –de la marcha de los 4 suyos- llegó Alan y ya era el clímax. Recuerdo que la Casa del pueblo solía estar vacía, no había nadie y al mes ya no podías ni caminar en los pasillos.” - Entrevista a Jaicec Espinosa (PAP) No obstante, también son conscientes de las dificultades que representa su liderazgo, figura carismática, para el partido por los casos de corrupción denunciados en sus gobiernos o la mala experiencia económica que se vivió entre los años 1985-1990. “Era dentro del entorno aprista, una emoción el saber que un líder volvía –Alan García en el año 2001-. Creo que fui contagiada por eso. A la vez, externamente recibía cosas negativas.” – Entrevista a Andrea Narvaez (PAP) En contraste a ello, algo con lo que no experimentan reparos es la doctrina del partido. Su acercamiento a ella, especialmente la original planteada por Haya de la Torre en sus primeros trabajos, se da a través de los libros donde reconocen propuestas que se enlazan con las ideas políticas que fueron construyendo durante su juventud. “La principal razón por la que entré al partido es que hubo una profunda identificación con las ideas originales de Haya de la Torre. Él pasa por diversas etapas en su pensamiento político, pero la que me llamó la atención fue su primer libro, su primera producción.” – Entrevista a Miguel Estela (PAP) “Escogí el APRA porque a esa edad –entre 12 y 14 años- había leído mucho y había explorado el mundo de la política. Yo veía que el APRA proponía una izquierda democrática, una izquierda moderada en la cual Haya de la Torre predicaba que el aprismo es un dogmatismo antimperialista en contra de las dictaduras de izquierda y de derecha. Es una forma de hacer política mediante la concertación. Además, el APRA no es un partido de clases, sino de masas.” - Entrevista a Andrea Narvaez (PAP) 44 “Las lecturas sobre Haya de la Torre, el Antimperialismo y el APRA, creo que fueron vitales para poder entrar. Sobre todo cuando ya estaba en la pre y comencé a leer mucha más historia de lo que fue la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.” - Entrevista a Alan Salinas (PAP) Más allá de ver la ideología original aprista en base a un carácter instrumental para atraer más votantes, se debe analizar, como señala Stephen Hanson (2010) como el vínculo más fuerte de los jóvenes entrevistados con su agrupación. Esta le brinda significado a su militancia y enmarca su actuar, desde el corto al largo plazo, en una serie de ideas para transformar al Perú. 3.2. Caso del Partido Popular Cristiano, el liderazgo solitario En comparación con el PAP, el caso del Partido Popular Cristiano muestra, a través de las historias contadas por sus militantes jóvenes, una clara preponderancia por el reconocimiento del capital ideacional. Además, dentro de esta variable, es la figura de Lourdes Flores Nano la que se consolida como el gran motivo para el ingreso de nuevos militantes. La lideresa del PPC no solo es un personaje que atrae a nuevos militantes a partir de la imagen que ha proyectado en medios de comunicación o desde la comunicación política que desarrolló en sus campañas electorales. Si bien estas sirvieron de base para atraer la atención de los jóvenes, se presentan varios casos donde Lourdes en persona invita a los jóvenes a conversar, debatir e inscribirse al partido. “Yo entré al partido por invitación de Lourdes Flores. La encontré en la universidad en la que estoy y me acerqué a ella para conversar para ver qué proponía. Me cita a su oficina un día, conversamos y me convence para inscribirme en el partido (…) Yo siempre tengo mucho aprecio por ella.” – Entrevista a Gonzalo Mujica (PPC) “El principal motivo para ingresar al PPC fue Lourdes Flores Nano. Ella fue el gancho y luego ya conocí la doctrina.” – Entrevista a Alberto Aragón (PPC) 45 “Muchos podrán considerar que es un tema muy caudillista, pero creo que la imagen de Lourdes –es el motivo para ingresar al partido-. Yo siempre le digo a Lourdes, ‘yo por ti me paro de cabeza’.” – Entrevista a Fabrizio Anchorena (PPC) “Al margen de las personas que conocí o los amigos que tuve, Lourdes Flores es una persona que me gusta como persona política. Me parece una persona seria, como a mí me gustaría ser, una persona profesional, que vive su trabajo. Ahora que lo veo en retrospectiva, en ese momento admiraba mucho más que lo que ahora admiro a Lourdes Flores.” – Entrevista a Ralph Sánchez (PPC) La cercanía, la sencillez, la humildad y la capacidad de liderazgo son los elementos más importantes que los jóvenes rescatan de la personalidad de Lourdes Flores. Estas características las consideran escasas o extraordinarias en la política actual, por lo que, como señalaba Weber, colocan a Lourdes como una líder entre los jóvenes ppcistas. Si bien existen otros liderazgos medios dentro del partido, estos no son reconocidos por los jóvenes como el principal motivo de atracción para unirse. Incluso, estos liderazgos como el de Pablo Secada, Alberto Beingolea o Marisol Pérez-Tello son vistos como más cercanos a su generación. Si bien son respetados y se reconocen aspectos positivos en ellos, no logran acercarse a la gran imagen que proyecta Lourdes Flores. Además, si bien se reconoce la situación de debilidad que experimenta el partido y en especial, el liderazgo de Lourdes Flores Nano, los jóvenes esperan que no se aleje del partido y de la vida política por completo. Con ello se confirma el nivel de personalismo que había alcanzado el PPC desde el 2001, como señalaba Puémape (2014). Otro aspecto importante, aunque no del nivel gravitante como el alcanzado por la personalidad de la lideresa, es el vínculo con la ideología del partido. Aunque los jóvenes recién conocen la ideología del PPC a profundidad una vez que ingresaron en él, se conectan con las ideas postuladas desde la fundación del partido. “Elegí el PPC porque analicé bastantes aristas. Primero la doctrina.” – Entrevista a Carlos Soria (PPC) “Fui al PPC porque mi amigo era de ahí y era secretario de juventudes, luego me fui involucrando con la doctrina, qué significa ser pepecista y me quedé porque en mi crianza, en mi vida, siempre ha estado presente no la religión, sino Dios en sí 46 como espiritualidad y la doctrina del partido se basa en las encíclicas y el fin del partido es el ser humano. O sea, hacer política para darle calidad de vida al ciudadano y eran cosas básicas para mí. Tenía mucha lógica con la vida espiritual que me habían inculcado mis padres. Fue una conexión que vi y dije es lo que quiero.” – Entrevista a Yasmín Suárez (PPC) “Primero yo llegué por Lourdes y luego me dijeron "existe el socialcristianismo" y ahora sí me considero uno.” – Entrevista a Alberto Aragón (PPC) Finalmente, los jóvenes pepecistas reconocen los problemas internos de su partido y las divisiones que llevaron a la conformación de dos sectores. Ante ello, confían en resolver este enfrentamiento y tomar la situación de crisis que atraviesan como una oportunidad de mejorar rumbo a las elecciones del 2018. Resulta interesante considerar la lejanía que sienten los jóvenes pepecistas por el liderazgo de Luis Bedoya, fundador del partido, en comparación con la cercanía de los jóvenes apristas con Haya de la Torre. Si bien se conoce quién es “el Tucán” y se aprecia su obra, al no haber generado una doctrina propia, no se le asocia con los cimientos del partido y la doctrina. Además, hasta cierto punto, la alta cercanía de Lourdes Flores con los jóvenes militantes y su constante participación en campañas durante todo el siglo XXI, podría haber eclipsado a la figura del líder fundador. 3.3. Caso de Acción Popular, entre la tradición y la oportunidad El tercer caso es muy particular ya que el vínculo de la juventud con Acción Popular no se sustenta en el reconocimiento de un capital organizacional fuerte, sino en la ausencia de este; sumado al reconocimiento de un capital ideacional representado en la trayectoria del partido y la figura de Fernando Belaúnde Terry. En primer lugar, algunos jóvenes ven que en el partido no existían otros jóvenes hasta hace algunos años, lo que se presenta como una oportunidad para participar activamente en un partido donde ellos podrían, en el corto plazo, liderar. 47 “Lo que pasa es que no había jóvenes y con toda la historia que me contaron eso fue lo que más me motivó a decir "ah no, si hubo un frente de juventudes, por qué ahora no puede haber otro". Las ganas de hacer y poder formar otro frente. Acá me tengo que quedar.” – Entrevista a Kelly Castillo (AP) Otro aspecto importante es la apertura de parte de los líderes del partido político para que ingresen a militar jóvenes debido a la ausencia de este colectivo con el paso de los años y por la potencial ausencia de grandes personalidades carismáticas posteriores a Fernando Belaúnde o Valentín Paniagua, en menor medida. “Llegué en un día de reuniones de casualidad. Me vieron y me preguntaron ‘¿tú eres joven? Pasa, ven siéntate’. Me senté atrás cuando no militaba. A la tercera reunión, antes de ingresar a la reunión, decidí inscribirme” – Entrevista a Isabel Sánchez (AP) En segundo lugar, el reconocimiento de la ideología sumada a la tradición accionpopulista, fueron grandes elementos de atracción reconocidos por los jóvenes. Si bien, no se llega a niveles de filiación con la doctrina desde niveles familiares como en el Partido Aprista, sí se reconoce la labor y propuesta desarrollada por el partido desde sus orígenes. “Yo siempre me considero una persona progresista, de centro. Mi análisis de la realidad social me indicaba que Acción Popular, en los sesenta representaba eso, que es lo que me interesa rescatar. Es el partido que tiene más claro eso.” – Entrevista a Javier Aguilar (AP) “Su ideología. Los puntos ideológicos de nuestra vida tienen que ver con el incanato (…) y eso es lo que AP visualiza en su ideología, el Perú como doctrina” – Entrevista a Isabel Sánchez (AP) Precisamente, se descubre que el vínculo con la doctrina accionpopulista se genera desde el joven y no desde el partido, cuando algunos jóvenes mencionan que sus padres 48 o abuelos estaban relacionados al partido; sin embargo, en sus familias nunca se hablaba del tema a profundidad. “De hecho comencé a hurgar entre mi familia y mi mamá había sido de AP, mi abuelo es accionpopulista de antaño, ha sido alcalde de La Merced. Ahí me di cuenta que he tenido familia metida, pero te das cuenta que no lo conversaste nunca.” – Entrevista a Fabio Trujillo (AP) Finalmente, es importante resaltar la visión positiva que tiene la ciudadanía respecto al partido o la asociación con los valores que se le atribuyen a Fernando Belaúnde como la humildad, la apertura (desde el centro) y la honradez. En cierta medida, el capital del líder fundador se mantiene en el tiempo y continúa beneficiando al partido que se le considera limpio: “Es un partido que no te genera estigmas” - Entrevista a Javier Aguilar (AP) 49 CONCLUSIONES En la presente investigación se buscó conocer los motivos que llevan a un grupo de jóvenes a inscribirse y militar en estos partidos políticos cuyas dinámicas, como se ha visto, representan momentos fundamentales para el desarrollo político del Perú durante el siglo XX. Estos partidos políticos conformaron un sistema de partidos en los años ochenta, cuyo colapso fue ampliamente analizado. No obstante, luego del final del fujimorismo y avanzado el siglo XXI, estos partidos se han enfrentado a otros desafíos debido a sus propias debilidades y al diseño del sistema político. Por ello, el conocimiento de los motivos por los que un grupo de jóvenes decidía unirse a sus filas políticas, resulta importante para descubrir qué elementos deben potenciarse en el proceso de fortalecimiento de estos partidos políticos, para brindarle estabilidad al modelo democrático en el país. En ese sentido, la investigación plantea, en base a un grupo de entrevistas desarrolladas a jóvenes que actualmente militan en el PAP, el PPC y AP, que a pesar de las diversas historias personales es posible desarrollar un discurso base que agrupe los motivos por los que los jóvenes deciden militar en estos partidos políticos. En este, se señala que los motivos de la militancia son una combinación de dos elementos: un interés previo hacia la actividad política, impulsado por la historia personal de cada jóven, ya sea a través de formación familliar o un impulso desde el ámbito educativo (universitario); sumado al reconocimiento de aspectos positivos en los partidos políticos analizados, entendidos en en la teoría como capital político, que se conforman a partir de la influencia familiar, amical, de las campañas políticas o de los medios de comunicación. La combinación de ambos elementos permite explicar el motivo del ingreso de los jóvenes analizados a los partidos políticos, pero podría extenderse a cualquier otro militante voluntario de cualquier partido político, si no se consideran los elementos particulares de reconocimiento (capital político) que diferencian a los partidos políticos analizados entre sí. Como se ha desarrollado en la investigación, el capital político, por la formación histórica de los partidos, los diferencia y se ve reflejado en los elementos que los jóvenes reconocen de ellos al elegir acercarse o aceptar invitaciones para charlas y talleres, que llevaron a una posterior inscripción. 50 En el caso del Partido Aprista Peruano, el capital político reconocido por los jóvenes incluye el capital organizacional del partido, el cual ha permitido que se formen en el aprismo desde casa o encuentre en ella un vínculo con el partido. Además, se complementa con el capital ideacional a través de la estrecha relación que desarrollan los jóvenes, a través de la búsqueda de información o libros, con las ideas formadoras del aprismo planteadas por Haya de la Torre hace casi 100 años y que los impulsa a unirse a un partido que ya consideraban familiar. Respecto al Partido Popular Cristiano, se establece el claro poder de atracción que sigue representando Lourdes Flores Nano para los jóvenes que deciden inscribirse a la agrupación. No obstante, no es un vínculo lejano, sino en muchas oportunidades es una conexión directa, lo que termina por influir en la decisión de los jóvenes por unirse al partido político. Es el capital ideacional, expresado en el liderazgo carismático de Flores Nano, respecto de quien los jóvenes reconocen atributos especiales en el contexto de una situación política peruana deshonesta y llena de intereses personales. Además, en menor medida, los jóvenes también generan un vínculo con el ideario del partido, aunque se acercan seriamente a él luego del primer vínculo con la organización. Finalmente, en el caso del Partido Acción Popular, debido a un proceso de “enfriamiento político”, los jóvenes reconocen que no contaba con una juventud fuerte durante el periodo en que ellos ingresaron, por lo que el capital organizacional en su variante negativa, los atrajo a militar en el partido ya que se ofrecían más oportunidades para el desarrollo político. A ello se suma el reconocimiento del ideario accionpopulista planteado por Fernando Belaúnde, cuyas ideas y atributos son tomados por los jóvenes como elementos diferenciadores del partido que le brindan una imagen positiva a la agrupación, elemento clave tomado en cuenta para unirse a la agrupación. A partir de lo señalado, es posible resumir estos niveles de reconocimiento de los jóvenes hacia los capitales de los partidos políticos en el siguiente cuadro: 51 Cuadro 8: Reconocimiento de capital político en el PAP, PPC y AP Capital administrativo (organizacional) Capital ideacional Liderazgo carismático Ideología partidaria Partido Aprista Peruano Fuerte Medio Fuerte Partido Popular Cristiano Débil Fuerte Medio Partido Acción Popular Fuerte (en negativo) Medio Medio Fuente: Elaboración propia. De esta manera, se muestra que existe un discurso que unifica las historias de los jóvenes en los partidos políticos, sin dejar de considerar las oportunidades y limitaciones de sus historias personales. No obstante, fue posible encontrar elementos comunes para los jóvenes de los tres partidos: una convergencia entre interés previo hacia la política y el reconocimiento de aspectos positivos en los partidos estudiados, lo que posteriormente influyó en los jóvenes para unirse a la organización. Por ello se confirma la hipótesis planteada en el inicio de la investigación. Sin embargo, la investigación ha demostrado que los capitales políticos reconocidos por los jóvenes varían de partido en partido, lo que constituyen elementos diferenciadores claros, determinados por la imagen que proyectan y su historia política, que permite realizar un análisis comparado de los casos. Debemos considerar que conociendo los motivos por los que los jóvenes se interesan en los partidos políticos y militan en ellos, se pueden desarrollar propuestas de trabajo conjunto con las agrupaciones cuya finalidad sea potenciar estos capitales políticos y buscar atraer a más jóvenes con perfiles similares, interesados en la actividad política y con planes de continuar en el proceso de convertirse en políticos de carrera, considerando que estos jóvenes serán los líderes partidarios u ocuparán cargos políticos de importancia en un corto plazo. 52 BIBLIOGRAFÍA ABELLÁN, Joaquín 2012 Sociología del poder: los tipos de dominación / Max Weber. Madrid: Alianza. ASÚN, Rodrigo 2006 “A contracorriente: La participación política juvenil en los tiempos de la despolitización” en Revista Observatorio de Juventud, Participación política juvenil: dilemas y tensiones actuales. Chile: Instituto Nacional de la Juventud de Chile. 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Lima: Institutos de Estudios Peruanos. 59 ANEXOS Guía de entrevistas Fecha Grupo Numeración 1. ¿A qué partido político perteneces? 2. ¿Cuánto tiempo llevas vinculado al partido? 3. Indica si has participado en alguna de las siguientes asociaciones Sí, actualmente Sí, antes de ingresar al partido Nunca Agrupaciones culturales organizaciones estudiantiles Actividades de voluntariado o beneficencia organizaciones medioambientales organizaciones de derechos humanos grupos religiosos o de espiritualidad organizaciones sindicales o gremiales 4. ¿Cómo ingresaste a tu partido? - invitado por un militante del partido - invitado por familiares - invitado por amigos - por interés propio - Otra 1. ¿Cuál fue la principal motivación que tuviste para ingresar a tu partido político? 2. ¿Cuál fue tu relación previa con el partido político? - familia - amigos - líder - círculos sociales 3. ¿Cuáles de las siguientes situaciones ocurrían en tu familia de origen, durante tu infancia o adolescencia? Sí No Había interés por los temas políticos Conocían militantes de los partidos políticos Alguien pertenecía a algún partido político Alguien ocupaba puestos de dirección en partidos políticos Alguien fue elegido concejal, alcalde o congresista Alguien participaba en organizaciones sociales 60 4. ¿Conocías algunos militantes antes de ingresar al partido? - Familiares - en el barrio - en el colegio - en la universidad - en el trabajo - en organizaciones sociales - en otro contexto - no conocías militantes 5. ¿Has participado de la juventud de tu partido? - Sí, actualmente - Sí, anteriormente - Nunca 6. ¿Conocías la ideología del partido político? ¿Te informaste sobre ella antes de inscribirte? 7. ¿Cómo te defines políticamente? 8. ¿Cómo ves la política? ¿La política peruana? 9. ¿Qué grado de acuerdo tienes con las siguientes afirmaciones? Muy de acuerdo Hasta cierto punto de acuerdo Más bien en desacuerdo Nada de acuerdo No sabe / no opina La política es una profesión Los líderes del partido generalmente escuchan a los militantes jóvenes El hecho de ser militante me permite aprender cosas Los debates dentro del partido generalmente son interesantes Los miembros del partido de más edad no tienen muy en cuenta o no respetan a los miembros más jóvenes Pertenecer a un partido ayuda a obtener un puesto en la administración pública Hombres y mujeres tienen las mismas oportunidades dentro del partido 10. ¿Cuánto crees que logras como militante del partido en los siguientes aspectos? Mucho Poco Nada La satisfacción de influir en la política del país Prestigio y estatus El privilegio de conocer gente interesante Oportunidades laborales fuera del partido Oportunidades laborales dentro del partido La oportunidad de convertirte en un político de carrera Participar en algunos debates interesantes La impresión de que tu vida tiene más sentido La impresión de que ayudas a otros / mejorar la 61 sociedad La impresión de que eres un buen ciudadano Formar parte de un grupo de amigos 62 Lista de entrevistados por partido político N Partido Político Nombre completo Fecha de entrevista 1 PPC Carlos Soria Peña 31/10/15 2 PPC Fabrizio Anchorena 14/1/16 3 PPC Mayra Canchucaja 28/1/16 4 PPC Miguel Bernales 05/3/16 5 PPC Gonzalo Mujica 21/4/16 6 PPC Alberto Aragón 21/4/16 7 PPC Yasmín Suarez 22/4/16 8 PPC Jessica Honorio 29/4/16 9 PPC Ralph Sánchez 30/4/16 10 AP Kelly Castillo 18/1/16 11 AP Fabio Trujillo 20/1/16 12 AP Isabel Sosa 20/4/16 13 AP Javier Aguilar 21/4/16 14 AP Isa Tepsis (Sánchez) 28/4/16 15 AP Ian Guimaray 30/4/16 16 AP Víctor Muñoz 06/5/16 17 PAP Alan Salinas 13/1/16 18 PAP Andrea Narvaez 28/4/16 19 PAP Edward Chávez 30/4/16 20 PAP Jaicec Espinosa Sandoval 22/4/16 21 PAP Miguel Estela 30/4/16