FACULTAD DE LETRAS Y CIENCIAS HUMANAS APEGO Y SENSITIVIDAD MATERNA EN MADRES Y NIÑOS PREESCOLARES DEL DISTRITO DE LOS OLIVOS Proyecto de Tesis para optar por el título de Licenciada en Psicología con mención en Psicología Clínica que presenta la bachiller: DIANA ELISA DÁVILA MENDOZA Asesora: PATRICIA BÁRRIG JÓ LIMA – PERÚ 2013 AGRADECIMIENTOS Empezar esta sección ha sido lo más “difícil” de todo el proyecto de tesis, y es que no resulta sencillo poner en palabras todas las sensaciones que ocurren al pensar y recordar todo lo que ha significado este viaje, momentos pasados durante tan largo proyecto al lado de tantas personas. Personas que estuvieron de cerca, personas que estuvieron de lejos, personas que estuvieron quizás sin saber que estaban; a todos ustedes gracias por lo que hicieron en mí, por las distintas maneras en que intervinieron -a veces sin notarlo- para que ahora ya pueda llegar a la tan esperada, y por momentos inalcanzable, meta. Gracias… A Valeria, por haberme impulsado en el inicio de este gran recorrido. A Patricia, por haber sido compañera, sostén, y soporte en este viaje personal de fe dudosa. A Magaly, por su orientación, por su pasión al tema, por ser un modelo. A Anita y Miluska porque nos embarcamos en una odisea sin saber, por brindarme su tiempo y su calidad de ser humano para observar a mis mamás y sus niños a pesar de las dificultades. A Mamá, por su constancia y su fuerza, por sus canciones, por coserme vestidos, por haberme enseñado siempre con palabras. Por su tímido amor. A Papá, por sus abrazos, sus oídos, su fe para conmigo, su comprensión imperfecta. A Ángel, por su silencio confiable, sus ganas de jugar cuando niños, por haberme cuidado a su estilo, por enseñarme a dibujar casas. A Glennys, por su espontaneidad, por su disposición, su escucha, su sinceridad, su compañía. A la Pollinita, porque en este año y medio me has cambiado la vida; porque cada día que te encuentro por casa me regalas alegría con tus sonrisas, con tus bailes y saltos que también suelen hacer saltar y recomponer mi corazón de niña. A Marcia, porque lo incondicional no se compra, por ser casi hermanas. A Miri, por las conversaciones interminables, por no juzgar, por su lealtad. A Mario, por compartir temores de tramo en tramo en la difícil maratón que ya llega a su fin. A Luisa, por los jugos de fruta, por ser una guía, una palabra cálida, empatía. A La Casa de La Familia, por probarme que uno puede lograr cambiar el mundo. A Daniel, porque soy contigo, por ser juntos. A mis mamás y sus niños y niñas, que me abrieron sus puertas y me permitieron conocer momentos tan personales durante horas, momentos como la hora de comer, de hacer tareas, la hora de molestarse, la hora de jugar… ¡tan preciada en su único día de descanso del trabajo!. A sus familias, que confiaron en mí y el equipo de investigación para acogernos como parte de su hogar. Ahora cierro un “trabajo”, ahora se abre una puerta en mí. RESUMEN Tanto Bowlby como Ainsworth plantearon, en base a sus investigaciones, que una de las principales condiciones vinculadas al establecimiento del apego seguro era la sensibilidad de la figura de apego al responder al niño. Diversos estudios respaldan dicha asociación, sin embargo, en los últimos años han surgido controversias que cuestionan dichos hallazgos. En ese sentido, el presente estudio tiene como objetivo conocer si existe una relación significativa entre apego del niño y sensitividad materna en el contexto peruano, específicamente en el distrito de Los Olivos en Lima Metropolitana. Se utilizaron dos instrumentos, el Attachment Q-Set (AQS) y el Maternal Behavior for Preschooler’s Q-set (MBPQS). Los resultados sugieren que existe una relación entre apego y sensitividad, en la cual todos los aspectos involucrados en la conducta sensitiva son igual de importantes para que el niño pueda usar a la madre como una base segura, manifestando principalmente una conducta de proximidad y contacto físico con la madre. Adicionalmente, este estudio reveló cierta información sobre la relación entre el temperamento del niño y el apego, por lo que se sugieren realizar investigaciones que profundicen sobre su incidencia en el contexto peruano considerando una muestra de mayor tamaño y un mayor tiempo de observación. Palabras clave: Conducta de base segura, Sensitividad materna, Apego en preescolares. ABSTRACT Bowlby and Ainsworth raised, based on his research, that one of the main conditions linked to the establishment of secure attachment was the sensitivity of the attachment figure to respond to the child. Several studies support this association, however, in recent years there have been controversies that challenge these findings. In this sense, the present study aims to determine whether there is a significant relationship between child attachment and maternal sensitivity in the Peruvian context, specifically in Los Olivos district in Lima. Two instruments were used, the Attachment Q-Set (AQS) and the Maternal Behavior for Preschooler's Q-set (MBPQS). The results suggest that there is an association between attachment and sensitivity, in which all the aspects involved in sensitive behavior are equally important for the child to use the mother as a secure base, mainly manifesting conduct proximity and physical contact with the mother. Additionally, this study revealed some information about the relationship between the child's temperament and attachment, so it is suggested to make future research on their impact on the Peruvian context considering a larger sample size and longer time of observation. Key words: Secure base behavior, Maternal sensitivity, Preschoolers attachment. Tabla de contenidos Introducción.......................................................................................................................1 Apego madre-niño.................................................................................................1 Sensitividad materna..............................................................................................7 Apego y sensitividad..............................................................................................9 Método……………………………………………………………………………….....13 Participantes…………………………………………………………………….13 Medición……………………………………………………………………..…14 Procedimiento………………………………………………………………..…17 Resultados……………………………………………………………………………....21 Discusión……………………………………………………………………………….27 Referencias…………………………………………………………………………..…37 Anexos………………………………………………………………………………….43 Anexo A: Consentimiento informado..………….………...…..………………..44 Anexo B: Ficha de datos socio demográficos……………..……………………45 Anexo C: Confiabilidad de las dimensiones de apego y sensitividad....…….....46 Anexo D: Prueba de normalidad de los datos….……………………….…..…..46 Anexo E: Puntajes de apego y sensitividad obtenidos por cada díada…………47 Anexo F: Aspectos cualitativos de las observaciones………………………...48 1 Introducción En esta sección se presenta la revisión teórica y empírica de los dos constructos bajo estudio: apego y sensitividad materna. En primer lugar, se desarrolla la teoría del apego enfatizando el concepto de conducta de base segura, ya que éste es el marco de referencia usado para evaluar el apego entre la madre y su niño. En este mismo apartado se describe las dos formas que se han propuesto para medir el apego, cada una con sus respectivas críticas y ventajas: mediante categorías clásicas o mediante una escala continua, siendo esta última la que se empleará en la presente investigación. Luego se presenta el concepto de sensitividad materna, incluyendo su definición, las fases de la respuesta materna, y el contexto como un factor importante a tomar en cuenta al evaluar este constructo. Por último, se analizará la relación entre sensitividad materna y apego haciendo una revisión sobre los resultados hallados en investigaciones previas. Apego madre-niño Bowlby (1982) fue el autor de la teoría del apego, definiendo a éste como un sistema psicobiológico innato con el que todos nacen, el cual motiva al ser humano a buscar la proximidad con otros significativos –figuras de apego– en búsqueda de protección y soporte durante determinadas situaciones. Según esta teoría, el sistema conductual de apego partiría de una propia motivación inherente a él. Precisamente ésta es la diferencia con lo propuesto en ese momento por la teoría freudiana en relación a la dinámica entre la madre y el niño, la cual se consideraba supeditada a las gratificaciones orales y libidinales del niño (Bretherton, 1985). Desde Bowlby, muchos autores han investigado el apego, demostrándose la importancia que tiene en el estudio del desarrollo socioemocional del niño. Las investigaciones han encontrado que la calidad del apego en la infancia está asociada posteriormente al funcionamiento del niño en otras áreas, como el desarrollo cognitivo (Bretherton, 1985; Sroufe, Egeland, Carlson, Collins, y Andrew, 2005), el comportamiento social (Ainsworth et al., 1978 en Oates, 2007; Waters y Cummings, 2000), la regulación emocional (Fonagy, 2001), la autoestima (Mickelson, Kessler, y Shaver, 1997; Mikulincer, 1995) y la calidad de las relaciones íntimas y la salud mental que pueda desarrollar el niño (Feeney y Noller, 1990; Grossmann, Grossmann, y Waters, 2005; Hazan y Shaver, 1987). En general, se ha encontrado que la calidad de las 2 relaciones tempranas y las circunstancias en que se den son importantes en el desarrollo de la personalidad y de la salud mental del niño, llegando a identificarse muchas formas de trastorno psiquiátrico debido a alteraciones en el desarrollo de la conducta de apego o al fracaso de éste (Bowlby, 1977; Marrone, 2001). Según Sroufe (2005) el apego sería clave por el lugar que ocupa al inicio del desarrollo, en el origen de procesos tan complejos, formando parte directamente del desarrollo emocional y social de la persona, y constituyendo un núcleo organizador en el desarrollo, el cual se va modificando e integrando permanentemente a experiencias sucesivas. Por todas estas implicancias y repercusiones en el desarrollo humano (Bowlby, 1969), diversos estudios han explorado las condiciones antecedentes asociadas a la calidad de apego en mayor o menor medida, llegando a postular la intervención de distintas variables condicionantes, siendo algunas de éstas: el temperamento del niño, la capacidad reflexiva del cuidador, el tipo de apego adulto de la madre, y la sensitividad materna (Fonagy, 2002 y Meins et al., 2001 en Oates, 2007; Van Ijzendoorn, 1995). El concepto de apego ha ido evolucionando con el transcurso del tiempo a la par con la profundización de investigaciones. En una primera etapa Bowlby (1969) aún no tenía tan claro cómo funcionaba el sistema de apego, por esto hasta ese momento se precisaba que la meta central del sistema de apego era simplemente mantener la proximidad entre el niño y sus padres, o figuras de cuidado primarias, especialmente bajo condiciones de amenaza. Posteriormente, Bowlby mismo reformularía este planteamiento, esencialmente conductual, proponiendo que el sistema de apego tendría como meta principal el poder mantener la disponibilidad de la figura de apego (Bowlby, 1973). Finalmente a finales de los 70, Sroufe y Waters (1977) plantearon que el principal fin del sistema de apego era la búsqueda de seguridad recurriendo a una figura poderosa, el “sentirse seguro” (Main, 2000 en Galán, 2010). Ainsworth (1990 en Fonagy, 2001) añadió que esta noción de sentirse seguro debía estar en relación a la evaluación que hace el niño de la disponibilidad de la figura de apego. Es así como desde una mirada externa la meta de este sistema sería regular las conductas dirigidas a mantener la proximidad o el contacto con la figura de apego, en cambio desde la perspectiva interna y personal la meta del sistema sería sentirse seguro (Bischof, 1975). A partir de esto se plantea que el niño está biológicamente predispuesto a usar al cuidador, usualmente la madre, como una base segura para 3 explorar el ambiente, lo cual resultaría crucial para la sobrevivencia (Ainsworth, 1967; Ainsworth et al., 1978; Bowlby, 1969 en Weinfield et al., 1999). Conducta de base segura. El concepto de conducta de base segura es central dentro de la teoría del apego para que éste sea concebido como un constructo organizador a lo largo del desarrollo (Sroufe y Waters, 1977 en Waters y Cummings, 2000; Waters y Deane, 1985). Para Ainsworth (1978 en Waters y Cummings, 2000), la habilidad de usar a la figura de apego como base segura le provee al niño la confianza necesaria para explorar y dominar cualquier tipo de ambiente, confiando en la disponibilidad y respuesta del cuidador. En este sentido, el concepto inicial de base segura fue simple: el niño que usaba a su madre como base segura sería aquel que muestre un balance adecuado entre búsqueda de proximidad y conducta exploratoria. Sin embargo, no se trataba sólo de una cuestión de comparación entre las proporciones de tiempo, sino también de la calidad afectiva de la conducta de apego por sí misma durante estos momentos (Ainsworth, 1970). El desarrollo del uso de la base segura parte en un inicio de la mera familiaridad y preferencia por otra persona, la cual conduce a un prolongado periodo de adquisición y consolidación de habilidades de base segura. Posteriormente esto servirá para consolidar representaciones y expectativas de esta experiencia de base segura (Waters y Cummings, 2000). Por otro lado, Bowlby (1969/1982) sugirió que el comportamiento de base segura estaba regulado por un sistema de control que coordinaba distintos tipos de información (disponibilidad o locación de la madre), con un conjunto de objetivos definidos, primero en términos de la distancia y posteriormente en relación a la sensación de seguridad (Sroufe y Waters, 1977 en Posada et al., 1995), para iniciar las conductas de exploración y apego (llorar, sonreir, búsqueda de proximidad, búsqueda de contacto físico). Bowlby (1969/ 1982) sugiere que el sistema funciona de forma episódica, se activa al percibir peligro y se desactiva al percibir seguridad. Bretherton (1980) propone que sería mejor concebirlo como un sistema continuamente activo. En este sentido, Oliva (2004) afirma que cuando el niño se siente seguro –el sistema evalúa el ambiente como no peligroso– la atracción a la figura de apego disminuye, pero aún hay límites en la distancia con la que el niño explorará lejos de su figura de apego. En 4 cambio, cuando percibe el ambiente peligroso o algo alarmante, la meta del sistema cambiará, haciendo que el niño permanezca más próximo a la figura de apego. Es así como este sistema de control evalúa la accesibilidad que se tiene en relación al cuidador, con el fin de mantener el equilibrio entre la búsqueda de proximidad y la exploración tanto en situaciones ordinarias como en circunstancias temporales adversas (Marrone, 2011; Posada et al., 1995; Waters y Cummings, 2000). El grado de efectividad de la habilidad del niño para usar al cuidador como base segura puede ser distinta en cada díada cuidador-niño (Ainsworth et al., 1971 en Waters y Deane, 1985). Estas variaciones dan cuenta de las diferencias individuales en cuanto a la calidad del apego que se da en cada relación (Weinfield, Sroufe, Egeland y Carlson, 1995). Así también hay que tomar en cuenta las diferencias en relación al factor evolutivo, pues las manifestaciones externas del apego cambiarán a lo largo del desarrollo (Galán, 2010). Tipos de medición del apego: Categorial versus continua. En base a sus primeros estudios en contextos naturalistas, Ainsworth planteó que existían diferencias en la habilidad del niño para usar al adulto como base segura. A partir de estas diferencias particulares que se daban en cada díada, Ainsworth y colegas (1978) identificaron tres patrones tradicionales de organización del apego empleando la Situación Extraña, un procedimiento desarrollado para examinar la interacción madre- niño y la capacidad de exploración del niño en condiciones de laboratorio en siete episodios de reunión y separación (Fraley y Spieker, 2003). A partir de las observaciones de las respuestas de los niños en este procedimiento, se establecieron tres categorías o tipos de apego: a) Niños con apego seguro, quienes podían explorar cómodamente el ambiente y ante sentimientos de angustia buscaban que sus madres los reconforten. b) Niños clasificados con apego evitativo, quienes solían alejarse de sus madres, evitaban la mirada de ésta y se distraían con juguetes cercanos ignorando los intentos de sus madres por restablecer la comunicación. c) Niños clasificados con apego resistente o ambivalente, quienes se mostraban menos cómodos explorando el ambiente y solían mantener un contacto cercano con sus madres durante todo el procedimiento. Cuando sus madres trataban de 5 calmarlos ellos mostraban una combinación de fastidio e interés por seguir manteniendo el contacto (Fraley y Spieker, 2003). Posteriormente, a principios de los 80, Mary Main identificó un cuarto patrón de apego al que denominó “desorganizado/desorientado” (Main y Hesse, 2000 en Galán, 2010). Niños incluidos en este patrón mostraban una serie de conductas confusas y contradictorias ante la madre, con llantos inesperados, posturas rígidas y extrañas o movimientos estereotipados (Main y Solomon, 1986 en Oliva, 2004). Si bien la clasificación del apego por categorías ha sido la que más se ha empleado en el campo de la investigación, existen algunos errores y desventajas en esta forma de medición del apego. Bowlby (1988) señaló uno de estos probables errores al afirmar que estas categorías podrían prestarse a entender como una clasificación de personalidad y no como lo que realmente indican: modos en los que el niño se encuentra vinculado a otro significativo. Es en ese sentido que algunos autores afirman que el apego tiene un carácter dinámico y contextual, que debe ser entendido en términos de estrategias de adaptación más que como características del individuo (Galán, 2010). Por ejemplo, Waters y Deane (1985) critican esta clasificación afirmando que las etiquetas no proveen información clara que hagan referencia al comportamiento concreto del niño, sino que se plantean como términos intercambiables que reemplazan a éste. Otra crítica es que la Situación Extraña no permite tener en cuenta el factor evolutivo. Dado que la manifestación de las estrategias de apego cambia conforme el niño crece, la descripción que aporta la Situación Extraña en cuanto a conductas visibles, no sería la más adecuada para registrar cambios en el apego durante el desarrollo (Waters y Deane, 1985). Una tercera crítica es que la Situación Extraña se enfoca en un aspecto limitado del fenómeno de base segura: sólo presta atención a la conducta de proximidad en condiciones que propician que el sistema esté altamente activado, dejando de lado la conducta de exploración, la cual debe darse bajo condiciones donde el sistema de alerta no se encuentre altamente activado (Seifer y Schiller, 1995). Por todas estas críticas es que se ha propuesto un cambio de paradigma en la forma de evaluar el apego: en vez de tomar un modelo categorial, como lo hace la Situación Extraña, se propone que es más útil medir el apego mediante un modelo dimensional (Fraley y Spieker, 2003). Esta aproximación busca los componentes comunes que engloban la categoría tradicional de seguridad y los dimensionan 6 cuantitativamente (Martinez y Santelices, 2005). De esta manera, los niños son ordenados de acuerdo a su posición dentro de un continuo de seguridad-inseguridad (Hazan y Shaver, 1987 en Martinez y Santelices, 2005; Fraley y Spieker, 2003). Una de las ventajas de poder medir el factor seguridad en un continuo es la minimización de la pérdida de información que se obtiene (Bartholomew y Shaver, 1998; Fraley y Waller, 1998 en Martinez y Santelices, 2005). Al no tener que etiquetar al niño con apego “seguro” o “inseguro” se incluye información importante sobre comportamientos semejantes y diferentes entre cada grupo (Waters, 1996). Capturar estas diferencias es un aporte importante del Attachment Q-set (AQS), uno de los instrumentos planteados bajo esta perspectiva, el cual fue desarrollado para darle una estructura a las observaciones del comportamiento de base segura, y así ayudar a formalizar la definición y la cuantificación de las diferencias individuales en relación a este (Waters, 2002). Otra ventaja de este tipo de medición continua es que se ha visto que entregan gran simplicidad para resumir con pocos puntajes todo un comportamiento de apego de un individuo, sin confundirlo con etiquetas de rasgos de personalidad como sucedía con las categorías tradicionales (Bartholomew y Shaver, 1998; Griffin y Bartholomew, 1994 en Martinez y Santelices, 2005). Por último, otra ventaja que se tiene con esta metodología es que se toma en cuenta el repertorio completo de conductas de base segura, atendiendo a un amplio rango de conductas de exploración y proximidad, aunque con menor grado de especificidad (Seifer y Schiller, 1995). Dichas conductas de base segura se dan en relación a un adulto, principalmente la madre, por lo que las observaciones de las conductas de apego en el hogar (particularmente las que propone el AQS) dan cuenta de las interacciones madre-hijo. Por esto es necesario a continuación, revisar el concepto de sensitividad materna. La inclusión y estudio de este constructo es relevante pues es un factor potencialmente modificable para realizar intervenciones en beneficio de la calidad de la relación de apego (Bretherton, 1985). Sensitividad Materna Como lo señalan Meins, Fernyhough, Fradley y Tuckey (2001) inicialmente existió una gran dificultad para la comprensión precisa de la definición de sensitividad materna, debido probablemente a confusiones que generó la naturaleza general de la 7 escala de sensitividad que propuso Ainsworth et al. (1971/1974). Esto trajo como consecuencia que en algunas investigaciones posteriores, sobre conductas parentales y apego, se haya equiparado el concepto de sensitividad materna a los conceptos de responsividad materna, competencia materna, frecuencia en el contacto físico, o actitud parental positiva (De Wolff y Van Ijzendoorn, 1997). Pese a esto, dentro de la teoría del apego, se ha mantenido la definición planteada por Ainsworth et al. (1974, en Vereijken, Riksen-Walraven, y Kondo- Ikemura, 1997) como la más precisa y aceptada, aún en la actualidad, la cual refiere que la sensitividad materna es la habilidad de la madre para percibir e interpretar de forma acertada las señales del comportamiento del niño, para luego poder responder de forma apropiada y rápida a éstas. De esta manera, cuatro fases estarían incluidas en el proceso de respuesta materna sensitiva: percibir la señal del niño, interpretar la señal correctamente, seleccionar una respuesta apropiada, y poner ésta en práctica. Cualquier falla en una de estas etapas podría resultar en un cuidado no sensitivo hacia el niño (van den Boom, 1994). Según Ainsworth et al. (1969) la capacidad de la madre para percibir las señales emitidas por el niño estaría sujeta a dos factores. Por un lado, a la disposición materna para atender o desatender las señales del niño, y por otro, a la sensibilidad propia que posee la madre para percibir las señales emitidas por el niño. Luego de detectada la señal del niño, la madre tendría que interpretarla de forma adecuada, por lo que sería necesario que los contenidos mentales propios no distorsionen el mensaje emitido por el niño (Ainsworth et al., 1978). Por su parte, Belsky señala que un cuidador sensible y capaz de reaccionar oportunamente es aquel que ve el mundo desde la perspectiva del niño y procura satisfacer las necesidades del mismo reconociéndolo como un ser humano con su propia individualidad y sus propias necesidades (Belsky, 1991 en Oates, 2007; Marrone, 2001). En ese sentido, la capacidad empática de la madre se torna sumamente importante puesto que le permite interpretar las señales tomando en cuenta la posición personal del niño (Ainsworth et al., 1978). Es necesario señalar aquí la distinción entre respuesta empática y respuesta sensible. La primera implica la identificación con el estado mental del niño, mientras que la segunda implica alguna negociación interna entre el estado momentáneo de sentir como el niño y la habilidad de reaccionar como un ser humano separado (Marrone, 2001). 8 Ainsworth et al. (1978) también mencionó que la respuesta emitida por la madre, tenía que darse bajo dos condiciones. En primer lugar, la respuesta materna tenía que ser adecuada para satisfacer y resolver las necesidades tanto físicas como afectivas del niño, y en segundo lugar, tenía que emitirse con una latencia suficientemente reducida como para que el niño establezca una relación de contingencia entre su mensaje y la respuesta de la madre (Ainsworth et al., 1978). Precisamente la sincronicidad entre ambas conductas es lo que caracteriza la respuesta de sensitividad materna a diferencia de la mera responsividad (Nievar y Becker, 2008). Esta sincronicidad permitirá que el niño pueda predecir la conducta materna, desarrollando posteriormente expectativas respecto a la misma (Sullivan, 1993 citado en Shin, Park, Ryu y Seomun, 2008) lo cual le dará mayor confianza para el desarrollo de interacciones posteriores (Ainsworth et al., 1978). Es importante tomar en cuenta que la forma en que se dé este proceso de percepción, interpretación de las señales y emisión de una respuesta va a verse influido por los cambios evolutivos del niño y por factores contextuales (Clinton, 1996; Pianta, Sroufe y Egeland, 1989). El comportamiento de sensitividad materna no ocurre totalmente aislado, sino que involucra prestar atención a las señales del niño dentro de un contexto en el que se requiere atender a otros eventos de la vida diaria, viéndose influenciado por las presiones del contexto social en general (Pederson, Moran, Sitko, Campbell, Ghesquire y Acton, 1990). Además, otros factores que pueden influir en la capacidad sensitiva de la madre es el grado de instrucción alcanzado y el apoyo o soporte social con el que cuenta. Algunas investigaciones han planteado que aquellas madres que han alcanzado un mayor grado educativo cuentan con más recursos cognitivos para desplegar una respuesta sensitiva (Barrig, 2004). En cuanto al soporte social, Marra, McCarthy, Lin, Ford y Frisman (2009) afirman que este se asocia a afectos positivos en la madre y en las interacciones que ella tenga con sus hijos; de manera que cuando la madre cuenta con un soporte adecuado, percibe un menor número de factores estresores, lo cual facilita su capacidad para manejar al niño (Shin., et al. 2008). Se podría suponer que en el modelo ideal de relación madre-niño lo esperado sería que la madre tenga una respuesta materna de 100%. Sin embargo, estudios demuestran que la relación ideal que contribuye a desarrollar un apego seguro en el niño no se basa en una máxima respuesta materna, sino en niveles intermedios de interacción que benefician al niño (Belsky, Rovine y Taylor, 1984 en van den Boom, 1994). De 9 esta manera, esta hipotética respuesta materna máxima solo se podría esperar en estudios de laboratorio donde no hay elementos externos que distraigan a la madre, encubriendo así diferencias individuales que son importantes y que sólo se podrían registrar en contextos naturalísticos (Pederson et al., 1990; Van den Boom, 1994). Es por esto que en los últimos años diversos estudios han optado por observaciones en casa frente a observaciones en contextos de laboratorio (Vereijken et al., 1997; Posada, Carbonell, Alzate, y Plata, 2004; Pederson, Gleason, Moran, y Bento, 1998). Apego y Sensitividad Desde sus inicios, Bowlby (1969 en Cano y Gutiérrez, 2002) planteó que una de las principales condiciones vinculadas al establecimiento del apego seguro era la sensibilidad de la figura de apego al responder a las señales del niño. Ainsworth y sus colegas (1978 en Waters y Deane, 1985), respaldaron esta propuesta basándose en observaciones en casa durante meses del comportamiento de madres e hijos, las cuales demostraron una asociación entre la sensitividad materna durante el primer año de vida y la subsecuente organización del comportamiento de apego del niño. Esta autora explicaba este fenómeno afirmando que un grado de reacción y respuesta adecuada por parte del adulto, repercute en el nivel de confianza que el niño tiene para con él, lo cual tiene como resultado relaciones de apego seguras. En cambio, cuando el cuidador tiene una respuesta inconsistente o se comporta de manera inapropiada, la confianza que el niño deposita en él es mínima y el resultado es una relación de apego insegura (Ainsworth et al., 1978). Varios estudios han respaldado dicha asociación al encontrar resultados similares (Schaffer y Emerson 1964 en Oliva, 2004; Belsky, Rovine y Taylor, 1984; Vereijken, Riksen-Walraven y Kondo-Ikemura, 1997; Isabella, 1993; Main, 1990; Van IJzendoorn, Juffer, y Duyvesteyn, 1995). Sin embargo, en los últimos años han surgido controversias que cuestionan esta relación causal entre sensitividad materna y apego seguro. Algunas investigaciones (Goldsmith y Alansky, 1987; Schneider-Rosen y Rothbaum, 1993; Crockenberg, 1981; Grossmann, Grossmann, Spangler, Suess, y Unzner, 1985) han caracterizado estas evidencias como inconsistentes afirmando que, según los resultados que encontraron, el poder predictor de la sensitividad materna sólo sería significativo en términos estadísticos, más no a nivel práctico y teórico, lo cual sugiere que la relación entre ambos constructos sería bastante débil. 10 Las probables razones por la que dichos estudios hayan encontrado asociaciones débiles entre ambos constructos pueden estar en relación a limitaciones metodológicas en la replicación de los estudios. Así, en algunas ocasiones los estudios han contado con observaciones en casa, mientras que otros han empleado la observación en situaciones de laboratorio (Frodi, Grolnick, y Bridges, 1985 en De Wolff y Van Ijzendoorn, 1997). El contexto en el que se realiza la observación es importante pues, como Ainsworth et al. (1978 en Pederson et al., 1990) señalan, se presentarán variaciones en la sensitividad registrada en ambientes de laboratorio a comparación de la registrada en observaciones en el hogar, siendo estas las que más se acercan a la relación real de la díada. Otro factor relacionado a limitaciones metodológicas sería la cantidad de tiempo de la que se ha dispuesto para observar la dinámica madre-niño, llegando en algunos casos a contar con una única observación en casa (De Wolff y Van Ijzendoorn, 1997). Posada et al. (2004) afirma que contar con observaciones más duraderas, nos permite registrar una asociación más real entre las variables. Por otro lado, el concepto de sensitividad, en aquellos estudios que encuentran una relación débil entre este constructo y apego, no es precisamente el mismo que propuso Ainsworth, pues evalúan la sensitividad partiendo solo de algunos de sus componentes, como: actitud parental positiva, la frecuencia del contacto físico o la frecuencia de respuesta de la madre (Kerns, y Barth, 1995 en De Wolff y Van Ijzendoorn, 1997). Estas diferencias en la forma de concebir el concepto de sensitividad estarían influyendo en la replicación de los resultados, mientras que estudios diseñados acorde al concepto planteado por Ainsworth sí habrían alcanzado resultados más parecidos a los encontrados por esta autora. En los último años, los estudios que han medido la relación, entre sensitividad y apego, de manera más fiel a la realidad han sido aquellos que han empleado la metodología Q-sort (Attachment Q-Set y Materna Behavioral Q-Set) encontrando en su mayoría, correlaciones moderadas entre ambos constructos (Bretherton et al., 1989; Blicharski y Verissimo, 1992; Pederson et al., 1990; Pederson et al., 1992; Vereijken, Riksen-Walraven y Kondo-Ikemura, 1997; Posada, Jacobs, Carbonell, Alzate, Bustamante, y Arenas, 1999; Posada, Carbonell, Alzate, y Plata, 2004) siempre y cuando las observaciones sean calificadas por expertos entrenados y no sólo por la misma madre del niño. 11 Estos hallazgos, utilizando la metodología Q-sort, han sido replicados en países asiáticos (Vereijken et al., 1997) reportando una fuerte correlación entre sensitividad materna y niños con conductas de base segura. Esto también ha ocurrido en los pocos estudios que se han realizado en Latinoamérica, en particular con población colombiana (Posada, et al., 1999; Posada, 2004), lo cual le da mayor validez y universalidad al constructo. Se podría especular que los resultados hallados con la metodología Q-sort tienden a encontrar una asociación más significativa pues precisamente no incurre en los errores que presentan otras investigaciones previamente ya mencionadas. Al medir el apego con el AQS, y sensitividad con el MBQS, se toma en cuenta el factor contextual al realizar las observaciones en el hogar, el concepto original de sensitividad planteado por Ainsworth, y la amplitud de conductas observadas en un tiempo suficientemente prolongado. Estudios de intervención analizados en el meta análisis elaborado por Van IJzendoorn, Juffer, y Duyvesteyn (1995) también proporcionan mayor evidencia en favor de la hipótesis causal entre sensitividad materna y apego seguro en el niño. Aquí se encontró que intervenciones exitosas dirigidas a incrementar la sensitividad materna, también incrementaron el apego seguro en sus niños, demostrando así una correlación alta entre ambos constructos. Además esto también ha sido comprobado en un estudio de intervención realizado en Latinoamérica con población chilena, obteniendo el mismo resultado (Ortiz, Borré, Carrillo, y Gutierrez, 2006). Lamentablemente en la actualidad solo existe una investigación que dé cuenta de la relación de apego y sensitividad materna en nuestro medio (Nóblega, 2012). Esto es bastante sorprendente dada la importancia que tienen ambos constructos en el desarrollo humano. Por ende, el principal propósito de este trabajo es identificar si la relación entre sensitividad materna y apego ocurre en el contexto peruano de la misma manera en que se ha encontrado en otros contextos. Se considera importante, además, observar cuáles son las relaciones específicas que se dan entre los distintos componentes del apego y los componentes de sensitividad, así como también las posibles asociaciones que estos dos constructos tienen con otras variables sociodemográficas de importancia tales como el apoyo social de la familia, y el grado de instrucción de la madre. Para lograr esto se emplearán las condiciones metodológicas óptimas, en la medida de lo posible, para registrar la verdadera relación entre apego y sensitividad. De esta manera 12 aprovecharemos la información acumulada por estudios previos en este campo, para así corregir fallas metodológicas, como: la ausencia del factor contextual al realizar las observaciones, la dificultad para establecer el concepto original de sensitividad, y el mínimo tiempo de observación con el que se contaba. Partiendo de la teoría propuesta por Ainsworth sobre la relación entre apego y sensitividad, y contando con un procedimiento metodológico adecuado, que toma en cuenta las fallas de estudios previos ya mencionados, se espera encontrar una relación positiva entre ambos constructos. Además, al explorar la relación que existe entre sensitividad y apego en nuestro medio se tendrían argumentos válidos para trabajar, si este es el caso, en intervenciones preventivas sobre la sensitividad parental, siendo este uno de los pocos factores potencialmente modificables que están a nuestro alcance. En este sentido Gomez, Muzzio, Muñoz, y Santelices (2008) señalan que las intervenciones más efectivas serían aquellas que buscan mejorar la sensitividad parental, a diferencia de aquellas centradas en la promoción directa de la seguridad en el apego del niño, pues es menos complicado modificar patrones de interacción que el estilo de apego propiamente de los niños o los modelos de trabajo interno de los cuidadores. Este estudio también aportará evidencia para la validez del constructo de apego, demostrando en nuestra realidad si éste se relaciona consistentemente con la variable sensitividad, como lo ha propuesto la teoría vigente y las investigaciones previas realizadas en otras realidades, o si se comporta de otra manera. 13 Método Participantes La muestra estuvo conformada por 10 díadas madre-niño, de NSE medio, pertenecientes al distrito de Los Olivos. El rango de edad de las madres fluctúa entre los 22 y 35 años de edad, mientras que el rango de edad de los niños estuvo entre 37 meses y 46 meses (madres M = 29.5; D.E. = 4.43, niños M = 43.5; D.E. = 3.50). Los niños fueron en su mayoría mujeres (60%). El contacto con las madres se logró a través de los nidos en los que estudiaban los niños. Primero se les explicó a las personas encargadas de los nidos de qué se trataba el estudio, solicitándoles enviar un comunicado por escrito a las madres, o tener una presentación personal en alguna reunión de padres de familia, con el fin de informarles el propósito del estudio y así poder responder si les interesaba participar en éste. Una vez que se identificaron quiénes eran estas madres, se prosiguió a hacer el contacto directamente con ellas para explicarles las fases y el procedimiento del estudio de forma más detallada. Luego de esto se coordinaron los horarios de los encuentros que tendríamos. En el primer encuentro se les entregó el consentimiento informado comunicándoles las consideraciones éticas que se tomarían en cuenta. Al finalizar se procedió a completar junto con ellas una ficha de datos para registrar variables socio- demográficas de la díada, las cuales se utilizaron como criterios de inclusión. Para la selección de las 10 madres y sus hijos se tomó en cuenta que vivieran en el distrito de Los Olivos y que la edad del niño fuera entre 3 a 4 años. Además, se recogió información con respecto a la edad de la madre, estado civil, grado de instrucción de la madre, ocupación actual, número de hijos, y personas con las que vive actualmente. En esta ficha también se buscó registrar algunos aspectos del apoyo familiar percibido por la madre en relación a los cuidados que necesita su hijo(a). Por último, se incluyeron algunas preguntas generales sobre la historia clínica del niño, para evaluar si se había tenido algún tipo de problema mayor a nivel físico o psíquico en su desarrollo. Cabe señalar que el número reducido de participantes en el estudio (n= 10), responde al tiempo que demanda llevar a cabo las observaciones correspondientes para cada una de las díadas. En relación a las características de las madres que conforman la muestra, se encontró que las madres presentaban distintos grados de instrucción, desde secundaria completa (20%), superior técnica incompleta (10%), superior universitaria incompleta 14 (50%) hasta superior universitaria completa (20%). El estado civil de 60% de las participantes eran casadas, 10% convivientes y 30% solteras. En cuanto al número de hijos, el 60% de las familias tienen más de un hijo, siendo como máximo tres niños por familia. Además la mayoría de las madres trabajan fuera de casa medio tiempo o más, por lo que el cuidado del niño(a) es compartido por más de una persona en el 70% de los casos. Al margen de este apoyo concreto que las madres tienen por parte de su pareja o familia, solo el 50% de ellas manifestó sentirse realmente apoyada por la pareja/familia en relación al cuidado que necesita su hijo(a). Medición Para la confiabilidad del presente estudio se contó con tres observadoras, quienes fueron capacitadas en el procedimiento Q-sort por expertos en la metodología del AQS y el MBPQS, durante ocho sesiones alrededor de tres horas cada una. En la primera cita, luego de haber firmado el consentimiento con las participantes, se procedió a la primera observación. Durante esta hora de observación se observaron tanto la conducta de apego como la de sensitividad, dos de los observadores prestaron atención a las conductas de apego y el tercer observador prestó atención a las conductas de sensitividad. Al finalizar esta hora cada observador realizó una calificación de la variable que observó. En la segunda cita la observación y la calificación se realizaron de la misma manera, sólo que aquellos observadores que prestaron atención a las conductas de apego en la primera sesión, ahora observaron las conductas de sensitividad, y el tercer observador que calificó conductas de sensitividad en la primera sesión ahora prestó atención a las conductas de apego. Las calificaciones de ambos observadores fueron correlacionadas obteniéndose una confiabilidad interobservador dentro de una rango de .72 a .86. Posteriormente se identificaron los ítems en los que había alta discrepancia entre ambas calificaciones (diferencia de más de 3 puntos), los cuales fueron discutidos por ambas observadoras llegando luego a un consenso respecto a su puntuación. A calificación de la tercera observadora fue independiente. Conducta de base segura de apego. Para evaluar la conducta de base segura de apego se usó la versión 3.0 del Attachment Q-Set (AQS) de Waters (1995). El AQS fue elaborado inicialmente por Waters y Deane (1985) como un instrumento de calificación 15 observacional que consta de 90 tarjetas, conteniendo cada una un ítem o enunciado, los cuales en conjunto describen el comportamiento de apego del niño en interacción con su madre. Estas tarjetas son ordenadas por el observador obteniendo una distribución rectangular de los ítems, los cuales deben ser organizados inicialmente en 3 grupos, para luego ser nuevamente divididos en 9 subgrupos de 10 ítems cada uno, teniendo como resultado una escala que va desde lo “más característico” del niño (calificación 9) a lo “menos característico” (calificación 1). Dicha distribución conforma el perfil comportamental del niño en condiciones habituales del hogar, el cual se correlaciona con el perfil comportamental del “prototipo de niño seguro”, resultando un score de seguridad. Además de obtener este puntaje general de seguridad, los enunciados componen cuatro sub-escalas específicas, las cuales incluyen el comportamiento del niño en relación a la conducta de base segura, el comportamiento del niño cuando interactúa con la madre, y el comportamiento del niño en relación a otros adultos (Posada, Waters, Crowell y Lay, 1995). La primera sub-escala, Calidez en las interacciones con la madre (n=17) se refiere a la buena disposición del niño, según su tono emocional, para interactuar con la madre, incluyendo en cierta medida aspectos de obediencia (p.e. el ítem 1: El niño comparte objetos con su mamá fácilmente o deja que la mamá coja cosas que él está usando si ella se las pide. Contrario: Se niega a compartir). La segunda sub-escala, Búsqueda de proximidad a la madre (n=13) se refiere al grado de cercanía y a la ubicación espacial que el niño tiene para con su madre, estando pendiente de ésta y regresando a ella ocasionalmente, sobre todo en momentos en que se siente alterado, aburrido o necesita de su ayuda (p.e. el ítem 21: Cuando el niño juega en la casa, está pendiente de la localización de su mamá. La llama de vez en cuando; pone atención cuando ella cambia de sitio o de actividad. Contrario: No está pendiente de la mamá). La tercera sub-escala, Placer en el contacto físico con la madre (n=7) se refiere a si el niño disfruta el contacto físico con su madre o si al entrar en contacto con ella se tranquiliza (p.e. el ítem 44: El niño pide y disfruta cuando la mamá lo alza, abraza o “arrulla”. Contrario: No desea esto especialmente. Lo tolera pero no lo busca; o se mueve y trata de escurrirse para que lo bajen). Finalmente, la cuarta sub-escala, Interacción con otros adultos (n=13) se refiere a la disposición del niño para interactuar, compartir, y disfrutar la interacción con adultos que visiten el hogar, 16 tomando en cuenta que dichas interacciones pueden ser medíadas en algunos casos por la madre, quien lo alienta y le da soporte (p.e. el ítem 15: Si la mamá le pide, el niño está dispuesto a hablar con gente nueva, a mostrarles juguetes o lo que él puede hacer). La confiabilidad del instrumento original se ha registrado en diferentes estudios (Park y Waters, 1989; Pederson y Moran, 1995; Vaughn y Waters, 1990; Waters y Deane, 1985). La versión del instrumento en español ha sido empleada con población colombiana en varias investigaciones que obtuvieron una alta confiabilidad del instrumento (Carrillo, Maldonado, Saldarriaga, y Vega Díaz, 2004; Maldonado Carrillo, 2002; Posada et al., 1999). Además, hay evidencia de la relación entre el apego que se registra en las observaciones con el AQS y las clasificaciones de la situación extraña (Bosso, 1984; Vaughn, 1985; Waters, 1985 en Pederson, Moran, Sitko, Campbell, Ghesquire, y Acton, 1990). En cuanto a la confiabilidad de la escala general de apego en el presente estudio, se obtuvo un índice Alfa de Cronbach de .91. Las sub-escalas de apego arrojaron una confiabilidad total de .91 donde Calidez en las interacciones con la madre, Búsqueda de proximidad a la madre e Interacción con otros adultos mostraron una confiabilidad mayor a .90, mientras que la sub-escala Contacto físico con la mamá presentó una confiabilidad de .88. Sensitividad materna. Para evaluar la sensitividad materna se usó el Maternal Behavior for Preschooler’s Q-set (MBPQS; Posada, Jacobs, y Richmond, 1998), el cual es una versión revisada del Maternal Behavior Q-Set (MBQS), inicialmente elaborado por Pederson y Moran (1995). El MBPQS es similar al AQS, también consta de 90 tarjetas cada una con un enunciado, las cuales en conjunto describen el comportamiento de sensitividad de la madre en interacción con su hijo. Estas tarjetas son ordenadas por el observador siguiendo el mismo procedimiento que en el AQS. A partir de esto se obtiene una distribución que conforma el perfil comportamental de la madre en condiciones habituales de la interacción con su hijo o hija, el cual se correlaciona con el perfil comportamental del “prototipo de madre sensitiva”, resultando un score de sensitividad (Posada, et al. 2007). Además de obtener este puntaje general de sensitividad, los enunciados componen cuatro sub-escalas específicas. La primera sub-escala, Contribución a interacciones armoniosas (n=20) se refiere a un involucramiento conductual y afectivo 17 en las transacciones madre-hijo (p.e. el ítem 3: Participa en juegos con el niño, por ejemplo juega en la arena, corre con él. Contrario: Solo supervisa, se hace a un lado mientras el niño juega). La segunda su-escala, Apoyo a la base segura (n=22), describe la seguridad y el apoyo que la madre provee durante las exploraciones de su hijo (p.e. el ítem 4: Inicia la aproximación y el contacto físico, no siempre espera que su hijo lo haga. Contrario: El niño es quien principalmente inicia las interacciones cercanas). La tercera sub-escala, Supervisión (n=8), da cuenta de la habilidad del cuidador para monitorear el recorrido del niño, anticipar situaciones problemáticas y balancear las tareas de supervisión y participación en las actividades del niño (p.e. el ítem 61: Parece estar al tanto del niño(a) aún cuando no se halle en la misma habitación). Finalmente, la sub-escala Establecimiento de límites (n=5) se refiere al modo en que la madre establece reglas y límites para las actividades del niño, si considera o no lo que él desea y cómo maneja las violaciones de dichas reglas (p.e. el ítem 67: Cuando establece reglas y prohibiciones al niño(a) en una actividad, le explica las razones. Contrario: Le dice al niño(a) cuales son las reglas sin razonamientos). Se ha registrado la confiabilidad de la prueba en varios estudios en diferentes países (Moran, Pederson, Pettit Krupka, 1992; Pederson y Moran, 1995). En cuanto a la confiabilidad de las sub-escalas, Contribución a interacciones armoniosas y Apoyo a la base segura tienen una confiabilidad de 0.89, Supervisión tiene una consistencia interna de 0.74 y Establecimiento de límites de 0.81 (Posada, et al., 2007). La versión en español se ha usado con población colombiana en estudios que también arrojaron resultados confiables (Posada et al., 1999). Además, se ha encontrado evidencia empírica sobre su confiabilidad y validez (Posada et al., 2004; Richmond, Posada, y Jacobs, 2001). En cuanto a la confiabilidad de la escala general de sensitividad en este estudio, se obtuvo un índice Alfa de Cronbach de .97. Las sub-escalas de sensitividad arrojaron una confiabilidad total de .87 donde Contribución a interacciones armoniosas y Apoyo a la base segura mostraron una confiabilidad mayor a .91, Supervisión obtuvo .85, y la sub-escala Establecimiento de límites mostró un índice de consistencia interna de .76. Procedimiento Se realizaron dos citas para las observaciones naturales (en casa) de cada díada, la primera fue de 80 minutos de duración, y la segunda de 75 minutos de duración, en 18 las que acudieron los tres observadores. Al finalizar esta observación, se tuvo una pequeña devolución oral con los padres para darles algunas apreciaciones generales de su hijo(a) y agradecerles por su colaboración. Cabe señalar que en unas cuantas observaciones no pudieron estar presentes los 3 observadores. En estos casos se optó por una única visita de mayor tiempo de duración (90 minutos), la cual fue registrada en video, habiéndose solicitado previamente el consentimiento de la madre. Este video luego fue calificado por aquel observador que no pudo estar presente durante la observación. Al margen de esto, en el resto de los casos, el procedimiento fue el mismo. Luego de obtener las calificaciones de cada observador para cada díada, se procedió a introducir éstas en un programa de computador para el análisis de perfiles (Q-Stat). Este programa otorga un puntaje entre 1 y -1 al perfil obtenido para cada díada, el cual es un coeficiente de correlación entre el comportamiento observado del niño y el comportamiento ideal (descrito teóricamente) de un niño seguro; así también entre el comportamiento observado de la madre y el comportamiento ideal de una madre sensitiva. Los puntajes arrojados por el Q-Stat, en relación a la calificación que hizo cada observador para cada díada, se promediaron dando como resultado el índice final de apego y de sensitividad materna para cada niño(a) y para cada madre respectivamente. Una vez que estos datos fueron recabados, se procedió a realizar los análisis estadísticos correspondientes. De esta manera, se realizó la prueba de normalidad de Shapiro-Wilk para determinar la normalidad de datos y se identificó que las escalas generales de apego y sensitividad, así como también las subescalas de sensitividad, tenían una distribución normal, por lo que se procedió a emplear pruebas paramétricas en relación a los análisis de estas escalas. En cuanto a las subescalas de apego hubo una que no presentaba una distribución normal, Calidez en las interacciones con la madre, por lo que se procedió a emplear pruebas no paramétricas en aquellos análisis que incluían esta única subescala. Para hallar la relación entre el grado de apego general y el grado de sensitividad general se utilizó el coeficiente de correlación de Pearson, de la misma manera se procedió al correlacionar el grado de apego general y las dimensiones de sensitividad. Para analizar la relación entre el grado de sensitividad general y las dimensiones de apego se utilizó el coeficiente de correlación Spearman, de la misma manera se 19 utilizó este estadístico para hallar la relación entre las dimensiones de apego y las dimensiones de sensitividad. Posteriormente se procedió a la comparación de medias entre el grupo de madres que sí se sienten apoyadas por la pareja o la familia y el grupo de madres que no se sienten apoyadas, en relación al grado de apego y sensitividad. Para esto se utilizó el estadístico t-Student para muestras independientes, luego se verificó igualdad de varianzas y se pasó a observar si existían diferencias significativas en ambos grupos de comparación. Finalmente, para analizar la relación entre el grado de instrucción y apego y sensitividad, considerando que la muestra no contaba con grupos de comparación con suficientes participantes, se tomó el grado de instrucción como una variable continua, y se utilizó el índice de correlación de Spearman. 20 21 Resultados A continuación se presentan los resultados encontrados en la presente investigación. En primer lugar, se mostrarán datos descriptivos de apego, sensitividad y sus dimensiones en la muestra, seguidos de los resultados relacionados a variables sociodemográficas. Se presentarán los resultados de la correlación realizada entre la edad de la madre y los niveles de apego y sensitividad, así como también los de la correlación realizada entre la edad del niño y las dimensiones de apego y sensitividad. Además se presentarán los resultados del análisis de asociación entre grado de instrucción de la madre y apego y sensitividad; así como los resultados obtenidos producto de la comparación de medias del grado de sensitividad y apego en relación al apoyo que las madres sienten que su pareja o familia les brinda en torno al cuidado de su hijo(a). Estos resultados se presentan con el fin de analizar cómo algunas variables sociodemográficas podrían estar asociadas a la correlación entre apego y sensitividad. Posteriormente se presentarán los hallazgos obtenidos en cuanto a las correlaciones realizadas entre el grado de apego y el de sensitividad generales. Además, también se mostrarán los resultados de las correlaciones de apego y cada una de las dimensiones de sensitividad, los de las correlaciones de sensitividad y las dimensiones de apego, y las de las dimensiones de apego y de sensitividad entre sí. Esto último se hizo con el fin de poder identificar qué dimensiones se asocian más al índice de correlación general entre apego del niño y sensitividad de la madre. Finalmente, se presentarán algunos aspectos más cualitativos, propios de las sesiones de observación, los cuales servirán para complementar los resultados. Estos datos se pudieron registrar tanto por medio de información verbal, que brindó la misma madre por iniciativa propia o el contexto, como no verbal. En primer lugar, en la Tabla 1, se puede observar que la media del puntaje general de apego y la de sensitividad son ligeramente positivas, siendo el puntaje máximo registrado .61 y .70 respectivamente, y el mínimo -.25 y -.59 respectivamente. Cabe recordar que los puntajes obtenidos para el grado de apego total y el grado de sensitividad total oscilan entre -1 y 1, mientras que los puntajes que corresponden a cada dimensión están en el rango de 1 a 9, debido a las características del instrumento ya descritas previamente. 22 Tabla 1 Datos descriptivos de apego, sensitividad y sus dimensiones en la muestra M D.E. Mínimo Máximo Apego general 0.20 0.27 -0.25 0.61 - Calidez en las interacciones con la madre 6.39 1.74 2.94 8.00 - Búsqueda de proximidad a la madre 4.40 1.37 2.69 6.92 - Placer en el contacto físico con la madre 5.10 1.18 3.71 7.38 - Interacción con otros adultos 5.77 1.72 2.96 7.95 Sensitividad general 0.12 0.46 -0.59 0.70 - Contribución a interacciones armoniosas 5.22 1.83 2.6 7.41 - Apoyo a la base segura 5.12 1.13 3.57 6.45 - Supervisión 4.40 1.36 1.94 6.94 - Establecimiento de límites 5.21 1.32 3.07 7.4 N = 10 En relación a la asociación entre los niveles de apego y sensitividad en función al grado de instrucción de las madres, se encontró una asociación alta y positiva solo en relación a la sensitividad, de manera que aquellas madres que tenían un grado de instrucción superior universitario obtuvieron los índices más altos en sensitividad r(10)= .73, p <.05. En cuanto a la diferencia de medias en el grado de sensitividad en función al apoyo social que la madre reporta percibe de la pareja o familia en torno al cuidado de su hijo(a), se encontró que sí existen diferencias significativas, en contraposición con lo que se encontró con el grado de apego (ver Tabla 2). De esta manera el apoyo que la madre percibe por parte de su pareja o familia se asociaría de manera significativa y positiva al grado de sensitividad observado. 23 Al correlacionar el grado de apego y sensitividad se encontró una correlación positiva y mediana pero no significativa r(10) = .31, ns. Sin embargo, al excluir los únicos dos casos (díada 1 y díada 10) que presentan un índice negativo de apego (-.25 y -.16 respectivamente), el coeficiente de correlación se incrementa notablemente llegando a ser una correlación grande y significativa r(8) = .89, p < .001. Las razones para analizar este resultado, y todos aquellos donde se procedió a excluir estos dos casos en particular, se abordarán en la sección Discusión. Para un análisis más fino de las dimensiones que se asocian al puntaje general de apego se procedió a correlacionar el grado de apego y las dimensiones de sensitividad. Como podemos apreciar en la Tabla 3 ninguna de las correlaciones fue significativa. Sin embargo, al excluir los únicos dos casos ya mencionados anteriormente, el coeficiente de correlación para cada dimensión se incrementa, resultando todas significativas. Tabla 3 Correlaciones entre apego y las dimensiones de sensitividad Apego (n =10) (n =8) Sensitividad r p r p Contribución a interacciones armoniosas .28 .43 .82 .01 Apoyo a la base segura .18 .61 .76 .03 Supervisión .47 .17 .89 .00 Establecimiento de límites .41 .24 .78 .02 Tabla 2 Comparación de medias según apoyo de la pareja/familia en relación al apego y sensitividad Apoyo de la pareja/ familia No se siente apoyada (n=5) Sí se siente apoyada (n=5) M D.E. M D.E. t p d Sensitividad -.21 .18 .44 .11 -3.13 .01 -2.00 Apego .21 .06 .18 .17 0.15 .89 0.07 24 Así también se procedió a correlacionar el grado de sensitividad y las dimensiones de apego. De las cuatro sub-escalas sólo una correlacionó significativamente con el grado de sensitividad, búsqueda de proximidad a la madre, la cual obtuvo una correlación grande (ver Tabla 4). Tabla 4 Correlaciones entre sensitividad y las dimensiones de apego Sensitividad Apego r p Calidez en las interacciones con la madre .15 .68 Búsqueda de proximidad a la madre .64 .05 Placer en el contacto físico con la madre .41 .24 Interacción con otros adultos -.10 .78 Sin embargo, al excluir los únicos dos casos ya mencionados, el coeficiente de correlación para cada dimensión se incrementa, resultando también significativa la correlación con placer en el contacto físico con la madre (ver Tabla 5). Tabla 5 Correlaciones en la muestra de estudio entre Sensitividad y las dimensiones de Apego excluyendo 2 casos Sensitividad Apego r p Calidez en las interacciones con la madre .52 .18 Búsqueda de proximidad a la madre .83 .01 Placer en el contacto físico con la madre .71 .05 Interacción con otros adultos -.02 .96 n = 8 Posteriormente, al correlacionar las dimensiones de la escala de apego con las dimensiones de la escala de sensitividad, se encontró que una sub-escala de apego 25 correlacionaba de manera significativa y grande con tres sub-escalas de sensitividad, estas fueron búsqueda de proximidad a la madre, contribución a interacciones armoniosas, apoyo a la base segura y supervisión respectivamente (ver Tabla 6). Tabla 6 Correlaciones entre las dimensiones de apego y las dimensiones de sensitividad Dimensiones de Sensitividad CIA ABS SUP EL Dimensiones de Apego r r r r CIM .15 .10 .36 .35 BPM .67* .70* .72* .29 PCM .54 .59 .58 .01 IOA .04 .09 .01 -.15 Nota. CIM = Calidez en las interacciones con la madre, PCM = Placer en el contacto físico con la madre, IOA = Interacción con otros adultos, BPM = Búsqueda de proximidad a la madre, CIA = Contribución a interacciones armoniosas, ABS = Apoyo a la base segura, SUP = Supervisión, EL = Establecimiento de límites *p <.05 Nuevamente, al excluir los dos casos ya mencionados, se encuentra que el coeficiente de correlación se incrementa para todas las dimensiones, llegando a ser también significativa y grande la correlación entre la sub-escala de apego, placer en el contacto físico con la madre, y dos sub-escalas de sensitividad, apoyo a la base segura, y supervisión (ver Tabla 7). 26 Tabla 7 Correlaciones en la muestra de estudio entre las dimensiones de apego y las dimensiones de sensitividad excluyendo 2 casos Dimensiones de Sensitividad CIA ABS SUP EL Dimensiones de Apego r r r r CIM .48 .38 .52 .64 BPM .79* .83* .79* .40 PCM .67 .74* .76* .21 IOA .02 .10 .19 -.19 Nota. CIM = Calidez en las interacciones con la madre, PCM = Placer en el contacto físico con la madre, IOA = Interacción con otros adultos, BPM = Búsqueda de proximidad a la madre, CIA = Contribución a interacciones armoniosas, ABS = Apoyo a la base segura, SUP = Supervisión, EL = Establecimiento de límites *p <.05 27 Discusión El objetivo principal de la presente investigación fue conocer si existe una relación significativa entre apego del niño y sensitividad materna en el contexto peruano, específicamente en el distrito de Los Olivos en Lima Metropolitana. Así se busca aportar además evidencia para la validez del constructo de apego en nuestra realidad indagando si éste se relaciona con la variable sensitividad, como lo propone la teoría y sugieren las investigaciones previas realizadas en otros contextos. Para lograr este objetivo se consideró importante observar cuáles son las relaciones específicas que se dan entre las dimensiones de apego y las dimensiones de sensitividad. Finalmente, se consideró las posibles asociaciones y diferencias que estos dos constructos presentan con otras variables de relevancia tales como el apoyo social de la familia, y el grado de instrucción de la madre. En primer lugar, no se encontró relación significativa entre apego y sensitividad. De esta manera, los resultados hallados no confirmarían lo revisado en la bibliografía teórica ni los estudios que apoyan empíricamente la relación entre estas variables. Esta ausencia de relación indica, probablemente, que existen otros factores, además de la sensitividad materna, que juegan un rol importante en el nivel de apego que tiene el niño. Una de estas variables sería la del temperamento del niño. Esto se puede observar al analizar las únicas dos díadas (díada 1 y díada 10) que obtuvieron un índice negativo de apego, a pesar de que las madres obtuvieron un índice de sensitividad moderadamente positivo. En dichas díadas los niños mostraron comportamientos reactivos, desafiantes y con poca regulación de emociones. Como lo señalan algunos estudios, se han encontrado correlaciones entre un temperamento “difícil” y puntajes bajos de seguridad de apego evaluada con la metodología Q-sort (Vaughn et al., 1992 en Seifer y Schiller, 1995). En las observaciones realizadas en casa pudo apreciarse que ambos niños mostraron un carácter notablemente difícil a comparación de los otros niños que componían la muestra. Esto se reflejó en los bajos puntajes que obtuvieron en la subescala calidez en las interacciones con la madre, la cual describe cuán positiva es la disposición emocional del niño para interactuar con la madre, incluyendo aspectos de obediencia y el grado de disfrute. Así tenemos en el primer caso (díada 1) a una madre con un grado de respuesta sensitiva moderado que se enfrenta a un niño demandante, ambivalente, impaciente y poco tolerante a la frustración, presentando como un comportamiento característico lo que indica el ítem 79: El niño se molesta con la mamá 28 fácilmente. En el segundo caso (díada 10), también se tiene a una madre con un grado de respuesta sensitiva positivo pero bajo. En esta díada la madre busca interactuar con su niña, sin embargo se enfrenta constantemente a una niña susceptible y quejumbrosa que suele rechazar estas iniciativas. Esto se pudo observar al puntuar como un comportamiento característico lo que indica el ítem 54: El niño actúa como si pensase que la mamá interferirá en sus actividades cuando ella simplemente trata de ayudarlo con algo. Aquí se estaría apreciando que, independientemente del carácter difícil del niño, la sensitividad de la madre puede aún persistir con la intención de propiciar relaciones armónicas y apoyo de base segura; sin embargo, esta conducta parece no poder mantenerse de manera consistente a lo largo del tiempo, por la respuesta negativa del niño. De esta manera al analizar el proceso de observación de las sesiones se puede ver cómo algunas conductas de estas respuestas sensitivas fueron agudizándose o extinguiéndose. En ambas díadas se pudo observar que, inicialmente, las madres mostraban conductas sensitivas hacia sus niños buscando tener interacciones cálidas y cercanas y responder a sus necesidades, sin embargo los niños respondían con conductas ambivalentes, rechazándolas o demandando su atención de manera exagerada. Leer adecuadamente las señales de los niños empezaba a ser confuso para las madres, quienes en un intento por responder a dichas demandas ambivalentes podían caer en una excesiva negociación (p.e el ítem 66: La madre le dice al niño(a) las cosas que no debe hacer y luego permite que las haga) o en una rigidez por momentos (p.e ítem 23: Frecuentemente usa prohibiciones verbales, por ejemplo “no, no lo hagas”). Las madres continuaron haciendo esfuerzos por responder sensitivamente a los estados emocionales de sus niños, sin embargo, al no obtener ninguna retroalimentación positiva por parte de sus niños, dichas conductas sensitivas fueron disminuyendo. Finalmente empezaron a mostrarse un tanto frustradas, confundidas y agotadas, optando finalmente por retirarse de la interacción. En ambos casos la manera en que la madre interactúa con el niño se ve finalmente alterada por el temperamento difícil. Entonces, se podría especular que dichas conductas negativas del niño relacionadas a su temperamento (comportamientos ambivalentes, desafiantes y poca regulación de emociones), pueden asociarse a ciertos aspectos de la respuesta sensitiva que tendrá la madre a largo plazo. En este sentido la teoría del apego hace énfasis en que el establecimiento de la relación afectiva es un 29 proceso interactivo y continuo entre las respuestas o señales del niño y las respuestas o señales maternas. La interacción entre ambos involucra un aprendizaje continuo de la madre, guiado por la retroalimentación que el niño le provee a través de sus reacciones de aceptación o rechazo ante la conducta materna. En base a esto, la madre decidirá si mantiene o remplaza sus conductas según sea necesario (Nystrom, 2004 citado en Shin et al. 2008). Cabe señalar que en ambas díadas, las madres tienen un grado de instrucción superior, y manifiestan sentirse apoyadas por la pareja o la familia en el cuidado del niño, dichas variables condicionantes pueden haber favorecido las conductas de sensitividad frente a sus niños. Se profundizará y explicará la evidencia de dicha relación más adelante. Por otro lado, se puede pensar que el factor temperamento de estos niños y las circunstancias de ausencia de las madres pueden haberse retroalimentado. Por ejemplo, otro factor relacionado en el caso de estas dos díadas fue el limitado tiempo dedicado al cuidado del niño por parte de la madre, pasando por una rutina poco constante en la que pueden pasar periodos de tiempo variables fuera de casa, por lo que los niños tienen múltiples cuidadores (horarios de trabajo rotativos, viajes). Esto podría haber repercutido negativamente en el desarrollo del vínculo de apego con sus hijos. Es así como las madres señalan tener horarios variables y no estar lo suficientemente presentes en casa, por lo que quizás no han podido representar en un inicio una figura de apego constante con la cual el niño haya podido establecer la conducta de base segura. En este sentido Waters y Cummings (2000) señalan que el desarrollo del uso de la base segura parte de la mera familiaridad y preferencia por la figura de apego, seguido por la adquisición y consolidación de habilidades de base segura, y la consolidación de representaciones y expectativas de esta experiencia con la figura de apego. De esta forma, la poca constancia de la presencia de la madre en la rutina diaria podría exacerbar el temperamento difícil que el niño ya posee, con lo cual se predispone a mostrarse más ofuscado en su relación, aún cuando las madres tengan conductas sensitivas para con ellos. Tomando en cuenta dichas circunstancias, se realizó el análisis de la asociación entre apego y sensitividad tanto incluyendo como excluyendo estas dos únicas díadas del análisis. Al excluir ambas díadas, el resultado fue una correlación positiva, fuerte y significativa en el resto de la muestra, lo cual evidencia una relación entre ambos 30 constructos como lo había afirmado la revisión bibliográfica teórica y empírica. Este resultado concuerda con lo hallado por Nóblega (2012), quien también encontró una relación alta y significativa (r = .63, p <.01, r = .40) entre ambos constructos en una muestra similar. En ese sentido, se puede apreciar en la muestra de estudio que aquellas madres con un grado de sensitividad adecuado mantienen un grado de apego concordante con su niño, mientras que aquellas que no se mostraron sensitivas no tienen un apego ideal con el niño. Ejemplos de estos son la díada 5 y díada 7 respectivamente (ver Anexo E). Cabe señalar que el tamaño de la muestra también puede ser una condición a tomar en cuenta para entender el peso que estas dos diadas tienen sobre los resultados. Considerando esto se puede inferir que la relación entre apego y sensitividad sería evidente si la muestra se ampliara, tomando en cuenta que de todas formas podrían darse otras variables, como las señaladas anteriormente, que estarían relacionadas en alguna medida al grado de apego madre-hijo. Por otro lado, al correlacionar la escala de apego y las dimensiones de sensitividad, contribución a interacciones armoniosas, apoyo a la base segura, supervisión y establecimiento de límites, lo que se habría esperado por lo propuesto en la bibliografía es que correlacionaran con el grado de apego de manera positiva y significativa, sin embargo, esto no sucedió. Así, estos resultados generales también se vieron influenciados por los únicos dos casos, ya mencionados anteriormente, que presentaban un índice de apego negativo y un índice de sensitividad positiva. Cuando se excluyeron éstos del análisis se pudo observar que la correlación se incrementó significativamente en todas las dimensiones, demostrando así que todos los aspectos y componentes de la sensitividad que la bibliografía revisada propone, son componentes clave para el establecimiento de un apego seguro, sobre todo en niños que no tienen un temperamento notablemente difícil. Dichos hallazgos también son similares a lo hallado por Nóblega (2012), quien también encontró una alta relación entre el nivel de seguridad de los niños que componían su muestra y las contribuciones de las madres al establecimiento de una relación armoniosa, el apoyo de la madre a la conducta de base segura del hijo y la supervisión materna. Esta relación entre apego y las dimensiones de sensitividad también se pudo apreciar concretamente en las observaciones, pues las madres que fueron capaces de involucrarse conductual y afectivamente con sus niños, llegando a comprender tanto sus 31 señales de disfrute como de displacer, además de monitorear y participar con el niño proveyéndole tanto de límites como de seguridad para lograr sus exploraciones, tenían niños que manifestaban conductas de apego seguro. Cabe recordar que, la habilidad de las madres para identificar el estado emocional de sus niños y responder a la situación de manera adecuada, era posible por la posibilidad de ver el mundo desde la perspectiva del niño, reconociéndolo como un ser humano con su propia individualidad y sus propias necesidades (Belsky, 1991 en Oates, 2007; Marrone, 2001). Al hacer esto estas madres también están contando con una capacidad empática la cual les permite interpretar las señales tomando en cuenta la posición personal del niño, además de una negociación interna entre el estado momentáneo de sentir como el niño y la habilidad de reaccionar como un ser humano separado, lo cual le permite emitir la respuesta sensible relacionada al apego del niño (Ainsworth et al., 1978; Marrone, 2001). Por otro lado, aquellas madres que no podían leer las señales del niño de manera certera ni responder acorde a estas, no podían sintonizar con el estado emocional de sus niños y con la probable causa de este estado. Esto se traducía en una conducta poco sensitiva frente a las señales de sus hijos, los cuales no manifestaban tener un apego seguro. Posteriormente al correlacionar la escala de sensitividad y las dimensiones de apego, se pudo apreciar que la única dimensión de apego que se relacionó de manera significativa con sensitividad es búsqueda de proximidad a la madre. Esto muestra que, si existe una conducta típicamente sensible en la madre lo más probable es que el niño manifieste una disposición para mantenerse a una distancia moderada de ésta, distancia la cual les permite a ambos miembros de la diada monitorearse y, en el caso del niño, regresar ocasionalmente a la madre en caso de ser necesario. En ese sentido se pudo observar que los niños de la muestra con madres típicamente sensitivas tenían una predisposición a estar cerca o pendiente de sus madres y de sus actividades siendo capaces de confiar y recurrir a ellas, cuando estaban molestos o alterados. Por otro lado, en aquellas diadas donde la madre no mostró conductas sensitivas, se pudo observar que los niños se mantenían alejados y no estaban pendientes de su ubicación espacial, preferían hacer sus actividades solos y no recurrían a ella si necesitaban ayuda. Como la madre no funciona como una base segura para el niño, éste no emplea ningún sistema de control para regular la distancia que existe entre ambos ni para monitorear su 32 disponibilidad, por lo que no habría un balance entre las conductas de exploración y proximidad, revelando esto un apego no seguro (Bowlby, 1969/1982). Al excluir los dos casos mencionados anteriormente (díada 1 y díada 10), resulta también significativa la correlación con la dimensión placer en el contacto físico con la madre, esto revela que los niños con madres sensitivas no solo manifiestan una predisposición a mantener proximidad física, sino también un disfrute del contacto físico con sus madres. Así, se pudo observar en la muestra que una de las díadas que más bajo puntuó (díada 2), tanto en ambas dimensiones como en el grado de sensitividad, estaba compuesta por una madre que no suele estar físicamente disponible para responder a las demandas de su hija, y las pocas veces en que sí lo está las interacciones no suelen ser cualitativamente sensibles como para satisfacer la demanda de la niña. Aquí habría una falla en la disposición materna para atender las señales de la niña (Ainsworth et al., 1969), por lo que ella parece ya haberse acostumbrado a permanecer sola, jugar aislada, a no buscar contacto físico y a no recurrir a la madre en caso de estrés, incomodidad o temor. Estos hallazgos en particular contrastan con lo encontrado por Nóblega (2012), pues si bien su estudio revela una relación entre sensitividad y búsqueda de proximidad física de la madre por parte del niño, no es así con sensitividad y el placer que experimenta el niño en el contacto físico con su madre. Un factor que puede estar involucrado en la diferencias de estos hallazgos es la edad del niño, pues como ella misma lo afirma el grado de contacto físico requerido por los niños y manifestado por las madres parece disminuir en la medida en que la edad del niño se incrementa, relacionando esto a un interés de la madre porque su niño sea más independiente (Nóblea, 2012). Por último, al correlacionar las dimensiones de ambas escalas entre sí, se encontró que la dimensión de apego proximidad con la madre correlacionaba de manera significativa y grande con tres dimensiones de sensitividad, siendo éstas: contribución a interacciones armoniosas, apoyo a la base segura y supervisión. Dicho hallazgo corrobora lo planteado en la teoría por Ainsworth y sus colegas (1978 en Waters y Deane, 1985), pues aquellas conductas de respuesta de la madre que propician interacciones armónicas con su hijo, es decir que incluyan un grado de reacción y respuesta adecuada según la necesidad del niño, serán las que repercutirán en el nivel de confianza que éste tiene para con ella, y por ende en un nivel de proximidad adecuado con la madre. 33 Además, al excluir los dos casos previamente mencionados, también se encontraron relaciones entre la dimensión de apego placer en el contacto físico con la madre, y las dimensiones de sensitividad apoyo a la base segura, y supervisión; lo cual evidencia que tanto la proximidad como el contacto físico se asocian a la presencia de todos los aspectos que involucra la conducta sensitiva. En relación a la asociación grado de sensitividad y nivel de instrucción de las madres, se corroboró lo encontrado por Barrig (2004), quien sostiene que las madres que han alcanzado un mayor grado de instrucción habrían desarrollado más recursos cognitivos, los cuales están involucrados en el proceso de respuesta sensitiva y en comportamientos más sensibles hacia su hijo(a). Finalmente, en cuanto a la diferencia de medias en el grado de sensitividad en función al apoyo o soporte social que la madre percibe de la pareja o la familia (en torno al cuidado que requiere el niño) se encontró que sí existían diferencias significativas entre el grupo de madres que percibía este soporte social como positivo y el grupo de madres que no contaban con este soporte, o en todo caso, si contaban con éste en concreto, lo percibían como negativo. Esto concuerda con lo reportado por Shin., et al. (2008) quienes afirman que cuando la madre cuenta con un soporte adecuado, percibe un menor número de factores estresores, lo que facilita su capacidad para manejar al niño. En esta línea se puede decir, además, que el comportamiento de sensitividad materna no ocurre de manera aislada, sino que involucra prestar atención tanto a las señales del niño como a otros eventos de la vida diaria que se dan en ese contexto, viéndose influenciado por las presiones del entorno social en general (Pederson et al., 1990). Si la madre cuenta con recursos psicológicos y tangibles generados a través de sus relaciones familiares, entonces podrá hacer frente con menor dificultad a las presiones de su ambiente, manifestando una mejor respuesta sensitiva para con el niño (Cochran y Niego, 2002). Es así como el grupo de madres de la muestra que manifestaron sentirse apoyadas por su pareja o la familia obtuvieron un mayor puntaje en sensitividad, mientras que aquellas que no percibían ningún apoyo, y por ende se sentían abrumadas frente a los estresores del contexto social, (padre ausente, familia que “malcriaba al hijo(a)”, permanecer todo el día en casa, estar sola) mostraron tener un grado de sensitividad bastante bajo. En síntesis, a partir de los resultados encontrados, se presupone que existe una relación entre apego y sensitividad, en la cual todos los aspectos involucrados en la 34 conducta sensitiva son igual de importantes para que el niño pueda usar a la madre como una base segura, manifestando principalmente una conducta de proximidad y disfrute del contacto físico con la madre. Factores clave que podrían estar interviniendo en dicha relación serían: el temperamento del niño, el soporte social que la madre percibe, y el grado de instrucción de la madre. A partir de lo visto, se sugiere realizar estudios futuros con un mayor tamaño de muestra para conocer si se da la relación entre la sensitividad materna y el apego del niño considerando, además otros factores involucrados, como el temperamento del niño. Tener un mayor número de díadas también permitiría una mayor posibilidad para observar asociaciones y diferencias que se pudieran presentar de acuerdo a las dimensiones tanto de apego como de sensitividad. Seleccionar niños de otras edades podría añadir información sobre los aspectos característicos o importantes en diferentes rangos de edad. Por otro lado, este estudio reveló cierta información sobre la relación entre el temperamento del niño y el nivel de apego, por lo que se sugieren realizar investigaciones que profundicen sobre su incidencia en el contexto peruano. Sería bastante enriquecedor investigar esta relación en una muestra mayor y considerando un mayor tiempo de observación con el fin de reportar en qué medida esta variable estaría operando en la relación madre-hijo. Es importante mencionar que si bien es una limitación que la muestra haya estado conformada por un número pequeño de díadas madre-hijo, se ha contado con información cualitativa obtenida de las mismas sesiones de observación que enriquecen y complementan la interpretación de los resultados. En cuanto a las limitaciones de los instrumentos utilizados es importante mencionar que si bien la metodología Q-sort es un método complejo y laborioso de emplear, ha demostrado ser relevante pues logra capturar consistentemente ambos constructos en la muestra de la presente investigación, mostrando una alta confiabilidad tanto en la escala general de apego y sensitividad como en todas sus dimensiones. Se recomienda que para futuras investigaciones utilizando esta metodología se intente ampliar el tiempo de observación o el número de sesiones, pues al ser tres observadores los que están presentes en casa, el primer encuentro (la primera media hora) puede resultar un poco invasivo, quizás llegando a alterar el comportamiento usual de la madre o el niño. Ampliando el tiempo de observación se lograría recoger un 35 abanico mayor de conductas a calificar, registrando así lo más parecido al comportamiento real de la díada. De la misma manera también se podrían incluir quizás otros contextos: parque o salidas alrededor del vecindario, donde se pueda apreciar eventos de la vida cotidiana que generen la activación del sistema de apego. Por otro lado, un aspecto a considerar para futuros estudios es que las familias observadas reportaban que los niños tenían múltiples cuidadores, con lo cual no se podía establecer con seguridad que la madre fuese la principal figura de apego. En este sentido se podría plantear estudios que describan este fenómeno en el contexto peruano, con el fin de analizar cuán representativo está siendo el apego en función a la figura materna. Finalmente, se podría concluir que aun existiendo la posibilidad de que otras variables no incluidas en este estudio influyan en alguna medida en la relación entre la sensitividad materna y el nivel de apego del niño, la importancia de continuar investigando el factor sensitividad sigue siendo relevante, pues, como ya se ha indicado, ésta es una de las pocas variables que tienen el potencial de ser modificadas en función de optimizar el apego del niño en particular y su desarrollo socioemocional en general. 36 37 Referencias Ainsworth, M. (1967). Infancy in Uganda. Baltimore: Johns Hopkins Ainsworth, M. (1970) Criteria for classification of one year olds in terms of the balance between exploratory and attachment behavior at home. 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Además se le solicitaría completar un pequeño cuestionario sobre algunos datos sociodemográficos y del desarrollo de su menor hijo(a). Toda la información que obtengamos de usted en esta investigación será anónima, por lo tanto, no habrá manera de identificar individualmente a los participantes, salvo para fines de la ubicación de las reuniones. Le informamos también que las observaciones no implicarán ningún procedimiento perjudicial para usted o su hijo(a). Usted tiene el derecho a negarse a participar o puede retirarse de este estudio en cualquier momento que lo considere conveniente. Para cualquier duda o comentario puede comunicarse a este número: XXXXXX531 En función a lo leído: ¿Desea participar en la investigación? SI____ NO ___ ------------------------------------------------- ---------------------------------- ---- Nombre del Participante Firma del Participante (en letras de imprenta) Desde ya le agradecemos su participación 45 ANEXO B FICHA DE DATOS cita n°: 1 2 Fecha: Obs1: Obs2: Obs3: Sujeto N°: Mamá: edad: Niño/a: edad: n° de hijos/ edades: Estado civil: Grado de instrucción de la madre: A qué se dedica: Personas con las que vive: Cuidador/es principal: Tuvo complicaciones mayores en el embarazo: Alguna complicación grave en el parto: Alguna enfermedad o problema de salud mayor en el desarrollo del niño(a): Comentarios adicionales de la madre: 46 ANEXO C Confiabilidad de las dimensiones de Apego y de Sensitividad Escala Dimensiones α Apego Calidez en las interacciones con la madre 0.95 Búsqueda de proximidad a la madre 0.91 Placer en el contacto físico con la madre 0.88 Interacción con otros adultos 0.90 Sensitividad Contribución a interacciones armoniosas 0.96 Apoyo a la base segura 0.91 Supervisión 0.85 Establecimiento de límites 0.76 ANEXO D Prueba de Normalidad de los datos de acuerdo al estadístico Shapiro-Wilk Shapiro-Wilk Estadístico gl Sig. Senstitividad 0.91 10 0.31 Apego 0.96 10 0.78 Calidez en las interacciones con la madre 0.78 10 0.01 Búsqueda de proximidad a la madre 0.94 10 0.59 Placer en el contacto físico con la madre 0.91 10 0.30 Interacción con otros adultos 0.93 10 0.43 Contribución a interacciones armoniosas 0.91 10 0.25 Apoyo a la base segura 0.88 10 0.15 Supervisión 0.97 10 0.87 Establecimiento de límites 0.97 10 0.92 47 ANEXO E Puntajes de apego y sensitividad obtenidos por cada díada Sensitividad Apego Diada 1 0.43 -0.25 Diada 2 -0.48 0.08 Diada 3 0.67 0.38 Diada 4 0.17 0.35 Diada 5 0.70 0.61 Diada 6 0.30 0.31 Diada 7 -0.38 0.10 Diada 8 0.12 0.41 Diada 9 -0.59 0.16 Diada 10 0.23 -0.16 48 ANEXO F Aspectos cualitativos de las observaciones Diada 1: La familia está conformada por la pareja de padres casados, tres hijos de 2(H), 3(H), y 5(M) años, y el hermano menor de la madre quien también vive con ellos (15). El infante a observar fue el segundo hijo de 3 años y 9 meses, un niño (niño1). La familia habita el segundo piso de una casa de tres pisos. La casa en sí es relativamente grande, sin embargo los ambientes de mayor área son pasillos, escaleras y el patio de cemento, por lo que los niños parece están bastante acostumbrados a subir y bajar las gradas solos o a pararse en lugares altos un tanto riesgosos. La madre estudió ingeniería civil, y el trabajo que tiene actualmente le exige estar de viaje alrededor de 3 días constantemente casi todas las semanas. El horario usual para aquellos días en que se queda en Lima es de 9 a 5 o 6 de la tarde. Por esto quien la apoya en el cuidado de sus hijos es su suegra, quien los cuida hasta las 4 de la tarde, hora en que su esposo llega de trabajar y los recoge para llevarlos a casa. En ese sentido la madre manifiesta que el esposo la ayuda bastante con los “chicos”, sobretodo durante los viajes que ella tiene que hacer; señala “me puedo ir un poco tranquila porque ellos se quedan con él… (…) cuando hay una reunión en el colegio y yo tengo que trabajar él también va, así nos ayudamos”. Durante la observación, en cuanto a la madre, se pudo observar que está atenta a los tres niños en general, sin embargo es mucho más complaciente con el niño1. Le cuesta hacer que sus hijos obedezcan y cumplan las normas por más que lo intenta varias veces; en todo momento recurre a la advertencia “voy a llamar a su papá ah”, en esos momentos los niños obedecen un poco más. Por otro lado, en relación al niño1, se pudo apreciar que, a diferencia de sus hermanos quienes eran muy sociables y de buen humor, él tenía un carácter más “especial”, se quejaba con su mamá por cosas mínimas de forma continua, y la madre respondía a estas quejas. Por ejemplo, se quejaba y se molestaba cuando su hermano menor le ganaba en una carrera durante un juego; o cuando este hermano se sentaba a su lado en “su” mueble. En ese momento la madre se acercaba e intentaba que el hermano menor se siente en otro lado, o sino le acomodaba las piernas al niño1 más allá para que su hermano menor no esté rosándolo. En general el niño1 no solía responder de manera positiva ante las iniciativas de juego de sus hermanos, o hasta de los mismos observadores. La mamá nos cuenta, específicamente en relación al niño1, que “con él fue todo diferente”. Cuando ella tuvo a su hija mayor todo fue planeado, le festejaron su primer año y todo fue organizado; sin embargo con el niño1 no fue así. Ella estaba de viaje por turismo en Costa Rica cuando salió embarazada, pero tuvo que quedarse porque un familiar se encontraba mal de salud. Por esto ella y su familia se quedaron viviendo casi 2 años sin haberlo planeado, con una situación económica precaria y con una condición de vida muy distinta a la que estaban acostumbrados. En estas circunstancias es que nace niño1, y también crece los primeros meses. Luego de eso la madre lo manda a Lima con su suegra y cumple su primer año allí, lejos de ella. Lo que la madre menciona en cuanto al carácter y conducta del niño1, es que “él es más especial… (…) hace dos años tuvo una bronconeumonía y a raíz de eso él sufre de engreimiento”. También menciona “él es mucho más pegado a su papá”. 49 Diada 2: La familia está conformada por la pareja de padres casados, y tres hijos de 4 meses(M), 3 años(M), y 12 años(M). El infante a observar fue el segundo hijo de 3 años y 8 meses, una niña (niña2). Ellos habitan el tercer piso de una casa de tres pisos. Su hogar es relativamente pequeño, poco arreglado y algo precario, sin embargo las cosas que poseen (muebles, juguetes, televisor) hacen pensar que tienen una condición económica acomodada. Cabe señalar además, que en el primer y segundo piso vive la familia del esposo (abuela y tías paternas). La madre menciona que le gustaría tener su propia casa puesto que estos familiares representan “una traba” en la crianza que ella quiere darle a su segunda hija. Nos cuenta que cada vez que ella le llama la atención a su hija porque se porta mal, la familia apaña el mal comportamiento y le envían un doble mensaje a la niña. Por todo eso no se siente apoyada, sino todo lo contrario. La madre estudió hasta culminar los estudios secundarios. Actualmente es ama de casa - aunque señala que quisiera trabajar- y se dedica a sus hijas a tiempo completo, más por la bebé de 6 meses de nacida. Su esposo vive con ella esporádicamente pues es chofer de una empresa interprovincial y solo va a la casa por unos días, por esto la madre siente que se hace cargo de sus tres hijas de manera individual, “su papá no está”. Durante la observación se pudo apreciar, en cuanto a la madre, que ésta se mantuvo al margen de las actividades de la niña2, más se enfocó en conversar con las observadoras, hacer las cosas de la casa, o atender a su bebé. En los pocos momentos en que interactuó con la niña2 la mamá resultaba ser un poco invasiva cuando se molestaba. Así también la mamá mencionó “a veces pierdo la paciencia y le grito o le pego”; esto lo corroboramos posteriormente en la observación pues presenciamos algunos gritos. Por otro lado, en relación a la niña2, se pudo apreciar que, al igual que la mamá, ella también se mantenía en sus actividades. El mayor tiempo de observación estuvo en su cuarto viendo unos videos musicales infantiles que al parecer su mamá le deja listos para ver, “se los prendo y está viendo ahí sus videos”. Jugó poco y sola. Su humor en general era neutro o bueno. Y en relación a los observadores, en un inicio, se mantuvo tímida pero posteriormente se relacionó de manera positiva hablándoles y mostrándoles cosas que ella tenía. La mamá nos cuenta, específicamente en relación a la niña2, que cuando ella nació solía tener problemas emocionales con el papá. Actualmente la niña2 es bien pegada a él, “cada vez que regresa de sus viajes de trabajo no se despega de él ni un minuto, todo es mi papá, mi papá”. La madre también señala que quizás la niña2 está celosa por la bebé, a pesar de que las observadoras no vimos ninguna conducta concreta de rechazo hacia su hermanita, sino todo lo contrario, se pudieron presenciar algunas pocas conducta de cuidado o de buscar proximidad. 50 Diada 3: La familia está conformada por la pareja de padres casados, y tres hijos de 3(H), 11M), y 18(M) años. El infante a observar fue el tercer hijo, de 3 años y 11 meses, un niño (niño3). Ellos habitan un dpto. en el tercer piso de una casa de cuatro pisos. Su hogar es relativamente pequeño, y algo desordenado. La madre estudió contabilidad, sin embargo no culminó los estudios universitarios. El trabajo que tiene actualmente le demanda un horario de tiempo completo, por lo que nos cuenta que de lunes a viernes solo está con el niño3 por las mañanas cuando le hace el desayuno y lo prepara para el nido, en las noches llega tan tarde que ya lo encuentra dormido. Los fines de semana son los días en que aprovecha para estar con él, sobretodo los domingos que es su único día libre, los sábados recién llega a casa alrededor de las 6 pm. En ese sentido quienes la apoyan con el cuidado del niño3 son su esposo, quien trabaja por turnos tres veces a la semana, las mismas hermanas mayores, y en ocasiones la abuela. En relación a esto la madre se muestra apenada por el poco tiempo que tiene libre, pero menciona que se siente tranquila dejando al niño3 a cargo de su hermana mayor “ella lo cuida, juega con él, y él la quiere…! no te imaginas”. Durante la observación se pudo apreciar, en cuanto a la madre, que estuvo bastante interesada en el niño3 y en sus actividades, además parecía reconocer bastante sobre sus preferencias, costumbres y actividades que solía hacer. Era una madre expresiva y cariñosa, sin dejar de ser firme y comprensiva en relación a las normas. Sin embargo, en ocasiones podría parecer que ya estaba muy encantada con el niño, por ejemplo al mostrarse orgullosa porque era demasiado coqueto o por su afán al celar a sus hermanas o a ella misma. Por otro lado, en relación al niño3, se pudo apreciar que era bastante sociable, expresivo y cariñoso, tanto con su mamá como con las observadoras que visitaban la casa. Muestra un interés por su mamá y lo que ella conversa con las observadoras, sin embargo no estaba tan pendiente de ella a comparación del interés que mostraba por las observadoras: se acercaba a ellas, les enseñaba sus juguetes demostrando lo que él podía hacer con ellos, las animaba a jugar e inclusive era cariñoso. Además le gustaba mostrar lo fuerte que era. La mamá nos cuenta, específicamente en relación al niño3, que él suele ser así como se ha mostrado durante las observaciones: sociable, desenvuelto, y que en el colegio no tiene problemas con los demás niños. También hace énfasis varias veces en que él es el único hombrecito y el menor de todos; deduce que por esto intenta hacer estos reclamos por cuidar y celar a sus hermanas. Señala que es más pegado a ella “mamá, no papá”. 51 Diada 4: La familia está conformada por la pareja de padres casados, y tres hijos de 3(H), 9(M), y 14(H) años. El infante a observar fue el tercer hijo de 3 años y 9 meses, un niño (niño4). La familia habita el segundo piso de una casa de dos pisos. La casa en sí es relativamente grande, y el segundo piso que ellos habitan es de un área regular. Cabe señalar que en el primer piso habitan los abuelos paternos, por lo que los niños parecen estar acostumbrados a pasar tiempo allí, o a bajar al primer piso con total comodidad como si también fuese su casa. La madre estudió contabilidad, sin embargo no culminó los estudios universitarios. El trabajo que tiene actualmente es de tiempo completo, y solo puede estar con el niño4 por las mañanas antes de ir al trabajo, en las noches a partir de las 8 en que ella regresa, y los lunes que usualmente es su día libre. Por esto, señala que quienes la ayudan con el cuidado del niño4 son la abuela paterna, el hermano mayor, y su esposo. Esto se pudo apreciar durante la observación, pues mientras el niño4 se mantuvo jugando con su hermano mayor en otro ambiente la madre estuvo tranquila, manifestando ella misma “es bien apegado a su hermano mayor, ahí pasa bastante tiempo con él”. La madre señala también en relación a su esposo que la relación entre él y el niño4 es un tanto diferente a comparación de la que tiene ella con su hijo, pues se describe a sí misma como más dura o distante a comparación de su esposo, quien suele jugar con el niño, bromearle, o tomarle el pelo. Esto también se corroboró durante la observación, pues se pudo apreciar que la madre solo supervisaba el juego del niño con una expresión de afecto más neutral a comparación del padre, quien jugaba de manera más activa y expresiva con el niño. Al margen de esto la mamá sí era capaz de interactuar y responder de manera regular a las demandas del niño, sin embargo, cuando el padre se encontraba presente el niño recurría más a él, por lo que la madre se enfocaba en su otra hija o solo observaba el juego del niño. Por otro lado, en relación al niño4, se pudo apreciar que era sociable y de buen humor, pues se relacionó fácilmente con las observadoras; además era bastante respetuoso con las normas y reglas impuestas por la mamá. Durante las observaciones estuvo algo pendiente de la madre, sin embargo mostró un interés mucho mayor hacia la figura paterna ni bien éste se hizo presente. Fue allí que el niño buscó jugar con él y ser el centro de su atención. La mamá nos cuenta, específicamente en relación al niño4, que suele ser muy suelto y extrovertido a excepción de cuando está enfermo. Nos cuenta que con él han querido hacer “las cosas mejor”, pues con sus otros dos hijos la situación fue complicada. A su primer hijo lo tuvieron muy jóvenes, y luego de eso se separaron; con su segunda hija el papá estuvo de viaje trabajando fuera, y recién con el niño4 es que están juntos e intentan estar presentes para él siempre. Agrega que el niño4 es más pegado al papá, “se engríe con el papá, es más pegado a él”; y cuando el niño se molesta o se pone triste a veces se va a su cuarto o al baño, entonces ella “lo deja, espera que se le pase”, en cambio el papá es quien “le hace caso”. 52 Diada 5: La familia está conformada por la pareja de padres casados y dos hijas de 2(M) y 3(M) años. El infante a observar fue la hija mayor, de 3 años y 8 meses, una niña (niña5). La familia habita un dpto. ubicado en el segundo piso de un condominio. El dpto. en sí tiene un área regular y luce bastante acomodado y arreglado. La madre estudió ingeniería, pero actualmente no ejerce pues se dedica enteramente a cuidar a sus hijas y a las labores de la casa –a pesar de que menciona que le gustaría buscar trabajo, está esperando que las niñas crezcan un poco más-. Además, cuenta con una empleada y con el apoyo del esposo. En ese sentido la madre manifiesta que son bien unidos, suelen compartir tiempo juntos como pareja cuando el esposo vuelve del trabajo, e inclusive pertenecen a un grupo de la iglesia donde también departen. Durante la observación se pudo apreciar que la madre siempre estuvo atenta a las necesidades de la niña5, respondía y dialogaba bastante con ella. Se mostraba como una madre instructiva que acompañaba y guiaba a la niña5 en las tareas y en su aprendizaje. Además era una madre comprensiva pero firme en cuanto a normas y reglas, pues reconocía cuando su hija ya estaba cansada o aburrida, le daba un tiempo y luego le proponía volver a las tareas, de esta manera tenía expectativas realistas en torno a la niña. Lo único que habría que señalar es que jugó poco con la niña5, sin embargo cuando lo hizo sí se veía interesada por el juego. Por otro lado, en relación a la niña5, se pudo apreciar desde un primer momento que era bastante conversadora y curiosa, parecía confiar en su mamá pues las dudas o los temores que tenía se los hacía saber rápidamente a ella. En relación a las observadoras, la niña fue bastante sociable y desenvuelta, proponía juegos grupales y hacía que todos participen. Además, era tan atenta que al escuchar las preguntas que se le hacían a la madre sobre su hija, ella misma se adelantaba a la respuesta de la mamá y respondía por ella. Durante el juego podía separarse de la madre a una distancia segura con el fin de ir a buscar nuevos juguetes y llevarlos al ambiente inicial donde estaba la madre y las observadoras. La mamá nos cuenta, específicamente en relación a la niña5, que suele ser así de desenvuelta y conversadora, como sucedió durante la observación, porque está acostumbrada a estar con sus primos que son mayores. Manifiesta que, en relación a su hermanita menor, la niña5 suele querer jugar con ella, sin embargo la menor es de carácter más especial. Menciona además que todo lo entiende en base a números, “cuenta todo…será porque su papá y yo, los dos, somos ingenieros… (…) nos conocimos en la universidad y luego hicimos una maestría, luego de eso nos casamos y ya las tuvimos a ellas (…) en el nido también todo cuenta”. 53 Diada 6: La familia está conformada por la pareja de padres convivientes (6 años) y una única hija de 3(M) años, quien fue el infante a observar, una niña (niña6) de 3 años y 9 meses. La familia habita el segundo piso de una casa de dos pisos relativamente grande. La madre estudió arquitectura, sin embargo no culminó los estudios universitarios. Estuvo trabajando hasta hace tres meses, y actualmente es ama de casa a tiempo completo. En cuanto al esposo, este parece no estar muy involucrado con ella o con la niña6. En su tiempo libre se mantiene al margen de las actividades de la niña6, se dedica a ver tele o a descansar. Los fines de semana suelen ir a casa de la abuela materna y allí pasan tiempo con los primos y con la familia. Durante la observación se pudo apreciar que la madre estuvo disponible para la niña en algunas ocasiones al principio, la escuchaba y respondía cada vez que ella hablaba o preguntaba algo, también jugaba con ella y proponía actividades. Sin embargo, llegó un momento durante la observación, casi al final, en que la madre pareció cansarse o hartarse y ya no tenía la misma disposición para responderle como en un inicio, en este instante optó por ver televisión o enfocarse en otras cosas. Era una madre que manifestaba ser un tanto crítica hacia la niña6, pero más a modo de burla, por ejemplo le decía cosas como “loquita eres no?”, “con tremenda barriga…!”, “qué cochina”; solía insistir en estas bromas o burlas hasta que la niña ya empezaba a disgustarse. También solía ser crítica al ver que “no estaba jugando bien”, no estaba armando bien un rompecabezas o no hacía caso a la mamá, en esos momentos la amenazaba “uy qué feo armas tu rompecabezas…qué feo…entonces me voy”. La niña6 respondía a esto quejándose y lamentándose para que su mamá no se vaya, se le acercaba e impedía que no haga el ademan de pararse para irse de su lado. Por otro lado, cuando lograba armar el rompecabezas de manera correcta, la madre celebraba sus logros y le decía “muy bien!”. En cuanto a las muestras de afecto, la madre toleraba bastante las muestras de afecto un tanto bruscas y juguetonas de la niña, pero no solía ser la que propiciaba muestras de afecto físicas. Por otro lado, en relación a la niña6, se pudo apreciar que era una niña poco sociable con las observadoras, quería ser el centro de atención de su mamá e interrumpía las conversaciones que la madre tenía reclamando que solo juegue con ella. Su humor podía cambiar rápidamente si la madre la molestaba, le tomaba el pelo, o amenazaba con irse del cuarto; sin embargo una vez que esto cesaba su humor volvía a su estado regular y seguía buscando interactuar con la mamá. La niña6 resultaba ser muy risueña solo con la madre; no buscó al padre en ningún momento. La mamá nos cuenta, específicamente en relación a la niña6, que ella suele estar en su cuarto viendo televisión y jugando sola, esto lo repite varias veces durante toda la observación: “ella para acá siempre, este es su ambiente, cuando llega su papá sale, lo saluda y luego regresa a su cuarto, afuera se aburre”. También hace énfasis en que tiene un carácter un tanto “especial”, pues suele llorar fuerte o hacer algunas rabietas. En relación a otros cuidadores, manifiesta que la niña6 está muy tranquila cuando se queda en casa de su abuela o de sus primos, con ligereza le puede decir a su mamá “yo me voy a dormir con mi abuelita y tú te quedas con mi papá”. 54 Diada 7: La familia está conformada por la pareja de padres convivientes (11 años), y tres hijos de 3(M), 8(H), y 11(M) años. El infante a observar fue el tercer hijo de 3 años y 1 mes, una niña (niña7). La familia habita el segundo piso de una casa de dos pisos. La casa en sí es relativamente grande, y el segundo piso que ellos habitan es de un área regular; luce bastante acomodada y arreglada. Cabe señalar que en el primer piso se encuentra el negocio de la familia: un restaurante. La madre estudió hasta culminar los estudios secundarios, pues cuando terminó el colegio continuó trabajando en el negocio familiar, trabajo del que se ocupa hasta el día de hoy de forma permanente. El horario en que trabaja es todos los días hasta alrededor de las 5, sin embargo el tener el trabajo en el primer piso de su casa le dá facilidades para estar cerca de sus hijos si necesitan algo. En relación a la niña7, ella acompaña a la madre en el restaurante desde la hora en que sale del nido. Cabe señalar que esto no siempre es así, pues el padre se queda en casa dependiendo del turno que le asignen en el trabajo cada semana (mañana o tarde). De esta forma cuando él se encuentra en casa la niña suele quedarse mucho más tiempo con él en el segundo piso. Por esto en general el cuidado de la niña es compartido entre ambos padres. Sin embargo, en este punto la madre hace énfasis en que la relación de los niños con ambos padres es diferente porque ella intenta ser estricta y enseñarles a ser disciplinados, mientras que “el papá les permite todo y ellos hacen lo que quieren, luego yo encuentro la casa patas arriba”. Por esto siente que realmente el papá no es un apoyo en cuanto a la crianza y los hábitos que ella quiere inculcar en sus hijos. Durante la observación se pudo apreciar que la madre estaba medianamente disponible para la niña, podía responder a sus necesidades pero no de forma satisfactoria. Las interacciones solían ser bruscas pues la madre tenía poca paciencia y se exaltaba frecuentemente, sobretodo en el proceso de hacer las tareas, donde además era un poco crítica: “mira cómo estás pintando todo feo!”. Cabe señalar que cuando la niña cumplía “bien” con la tarea la mamá la felicitaba pero aún así con un afecto un poco duro. Por otro lado, en relación a la niña7, se pudo apreciar que era una niña juguetona, risueña, y usualmente de fácil carácter. Se inclinaba más a jugar con las observadoras que con la madre, en ningún momento buscó jugar con ella, y tuvo pocas iniciativas de querer relacionarse con la madre. La niña7 no obedecía las indicaciones de la madre, parecía que más que nada la desafiaba; y cuando la madre se molestaba o la resondraba la niña solo permanecía indiferente. La mamá nos cuenta, específicamente en relación a la niña7, que la relación entre ella y su hija suele ser así porque no tiene mucha paciencia con niños pequeños, “solo es así conmigo”. En ese sentido nos comenta que el papá es quien suele jugar con la niña, le cuenta cuentos y le ayuda en las tareas. También menciona “está más engreída últimamente”, y “todo quiere con su papá”. 55 Diada8: La familia está conformada por la madre y su único hijo de 3 años y 1 mes, quien fue el infante a observar, un niño (niño8). Ellos viven en una casa de dos pisos relativamente grande, junto con la familia nuclear de la madre (madre, padre, dos hermanas mayores, un sobrino). La madre es soltera y no mantiene una relación íntima con el padre de su hijo; éste se encuentra un tanto distanciado del cuidado del niño y solo va a visitarlo en algunas pocas ocasiones. La madre estudió una carrera técnica, sin embargo no culminó los estudios. Se hizo cargo a tiempo completo del niño desde que nació hasta hace 2 meses, en que empezó a trabajar de lunes a viernes. Por esto, quien se está haciendo cargo del cuidado del niño recientemente es la abuela. Durante la observación se pudo apreciar que la madre estuvo medianamente disponible para el niño. Se mantuvo ocupada el mayor tiempo en las labores de la casa, pero al mismo tiempo solía pasar cerca del niño y supervisar lo que hacía de rato en rato. No era muy cálida con él, sin embargo cuando el niño se le acercaba, sí respondía a estas iniciativas demostrándole afecto físicamente. Por otro lado, en relación al niño8, se pudo apreciar que era un niño tímido al inicio, pero de buen carácter. Se mostraba juguetón, y algo risueño. Se inclinaba más a jugar solo, y si interactuaba con los observadores lo hacía más porque estos daban el primer paso. Parecía estar pendiente de la madre, pero al mismo tiempo lograba ser bastante independiente. Se podía quedar en una sola actividad bastante tiempo sin aburrirse o quejarse. Era un niño bastante expresivo que compartía cualquier novedad con la mamá, o en todo caso también con los observadores. La mamá nos cuenta, específicamente en relación al niño8, que es un niño bastante desenvuelto; cuidadoso con sus juguetes; que suele celarla con otros familiares porque probablemente está acostumbrado a que la atención se concentre en él. También nos cuenta que las pocas veces que ella tiene que salir a la calle, suele aprovechar y salir cuando él está dormido, porque sino este se pone a llorar. Nos cuenta también que por las noches está acostumbrado a dormir con alguien más que lo acompañe en la cama, sino se le hace muy difícil. 56 Diada 9: La familia está conformada por la madre y su única hija de 3 años y 10 meses, quien fue el infante a observar, una niña (niña9). Ellas viven en el tercer piso de una casa bastante pequeña, oscura y desordenada. Junto con ella también viven los familiares de la madre (madre, abuela, hermana mayor). La madre es soltera y no mantiene una relación íntima con el padre de su hija en la actualidad. La madre es estudiante universitaria, aún no culmina sus estudios superiores, por lo que el cuidado de la niña recae completamente en la abuela. En cuanto al padre de la niña, éste vive relativamente lejos, y junto con la madre tienen un horario compartido; de esta manera, la niña pasa todos los fines de semana con su papá y la familia paterna. Durante la observación se pudo apreciar que la madre no estuvo disponible para la niña, y las pocas veces que lo estuvo su trato hacia ella era brusco, manifestando hasta un rechazo implícito hacia la niña. Se mantuvo ocupada el mayor tiempo en las labores de la casa, llegando a insistir en un inicio de la observación para que las observadoras se quedasen solas con la niña. Su trato con la niña en general era bastante distante, molesto y amargo. La madre parecía no querer saber nada de la niña. Los pocos logros que ésta tenía no eran tan recompensados, sino que en su lugar, la madre continuaba criticando si la niña se cansaba o simplemente se aburría de tanto pensar en “la respuesta correcta”. Por otro lado, en relación a la niña9, se pudo apreciar que era una niña demasiado extrovertida y conversadora con los extraños, llegando ser quien reciba sola a las observadoras, ni bien llegaron a su casa, les tomó de la mano y empezó a jugar y a enseñarles todo lo que ella podía hacer. Se mostraba bastante juguetona, risueña, y muy inteligente, llegando a conocer palabras un tanto complicadas, pudiendo contar hasta números altos y escribiendo su nombre. En relación a la mamá no se mostraba interesada en ella, principalmente la evitaba, y cuando la madre propiciaba un momento tenso la niña se ponía nerviosa y recurría a las observadoras; la niña no se molestaba con la mamá ante sus “ataques”. Por esto mismo tampoco tuvo intenciones de manifestar afecto físicamente con la madre a diferencia de lo que ocurrió con las observadoras, llegando así a pedirles “quédense a dormir”. La mamá nos cuenta, específicamente en relación a la niña9, que su demanda de afecto con otras personas es grande porque ella no le puede dar “eso”, menciona “no sentirse capaz” o “sentirse incomoda” y que por eso no puede ser cariñosa con su hija. Sin embargo, hace énfasis en que quienes le dan ese tipo de afecto es la familia paterna, por lo que en casa, ella intuye, debe extrañar eso. Por otro lado, cuando se le preguntó si la niña tenía miedo a algo, la madre respondió “a mi…cuando se porta y ya sabe…”. 57 Diada10: La familia está conformada por la madre y su única hija de 3 años y 10 meses, quien fue el infante a observar, una niña (niña10). Ellas viven en un dpto. en el octavo piso de un edificio. El hogar es relativamente grande y bastante ordenado y decorado. Junto con ellas también viven los familiares de la madre (madre, hermana menor). La madre es soltera y mantiene una relación de amistad con el padre de su hija en la actualidad. La madre estudió diseño gráfico, sin embargo no culminó los estudios universitarios. Actualmente trabaja a tiempo completo, saliendo temprano de casa y llegando muy tarde, por lo que pasa muy poco tiempo con la niña, solo los fines de semana. Ella manifiesta en ese sentido “es como si me fuera de viaje…porque no la veo”. Por este horario tan ajustado, quienes se hacen cargo de la niña son la abuela y la tía (hermana menor de la mamá), ésta última figura es quien parece vincularse más a fondo con la niña, pues la misma madre recurría a ella para poder responder algunas preguntas que la observadora hacía sobre la niña10. En cuanto al padre de la niña, éste va a visitarla con bastante frecuencia (casi toda la semana), y pasan tiempo juntos. Durante la observación se pudo apreciar que la madre estaba medianamente presente y disponible para la niña. Incentivaba las expresiones de afecto de la niña, le demostraba su cariño, buscaba mantener contacto físico, y la felicitaba por sus logros Sin embargo, esto sucedió más en un inicio, pues a lo largo de la observación salió varias veces del ambiente donde había estado con la niña sin ninguna explicación, o se ponía a hacer otras cosas de un momento a otro. En algunos momentos era un poco intrusiva y un poco crítica, pero al reconocer que esto exaltaba a la niña, se detenía. Por otro lado, en relación a la niña10, se pudo apreciar que era de carácter un tanto “especial”, no solía compartir nada con su mamá, se molestaba rápidamente si ella le pedía algún juguete, la ignoraba por largos momentos en los que ella le hablaba o sino le daba la espalda, aún cuando la madre era cariñosa o expresiva. No le gustaba obedecer las reglas y parecía no tener interés en la madre, sin embargo, cuando esta conversaba con otra persona la niña se exaltaba e interrumpía la conversación llegando a manifestar “no quiero que hablen”. La mamá nos cuenta, específicamente en relación a la niña10 que no puede cuidarla mucho por el trabajo, por los horarios, pero que después de todo “la niña ya está acostumbrada a los cambios”. Menciona que es mucho más pegada a la tía. En relación al carácter de la niña nos reafirma que es bastante “especial”, que hace berrinches y llora por todo -“primero no quiere que la bañe y después no quiere salir de la ducha”.